Mateo 14:13-212018-11-16T09:27:23+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Mateo 14:13-21

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MATEO 14: EL CONTEXTO

Capítulo 13 termina con el rechazo de Jesús en Nazarea. Capítulo 14 empieza con la historia de la decapitación de Juan Bautista a manos de Herodes Antipas. En 14:1-2, Herodes oye de Jesús y concluye que él es Juan Bautista resucitado. Aunque que no amenaza con matar a Jesús, como hizo con Juan, esa posibilidad existe en estos versículos. 14:3-12 es un recuerdo que cuenta la historia de la fiesta de cumpleaños de Herodes – del complot de Herodías – la danza de la hija – la promesa de Herodes – y la cabeza de Juan en un plato.

¡Qué contraste entre el banquete de Herodes y la comida que Jesús provee para los cinco mil! La fiesta de Herodes se caracteriza por su opulencia – la comida de Jesús, en cambio, se caracteriza por el pan, la comida más básica. La fiesta de Herodes se caracteriza por odio – la comida de Jesús, en vez, por compasión. La fiesta de Herodes termina en muerte – la comida de Jesús sostiene vida. El contraste no podía ser más intencionado o completo.

MATEO 14:13-21: LA ALIMENTACIÓN DE LOS CINCO MIL

Este milagro es el único documentado en los cuatro Evangelios (véase Marcos 6:35-44, Lucas 9:12-17; y Juan 6:1-14), un hecho que habla volúmenes de la importancia de la temprana iglesia. La alimentación de los cuatro mil está documentado en Mateo 15:32-39 y Marcos 8:1-10. Los seis relatos “parecen ser una variación de la misma tradición” (Johnson, 429).

Estas alimentaciones recuerdan al milagro de Eliseo en 2 Reyes 4:42-44). En esa historia, Eliseo solo tenía veinte panes de cebado para alimentar a cien personas. Cuando mandó a su criado distribuir el pan, el criado protestó, “¿Cómo he de poner esto delante de cien hombres?” Eliseo repitió su mandato, prometiendo, “Comerán y sobrará.” El criado distribuyó el pan; la gente comió – y sobró, tal como había prometido. La unión entre las dos historias es aún más fuerte con la mención de los panes de cebado en Juan 6:9. Vale la pena anotar que ambos Eliseo y Jesús incluyeron a otros (el criado de Eliseo y los discípulos de Jesús) para cumplir sus milagros.

Estas alimentaciones también recuerdan al maná en el desierto (Exod. 16; Num. 11). Como Moisés, Jesús ha cruzado el agua hacia el desierto. Como Moisés, está rodeado de gente hambrienta. “Claramente, Mateo pretende crear paralelos entre Jesús y Moisés, pero, sobrepasándole a Moisés como el que trae una nueva época” (Pfatteicher, 79-80). En el Evangelio de Juan, Jesús hace esta conexión aún más explícita cuando se refiere al maná en su discurso del Pan del cielo después de la alimentación de los cinco mil (Juan 6:31, 49).

La alimentación de los cinco mil es una historia de compasión. Jesús vio a la muchedumbre, sintió compasión por ellos, y sanó aquéllos que estaban enfermos (v. 4). También es una historia eucarística.

MATEO 14:13-14: JESÚS SINTIÓ COMPASIÓN DE ELLOS

13Y oyéndolo Jesús, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron á pie de las ciudades. 14Y saliendo Jesús, vio un gran gentío, y tuvo compasión de ellos, y sanó á los que de ellos había enfermos.

Mateo no explica la razón por la que Jesús se aparta.

• Puede ser temor. Herodes pensaba que Jesús era Juan Bautista resucitado y dijo, “por eso virtudes obran en él” (14:1-2). Por lo tanto, Herodes podía concluir que también era necesario matarle a Jesús. La palabra “apartar” (griego: anechoresen) ocurre cinco veces en los capítulos anteriores, cada vez como una respuesta al peligro. Los Reyes Magos se apartaron por otro camino (2:12). José se apartó a Egipto (2:14). José se apartó a Galilea (2:22). Jesús se apartó cuando Juan fue arrestado (4:12), y cuando los fariseos conspiraron para matarle (12:14) (Van Harn, 82-83). Sin embargo, mientras que Jesús tenga razón de temer, no le vemos actuar con temor y no existe razón para creer que temor es lo que le motiva aquí. Uno no debe temer confrontaciones violentas. Prudencia no es cobardía.

• Puede ser cuestión de tiempo. En otra ocasión, Jesús escogió no ir a Jerusalén porque “mi tiempo aun no es cumplido” (Juan 7:8). Jesús vino a morir, pero existe una hora para morir y todavía no es la hora para Jesús.

• Puede ser lamentación por la muerte de Juan. Juan era su pariente y más que un pariente. Había venido para prepararle el camino a Jesús y, pidiéndoselo Jesús, le había bautizado. Era un buen amigo, un colega de confianza, y un miembro de la familia. Aunque Jesús pueda poner la muerte de Juan en un contexto más grande, el recuerdo de Herodes de la muerte de Juan seguro que le hace lamentar. Si puede sentir compasión por la muchedumbre (v. 4), también puede lamentar la muerte de su amigo. La mención poco favorable de Jesús por parte de Herodes sigue los pasos del rechazo de Jesús en Nazarea (13:54-58) – una situación negativa que acentúa otra. Seguramente, Jesús necesita tiempo solo – tiempo para lamentar – tiempo para sanar – tiempo para prepararse.

¡Qué frustración necesitar tiempo solo y serlo negado! Jesús tiene buenos motivos para estar enfadado con la muchedumbre por interrumpir su soledad. En vez, siente compasión por ellos y sana a sus enfermos (griego: arrostous – miserables).

MATEO 14:15-17: NO TENEMOS NADA

15Y cuando fué la tarde del día, se llegaron á él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer. 16Y Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer. 17Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

Igual que Jesús sintió compasión por la muchedumbre en v. 4, los discípulos sienten compasión en v. 5. Seguro que ellos tienen hambre también, y pueden imaginar la miseria que espera a la gente a no ser que alguien tome acción. Su acercamiento a Jesús es un tanto inusual. No se dirigen a Jesús como Señor, sino que explican lo obvio, “El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado” – y proponen una orden “despide las gentes.” Dan por hecho que Jesús está tan involucrado en su ministerio que no se da cuenta de que está anocheciendo. Sienten la responsabilidad de recordarle de la realidad – y que él actúe de una manera sensible.

Los discípulos se preocupan por la muchedumbre, pero también se preocupan por Jesús. Una multitud pronto se puede convertir en una muchedumbre agitada si no se maneja con cuidado. Aunque las cosas no estén tan mal, la buena voluntad que Jesús ha generado entre la gente desaparecerá si tienen que marcharse hambrientos. Los discípulos también se preocupan por si mismos. En una crisis, Jesús les pedirá hacer algo – y ellos no se pueden imaginar qué es lo que puedan hacer.

Cuando Jesús dice, “dadles vosotros de comer,” la palabra “vosotros,” es enfático en griego. “Cristo no alimentó a la multitud sin el instrumento humano” (Buttrick, 431). La obediencia de los discípulos para este milagro era tan importante como nuestra obediencia para el reino hoy. Cristo toma nuestra contribución, por modesta que sea, y la hace suficiente.  “Jesús a menudo toma lo que le traemos y lo multiplica” (Keener, 254).

“Dadles vosotros de comer” continúa siendo un reto para cristianos hoy. Vivimos en un mundo lleno de gente hambrienta y rezamos para que Jesús haga algo. El responde, “Dadles vosotros de comer.” La iglesia a menudo cumple con el reto, proveyendo comida, ropa, alojamiento, y cuidado médico para gente en las zonas remotas del mundo.

Los discípulos responden, “No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.” No enfatizan lo que tienen, en vez, enfatizan lo que no tienen. No ven posibilidades, sino problemas. Su estimación es perfecta. Los discípulos tienen cinco panes y dos peces – siete cosas – suficiente para una familia – pero la multitud se extiende hasta el horizonte. No solo han estimado la cantidad de comida correctamente, pero también aciertan en su estimación de Jesús. El, obviamente necesita alguien que le confronte – para devolverle los sentidos – para que vuelva a la realidad. “Despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer.” Actúa ahora, antes de que la situación se ponga fea. ¡Termina el día en una nota positiva, Jesús! ¡Termínalo ahora!

Siempre nos sentimos tentados a creer, como hicieron los discípulos, que no tenemos nada que ofrecer al enfrentarnos con necesidades abrumadoras. Millones de personas están hambrientas, y solo podemos ofrecer una caja pequeña de comida enlatada. Millones de personas están infectadas con el SIDA, y no tenemos más que ofrecer sino unos cuantos dólares. Millones de personas pierden sus casas y la manera de ganarse la vida a la guerra o a un desastre natural, y no tenemos más que ofrecer excepto oraciones y unas cuantas mantas.

En tales situaciones estamos dispuestos, o a la desesperación o a diferir al Gobierno grande – que es, en la mente de mucha gente hoy, el verdadero Poder más alto. La iglesia es pobre, pero el Congreso tiene mucho – quizá podamos cumplir nuestra obligación convenciendo a políticos que hagan algo. Hay un problema práctico con este método. Burócratas y tiranos absorben mucho del gobierno. En muchos casos, poca ayuda llega a poca gente. Otro problema es teológico. ¿En quién creemos de verdad? ¿Dónde creemos que se encuentra el poder verdadero?

MATEO 14:18-21: Y COMIERON TODOS, Y SE HARTARON

18Y él les dijo: Traédmelos acá. 19Y mandando á las gentes recostarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes. 20Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. 21Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños.

“Traédmelos acá.” En manos de los discípulos, cinco panes y dos peces no es mucho, pero hay otras manos aquí – las manos de Jesús. Si Jesús puede tocar a un leproso y sanarlo, quizá él pueda hacer algo con esta mísera cantidad de comida. Los discípulos han sumado cinco mas dos y han llegado a siete. Deben aprender a contar hasta ocho. Deben incluir a Jesús en la ecuación (Bruner, 528).

Estas palabras son importantes para la iglesia hoy. La mayoría de iglesias lucha por mantener sus puertas abiertas y sus cuentas pagadas. ¿Cómo podemos hacer algo significante para aliviar el hambre mundial – o el SIDA – o los otros numerosos problemas horribles que existen? Decimos, “Solo tenemos siete dólares.” Jesús dice, “Traédmelos acá.” Nosotros también debemos aprender a contar a ocho.

“Tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes” (v. 19). Jesús toma acción cuando los discípulos le traen los cinco panes y dos peces. Hace más que compartir el dolor de la muchedumbre – les alimenta. Primero, les pide que se sienten en la hierba. Después levanta los ojos al cielo y bendice y parte los panes. Después, reparte los panes (pero no los peces) entre los discípulos. Hasta este punto, no hay indicación de que un milagro ha tomado lugar.

Cuando Jesús da las gracias por el pan y lo parte para ser distribuido, está haciendo lo que un hombre judío típicamente haría para su familia al comenzar la comida.

Los discípulos reparten el pan, y “todos comieron y se hartaron” (v. 20). Ésta es la primera indicación de que ha ocurrido algo especial.

“Alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas” (v. 20). “Las doce cestas de comida que sobró, como los mismos doce discípulos, seguramente simbolizan las doce tribus de Israel, sugiriendo provisiones para toda Israel” (Gardner). En el milagro de maná, no se permitía guardar sobras pero Jesús, más grande que Moisés, hace que los discípulos reúnan doce cestas de comida después de quedar todos saciados.

No hay mención de maravilla por parte de la muchedumbre. Quizá no están enterados de que ha tomado lugar un milagro. Ni tampoco hay mención de maravilla por parte de los discípulos – no saben que Jesús, de alguna manera, ha multiplicado la poca comida que le habían traído.

La característica eucarística de la fiesta es evidente en los verbos. Jesús tomó, bendijo, partió y dio.

El motivo eucarístico continúa hasta después haber servido la comida. Los discípulos no solo distribuyen el pan, sino que también coleccionan las sobras después de la comida. Algunos eruditos tratan esto como buena administración de las preciosas sobras, pero tiene más sentido si pensamos de ello como un gesto respetuoso (anticipatorio) de preocupación por el cuerpo roto de Jesús.

Esta historia nos deja preguntando qué pasó de verdad. Se han propuesto varias interpretaciones:

• Éste es un milagro de abundancia. Jesús tomó una pequeña cantidad de comida y la multiplicó muchas veces con el poder de Dios.

• Los paralelos con la alimentación de Israel por el maná en el desierto son importantes.

• Algunos eruditos creen que el tono eucarístico de la historia sugiere que ésta es una comida eucarística, con solo porciones simbólicas de comida. Sin embargo, es difícil reconciliar esto con el comentario “y comieron todos y se hartaron,” que parece enfatizar la abundancia de comida.

• Algunos eruditos anotan el compromiso del niño en Juan 6:9, y proponen que este gesto de generosidad inspiró a otros a compartir comida que habían traído – resultando en abundancia para todos. Mirándolo de esta manera, la comida siempre estuvo ahí, y lo único que se necesitó fue una chispa para iniciar la generosidad necesaria. Es una idea atractiva en el sentido que afirma el poder de compartir. Sin embargo, hay varios problemas con esta interpretación. Primero, el niño solo se menciona en uno de los cuatro Evangelios. Si su gesto fuese importante para comprender esta historia, seguro que los Sinópticos le incluirían en sus relatos. Segundo, esta interpretación parece motivada por una incomodidad con lo supernatural. Si explicamos lo supernatural en la Biblia hasta que ya no exista, no nos quedaría mucho. Tercero, el relato de Mateo claramente enfatiza el gran número de personas, la necesidad de grandes cantidades de comida, y el gran milagro que cumple con esa necesidad.

Las verdaderas preguntas son: ¿Qué pensamos de los milagros? – ¿Qué pensamos de Dios? ¿Creemos que Dios interviene en nuestro mundo? Si es así, ¿hay alguna razón para creer que Jesús no proveyera cantidades masivas de comida para alimentar esta muchedumbre? Si Dios no interviene, ¿queda la resurrección inválida igual que quedan los milagros? Si es así, ¿qué nos queda como núcleo de nuestra fe?

Fuera lo que fuera, ¡fue verdaderamente asombroso! Aún antes, la historia ya establece que existe una crisis inminente para la cual los discípulos no tienen solución. Al desarrollarse la historia, la maravilla crece. Solo hay cinco panes y dos peces, pero “todos comieron y se hartaron.” ¡Asombroso! No nos podemos imaginar como fueron saciados – excepto por la gracia de Dios. Y después vemos que los discípulos reunieron doce cestas de sobras – más de lo que tenían al empezar. ¡Asombroso! Y después vemos que había cinco mil hombres, una muchedumbre verdaderamente grande. ¡Asombroso! Y después vemos que también había mujeres y niños. ¡Asombroso! Quizá el título de esta historia debe ser La alimentación de los diez mil – o hasta que La alimentación de los veinte mil.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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