Mateo 27:11-542018-09-29T20:36:34+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Mateo 27:11-54

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MATEO 27:11-14. ¿ERES TÚ EL REY DE LOS JUDÍOS?

11Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió. 13Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho.

“Y Jesús estuvo delante del presidente” (v. 11). Pilatos es el procurador/gobernador de Judea, un puesto en que estuvo por diez años, empezando en 26 a. C. Empezó este oficio mal, ofendiendo a los judíos por la falta de sensibilidad que tenía con sus creencias y costumbres. Por lo tanto, ya comenzó a la defensiva. Al cabo del tiempo perdería su puesto por acusaciones de brutalidad innecesaria (Barclay, 394-399).

“¿Eres tú el Rey de los judíos?” (v. 11). Antes, Caifás, el alto sacerdote, le preguntó a Jesús, “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios” (26:63). Pilatos, sin embargo, no tenía ningún interés en los asuntos religiosos de los judíos a no ser que interfirieran con la autoridad civil de Roma. Líderes judíos quieren involucrar a Pilatos porque quieren que Jesús sea ejecutado, y solo Roma tiene la autoridad de cumplir ejecuciones. El Sanedrín acusó a Jesús de blasfemia (26:65), pero Pilatos no podía condenar a Jesús con ese cargo. Lucas nos dice que los judíos acusaron a Jesús de convencer a la gente que no pagara impuestos y de declararse un rey (Lucas 23:3), ambas de estas acusaciones constituyen ofensas capitales contra Roma. Este Evangelio no especifica los cargos, pero la pregunta de Pilatos para Jesús (v. 11) deja claro que Jesús ha sido acusado de traición, un cargo que Pilatos debe tomar en serio. El Emperador no tolerará traición, y Pilatos está obligado a condenarlo por eso.

Jesús responde, “Tú lo dices” (v. 11), la misma respuesta que le dio a Judas (26:25) y a Caifás (26:64). Una respuesta en la que ninguno admite ni niega el cargo. Si Jesús admitiera que él es un rey, Pilatos se vería obligado a ejecutarle. Sin embargo, él no puede negar el cargo, porque nació Rey de los Judíos (2:2). Suyo es el reino del cielo, un reino que no le interesa a Pilatos ni a Roma.

“Nada respondió” (v. 12). Jesús se niega a contestar más acusaciones, y no vuelve a hablar hasta decir sus últimas palabras en la cruz (v. 46). Esto concuerda con Isaías 53:7, “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca.” Pilatos está sorprendido, porque hombres que son confrontados con crucifixión generalmente hacen todo lo posible para defenderse.

MATEO 27:15-18. ¿A BARRABAS O A JESÚS EL CRISTO?

15Y en el día de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen. 16Y tenían entonces un preso famoso (griego: episemon), que se llamaba Barrabás. 17Y juntos ellos, les dijo Pilato; ¿Cuál queréis que os suelte? ¿Á Barrabás ó á Jesús que se dice el Cristo? 18Porque sabía que por envidia le habían entregado.

De acuerdo con una costumbre que solo podemos documentar en el Antiguo Testamento, Pilatos ofrece soltar al prisionero que ellos elijan. Claramente, quiere soltar a Jesús, entonces, le da a la gente la elección entre Jesús el Mesías o Jesús Barrabás, pensando que la muchedumbre escogerá al Mesías en vez de un criminal reputado. Al pedirle a la muchedumbre que escoja, demuestra su debilidad. Manifestaciones más tardías demostrarán que cree que Jesús es inocente, pero no toma ninguna acción decisiva para protegerle.

“¿Á Barrabás ó á Jesús que se dice el Cristo?” (v. 17). Hay ironía en el nombre de Barrabás, que significa hijo (bar) del padre (abba). Jesús el Mesías es el verdadero Hijo del Padre. A veces, uno se dirige a Rabíes como padre, y Barrabás puede que sea el hijo de un Rabí prominente. Algunos manuscritos incluyen el nombre Jesús, y otros no. El NRSV lo incluye, así, requiriendo que la muchedumbre escoja entre dos hombres con el nombre Jesús. Mateo solo nos dice que Barrabás es un prisionero (episemon) notable o extraordinario. Lucas nos dice que fue encarcelado por insurrección y asesinato (Lucas 23:19), haciendo probable que él fuera un fanático cuyo crimen fue oponerse a Roma. Si es así, la elección de Barrabás por parte de la muchedumbre se comprende mejor. La gente odia a Roma, y es de esperar que apoye a un hombre que se opone a Roma. Los altos sacerdotes y ancianos también usan su influencia para encaminar la decisión de la gente (v. 20).

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MATEO 27:19-23. LA ESPOSA DE PILATOS LE ENVIÓ A ÉL

19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él. 20Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesús matase. 21Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: á Barrabás. 22Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que se dice el Cristo? Dícenle todos: ¡Sea crucificado! 23Y el presidente les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más, diciendo: ¡Sea crucificado!

“No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él” (v. 19). Solo Mateo nos dice de este incidente con la esposa de Pilatos. En este Evangelio, Dios le habla a la gente en los sueños (1:20; 2:12, 13, 19-20). La esposa de Pilatos sufre por su sueño. Sería inconcebible que ella interrumpiera el procedimiento personalmente, pero le manda palabra a su esposo para que no tenga nada que ver con ese hombre inocente (dikaio – justo). Por un lado, la acción de la esposa aumenta la responsabilidad de Pilatos porque confirma la inocencia de Jesús. Por otro lado, Pilatos sigue el consejo de su esposa lavándose las manos del asunto. La leyenda dice que la esposa de Pilatos se hace cristiana. La iglesia griega la canonizó (Buttrick, 596).

“Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesús matase” (v. 20). En este Evangelio, la gente era neutral o favorable con Jesús hasta su arresto (26:47). Le dieron la bienvenida en Jerusalén durante su Entrada Triunfal (21:1-11). Ahora los altos sacerdotes y ancianos persuaden a la muchedumbre para salvar a Barrabás y matar a Jesús. Una explicación de la naturaleza tan débil de la muchedumbre es que ésta puede ser una muchedumbre diferente a la del Domingo de Ramos. Esa muchedumbre podría componerse en mayoría de peregrinos que habían venido a celebrar la Pascua en Jerusalén, pero los altos sacerdotes y ancianos podrían haber escogido a esta muchedumbre – o por lo menos haber escogido algunos hombres para infiltrar y persuadirles. A menudo solo se necesitan pocas voces enojadas para convertir a una muchedumbre en una masa excitada.

“¿Cuál de los dos queréis que os suelte?” (v. 21). El intento de Pilatos para salvar a Jesús se le da la vuelta. Judíos odian a los romanos, y es de esperar que se opongan al gobernador en esta situación porque pueden expresar oposición sin ser castigados.

“¿Qué pues haré de Jesús que se dice el Cristo?” (v. 22). Pilatos intenta una vez más salvar a Jesús, preguntándole a la gente qué es lo que debe hacer con él. Les recuerda que Jesús es llamado el Mesías, sugiriendo que reconsideren hasta que pueda determinar el verdadero estatus de Jesús.

“¡Sea crucificado!” (vv. 22-23). La muchedumbre, inflamada por sus líderes, grita, “¡Sea crucificado!” Cuando Pilatos pregunta qué maldad Jesús ha cometido, gritan aún más, “¡Sea crucificado!”

MATEO 27:24-26. ¡SU SANGRE SEA SOBRE NOSOTROS, Y SOBRE NUESTROS HIJOS!

24Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo veréis lo vosotros. 25Y respondiendo todo el pueblo (griego: pas ho laos – toda la gente), dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26Entonces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesús, le entregó (griego:paredoken – de paradidomi) para ser crucificado.

“Tomando agua se lavó las manos delante del pueblo” (v. 24). No tenemos ninguna documentación del rito de lavarse las manos en el mundo romano, pero es una práctica judía común. Deut. 21:6-7 recomienda el rito de lavarse las manos cuando se encuentra un cuerpo y la culpa no ha sido determinada. Salmos 26:6 y 73:13 hablan de lavarse las manos en inocencia. El rito de lavarse las manos es una práctica rutinaria judía, y Jesús fue criticado por no haberlo requerido de sus discípulos (Mateo 15:2). Pilatos puede haber tenido la idea de lavarse las manos por haberlo visto entre los judíos. Lavarse las manos es un símbolo poderoso, porque demuestra el punto gráficamente.

“Inocente soy yo de la sangre de este justo” (v. 24). Pilatos busca separarse de un acto injusto. Su inocencia auto-proclamada y defensa mediocre de Jesús, sin embargo, no le ayudan a evitar la mancha de culpabilidad. Pilatos es la única persona en Jerusalén con el poder de soltar a Jesús. No hacerlo por ser confrontado por oposición popular constituye cobardía. Sería interesante ver como Pilatos juzgaría a un soldado romano por demostrar este tipo de cobardía en el campo de batalla. En el mundo romano, cobardía era una ofensa capital. Según el estándar romano, es Pilatos – no Jesús – el que debe morir.

“Veréis lo vosotros” (v. 24). Éstas son esencialmente las mismas palabras que usaron los sacerdotes y ancianos para rechazar el intento de Judas de devolver el dinero que recibió por traicionar a Jesús (27:4).

Confrontado con una elección difícil – injusticia por un lado y una posible manifestación violenta por el otro – Pilatos cede – evita tener que escoger – pasa la responsabilidad. Responsabilidad, sin embargo, no es transferible. Pilatos puede negarse a usar su poder para salvar a Jesús, pero no puede evitar la responsabilidad que acompaña su decisión.

“Y respondiendo todo el pueblo (griego: pas ho laos – toda la gente), dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.” La multitud acepta la responsabilidad y la culpabilidad. Esto no le deja a Pilatos sin culpa, pero sí le hace a la gente culpable. Su aceptación sugiere que consideran que sus acciones no tienen culpabilidad. No les pasarían a sus hijos este tipo de culpabilidad a propósito.

Mateo claramente intenta condenar a la gente judía.  Hasta ahora ha usado la palabra muchedumbre (ochlos), pero ahora usa la palabra gente (laos).  Mateo probablemente siente que la destrucción de Jerusalén en 70 d.C. (24: 1-2) fue la sentencia de Jesús para la gente judía por su parte en la muerte de Jesús.

En los tiempos de Mateo, la iglesia se oponía ambos por los judíos, que ex-comunicaron y persiguieron a cristianos, y los romanos, que menos valieron a Jesús por ser ejecutado como un criminal. Para influenciar a los romanos, cristianos necesitan demostrar que los líderes judíos engañaron a Roma y que Jesús era inocente de los crímenes por los que fue crucificado (Gomes).

La iglesia a veces ha usado este texto para justificar la persecución de los judíos. Sin embargo, Jesús era judío, como lo era la mayoría de la temprana iglesia, y Dios no dejó de amar al pueblo judío. Causar violencia contra el pueblo judío solo le hace daño a Jesús aún más. Para aquéllos que buscan perseguir judíos por haber crucificado a Jesús, “El que de vosotros esté sin pecado, arroje la piedra el primero” (Juan 8:7).

“Habiendo azotado á Jesús, le entregó (griego: paredoken – de paradidomi) para ser crucificado” (v. 26). Azotar es un castigo terrible, administrado por látigos con clavos de metal o de hueso. En algunos casos, gente moría de los latigazos, y los latigazos ayudaban a apresurar la muerte durante la crucifixión. Los Evangelios, sin embargo, no entran en detalles gráficos en cuanto al sufrimiento de Jesús durante los latigazos y crucifixión. Está más interesado en el significado de la muerte de Jesús y menos en los detalles de su sufrimiento (Morris, 709).

MATEO 27:27-31. BURLÁNDOSE DEL REY PAYASO

27Entonces los soldados del presidente llevaron á Jesús al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla; 28Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana; 29Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos! 30Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza. 31Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

“Entonces los soldados del presidente llevaron á Jesús al pretorio” (v. 27). Mientras que Pilatos le decía a la muchedumbre, “Veréis lo vosotros,” él no puede permitirles que lleven a cabo la ejecución. Les da Jesús a sus soldados, que se lo llevan al cuartel del gobernador. El cuartel permanente del gobernador está en Caesares, pero también tendría un cuartel en Jerusalén donde los soldados permanecían – posiblemente en el palacio de Herodes o en la torre de Antonia.

“Juntaron á él toda la cuadrilla” (v. 27). En complemento completo, el grupo sería de unos seiscientos hombres, éste sería un grupo grande. Jesús está débil a causa de los latigazos. Con la excepción de la corona de espinas, los soldados simplemente se burlan que Jesús se llame el Rey de los Judíos, en vez de infligirle aún más heridas físicas. Le desnudan y visten en ropa de color escarlata, un color llevado por los oficiales romanos. Marcos nos dice que la bata es de color púrpura, el color real (Marcos 15:17, 20). Para una corona, los soldados usan espinas. Para un cetro, usan una caña floja. Escupen sobre Jesús y le pegan en la cabeza con la caña. ¡Unas gamberradas crueles! ¡O posiblemente algo más! Jesús es acusado de traición contra Roma. Algunos de estos soldados pueden haber sido victimas de fanáticos o pueden conocer soldados que fueron asesinados por fanáticos. Jesús les presenta con la oportunidad de devolver el ataque (Bruner, 1037).

“Le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos” (v. 31). Los soldados podrían haber marchado a Jesús desnudo al lugar de su crucifixión pero, en vez, le permiten llevar su ropa – probablemente por respeto a la sensibilidad judía en cuanto a la desnudez pública.

MATEO 27:34-46. SALMOS DE LAMENTACIÓN – SALMO 22 Y SALMO 69

Hay varias conexiones a Salmos 22 y 69 en este pasaje. Mientras que ambos Salmos empiezan con lamentación, ambos concluyen con fe triunfante. Boring ve Salmo 22 como “un esquema de todo el evento de la cruz y resurrección, que se dirige a la misión de los gentiles” (Boring, 492).

• Mateo 27:34. “Pusiéronme además hiel por comida, Y en mi sed me dieron á beber vinagre” (Salmo 69:21).

• Mateo 27:35. “Partieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes” (Salmo 22:18).

• Mateo 27:39. “Todos los que me ven, escarnecen de mí; Estiran los labios, menean la cabeza” (Salmo 22:7).

• Mateo 27:43. “Remítese á Jehová, líbrelo; Sálvele, puesto que en él se complacía” (Salmo 22:8).

• Mateo 27:46. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?” (Salmo 22:1).

Mateo muestra estas conexiones a las escrituras hebreas para demostrar que, por muy caótico que parezca este día, Jesús está siguiendo el plan de Dios y cumpliendo su propósito. Estas escrituras autentican la identidad y el propósito de Jesús.

MATEO 27:32-37. LA CRUCIFIXIÓN

32Y saliendo, hallaron á un Cireneo, que se llamaba Simón: á éste cargaron para que llevase su cruz.33Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgota, que es dicho, El lugar de la calavera, 34Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beberlo 35Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36Y sentados le guardaban allí. 37Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS.

“Hallaron á un Cireneo, que se llamaba Simón: á éste cargaron para que llevase su cruz” (v. 32). Generalmente, el criminal condenado lleva su propia cruz (o el pedazo horizontal). Una señal que anota los cargos contra él se colgaba de su cuello o era llevado a su lado por un soldado, anunciando su crimen. Una ruta larga asegura que la gente pueda ver su estado y servirá de aviso para que no repitieran su crimen. En este caso, los soldados le mandan a Simón de Cirene (Libia moderna) que lleve la cruz de Jesús. Los soldados no se rebajarían a hacerlo a no ser que estuviera claro que Jesús, debilitado por los latigazos, no pudiera llevarla solo.

No sabemos si Simón es un gentil, un judío de la Diáspora, o un hombre de Cirene que ahora vive en Jerusalén. Algunos sabios le hacen un gentil a los pies de la cruz, un comienzo del ministerio a los gentiles que Jesús comisionará al final de este Evangelio (28:19-20), pero ese honor va mejor al centurión y a los soldados que proclamarán, “Verdaderamente Hijo de Dios era éste” (27:54). Marcos identifica a Simón como el padre de Alejandro y Rufo (Marcos 15:21), seguramente son cristianos ya conocidos por los lectores de Marcos. Es posible que Simón se hiciera discípulo de Jesús por los eventos del Viernes Santo y pasara el legado de fe a sus hijos.

“Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgota, que es dicho, El lugar de la calavera” (v. 33). No conocemos el lugar de Gólgota o la razón por su nombre – si es de la forma de una calavera o que de alguna manera estuviera relacionado con calaveras o huesos. La tradición ubica la crucifixión en una colina, pero las escrituras no especifican una colina en particular.

“Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beberlo” (v. 34). Seguramente “ellos” son soldados, pero podrían ser mujeres trayendo un poco de misericordia a la cruz (Buttrick, 603). Marcos dice que el vino está mezclado mirra (Marcos 15:21), que tendría un efecto sedativo. Mateo lo cambia a hiel, un veneno, que apresuraría la muerte. Ambos serían un acto de misericordia para una persona siendo crucificada pero, después de probarlo, Jesús se niega a beberlo. Quizá sea amargo, pero lo más probable es que Jesús quiere mantenerse alerto para este momento tan importante de su ministerio.

“ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS” (v. 37). El Evangelio de Juan nos dice que esta señal es una confrontación a los líderes judíos (Juan 19:21-22). Quieren cambiarlo para que diga, “Que él dijo: Rey soy de los Judíos,” pero Pilatos se niega a cambiarlo.

MATEO 27:38-44. BURLADO EN LA CRUZ

38Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda. 39Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas, 40Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate á ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decían: 42á otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.’ 44Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él.

“Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda” (v. 38). La madre de Santiago y Juan pidió que sus hijos se sentaran a la mano derecha e izquierda de Jesús en el reino (20:21), pero Jesús se lo negó. Ahora ladrones ocupan esos lugares. Por un lado, es irónico que los hombres a la mano derecha e izquierda de Jesús sean ladrones. Por otro lado, concuerda porque Jesús ha pasado mucha de su vida en compañía de pecadores (9:10-13; 11:18-19), demoníacos (8:28-34), paralíticos (9:2-8), coleccionadores de impuestos (9:9-13), y otra gente en el margen. Mucho de su ministerio se ha enfocado en gente como ella, y ahora él es “contado con los perversos” (Isaías 53:12).

“Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas” (v. 39). Este lenguaje viene de Salmo 22:7, que dice, “Todos los que me ven, escarnecen de mí; Estiran los labios, menean la cabeza.”

Tres grupos se burlan de Jesús (vv. 39-44):

• Transeúntes se burlan (blasphemo – generalmente traducido blasfemar) de Jesús y le piden que se salve a si mismo, pero él no puede hacer eso sin sacrificar todo por lo que él vino (vv. 39-40). Enseñó a los discípulos, “Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará” (16:25). Ahora él debe perder su vida para que el mundo la encuentre. Transeúntes dicen, “Si eres Hijo de Dios” (v. 40). Éste es el mismo reto que el tentador usó en el desierto (4:3, 6).

• Los altos sacerdotes, escribientes, y ancianos dicen, “á otros salvó, á sí mismo no puede salvar” (vv. 41-43). La ironía es que tienen razón, pero de manera diferente a la que conocemos. Jesús no se puede salvar a si mismo, porque su muerte es parte del plan de Dios. Los líderes judíos prometen creer a Jesús si él baja de la cruz, pero, creemos en Jesús porque se quedó subido en ella.

“Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (v. 43). Esta manifestación es irónica, porque su intención es burlarse – pero es verdad – Jesús es el Hijo de Dios. El lenguaje viene de Salmo 22:8, que dice, “Remítese á Jehová, líbrelo; Sálvele, puesto que en él se complacía.” “Aquí verdaderamente está la última tentación de Jesús, bajar de la cruz” (Blomberg).

• Nos sorprende que los ladrones se unan a las burlas (v. 44). ¿No deberían identificarse con el que sufre a su lado? Pero gente que experimenta dolor a menudo ataca a otros, y los ladrones están definitivamente sintiendo dolor. También, no representan lo mejor de la humanidad, y no se puede esperar que respondan con misericordia. Lucas nos dice que uno de los ladrones se burla de Jesús pero el otro le defiende (Lucas 23:39-43).

MATEO 27:45-50. MI DIOS, MI DIOS, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

45Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 46Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: “Eli, Eli, ¿lama sabachtani?” Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste. 48Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre (griego: oxous – vino amargo o vinagre), y poniéndola en una caña, dábale de beber. 49Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías á librarle. 50Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dio el espíritu.

“Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona” (v. 45). No sabemos si esto se refiere a todo Israel o al mundo entero. No debemos comprenderlo como un eclipse natural sino como una señal de la sentencia de Dios.

“Y cerca de la hora de nona” (v. 46). “Ésta es la hora en la que diariamente se trae el cordero al templo” (Bruner, 1049).

Eli, Eli, ¿lema sabachthani? (v. 46). Éstas son las primeras palabras que Jesús ha hablado desde que contestó la pregunta de Pilatos en v. 11. Nos hace temblar al oír tales palabras desamparadas de los labios de Jesús. ¿Pierde él la fe durante esta hora climática de su ministerio?

• Primero, debemos reconocer la humanidad de Jesús. Vino a sufrir y a morir, y eso es lo que está haciendo. Está experimentando el dolor humano – el desamparo humano. Ha tomado los pecados del mundo sobre sus hombros, y “parece que trabajando para la salvación de los pecadores, la comunión entre el Padre y el Hijo que hasta ahora no había sido quebrada, fue misteriosamente quebrada” (Morris, 721-722). Pero aún reza, “Mi Dios, mi Dios.” Aunque se sienta abandonado, recurre al Padre para consuelo.

• Segundo, debemos reconocer que Salmo 22:1, que Jesús cita, se convierte, en su segunda mitad, una celebración de fe – “Librándome de los cuernos de los unicornios. Anunciaré tu nombre á mis hermanos: En medio de la congregación te alabaré” (Salmo 22:21b-22).

“A Elías llama éste” (v. 47). Transeúntes, oyéndole decir, Eli, Eli, piensan que Jesús está llamando a Elija para que le salve. Elija supuestamente ayuda a gente piadosa necesitada. Sin embargo, Jesús no está llorando para ser rescatado, sino que está recitando Salmo 22:1.

“Corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre (griego: oxous – vino amargo o vinagre), y poniéndola en una caña, dábale de beber” (v. 48). Una persona le ofrece a Jesús vino agrio, supuestamente vino de mesa barato, para beber. Otros dicen, “¡Aléjate! ¡Veamos si Elías le ayudará!” Entonces Jesús grita de nuevo en voz alta. El Cuarto Evangelio nos dice que él dice, “¡Consumado es!” (Juan 19:30). Su misión está completa – o por lo menos bien empezada. ¡Aléjate! ¡No cubran la entrada de la tumba! Pero ésa es una historia para otro día.

MATEO 27:51-53. LA CORTINA DEL TEMPLO SE PARTIÓ EN DOS

51Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron; 52Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.

“Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo” (v. 51). Una serie de señales sobrenaturales anuncian el significado de este evento:

• Fueron tinieblas sobre toda la tierra (v. 45 – véase arriba).

• El velo del templo se parte en dos. El velo cuelga entre el Lugar Sagrado y el Sagrado de los Sagrados, tapando su acceso a todos menos al Alto Sacerdote en el Día de Reparación. El Sagrado de los Sagrados es el hogar de Dios. El velo partido simboliza un nuevo acceso a Dios para toda su gente.

• Un terremoto parte rocas y abre tumbas. “Terremotos y rocas partidas son asociadas regularmente en la historia bíblica con la venida de Dios (cf. Jueces 5:4; 1 Reyes 19:11; Salmo 68:8). Así, también se convierten en señales de Dios del final del tiempo (cf. Joel 3:14-17; 2 Esd. 9:2-3; Mateo 24:7-8)” (Gardner).

• Santos – gente de Dios – son resucitados en cuerpo. Este relato no se encuentra en ningún otro lugar, pero tiene raíces en Ezequiel 37:11-14. Los muertos salen de sus tumbas solo después de la resurrección de Jesús el día de la Pascua. Entran en Jerusalén y se aparecen a muchos.

MATEO 27:54. VERDADERAMENTE HIJO DE DIOS ERA ÉSTE

54Y el centurión, y los que estaban con él guardando á Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era éste.

“Los centuriones mencionados en el Nuevo Testamento son representados como hombres valientes. El centurión en Capernaum (8:5) y Cornelius (Actos 10:10) vienen a la mente. Estos oficiales de rango más bajo, entonces, se contrastan con sus despiadados y disolutos amos, como Pilatos y Herodes” (Buttrick, 610).

“Verdaderamente Hijo de Dios era éste” (v. 54).  El centurión y aquéllos que estaban con él – supuestamente soldados – ven que algo cataclismito está ocurriendo. Responden con fe en un momento cuando los discípulos todavía están escondiéndose. Pronto, Jesús comisará a los discípulos para que hagan discípulos de todas las naciones (28:19), y gentiles forman una parte sustancial de la iglesia de Mateo.

MATEO 27:55-56. ESTABAN ALLÍ MUCHAS MUJERES

55Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea á Jesús, sirviéndole: 56Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Estos versículos no están incluidos en la versión corta de la lectura del leccionario, pero vale la pena mencionarlos. Los discípulos huyeron (26:56), pero las mujeres permanecieron como testigos de su crucifixión, el entierro (27:16), y la tumba abierta (28:1), “así proveyendo una cadena de testimonio que va sin interrupción desde la cruz a la tumba a la resurrección” (Long, 317).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Bergant, Dianne with Fragomeni, Richard, Preaching the New Lectionary, Year A (Collegeville: The Liturgical Press, 2001)

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Boring, M. Eugene, The New Interpreter’s Bible, Vol. VIII (Nashville: Abingdon, 1995)

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Copyright 2005, 2018 Richard Niell Donovan