Mateo 28:1-102018-09-29T20:41:00+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Mateo 28:1-10

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MATEO 28:1-10. LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Cada uno de los cuatro Evangelios incluye un relato de la resurrección, y hay diferencias entre los relatos. Estas diferencias no desacreditan las escrituras, simplemente sugieren que los cuatro relatos fueron escritos independientemente en vez de en colaboración.

El relato de Mateo se basa en Marcos 16:1-8. En su día, rumores decían que los discípulos de Jesús habían robado su cuerpo y que la resurrección no fue verdad. Mateo “desea certificar la autenticidad histórica de la predicación de la iglesia” enfatizando la seguridad que había en la tumba, divina intervención, las mujeres que tocaron a Jesús, la perfidia de los altos sacerdotes y ancianos, y soldados sobornados que mienten (28:11-15) (Snow y Furnish, 3).

La resurrección es el evento central de la Biblia. La idea de resurrección tiene sus raíces en el Antiguo Testamento (Job 19:25-26; Salmo 49:15; Isaías 26:19; Daniel 12:2; Ezequiel 37), y la resurrección se enfatiza en la mayoría de los libros del Nuevo Testamento.

El primer relato de la resurrección de Jesús no fue en los Evangelios, sino en 1 Cor. 15:3-8. Ninguno de los relatos describe a la resurrección misma – es decir, no hay relatos de Jesús abriendo los ojos, levantándose, y saliendo de la tumba. Lo que sabemos de la resurrección es de testigos del Cristo resucitado en vez de testigos de la resurrección misma.

La resurrección de Jesucristo es la fundación de nuestra fe. “Sin esta inversión de la ignominia de la cruz, la muerte de Jesús no hubiera reparado nada. La resurrección demuestra la vindicación de Cristo por Dios, que le reestablece en el cielo como Señor del cosmos” (Blomberg).

Si la resurrección es falsa, “los más miserables somos de todos los hombres” (1 Cor. 15:9) porque hemos apostado nuestra fe en una mentira. Si la resurrección es verdad, valida las enseñanzas y el ministerio de Jesús al igual que nuestra fe.

Mientras que hay numerosas razones para creer en la resurrección, no podemos demostrarla, pero sí podemos verla por los ojos de la fe.

El relato de Mateo de la resurrección incluye un número de paralelos a su relato de la muerte y resurrección de los santos (27:51-53) (véase Allison, 154).

• “Y he aquí (kai idou – traducido “en ese momento” en la NRSV) (27:51 y 28:2).
• Un terremoto (27:51 y 28:2).
• Tumbas abiertas (27:52 y 28:2).
• Guardas temerosos (27:54 y 28:4).
• Gente presencia los santos resucitados (27:53) y el Jesús resucitado (28:9).
• Los santos/guardas van a la ciudad sagrada (27:53 y 28:11).

MATEO 28:1. AL AMANECER EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA

1Y la víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.

La resurrección toma lugar, no el sábado, sino un día de la semana. En la creación, Dios santificó el sábado. En la resurrección, Jesús santifica el día siguiente.

El sábado terminó al anochecer, pero las mujeres fueron a la tumba al amanecer. María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, presenciaron la crucifixión (27:56). María Magdalena y “la otra María” (supuestamente la madre de Santiago y José) presenciaron el entierro (27:61), y ahora se convierten en testigos de la resurrección.

Deut. 19:15 requiere por los menos dos testigos en un procedimiento legal, y práctica judía admite solo a los hombres como testigos. Durante su ministerio, Jesús rompió con un número de tradiciones, y aquí rompe con otra. Los Once, todos hombres, no se encuentran por ninguna parte, mientras que dos mujeres sirven de testigos de la resurrección. La lista de testigos de 1 Cor. 15:3-8, escrita antes que este Evangelio, no incluye a María Magdalena, pero sí menciona “hermanos y hermanas.”

Marcos 16:1 dice que las mujeres vinieron a untarle a Jesús pero, en el Evangelio de Mateo, una mujer con un tarro hecho de alabastro y lleno de aceite untó a Jesús. Jesús dijo, “Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho” (26:12). En este Evangelio, las mujeres vienen “á ver el sepulcro” (v. 1) en vez de para untar a Jesús. Quien sea que haya visitado la tumba de un ser querido puede comprender por qué vienen.

MATEO 28:2-4. EL ÁNGEL DEL SEÑOR HABÍA REVUELTO LA PIEDRA

2Y he aquí, fue hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella. 3Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.

“Y he aquí, fue hecho un gran terremoto” (v. 2). El terremoto, el ángel con su ropa deslumbrante, y el empujar de la roca son símbolos escatológicos, diciéndonos que Dios está comenzando una nueva era. Nos recuerdan del encuentro entre Israel y Dios en el Monte de Sinaí (Éxodos 19:18). Un terremoto también anunció la muerte de Jesús (27:51). La apariencia del ángel nos recuerda a los Antiguos Días en Daniel 7:9 y 10:6.

“El ángel del Señor” (v. 2). Antes en este Evangelio, un ángel se le apareció a José para decirle que tomara a María como su esposa (1:20), y para decirle que huyera a Egipto (2:13), y para que volviera a Israel (2:19-20).

El ángel “había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella” (v. 2) como si diciendo, ¡Ya está cumplido! “La roca que tapaba la tumba de Jesús era una piedrecilla comparada con la Roca de las Edades que había dentro” (Frederick Beck). La apariencia del ángel deja claro que el ángel no es simplemente cualquier ser y que éste no es simplemente cualquier momento en la historia. Jesús ha resucitado para inaugurar una nueva era en la historia de la salvación.

“Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve” (v. 3). La apariencia del ángel nos recuerda a la cara brillante de Moisés después de su encuentro con Dios en Sinaí (Éxodos 34:29) y a la cara brillante de Jesús y sus ropas deslumbrantes de la Transfiguración (17:2). La apariencia del ángel refleja la gloria de Dios y autentica su origen celestial.

“Y de miedo de él los guardas se asombraron (eseisthesan), y fueron vueltos como muertos” (v. 4). ¡Los guardas están muertos de miedo! La tierra tiembla (seismos), y los guardas también tiemblan (eseisthesan – de la misma raíz que seismos). Jesús, que supuestamente está muerto, vive. Los guardas, que deben de estar vivos y guardando el cuerpo de Jesús, se quedan como hombres muertos. Estaban preparados para los discípulos de Jesús, pero no para el ángel.

ad1 ad2 ad3 ad4 ad5

MATEO 28:5-6. NO ESTÁ AQUÍ; PORQUE HA RESUCITADO, COMO DIJO

5Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis á Jesús, que fue crucificado. 6No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

“No temáis” (v. 5). Las mujeres temían ser molestadas por los guardas romanos, pero fueron a la tumba de todos modos. Entonces, el terremoto y la apariencia deslumbrante del ángel les deberían haber asustado aún más. Pensarían que alguien habría hecho algo con el cuerpo de Jesús. Sin embargo, es difícil que la fe viva junto con temor, y el ángel viene a restaurar la fe. “No temáis.” Éstas son las palabras que el ángel le habló a José sobre su novia embarazada (1:20). Jesús enseñó, “Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos” (10:31). Cuando atravesó el mar turbulento hacia los discípulos, él dijo, “Confiad, yo soy; no tengáis miedo” (14:27). En la transfiguración, él aseguró a los discípulos, “Levantaos, y no temáis” (17:7). Ahora el ángel les dice a las mujeres, “No temáis.” Es un momento de gracia en el que el mensajero de Dios reconoce el temor natural de las mujeres y les ayuda a sobrepasarlo.

El ángel empuja la roca que tapa la abertura de la tumba (v. 2), no para dejarle a Jesús salir, sino para dejarles a las mujeres entrar. La resurrección es historia – y ya ha tomado lugar. Actualmente, no hubo testigos humanos presentes durante la resurrección. Estas mujeres presenciaron la muerte y el entierro de Jesús. Ahora presencian el hecho de que, a pesar de los mejores intentos de Roma, Jesús no está. Los ángeles les aseguran a las mujeres de que Jesús ha sido resucitado (voz pasiva – la acción de resucitar es de Dios) justo como Jesús había predicho.

“Ha resucitado.” La Buena Noticia no es solamente que el espíritu de Jesús vive, pero que también ha sido levantado en cuerpo a una nueva vida. Para una doctrina completa de la resurrección, debemos ir a Pablo, que nos dice que Jesús es “primicias de los que durmieron es hecho” (1 Cor. 15:20) – que la Buena Noticia de la resurrección de Jesús nos lleva a la Buena Noticia de nuestra propia resurrección – que el cuerpo resucitado es, de alguna manera, transformado en un cuerpo espiritual (1 Cor. 15:44) – pero que de todos modos es un cuerpo verdadero. El Evangelio de Juan nos dice que el cuerpo resucitado de Jesús le permite entrar en un cuarto cerrado con llave sin necesitar la llave (Juan 20:19, 26), pero él, sin embargo, presenta sus manos y cuerpo herido a Tomás para que inspeccione sus heridas (Juan 20:27) (véase Bruner, 1077).

MATEO 28:7. ID PRESTO Y DECID A SUS DISCÍPULOS

7E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros á Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho.

El ángel comisiona a las mujeres que les digan a los discípulos, haciéndoles a ellas las primeras en proclamar la Buena Noticia de la resurrección. Si Mateo estuviera tratando de inventar una historia creíble, Jesús le aparecería primero a Pedro o a uno de los otros hombres. Pero igual que Jesús rompe con las reglas al escoger a las mujeres para ser los primeros testigos, de nuevo rompe con las reglas al hacerles a ellas los primeros predicadores. Su primer sermón es “al coro,” es decir – a los discípulos – a aquéllos que no necesitan ser convencidos pero que a veces sí lo necesitan. En este caso, el “coro” ha perdido su fe y desesperadamente necesita la palabra que estas mujeres le traen.

“He aquí va delante de vosotros á Galilea.” Antes de la crucifixión, Jesús les dijo a los discípulos que “iré delante de vosotros á Galilea” (26:32). “Galilea es para Mateo no solo geografía, pero teología también, ‘Galilea de los gentiles’ (cf. 4:12-17), el lugar apropiado para la Gran Comisión a todas las naciones (28:16-20)” (Boring, 499).

MATEO 28:8-10. JESÚS LES SALE AL ENCUENTRO

8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas á sus discípulos, 9He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron. 10Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galilea, y allí me verán.

“Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo” (v. 8). Las mujeres corren a los discípulos. No solo están obedeciendo una orden directa del ángel, sino que también están obedeciendo su impulso humano de compartir las buenas noticias. A pesar de ser aseguradas por el ángel, aún tienen miedo, la respuesta natural para eventos tan dispares. Pero también están alegres, porque el ángel les promete que Jesús está vivo.

“¡Salve!” (v. 9). Jesús las encuentra y les dice, Chairete, un común saludo griego que en la NRSV se traduce como “¡Saludos!” Chairete puede ser para los griegos lo que Shalóm es para los judíos – u Hola para el resto de nosotros – un saludo normal al que le falta una traducción precisa. “¡Saludos!” es tan buena traducción como cualquiera.

“Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron” (v. 9). Las mujeres inmediatamente reconocen a Jesús, no como en los relatos de Lucas 24:16 y Juan 20:14, e inmediatamente se vuelven (proseltousai) hacia él. “El verbo proselthon se usa a lo largo del Evangelio para describir el acercarse a Jesús por los enfermos u otros que le solicitan (véase, e.g., 8:2, 5, 19, 25; 9:14, 20, 28; 13:10, 36; 15:30; 17:14; 18:21; 19:16; 20:20; 21:14; 26:7)” (Senior, 342). Las mujeres toman los pies de Jesús y, al hacer esto, testifican a la resurrección física de Jesús. Le alaban. Ésta es una de solo tres veces en los Evangelios donde gente alaba a Jesús (véase 2:11; Juan 9:38) (Craddock, 239).

“No temáis” (v. 10). Jesús vuelve a tranquilizarlas, como había hecho el ángel. También repite el mandato del ángel que vayan y se lo digan a los discípulos, pero con una diferencia significante. Dice,“dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galilea.” Hermano a hermano es una relación más íntima que la de discípulo a maestro. ¡Otro momento de gracia! Jesús prometió confesar ante el Padre a cualquiera que confesara a Jesús ante el pueblo, pero avisó que rechazaría a cualquiera que le rechazara a él (10:32-33). Los discípulos han abandonado a Jesús (26:56), y Pedro le ha negado (26:69-75). Justicia manda que Jesús sea recíproco con esas acciones, pero amor manda que él perdone.

Los once discípulos van a Galilea (28:16) – “Galilea de los gentiles” (4:15) – donde oyen a Jesús decirles que “Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles” (28:19). Ésta no es la primera vez que Jesús incluye a gentiles en su ministerio. Con los Reyes (2:1-12) introdujo gentiles al comenzar la historia. Jesús sanó al sirviente del Centurión (8:5-13) y a la hija de una mujer cananita (15:21-28). Ahora, la Gran Comisión formaliza su ministerio para ellos que están fuera de la nación judía.

MATEO 28:11-15. EL GUARDA ENTRÓ EN LA CIUDAD

Estos versículos no son parte de la lectura del leccionario, pero pertenecen con ella. Aunque los guardas tenían miedo del terremoto y quedaron deslumbrados por el ángel, no se convierten en discípulos. Ellos son simples empleados (véase Juan 10:13) que permanecen leales a los que les pagan. ¡Habiendo sido comprados, permanecen comprados!

Mateo escribe este relato, en parte, para responder al rumor de que los soldados robaron el cuerpo de Jesús de la tumba. Estos versículos explican como empezó ese rumor. Los soldados reportan los eventos de esa mañana a los altos sacerdotes, que les sobornan para decir que los discípulos han robado el cuerpo de la tumba. Mateo anota “y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy” (28:15).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Allison, Dale C., in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: Eerdmans, 2001)

Barclay, William, Gospel of Matthew, Vol. 2 (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1957)

Bergent, Dianne and Fragomeni, Richard, Preaching the New Lectionary, Year A (Collegeville: Liturgical Press, 2001)

Blomberg , Craig L., New American Commentary: Matthew, Vol. 22 (Nashville: Broadman Press, 1992)

Boring, M. Eugene, The New Interpreter’s Bible, Vol. VIII (Nashville: Abingdon, 1995)

Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R. and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year A (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995)

Bruner, Frederick Dale, Matthew: Volume 2, The Churchbook, Matthew 13-28 (Dallas: Word, 1990)

Craddock, Fred R.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year A (Valley Forge: Trinity Press International, 1992)

Gardner, Richard B., Believers Church Bible Commentary: Matthew (Scottdale, Pennsylvania: Herald Press, 1990)

Hare, Douglas R. A., Interpretation: Matthew (Louisville: John Knox Press, 1993)

Johnson, Sherman E. and Buttrick, George A., The Interpreter’s Bible, Vol. 7 (Nashville: Abingdon, 1951)

Long, Thomas G., Westminster Bible Companion: Matthew (Louisville: Westminster John Knox Press, 1997)

MacArthur, John, Jr., The MacArthur New Testament Commentary: Matthew 24-28 (Chicago: The Moody Bible Institute of Chicago, 1989) Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

Pilch, John J., The Cultural World of Jesus: Sunday by Sunday, Cycle A (Collegeville: The Liturgical Press, 1995)

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

Snow, John H. and Furnish, Victor P., Proclamation: Easter, Series A (Philadelphia: Fortress Press, 1974)

Soards, Marion; Dozeman, Thomas; McCabe, Kendall, Preaching the Revised Common Lectionary: Lent-Easter, Year A (Nashville: Abingdon Press, 1993)

Vawter, Bruce and Carl, William J. III, Proclamation 2: Easter, Series A (Philadelphia: Fortress Press, 1981)

Copyright 2005, 2018 Richard Niell Donovan