Romanos 14:1-122017-09-09T09:21:37+00:00

PASAJE BÍBLICO

Romanos 14:1-12

RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller


EXÉGESIS:

ROMANOS 14:1 – 15:13: EL CONTEXTO

En la iglesia temprana, cristianos a menudo tenían desacuerdos y creaban problemas uno para otro. En Romanos 14:1 – 15:13, Pablo se dirige a este asunto. Primero relata las diferencias de opinión en cuanto a las reglas de comida y la observación de ciertos días (14:1-12). Después, pide que cristianos no causen tropiezos uno para otro (14:13-23). Dice que se enfoquen en complacer a la otra persona y no a si mismos (15:1-6). Al final, deja claro que el Evangelio es para ambos judíos y gentiles (15:7-13).

Pablo se preocupa más de como tratamos nuestras diferencias que del hecho que tenemos diferencias. Cristo no requiere que concordemos en todo, pero si pide que nos amemos uno a otro. En capítulos 14-15, Pablo provee ejemplos de acciones que cristianos que aman deben tomar – aún en su desacuerdo.

Pablo no menciona judíos ni gentiles hasta el final de esta sección. Hacerlo hubiera polarizado aún más los cristianos judíos y gentiles a quienes escribía, y lo que quería era unirles en vez de separarles aún más.

En el siglo veintiuno, los temas que dividen a cristianos son diferentes de los del primer siglo, aún así, estamos divididos. Los consejos que Pablo dio a cristianos romanos, hoy nos vendría bien escucharlos. Pablo pide que demos la bienvenida a aquéllos con quienes estamos en desacuerdo (v. 1) – que no nos tratemos con desdén o con juicio (vv. 4, 10). Pide que reconozcamos la unión esencial que compartimos como hermanos y hermanas en Cristo (vv. 10 ff.) – que cada uno de nosotros es responsable a Dios (v. 12) – y que confiemos que Dios cumplirá bien su obra.

ROMANOS 14:1-4: RECIBID AL FLACO EN LA FE

1Recibid al (griego: el que – singular) flaco en la fe, pero no para contiendas de disputas. 2Porque uno cree (griego: un hombre cree – singular) que se ha de comer de todas cosas: otro que es débil, come legumbres. 3El que come (griego: el que come – singular), no menosprecie al que no come (el que abstiene – singular): y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le (griego: a él) ha levantado. 4¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su (griego: de él) señor (griego: kurio – señor o amo) está en pie, ó cae: mas se afirmará; que poderoso es el Señor (griego: ho kurios – el Señor) para afirmarle (a él).

La NRSV (en inglés) utiliza el plural para traducir el singular a lo largo de este pasaje, así utilizando lenguaje inclusivo. El cambio de individuos a grupos confunde un poco su enfoque, ya que es más fácil amar nuestro vecindario – a todos (en teoría) que amar al vecino – a una persona particular (en práctica).

“Recibid al flaco en la fe” (v. 1a). Pablo habla del “flaco,” pero no utiliza la palabra “firme” hasta 15:1 donde dice, “Así que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos á nosotros mismos.” Claramente, Pablo se cuenta a si mismo entre los firmes, y sabemos que no siente la obligación de cumplir con restricciones dietéticas judías. Eso nos ayuda a identificar la posición que Pablo considera “flaca” y “firme.” Esto nos ayuda porque, generalmente, Pablo no quiere apoyar un lado u otro – y aquí, “flaco” es claramente una caracterización negativa mientras que “firme” es positivo.

Los flacos son “débiles en la fe.” En este contexto, “débil en fe” no significa no creer en Cristo. En vez, Pablo se refiere a la persona cuya fe en Cristo requiere adiciones – la observación de restricciones dietéticas u otras reglas.

Pablo pide que no corrijamos a los débiles de fe, sino que les demos la bienvenida – que les reconozcamos como hermanos y hermanas en Cristo – que les incluyamos en nuestro círculo de amigos. Podemos ayudarles a ser firmes, pero solo con amor – la lógica sola no puede ganarse a un hermano o hermana. Lógica solo tiene fuerza cuando opera sobre una fundación de amor.

“pero no para contiendas de disputas” (v. 1b). Una bienvenida que se rinde por un motivo específico no es ninguna bienvenida. Cuando una bienvenida es guiada por algún motivo oculto, ese motivo dictará lo que pasa – cumplirlo vendrá primero y la bienvenida segunda. Es típico que la persona con un motivo brinde una bienvenida a otros solo para lograr su fin. Por ejemplo, gente que trabaja en ventas a menudo trata a futuros clientes como si fueran amigos, pero pierden interés al darse cuenta de que la venta no va a ningún lado. Si diéramos la bienvenida a un cristiano “flaco en fe” para “contiendas de disputas,” (v. 1b) nuestra verdadera preocupación sería disputar y no dar la bienvenida. Una bienvenida así no expresa amor. No nos acerca a la otra persona, en vez, amplía la división.

“Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas” (v. 2a). Ahora, Pablo habla de cristianos que no observan las leyes judías acerca de la dieta porque creen que Cristo les ha liberado de tales leyes. Comprenden que la salvación depende solo de Cristo, y que no mejora por medio de restricciones dietéticas. No se oponen a comer comida que conforma con los requisitos judíos, pero tampoco se oponen a comer comida que no lo hace. Seguramente, tampoco se oponen a comer carne sacrificada a ídolos, con tal de que “el ídolo nada es en el mundo” (1 Corintios 8:4). Aunque Pablo no llama “firmes” a cristianos que comen cualquier cosa, sí les contrasta con los que solo comen verduras, a quienes llama “flacos” (v. 2b). Obviamente considera firmes en la fe a los que comen cualquier cosa porque dependen solo en Cristo.

“otro que es débil, come legumbres” (v. 2b). Si nos preguntábamos quienes eran los débiles, Pablo los identifica aquí. Los débiles “comen legumbres,” en deferencia a leyes dietéticas judías – aunque ley judía tiene provisiones para comer carne. Solo podemos adivinar porque algunos cristianos romanos solo comen verduras. Quizá carne que conforma con leyes judías no esté disponible. Quizá la única carne disponible ha sido sacrificada a ídolos – un tema en Corintio (1 Corintios 8), de la que Pablo escribe esta epístola.

Debemos tener cuidado de no equiparar gentiles con los fuertes y judíos con los débiles. A menudo, gentiles son atraídos al judaísmo por su gran componente moral, y prosélitos gentiles a menudo son bastante devotos a la ley judía. Al contrario, algunos judíos (Pablo siendo uno de ellos) creen que ya no se encuentran bajo leyes dietéticas judías y, por lo tanto, son libres de comer comida que no cumple con restricciones judías. Ambos judíos y gentiles tienen fuertes y débiles entre ellos.

También debemos reconocer el papel importante que tienen las leyes dietéticas para los judíos. Judíos no solo están sujetos a la ley del Tora en cuanto a restricciones dietéticas (Levíticos 11), pero su observación de estas restricciones es una marca importante de su identidad como gente de Dios. En el Siglo II a.C., la respuesta macabea a la profanación del templo por los sirios reforzó la resolución judía de observar el Tora y luchar por mantener su identidad. Para gente que ha mantenido restricciones dietéticas toda su vida, sería difícil no considerarlas esenciales.

“El que come, no menosprecie al que no come: y el que no come, no juzgue al que come” (v. 3a). Pablo identifica correctamente la tendencia de ambos lados. Los fuertes (los que comen) se inclinan a despreciar a los débiles, y los escrupulosos (los que abstienen) se inclinan a juzgar a los menos escrupulosos. “Es irónico que ambos caigan en un error muy parecido. Débiles corren el riesgo de menospreciar la importancia de la justificación por fe, y lo mismo es verdad de los fuertes, porque su actitud implica ‘Mi fe es mejor que la tuya,’ y eso nos hace pensar de lo que nosotros hacemos en lugar de pensar de lo que Cristo ha hecho por nosotros” (Morris, 479). En lugar de encomendar un comportamiento u otro (comer o no comer), Pablo pide a ambos lados que se controlen – que abstengan de juzgar al otro lado de manera desfavorable.

“porque Dios le ha levantado” (v. 3b). A ambos lados les cuesta ver esta realidad. Los fuertes desprecian a los débiles, y presumen que Dios también lo hace. Los escrupulosos juzgan a los menos escrupulosos, y presumen que Dios también lo hace. Lo que Pablo dice de la bienvenida de Dios a gente de ambos lados es, seguramente, una sorpresa para los dos. Cada cree que su lado cumple la voluntad de Dios y que el otro lado ofende a Dios. Tal actitud farisaica fue la que llevó escribas y fariseos a planear la crucifixión de Jesús, y esta actitud de amor propio ha plagado la iglesia a través de su historia. Pablo nos invita a dar un paso atrás y ampliar nuestra visión – ver desde donde Dios ve. Una vez que comprendamos que Dios da la bienvenida a gente del otro lado, será posible apartar nuestros prejuicios para que también les demos la bienvenida.

“¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? Para su (de él) señor está en pie, ó cae” (v. 4a). De nuevo, la NRSV (en inglés) cambia del singular al plural para utilizar lenguaje inclusivo.

Un siervo responde a su amo y a nadie más. La persona que tiene un desacuerdo con un siervo haría bien en dirigirse directamente a su amo en lugar de al siervo, porque el siervo que cumple la voluntad del amo tiene la libertad (en la mayoría de los casos) de ignorar a todos menos a su amo. También, el amo conoce mejor al siervo, y puede comprender mejor la situación y actuar de manera justa. Cuando no hay conflicto, el dirigir preocupaciones al amo no aplica. También sería ofensivo nunca dirigirse directamente a un siervo o subordinado, como si él o ella no estuviera en el cuarto.

El circunstante que juzga al siervo arriesga ofender no solo al siervo, pero también al amo. Ese era el caso en el tiempo de Pablo, y el principio sigue vigente hoy en cualquier organización estructurada. También aplica a la iglesia donde Dios es el amo. Al despreciar o juzgar a nuestro hermano o hermana cristiano, arriesgamos recibir la ira de Dios – el juicio de Dios (véase Mateo 7:1; Lucas 6:37).

“mas se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle” (v. 4b). “‘Ser afirmado’ es la manera en que los primeros cristianos hablaban de la ‘resurrección’ (véase Efesios 5:14)” (Wright, 736).

No solo es posible que el Señor apoye ambos al débil y al fuerte, en efecto, según Pablo, eso es lo que Dios hace. Dios vindica a la gente de los dos lados de la vaya. La persona en peligro no es la que está al otro lado, sino la que es culpable de juzgar al siervo del amo (v. 4a).

ROMANOS 14:5-6: HONRA AL SEÑOR Y DA GRACIAS Á DIOS

5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté asegurado en su ánimo. 6El que hace caso del día, hácelo para el Señor: y el que no hace caso del día, no lo hace para el Señor. El que come, come para el Señor, porque da gracias á Dios; y el que no come, no come para el Señor, y da gracias á Dios.

“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días” (v. 5a). No sabemos exactamente a qué días se refiere aquí – seguramente días festivos judíos o el sábado. Realmente, no importa qué días sean en particular, ya que la controversia es la misma que Pablo describió en vv. 2-3 sobre comer o no comer. Unos tienen una opinión sobre la observación de días especiales, y otros tienen otra. El problema no es la diferencia de opiniones, sino el juicio que sentenciamos sobre cristianos del otro lado de la vaya.

De nuevo, es importante comprender la importancia que la observación del sábado y días sagrados tiene para cristianos judíos en Roma. Igual que la observación de restricciones dietéticas es señal de un judío fiel, también lo es la observación del sábado y días sagrados. Tal observación es parte de la identidad judía, y para gente que la ha seguido a lo largo de su vida sería muy difícil parar de hacerlo. Descontinuar sería infiel. Aún si alguien le dijera a esta gente que Cristo nos ha librado de esta observación, estarían inclinados a decir, “¿Qué daño puede hacer? ¿Por qué no continuar?”

Pero, el otro lado diría, “Lo malo es que añade innecesariamente a la simple cuestión que fe en Cristo trae la salvación. Esto distrae el enfoque de Cristo y su obra.”

Y así los menos escrupulosos caen en la tentación de despreciar a los más escrupulosos – y los más escrupulosos caen en la tentación de juzgar a los menos escrupulosos.

“Cada uno esté asegurado en su ánimo” (v. 5b). En vez de favorecer un lado de la vaya, Pablo pide a ambos lados que consideren con cuidado lo que es requerido y que vivan con convicción. En los siguientes versículos, pide que cumplamos nuestras convicciones con caridad pero, antes, pide que tengamos convicciones. Espera que vivamos de acuerdo a ellas, pero que tengamos caridad hacia aquéllos que no las comparten con nosotros.

Sería fácil malentender la frase, “Cada uno esté asegurado en su ánimo” (v. 5b) y pensar que apoya, “No importa lo que creas con tal de que seas honesto” – una creencia popular en muchos lugares, pero una llena de peligro. Hitler ilustra claramente este peligro. Hitler era completamente sincero, pero sus creencias mataron a millones. Sinceridad es necesaria pero no suficiente – sí importa lo que creemos. Pablo no apoya cada idea sincera pero asesina, en vez, pide que vivamos según nuestra convicción. Pronto Pablo nos dirá que el que no vive según sus convicciones “es condenado, porque no comió por fe: y todo lo que no es de fe, es pecado” (v. 23).

Debemos anotar que Pablo escribe la frase, “Cada uno esté asegurado en su ánimo” (v. 5b) para cristianos cuyas creencias han sido formadas a través de su relación con Cristo. Aunque diferencias les dividan, les une su fe común. Las palabras de Pablo no tendrían el mismo efecto si se dirigieran a un pueblo sin fe cristiana.

“El que hace caso del día, hácelo para el Señor: y el que no hace caso del día, no lo hace para el Señor. El que come, come para el Señor, porque da gracias á Dios; y el que no Come, no come para el Señor, y da gracias á Dios” (v. 6). Pablo considera fiel al que observa o no observa los días o las restricciones de comida. No obstante, está claro que solo se refiere a cristianos que intentan honrar a Dios por medio de sus acciones y que viven en agradecimiento por su dependencia en Dios.

ROMANOS 14:7-9: NINGUNO DE NOSOTROS VIVE PARA SÍ

7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8Que si vivimos, para el señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ó que vivamos, ó que muramos, del Señor somos. 9Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

“Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí” (v. 7). “Ni vivimos ni morimos como unidades independientes” (Phillips, citado en Morris, 481). “Con este principio agudamente formulado, Pablo rechaza el individualismo robusto. Un individuo cristiano es una contradicción” (Craddock, 440).

Vivimos en relación a otras personas. Comenzamos la vida dependiendo completamente de otros – nuestros padres y también los que siembran nuestra comida o nos proveen con agua o cuidado médico. Al madurar, seguimos dependiendo de otros, pero otros también empiezan a depender de nosotros. Lo que decimos y hacemos les afecta, y lo que ellos dicen o hacen nos afecta a nosotros. Por eso, es imprescindible que respetemos nuestra interdependencia.

Por la gracia de Dios, también vivimos en relación a Dios. Aunque esto es un gran privilegio, también nos obliga a vivir como Dios manda. En este caso, Pablo dice, Dios quiere que demos la bienvenida a hermanos y hermanas cristianos que sean diferentes de nosotros (v. 1).

“Que si vivimos, para el señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ó que vivamos, ó que muramos, del Señor somos” (v. 8). Pablo experimentó algo similar en su carta a los Filipenses: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Pertenecemos al Señor ambos en vida y en muerte. La vida nos da la oportunidad de servir al Señor, y la muerte nos lleva a la casa del Señor. “Ya que cada creyente pertenece a Dios, no es nuestro lugar cuestionar las decisiones de otro en temas no centrales a la fe” (Mounce, 253).

“Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (v. 9). Habiendo establecido que no es apropiado “juzgar al siervo ajeno,” (v. 4), ahora Pablo establece que Cristo es Señor de todos – de los vivos y los muertos. Si no es apropiado juzgar al siervo ajeno – y si Cristo es Señor de todos – entonces, (como Pablo establece en vv. 10-12) no tenemos derecho de juzgarnos unos a otros.

ROMANOS 14:10-12: ¿POR QUÉ JUZGAS?

10Mas tú ¿por qué juzgas á tu hermano? ó tú también, ¿por qué menosprecias á tu hermano? Porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo. 11Porque escrito está:

Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla,
Y toda lengua confesará (griego: exomologesetai – reconocer, confesar) á Dios.

12De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí.

“Mas tú ¿por qué juzgas á tu hermano? Ó tú también, ¿por qué menosprecias á tu hermano? Porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo” (v. 10). El contraste está entre el menor y el mayor – el juicio que rendimos versus el juicio que Dios rinde. Pablo establece este contraste para mostrar la arrogancia que existe cuando juzgamos a otros cristianos. Pablo sitúa nuestras opiniones junto la silla de juicio de Dios para que nos demos cuenta de lo inconsecuentes que son nuestros juicios – lo poco que cuentan. Cuando estemos en cola el Día del Juicio, estaremos demasiado preocupados por nuestros propios fallos para pensar de los fallos de nuestra hermana. Sería bueno que adoptáramos esta perspectiva celestial ahora – que nos ocupáramos de la viga en nuestro propio ojo en vez de quejarnos de la mota en el ojo de nuestro hermano (Mateo 7:3-5).

“La implicación es que los que se dan el poder de juzgar a los demás roban de la autoridad que pertenece solo a Dios, cayendo en la misma trampa de idolatría de siempre y poniéndose a si mismos en el lugar de Dios” (Dunn).

No debemos perder de vista el hecho que Pablo habla de nuestros compañeros cristianos como hermanos y hermanas. No son simples conocidos – hoy aquí y mañana desaparecidos. Son miembros de nuestra familia cristiana, y lo serán por eternidad. Debemos hacer lo que podemos para honrar esa relación en vez de criticar y juzgar.

“Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará á Dios” (v. 11). Pablo cita Isaías 45:32 con pequeñas modificaciones. La idea es que todos – aún los que no reconocen al Señor ahora – se encontrarán de rodillas el Día del Juicio.

“De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí” (v. 12). La frase de Pablo, “cada uno de nosotros,” nos define como individuos – hace personal nuestra responsabilidad. Uno tras uno nos encontraremos ante el asiento del juicio para oír el veredicto de Dios.

Algunos cristianos creen que no tienen nada de que preocuparse, ya que tienen a Cristo como su Salvador. La verdad es que Cristo es nuestra única esperanza, pero los que piensan de él como su Salvador se sorprenderán. Cristo advirtió, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7:21-23).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAPHY:

Barclay, William, The Daily Study Bible: The Letter to the Romanos, revised edition (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1975)

Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV — Year A (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995)

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge: Trinity Press International, 1992)

Dunn, James D. G., Word Biblical Commentary: Romanos 9-16, Vol. 38B (Dallas: Word Books, 1988)

Morris, Leon, The Epistle to the Romanos (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdman’s Publishing Co, 1988)

Mounce, Robert H., The New American Commentary: Romanos, (Broadman & Holman Publishers, 1995)

Wright, N. Thomas, The New Interpreter’s Bible: Acts, Romanos, 1 Corinthians, Vol. X (Nashville: Abingdon Press, 2002)

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