Marcos 7:1-8, 14-15, 21-232018-09-23T14:10:06+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Marcos 7:1-8, 14-15, 21-23

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MARCOS 7:1-23. UN REPASO

Esta historia se encuentra en un paréntesis entre historias del poder de Jesús para obrar milagros y la reacción de la gente al ver estas obras.

• Es precedida por el alimentar de los cinco mil (6:30-44), Jesús caminando sobre el agua (6:45-52), y el sanar de los enfermos en Genesaret (6:53-56). El versículo que termina capítulo 6 dice, “Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponían en las calles á los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos” (6:56).

• Es seguido por el sanar de la hija de la mujer sirofenicia.

Los fariseos en la lección de hoy ignoran las fuertes pruebas del poder de Jesús para hacer bien, en vez, se fijan en el fallo de sus discípulos al no observar sus tradiciones. Ignoran el verdadero poder de Dios y se fijan en preocupaciones triviales. De la misma manera la iglesia hoy es tentada a ignorar su ministerio fundamental – palabra y sacramento – y en vez se enfoca en las nuevas modas de ministerio – o aún hasta en el color de la alfombra.

Debemos tener cuidado de no presentar a los fariseos como completamente malos. Los fariseos se dedican a obedecer y complacer a Dios. Observan prácticas distintivas, como la de los alimentos autorizados por la ley judía y la circuncisión. Estas prácticas les ayudan a mantener su identidad como pueblo de Dios en un mundo que les tienta a alabar los dioses de sus vecinos. Sus tradiciones, que entran en duda en este texto, vienen de la necesidad de mantener esa identidad.

La ley judía, aunque bastante detallada, deja espacio para interpretación. Los fariseos, por su deseo de obedecer a Dios, establecieron reglas para clarificar la ley en esas situaciones. Sus conclusiones llegaron a ser conocidas como la tradición de los ancianos. Al pasar el tiempo, estas tradiciones se endurecieron hasta llegar a ser una ley subroga que líderes judíos consideraban igual a la escritura. Perdieron de vista la raya entre la ley de Dios y sus opiniones, y ése fue su pecado.

La iglesia siempre lucha por conocer la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios sobre el aborto? ¿La homosexualidad? ¿El SIDA? ¿Un tanto de otros temas? Hombres y mujeres de fe se encuentran en oposición con otros hombres y mujeres de fe acerca de tales asuntos. ¿Cómo determinamos la voluntad de Dios en tales asuntos? Mientras contemplamos esa pregunta, quizá podemos apreciar a los fariseos y los problemas que ellos trataban de resolver.

Lealtad a una denominación a menudo recibe demasiada importancia. Al pasar de los años, demasiadas veces he oído sermones titulados, “Por qué soy un (metodista, luterano, discípulo de Cristo, etcétera).” Al ver el título, ya sabía lo que iba a oír, no una explicación de escritura, sino una colección de opiniones que no son tan útiles. ¿Dónde, por cierto, se encuentra un texto para tal sermón? No tenemos derecho de criticar a los fariseos por amar sus tradiciones cuando nosotros nos aferramos a las nuestras.

Además, si presentamos a los fariseos como malos hasta el fondo, desechamos la historia. La historia tiene vida solo mientras Jesús se confronte con oponentes dignos de serlo, como los fariseos. No importa que se encuentren desviados, son gente profundamente religiosa que trata de cumplir la voluntad de Dios.

MARCOS 7:1-5. COMER CON MANOS COMUNES

1Y se juntaron á él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2Los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, los condenaban. 3(Porque los Fariseos y todos los judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.) 5Y le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan (griego: peripatousin – caminan) conforme á la tradición de los ancianos (griego: ten paradosin ton presbyteron), sino que comen pan con manos comunes?

“Y se juntaron á él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén” (v. 1). Marcos parece distinguir entre fariseos locales y escribas procedentes de Jerusalén. Según la naturaleza de su reto hacia Jesús, es posible que los escribas de Jerusalén también sean fariseos.

A la palabra “Jerusalén” le acompaña una cualidad ominosa, porque en Jerusalén está el núcleo de la oposición a Jesús, y le matarán en Jerusalén. Marcos ya nos ha dicho que los escribas han determinado que Jesús está endemoniado (3:22), y los fariseos han empezado a conspirar para matarle (3:6). Parece extraño que estos oriundos de Jerusalén se encuentren en Galilea. Jerusalén atrae peregrinos desde muy lejos, no de la otra manera. Parece probable que estos hombres han venido a Galilea con el propósito de destruir a Jesús (3:6, 22).

“Los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas” (v. 2). Levítico 11-15 describe en detalle como es que Israel ha de tratar los varios asuntos de limpieza ritual, incluyendo la comida (11:1-23; véase también Deuteronomio 14:3-21) – animales (11:24-47) – la purificación de la mujer después del parto (capítulo 12) – la lepra (capítulos 13-14), y flujos corporales. Ésta es la ley del Tora, bajada por la mano de Dios, por eso no podemos criticar a los fariseos y escribas por tomarlo en serio.

Sin embargo, al criticar a los discípulos de Jesús porque comen con manos sucias, los fariseos y escribas van más allá de los requisitos de la ley. Intentan hacer cumplir interpretaciones humanas de la ley pasadas por medio de rabíes a través de los siglos.

Éxodo 30:18-21 y 40:31 requieren la limpieza de manos, pero solo para sacerdotes (“Aarón y sus hijos”) – y solo cuando entran en la tienda de campaña para presentaciones o se acercan al altar – es decir, cuando atienden a sus obligaciones sagradas en un espacio sagrado. Los fariseos gradualmente adoptaron esta práctica de limpieza ritual como manera de demostrar su devoción a Dios – y como un “marcador que limita,” una manera de proclamar que la identidad judía es distinta de la de sus vecinos paganos (Hooker, 441).

Limpieza ritual no tiene nada que ver con higiene – Pasteur no descubría gérmenes hasta el siglo 17, y aún entonces le costaría trabajo convencer a los cirujanos que se lavaran las manos antes de hacer una cirugía. Gente del primer siglo no tenía conocimiento de higiene. La tradición farisea de lavarse las manos incluye echar solo un poco de agua sobre las manos para eliminar manchas rituales, como las manchas retenidas al tocar un objeto o persona impura (por ejemplo, un derrame corporal como saliva o semen, un cadáver, un leproso, una mujer en menstruación, o un gentil). Mientras que en estas circunstancias la mayoría de nosotros nos lavaríamos las manos por motivos higiénicos, esta manera ritual de lavarse las manos no les ofrece ningún beneficio higiénico.

Al escribirse este Evangelio (seguramente entre 65 y 70 d.C.), cristianos ya habían empezado a alejarse de la observación de ley judía. Historias como ésta ayudan a proveer un razonamiento para que la iglesia se distancie de la ley judía. También instruyen a cristianos que, de otra manera, se acercarían demasiado a la ley y las tradiciones judías.

“Porque los Fariseos y todos los judíos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen” (v. 3a). En versículos 3-4, Marcos explica la tradición farisea a lectores gentiles que, de otra manera, no la entenderían. “Todos los judíos” es una hipérbole. Solo algunos judíos siguen estas reglas tan estrictas.

“teniendo la tradición de los ancianos” (v. 3b). “En contraste con los saduceos para quienes la ley escrita del Tora tenía la única autoridad… En los días de Jesús, adhesión a la ley oral era tan importante para los fariseos como lo era la adhesión al Tora mismo” (Edwards, 208). Antes de su experiencia en el camino hacia Damasco, Pablo (un fariseo) estaba particularmente entusiasmado en cuanto observar y hacer cumplir las tradiciones de los ancianos (Galatos 1:14). La “tradición de los ancianos” era, en aquel entonces, una tradición oral. Ya para el siglo tercero sería codificado como el Mishnah.

“Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal” (v. 4). Esto concuerda con el énfasis en la pureza ritual de alimentos. Si la comida ha de estar limpia (ritualmente limpia según la ley del Tora), los recipientes en los que se cocina o sirve también han de estar limpios. Levítico 11 manda lavar ropa u otros objetos que han tenido contacto con animales (Levítico 11:28-38), diciendo, “Y toda vasija de barro dentro de la cual cayere alguno de ellos, todo lo que estuviere en ella será inmundo, y quebraréis la vasija: Toda vianda que se come, sobre la cual viniere el agua de tales vasijas, será inmunda: y toda bebida que se bebiere, será en todas esas vasijas inmunda: Y todo aquello sobre que cayere algo del cuerpo muerto de ellos, será inmundo: el horno ú hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis” (Levítico 11:33-35). Vemos este tipo de énfasis en vasos y jarros reflejado en cocinas de hoy que siguen la ley judía. En estas cocinas se preparan platos de “carne” y platos de “leche” para evitar mezclar la carne con la leche. Hacen esto para honrar el mandamiento de Éxodo 23:19, “No guisarás el cabrito con la leche de su madre.”

Debemos reconocer, entonces, que gente judía tiene motivos para preocuparse por el rito de limpieza de alimentos y los recipientes en que se preparan o sirven. Ley del Tora requiere que se preocupen por ello. Al observar la ley, intentan llevar a cabo la ley de Dios según la escritura, una preocupación que ha de ser respetada.

La disputa que Jesús tiene con estos fariseos y escribas no tiene que ver con la observación de la ley del Tora, sino con tradiciones creadas alrededor de la ley. Estas tradiciones eran un intento por parte de rabíes para recetar como debe ser aplicada la ley en situaciones específicas. Eso, también, era honorable – un intento honesto para determinar lo que gente debe hacer para complacer a Dios. El problema surgió cuando gente comenzó a igualar sus tradiciones con la ley misma – considerando sus interpretaciones igual de importantes que la ley.

¿Por qué tus discípulos no andan (peripatousin – caminan) conforme á la tradición de los ancianos (presbyteron), sino que comen pan con manos comunes?” (v. 5). Jesús les ha dado a sus opositores plena oportunidad para criticarle directamente. Ha sanado en el Sábado (1:21-34; 3:1-6); tocado un leproso (1:41); declarado el perdón de los pecados (2:5); llamado discípulo a un recaudador de impuestos (2:14); defendido a sus discípulos por segar trigo en el Sábado (2:23-28); y bendecido a la mujer contaminada que le tocó (5:24-34). Mientras que sus opositores critican a Jesús directamente de vez en cuando, aquí eligen un método indirecto – llamando atención a la falta de los discípulos al no observar su tradición. Si Jesús es un maestro autentico, ¿por qué no puede controlar a sus discípulos?

MARCOS 7:6-8. DEJANDO EL MANDAMIENTO DE DIOS

6Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas (griego: hypokriton), bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí. 7Y en vano me honra, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.8Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes(griego: ten paradosin ton anthropon – la tradición de los hombres).

“Hipócritas (hypokriton), bien profetizó de vosotros Isaías.” En vez de defender a los discípulos (y a si mismo), Jesús se pone a la ofensiva, acusando de hipocresía a los que le acusan. En la literatura clásica griega, la palabra traducida “hipócritas” (hypokriton) se utiliza para actuar en un escenario.

“Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí. Y en vano me honra, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (vv. 6b-7). Jesús cita la escritura, dándole más fuerza a sus acusaciones. La cita es de Isaías 29:13, y acompaña otras declaraciones proféticas (véase también Isaías 1:10-17; Amós 5:21-24; y Miqueas 6:6-8). Como se anota arriba, Éxodo 30:19 requiere que sacerdotes practiquen el lavado ritual de manos antes de acercarse al altar, pero más tarde la tradición farisaica llegó a incluir en tal observación a gente común en ocasiones comunes. Mientras que con extender la práctica se pretende rendirle honor a Dios, tiene el efecto contrario.

“Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres” (ten paradosin ton anthropon – la tradición de los hombres) (v. 8). Jesús hace dos contrastes aquí:

• El primero es entre la tradición de los ancianos (la frase utilizada por los fariseos) y la tradición de los hombres (la frase utilizada por Jesús). Al cambiar una palabra (presbyteron a anthropon), Jesús baja estos altos ancianos a la tierra. Ya no son ancianos, haciendo cumplir las leyes de Dios. Son solo hombres, haciendo cumplir opiniones humanas.

• El segundo contraste es entre “el mandamiento de Dios” y “la tradición de los hombres” (o la “tradición humana”). Este contraste hace resaltar la confianza farisaica en las opiniones del hombre en vez de la voluntad de Dios.

Jesús no condena toda tradición, sino el elevar inapropiadamente la tradición humana sobre estatus sagrado. La iglesia tiene la responsabilidad de mantener la tradición, pero ha de tener cuidado de distinguir entre enseñanzas de la escritura (esenciales) y otras tradiciones (no esenciales). Siempre estamos tentados a requerir lo que no es esencial. Por ejemplo, hace una generación, muchos cristianos enfatizaban “vestirse de domingo” como señal de respeto hacia Dios, pero eso ya no viene a cuentas para muchos cristianos. Hoy, estamos más inclinados a demostrar el Cumplimiento Político. Nosotros también encontramos difícil mantener asuntos secundarios en segundo lugar.

MARCOS 7:9-13. CORBÁN

Aunque estos versículos se omiten del leccionario, ilustran lo que Jesús quiso decir cuando dijo, “Porque dejando el mandamiento de Dios” (v. 8a). En estos versículos, Jesús nos demuestra como los que le acusan, aparentemente hombres devotos, utilizan la tradición humana para pasar de lado uno de los Diez Mandamientos – “Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20-12). Este mandamiento significa, entre otras cosas, proveer apoyo económico a padres envejecidos. En el tiempo de Jesús, padres envejecidos a menudo pasaban su propiedad a sus hijos, quienes tomaban la responsabilidad del bienestar sus padres.

Corbán es un tipo de vida aplazada, parecido al método que hoy se utiliza para evitar pagar impuestos al transferir el título a una caridad (de esta manera recibiendo una deducción en los impuestos ahora), con la provisión que podamos continuar utilizando la propiedad hasta el momento de morir. De la misma manera, una persona de la época de Jesús podría declarar algo Corbán – dedicado a Dios – y después decirles a sus padres que su apoyo en la vejez ha sido dado a Dios. En verdad, la propiedad solo ha sido prometida a Dios, pero esa promesa le da al hijo una excusa para evitar su obligación con sus padres. “Un hombre pasa por la formalidad de prometerle algo a Dios, no por dárselo a Dios, sino para evitar que otra persona lo tenga” (T. W. Mansori, citado en Edwards, 210). Es una traición escondida entre vestiduras religiosas. El establecimiento religioso alienta esta práctica, ya que eventualmente el regalo deferido termina en la tesorería religiosa.

MARCOS 7:14-15. LO QUE CONTAMINA

14Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

“Y llamando á toda la multitud” (v. 14a). El hecho que Jesús pueda atraer una multitud significa que los fariseos y escribas no han logrado desacreditarle. Gente está ansiosa de oír la respuesta de Jesús.

“Oídme todos, y entended” (v. 14b). No son solo los fariseos y los escribas los que no comprenden, sino “todos” – fariseos, escribas, la multitud, y también los discípulos.

“Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar” (v. 15a). Cuando Jesús les explica esto a sus discípulos, deja claro que está hablando de comida (vv. 18-19). Explica que no es la comida que comemos o las manchas rituales lo que nos ensucian, sino los pensamientos y sentimientos en nuestros corazones. Este lenguaje es fuerte en el contexto de una cultura que premia seguir las leyes alimenticias judías u otras observaciones rituales. El Tora describe detalladamente lo que constituye un alimento limpio o impuro, y la gente judía se distingue a si misma de sus vecinos paganos por su observación de estas leyes alimenticias. Decir que una persona no queda contaminada por lo que él o ella come es una declaración valiente, aunque sí refleja las acciones de Jesús en otras ocasiones. Tocó un leproso (1:41), comió con pecadores (2:15-17), y no se preocupó porque una mujer contaminada le tocara (5:30-34).

“mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre” (v. 15b). En su explicación a los discípulos, Jesús deja claro que no habla de excremento humano (vv. 18b-19a). Las cosas que contaminan son las cosas que salen de un corazón malvado, “las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez” (vv. 21b-22).

Parecería que Jesús es culpable de reemplazar el mandamiento de Dios con su propia enseñanza – haciendo lo mismo de lo que acusa a los fariseos. Además, él “está enseñando con la autoridad que Dios mismo le dio… (Él) – como Moisés – es confiado de Dios, y declara sus mandamientos directamente” (Hooker, 180). Jesús no revoca la ley ni los profetas, sino que extiende nuestro entendimiento de cómo cumplir con ellos (Mateo 5:17).

MARCOS 7:16, 19b. HACIENDO LIMPIAS TODAS LAS VIANDAS

Versículo 16 no se menciona en los mejores manuscritos, y la mayoría de las traducciones modernas lo dejan fuera o lo mencionan en una nota al pie de la página.

Versículo 19b (no incluido en esta lección) dice, “Esto decía, haciendo limpias todas las viandas.” Éstas no son las palabras de Jesús, sino la interpretación de Marcos. Si Jesús declaró limpias todas las viandas, la temprana iglesia tardó mucho tiempo en reconocerlo. Las controversias en la temprana iglesia acerca la observación de leyes alimenticias y la circuncisión dejan claro que el asunto todavía estaba sin resolver (véase Hechos 10:1–11:18; 15:1-29; Romanos 14; 1 Corintios 8:1–11:1; Galatos 2:11-14; Colosenses 2:20-23).

MARCOS 7:21-23. DE DENTRO SALEN LOS MALOS PENSAMIENTOS

21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos” (v. 21a).  Es un ambiente que enfatiza piedad (honrar a Dios cumpliendo devotamente las obligaciones religiosas). Jesús cambia el énfasis hacia el comportamiento ético (honrar a Dios por medio de acciones correctas en relación a otras personas). En particular, nos enseña a tener en cuenta los pensamientos y sentimientos que hacen surgir comportamiento no ético en nuestras relaciones con familia, amistades, y vecinos. Son esos pensamientos y sentimientos, concebidos y nutridos en nuestros corazones que hacen surgir pecados realmente serios.

Es importante que oigamos esta palabra hoy. Vivimos en una cultura que honra lo que viene de dentro del corazón humano – que nos da permiso para actuar según nuestros sentimientos en vez de mantenerlos bajo control. Nuestra cultura dice que “nos pongamos en contacto” con nuestro ser interno, y que “llevemos la corriente.” Celebra libertad y libre albedrío, y lucha ferozmente contra cualquier restricción que Cristo o sentido común pondría sobre tal comportamiento. El resultado es que vivimos en un mundo caracterizado por “las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez” (vv. 21b-22).

“Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (v. 23). Jesús nos dirige en una dirección radicalmente diferente. Su “punto principal es que la contaminación es moral en vez de ritual” (Brooks, 119). Nos dice que “maldades de dentro salen” – del corazón humano – e implica que tenemos la responsabilidad de cuidar y nutrir cosas sagradas en vez de las maldades que habitan en nuestros corazones.

En los últimos años, cada vez pensamos más de lo que metemos en nuestros cuerpos y del efecto que tienen en nuestra salud. Necesitamos aprender que lo que metemos en nuestros corazones y nuestras mentes es aún más importante, porque lo que metemos en nuestro corazón y nuestra mente tiene la capacidad de herirnos tanto de manera espiritual como físicamente – de matar el alma tanto como el cuerpo (véase Mateo 10:28).

En los últimos años cada vez nos damos más cuenta de la importancia del medio ambiente. En algunos casos, la iglesia ha puesto mucho más énfasis en la limpieza de nuestro mundo que en la limpieza de nuestros corazones – ignorando el énfasis que Jesús puso en la limpieza del corazón. Esto es irónico, porque es fácil enseñar a una persona a respetar el medio ambiente cuando tiene un corazón sagrado. El psicólogo Gordon Allport observó, “Seguramente podríamos demostrar que a través de la historia aquellos cristianos que han conseguido el más práctico beneficio para este mundo son los que han creído más fervientemente en el próximo.” Nuestra primera preocupación debe ser la creación de corazones sagrados y vidas sagradas.

La iglesia debe enfatizar lecturas y programas televisivos saludables, y ocio saludable. Debemos hacer resaltar los efectos corrosivos de las drogas y el alcohol, de videojuegos violentos, tele comedias vulgares, pornografía, apuestas, y el consumo. Debemos alejar a la gente de una ética de negocios que presume que “lo que sea va.” El mar en el que la gente nada hoy está lleno de contaminación espiritual, pero solemos decir poco sobre ello. Nos avergüenza hacer gran asunto de “las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez,”pero a Jesús no. Él nos dice que “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (v. 23).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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