Marcos 15:1-472018-09-10T18:39:24+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Marcos 15:1-47

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

MARCOS 14. EL CONTEXTO

Jesús fue arrestado y llevado frente el concejo durante la noche (14:43-65). El sumo sacerdote preguntó, ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? (14:61). Y Jesús le dijo: “Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (14:62)– al oír esto el sumo sacerdote se rasgó sus ropas y pidió al concejo que le condenaran a muerte, lo que hicieron con ganas.

Algunos eruditos anotan que ley judía prohíbe llevar a cabo durante la noche procedimientos que podrían acabar en una pena de muerte. Por eso el Sanedrín no actuaría hasta las seis de la para poder cumplir con la ley. No obstante, esta ley judía viene del Mishna, la codificación de tradición oral judía que no fue completada hasta dos siglos después de morir Jesús. Muchas de sus provisiones fueron parte de tradición judía durante siglos, y por eso es muy posible que la prohibición contra procedimientos nocturnos en casos capitales estuviera en efecto al ser juzgado Jesús. Sin embargo, no podemos estar seguros (Brooks, 240).

MARCOS 15:1-5. ¿ERES TÚ EL REY DE LOS JUDÍOS?

1Y luego por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron á Jesús atado, y le entregaron (griego:paredokan – de paradidomi) á Pilato. 2Y Pilato le preguntó: “¿Eres tú el Rey de los Judíos?” Y respondiendo él, le dijo: “Tú lo dices.” 3Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho. 4Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan. 5Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.

“Y luego por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio” (v. 1a). El concejo trabajó durante la noche, en parte para no incitar a los seguidores de Jesús y en parte porque oficiales romanos comienzan su trabajo muy temprano por la mañana. Como se anota arriba, llevar a cabo durante la noche un juicio que podría terminar en una pena de muerte, puede considerarse una violación de la ley judía (el Mishna). Si es así, es posible que los sumos sacerdotes y ancianos ratificaran sus decisiones nocturnas por la mañana y así esquivar la ley.

Si el concejo ha de hacer actuar a Pilato antes del sábado, necesitan entregarle a Jesús temprano por la mañana, ya que el tiempo es corto. Primero, deben lograr que Pilato esté de acuerdo con la crucifixión. Entonces, la crucifixión se debe llevar a cabo. Finalmente, el cuerpo ha de ser bajado de la cruz y enterrado antes del anochecer y el comienzo del sábado, y así cumplir los requisitos de Deuteronomio 21:23.

“llevaron á Jesús atado, y le entregaron (paredokan – de paradidomi) á Pilato” (v. 1b). Esta palabraparadidomi (entregado) tiene una cualidad siniestra. Primero es utilizada en este Evangelio para hablar del arresto de Juan Bautista (1:14). Jesús la utiliza para decirles a sus discípulos que será traicionado (9:31; 10:33). Entonces, la utiliza para advertir a sus discípulos que serán entregados a concejos (13:9) – y que “entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán” (13:12). Paradidomi se utiliza para hablar de la traición de Judas, y se traduce como “traicionado” (3:19), “traicionar” (14:10-11, 18), o “traicionero” (14:42, 44) cuando se refiere a Judas. Se utiliza para hablar de los sumos sacerdotes entregando Jesús a Pilato (15:10) y Pilato entregando a Jesús para ser crucificado (15:15). No obstante, aunque Jesús y los discípulos parecen víctimas de esta “traición” o “entrega,” el poder de Dios está en función aquí y el plan de la salvación de Dios es implementado con esta “entrega.”

“llevaron á Jesús atado, y le entregaron á Pilato” (v. 1b). Judíos están bajo ley romana. Roma ofrece a sus ciudadanos algunas medidas de auto-gobernación, pero retiene autoridad sobre cuestiones serias, incluyendo crímenes capitales. Pilato vive en Caesarea Marítima, pero lleva un contingente de soldados romanos a Jerusalén durante los festivales importantes para mantener el orden. Durante su estancia en Jerusalén, lo más probable es que resida en el palacio de Herodes o en el Fuerte de Antonia – seguramente en el palacio. Pilato ha servido de procurador romano desde el año 26 d.C. y servirá en esa capacidad hasta el año 36 d.C., cuando será relevado a causa de las quejas de sus súbditos. Es conocido por su desprecio hacia el pueblo judío y por su trato insensitivo hacia ellos.

“Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?” (v. 2a). Marcos no incluye ninguna documentación de la conversación entre el concejo y Pilato. La pregunta de Pilato a Jesús deja claro que el concejo ha acusado a Jesús de intentar establecerse como rey, una traición contra Roma que requería la respuesta inmediata de Pilato. Desde la muerte de Herodes el Grande, judíos no han tenido rey – ya que Roma rechazó el título a los hijos de Herodes.

El cargo contra Jesús no está completamente sin sustancia. Jesús ha admitido ser el mesías (14:62), y el pueblo judío espera que el mesías sea un rey como David, que establezca de nuevo la grandeza de su nación y eche a los romanos. No obstante, si el concejo verdaderamente creyese que Jesús es el mesías, le apoyarían hasta el final. En vez, le consideran blasfemador y una amenaza a su poder personal, y por eso desean su muerte. No tienen autoridad para imponer la pena de muerte, consecuentemente, le llevan ante Pilato, que sí la tiene. A Pilato no le importaría la blasfemia, por esa razón el concejo presenta sus cargos contra Jesús de manera que, según ley romana, garantice una razón de actuar – es decir, la sedición – la traición.

“Y respondiendo él, le dijo: ‘Tú lo dices'” (v. 2b). Jesús le da a Pilato una respuesta sin compromiso. Admitir que es un rey sería dar una falsa impresión, estableciéndose como rival al poder de Roma, lo cual no es verdad, pero negar que es un rey sería igual de falso. Es cierto que es el Rey de los Judíos, pero en el sentido espiritual en vez de político. No trama violencia contra Roma, pero establece un reino espiritual que seguirá aún después de caer Roma. Una ironía es que, pronto, Roma ya no será conocida como capital del Imperio Romano, sino como capital de la iglesia del mesías.

“Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho” (v. 3). Marcos no da detalles de estos cargos, pero nos podemos imaginar a los enemigos de Jesús gritando todo tipo de acusaciones en un intento de persuadir a César de que condene a Jesús.

“Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba” (vv. 4-5). Pilato no puede imaginar que nadie se niegue a defenderse contra cargos capitales. Pilato también presiente que le están utilizando para implementar el plan del concejo judío, por eso quiere que Jesús le de una razón para perdonarle. Jesús, sin embargo, no le da nada. Ya les ha explicado a sus discípulos que “convenía (griego: dei – es necesario – una necesidad divina) que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (8:31). Ahora que su hora ha llegado (14:41), coopera, no con el concejo o con Pilato, sino con el plan divino.

MARCOS 15:6-15. ¡CRUCIFÍCALE!

6Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7Y había uno, que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían hecho muerte en una revuelta. 8Y viniendo la multitud, comenzó á pedir hiciese como siempre les había hecho. 9Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos? 10Porque conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes. 11Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les soltase antes á Barrabás. 12Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los Judíos? 13Y ellos volvieron á dar voces: Crucifícale.14Mas Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucifícale. 15Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó á Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

“Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen” (v. 6). No se sabe mucho de la costumbre de liberar un prisionero durante el festival, y algunos han cuestionado la autenticidad de la práctica. No obstante, existe documentación de una amnistía similar concedida a Fibión unos años después, apoyando el relato de Marcos (Lane, 553). Si hay algo extraño de la historia de Barrabás, es el hecho de que Pilato liberase a un fanático que traicionó a Roma.

“Y había uno, que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían hecho muerte en una revuelta” (v. 7). Barrabás es un nombre común compuesto de dos palabras bar (hijo) yabba (padre). Esto nos presenta con aún otra ironía – un Hijo inocente del Padre (Jesús) muere en lugar de un hombre culpable llamado “hijo del padre” (Barrabás) – un sacrificio que concuerda con la celebración de la Pascua, cuando un cordero inocente es sacrificado para salvar a la gente.

En este Evangelio, Mateo identifica al culpable de la insurrección como “Jesús Barrabás,” añadiendo aún otra capa de ironía. La multitud debe escoger entre Jesús Barrabás y Jesús el mesías.

Es probable que Barrabás sea un fanático que haya tomado parte en la insurrección contra Roma. Esto le daría popularidad entre judíos, y la multitud parece estar dispuesta a pedir su libertad.

“Y viniendo la multitud, comenzó á pedir hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos?” (vv. 8-9). La multitud exige la libertad de un prisionero, y Pilato ofrece liberar a Jesús, no a Barrabás. Su referencia a Jesús como el Rey de los Judíos es sarcástica y resentida. Si Pilato de verdad quisiera influenciar esta multitud, controlaría su sarcasmo, el cual solo sirve para separar a la multitud. Pilato, sin embargo, no está acostumbrado a integrarse con la plebe, y tiene pocas ganas de complacer a los judíos.

“Porque conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes” (v. 10). Pilato tiene sus límites, pero no es tonto. Comprende que los príncipes de los sacerdotes no le entregarían a nadie si no fuera con el propósito de cumplir su propio plan.

“Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les soltase antes á Barrabás” (v. 11). La multitud favorece a Barrabás, pero los príncipes de los sacerdotes la escandaliza aún más a favor de Barrabás.

“¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los Judíos?” (v. 12). De nuevo, Pilato utiliza el título, Rey de los Judíos, de manera sarcástica. Enfatiza el efecto negativo de su pregunta refiriéndose a Jesús como “el que llamáis Rey de los Judíos.”

“Y ellos volvieron á dar voces: Crucifícale. Mas Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucifícale” (vv. 13-14). En este momento Pilato y la multitud se encuentran en una relación adversaria, y no hay cupo para dialogo.

“Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás” (v. 15a). Josephus documenta otros incidentes que revelan a Pilato como líder que, a pesar de ser obstinado, cedería bajo la presión de una multitud. Sus acciones en este incidente, por lo tanto, están completamente dentro de su carácter. Pilato ha traído a Jerusalén un grupo de soldados romanos para mantener la paz durante el festival, y no quiere que esta multitud pierda control en este momento. No desea castigar judíos, pero siente poca obligación de proteger a alguien que no es ciudadano romano en contra de su propia gente. Comprende que los príncipes de los sacerdotes actúan “por envidia” (v. 10), pero desea “satisfacer al pueblo” (v. 15). Puede simpatizar con Jesús, pero negocios son negocios. Le gustaría actuar de manera correcta, pero solo al precio correcto. Nos presenta con aún más ironía – un gobernador que pasa el poder de gobernar a los gobernados.

El juicio no ha concluido adecuadamente ni se le ha pronunciado a Jesús culpable. La oferta de Pilato para soltar a Jesús sugiere que le está tratando como si fuera culpable, pero también demuestra sus dudas de que Jesús sea una amenaza para Roma. Sea porque le atrae algo de Jesús, porque no quiera condenar a un hombre inocente, o simplemente porque le disguste ser un peón en el juego del establecimiento judío, está claro que no quiere sentenciar a Jesús.

“y entregó á Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado” (v. 15b). Antes, en camino a Jerusalén, Jesús advirtió a los discípulos que sería azotado (10:33-34). Esto también cumple la profecía de Isaías, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Costumbre romana es azotar a los acusados antes de crucificarles. Azotar es un castigo casi tan malo como la crucifixión. Sus víctimas son azotadas con tiras de cuero que contienen pedacitos de hueso o hierro y, a veces, mueren de los azotes. Los sobrevivientes que han sido debilitados por los azotes mueren más rápidamente en la cruz. Entonces Pilato “entregó” (griego: paradidomi) a Jesús para ser crucificado.

MARCOS 15:16-20. ¡SALVE, REY DE LOS JUDÍOS!

16Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es á saber al Pretorio; y convocan toda la cohorte. 17Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas, 18Comenzaron luego á saludarle: ¡Salve, Rey de los Judíos! 19Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas. 20Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.

“Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es á saber al Pretorio; y convocan toda la cohorte” (v. 16). Siendo un prisionero condenado, Jesús no tiene derechos – los soldados tienen la libertad de hacer con él lo que quieran. Le llevan al patio del palacio, seguramente el palacio de Herodes, y reúnen toda la cohorte (v. 16), unos 600 soldados. Estos hombres son fuertes y brutos, y están acostumbrados a usar su fuerza bruta. Burlarse de Jesús es el entretenimiento del día. Esta burla es la segunda de tres burlas que Jesús experimentará – la primera ante el concejo judío (14:65) y la tercera en la crucifixión (vv. 26-32).

“Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego á saludarle: ¡Salve, Rey de los Judíos! Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas” (vv. 17-18). En comparación con los azotes que Jesús acaba de recibir, estas burlas de los soldados no son nada. Los azotes fueron para castigar – brutalizar – pero el único propósito de la burla es reírse de él.

El color púrpura es un color real, por eso los soldados le visten a Jesús de púrpura. La corona de espinas puede infligir daño, pero, realmente es una parodia para la corona redonda (una corona de laurel que rodea la cabeza) utilizada por regidores y representada en monedas. El saludo, “¡Salve, Rey de los Judíos!” es una burla basada en el saludo, “¡Salve, César!” La caña con la que pegan a Jesús es demasiado floja para infligir daño, pero se refiere al cetro de un rey. Pegarle a un rey con su propio cetro es utilizar un símbolo de su poder para mostrar su debilidad. Escupir sería una parodia para un beso de homenaje. Los soldados se arrodillan ante Jesús. El propósito de cada una de estas acciones es burlarse de Jesús por sus pretensiones de realeza. La ironía, claro, es que Jesús sí es un rey que merece honor.

La sorna demostrada cumple con dos escrituras del Antiguo Testamento: “Todos los que me ven, escarnecen de mí; Estiran los labios, menean la cabeza” (Salmo 22:7) y “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3).

Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle” (v. 20). El hombre condenado sería dirigido por un largo trayecto por las calles por cuatro soldados, dos delante y dos detrás. Llevaría el crucero – la parte vertical ya estaría en su lugar en el sitio de la crucifixión. Llevaría una señal en la que se escribiría la naturaleza de su ofensa – en este caso, “Rey de los Judíos.” El propósito de la larga procesión por las calles es impresionar a la multitud de su comportamiento criminal.

MARCOS 15:21-24. Y LE CRUCIFICARON

21Y cargaron á uno que pasaba, Simón Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase su cruz. 22Y le llevan al lugar de Gólgota, que declarado quiere decir: Lugar de la Calavera. 23Y le dieron á beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría cada uno.

“Y cargaron á uno que pasaba, Simón Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase su cruz” (v. 21). Cirenea es una colonia griega en el país que ahora conocemos como Libia.

Tener que llevar una cruz para un criminal debe ser una enorme decepción para Simón, que vino a la Ciudad Sagrada haciendo una peregrinación – posiblemente la única peregrinación de su vida. En lugar de encontrar exaltación espiritual y hacer memorias maravillosas, Simón se encuentra en medio de una fea situación. Decir que este evento arruina su fin de semana sería rebajar gravemente la situación. No obstante, Marcos le identifica como el “padre de Alejandro y de Rufo,” haciéndonos pensar que estos dos hombres son bien conocidos en la comunidad cristiana. Quizá Simón se hizo cristiano después de caminar la vía dolorosa con Jesús. Quizá sus hijos siguieron sus pasos, haciéndose figuras conocidas en la iglesia temprana. Si Dios puede redimir el Viernes Santo para Jesús, puede hacer lo mismo para Simón.

Antes Jesús dijo, “Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (8:34). Ahora, sin haberlo elegido él, Simón se convierte en el primero en hacer esto literalmente.

“Y le llevan al lugar de Gólgota, que declarado quiere decir: Lugar de la Calavera” (v. 22). La antigua canción del Evangelio dice, “en una colina a lo lejos había una vieja y rústica cruz” – pero las escrituras no nos dicen que Gólgota es una colina. No conocemos el origen de su nombre. Quizá tenga forma de calavera. No parece probable que sea un lugar donde haya calaveras humanas desparramadas por la tierra, ya que judíos son fastidiosos para los entierros, aunque se trate del entierro de un criminal (Deuteronomio 21:23) (Brooks, 257).

“Y le dieron á beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó” (v. 23). Eruditos difieren en el tema de la mirra – si tiene un efecto narcótico o si simplemente es para hacer el vivo más tolerable. Esto parece aludir a Proverbios 31:6, “Dad la cerveza al desfallecido, y el vino á los de amargo ánimo,” intentando aliviar el sufrimiento. Jesús ha venido a tomar el pecado del mundo y el sufrimiento sobre si mismo, y por eso lo rehúsa.

Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría cada uno” (v. 24). Se ha escrito tanto de los horrores de la crucifixión que no elaboraré más aquí – y los Evangelios no suelen ponderar en nuestro interés por detalles sórdidos. La crucifixión es muerte por agotamiento, y sus víctimas generalmente viven varias horas o varios días, según su estado físico al ser colgado en la cruz. Hombres generalmente son colgados desnudos, pero los romanos a menudo respetan sentimientos judíos, permitiendo que la víctima esté cubierta con una pampanilla. Generalmente, romanos dejan que el cuerpo se pudra en la cruz para avisar a la plebe de las consecuencias del crimen. A veces, sin embargo, respetan sentimientos judíos en cuanto a la necesidad de un entierro inmediato según Deuteronomio 21:23, que dice, “No estará su cuerpo por la noche en el madero, mas sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldición de Dios es el colgado: y no contaminarás tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad.”

Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría cada uno” (v. 24). Los soldados tienen un trabajo aburrido y desagradable. Algunas personas logran vivir varios días en una cruz, y los soldados están a cargo de que nadie rescate las víctimas. Han de mantener vigilia día y noche con poco más que hacer que esperar. En tales circunstancias, inventan rutinas para pasar el rato. Dividir la ropa de la víctima era una de esas rutinas. Con un poco de suerte, podrían vender la ropa de la víctima para comprarse una bota de vino que les ayudara a olvidar lo desagradable que es su trabajo. La ironía, claro, es que el evento más importante de la historia está tomando lugar en su presencia, pero miran hacia abajo a un montón de ropa en lugar de mirar hacia arriba a Jesús. Es parte de la experiencia humana meter la nariz en lo trivial e ignorar lo crucial (esta palabra está relacionada a la palabra cruz).

MARCOS 15:25-32. ¡SÁLVATE Á TI MISMO!

25Y era la hora de las tres (griego: hora trite – la tercera hora) cuando le crucificaron. 26Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDIOS. 27Y crucificaron con él dos ladrones, uno á su derecha, y el otro á su izquierda. 28Y se cumplió la Escritura, que dice: Y con los inicuos fue contado.29Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo edificas, 30Sálvate á ti mismo, y desciende de la cruz. 31Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban.

“Y era la hora de las tres (hora trite – la tercera hora) cuando le crucificaron” (v. 25). La hora temprana hace surgir dos cuestiones: Primero, si sería posible juzgar a Jesús ante Pilato, azotarle, burlarse de él, y marcharle al sitio de la crucifixión antes de esta hora tan temprana. Segundo, el Evangelio de Juan todavía sitúa a Jesús con Pilato al mediodía (la sexta hora). No hay respuestas definitivas para estas cuestiones de la hora tan temprana de Marcos.

“Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDIOS” (v. 26). Según los líderes judíos, el crimen de Jesús es blasfemia – su declaración de ser el mesías. Según los romanos, el crimen de Jesús es haberse situado como Rey de los Judíos – un rival para César. Según Marcos, Jesús es ambos el mesías y el Rey de los Judíos, y la cruz es su trono. En el Evangelio de Juan, la cruz de Jesús se presenta como parte de su glorificación. Marcos no utiliza la palabra glorificación, pero así es como él piensa de la cruz.

“Y crucificaron con él dos ladrones, uno á su derecha, y el otro á su izquierda” (v. 27) – una alusión al Siervo que Sufre de Isaías 53:12, “por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.” Los dos ladrones podrían ser responsables de insurrecciones en vez de ser ladrones comunes.

Antes Santiago y Juan pidieron a Jesús, “Danos que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra” (10:37). Ahora Santiago y Juan no se ven por ninguna parte. Solo las mujeres están presentes, mirando a distancia (v. 40). Pedro ha negado a Jesús (14:66-72), y todos los demás le han abandonado. Los que se quedan (con excepción de las mujeres) están allí para crucificarle o burlarse de él. Cósmicamente, Jesús está solo.

Hay muchas razones para creer que Jesús fue crucificado. Una razón tiene que ver con la naturaleza vergonzosa de la crucifixión – ninguna muerte es más vergonzosa o degradante. “Que Jesús fuera crucificado no era algo que los primeros cristianos hubieran inventado para impresionar a sus contemporáneos” (Donahue & Harrington, 445).

La NRSV omite versículo 28. En algún momento, un escribano insertó Isaías 53:12 que se convirtió en v. 28, pero en los mejores manuscritos no se encuentra. Varias traducciones modernas lo omiten.

“Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo edificas, sálvate á ti mismo, y desciende de la cruz” (vv. 29-30). Transeúntes, sacerdotes, y ladrones se unen para la tercera y última burla de Jesús. Le retan a que se salve a si mismo y que baje de la cruz (v. 30). “Meneando sus cabezas” es un gesto de desprecio.

“Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á sí mismo no se puede salvar” (v. 31). De nuevo, estos versículos están llenos de ironía. Jesús no se puede salvar a si mismo ni puede bajar de la cruz sin abortar su misión de salvar el mundo. Es verdad que “no se puede salvar,” pero no porque está desamparado. Retan a Jesús que baje de la cruz para poder creer (v. 32). Esto demuestra su falta de fe – fe verdadera no requiere esas cosas.

“El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban” (v. 32). Aún los ladrones se unen con sorna, atormentando a Jesús (v. 33) – Marcos no incluye mención del buen ladrón que toma el lado de Jesús – solo Lucas cuenta esa parte de la historia.

MARCOS 15:33-39. VERDADERAMENTE ESTE HOMBRE ERA EL HIJO DE DIOS

33Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra (griego: gen – de ge, que significa terreno o tierra) hasta la hora de nona. 34Y á la hora de nona (griego: horas enates – la novena hora), exclamó Jesús á gran voz, diciendo: “Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani?” que declarado, quiere decir:“Dios mío, Díos mío, ¿por qué me has desamparado?” 35Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama á Elías. 36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio á beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías á quitarle. 37Mas Jesús, dando una grande voz, espiró. 38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de alto á bajo. 39Y el centurión que estaba delante de él, viendo que había espirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.

“Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona(v. 33). La oscuridad entre las doce y las 3 de la tarde es una alusión a Amos 8:9, “Y acaecerá en aquel día, dice el Señor Jehová, que haré se ponga el sol al mediodía, y la tierra cubriré de tinieblas en el día claro.” Hace pensar de una de las plagas de Egipto, en la que Dios hizo caer oscuridad sobre la tierra de Egipto, una oscuridad que se podía sentir (Éxodo 10:21). Es una señal escatológica, refiriéndose al juicio de Dios, no solo sobre Jerusalén o Israel, pero sobre todo el mundo (griego: gen).

Y á la hora de nona (horas enates – la novena hora), exclamó Jesús á gran voz, diciendo: “Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani?” que declarado, quiere decir: “Dios mío, Díos mío, ¿por qué me has desamparado?” (v. 34). Las palabras vienen de Salmo 22:1, un salmo que es a la vez el lamento del que sufre y la esperanza confiada en la vindicación. El salmista que pregunta porque Dios le ha abandonado también dice que Dios, “no menospreció ni abominó la aflicción del pobre, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó á él, oyóle” (22:24). Marcos cita el Salmo en arameo y después da el significado en griego.

Jesús, quien “se ha vaciado” de su gloria celestial (Filipenses 2:7) y ha tomado carne humana, ahora no solo sufre el dolor de sus heridas pero también el dolor de la soledad espiritual. Salmo 22:1 expresa ese tipo de soledad dolorosa, pero también expresa gran esperanza en Dios Salvador. Sus últimos versículos tienen tono de celebración. Los judíos que presenciaron la crucifixión y oyeron las palabras de Jesús conocerían bien Salmo 22 y entenderían que las primeras palabras sórdidas que Jesús citó solo sirven para preparar el escenario para la salvación de Dios.

Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama á Elías” (v. 35). Jesús ha tomado sobre si mismo todo el pecado del mundo, acompañado por todo el dolor que viene con el pecado. Ha rehusado el vino y la mirra para que pueda sentir el dolor en pleno. Experimenta toda la alineación que acompaña al pecado – alineación de las autoridades religiosas, transeúntes, ladrones – deserción de sus amigos – separación de Dios. Transeúntes confunden Eloi, Eloi, o deciden burlarse de Jesús una vez más, de nuevo interpretando esas palabras como Elías, la persona supuesta a ayudar aquéllos en desesperación. Pero, “para Marcos… Elías ya ha venido. No vino a rescatar a Jesús de la cruz, sino a preparar el camino que dirige a ella (9:11-13; 1:2, 14)” (Geddert, 379).

“Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio á beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías á quitarle” (v. 36). Una esponja de vino vinagroso puede ser un intento de aliviar el dolor de Jesús o para atormentarle aún más. El comentario sobre Elías, sin embargo, forma parte de la burla.

“Mas Jesús, dando una grande voz, espiró” (v. 37). “La mayoría de personas crucificadas se debilitaban más y más hasta que, gradualmente, expiran en silencio. El relato de Marcos sugiere que la muerte de Jesús fue violenta y repentina, y que aún se encontraba bastante fuerte en el momento de su muerte, y que de manera voluntaria y deliberada murió con el grito de uno victorioso (cf. Juan 19:30)” (Brooks, 262).

“Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de alto á bajo” (v. 38). Como la oscuridad, esta señal es escatológica, pero no estamos seguros de su significado. El templo tiene dos velos, uno entre el Lugar Sagrado y el Sagrado de los Sagrados y el otro entre la Corte de Israel y la Corte de las Mujeres. El primer velo tapa la entrada al Sagrado de los Sagrados – donde reside Dios. El sumo sacerdote es el único que puede pasar por él, y solo en el Día de Expiación. El segundo velo separa a los fieles masculinos de los femeninos. Si el primer velo es rasgado, esto señala que la muerte de Jesús ha roto la barrera entre Dios y los humanos – rompiendo la pared divisora (Efesios 2:14) – concediendo libre acceso a todos – y ésta es la interpretación usual. Si el segundo velo es rasgado, tiene “el carácter de una señal pública, comparable a la oscuridad que cubrió la tierra” (Lane, 574).

El centurión romano, al ver a Jesús morir, dice, “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios” (v. 39). Responde, no a señales como la oscuridad o el velo rasgado, sino a Jesús mismo. Este centurión, capitán de la escuadra que vigila a Jesús, ha visto gente morir, pero en la muerte de Jesús ve algo que no ha visto antes. Su comentario nos recuerda al comienzo del ministerio de Jesús, cuando los cielos se abrieron y la voz de Dios declaró, “Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento” (1:10-11) – así, el ministerio de Jesús comienza y termina con afirmaciones que él es Hijo de Dios. No nos sorprende esta declaración del centurión. Esta es la primera confesión de fe en este Evangelio, y es un presagio de lo que se acerca – la abertura del Evangelio a los gentiles.

MARCOS 15:40-41. MIRANDO DE LEJOS

40Y también estaban algunas mujeres mirando de lejos; entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé; 41Las cuales, estando aún él en Galilea, le habían seguido, y le servían; y otras muchas que juntamente con él habían subido á Jerusalén.

“Y también estaban algunas mujeres mirando de lejos; entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé” (v. 40). Mientras Jesús es crucificado, sus discípulos, los doce, no están por ninguna parte. A lo largo de este Evangelio, Marcos les ha presentado como infieles y ciegos. Las mujeres demuestran un contraste notable. No esperaríamos que aparecieran porque sería tan difícil ver a Jesús burlado y brutalizado – pero vienen y se quedan. Miran de lejos, y podemos estar seguros de que Jesús sabe que están ahí. Su presencia dice mucho de su amor. No pueden rescatar a Jesús, pero pueden estar con él en su momento más oscuro. Todos los demás le han atormentado o abandonado, pero estas mujeres permanecen fieles.

El papel de mujeres como testigos es extraordinario. Ley judía no reconoce el testimonio de ninguna mujer, pero ellas serán testigos de la crucifixión, el entierro (15:47) y la resurrección (16:4-6).

Marcos nos da los nombres de estas tres mujeres:

• María Magdalena es una mujer de la que Jesús ha echado demonios (16:9; Lucas 8:2). Tradición sugiere que ella puede haber sido una prostituta, pero no existen pruebas bíblicas que apoyan eso.

• María es la madre de Santiago y José. Marcos menciona los nombres de estos hombres como si fueran bien conocidos en la iglesia. Antes, Marcos nos dijo que dos de los hermanos de Jesús se llaman Santiago y José (6:3), entonces, es posible que esta María sea la madre de Jesús – pero sería más probable que Marcos la hubiera identificado así. Sabemos por el Evangelio de Juan que la madre de Jesús estaba presente en la crucifixión, como también lo estaban María Magdalena y María, la esposa de Cleofás (Juan 19:25).

• Salomé podría ser la madre de Santiago y Juan (véase Mateo 27:56).

Marcos nos dice que estas mujeres “estando aún él en Galilea, le habían seguido, y le servían” (v. 41). Limitadas por su género, había mucho que estas mujeres no podían hacer, pero encontraron mucho que sí podían hacer. En silencio, se dispusieron a cumplir la obra de Jesús. Marcos dice que había “otras muchas que juntamente con él habían subido á Jerusalén.” Esta es la primera vez que oímos de ellas.

MARCOS 15:42-47. Y LE PUSO EN UN SEPULCRO

42Y cuando fue la tarde, porque era la preparación, es decir, la víspera del sábado, 43José de Arimatea, senador noble, que también esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurión, preguntóle si era ya muerto. 45Y enterado del centurión, dio el cuerpo á José. 46El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, y revolvió una piedra á la puerta del sepulcro. 47Y María Magdalena, y María madre de José, miraban donde era puesto.

“Y cuando fue la tarde, porque era la preparación, es decir, la víspera del sábado, 43José de Arimatea, senador noble, que también esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (vv. 43-44).

Jesús murió a las tres de la tarde (v. 34). Es viernes por la tarde, y el sábado comenzará al bajar el sol, aproximadamente a las seis durante esta parte del año. Una vez comenzado el sábado, según ley judía, ya no será posible proceder con la preparación del entierro del cuerpo de Jesús. Cualquiera que haya preparado el funeral de un ser querido comprenderá la dificultad de bajar un cuerpo de una cruz, prepararlo, y enterrarlo en solo tres horas.

La costumbre general de Roma es dejar los cuerpos en la cruz como continuo aviso para quienes se atrevieran a romper la ley. Ley judía, sin embargo, requiere enterrar antes del anochecer a cualquier persona que haya sido colgada de un árbol. El propósito no es honrar el cuerpo, sino no ensuciar la tierra, porque “maldición de Dios es el colgado” (Deuteronomio 21:22-23). Si es pedido, Roma a veces entrega el cuerpo a la familia para ser enterrado – pero no si la persona fue condenada por traición. No obstante, Pilato está enterado de los sentimientos judíos en cuanto al entierro y, claramente, no está convencido de la culpabilidad de Jesús.

José de Arimatea es un “senador noble” (v. 43). Los cuatro Evangelios mencionan a José de Arimatea. El concejo del cual es miembro es el Sanedrín, el cuerpo gubernamental de los judíos. Los Evangelios nos dicen que José era un discípulo secreto “por miedo de los Judíos” (Juan 19:38) – que no había estado de acuerdo con el plan y la acción del concejo (Lucas 23:51) – que esperaba ansioso el reino de Dios (Marcos 15:43; Lucas 23:51) – que era rico (Mateo 27:57) – que “osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43) – que él y Nicodemo envolvieron el cuerpo de Jesús “en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar” (Juan 19:40) – que el lugar donde enterró a Jesús era “un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto” (Lucas 23:53) – que “lo puso en su sepulcro nuevo, que él había labrado en la peña” (Mateo 27:60) – y que revolvió la gran piedra para sellar la entrada del sepulcro (Marcos 15:46; Mateo 27:60).

Marcos nos dice que José va osadamente a Pilato para pedirle el cuerpo para el entierro – ¡OSADAMENTE! No hay ninguna duda que ha sido elegido a servir en el Sanedrín por el respeto que el pueblo tiene por su reputación. No es fácil establecer una reputación así, pero se necesita poco para comprometerla. José acepta gran riesgo personal al ir a Pilato para exigir el entierro de un hombre tan despiadado por sus compañeros del Sanedrín – un hombre crucificado por su traición a los romanos.

Un hombre ordinario encontraría difícil ganar acceso a Pilato, pero la posición de José como miembro del Sanedrín le da acceso.

“Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurión, preguntóle si era ya muerto. Y enterado del centurión, dio el cuerpo á José” (vv. 44-45). No es raro que una persona sufra dos o tres días en una cruz, pero Jesús solo vivió seis horas. Pilato llama al centurión para confirmar su muerte – presumiblemente el centurión que acaba de decir que Jesús es el Hijo de Dios. Habiendo confirmado la muerte de Jesús, Pilato le concede el cuerpo a José. Este incidente elimina cualquier duda de si Jesús de verdad estaba muerto. El centurión certifica la muerte, y José le entierra. Ninguno podría haber hecho lo que hizo si no estuvieran seguros de la muerte de Jesús.

“El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, y revolvió una piedra á la puerta del sepulcro” (v. 46). Dado el alto estatus de José, la dificultad de tratar un cuerpo muerto, y el corto tiempo disponible, es probable que José contratara sirvientes para bajar el cuerpo de Jesús de la cruz y prepararlo para el entierro. Marcos nos dice que envolvió el cuerpo en una sábana, significando un entierro de honor. Pone el cuerpo en un sepulcro cavado de una peña, y revuelve una piedra frente la puerta del sepulcro para proteger el cuerpo de animales o ladrones de tumbas.

“Y María Magdalena, y María madre de José, miraban donde era puesto” (v. 47). Dos de las mujeres que Marcos mencionó como testigos de la crucifixión en versículo 40 también presencian el entierro. Las tres serán testigos del sepulcro abierto (16:1-4).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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