Marcos 9:38-502018-11-22T12:29:05+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Marcos 9:38-50

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MARCOS 9:38-50. UN RESUMEN

Este pasaje sigue la historia de Jesús tomando un niño en brazos y diciendo, “El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe” (v. 37). En versículo 42, Jesús hace una declaración similar, pero con el énfasis opuesto, “Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar” (v. 42). Marcos sitúa la conversación del exorcista (vv. 38-41) entre estos dos pasajes que tratan de niños y pequeñitos.

Jesús está “en el camino” (8:27; 9:33), ésta es una manera de identificar su travesía a Jerusalén y a la cruz. Hasta que Pedro reconociera a Jesús como Mesías (8:29), el ministerio de Jesús se caracterizaba por sus milagros y las multitudes admiradoras. Al ser revelado como Mesías, Jesús “comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho…, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (8:31). Desde este punto hasta su llegada a Jerusalén, Jesús se concentra en preparar a los discípulos para lo que viene. Uno de sus énfasis más importantes será ayudarles a comprender el discipulado como servicio humilde en vez de un puesto y una suma de poder (9:33-42; 10:13-31, 35-45). La primera parte de nuestra lección del Evangelio forma parte de este énfasis.

MARCOS 9:38-41. EL QUE NO ES CONTRA NOSOTROS, POR NOSOTROS ES

38Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue. 39Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. 40Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

“Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue” (v. 38). Este es Juan, hijo de Zebedeo, hermano de Santiago – uno de los Hijos del Trueno. Su mote sugiere que tiene una personalidad volcánica – que actúa de manera precipitada. Eso no es lo que hace aquí.

El exorcista seguramente observó el exorcismo relatado en 9:14-29 y experimentó usando el nombre de Jesús. Juan no le pregunta a Jesús como han de tratar al exorcista, sino que simplemente reporta lo que los discípulos ya han hecho – estará buscando reconocimiento por parte de Jesús o, por lo menos, alguna señal que confirme su acción o les rinda apoyo de alguna manera.

Anote que Juan no dice, “No te estaba siguiendo a ti (Jesús),” sino “nos estaba siguiendo a nosotros.” Jesús nunca dice, “Síguenos” – queriendo decir “Sígueme a mí y a mis discípulos.” Frecuentemente dice, “Sígueme” (1:17; 2:14; 8:34; 10:21). Sin autoridad ninguna, Juan ha incluido a los discípulos en el concepto de seguir. En el próximo capítulo, veremos el nivel de su ambición (10:35-45), pero aquí solo vemos sus comienzos.

Juan es uno de tres discípulos – Pedro, Santiago, y Juan – privilegiados por haber estado con Jesús en varias ocasiones especiales – el sanar y la resurrección de la hija del regidor de la sinagoga (5:37) – la transfiguración (9:2) – y en Getsemaní (14:22). Sin embargo, los Evangelios también presentan a estos tres discípulos demasiado dispuestos a hablar incorrectamente.

Hay un tono de frustración en el comentario de Juan. Los discípulos intentaron, aparentemente sin éxito, parar al hombre que echaba fuera demonios. Parte de su frustración seguro que viene de su previo intento (sin éxito) para obrar un exorcismo (9:14-29). Ahora, estos discípulos “certificados,” que todavía están aprendiendo de su error, no pueden parar un exorcista “no-certificado” pero exitoso que utiliza el nombre de Jesús sin su autorización. Seguro que Juan está preocupado aquí, no solo por proteger la santidad del nombre de Jesús, pero también por proteger el estatus especial de los discípulos. Según se imagina Juan, si Jesús comisionó a los doce (6:7-13), pretenderá que ellos cumplan cualquier obra que haya de hacerse en su nombre.

El libro de Hechos relata un incidente en el que exorcistas judíos, utilizando el nombre de Jesús, fallaron gravemente y fueron azotados por un hombre poseído por un demonio (Hechos 19:13-16) – esto demuestra la posibilidad de utilizar mal el nombre de Jesús, y deja claro que “el nombre de Jesús revela su autentico poder solo al unirse a Jesús en fe y al obedecer la voluntad de Dios” (Lane, 343).

“Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (vv. 39-40). Los discípulos dibujaron un círculo que dejaba fuera al exorcista, pero Jesús vuelve a dibujar el círculo, incluyéndole. El que tocó leprosos (1:41), comió con recaudadores y pecadores (2:15-16), y tomó pequeñitos en sus brazos (9:36) dibuja un círculo grande. Pronto, esto se les recordará a los discípulos cuando intenten evitar que niños se acerquen a Jesús (10:13-16).

Al contrario de los escribas y fariseos, que ya traman contra Jesús al comenzar su viaje a Jerusalén, el exorcista no es un enemigo.

Aquí, Jesús no abre la puerta a toda actividad religiosa. Distingue a este exorcista de otros en dos maneras. Primero, el exorcista “hace un milagro.” El efecto de su obra es extraordinario y beneficioso – ha echado demonios. Segundo, lo ha hecho “en mi nombre” – en el nombre de Jesús. Aunque sí es posible usar en vano el nombre de Jesús, Jesús reconocería si ese fuera el caso. Por los comentarios de Jesús está claro que el clamar del hombre a través de su nombre va acompañado por un toque de autenticidad que Jesús puede aprobar.

Un incidente similar tomó lugar siglos antes cuando Moisés designo setenta ancianos, a quienes Dios concedió el don de profecía. Eldad y Medad no se encontraban entre los setenta, pero también profetizaban. Josué le pidió a Moisés que parase a Eldad y Medad, pero Moisés respondió, “¿Tienes tú celos por mí? Mas ojala que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, ¡que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos!” (Números 11:29).

De la misma manera, Jesús llama a los discípulos hacia una visión más inclusiva. “Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (v. 40). Hoy, necesitamos oír esto en una iglesia fragmentada por muchos lados – denominación, doctrina, raza, nivel socio-económico, nación, liberal/conservador, acción social/evangélica, y carismática o no carismática. Siempre estamos tentados a pensar de cristianos al otro lado de la valla como inferiores – si es que les consideramos cristianos. Quizá, más al punto, clérigos podemos estar celosos de nuestras prerrogativas y así disminuir el papel de personas laicas en áreas de ministerio normalmente reservadas para clérigos. Gente laica que sirve en capacidad oficial a menudo puede sentir los mismos celos de nuestra autoridad. Cristo nos pide que echemos a un lado estos celos insignificantes y respetemos los dones de aquéllos que obran en su nombre.

Sin embargo, “tal actitud de reconocimiento, donde sea que aparezca, no disminuye nuestra fe a un simple denominador común para todas las creencias” (Luccock, 789) – éste es un error común para los ecuménicos. Tampoco requiere que dejemos nuestro discernimiento – ignorando abuso o errores obvios.

Vale la pena anotar que Mateo 12:30 y Lucas 11:23 relatan que Jesús dice, “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama” – esta declaración parece opuesta a la que se encuentra en Marcos. Sin embargo, hay dos diferencias que explican el conflicto:

• Primero, en el relato de Mateo y Lucas, el pronombre es “mí” – “contra mí es”“el que conmigo no recoge.” En el relato de Marcos, el pronombre es “nosotros” – “no nos sigue” – refiriéndose a los discípulos (v. 38).

• Segundo, “‘El que no es conmigo’ se refiere a ellos que se oponen a los exorcismos de Jesús. No están con Jesús; es decir, están contra Jesús” (Evans, 65).

“Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (v. 41). En otro lugar, Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos y ayudemos a los desamparados, pero aquí dirige su bendición hacia los que ayudan a cristianos – a los que “son de Cristo.” La cuestión es que el emisario del rey sea tratado con el mismo respeto que merece el rey – con la recompensa y castigo apropiado para los que rinden o faltan tal respeto. El regalo que Jesús menciona es simple – un vaso de agua fría – algo esencial para vivir pero que casi cualquier persona puede dar. El vaso de agua simboliza cualquier regalo práctico – comida, ropa, alojamiento, ayuda económica, o sacar a alguien de una cuneta.

Anote la similitud con el pasaje anterior, “El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe” (v. 37). El nombre de Jesús es lo que identifica a la persona bienvenida (v. 37) y la que recibe el agua (v. 41).

MARCOS 9:42-48. ESCANDALOS Y PEQUEÑITOS

42Y cualquiera que escandalizare (griego: skandalise – causa tropezar) á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino (griego:mulos onikos – una piedra de molino de mula – una piedra grande) al cuello, y fuera echado en la mar. 43Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna (griego: geennan – Gehenna), al fuego que no puede ser apagado; 44Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga. 45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna (geennan), al fuego que no puede ser apagado; 46Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna (geennan); 48Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Versículos 44 y 46 no se encuentran en los mejores textos griegos, y la mayoría de las traducciones los omiten.

“Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí” (v. 42a). Estos “pequeñitos” (v. 42) no son niños sino “pequeñitos que creen en mí” – creyentes con una fe nueva o frágil – pequeños porque son vulnerables. Un cristiano fuerte y maduro podría ignorar tales palabras duras o un mal ejemplo, pero estos pequeñitos pueden ser lastimados. “Tropezar” puede referirse a la pérdida de fe o llevar hacia el pecado.

“mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar” (v. 42b). Existen piedras de molino pequeñas con las que hombres trabajan y piedras más grandes con las que mulas trabajan. Jesús especifica la más grande como mulos onikos – una piedra de molino cargada por una mula. Un hombre no podría levantar una de estas piedras.

Alrededor del cuello de una persona echada al mar, la piedra llevaría a la persona rápidamente hacia el fondo para siempre. Esta persona no recibiría un entierro apropiado – un destino terrible desde el punto de vista judío.

Jesús no sugiere que ahoguemos a los que causan que otros tropiecen, sino que utiliza una hipérbole – lenguaje exagerado – para dramatizar el peligro que puede resultar de causar daño a los “pequeñitos.”

Su punto aquí es que una persona que causa que tales “pequeñitos” tropiecen sufrirá un destino terrible en manos de Dios – un destino aún más terrible que ser ahogado en el mar de manera repentina y violenta.

“Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado” (v. 43). De nuevo, como en versículo 42, Jesús utiliza una hipérbole – lenguaje exagerado – para ilustrar su punto. Ha hablado del peligro de una persona haciendo que otra tropiece – una amenaza desde afuera. Ahora habla del peligro de las tentaciones que surgen desde dentro de nosotros – una amenaza interna.

El predicador debe tratar versículos 43-47 con cuidado, no vaya a ser que un “pequeñito” en la congregación oiga estos versículos como una llamada a la mutilación propia. Si nos descuidamos en este momento, causando que “pequeñitos que creen en mí” se lastimen a si mismos, nos exponemos al juicio – nos convertimos en ellos para quienes sería mejor ser echados al mar con una piedra de molino alrededor del cuello.

Hoy, podríamos reorganizar las palabras de Jesús de esta manera: “Si cuesta un brazo y una pierna resistir tentación, merece la pena.” Al hablar así, no estamos sugiriendo que una persona sacrifique literalmente un brazo o una piedra. Solamente estamos utilizando lenguaje colorido para demostrar que resistir tentación es muy, muy importante.

Sin embargo, si no tomamos literalmente las palabras de Jesús “córtala,” hemos de tomarlas en serio. Nada es más importante que mantener la fe.

A veces, el discipulado si requiere amputaciones. Hemos de amputar malas costumbres – resentimientos – ambiciones que nos impulsan a actuar sin ética. El alcohólico o drogadicto necesita amputar viejas relaciones que amenazan con hundirle de nuevo en una vida de adicción. El joven regidor tuvo que amputar su billetera. Debemos amputar las cosas que se ponen entre nosotros y Dios.

“mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado” (v. 43b). Estas referencias al infierno son difíciles para muchos cristianos hoy a quienes incomoda la idea del infierno. Sin embargo, son las palabras de Jesús, y no debemos descontarlas. Nos llevan la atención a la santidad y la justicia de Dios, que son tan reales como la gracia de Dios. Ésta es la única referencia al infierno y sus tormentos en este Evangelio, y debemos anotar que no son los que no creen los que están en peligro, sino los discípulos. Ambos el cristiano que tropieza y el cristiano que causa que otros tropiecen quedan expuestos al juicio.

La palabra traducida infierno es la palabra griega geeman o Gehenna. El nombre se deriva del valle de Hinnom, un barranco en las afueras de Jerusalén donde Achâz practicaba sacrificio humano (2 Crónicas 28:3; 33:6; Jer. 7:31; 32:35). El Rey Josiah puso fin a tales practicas declarando el valle impuro y utilizándolo como un gran basurero (2 Reyes 23:10). Allí habitaban ratas, ardían fuegos, y humo llenaba el aire día y noche. Judíos lo consideraban el lugar prototípico de castigo (Barclay, 238-239).

“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga (v. 48). Esto se deriva de Isaías 66:24: “Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí: porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará; y serán abominables á toda carne.”

MARCOS 9:49-50. SAL Y FUEGO

49Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.

Las declaraciones de vv. 49-50 parecen ser tres declaraciones independientes que Marcos junta por el hecho de que todas se refieren a sal.

“Porque todos serán salados con fuego” (v. 49). Ambos sal y fuego son beneficiosos para preservar carne, y sacrificios en el templo requieren sal tanto como fuego (Levítico 2:13). Esto sugiere que los discípulos serán ofrendas y que serán salteados con persecución – una realidad para la iglesia de Marcos, que vivía bajo persecución al ser escrito este Evangelio.

“Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis?” (v. 50a). La sal es buena porque hace la comida sabrosa y funciona para conservar. Sal pura no pierde el sabor, pero la sal encontrada a orillas del Mar Muerto a menudo esta mezclada con tantas impurezas que no se puede utilizar para sazonar o conservar. Sal adulterada sirve de metáfora para discípulos que se dejan adulterar por los valores del mundo – perdiendo su sabor de la fe y su capacidad de hacer una diferencia en el mundo.

“Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros” (v. 50b). Ésta es una palabra útil para la iglesia actual, donde a menudo la paz es amenazada por cristianos que imponen sus propios motivos en vez de trabajar pacíficamente con los demás. En un sentido, este versículo se relaciona con v. 39, donde Jesús manda a Juan que no pare al hombre que echa demonios en nombre de Jesús. En ese caso, Jesús nos pide que estemos en paz con los que no conocemos. En versículo 50, nos pide que estemos en paz con los que tenemos cerca.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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