Marcos 1:1-82018-11-14T19:52:05+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Marcos 1:1-8

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

MARCOS 1:1-8. JUAN EL BAUTISTA

El ángel Gabriel, el mismo ángel que pronto aparecería a María para anunciarle el nacimiento de Jesús, apareció a Zacarías, el padre de Juan, para anunciar el nacimiento de Juan (Lucas 1:5-25). La historia nos recuerda el anuncio del nacimiento de Isaac a Abraham y Sara, porque ambas parejas eran ancianas, fueron sorprendidas y, de alguna manera, dudaron. La madre de Juan, Elizabeth, era pariente de María, la madre de Jesús, y se embarazó de Juan seis meses antes que María se embarazara de Jesús (Lucas 1:36). Juan y Jesús de seguro se conocían bien, y deben haber jugado juntos cuando eran niños. Ser seis meses mayor le debe haber dado a Juan cierta ventaja en los primeros años, pero aparentemente él reconoció la superioridad de Jesús incluso antes de su nacimiento (Lucas 1:39-45).

El ángel que anunció el nacimiento de Juan ordenó que éste no tocara ninguna bebida alcohólica, y prometió que, incluso antes de su nacimiento, Juan sería lleno con el Espíritu Santo (Lucas 1:15). La prohibición sobre las bebidas es uno de los requisitos del voto de los Nazareos, y los otros requisitos eran que no se deberían cortar el cabello y que no deberían tocar un cadáver (Números 6:1-8). La mayoría de los votos de los nazareos se tomaban por un período de tiempo, pero (si Lucas 1:15 significa que Juan era un nazareo) entonces Juan fue uno de los pocos nazareos de toda la vida.

Juan fue criado en el desierto (Lucas 1:80), fue llamado por Dios en el desierto (Lucas 3:2), predicó en el desierto (Marcos 1:4), y casi de seguro fue capturado y muerto en el desierto. Su encarcelamiento y muerte fueron el resultado de su censura a Herodes por tomar como su mujer a la esposa de su hermano, Herodías, que tramó exitosamente para que se decapitara a Juan (6:16-29).

La misión de Juan fue preparar el camino para el Mesías – enderezar el camino (1:3). Lo hizo predicando en el desierto, donde atrajo grandes multitudes, llamando a la gente al arrepentimiento, bautizándolas, y proclamando a aquel de iba a venir.

Jesús dijo sobre Juan que éste era Elías (Mateo 17:12-13) y que “De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él” (Mateo 11:11).

MARCOS 1:1-3. ENVÍO A MI MENSAJERO DELANTE DE TU FAZ

1Principio (griego = Arche, principio) del evangelio (griego = euangeliou, buenas nuevas, buenas noticias, evangelio) de Jesucristo, Hijo de Dios. 2Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío á mi mensajero (griego = angelon, mensajero, ángel) delante de tu faz, Que apareje tu camino delante de ti. 3Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas.

Marcos comienza su Evangelio con un sonido de trompeta ¡Escuchen Esto! Va directo al punto y el asunto es “las buenas nuevas de Jesucristo, el Hijo de Dios”. Aunque Jesús Cristo, usados de esta manera, suenan como si fueran el nombre de pila y apellido, este no es el caso, Jesús es el nombre. Cristo es el título, y significa Mesías.

El pueblo judío esperaba que el Mesías fuera, no solamente del linaje del rey David, sino del mismo tipo – un gobernante fuerte que restablecería a Israel como una independiente y gran nación – un rey guerrero. En su evangelio, Marcos los desengañará sobre esta noción. Se dice comúnmente que la sombra de la cruz cae a lo largo de todo este evangelio. El Cristo sufriente al que revelará Marcos es muy diferente del rey guerrero que el pueblo judío esperaba. Sin embargo, este no es un libro sombrío. Marcos nos dice desde el principio que esta historia son Buenas Nuevas.

El uso de Marcos de la palabra evangelio nos dirige al uso de la palabra Evangelios para referirse a los cuatro libros del Nuevo Testamento que cuentan la historia de la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Marcos añade que Jesús es el Hijo de Dios. Este Evangelio está escrito para los gentiles, y el título, Cristo, no tiene la misma autoridad para los gentiles que para los judíos. El título Hijo de Dios, sin embargo, les dice algo a los gentiles sobre un ser todo poderoso. Al incluir los dos títulos, Cristo e Hijo de Dios, Marcos hace notar la autoridad de Jesús en términos que tanto judíos como gentiles pueden apreciar.

No debemos descartar la primera palabra de este Evangelio, “Principio” (griego = Arche). Se trae a la memoria el libro de Génesis, que comienza “En el principio”. Al igual que es libro describe el comienzo de toda la creación, este Evangelio describe la obra de salvación de Jesús Cristo: la culminación de la creativa relación de Dios con el mundo.

El principio, para este Evangelio, comienza con un bebé en un establo, pero con una palabra profética. La cita de Isaías establece que Jesús Cristo no es una actual componenda a la creación que se ha desviado, sino que siempre ha sido central al plan de Dios. Dado que este Evangelio está escrito para gentiles, Jesús no rechaza la obra de salvación que Dios ha hecho a través de los judíos, sino que lo completa.

Marcos identifica a Isaías como el autor de las palabras proféticas en los versos 2-3, pero estos versículos de hecho incorporan porciones de otros tres libros del Antiguo Testamento. Mateo y Lucas, que usan el evangelio de Marcos como una de sus fuentes principales, solamente cita la porción de Isaías (Mateo 3:3; Lucas 3:4). Las tres escrituras en Marcos 1:2-3 son los siguientes:

“He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca En el lugar que yo he preparado” (Éxodo 23:20). En el griego, angelos puede significar un mensajero angélico o humano. En Éxodo, Dios está enviando a un ángel para guiar al pueblo en su jornada por el desierto. En este Evangelio, el mensajero es Juan el Bautista (Marcus, 142).

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí… (Malaquías 3:1). Marcos reinterpreta el verso para identificar a Juan como Elías, que viene a preparar el camino para el Cristo (ver Malaquías 4:5 para la mención sobre Elías).

“Voz que clama en el desierto: Barred camino á Jehová: enderezad calzada en la Soledad á nuestro Dios” (Isaías 40:3). Isaías escribió este verso durante el exilio en Babilonia. El pueblo estaba desesperado, pero Isaías les habló sobre un nuevo éxodo. Esto, de hecho, sucedió cuando se le permitió regresar a su tierra a los exiliados judíos.

“He aquí yo envío á mi mensajero delante de tu faz” (v. 2). Juan no solamente proclama la llegada de Jesús, sino que también es el precursor de Jesús de diferentes maneras:

El desierto es importante para ambos en sus ministerios.

Ambos llaman al pueblo al arrepentimiento.

Ambos serán traicionados y arrestados (griego = paradidomi, traicionado, entregados, puestos en prisión). Marcos 1:14 nos dice del paradidomi de Juan, y 3:19; 9:31; 14:18 del paradidomi de Jesús (Brueggemann, 19-20).

El desierto (v. 3) es la clave para la historia de Israel. Es en el desierto que Dios prueba al pueblo y es en el desierto que el pueblo se rebela. Es en el desierto que Dios los salva una y otra vez, y el desierto es el crisol donde se convierten en una nación. El desierto es tanto la ruta a la Tierra Prometida como el lugar del exilio para quienes han decepcionado a Dios. Es un lugar donde el pueblo peca, y es el lugar donde se arrepiente para ser restaurados su relación correcta con Dios una vez más.

MARCOS 1:4-6. JUAN EL BAUTISTA APARECE EN EL DESIERTO

4Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados. 5Y salía á él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalén; y eran todos, bautizados por él en el río de Jordán, confesando sus pecados. 6Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.

Parece poco intuitivo que Juan fuera al desierto para proclamar su mensaje. ¿Por qué no ir a la ciudad, donde la gente vive? La respuesta es que el desierto tiene un significado especial para el pueblo judío, como ya lo mencionamos. La respuesta también es que Juan el Bautista es la encarnación del profeta Elías, que estaba asociado con el desierto (1 Reyes 17:2-3). Las escrituras prometían el regreso de Elías (Malaquías 4:5). La forma de vestir y la dieta de Juan lo unen a Elías. Después, Jesús nos dirá que Elías ha, en verdad, regresado: “y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él” (9:13). Esto claramente señala hacia Juan, cuyo arresto se menciona en 1:14.

Juan viene predicando “el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados” (v. 4). Existen dos tradiciones de las que el bautismo de Juan se puede derivar. Uan es el ritual de lavado con que el pueblo se limpiaba a sí mismo de la impureza espiritual. El ritual del baño fue especialmente importante en la comunidad de Qumram con la que Juan tal vez tuvo alguna conexión. La otra tradición es el bautismo de prosélitos gentiles convertidos al judaísmo, un rito de purificación de iniciación que se realizaba por inmersión.

Sin embargo, existen diferencias entre estas dos tradiciones y el bautismo de Juan. El baño ritual era auto-administrado, y un ritual frecuentemente repetido; pero Juan personalmente administra el bautismo como un rito de una sola ocasión. El bautismo de prosélitos era solamente para los gentiles, simbolizando la entrada como miembro del pueblo de Dios. Los judíos ya eran miembros del pueblo de Dios, y se asumía que no necesitaban bautismo alguno. El bautismo de Juan, sin embargo, es específicamente dirigido a los habitantes de Judea y de Jerusalén que vienen a escucharlo, y presumiblemente todos eran judíos.

Es muy probable que Juan pida prestadas ambas tradiciones (el lavado ritual y el bautismo de prosélitos), pero establece su propio bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Podemos estar seguros que Juan nunca se paralizó y llegó a la inacción por falta de precedentes. Las palabras “nunca antes lo hemos hecho de esa manera” seguramente nunca salieron de sus labios.

El bautismo de Juan es de arrepentimiento. Tendemos a pensar en el arrepentimiento como un sentimiento de culpa sobre nuestros pecados, pero la culpa solamente es el comienzo, si es eso. La palabra griega metanoia, significa un cambio de mentalidad. Cuando aprendemos una nueva y mejor manera de pensar, respondemos naturalmente actuando de acuerdo con nuestras nuevas creencias. Si nuestra anterior manera de pensar hería a los otros o a nosotros mismos, lo más seguro es que sintamos pena de haber caminado por esos senderos y culpables por el mal que causamos. En ese sentido, la culpa es parte del arrepentimiento, pero la culpa es un producto adicional más que su núcleo. Jesús también llamará al pueblo al arrepentimiento (1:15).

Han pasado más de trescientos años desde que un profeta estuvo activo en Israel, y el pueblo pensaba que la época de los profetas había pasado. Ahora, sabiendo de Juan el Bautista y su proclamación en el desierto, volaban para escucharlo. “Todo el pueblo de Jerusalén” (v. 5) claramente es una hipérbole (exageración para provocar un efecto), pero igual de claro significa que el pueblo de Jerusalén eran llevados en masa a escuchar a este nuevo profeta, que fue prometido (Malaquías 4:5), pero que a pesar de todo aparece inesperadamente.

La gente no solamente está dispuesta a ir al desierto para escuchar a Juan, sino que también el desierto es parte de la atracción. La gente de la gran ciudad sueña con el campo: un lugar idílico, quieto, pacífico, inocente en comparación con la ciudad. Llevados a la ciudad por la promesa de dinero y emoción, se encuentran a sí mismos anhelando aquello que dejaron atrás: vecinos no calculadores, amistades sin complicaciones, verdad no barnizada, precios no inflados, y estilo de vida sin pretensiones.

El lugar de Juan en el desierto lo identifica, no solamente con la historia de la salvación judía, sino también con la frescura que hace posible para el pueblo arrepentirse y deshacerse de sus pecados. Irónicamente, la gente que era atraída por la emoción de la ciudad, solamente para encontrar muchas de las promesas vacías, ahora se encontraba atraída a la emoción de un nuevo profeta en el desierto, cuya predicación prometía ser más perdurable. Ellos iban a “confesar sus pecados” buscando el bautismo (v. 5).

La descripción de Juan, “vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos,” claramente intenta identificarlo con Elías, al que el Antiguo Testamento describe como un “varón velloso, y ceñía sus lomos con un cinto de cuero” (2 Reyes 1:8).

• La dieta de Juan de langostas y miel silvestre también lo coloca en la tradición profética: el profeta Daniel declinó la dieta real y prefirieron las verduras y agua (Daniel 1:8-16). La Torá coloca a las langostas como alimento permisible, la palabra moderna es kosher (Levítico 11:22). La tradición judía no clasificaba a la langosta como carne, que le venía bien a un asceta como Juan el Bautista (ver Mateo 11:18; Lucas 7:33) (Marcus, 161).

• También, la confrontación de Juan con Herodes Antipas (6:18) es una reminiscencia de la confrontación de Elías con Acab (1 Reyes 18). En ambos casos, fueron las esposas las que probaron que eran realmente peligrosas. Aunque Jezabel falló en su intento para matar a Elías (1 Reyes 19), de cualquier manera lo espanto bastante. Herodías tuvo éxito en su intento para matar a Juan el Bautista (6:16-29).

MARCOS 1:7-8. UNO VIENE TRAS DE MÍ

7Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. 8Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.

El pueblo se agolpaba para escuchar a Juan, pero Juan re-dirige el foco de atención a quien está por venir. Juan identifica a ese alguien como más poderoso que Juan, algo que no es insignificante dado el gran poder carismático de Juan. Nadie había visto poder profético como el de Juan por tres siglos – ninguna persona viviente había visto tal poder – y Juan dice que su poder es nada comparado con el de quien está por llegar.

Es una tarea para esclavos, pero no los esclavos judíos. Solamente a los esclavos gentiles se les requería realizar tal servicio (Edwards, 33). Cuando Juan dice que es indigno de desatar las correas de sus sandalias de alguien que le sigue, él está diciendo que la distancia social entre él y el que viene “es más grande que la que hay entre un maestro y un esclavo” (Perkins, 533). El punto es que la estatura de Juan no es pequeña, sino que la de aquel que viene es muy grande.

“Os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo” (v. 8). Esta no será la primera vez que el pueblo judío habrá recibido el Espíritu Santo en el desierto. Durante el éxodo, Dios “puso en medio de él su espíritu santo” (Isaías 63:11), y “el Espíritu de Jehová los pastoreó” (Isaías 63:14). Ahora, después de siglos de no tener profetas, de una historia sin espíritu, Juan promete que Jesús los bautizará (sumergirá, abrumará) con el Espíritu Santo. Es una promesa verdaderamente emocionante, ¡Buenas Nuevas de Dios, seguramente!

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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