Mateo 6:1-6, 16-212018-09-29T17:07:40+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Mateo 6:1-6, 16-21

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MATEO 5-7: EL CONTEXTO

Capítulos 5-7 del Evangelio de Mateo son conocidos como el Sermón en el Monte y constituyen gran parte de las enseñanzas de Jesús. No es probable que Jesús impartiera todas estas enseñanzas en una sola ocasión. En vez, Mateo coleccionó muchas de sus enseñanzas y las documentó en estos primeros capítulos de su Evangelio. Una colección similar pero más corta se encuentra en Lucas 6:20-49. La colección de Lucas tiene paralelos con partes de Mateo 5 y 7, pero no con Mateo 6.

Mateo 5 incluye un número de enseñanzas sobre una vida justa. Incluyen temas como la ira (5:21-26), el adulterio (5:27-30), el divorcio (5:31-32), juramentos (5:33-37), retaliación (5:38-42), y amar al enemigo (5:43-48). Las enseñanzas de 6:1-18 nos llevan al próximo nivel ayudándonos a comprender la actitud que se necesita para cumplir obras piadosas (dar limosna, orar, y ayunar).

Otra conexión entre estos dos capítulos es que en capítulo 5 Jesús dice, “si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”(5:20). En 6:1-18, nos dice como hacerlo. Mientras que no menciona escribas y Fariseos en 6:1-18, sí menciona “hipócritas” (6:2, 5, 16). En este Evangelio, a menudo llama escribas y Fariseos “hipócritas,”(15:7; 22:18; 23:13, 15, 23, 25, 27, 29), por eso, es razonable asociar a los “hipócritas” de 6:1-18 con escribas y Fariseos.

Verdaderamente, escribas y Fariseos se encuentran entre los que practican su “justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos” (6:1) – y los que “hacen tocar trompeta” para anunciar su limosna (6:2) – y que “oran en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres” (6:5) – y que parecen “austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan” (6:16).

En 6:1-18, Jesús nos enseña a exceder la justicia de los escribas y Fariseos (el precepto de 5:20), diciendo “cuando tú haces limosna, no sepa tu (mano) izquierda lo que hace tu derecha; Para que sea tu limosna en secreto” (6:3-4) – y “cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto” (6:6) – y “unge tu cabeza y lava tu rostro; Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto”(6:17-18).

Básicamente todo capítulo 6 (con la posible excepción de vv. 22-23) es un convenio de paz. En versículos 1-18, Jesús nos enseña a no solicitar elogio humano por medio de obras justas sino a confiar que Dios (tener fe en Dios) nos recompensará. El énfasis en versículos 19-21, 24-34 es parecido al de versículos 1-18, aunque versículos 19-21 y 24-34 tratan más de las actitudes hacia posesiones materiales en vez del elogio humano. El punto principal de capítulo 6 es que debemos confiar que Dios nos recompensará (vv. 1-18) y que proveerá lo que necesitamos (vv. 19-21, 25-34).

Podría parecer que hay una contradicción entre el cargo de Jesús en 5:16, “alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos” y su énfasis en capítulo 6 en mantener privada la piedad personal.

Algunos resolverían esta diferencia diciendo que “vuestra” en 5:16 es singular (como aparece en la versión en inglés) y “vuestra” en 6:1-4 es plural. Entonces la iglesia, y no el individuo, es responsable de rendir testimonio válido (Hare, 64). Sin embargo, “tú” y “vuestro” en 6:1-6 y 16-18 a veces implican el plural (vv. 1, 5, 16) (en la versión en inglés) y a veces singular (vv. 2-4, 6, 17-18). Por eso, este punto es cuestionable. También, en sentido práctico, ambos el testimonio individual y el cooperativo se necesitan para atraer gente hacia el reino.

Bonhoeffer sugiere “lo escondido que debe caracterizar la acción de los discípulos se aplica al discípulo. Discípulos deben ‘continuar siguiéndole a Jesús, y deben seguir mirando hacia él que va delante de ellos, y no a sí mismos y a lo que están haciendo. La justicia de los discípulos se oculta de ellos mismos’” (Hauerwas, 74, citando a Bonhoeffer, Discipleship). Esto parece ir un paso más allá de lo que dice Jesús en Mateo 6, pero sin embargo concuerda con lo que Jesús quiere decir. Jesús denuncia aquéllos que obran piadosamente para impresionar a los demás, porque ese comportamiento es inherentemente egoísta y se enfoca en uno mismo. Jesús nos llama a una piedad desentendida y enfocada en Dios – y ése es el punto que hace Bonhoeffer.

En resumen, el testimonio (individual y cooperativo) es sumamente importante, pero pierde su capacidad de bendecir al testigo (y seguramente también al que recibe su testimonio) cuando el testigo está motivado por un deseo de agradar a la gente en vez de a Dios.

MATEO 6:1-18: DAR LIMOSNA, ORAR, Y AYUNAR

En estos versículos, Jesús enfatiza la manera correcta de lograr tres disciplinas espirituales: dar limosna, orar, y ayunar. No nos dirige hacia estas acciones, pero da por hecho que las haremos. Su énfasis no está en hacerlas, sino en hacerlas de la manera correcta.

Jesús utiliza básicamente la misma fórmula para enseñar cada una de estas tres disciplinas espirituales. Comienza diciendo “Cuando pues haces,” dando por hecho que lo haremos. Entonces, nos pide no ser hipócritas, y describe como es que hipócritas cumplen cada una de estas acciones. Nos asegura que hipócritas ya han recibido su recompensa. Después dice, “Mas tú,” y procede instruyéndonos de cómo practicar piedad en secreto. Finalmente, nos promete que Dios nos recompensará por piedad obrada en secreto.

MATEO 6:1: NO HAGÁIS VUESTRA JUSTICIA DELANTE DE LOS HOMBRES

1Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendréis merced (griego: misthon – de misthos) de vuestro Padre que está en los cielos.

“Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos” (v. 1a). Jesús comienza clarificando la ofensa que debemos evitar – piedad practicada para ganarse favor humano.

En este capítulo, Jesús aplica este principio a tres disciplinas: dar limosna, orar, y ayunar. El principio, sin embargo, puede aplicarse a cada obra de justicia – es decir, alimentar al hambriento o dar de beber al sediento – dar la bienvenida a un desconocido – vestir al desnudo – cuidar al enfermo o visitar un prisionero (25:35-36). En capítulo 25, cuando Jesús habla de recompensar a los que cumplen estas obras justas, los que reciben la recompensa se sorprenden porque no tenían ninguna idea de que habían hecho algo fuera de serie o que alguien se diera cuenta de su caridad. La verdad es que no cumplieron obras caridad para ser recompensados. Es la combinación de obras generosas y actitudes humildes que abren el paso por donde Dios dispensa bendiciones.

“de otra manera no tendréis merced (misthon – de misthos) de vuestro Padre que está en los cielos” (v. 1b). La palabra griega misthos tiene un sentido de comercio. Es una palabra para “deuda pagada por trabajo; salario” (Thayer, 415).

Jesús advierte que los que obran piadosamente para ser vistos por otros solo pueden esperar ser pagados por parte de su audiencia pública. Ya que buscan reconocimiento humano, tendrán que contentarse con reconocimiento humano – la única recompensa que recibirán.

Esto no significa que los que reciben reconocimiento humano nunca han de esperar recompensa de Dios. Muchos cristianos solo han buscado servirle a Dios pero, sin embargo, se han hecho famosos por sus obras desinteresadas (Wesley, Calvin, Luther, San Francisco, Schweitzer, Martin Luther King, Madre Teresa – la lista parece no tener fin). El problema no está en recibir reconocimiento humano, sino en buscarlo.

MATEO 6:2-4: PARA QUE SEA TU LIMOSNA EN SECRETO

2 Cuando pues haces limosna (griego: eleemosunen), no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas (griego: hupocritai) en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su recompensa. 3Mas cuando tú (griego: sou – tú singular) haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha; 4 Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público.

“Cuando pues haces limosna (eleemosunen), no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas (hupocritai) en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres” (v. 2a). Eleemosunen se puede referir a cualquier tipo de obra justa (Salmo 11:7), pero en este contexto sugiere que Jesús está hablando de dar dinero a los necesitados. Es de esta palabra griega de donde viene la palabra en inglés eleemosynary, que tiene que ver con dar a la caridad.

Hupocritai es la palabra para actores en una obra de teatro. Como se anota arriba, Jesús frecuentemente se refiere a escribas y fariseos como hupocritai – por lo que quiere decir que están actuando un papel piadoso para el público cuando, por dentro, sus corazones se dedican a preocupaciones egoístas en vez de servir a Dios o las necesidades de los demás. Mas adelante, Jesús llamará a los escribas y fariseoshupocritai y les dirá que “sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad” (23:27). A lo largo de este Evangelio, Jesús les avisará a sus discípulos del peligro de la piedad pública que encubre un corazón impío.

El Tora requiere ciertas prácticas, por ejemplo, dejar parte de una cosecha para que los pobres puedan beneficiarse de ella. Estas prácticas demuestran la preocupación de Dios por los pobres (Levítico 19:9-10; Deuteronomio 14:28; 15:11). En la ausencia de programas de bienestar social, la caridad voluntaria es esencial para cuidar por las necesidades de viudas, huérfanos, y otros que no pueden proveer por sí mismos. Dios promete bendiciones a los que ayudan a los necesitados (Proverbios 14:21; 19:17). Como resultado, algunos han llegado a pensar que dar limosna es una manera de ganarse el favor de Dios – y aún más, hasta una manera de pagar por el pecado.

Mientras que el Antiguo Testamento no deja ninguna duda que Dios favorece el dar limosna, Jesús dice que dar por motivos equivocados puede cancelar cualquier recompensa que se podría recibir de Dios.

Jesús les dice a sus oyentes que no hagan tocar la trompeta cuando dan limosna. No estamos seguros de lo que quiere decir Jesús con “hacer tocar la trompeta.” Algunos sugieren que los receptáculos de limosna tienen forma de trompeta y que Jesús se refiere al ruido sonoro que hace el metal cuando se echan dentro monedas grandes. Sin embargo, es más probable que “hacer tocar la trompeta” es simplemente lenguaje colorido para referirse a llamar la atención al regalo que uno hace de manera ostentosa.

No debemos interpretar que estos versículos prohíben la práctica fiscal necesaria para la buena administración y contabilidad de la iglesia.

“de cierto os digo, que ya tienen su recompensa” (v. 2b). Jesús no dice que Dios castigará a los que practican piedad en público. Solo dice que ellos ya han recibido su recompensa y así no hay necesidad de que Dios les recompense. Buscaron reconocimiento humano por sus acciones, por eso, Dios considerará este reconocimiento humano como su recompensa.

“Mas cuando tú (sou – tú singular) haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha; Para que sea tu limosna en secreto” (v. 3-4a). El “tú” en este versículo es singular (personal) y enfatizado (demostrando que Jesús contrasta el comportamiento del discípulo individual con el comportamiento del hupocritai).

El lenguaje de Jesús sobre la mano derecha y la mano izquierda es una hipérbole (lenguaje exagerado y colorido), utilizado para expresar un punto. Hemos de practicar piedad tan secretamente que la mano con la que damos el dinero sepa de nuestra generosidad pero que la otra mano permanezca sin saberlo. ¿Cómo podemos actuar más secretamente?

“y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público” (v. 4b). Jesús promete que cuando damos limosna en secreto, Dios nos recompensará. Algunos cristianos encuentran este versículo difícil de aceptar porque parece que habla de obras justas, pero Jesús simplemente promete una recompensa de Dios por dar limosna en secreto.

Sin embargo, debemos preguntarnos si Dios recompensará a una persona que obra piadosamente en secreto pero que es motivado por la posibilidad de una recompensa en vez de la posibilidad de complacer a Dios. Según el énfasis de estos versículos sobre motivación, no parece probable que Dios recompense a una persona egoísta que da – aún si el regalo se hace en secreto.

Hay un toque especial de gracia en este versículo. Implica una recompensa de Dios mucho más grande que cualquier cosa que jamás podríamos ganar – más grande de lo que podemos imaginar. Dios recompensará nuestras pequeñas obras de generosidad con sus grandes obras de bendición.

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MATEO 6:5-6: ORA A TU PADRE QUE ESTÁ EN SECRETO

5Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago. 6Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara(griego: tameion – cuarto ocultado), y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

“Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres” (v. 5a). El principio aquí es el mismo que el de dar limosna. Los discípulos de Jesús han de evitar obrar piadosamente con el propósito de solicitar reconocimiento humano.

La oración es algo fijo en la vida judía. Entre las disciplinas espirituales personales que practican los judíos se encuentran oraciones memorizadas y recitadas a ciertas horas del día. Algunos rezan estas oraciones en privado y silenciosamente, mientras que otros buscan un lugar público como la esquina de una calle. Pueden hacer esto pensando que rinden testimonio para otros que necesitan orar más fielmente. Sin embargo, es difícil hacer un espectáculo público de sus propias oraciones sin caer en la trampa de orgullo espiritual – sin imaginarse espiritualmente superior a los demás – sin esperar que otros lo vean como superior. Pronto, uno se convierte en un hupocritai – un actor en un escenario – una persona haciendo un papel – una persona cuyas oraciones parecen dirigirse a Dios pero que en realidad se dirigen a otros humanos.

La práctica de la temprana iglesia demuestra que no entendía las enseñanzas de Jesús como algo que prohibía orar en grupo (Hechos 3:1; 14:23; 16:13; Santiago 5:14-16).

“de cierto os digo, que ya tienen su pago” (v. 5b). De nuevo, Jesús no amenaza con castigar a los que obran piedad en público. Su castigo es simplemente que Dios no les concederá la bendición que les hubiera concedido por piedad privada.

“Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara (tameion), y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público” (v. 6). Untameion es un cuarto privado o un ropero – privado y raras veces visitado. La versión de King James traduce tameion como “armario” – una palabra que captura bien la privacidad de un tameion. Sin embargo, la palabra “armario” recuerda a un armario de ropa moderno, que no hubiera existido en las casas de la época de Jesús. En ese contexto, un tameion sería más como un lugar para guardar herramientas, semilla, u otras cosas esenciales.

MATEO 6:7-15: EL PADRE NUESTRO

Estos versículos no están incluidos en la lectura del leccionario, pero son dignos de anotar. En versículos 5-6, Jesús presentó el tema de la oración. En versículos 7-8, nos avisa “no seáis prolijos” para asegurar que Dios oiga y nos asegura que “vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” Entonces, nos da un modelo de oración (que nosotros llamamos la Oración del Señor pero que realmente es una Oración del Discípulo) que sirve de ejemplo de piedad y brevedad.

MATEO 6:16-18: PARA NO PARECER Á LOS HOMBRES QUE AYUNAS

16Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago. 17Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; 18Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

“Y cuando ayunáis” (v. 16a). Jesús no nos manda ayunar, en vez, nos ayuda a hacerlo correctamente y a evitar los problemas asociados con el ayuno.

Ayunar se trata de abstener de comida y/o bebida por un periodo de tiempo. El ayuno se utiliza para expresar dolor (1 Samuel 31:13; 2 Samuel 1:12; 12:20-23) o penitencia (1 Samuel 7:6; 1 Reyes 21:27). También se utiliza para preparar a una persona para la oración (2 Samuel 12:16-17; Salmo 35:13) o revelación divina (Éxodo 34:28; Deuteronomio 9:9; Daniel 9:3; 10:3) o para buscar el favor del Señor (Jueces 20:26; 2 Crónicas 20:3) (Myers, 377).

El único ayuno requerido por la ley judía es el de la observación del Día de Expiación (Levítico 16:29-31; 23:27). En por lo menos un caso, Dios también mandó ayunar como obra de contrición (Joel 2:12) – pero añadió, “lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos” (Joel 2:13) – en otras palabras, guarda privada tu contrición (“lacerad vuestro corazón”) en vez de hacer una demostración de contrición por fuera (y no vuestros vestidos).

En una situación parecida a versículos 16-18, el pueblo de Israel antes se quejó de su ayuno, diciendo que Dios no se había dado cuenta. Dios respondió que el ayuno solo les había servido a ellos mismos (Isaías 58:3-4). Dios añadió, “¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres á los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y á los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu carne?” (Isaías 58:6-7).

Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches en preparación para su tentación (4:2). Cuando los discípulos de Juan le preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no ayunaban, Jesús dijo, “¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán” (9:15) – es decir, hay un tiempo para ayunar y un tiempo para abstener del ayuno.

La temprana iglesia practicaba el ayuno como preparación espiritual para decisiones importantes (Hechos 13:2-3; 14:23).

“no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan” (v. 16b). Cualquier tipo de auto-negación es desagradable, y particularmente el ayuno. En pocas horas, nos encontramos pensando de comida en casi todo momento. Bajo tales circunstancias es tentador hacer una demostración de nuestro ayuno aparentando estar miserable, gruñendo, o aparentando desmayos. Expresiones como éstas “demuestran a otros que ayunamos.” El propósito de tales expresiones es ganar simpatía y/o elogio. Es decir, estamos tentados a convertirnos en hupocritai – actores actuando para el público – buscando aplauso.

“de cierto os digo, que ya tienen su pago” (v. 16c). La recompensa del actor actuando en público es recibir su aplauso. No hay necesidad que Dios recompense más al actor, porque el público ya lo ha hecho.

“Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza” (v. 17a). Ungirse la cabeza con aceite puede tener varios significados. Puede ser una señal de ser apartado para un trabajo particular (Éxodo 29:7; 1 Reyes 19:16; Isaías 61:1). Puede ser una señal de bienestar (Salmo 23:5). Puede hacerse junto con el ayuno o el sanar. En ese contexto, era una práctica común – comportamiento normal.

“lava tu rostro” (v. 17b). Lavarse las manos es una demostración externa de bienestar. Ungirse la cabeza y lavarse la cara ayuda a una persona a tener un aspecto de normalidad o bienestar. La persona que hace estas cosas no atraería ni simpatía ni reconocimiento.

“Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público” (v. 18). De nuevo, el principio es que Dios recompensa obras piadosas hechas por su beneficio en vez de por el beneficio de los demás.

MATEO 6:19-21: HACEOS TESOROS EN EL CIELO

19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín (griego: brosis) corrompe, y donde ladronas minan y hurtan; 20Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan:21Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

Las enseñanzas de 6:19-21, 24-34 nos instruyen sobre nuestra actitud hacia las posesiones, otra manera de decir que nos instruyen sobre la fe. Como se anota arriba, en 6:1-18 Jesús nos pide que confiemos que Dios nos recompensará. En 6:19-21, 24-34, Jesús nos pide que confiemos que Dios proveerá por nosotros.

“No os hagáis tesoros en la tierra” (v. 19a). Hay pocas cosas que disfrutamos más que tesoros escondidos. Coleccionamos sellos, monedas, cristal, vajillas, y figurines de muchas variedades. Coleccionamos dinero en efectivo, en certificados de depósito, en acciones, o en forma de metales preciosos. Coleccionamos bienes raíces, títulos académicos, joyas, cuadros, y trofeos de deportes. Aún coleccionamos aventuras y viajes. Hacemos estas cosas por varias razones: para garantizar nuestra seguridad, para sentirnos superiores a otros, y para ganar reconocimiento. Sin embargo, Dios nos pide que confiemos que él garantizará nuestra seguridad, que reconozcamos su superioridad, y que le demos nuestra alabanza.

La ironía es que lo más valiosa nuestra colección, lo más vulnerables que quedamos a la pérdida y lo más ansiosos que solemos estar a causa de la vulnerabilidad de la colección. Otra ironía es que lo más valiosa la colección, lo más ansiosos que estamos por agrandarla. Posesiones materiales son como cocaína – solo un poco abre nuestro apetito y desde ese momento ninguna cantidad nos basta.

“donde la polilla y el orín (brosis) corrompe” (v. 19b). Polillas amenazan la tela. Brosis puede significar orín u óxido, y también puede referirse al daño causado por insectos.

Como sabe cada dueño de una casa, su mantenimiento es constante. Tejados gotean, como también lo hacen las tuberías y los grifos. Moho infecta las alfombras y las cosas en los armarios. Las raíces de los árboles levantan el asfalto de la entrada. Malas hierbas necesitan vigilancia continua. Una casa que se deja sin mantener puede deteriorarse en poco tiempo hasta el punto de no tener arreglo. El mismo principio aplica a los automóviles, las acciones, y a casi todo lo que tiene valor. La seguridad que nos proporcionan apenas es segura.

Y después está el tema de nuestra mortalidad. Podemos vivir unas décadas más o unas horas más – nadie sabe. Cuando la muerte nos lleva, ya no podremos disfrutar de nuestras posesiones o controlar lo que les pase. Un hijo o hija que hereda toda una vida de ahorros puede estar tentado a convertir una pequeña fortuna en una gran fortuna en la mesa de juegos – o a desperdiciarlo de varias maneras. Aún los ricos que establecen fundaciones caritativas pierden control de ellas. Varias veces he oído de fundaciones que dan dinero a causas cuestionables y me pregunto cómo se sentiría el benefactor si él o ella supiera. La frase que se me ocurre es “dándose la vuelta en su tumba.”

“y donde ladronas minan y hurtan” (v. 19c). Si dejáramos gran cantidad de dinero o joyas por cualquier lugar, podríamos esperar que un ladrón se diera cuenta. Lo asombroso es que ladrones arrancan barandillas de los lados de las carreteras y cortan cables de cobre para vender como sobras. Roban cuadros valiosos y famosos que ni pueden vender ni exhibir en público. Rompen ventanas caras para robar baratija. Nuestra sociedad gasta billones de dólares en cerrojos, cámaras de seguridad, guardas armados, y muchos otros sistemas de protección, pero ladrones continúan robando.

“Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan” (v. 20). El tesoro en el cielo provee la seguridad que la gente no logra por medio de su tesoro terrenal. El guardián de nuestro tesoro en el cielo no es un cerrojo que se puede romper ni un guarda de seguridad que se puede sobornar, sino Dios. Ninguna amenaza puede romper la seguridad que Dios provee para los tesoros celestiales.

La pregunta, entonces, es cómo podemos amontonar tesoro en el cielo. Hay un viejo chiste de un hombre que entró en el cielo y se decepcionó al ver que su mansión en el cielo no era más que una chabola. Cuando se quejó, San Pedro le explicó que la chabola era lo mejor que le podían comprar con el poco dinero que había mandado (que había dado a la iglesia). El problema con este chiste es que contradice la enseñanza del Nuevo Testamento de la gracia de Dios y, por eso, no debemos contarlo. Debemos evitar cualquier sugestión que un billete de veinte dólares en el cesto de ofrendas es el equivalente de veinte dólares en algún banco celestial.

Una lectura cuidadosa de los Evangelios nos ayudará a comprender cómo podemos acumular tesoro en el cielo. En capítulo 6, Jesús promete que Dios recompensará a la persona que da limosna en secreto (v. 4), y que reza en secreto (v. 6), y que ayuna en secreto (v. 18). En capítulo 5 Jesús da una lista de virtudes que traen bendiciones de Dios – ser pobre de espíritu (5:3), el luto (5:4), la humildad (5:5), el hambre y la sed por justicia (5:6), demostrar merced (5:7), ser de corazón limpio (5:8), hacer la paz (5:9), y sufrir persecución por justicia (5:10-11). Parece apropiado contar estas bendiciones como el equivalente de tesoros en el cielo.

Al hombre que tenía muchas posesiones, Jesús dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da lo á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (19:21).

En su visión del juicio de las naciones (25:31-36), Jesús promete recompensa para los que alimentan al hambriento, dan de beber al sediento, dan la bienvenida al desconocido, visten al desnudo, cuidan al enfermo, y visitan al encarcelado (25:35-36). Describe a estas personas como justas (25:37) y les dice,“Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (25:34).

“Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón” (v. 21). Amamos aquello en que invertimos nuestro tesoro. Una manera de aprender a amar a Dios, entonces, es invertir nuestro tesoro sirviendo a Dios. Mientras contemplamos cómo podríamos hacer eso, debemos considerar una definición más amplia de la palabra tesoro. Nuestro tesoro es más que dinero o posesiones materiales. Incluye nuestro tiempo, talentos, y cualquier cosa que esté cerca de nuestros corazones. Una persona que ama la música puede cantar la gloria de Dios. Una persona que ama la carpintería puede utilizar su talento para la gloria de Dios.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Copyright 2007, 2018 Richard Niell Donovan