Lucas 7:36 – 8:32018-09-28T12:25:21+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Lucas 7:36 – 8:3

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 7:36 – 8:3. UN RESUMEN

Los cuatro Evangelios contienen relatos del ungir de Jesús por parte de una mujer (véase Mateo 26:6-13; Marcos 14:3-9; Juan 12:1-8). El relato de Lucas, sin embargo, es suficientemente distinto como para tratarlo como un incidente separado en vez unirlo a los otros relatos:

• El ungir en los otros Evangelios toma lugar muy tarde en el ministerio de Jesús, preparando a Jesús para su entierro con este ungüento. En el relato de Lucas este evento toma lugar mucho antes.

• En los otros Evangelios, el ungir toma lugar en Betanía de Judea. En el relato de Lucas, el lugar no se nombra pero, recientemente, Jesús ha estado en Capernaum (7:1), lo que nos hace pensar que toma lugar en Galilea.

• En Mateo y Marcos el anfitrión es Simón el leproso, mientras que en el relato de Lucas es Simón el fariseo. Aunque sea posible que se refieran al mismo hombre, es improbable que Marcos no mencione que es leproso y que Lucas no mencione que es fariseo. El hecho que es fariseo es importantísimo para el relato de Lucas.

• Los otros Evangelios no relatan el comportamiento más provocativo de la mujer, el llanto, el beso, y el secar los pies de Jesús con su cabello. Es difícil imaginar que no incluyeran estos detalles tan dramáticos si no se tratase del mismo incidente.

• La objeción que aparece en los otros Evangelios se trata del cuidado de un ungüento caro pero, aquí, se trata de la reputación de la mujer como pecadora y el fallo de Jesús al no repudiar sus acciones.

• Los otros Evangelios no incluyen la parábola de los deudores (vv. 40-42) y no enfatizan el perdón de los pecados, el cual es un asunto central en el relato de Lucas.

Es importante recordar el contexto:

Primero, este capítulo ha “sido dedicado a presentar a Jesús como uno más grande que un profeta” (Culpepper, 168).

• Jesús conoce los pecados de la mujer, que podríamos atribuir a simple observación por su parte.

• También conoce los pecados de su anfitrión, Simón el fariseo. Esto le hace profeta. La mayoría de la gente no puede ver lo que hay bajo la fina capa del respeto que él recibe.

• Jesús perdona el pecado (v. 47), lo cual le hace más grande que un profeta.

Segundo, en versículo 34, Lucas establece que Jesús ha sido criticado como “un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publícanos y de pecadores.” Este relato confirma que Jesús es, de cierto, amigo de pecadores, un tema que aparece varias veces en Lucas.

LUCAS 7:36-39. LA CENA EN LA CASA DEL FARISEO

36Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa. 37Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, 38Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento. 39Y como vio esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.

Jesús critica los fariseos frecuentemente (Mateo 23:13-29; Lucas 11:39), y los fariseos están entre sus más determinados opositores. Como resultado, tendemos a pensar de los fariseos como maldad encarnecida, pero esa manera de pensar no muestra el cuadro completo.  Por ejemplo:

• En Lucas 13:31, fariseos le advirtieron a Jesús que Herodes pensaba matarle.

• En Juan 3, Nicodemo, un fariseo, viene a Jesús por la noche y le dice “Rabí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.”

• Aquí, como también en Lucas 11:37 y 14:1, fariseos invitan a Jesús a cenar. Sin embargo, debemos anotar que, en cada una de estas ocasiones, critican a Jesús y Jesús responde con una reprensión directa.

• Los fariseos “eran intensamente religiosos, cuidadosamente guardando cada detalle de la ley. De hecho, su punto de vista apenas varía del de los muchos ‘pilares de la iglesia’ que existen hoy. Creían que su salvación dependía de guardar la ley de Dios, apartándose de aquéllos que no seguían los mismos estándares que ellos” (Horn, 31).

“Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él” (v. 36). Jesús es un joven profeta de creciente reputación, por eso, parece natural que Simón le invite a cenar. Conseguir a un invitado del cual todo el pueblo está hablando siempre es un éxito. Eso no significa que Simón patrocina a Jesús. Es más, su falta de cortesía común muestra su ambivalencia.

“Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad… trajo un alabastro de ungüento” (v. 37). Cenas de este tipo son eventos abiertos con los invitados principales sentados alrededor de la mesa y transeúntes bienvenidos a venir y observar desde el fondo. Los observadores pueden esperar oír una conversación erudita y animada. La mayoría de la gente presente, sean invitados u observadores, serán hombres, pero una mujer también podría entrar fácilmente.

“Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando” (v. 38). Los invitados se sientan en almohadas con la cabeza junto a la mesa y los pies extendidos hacia atrás – por eso la proximidad de la mujer a los pies de Jesús. Lo más probable es que ella hubiera tenido una experiencia previa con Jesús en la que él le cambió la vida, y sus lágrimas son lágrimas de gratitud por su redención. Este caso encaja bien con la más tardía declaración de Jesús, “Tus pecados son perdonados” (o “han sido perdonados” – en griego es el tiempo perfecto, señalando a una acción completada).

Las acciones de la mujer de cierto son provocativas, particularmente si ha sido prostituta:

• El llanto sugiere emociones incontrolables causadas por quién sabe qué.

• La costumbre prohíbe que una mujer lleve el pelo suelto en presencia de cualquier hombre que no sea su esposo, y a esposos se les permite divorciarse de sus mujeres si rompen esta regla.

• El besar los pies de Jesús y ungirlos con aceites sugiere aún más emociones incontrolables.

Aquéllos alrededor de la mesa deben estar como locos, preguntándose qué tipo de relación existe entre esta mujer pecadora y el joven profeta. También es posible que uno o dos de los hombres sentados a la mesa conozcan a la mujer profesionalmente y que temen cobardemente que ella les delate por atención.

Y Jesús no hace nada para rechazar a la mujer. Ése es el escándalo aquí.

“Este, si fuera profeta” (v. 39). Simón se mantiene “puro,” y espera que los demás líderes religiosos hagan lo mismo. Le da vergüenza el comportamiento provocativo de la mujer pecadora y se queda asombrado de ver que Jesús no hace nada para rechazarla. Debe estar ofendido, particularmente porque comete estas indiscreciones en su mesa. Para comprender el nivel de su descontento, imagine dar una cena elegante para invitados especiales y que sea interrumpida por tal comportamiento. O, imagínese ver a su esposo acosado de esta manera.

Simón concluye que Jesús, por no rechazar a la mujer, no puede ser un profeta. O Jesús no sabe que esta mujer es una pecadora o no le importa. Cualquiera de estas dos razones le descalifica como profeta. Esto va al corazón de esta parte del Evangelio de Lucas, que intenta demostrar que Jesús no es solamente un profeta, sino que es más grande que un profeta.

Anote la preocupación de Simón por “quién y cuál es la mujer que le toca” (v. 39). Simón califica la gente y se relaciona con ella según su situación en la vida, pero Jesús ve la gente como individuos y se relaciona con ellos como seres humanos.

Jesús le pregunta a Simón “¿Ves esta mujer?” (v. 44). Simón no contesta la pregunta retórica, pero una respuesta honesta sería “No.” Simón ve la reputación que la precede. Ve su mal comportamiento. Ve la interrupción de su cuidadosamente planeada cena. Ve el fallo del joven profeta al no responder adecuadamente. Ve muchas cosas, pero no ve a la mujer. No ve que ella ha cambiado.

LUCAS 7:40-47. ES PECADORA

40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro. 41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más? 43Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. 45No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies. 47Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados (griego: apheontai – tiempo perfecto), porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.

Simón mantiene privada su opinión de Jesús, pero Jesús, porque es profeta, conoce el corazón de Simón. Fíjese en la ironía aquí. Simón cree que Jesús no es un profeta porque no conoce el corazón de esta mujer, pero Jesús demuestra que sí es un profeta al conocer el corazón de Simón. En v. 40, Simón se dirige a Jesús como “Maestro.” Desde ese momento, Jesús continúa enseñándole a Simón.

Jesús ofrece una parábola o adivinanza. Un acreedor tenía dos deudores: uno que le debía dos meses de paga y otro que le debía diez veces más. El acreedor perdonó a los dos. “¿Cuál de éstos le amará más?” (v. 42).

Anote la respuesta precavida de Simón. “Pienso,” él dice (v. 43). Él sabe que tiene un problema, pero no puede encontrar una salida. Si admite que el que es perdonado más ama más, él pierde. Jesús solo tiene que decir lo obvio. La mujer está agradecida, habiendo sido perdonada por mucho, mientras que Simón es desagradecido, habiendo sido perdonado por menos.

Jesús anota que la mujer ha revestido el fallo de Simón – su pecado (vv. 44-47). Como anfitrión, Simón es responsable por la cortesía hospitalaria – agua – beso – ungir. Falló al no ofrecer éstos, demostrando una seria deficiencia.

Muchos eruditos consideran las acciones de Simón como “correctas, pero ‘solo correctas’ (Schurmann, citado en Nolland). Creen que la triple negligencia de Simón, aunque deficiente, no viola ningún código esencial. Sin embargo, Kenneth Bailey, un erudito del Nuevo Testamento que pasó cuarenta años viviendo y enseñando en el Medio Oriente, presenta un cuadro muy diferente. Anota que Simón le llama a Jesús “Maestro,” el equivalente de llamarle “Rabí” (v. 40) – así anotando que Jesús se merece el más alto nivel de hospitalidad. Después dice que el fallo de Simón al no proveer agua para los pies de Jesús ni tampoco un beso de saludo constituye “una señal de desprecio, o al menos una señal de pertenecer a un nivel social más alto” (Bailey, 5, citando Tristram). Concluye, “Está claro que los ritos aceptables para dar la bienvenida al invitado no son simplemente olvidados… sino que han sido cruelmente omitidos por un anfitrión que juzga” (Bailey, 5).

Al máximo, entonces, la hospitalidad de Simón ha sido aburrida y sin entusiasmo. Al mínimo, ha constituido una falta deliberada y calculada para despreciar a su invitado – un fallo casi innombrable para un anfitrión del Medio Oriente.

Por supuesto, la verdadera deficiencia de Simón no es la falta de atención como anfitrión, sino su orgullo espiritual. Trabaja tanto para obedecer la ley de Dios que él mismo ya no se ve como pecador. Ve el gran abismo que le separa a él de la mujer pecadora, pero no se puede imaginar el gran abismo que le separa a él de Dios. Si él se percibiera como necesitado de la gracia de Dios, no se imagina que lo necesite mucho. La mujer, al contrario, está en tal estado espiritual que Simón no puede imaginarse su redención. ¿Qué puede Dios hacer con tal persona? ¿Por qué se molestaría Dios?

La gran diferencia entre la mujer y Simón no es que ella hubiera sido peor pecadora que él – es posible que no lo hubiera sido – sino que ella se ha dado cuenta de la realidad de su pecado de una manera verdadera y profunda” (Knox, 145).

V. 47 es incómodo, porque da la impresión de que la mujer ha sido perdonada porque ama – que su perdón viene de lavar, besar, y ungir los pies de Jesús. Pero lo contrario es verdad. Ella ama (lava, besa, y unge) porque ha sido perdonada. Ésa es claramente la secuencia de eventos en la parábola de Jesús (vv. 41-42) – el amor sigue al perdón – y es a esa parábola a la que Jesús señala con su “Por lo cual” al comienzo de v. 47.

LUCAS 7:48-50. LOS PECADOS TE SON PERDONADOS

48Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados (griego: apheontai han sido perdonados). 49Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? 50Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

Jesús le dice a la mujer, “Los pecados te son perdonados” (‘han sido perdonados’ – tiempo perfecto, señalando una acción completada) (v. 48). Los que estaban en la mesa preguntaron, “¿Quién es éste, que también perdona pecados?” (v. 49). Su comentario es comprensible. Solo Dios puede perdonar pecados. A no ser que Jesús esté actuando con la autoridad de Dios, se ha pasado gravemente. Sus palabras aquí son tan provocativas como las acciones de la mujer durante la cena.

Algunos eruditos creen que Jesús hace este anuncio de perdón para asegurar a la mujer, pero Green piensa que lo hace para comunicarle a Simón y a los demás que están sentados a la mesa el nuevo estado perdonado de la mujer (Green, 313-314). Han criticado a la mujer porque es pecadora, y Jesús quiere que ellos sepan que ha sido perdonada – que ya no es culpable – que ya es capaz de ser incluida al lado de los demás invitados – que debe ser restaurada en comunidad de la misma manera que un leproso es restaurado una vez que el sacerdote le declare limpio. Podemos hasta decir que Jesús, al anunciar el perdón de esta mujer, está cumpliendo la función sacerdotal de restaurarla en la comunidad.

Jesús le dice a la mujer,“Tu fe te ha salvado, ve en paz” (v. 50). Fe trajo la mujer a Jesús. Fe abrió la puerta del perdón y la salvación. Fíjese que Jesús no le dice a Simón que él también ha sido perdonado. No es que Simón no necesite el perdón, sino que su corazón no está dispuesto a recibirlo. Esta historia recuerda a la parábola del fariseo y el publicano. El publicano estaba tan avergonzado que no quería subir los ojos al cielo, pero el fariseo dio gracias por no ser tan pecador como el publicano. Jesús dijo: “Os digo que éste (el publicano) descendió á su casa justificado antes que el otro (el fariseo); porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado” (Lucas 18:14).

No debemos pensarnos inmunes a este tipo de orgullo espiritual. Al estudiar esta parábola, el peligro es que nos encontremos dando gracias por no ser como los fariseos, llenos de orgullo.

LUCAS 8:1-3. MUJERES PROVEYENDO DE SUS HACIENDAS

1Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, 2Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, 3Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.

Estos versículos también son de mujeres que han sido sanadas y restauradas por Jesús (v. 2). Evans sugiere tres razones por las que Jesús incluye estas mujeres aquí:

• “Para demostrar que las mujeres que atestiguaron la crucifixión (Lucas 23:49) y la tumba vacía (24:10; 22, 24) habían estado con Jesús desde su ministerio en Galilea (que, en efecto, cumple con las calificaciones de un apóstol en Hechos 1:21-22.”

• “Para mostrar la influencia de las mujeres en el ministerio de Jesús y de la iglesia.”

• “Para demostrar que la liberación financiera es una marca del discípulo” (Evans, 122-123).

Los doce están presentes en esta misión de predicación (v. 1), pero ninguno se menciona por nombre. Tres mujeres, María Magdalena, Juana, y Susana, sin embargo, sí son nombradas y se nos dice que había muchas otras (v. 3). Estas mujeres han sido curadas de malos espíritus y de enfermedades (v. 2), lo cual las haría particularmente devotas a Jesús (otra conexión con la mujer en la historia que precede).

Aunque las mujeres sean subordinadas en esa sociedad, hacen un papel muy importante en este Evangelio desde el principio, y continuarán cumpliendo un papel importante en la secuencia de Lucas, los Hechos de los Apóstoles.

Lucas anota que Juana es la esposa de Chuza, procurador de Herodes, una etapa significante en la vida. Las mujeres “le servían de sus haciendas” (v. 3). Mientras que podemos interpretar su papel como subordinado, también podemos verlas en un papel más elevado y honorado.

Sería interesante conocer el impacto que ha tenido la mujer a favor de Cristo en el último siglo, por medio de recursos que ha reunido y el testimonio que ha proveído. ¿A cuántos misioneros ha capacitado para ir a tantos lugares por el mundo? ¿A cuántas personas sin hogar ha alojado? ¿A cuánta gente hambrienta ha dado de comer? ¿Cuánta hermandad cristiana ha logrado? ¿Cuántas puertas de iglesias están abiertas por su generosidad? ¿Cuánta gente conoce a Dios gracias a sus esfuerzos?

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Bailey, Kenneth E., Poet & Peasant and Through Peasant Eyes: A Literary-Cultural Approach to the Parables in Luke (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1976)

Bock, Darrell L., The IVP New Testament Commentary Series: Luke, Vol. 3 (Downers Grove, Illinois, Intervarsity Press, 1994)

Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville: Westminster John Knox Press, 1994)

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge: Trinity Press, 1994)

Culpepper, R. Alan, The New Interpreter’s Bible, Volume IX. (Nashville: Abingdon , 1995)

Evans, Craig A., New International Biblical Commentary: Luke (Peabody, MA, Hendrickson Publishers, Inc., 1990)

Gilmour, S. MacLean & Knox, John, The Interpreter’s Bible, Volume 8. (Nashville: Abingdon , 1952)

Green, Joel B., The New International Commentary on the New Testament: The Gospel of Luke (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1997)

Horn, James G., Lectionary Bible Studies, “The Year of Luke,” Pentecost 1, Study Book, (Augsburg-Fortress, 1976)

Johnson, Luke Timothy, Sacra Pagina: The Gospel of Luke (Collegeville: Liturgical Press, 1991)

Nickle, Keith F., Preaching the Gospel of Luke (Louisville: Westminster John Knox, 2000)

Nolland, John, Word Biblical Commentary: Luke 1 — 9:20, Vol. 35A (Dallas: Word Books, 1989)

Padzan, Mary Margaret, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

Ringe, Sharon H., Westminster Bible Companion, Luke (Louisville: Westminster John Knox Press)

Stein, Robert H., The New American Commentary: Luke (Nashville: Broadman Press, 1992)

Tannehill, Robert C., Abingdon New Testament Commentaries: Luke (Nashville: Abingdon, 1996)

Copyright 2007, 2018 Richard Niell Donovan