Lucas 8:26-392018-12-05T06:30:05+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Lucas 8:26-39

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

THE CONTEXT.

Mateo 8:29 – 9:1 y Marcos 5:1-20 también documentan este incidente. El relato de Mateo es más corto e incluye a dos demoníacos, mientras que el relato de Marcos se parece más al de Lucas. Ambos Marcos y Lucas lo presentan como el segundo de cuatro milagros que muestran la autoridad de Jesús. También representan cuatro tipos de milagros:

• El milagro de la naturaleza: Calmar la tormenta (Lucas 8:22-25; Marcos 4:35-40),

• El exorcismo: El demoníaco Gadareno (Lucas 8:26-39; Marcos 5:1-20),

• La resucitación: Sanar a la hija de Jairo (Lucas 8:40-42, 49-56; Marcos 5:21-23, 35-43),

• El sanar: Sanar a la mujer que sufre de una hemorragia (Lucas 8:42b-48; Marcos 5:24-34).

Existen paralelos interesantes entre estos milagros y los de Lucas 4:31-44:

• Ambos incluyen un exorcismo, y el discurso del demonio en 4:34 se parece al discurso del demonio en capítulo 8:28.

• Los milagros en capítulo 4 se refieren a Jesús predicando en las sinagogas (4:42-44) y la llamada de Jesús de los primeros discípulos (5:1-11) – y sus milagros en capítulo 8 se dirigen hacia la comisión y la proclamación del hombre que había sido poseído por un demonio (8:39) y la comisión de los doce (9:1-6).

LUCAS 8:26. LA TIERRA DE LOS GADARENOS

26Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.

Lucas 8:26 y Marcos 5:1 se refieren a la provincia de los Gadarenos, mientras que Mateo 8:28 se refiere al país de los Gergesenos. Ambas ciudades quedan a varias millas del Mar de Galilea, el lago donde se ahogarán los puercos en v. 33, pero la provincia de los Gadarenos queda mucho más cerca y seguramente tiene territorio que llega al agua.

Esta tierra está “delante de Galilea” tanto espiritual como geográficamente. Es tierra de gentiles, y es el único relato en este Evangelio donde Jesús viaja a territorio gentil. En su obra de dos volúmenes, los Hechos de los Apóstoles, Lucas revelará, de forma gradual, la preocupación de Dios por los gentiles. En 7:1-10, Jesús sanó al esclavo de un centurión, pero lo hizo tras la súplica de los ancianos judíos que anotaron que el centurión les había construido una sinagoga. Ahora, Jesús entra en territorio gentil sin ser invitado.

LUCAS 8:27. NO VESTÍA VESTIDO Y VIVÍA ENTRE LOS SEPULCROS

27Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.

El hombre vive entre los sepulcros, desnudo y como un animal. Hasta los animales viven en familias o rebaños, pero este hombre vive solo. Judíos piensan de las tumbas como morada de los demonios y las consideran inmundas. Puercos, por supuesto, también son inmundos y aborrecibles para los judíos (Lev. 11:7; Deut. 14:8).

La referencia a demonios nos incomoda. Descartamos los demonios como una creencia primitiva, algo como creer en un mundo plano. “En nuestro día, nos hemos acostumbrado a atribuir calamidades y desordenes a las fuerzas de la naturaleza más que a los problemas mentales o emocionales que llevamos en nuestro interior. El remedio no es el exorcismo, sino consejería o medicamentos” (Culpepper, 188).

Pero no debemos apresurarnos a clasificar los malestares espirituales como si fueran de carácter médico o social. Cualquier lectura de historia contemporánea revelará una maldad tan abrumadora que nos pondríamos cegueras si lo llamáramos por cualquier otro nombre. ¿Era Hitler un hombre mentalmente turbado o simplemente malvado? ¿Se hubieran solucionado mejor los problemas de Stalin con terapia o con exorcismo? ¿Podría un psiquiatra o farmacéutico haber encaminado bien a Idi Amín? ¿Habría Pol Pot sido menos matador si hubiera gozado de mejor educación?

LUCAS 8:28-29. RUÉGOTE, NO ME ATORMENTES

28El cual, como vio á Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes. 29(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)

Los discípulos preguntaron, “¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?” (8:25), pero, irónicamente, los demonios conocerán a Jesús como “Jesús, Hijo del Dios Altísimo” (8:28). Los demonios son poderosos – de manera peligrosa – pero su solicitud a Jesús (“no me atormentes”) demuestra que saben que Jesús es aún más poderoso.

Los vecinos Gergesenos del demoníaco le mantenían preso con cadenas y grillos, pero los demonios le ayudaron a escapar. Sin embargo, la libertad que los demonios le dan es una libertad falsa. Solo sirve para aumentar la deshumanización y el aislamiento del hombre. Corre desnudo e inconteniblemente, una presencia incontrolable y temerosa, y vive entre los muertos en vez de los vivos.

Hoy podemos ver un fenómeno similar entre aquéllos cuyas adicciones les destruyen física, mental, emocional, social, y espiritualmente. Como el demoníaco, viven marginados – en las calles o bajo los puentes – aislados de la comunidad. Son libres de trabajos de 9 a 5, y códigos de vestir – libres de pagos de alquiler y reparaciones de coches – libres de no obedecer las normas culturales. Pero, en lo que verdaderamente cuenta, son los menos libres de todos nosotros.

El demoníaco (o los demonios que hablaban por su voz) le suplica a Jesús que no le atormente (v. 28), porque Jesús ha mandado a los espíritus inmundos que salgan de él (v. 29). A pesar de lo horrible que nuestros demonios sean, estamos acostumbrados a ellos y nos cuesta dejarlos ir. Consejeros conocen la frustración de trabajar con gente que se aferra a sus demonios – gente que, a pesar de su miseria, rehúsa cambiar su comportamiento auto-destructivo. Vemos este principio funcionando en congregaciones cristianas, descontentos por su inhabilidad de atraer a gente nueva pero que, al mismo tiempo, se aferran a las viejas costumbres que les mantienen marginados.

LUCAS 8:30-31. ¿QUÉ NOMBRE TIENES?

30Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos Demonios habían entrado en él. 31Y le rogaban que no les mandase ir al abismo (griego: abusson).

Una legión es una patrulla romana de unos seis mil soldados, y simboliza las “fuerzas de ocupación romanas cuyo poder era abrumador y cuya presencia significaba una pérdida de control sobre cada dimensión de su propia sociedad” (Nickle, 120).

“Legión” (v. 30). La respuesta del demoníaco nos demuestra la capacidad de las fuerzas en contra de Jesús – muchas y poderosas. También revela que el hombre ha perdido su identidad a sus demonios. Lleva su nombre y está bajo su poder.

Eruditos mencionan una creencia primitiva que el conocer el nombre de una persona puede conferirle poder sobre esa persona, y sugieren que Jesús le pregunta al demonio su nombre para ganar el poder sobre ellos. Jesús, sin embargo, no necesita su nombre para ganar poder. Él ya tiene poder sobre ellos – el poder del “Hijo del Dios Altísimo” (v. 28) – éste es un hecho demostrado por los demonios cuando le ruegan a Jesús que no les atormente (v. 28) o que les mande al abismo (v. 31).

La palabra griega (abusson), traducida como “abismo” en v. 31 se traduce como “pozo sin fondo” en el libro de Revelaciones (Rev. 9:1; 11; 11:7; 17:8; 20:1, 3), y es el lugar donde las fuerzas demoníacas han de ser exiliadas para que ya no puedan regir sobre seres humanos. Los demonios del demoníaco le piden a Jesús que no les “mandase ir al abusson.” Esto sugiere que el abismo es un lugar que ya conocen – su hogar natural, quizá. Pablo utiliza la palabra abusson para hablar de la morada de los muertos (Rom. 10:7).

LUCAS 8:32-33. SE ARROJARON AL LAGO Y SE AHOGARON

32Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. 33Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.

Ya que Jesús no permite que los demonios permanezcan en el hombre, le preguntan si pueden residir en otros seres vivientes. Los puercos son lo más lógico, puesto que ya se consideran inmundos (Lev. 11:7; Deut. 14:8). Jesús se lo permite, pero los puercos no les pueden salvar. En vez, la presencia demoníaca les hace correr hacia su propia destrucción (y así causando la destrucción de los demonios) en el abismo del mar.

Gente moderna tiende a preocuparse por el desastre económico que representa la muerte de los puercos para sus dueños y también por el destino de los mismos animales. A los autores de los Evangelios, sin embargo, poco les preocupaban los puercos o sus dueños.

LUCAS 8:34-37. TENÍAN GRAN TEMOR

34Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades. 35Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo. 36Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado (griego: esothe – de sozo – salvado) aquel endemoniado. 37Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse.

“Hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús” (v. 35). Esta imagen de “después” se contrasta dramáticamente con la imagen de “antes.” Este hombre que antes era “agitado del demonio por los desiertos” (v. 29) ahora se sienta pacíficamente a los pies de Jesús. Estaba desnudo, pero ahora está vestido. Había sido controlado por un comportamiento salvaje y auto-destructivo, pero ahora está “en su juicio.”

“Y tuvieron miedo” (v. 35). Nos sorprende su respuesta. ¿Por qué la gente local no se alegra de la liberación de este hombre de los demonios? ¿Por qué tienen miedo?

• Por un lado, Jesús ha llevado a sus vecinos, los dueños de los puercos, a la bancarrota y no están seguros de quién les seguirá.

• Después está el asunto de un poder incontrolable a su alrededor. Como el fuego, puede ser beneficioso, pero también puede destruir. ¿Qué hará Jesús ahora? ¿Cómo les afectará?

• También existe el asunto de la rutina alterada. Como el demoníaco, los Gergesenos están acostumbrados a tratar con demonios. Sí, el hombre estaba loco, pero vivía fuera de la vista de todos y entre las tumbas. Ahora que está “vestido, y en su juicio” (v. 35), tendrán que encontrar un lugar para él en su aldea. ¿Le dará su familia la bienvenida? ¿Se habrá vuelto a casar su mujer? ¿Habrán hecho sus hijos las paces con su ausencia? ¿Cómo se ganará la vida? ¿Volverá a ser peligroso? ¿Se enamorará de él alguna de sus hijas? ¡Jesús resolvió un problema pero abrió la puerta para mil nuevos!

Claro que ésta no es la primera vez que este Evangelio presenta a gente temerosa en la presencia del poder de Dios. Los pastores se aterrorizaron al aparecer los ángeles (2:9). Los discípulos temían cuando Jesús calmó los mares – temían aún más su poder sobre el mar que el poder del mar sobre ellos (8:25). Las mujeres en la tumba temieron al enfrentarse con dos hombres en ropas resplandecientes (24:5).

“Había sido salvado aquel endemoniado” (griego: esothe – de sozo – salvado) (v. 36). Lucas presenta esto como el sanar del hombre entero – físico, mental, emocional, social, y espiritual. Jesús ha salvado a este hombre en todas las maneras que él lo necesitaba.

“Entonces toda la multitud… le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor” (v. 37). Mientras que podemos entender su miedo, nos da pena su respuesta. Tienen una elección – no deben permitir que su miedo dicte sus decisiones. Los pastores temerosos no les pidieron a los ángeles que se fueran. Los discípulos temerosos no le pidieron a Jesús que dejara su barco. Los Gergesenos podían celebrar el poder de Dios a su alrededor pero, en vez, satisfacen su miedo.

“Y él, subiendo en el barco, volvióse” (v. 37). Jesús no se impondrá sobre gente que indispuesta.

LUCAS 8:38-39. MAS JESÚS LE DESPIDIÓ

38Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo: 39Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.

Una vez libre de sus demonios, el hombre ya no teme a Jesús, y le ruega que le permita irse con él. Jesús, sin embargo, le manda a su casa para que predique a la gente que mejor le conoce – para hacerse “un misionero local” (Bock, 157). Jesús, por lo tanto, comisiona a este gentil aún antes de comisionar a los doce (9:1-6).

Las instrucciones de Jesús para este hombre no se parecen a su práctica general de decirle a la gente que mantenga silencio después de ser sanada. El testimonio de este hombre será un ministerio continuo entre los gentiles, que todavía no están preparados para recibir a Jesús entre ellos, pero que tampoco pueden ignorar el cambio en la vida de este hombre.

El hombre obedece, proclamando “cuán grandes cosas ha hecho Dios conmigo” (v. 39). A menudo nos sentimos empujados hacia una vocación que no es la que hubiéramos escogido. En estos momentos es importante escuchar con cuidado y obedecer la llamada a la que hemos sido llamados. Es mejor ser un portero en la casa del Señor que ser un príncipe o princesa en cualquier otro lugar – a no ser que Dios nos haya llamado para ser príncipe o princesa.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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