Romanos 8:1-112017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Romanos 8.1-11

RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller


EXÉGESIS:

ROMANOS 8:1-11: CONTRASTES Y AFIRMACIONES

En 5:12-21, Pablo contrastó a Adán y a Cristo. Como el pecado y la muerte vinieron al mundo a través de Adán para afligir a todos (5:12-14), así también vino al mundo el don de gracia a través de Cristo para justificar a muchos (5:15-21). Encontramos un contraste similar en capítulo 8 entre “la ley del pecado y de la muerte” (v. 2) y la obra del Hijo de Dios, que “condenó al pecado en la carne” (v. 3) – y un contraste más entre “los que viven conforme á la carne” y “los que viven conforme al Espíritu” (v. 5).

Repetidamente, Pablo contrasta la carne (griego: sarx) y el Espíritu (pneuma), por ejemplo, “la intención de la carne es muerte; mas la intención del Espíritu, vida y paz” (v. 6). Cuando utiliza la palabra sarx, no está hablando de gente encarnada, sino de gente cuyas vidas se encuentran enfocadas en “las obras de la carne” – en las bajezas de la vida – “adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes á éstas” (Galatos 5:19-21). Cuando utiliza la palabra Espíritu, se refiere al Espíritu de Dios, el Espíritu Santo que transforma nuestras vidas, ayudando a centrarnos en cosas más altas, y preparándonos para la vida resucitada con Cristo (Barclay).

Pablo asegura a cristianos romanos diciendo, “no estáis en la carne, sino en el espíritu” (v. 9). Por lo tanto, “el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús… vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (v. 11).

ROMANOS 8:1-4: AHORA PUES, NINGUNA CONDENACIÓN HAY

1Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne (griego: sarkos – de sarx), Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme á la carne, mas conforme al espíritu (griego:pneuma).

“Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (v. 1). La palabra “pues” liga lo que Pablo dice aquí con lo que dijo antes. En capítulo 7, Pablo habló de las limitaciones de la ley. Aunque la ley era santa (7:12), informaba a la gente de la realidad del pecado, haciéndoles responsables. No logró hacer santa a la gente, es mas, revivió el pecado que (7:9) – “para mí era mortal” (7:10) – permitió que el pecado engañara y matara (7:11) – y rindió a Pablo siervo de “la ley del pecado” (7:25).

Pero Pablo invierte esta evaluación tenebrosa afirmando que no hay condenación (véase 5:18) “para los que están en Cristo Jesús.” La condenación a la que se refiere tiene que ver con el juicio de Dios al final del tiempo.

“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (v. 2). En este versículo, Pablo especifica por qué no hay condenación “para los que están en Cristo Jesús” (v. 1). La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos libra de la ley del pecado y de la muerte. Éste es “lenguaje de Éxodo” – Dios “nos saca del Egipto del pecado y la muerte y nos promete ciudadanía en el reino de vida” (Wright, 576).

A causa de unas declaraciones negativas que hace Pablo acerca la servidumbre a la ley del Tora (Galatos 4:1-11; 5:1-4), nos preguntamos si es la ley del Tora lo que ahora llama “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús.” Mientras que eruditos se encuentran divididos en esta cuestión, tienden a favorecer que se refiera a la ley del Tora. Al fin y al cabo, no era la ley del Tora la que tenía fallos, sino “la carne de pecado,” que impidió que la ley fuera completamente efectiva (v. 3).

“Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne (griego: sarkos – de sarx) (v. 3). Pablo no especifica exactamente como ha fallado la ley, pero sabemos que la intención de la ley fue revivir el alma – hacer sabio al pequeño – alegrar el corazón – y alumbrar los ojos (Salmo 19:7-8). Su intención era mantener a Israel apartada de la vergüenza – ayudarla a alabar a Dios – a vivir de tal manera que Dios no la rechazara – mantenerla recta – y ayudarla a no pecar contra Dios (Salmo 119:5-12). Sin embargo, la ley falló aún a sus más fieles guardianes, los escribas y fariseos. Jesús les llamó generación de víboras (Mateo 3:7) e hipócritas (Mateo 23:13-29). Retaban a Jesús con frecuencia (Mateo 9:11; 12:2; 15:1-2; 16:1; 19:3; 22:15), le ofendían (15:12), y consultaron para matarle (Mateo 12:14; 26:4). Observaban la ley minuciosamente, pero desatendían los asuntos más importantes de la ley (23:23). No obstante, Pablo nos dice que no fue la ley la que falló, sino la carne débil (v. 3).

“Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (v. 3). Esto es verdad por dos razones. Primero, Dios mandó a su Hijo como cordero de sacrificio para absorber nuestros pecados – hacer posible el perdón. Segundo, habiendo nacido en semejanza humana y viviendo entre nosotros como hombre sin pecado, Jesús “condenó al pecado en la carne” – venció al pecado en su propio terreno. Esto concordaba con el plan de Dios. En el jardín de Edén, Dios maldijo la serpiente, diciéndole que la simiente de la mujer “te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal” (Génesis 3:15). Un golpe fuerte al tobillo es doloroso y hasta debilitador, pero un golpe fuerte a la cabeza es mortal. Al comenzar la historia humana, entonces, Dios predijo que el hijo de la mujer (Jesús) daría un golpe mortal a la serpiente (Satanás) – y así lo hizo.

“Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme á la carne, mas conforme al Espíritu” (v. 4). ¿Cómo se cumple la justicia de la ley en nosotros? Eruditos se dividen. Algunos enfatizan que Cristo cumplió la ley al vivir sin pecado, y niegan que haya ningún sentido en el que nosotros podamos cumplir la ley. Otros, sin embargo, enfatizan que la persona que está “en Cristo” adopta un carácter de santo hecho posible por el Espíritu que vive adentro. No cabe duda que Cristo cumpliera la ley por medio de una vida sin pecado, pero tampoco cabe duda que los que aceptan a Cristo comienzan un viaje hacia la santificación – hacia la santidad. El Espíritu ha creado vidas verdaderamente bellas y santas – ninguna perfecta, es cierto, pero aún bellas y santas.

Cuando Pablo habla de andar “no conforme á la carne, mas conforme al Espíritu,” contrasta dos tipos de vida muy diferentes. La persona que anda conforme a la carne vive rebelándose contra Dios – siguiendo su propia dirección. La persona que anda conforme al Espíritu se compromete a seguir la dirección del Espíritu.

Es como si una persona fija los ojos en la Estrella del Norte y decide que, no importa que obstáculos se le pongan delante, siempre seguirá moviéndose en esa dirección, mientras que otra persona ve la Estrella del Norte pero se aleja de ella deliberadamente. La persona determinada a acercarse a la Estrella a menudo se encontrará viajando en otra dirección por varias razones – obstáculos, distracciones, fatiga, y hasta alguna rebelión ocasional – pero, con el tiempo y por la gracia de Dios, se acercará a la Estrella porque habrá mantenido su dirección.

ROMANOS 8:5-8: LA INTENCIÓN DE LA CARNE ES MUERTE

5Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. 6Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: 7Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. 8Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios.

“Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu” (v. 5). Este versículo reitera el contraste que Pablo mencionó en v. 4, y comienza una sección en la que describe adónde lleva cada uno de los dos caminos.

“Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz” (v. 6). Antes, Pablo contrastó a Adán, cuya ofensa resultó en la muerte de muchos, y a Cristo, cuya vida trajo a muchos “la abundancia de gracia, y del don de la justicia” (5:17). Ahora Pablo ofrece una metáfora parecida, contrastando la mente con intención de la carne (que iguala a muerte), y la mente con intención del Espíritu (que iguala a vida y paz). Pablo habla de dos tipos de gente con dos lealtades diferentes – que viven dos clases de vida – moviéndose en direcciones distintas.

Aquí, Pablo no se enfoca en comportamientos particulares, sino en el pensamiento tras el comportamiento. Aunque es posible que una persona cuya mente se enfoca en la carne adopte comportamientos que parecen seguir a Dios (por ejemplo, asistir a un servicio), la mente carnal crea cimientos podridos destinados a romperse bajo presión. “Tener la ‘intención’ de la carne… es pensar y actuar como si la vida, por decirlo así, gira y gira alrededor del desagüe del lavabo” (Bartow, 72). La persona cuya mente se concentra en la carne amará las cosas de la carne en lugar de amar a Dios. Jesús dijo, “Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mamón”(Mateo 6:24). La persona con la mente en la carne odiará a Dios y no podrá servirle. Pablo avisa que la mente concentrada en la carne se opone a Dios y, por lo tanto, lleva a la muerte.

Pero la mente concentrada en el Espíritu lleva a la vida y a la paz. Lograr este pensamiento requiere una transformación espiritual – una transformación involucrada con “nacer otra vez” o en “nacer del Espíritu” (Juan 3:3). Más adelante en su Epístola a los Romanos, Pablo dirá, “Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (12:2). Esta transformación no es fácil, y es incapaz de lograrse sin la gracia de Dios. No obstante, la muerte y resurrección de Cristo hacen tal transformación accesible, y somos libres para rezar que Cristo nos transforme – que nos conceda otro nacimiento – el nacimiento necesario de lo alto (Juan 3:3).

“Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede” (v. 7). La intención de la carne es hostil hacia Dios, porque quiere evitar la reclamación que Dios tiene sobre su vida. La intención de la carne comprende, hasta cierto punto, que Dios la llama para abandonar las cosas de la carne – someterse a la voluntad de Dios – reconocer su dependencia en Dios. Sin embargo, la intención de la carne:

• Ama las cosas de la carne, y por eso aborrece tener que abandonarlas.

• Se rebela contra Dios, y por eso aborrece tener que someterse a la voluntad de Dios.

• Ama pensar que es capitán de su barco, y se niega a reconocer su dependencia en Dios o a reconocer a Cristo como Señor.

“Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios” (v. 8). En otro lugar, Pablo habla de Cristianos como “en Cristo” (3:24; 6:11, 23; 8:1, etcétera), pero aquí habla de lo contrario – la persona que “está en la carne.” Tal persona no puede agradar a Dios, porque es hostil hacia Dios – se rebela contra Dios – ama las cosas de este mundo en lugar de amar a Dios.

Mientras los que están en la carne no pueden complacer a Dios, aquí Pablo quiere decir que los que están en el Espíritu sí pueden complacerle (Wright, 583).

ROMANOS 8:9-11: MAS ESTÁIS EN EL ESPÍRITU

9Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros(plural). Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. 10Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo á la verdad está muerto á causa del pecado; mas el espíritu vive á causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Anote la proximidad de estas frases:

  1. “el Espíritu de Dios mora en vosotros” (v. 9)
  2. “el Espíritu de Cristo” (v. 9)
  3. “Cristo está en vosotros” (v. 10)
  4. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros” (v. 11)

“Evidentemente, todas estas frases son equivalentes, anotan el mismo poder efectivo de Dios como experimentado por Pablo y sus lectores” (Dunn). Antes, Dios moraba entre su gente en el tabernáculo o en el templo. Ahora, mora en nosotros.

“Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (v. 9). Pablo habló en términos generales en vv. 6-8, pero ahora se dirige a los cristianos para quien escribe. Les asegura que no están en la carne, sino en el Espíritu. La razón es simple – el Espíritu de Dios mora en ellos. Al decir esto Pablo no quiere decir que, de alguna manera, son inmunes a la tentación y al pecado. Al fin y al cabo, acaba de reconocer su propia lucha con la tentación y su error al actuar de manera incorrecta y al evitar lo correcto (7:14-24). Reconoce que se encuentra en el medio. Con su mente sirve “la ley de Dios,” pero con su carne sirve “la ley del pecado” (7:25). Obviamente, sabe que cristianos romanos se encuentran en la misma lucha, sin embargo les asegura que “están en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en” ellos. “Donde el Espíritu está presente, ahí también se encuentra la promesa de nueva vida en la edad venidera” (Achtemeier).

“Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” (v. 9). “Anote la ‘delicadeza de expresión’: Pablo utilizó ‘vosotros’ al hablar de los que no están en la carne, pero ahora utiliza ‘alguno’ para referirse a los que no tienen el Espíritu” (Morris, 308).

“Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo á la verdad está muerto á causa del pecado; mas el espíritu vive á causa de la justicia” (v. 10). Aunque Pablo haya asegurado a estos cristianos que el Espíritu de Dios mora en ellos, también debe reconocer otra realidad – que “el cuerpo está muerto á causa del pecado.” “Aún cristianos se encuentran sujetos a las leyes de descomposición y muerte” (Wright, 584). Pero esta verdad desagradable no es la última palabra, porque “el Espíritu vive.” “Cuando el pecado utiliza la muerte como su última ficha de juego, el Espíritu de Dios ganará” (Dunn).

• Abrahán es un ejemplo. “Consideró su cuerpo ya muerto” (4:19), pero siguió viviendo en la fe, y Dios se demostró fiel. El cuerpo casi muerto de Abrahán procreó y la matriz estéril de Sara dio luz a un bebé por quien todas las naciones de la tierra serían bendecidas (Génesis 12:3) y cuyos descendientes se convertirían en “multitud de naciones” (Génesis 17:4).

• Los huesos secos de Ezequiel 37 son otro ejemplo. Con la palabra del señor, huesos secos recobraron fuerza, carne, piel, y aliento. Revivieron y se pusieron de pie como promesa que Dios restauraría la vida de Israel muerta.

“El Espíritu vive a causa de la justicia” (v. 10). Ésta no es una justicia basada en conducta perfecta, sino una justicia con la que Dios acredita cristianos por su fe. No es una justicia ganada, sin un don de Dios.

“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros” (v. 11). El “si” al comienzo de esta oración no pretende mostrar duda acerca el estado espiritual de los lectores de Pablo. Podría ser traducido “Si, como es verdad que…”

“el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales” (v. 11). Dios mostró su fuerza sobre la muerte al resucitar a Jesús de la muerte, y ahora mora en nosotros. Por lo tanto, podemos estar seguros que “vivificará (nuestros) cuerpos mortales por su Espíritu que mora en (nosotros).” La resurrección de Cristo no fue un caso aislado, sino “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Su resurrección permanece como garantía de nuestra resurrección.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAPHY:

Achtemeier, Paul J., Interpretation: Romanos, (Atlanta: John Knox Press, 1985)

Barclay, William, The Daily Study Bible: The Letter to the Romanos (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1975)

Bartow, Charles L., in Van Harn, Roger E. (ed.), The Lectionary Commentary: The Second Readings: Acts and the Epistles (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 2001)

Dunn, James D. G., Word Biblical Commentary: Romanos 1-8, Vol. 38A (Dallas: Word Books, 1988)

Gaventa, Beverly R. in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV — Year A (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995)

Morris, Leon, The Epistle to the Romanos (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdman’s Publishing Co, 1988)

Wright, N. Thomas, The New Interpreter’s Bible: Acts, Romanos, 1 Corinthians, Vol. X (Nashville: Abingdon Press, 2002)

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