Mateo 18:15-202018-09-29T19:53:45+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Mateo 18:15-20

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

EL CONTEXTO:

Este pasaje nos hace sentir incómodos porque prescribe 1) un proceso de confrontación para lidiar con los conflictos dentro de la iglesia y, 2) una dura pena para aquellos que se rehúsan a escuchar. En esto nos ayuda recordar que la meta es la reconciliación. También nos ayuda recordar lo que contiene el resto del capítulo.

Nuestro texto está en medio de parábolas y enseñanzas que tratan sobre el perdón:

• Los versículos 6-7 nos advierten que, si provocamos que un pequeño tropiece, nuestro castigo será en verdad tremendo.

• Los versículos 10-14 relatan la parábola de las noventa y nueve ovejas y la descarriada, enfatizando la importancia que la persona individual tiene para Dios. Nadie está de sobra.

• Los versículos 23-35 continúan con el tema del perdón con la parábola del siervo malvado, que enfatiza el asunto de que el Dios de quien recibimos perdón espera que ahora nosotros extendamos ese mismo perdón a otros.

Este evangelio fue escrito al final del primer siglo, cuando la iglesia estaba sufriendo persecución desde el exterior y crecientes dolores por dentro, esto último se expresaba en las diferentes tensiones y disputas que tenían. El principio que guía este capítulo es: “La vida del discipulado no es un una relación individualista con Cristo, sino vida en comunidad” (Boring, 373). Ese principio nos coloca aparte del mundo secular.

MATEO 18:15. SI TU HERMANO PECARE CONTRA TI

15Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.

“Si tu hermano…” (griego = adelphos sou, tu hermano). La palabra “iglesia” (griego = ekklesia) aparece en el versículo 17, pero no en el versículo 15. Esto lleva implícita la relación familiar que hay entre los cristianos y que Jesús intentó que hubiera. Somos hermanos y hermanas y no solamente miembros de la misma organización. Las personas valoran las relaciones familiares mucho más que las de los compañeros y compañeras de la escuela o miembros de algún club rotario – y Jesús nos llama a poner las relaciones con hermanos y hermanas cristianos a la misma altura que las relaciones de sangre — incluso si nuestros hermanos o hermanas cristianos son culpables de alguna ofensa.

Un político cuya hija fue arrestada por posesión de drogas ilegales comentó que la familia se entristeció por las decisiones de la hija, pero que la amaban y que orarían por su recuperación. Ese es el tipo de lealtad a la que Jesús nos llama cuando habla de los cristianos como hermanos y hermanas

“…pecare contra ti…” Las palabras, “contra ti” no se encuentran en algunos de los mejores (más antiguos, más confiables) manuscritos. Si desechamos la frase “contra ti”, el foco de la oración se coloca en los pecados de la otra persona. Si incluimos esas palabras, el énfasis se coloca en la naturaleza personal de la ofensa: el pecado cometido contra nosotros. De cualquier manera que lo pongamos, las palabras de Jesús tienen sentido. Si nos damos cuenta del pecado, ya sea que esté dirigido hacia nosotros o no, nosotros tenemos la responsabilidad de tomar la iniciativa y, si es posible, de encontrar un remedio. No tenemos que murmurar o enojarnos, sino confrontar. La meta es ganarse otra vez al ofensor y para ayudar al pecador en su lucha contra el pecado.

Eso implica que la confrontación debería ocurrir de una manera en que pueda ganarse al ofensor otra vez en lugar de alejarlo o alejarla todavía más. Tal como Pablo lo dice “si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre” (griego = praitoes,gentileza, mansedumbre, humildad) (Gálatas 6:1). Es más probable, a menos que se realice en un espíritu de praitoes, que la confrontación haga más mal que bien, que se convierta en otra ocasión para pecar.

No es fácil amar a una persona que ofende, así que esta es una situación donde debemos orar para que se nos inunde con la gracia antes de comenzar la intervención. No podemos esperar lidiar de manera efectiva con el ofensor hasta que no hayamos invitado a Dios para que lidie ese asunto junto con nosotros. Al igual que nosotros esperamos que un cirujano estudie los rayos-x como preparación para una operación difícil, así también nosotros tenemos la responsabilidad de planear nuestra intervención cuidadosamente y dar la bienvenida a la ayuda del Espíritu. No hará ningún bien tener todo “a medio cocinar”.

“ve, y redargúyele entre ti y él solo.” Esta es la más discreta y menos amenazante forma de intervención posible, ya que protege al ofensor en contra de alguna vergüenza innecesaria, y permite la corrección antes de que la ofensa sea de conocimiento general. Incluso si el remedio requiere que la ofensa sea conocida más ampliamente, se puede ver al ofensor como realizando una acción correctiva más que como sufriendo una exposición pública. Si existe una esperanza para que el ofensor retenga su dignidad, este primer paso lo hace posible.

¿Qué tipo de pecados justifican este remedio? De seguro que Jesús tiene en mente pecados serios, o este proceso de tres pasos, potencialmente resultando en la expulsión de un hermano o hermana, es demasiado duro. Algunos dirán que todo pecado es serio, porque nos separa de Dios, y eso es verdad. Sin embargo, algunos pecados tienen más potencial que otros para desacreditar a la iglesia y dañar nuestras relaciones entre uno y otro. Simplemente consideren cuán profunda herida le podemos provocar a un hermano o hermana cometiendo adulterio con su pareja.

Existen ciertos pecados, especialmente si son cometidos por pastores u otros líderes de la iglesia, que de forma muy particular pueden lastimar a la causa de Cristo. El apóstol Pablo ofrece una guía específica para esto: “Mas ahora os he escrito, que no os envolváis, es á saber, que si alguno llamándose hermano fuere fornicario, ó avaro, ó idólatra, ó maldiciente, ó borracho, ó ladrón, con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). “En su contexto, el pecado del que es culpable ese hermano en el evangelio de Mateo es el pecado del escándalo, es decir, de deliberadamente herir la fe de otros cristianos enseñando o viviendo sin arrepentirse y sin vergüenza, en clara oposición a la Palabra y mandamientos de Dios” (Bruner, 646). Si, entonces, la ofensa es en contra de nosotros, ¿acaso Jesús nos llama a confrontar al ofensor solamente por ofensas grandes? ¿Hemos de reprimirnos en confrontar al ofensor para tratar de resolver las ofensas menores? ¡Por supuesto que no!

Un poco antes, Mateo registró las siguientes palabras de Jesús: “Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente” (5:23-24). Esta es la situación al revés, donde somos nosotros los que hemos realizado la ofensa, pero no existe la sugerencia de que debamos tomar la iniciativa solamente cuando seamos culpables de una ofensa mayor. Debemos tomar la iniciativa incluso cuando nuestro hermano o hermana tenga algo contra nosotros, ya sea justificada o injustificadamente. En otras palabras, tal vez no seamos culpables de ninguna ofensa, pero nuestro hermano o hermana está ofendida de cualquier manera, y Jesús sigue esperando que tomemos la iniciativa para resolver la situación. Por lo tanto parecería apropiado que vayamos a nuestro hermano o hermana si hemos sido ofendidos, y aunque la ofensa sea algo menor.

Como ya lo anotamos arriba, debemos ir en un espíritu de praitoes, habiendo invitado al Espíritu para que nos prepare para ir en amor. No parecería apropiado, sin embargo, involucrar a la iglesia en un proceso disciplinario formal para una ofensa personal menor.

Hay precedentes para confrontar el pecado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

• No aborrecerás á tu hermano en tu corazón: ingenuamente reprenderás á tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová (Levítico 19:17-18).

• Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya á la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte. Diciendo yo al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandaré de tu mano (Ezequiel 33:7-8).

• En una situación que involucraba una tremenda inmoralidad sexual, Pablo aconsejó a la iglesia “El tal sea entregado á Satanás para muerte de la carne, porque el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús… Quitad pues á ese malo de entre vosotros” (1 Corintios 5:5, 13).

• En una situación que involucraba a oportunistas, Pablo aconsejó a los cristianos “que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros” (1 Tesalonicenses 3:6).

• “Rehúsa hombre hereje, después de una y otra amonestación” (Tito 3:10).

• “Si alguno viene á vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: bienvenido! Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras” (2 Juan 10-11).

• Ver las palabras de Jesús en Apocalipsis 2:20-23.

MATEO 18:16. TOMA CONTIGO A UNO O DOS

16Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra.

El requisito de tener a dos o tres testigos viene de Deuteronomio 19:15, “No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, ó en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En el dicho de dos testigos, ó en el dicho de tres testigos consistirá el negocio.” Esto protege a la gente en contra de acusaciones injustas, y tiene eco en 1 Timoteo 5:19 “Contra el anciano no recibas acusación sino con dos ó tres testigos.”

La iglesia debe deliberar cuidadosamente y de manera justa sobre su acción para disciplinar a alguien. No existe el requisito de que ese “uno ó dos” hayan sido testigos de la ofensa original. En su lugar, estos van con el lado ofendido para atestiguar lo que pasa durante la intervención. También añaden una medida de sabiduría –dos o tres cabezas son mejores que una — y prestan un servicio de equilibrio, ya que es más fácil desechar la opinión de una persona que el consejo de dos o tres. Es posible que ayuden al lado ofendido a ver la ofensa de una manera menos dura. Incluso pueden descubrir que el lado ofendido es el verdadero ofensor; pero la meta no es encontrar al culpable sino remover el pecado y restaurar al pecador. Si el conflicto no se puede resolver durante la segunda intervención, ese “uno ó dos” servirán como testigos ante la iglesia. Su testimonio ayudará a la iglesia a entender el problema y a determinar el remedio que se necesita.

MATEO 18:17. DILO A LA IGLESIA

17Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano.

La palabra “iglesia” (griego = ekklesia, la asamblea de la gente, en este caso una asamblea de cristianos) se puede referir a la iglesia más extensa o a la congregación local. En este contexto, muy seguramente se refiere a la congregación local.

“…tenle (griego = soi, [tenlo] tú, que es singular en lugar de plural) por étnico y publicano”. Este lenguaje suena extraño viniendo de Jesús, a quien este evangelio retrata como ministrando a los gentiles y recolectores de impuestos (8:5-13; 11:16-19), incluso llamando a un cobrador de impuestos a convertirse en uno de los Doce (9:9-13).

Una vez más, el objetivo es restaurar al pecador a la fe y práctica de la iglesia, esta vez a través de una dura disciplina (aunque mucho menos dura que la lapidación, palizas o amputación de miembros que algunas otras religiones practican). La iglesia se debe relacionar con la persona como a un extranjero, como a una persona sin fe. Esa persona ya no será elegible para participar en los ritos que son solamente para creyentes, por ejemplo la Santa Comunión. Aunque parece que la iglesia está forzando al ofensor a salir de su círculo, en realidad solamente está reconociendo públicamente que el ofensor ya se ha colocado a sí mismo o a sí misma fuera de su círculo. La esperanza es que el ofensor, al encontrarse fuera del redil, sea motivado a dar los pasos necesarios para restaurar su membresía en la comunión fraterna.

Aunque la iglesia considere al ofensor como un gentil o cobrador de impuestos, la iglesia de Mateo considera a estos mismos como un campo misionero.

La disciplina no es un concepto popular en estos días. Tenemos una actitud de “vivir-y-dejar-vivir” que se siente incómoda con la idea de que alguien tenga el derecho –y mucho menos la responsabilidad— de disciplinar a alguien más. Los padres sienten que deben estimular a sus hijos o hijas en vez de reprenderlos. Les hemos arrebatado a los maestros y maestras su autoridad para disciplinar. Resentimos cualquier intromisión en nuestra libertad, y decimos algo como “¿Quién me puede juzgar?” “Los primeros cristianos estaban más conscientes de la función interactiva de la conducta. La insana conducta sexual, por ejemplo, era percibida por los líderes espirituales no como un asunto meramente privado, sino como un cáncer que amenazaba a todo el cuerpo de Cristo (1 Corintios 5:1-5)” (Hare, 213).

La disciplina, cuando se emplea para bien, es necesaria. Los niños o niñas sin disciplina no solamente fracasan para desarrollar todo su potencial, sino que también se convierten en un peligro para ellos mismos y para otros. No quisiéramos que nuestra familia viajara sobre carreteras que no tengan leyes. No quisiéramos vivir en una comunidad donde no hay protección contra la violencia y el robo. Si todos fuéramos ángeles, la disciplina no sería necesaria; pero no somos ángeles.

Al igual que la disciplina es necesaria en la sociedad civil, también es necesaria en la iglesia. En la actualidad las iglesias, especialmente las de las principales denominaciones protestantes, raras veces practican la excomunión. Uno de los problemas es que la multiplicidad de las denominaciones le da al ofensor la opción de irse a otra iglesia. La iglesia “que lo gana” generalmente se emociona por tener a un nuevo miembro, y frecuentemente falla en preguntarle a la iglesia “que lo perdió” sobre la conducta de esa persona.

Sin embargo, incluso si quien fue disciplinado se rehúsa a arrepentirse, la disciplina sirve a un propósito secundario porque demuestra a sus miembros y al mundo que la iglesia toma en serio sus normas de fe y conducta. Sin un proceso disciplinario para lidiar con la inmoralidad y la herejía, la iglesia pronto se da cuenta de que su testimonio de Cristo se encuentra en una situación comprometida.

Al mundo le gusta acusar a la iglesia de hipocresía, y muy frecuentemente encuentra evidencias más que suficientes para hacerlo. Los escándalos de los tele-evangelistas de hace unos años y el más reciente escándalo sobre abuso de infantes son tremendos ejemplos de esto, pero muchos de nosotros conocemos el caso de algún predicador que comete adulterio o de un tesorero que se fugó con el dinero de la iglesia. Las peleas denominacionales sobre asuntos doctrinales también denigran nuestro testimonio. La disciplina de la iglesia es como el bisturí de un cirujano que corta el tejido enfermo para que el tejido sano pueda vivir. El proceso es doloroso y costoso, pero no debemos olvidar que la alternativa a ello es la muerte.

Sin embargo, France reconoce que la iglesia podría decidir tratar el pecador impenitente como el gentil y el recaudador de impuestos, “pero eso puede ser sólo una cuestión de leer entre líneas;. Todo lo que v 17b realmente dice es que la persona que inició la acción pastoral es entonces adoptar la actitud por sí mismos ” (France, 691).

ad1 ad2 ad3 ad4 ad5

MATEO 18:18-20. LO QUE USTEDES ATEN AQUÍ EN LA TIERRA

18De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. 19Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.

Jesús nos advierte que no nos atrevamos a burlarnos de la iglesia. Aquí él le da a la iglesia la autoridad que previamente le dio a Pedro (16:19). “Ligar” y “desatar” tiene que ver con actividades prohibidas o permitidas. También tienen que ver con la pertenencia a la iglesia, quién es o no es parte del cuerpo de Cristo. La iglesia no debe atreverse a usar esta autoridad de manera arbitraria, como lo muestra la parábola del Siervo Malvado, que es el pasaje que inmediatamente le sigue (18:23-35).

Por encima de eso, Jesús le da la autoridad a la iglesia para disciplinar, claramente esperando que la use, y asegurándoles de la convergencia de esto en el cielo. Morris enfatiza que los verbos para “ligar” y “desatar” están en el tiempo futuro imperfecto: “‘lo que aten’ y ‘lo que desaten’. Jesús no le está dando a la iglesia el derecho de hacer decisiones que después se conviertan en una obligación para Dios… Está diciendo que cuando la iglesia responde a la guía de Dios llegará a las decisiones que ya se han hecho en los cielos” (Morris, 469). En otras palabras, Dios nos permite, por la obra del Espíritu Santo, descubrir e implementar la voluntad de Dios.

“…si dos de vosotros se convinieren en la tierra… donde están dos ó tres congregados en mi nombre…” El culto judío requiere la presencia de al menos diez hombres judíos adultos para formar una minyan. Pero la Mishna dice, “Pero si dos se sientan juntos y las palabras de la ley se comparten entre ellos, la Divina Presencia descansa entre ellos” (Aboth 3:2). Jesús escoge esta última norma de dos personas, y no menciona a ningún varón adulto. ¡Dos o tres! Una persona puede orar sola, pero reunirse en el nombre de Jesús multiplica el poder. ¡Las pequeñas iglesias deberían sentirse alentadas por este requisito mínimo! ¡Y los grupos de oración (¿cuántos grupos grandes de oración han conocido?)! Y los padres, porque si un padre y una madre se reúnen en el nombre de Jesús para orar por sus hijos, ¡Jesús está presente! Y los abuelos, algunos padres hacen imposible para los abuelos ayudar a sus nietos y nietas, ¡pero nadie puede impedir que los abuelos oren juntos por sus nietos y nietas!

“Allí estoy yo en medio de ellos.” En el primer capítulo de este evangelio se registra lo siguiente “Y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios” (1:23). Y el evangelio concluye con la promesa de que Jesús estará con nosotros siempre (28:20). Aquí Jesús promete que estará con cada grupo de dos o más que se reúnan en su nombre.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Barclay, William, Gospel of Matthew, Vol. 2 (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1957)

Bergant, Dianne with Fragomeni, Richard, Preaching the New Lectionary, Year A (Collegeville: The Liturgical Press, 2001)

Boring, M. Eugene, The New Interpreter’s Bible, Vol. VIII (Nashville: Abingdon, 1995)

Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV-Year A (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995)

Bruner, Frederick Dale, Matthew: Volume 2, The Churchbook, Matthew 13-28 (Dallas: Word, 1990)

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge: Trinity Press International, 1992)

France, R.T., The New International Commentary on the New Testament: The Gospel of Matthew (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 2007)

Hare, Douglas R. A., Interpretation: Matthew (Louisville: John Knox Press, 1993)

Johnson, Sherman E. and Buttrick, George A., The Interpreter’s Bible, Vol. 7 (Nashville: Abingdon, 1951)

Long, Thomas G., Westminster Bible Companion: Matthew (Louisville: Westminster John Knox Press, 1997)

Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

Soards, Marion; Dozeman, Thomas; McCabe, Kendall, Preaching the Revised Common Lectionary, Year A (Nashville: Abingdon Press, 1993)

Thayer, Joseph Henry, A Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: American Book Company, 1889)

Copyright 2002, 2018 Richard Niell Donovan