Marcos 4:26-342018-09-23T13:58:37+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Marcos 4:26-34

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MARCOS 1-4. UN RESUMEN

En capítulo 1, Jesús llamó sus primeros discípulos y comenzó su ministerio de predicar y sanar.

Después, el enfoque pasó a la controversia con líderes religiosos cuando Jesús perdonó los pecados de un paralítico (2:1-12), compartió mesa con recaudadores y pecadores (2:18-22), defendió a sus discípulos por segar espigas en sábado (2:23-28), y sanó en sábado (3:1-6).

Entonces, Jesús se alejó de la controversia, dirigiéndose a multitudes más receptivas y hacia los discípulos (3:7 ff.).

En capítulo 4, Jesús presenta cuatro parábolas – el Sembrador (4:1-20), la Antorcha bajo el Almud (4:21-25), la Simiente que Brota (4:26-29), y el Grano de Mostaza (4:30-32) – después, explica su uso de parábolas (4:33-34; véase también 4:10-12). Relata las cuatro parábolas a las multitudes, pero solo se las explica a sus discípulos (4:10 ff.; 4:34).

Tres de las cuatro parábolas tratan de simiente y del brotar de las plantas, pero cada una tiene su punto distintivo. Específicamente, Jesús nombra la tercera y cuarta parábola (que se encuentran en nuestra lección evangélica) como parábolas del reino (4:26; 30) y da a entender que las cuatro parábolas tratan del reino (4:10).

MARCOS 4:26-29. EL REINO DE DIOS – COMO SIMIENTE ECHADA

26Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; 27Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe.28Porque de suyo fructifica la tierra (griego: automate), primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.

Ésta es la única parábola particular para el Evangelio de Marcos.

“Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra” (v. 26). Echar simiente parece un comienzo poco importante, pero simiente tiene poder, produce plantas cuyas raíces pueden rajar rocas – plantas que proveen alimento y cubierta a los animales – plantas que hacen posible la vida humana.

“Y duerme, y se levanta de noche y de día” (v. 27). El punto aquí es la calidad cotidiana de estas noches y días – “la vida de siempre” (Guelich, 241).

“Y la simiente brota y crece como él no sabe” (v. 27). Esto parece ocultar el duro trabajo del sembrador, que riega, fertiliza, y arranca malas hierbas entre cada siega y cosecha. Sin embargo, aún si un segador no hiciera más que echar simiente, mucha de la simiente germinaría y brotaría hasta su madurez. Billones de semillas toman raíz cada año sin ninguna intervención humana. ¡Trillones de semillas! Colinas y valles alrededor del mundo se cubren de plantas que ningún humano ha plantado, regado, fertilizado, o protegido de malas hierbas.

El punto de este versículo no es la obra del sembrador, sino la obra de la simiente, que brota a causa de una fuerza misteriosa y que crece tan despacio que no la vemos crecer. Solo cuando nos alejamos y regresamos después de un día o una semana o un mes, podemos ver su crecimiento – y quedamos contentos por ello – y nos maravilla.

El reino de Dios es como este crecimiento lento pero constante. Predicamos, invitamos, y testificamos, pero los resultados son de lo más ordinarios – unos niños se acercan y escuchan el sermón de niños – un adolescente se presenta para el bautizo o la confirmación – una pareja joven decide casarse por la iglesia – un grupo de hombres estudia un popular libro cristiano – un grupo de mujeres reúne dinero para comprar una vaquilla para gente al otro lado del mundo. Parece no sumar a mucho, pero ¡la simiente brota! ¡Dios está presente! ¡Cuidado! ¡Únete!

“Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga (v. 28). En la época de Jesús, gente no utilizaba fotografía para ver como se abren las plantas, ni microscopios para estudiar células. El misterio del brotar de las plantas permanece sin examinar. Sin embargo, aún con técnicas modernas solo podemos, hasta cierto punto, discernir como crecen las plantas – por qué crecen. ¿De dónde viene su vida? Podemos explicar las propiedades físicas que causan a la simiente germinar, pero la vida misma sigue siendo un misterio – un misterio que puede conocerse solo a través de la fe.

Igual que “de suyo fructifica la tierra” por un proceso que solo conocemos en parte, así también fructifica Dios el reino por un proceso que permanece, en mayor parte, un misterio. Sin embargo el punto aquí no es el misterio del reino, sino su capacidad de darnos la confianza para depender de él. Tal como podemos confiar que la tierra producirá grandes plantas de pequeñas semillas, así también podemos confiar que Dios traerá un gran reino.

Igual que “de suyo fructifica la tierra” (griego: automate) (v. 28). La traducción “de suyo,” solo capta en parte el significado de automate. Esta palabra se refiere al crecimiento de la semilla causado por una fuerza interna que el sembrador no le dio – un poder de vida intrínsico de la planta – una fuerza de vida puesta ahí por Dios. “De suyo fructifica la tierra” solo porque Dios lo ha hecho posible. Así es también con el reino de Dios. Debemos cumplir nuestra parte al proclamar el Evangelio, pero Dios es el que hace llegar el reino.

“Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada” (v. 29). Estas palabras recuerdan a Joel 3:13: “Echad la hoz, porque la mies está ya madura.” El contexto de Joel es uno de juicio, que ha tentado a eruditos a interpretar este versículo en términos escatológicos – teniendo que ver con el juicio de la Segunda Venida de Dios. Estos eruditos son alentados aún más por Revelación 14:14-19, otro texto escatológico que también utiliza la imagen de la hoz. Su interpretación escatológica, sin embargo, requiere una explicación difícil y complica la parábola hasta el punto de incomprensión. ¿Puede el sembrador de versículo 28, tan inadvertido e improviso, convertirse en el Cristo que regresa en versículo 29? Esto es improbable. Es mejor comprenderlo como una simple parábola de un sembrador ordinario que planta y siega, pero que confía en la gracia de Dios para hacer la cosecha posible. Así también, trabajadores en el reino de Dios que “está cerca” (1:15), pueden contar con la gracia de Dios para traer el reino, pequeño y aparentemente sin importancia, a su completa fruición.

Existe la posibilidad que Jesús contara esta parábola, en parte, para contrarrestar los fanáticos que defendían un derrocamiento violento de Roma, pero eso no se sabe por seguro.

MARCOS 4:30-32. EL REINO DE DIOS – COMO GRANO DE MOSTAZA

30Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿Ó con qué parábola le compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; 32em>Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres (griego: lachanon – plantas de jardín, verduras), y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.

Esta parábola también se encuentra en Mateo 13:31-32 y Lucas 13:18-19.

“El reino de Dios…es como el grano de mostaza” (vv. 30-31). Como a menudo es verdad, el Evangelio comienza de una manera distinta a la que esperamos. Esperamos que Cristo venga como un poderoso guerrero pero, en vez, viene como un infante. Esperamos que escoja a los mejores y más inteligentes como sus discípulos pero, en vez, escoge a gente ordinaria – pescadores – y hasta un recaudador de impuestos. Esperamos que él compare el reino de Dios con un roble o un cedro, pero lo compara con un grano de mostaza – la más pequeña de las semillas.

A menudo, Dios escoge obrar a través de individuos improbables: Jacobo el tramador – Moisés, el asesino y tartamudo – David, el niño cuyo padre casi se olvidó de mencionarle cuando Samuel vino en busca de un rey – Gideón, el comandante de un pequeño ejercito de trescientos hombres.

“La más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra” (v. 31). El grano de mostaza, aunque pequeño, no es la más pequeña de todas las simientes. Sin embargo, en la época de Jesús mantenía su estatus proverbial como la más pequeña simiente – y sí es, además, muy pequeña. El punto aquí es que el reino de Dios comienza con pequeños fenómenos, casi inadvertidos y aparentemente inconsecuentes.

“Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres” (plantas de jardín) (v. 32). El énfasis aquí no está en el crecimiento de la semilla, como en la parábola del Grano de Mostaza, sino en contrastar la gran planta con la pequeña semilla de la que nació. Puede que el reino de Dios no parezca mucho ahora, pero

“sobrepasará en gloria los más poderosos reinos de la tierra. Es la consecuencia de la acción soberana de Dios” (Lane, 172).

En Mateo y Lucas, la simiente crece hasta convertirse en árbol (Mateo 13:32; Lucas 13:19), pero aquí solo se presenta como “la mayor de todas las legumbres” (griego: lachanon – plantas de jardín). La planta de mostaza generalmente crece a ser un arbusto de unos 10-12 pies (3-4 metros) de altura. De nuevo, el punto no es el pequeño tamaño de la simiente ni el gran tamaño de la planta, sino en el contraste entre los dos.

“De tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra” (v. 32). Pájaros de nido sirven para mostrar el gran tamaño de la planta de mostaza, pero también puede servir otro propósito – aludir a la inclusión de gentiles en el reino. En varias ocasiones, el Antiguo Testamento presenta la imagen de pájaros morando en las ramas de árboles cuando el lenguaje es inclusivo, es decir, “toda cosa que vuela habitará á la sombra de sus ramos” (Ezequiel 17:23) – “á su sombra habitaban muchas gentes” (Ezequiel 31:6) – “manteníase de él toda carne” (Daniel 4:12) – y “su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él” (Daniel 4:21). Sin embargo, si la inclusión de gentiles es lo que se pretende aquí, es un énfasis secundario. El punto principal es el contraste entre los pequeños comienzos del reino y la certeza de su gran futuro.

MARCOS 4:33-34. CON TALES PARÁBOLAS LES HABLABA LA PALABRA

33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír. 34Y sin Parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.

“Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír” (v. 33). Marcos solo relata parábolas de representación. Lo más probable es que hubiera otras.

“Les hablaba la palabra” (v. 33). ¿A quién se refiere Marcos con ‘les’? Seguramente a la multitud, mencionada la última vez en 4:1. “Les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír.” Jesús explica sus parábolas a sus discípulos (v. 34), pero no a las multitudes. Al dar parábolas sin explicación, Jesús enciende una chispa en la imaginación de la gente, en vez de comunicarse con suma claridad. A los discípulos, su círculo interno – aquéllos que creen – les revela la verdad. Esto también es verdad hoy – ¡ver es creer!

“Y sin parábola no les hablaba” (v. 34).  Quizá Jesús enseñe con parábolas en este momento porque es temprano en su ministerio y aún no está listo para revelar por completo su identidad y propósito.

“Mas á sus discípulos en particular declaraba todo” (v. 34). Por lo tanto, Jesús divide a sus oyentes entre los que están fuera, para quienes las parábolas permanecen sin explicar, y los que están dentro, quienes tienen el privilegio de recibir una interpretación en privado pero cuyo entendimiento será incompleto hasta después de la resurrección.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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