Romanos 8:12-252017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Romanos 8:12-25

RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller


EXÉGESIS:

ROMANOS 8:12-13: MORIRÉIS – VIVIRÉIS

12Así que, hermanos, deudores somos, no á la carne, para que vivamos conforme á la carne:13Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.

En versículos 1-11, Pablo contrastó “los que viven conforme á la carne” con “los que viven conforme al Espíritu” (v. 5). Los que viven conforme a la carne son representados por la muerte (v. 6) y por su hostilidad hacia Dios (v. 7), pero los que viven conforme al Espíritu son representados por la vida (v. 6). El Espíritu que resucitó a Cristo de la muerte también dará vida a quienes viven conforme al Espíritu (v. 11).

“deudores somos, no á la carne, para que vivamos conforme á la carne” (v. 12). Aunque Pablo no especifica la naturaleza de nuestra deuda aquí, su significado queda implícito en vv. 1-11. Estamos endeudados al Espíritu que nos da vida. Nada nos ganó la vida en la carne, pero una vida en el Espíritu nos trajo vida.

“Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis” (v. 13). Aunque Pablo pretende que esta dicotomía de carne/Espíritu sirva de lección espiritual, a diario vemos que se manifiesta de otra manera. Gente involucrada en exceso carnal – glotonería, embriaguez, promiscuidad, o drogas dañinas – sufre una vida acortada. Pablo nos dice que los que viven conforme a la carne sufren una pena aún más severa – la muerte espiritual. Pero hay esperanza. Quienes “mortifican las obras de la carne” – niegan dejarse dominar por preocupaciones carnales – vivirán. Aunque Pablo no utilice aquí la frase “vida eterna,” la sugiere.

Una persona que sigue un régimen nutritivo y hace ejercicio puede considerarse la antítesis de alguien que vive conforme a la carne, pero no tiene que ser así necesariamente. Para mucha gente, la nutrición y el ejercicio representan el centro de su creencia y donde ponen su esperanza – una religión alternativa. Su iglesia es un gimnasio y su altar una maquina de Nautilos. Aunque no se trate de exceso carnal, sus vidas se concentran en preocupaciones carnales. Su entendimiento de la salvación tiene que ver con belleza física, estar delgado, tener músculos fuertes, y una vida larga. Estas personas no deben pensar que viven conforme al Espíritu porque, en realidad, son consumidas por preocupaciones carnales.

No es decir que cristianos no deben participar en prácticas saludables, siguiendo una dieta equilibrada y haciendo ejercicio. Tales prácticas demuestran una buena administración de su cuerpo, y han de ser felicitadas. Sin embargo, la persona cuya esperanza se aferra a cosas físicas (comida, dinero, placer, fama, etcétera), sean saludables o no, vive conforme la carne. Pablo avisa que estas personas no ganarán vida espiritual. Ojala que los que viven conforme al Espíritu hagan más ejercicio y se alimenten bien, y que también practiquen disciplina espiritual por medio de alabanza, oración, las escrituras, y el servicio a Dios y al vecino – disciplinas que les acerquen a una comunión con Dios según su voluntad. Su esperanza se centrará no en la salud física, sino en una relación con Dios.

ROMANOS 8:14-17: GUIADOS POR EL ESPÍRITU – HIJOS DE DIOS

14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. 15Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. 16Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios” (v. 14). “Esta imagen viene de Israel, caminando por el desierto, guiada por la columna de nube y fuego… Estos símbolos de la presencia poderosa de Dios aquí se reemplazan… con el Espíritu, que ahora hace para el pueblo de Dios lo que la presencia del tabernáculo de Dios hizo en el desierto, asegurarles de la divina adopción y guiarles hacia su herencia” (Wright, 593).

“Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor” (v. 15a). Esta mención de esclavitud nos hace pensar de Egipto. También nos hace pensar de la estricta disciplina de la ley del Tora – una disciplina a la que judíos se sentían obligados, una disciplina tan rigurosa que inspiraba temor. Al fin y al cabo, ¿quién aspira guardar la ley en todo su detalle sin caer en algún fallo significante? Pero, Cristo nos liberó de la esclavitud a la ley y también al pecado que la ley no había podido prevenir. Claro, en otro lugar Pablo se refiere a cristianos como esclavos de obediencia (6:16) o de justicia (6:19), pero esto no se trata de una esclavitud temerosa. En vez, representa la libertad del pecado.

“mas habéis recibido el espíritu de adopción” (v. 15b). “Con la adopción, todas relaciones anteriores quedan rotas. Ahora, el nuevo padre tiene autoridad sobre el nuevo hijo, y el nuevo hijo comienza a disfrutar de los privilegios y a cumplir las responsabilidades de un hijo natural” (Mounce, 182).

“En el Antiguo Testamento, adopción no era algo común entre israelitas. En el Antiguo Testamento, la adopción era algo que hacían los extranjeros o judíos que se encontraban bajo alguna influencia extranjera” (Lockyer, 20). “Conociendo la costumbre romana de adopción legal, Pablo explica el concepto para ilustrar que la aceptación de la fe unió al creyente con la familia de Dios como hijo adoptivo, como uno que recibió ‘la cualidad de hijo’ de manera secundaria o derivada. Esta cualidad de hijo se contrasta con la relación directa de Cristo hacia el Padre. Es una adopción espiritual que reemplaza la relación natural y familiar con Dios, ya perdida a causa de la caída” (Myers, 24).

“por el cual clamamos, Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios” (vv. 15c-16). “Abba” es lo que un niño judío llama a su padre – una palabra como “Papa.” Judíos tienen cuidado de utilizar el nombre de Dios, no sea que, de alguna manera, lo usen incorrectamente (Éxodo 20:7; Deuteronomio 5:11). La idea de dirigirse a Dios de manera tan informal como “Abba” sorprendería a cualquiera que se hubiera criado en esa tradición. Sin embargo, Pablo nos dice que se nos permite esta intimidad porque somos hijos de Dios – no solo el pueblo de Dios, sino sus hijos.

Si alguien cuestionara esa relación, el Espíritu sería testigo de ella – sería testigo “con nuestro espíritu.” ¿Qué es lo que “nuestro espíritu” tiene que contribuir aquí? ¿Qué podría añadir el testimonio de “nuestro espíritu” al testimonio del Espíritu? Simplemente esto. Al vivir como hijos de Dios, guiados por el Espíritu, nuestras vidas toman un nuevo carácter. Quienes ven nuestras buenas obras“glorifican á vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Al vivir según nuestro estatus como miembros del hogar de Dios, el testimonio de “nuestro espíritu” confirma que somos testigos del Espíritu, y además, que somos hijos de Dios.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo” (v. 17a). Como hijos de Dios, adoptados en la familia de Dios, disfrutamos plenamente de los derechos y privilegios de hijos e hijas. Dios no trata a sus hijos adoptivos de manera inferior, sino que nos hace herederos – coherederos con Cristo, el Hijo natural de Dios.

Israel pensaba de si misma como heredera de Dios (Deuteronomio 32:9) y de la Tierra Prometida como su herencia. Pero ahora, Dios extiende los privilegios familiares a todos aquéllos que viven conforme al Espíritu – y extiende el tamaño de la herencia desde una pequeña cantidad de tierra en el Medio Oriente hasta el reino de Dios.

“si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (v. 17b). Pablo añade esta calificación. Para recibir la gloria que acompaña a la herencia, el cristiano debe estar listo para compartir en los sufrimientos de Cristo. “Como miembros de la misma familia, compartimos en las dificultades de la vida tanto como en sus beneficios” (Mounce, 183).

El sufrimiento y la muerte de Cristo fueron lo que preparó el camino para su exaltación en el cielo (Filipenses 2:5-11). Pablo y muchos otros cristianos de su tiempo experimentaron persecución – hasta martirio. Hoy, en muchas partes del mundo, cristianos son perseguidos. Aún naciones que están orgullosas de su tolerancia han ido haciéndose más y más hostiles hacia cristianos. Aunque no es una cosa virtuosa el buscar ser perseguido, hemos de estar listos para confrontar persecución valientemente en caso de que venga. Podemos estar seguros que, al confrontar la persecución, nuestra fe no quedará sin recompensa.

ROMANOS 8:18: LA GLORIA QUE EN NOSOTROS HA DE SER MANIFESTADA

18Porque tengo por cierto (griego: logizomai) que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

“Porque tengo por cierto” (logizomai). Logizomai es terminología de contador relacionada con determinar recursos y riesgos. Contadores tratan de determinar valores con precisión, y así determinar la salud de un negocio. De manera parecida, Pablo compara nuestro sufrimiento ahora con nuestra gloria futura, y determina que la gloria pesa más que el sufrimiento. Esto nos ayuda a mantener la perspectiva durante los altos y bajos de la vida – nos aparta de la desesperación.

Claro que no todo sufrimiento es igual. Una persona puede sufrir a causa de su decisión de ser misionario en un lugar primitivo o peligroso. Otra persona puede sufrir como consecuencia de sus pecados. Obviamente, el sufrimiento del misionario es más noble, pero el sufrimiento del pecador también puede ser positivo si le poner de rodillas – si inicia el arrepentimiento – si le lleva hacia un renacer. Es decir, todo sufrimiento tiene capacidad de acercarnos a la gloria.

ROMANOS 8:19-21: LAS CRIATURAS ANHELAN LA MANIFESTACIÓN DE DIOS

19Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. 20Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza,21Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

“Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios” (v. 19). Pablo personifica la creación, imaginándola como una emocionante espera y un anhelo por la revelación de los hijos de Dios. Con “criaturas,” Pablo se refiere a la creación entera. Sin embargo, ni los buenos ni los malos ángeles esperarían esta revelación con ansia, porque los ángeles buenos no han sufrido la frustración y los ángeles malos serán los perjudicados en la revelación. El continuo anhelar “no se puede referir a creyentes, porque éstos se distinguen de la ‘creación entera’ (vv. 22-23), tampoco a los no creyentes, porque no buscan la revelación de los hijos de Dios. Esto puede significar que Pablo se refiera a la creación en su totalidad” (Morris, 321).

“Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza” (v. 20). En la caída, Dios no solo maldijo la serpiente, la mujer, y el hombre, pero también maldijo la tierra como parte del castigo humano – “Espinos y cardos te producirá” (Génesis 3:18). “Al abandonar el ser humano su vocación de gobernar la tierra sabiamente…, el mismo cosmos quedó sujeto a la Maldición Adámica… Lo que recibe una humanidad degradada es una habitación de acuerdo con su propia degradación” (Bartow, 84). Ya no viven mujer y hombre en un jardín en Edén, donde crece “todo árbol delicioso á la vista, y bueno para comer,” y donde “salía de Edén un río para regar el huerto” (Génesis 2:9-10). En vez, vivimos en un mundo donde “espinos y cardos te producirá” y donde “en el sudor de tu rostro comerás el pan” (Génesis 3:18-19).

Podríamos pensar que el problema aquí es el despojo humano – y que los seres humanos, definitivamente, han causado algo por su mala administración – pero eso no es lo que Pablo quiere decir aquí. Pablo se refiere a la maldición de Dios sobre el cosmos en el principio.

“con esperanza, que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (vv. 20-21). No debemos olvidar estas dos palabras – “con esperanza.” La última palabra de Dios no es “maldición” sino “esperanza.” Dios maldijo al hombre y a la mujer pero, al mismo tiempo, diseñó un plan para restaurarlos. Tras la Caída, Dios preparó una habitación degradada, merecida por una humanidad degradada. Sin embargo, Dios restaura el cosmos a su estado original de Edén para que, después de la redención, corresponda a los hijos redimidos de Dios.

ROMANOS 8:22-25: TODAS LAS CRIATURAS – ESTÁN DE PARTO

22Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora. 23Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque en esperanza somos salvos (griego: esothemen – de sozo); mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo? 25Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.

“Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora” (v. 22). En v. 19, Pablo dijo, “el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios.” Ahora, nos dice que la “manifestación” será un nacimiento. La incomodidad de la creación no resulta del dolor de la muerte, como algunos nos harían pensar, sino los dolores de un parto. El anhelar y gemir son señales de esperanza – no razones para desesperarse.

“Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo” (v. 23). Aunque disfrutemos “las primicias del Espíritu,” compartimos en la incomodidad de la creación.

La frase, “primicias del Espíritu,” debía ser familiar para lectores judíos y, presumiblemente, para cristianos romanos, aunque muchos de ellos fueran gentiles. Levítico 23:10-11 requiere que israelitas traigan los primeros frutos de su cosecha como ofrenda al Señor. Como sabe cualquier jardinero, los primeros frutos constituyen la parte más deseable de la cosecha, porque se ha esperado tanto tiempo ese primer tomate o las primeras fresas de la estación. Dios siempre requería los frutos o animales más deseables como ofrendas.

Pero Pablo no se refiere a los primeros frutos que le damos a Dios sino a los primeros frutos que Dios nos da a nosotros – “primicias del Espíritu.” Como los primeros frutos de una cosecha agrícola, los primeros frutos del Espíritu solo constituyen una pequeña parte de la cosecha, pero muestran la cosecha aún más grande que queda por recibir. Nuestro gemir es causado por el hecho que hemos experimentado el comienzo de nuestra “adopción” o “redención,” y anhelamos el momento en que podamos vivir su plena realización.

Con esta metáfora de primeros frutos o la cosecha, “es casi cierto que Pablo estaba pensando de la resurrección, la reunión de cuerpos resucitados (1 Corintios 15:20, 23). El don del Espíritu a penas es el comienzo del proceso que culminará con la resurrección, la redención del cuerpo” (Dunn).

“Porque en esperanza somos salvos (esothemen); mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo?” (v. 24). Pablo dice, “somos salvos.” Esothemen es aoristo, denota una acción que ya ha tomado lugar en vez de una acción que continúa. No obstante, Pablo lo califica diciendo, “en esperanza somos salvos.” Entonces, nos recuerda que “esperanza que se ve, no es esperanza.”

La idea es que hemos sido salvados – no cabe duda – pero aún no hemos experimentado la plena fuerza de la salvación. Somos como el dueño de una casa a quien le han dicho que su casa vale diez veces lo que pagó por ella. Sabe que ha pasado, por lo menos por escrito, al nivel de los afluyentes, pero aún no se siente afluyente. No puede llevar su equidad a la tienda para comprar algo a no ser que hipoteque su casa, y aún no está listo para hacer ninguna de estas cosas. Sin embargo, disfruta sabiendo que su futuro se ha iluminado a causa de la apreciación de su casa, aunque aún no se la pueda sacar. De manera parecida, hemos sido salvados, aunque solo en el futuro experimentaremos la plena fuerza de esa salvación – en la eternidad.

“Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos” (v. 25). “Las palabras de Pablo no denotan una silenciosa aceptación tanto como una paciencia positiva” (Morris, 325).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAPHY:

Barclay, William, The Daily Study Bible: The Letter to the Romanos (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1975)

Bartow, Charles L., in Van Harn, Roger E. (ed.), The Lectionary Commentary: The Second Readings: Acts and the Epistles (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 2001)

Dunn, James D. G., Word Biblical Commentary: Romanos 1-8, Vol. 38A (Dallas: Word Books, 1988)

Gaventa, Beverly R. in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV — Year A (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995)

Lockyer, Herbert, Sr., Nelson’s Illustrated Bible Dictionary (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1986)

Morris, Leon, The Epistle to the Romanos (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdman’s Publishing Co, 1988)

Mounce, Robert H., The New American Commentary: Romanos, (Broadman & Holman Publishers, 1995)

Myers, Allen C. (ed.), The Eerdmans Bible Dictionary (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1987)

Wright, N. Thomas, The New Interpreter’s Bible: Acts, Romanos, 1 Corinthians, Vol. X (Nashville: Abingdon Press, 2002)

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