Lucas 6:20-312018-09-27T12:00:18+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Lucas 6:20-31

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 6:20-26. BENDICIONES Y LAMENTACIONES

20Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía:

Bienaventurados (Griego: makarioi) vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.

21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre. 23Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.

24Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.

25¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.

26¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas.

La versión de las beatitudes de Lucas es diferente a la de Mateo 5:1-12:

• Mateo tiene nueve beatitudes y ninguna lamentación, mientras que Lucas tiene cuatro beatitudes y cuatro lamentaciones que las acompañan.

• Mateo habla en tercera persona (“ellos serán alimentados”), mientras que Lucas habla en segunda persona plural (“seréis saciados”).

• Mateo le da un todo espiritual a las beatitudes diciendo, “Bienaventurados los pobres en espíritu” (Mateo 5:3). Lucas sencillamente dice, “Bienaventuradosvosotros los pobres” (v. 20). Mateo dice, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mateo 5:6). Lucas dice,“Bienaventurados los que ahora tenéis hambre” (v. 21).

Algunas traducciones modernas usan la palabra “Alegre” en vez de “Bendito” para traducir makarioi.Dadas las connotaciones asociadas con la palabra “Alegre” en nuestra cultura, ésta es una “triste” elección. “En el Septuagint, ‘bendito’ no se considera estar contento (subjetivamente) tanto como ser justo, ser bendecido en la opinión de Dios” (Cousar, 148-149). La bendición aquí viene con la seguridad de saber que uno está bien con Dios.

Ambas, las beatitudes y las aflicciones, describen en vez de recetar alguna sugerencia. Describen una realidad ya establecida en vez de llamarnos a un nuevo comportamiento diseñado para ganar bendiciones y evitar aflicciones.

• Jesús no nos dice que debemos vender todo lo que tenemos y dárselo a los pobres para que otra vez podamos entrar en el reino de Dios – aunque Él si lo requerirá de un hombre rico para poder ganar la vida eterna (18:22). Sin embargo, en las beatitudes, les dice a los pobres que suyo es (tiempo presente – no el imperativo) el reino de Dios (v. 20). En las lamentaciones, les dice a los ricos que ellos ya han recibido su consolación (v. 24).

• Tampoco nos dice que midamos lo que comemos para prevenir el hambre. En vez, nos promete que aquéllos que tienen hambre ahora serán alimentados y que aquéllos que tienen que comer ahoratendrán hambre.

Aquí no hay mención de recompensa ni castigo. En vez, Jesús describe algo que es simplemente un hecho de la vida. ¡Lo que ves no es lo que recibes! Él describe una imagen del mundo en un espejo donde todo está al revés – donde las reglas son contrarias a lo que esperamos. El reino de este mundo y el reino de Dios son muy diferentes – opuestos diamétricamente. Sabemos como funcionan las cosas en el reino de este mundo. Ahora, Jesús nos dice como funcionan en el reino de Dios.

Imagina que visitas un país extranjero donde las costumbres y tradiciones son muy diferentes a las tuyas. Imagina que tu visita tiene un propósito muy importante – un trato de comercio o la negociación de un tratado. Te quieres preparar para hacer la mejor impresión posible – aprendes un poco de la lengua y las costumbres locales. Quieres evitar ofender a alguien al violar las normas culturales. Para prepararte, debes leer un guía de viajero y tomar una clase de las costumbres y tradiciones de ese país. Jesús vino para prepararnos para la vida en el reino de Dios. Él nos está diciendo lo que debemos esperar. ¡Escucha bien!

“Bienaventuradosvosotros los pobres” (v. 20):

• ¿Quiénes son los pobres? “Son los pobres piadosos… – aquéllos que pertenecen a Dios” (Bock, 122). Mientras que incluyen a los empobrecidos económicamente, lo más probable es que Jesús también incluye a toda la gente indefensa – gente sin poder – gente en los márgenes de la sociedad.

• ¿Por qué bendice Dios a los pobres? ¿No es la riqueza una señal de la aprobación de Dios? ¿No premia Dios a la gente de fe con prosperidad material tanto como a la gente con bendiciones espirituales? (Deut. 28:1-14). ¡A veces! Sin embargo, nuestra espiritualidad tiende a ser inversamente proporcional a nuestra prosperidad económica. Nuestra conciencia la necesidad que tenemos de Dios aumenta en los años flacos y disminuye en los años gordos. Nuestra compasión por los pobres tiende a aumentar cuando nosotros mismos tenemos alguna necesidad, y a disminuir cuando nosotros no la tenemos.

Lucas presenta un fuerte énfasis a través de su Evangelio en la inversión que trae el reino de Dios, empezando con la canción de María (1:50-54) y la canción de Zacarías (1:74-77), y se extiende a la parábola del rico tonto (12:13-21) y a la parábola del gerente deshonesto (16:1-13), la parábola del hombre rico y Lázaro (16:19-31), la parábola de la viuda y el juez injusto (18:1-8), la parábola del Fariseo y el coleccionador de impuestos (18:9-14), la bendición de los niños (18:15-17), el encuentro de Jesús con un líder joven y rico (18:18-30), la parábola de los talentos (19:11-27), y la ofrenda de la viuda (21:1-4). Zaqueo presenta un feliz contrapunto – una excepción para probar la regla – un rico coleccionador de impuestos que ve la luz, renuncia la riqueza mal conseguida, y gana la salvación (19:1-10).

Este énfasis en la inversión alienta a discípulos que quizá estén sufriendo pero que saben que no pertenecen al reino de este mundo, sino al reino de Dios.

Sin embargo, Lucas no idealiza la pobreza, en vez, habla de discípulos que juntan sus recursos – debiendo todo en común – vendiendo posesiones y distribuyendo los beneficios para cuidar de las necesidades de todos (Actos 2:44-45); 4:34-35). Este énfasis está en la generosidad en vez de la pobreza – en no ser poseído por las posesiones.

Nos preguntamos porque Dios debe bendecir a los pobres y lamentar sobre los ricos. Solo podemos ofrecer respuestas tentativas. Quizá los ricos tienden a confiar en sus riquezas, mientras que los pobres tienden a confiar más en Dios. Quizá los ricos usaron métodos deshonestos para conseguir sus riquezas. Quizá estén más inclinados a aprovecharse de la gente vulnerable. Sin embargo, conocemos a gente en buenas condiciones económicas que viven lealmente su fe y gente en peores condiciones económicas que no lo hacen. Conocemos a personas en buenas condiciones económicas que son generosas y personas de peores condiciones económicas que no lo son. Hay una cualidad enigmática en las Beatitudes de Lucas, que puede explicar porque Mateo las espiritualiza. Es mucho más fácil aceptar “Bienaventurados los pobres en espíritu…” (Mateo 5:3) que “Bienaventurados vosotros los pobres…” (Lucas 6:20). Sin embargo, la primera beatitud de Lucas “declara el compromiso prejudicial hacia los pobres. La venida del reino de Dios traerá una inversión de fortunas (cf. Lázaro, 16:19-31)… Al espiritualizar las beatitudes…doma el Evangelio escandaloso de Jesús” (Culpepper, 143-144).

La bendición de Jesús de los pobres es una buena noticia para los primeros discípulos, quienes “dejándolo todo, le siguieron” (5:11).

“Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados” (v. 21). En varias ocasiones Lucas usa la metáfora de un banquete mesiánico para demostrar las bendiciones que esperan a los creyentes. “Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios” (13:29; véase también 12:37; 14:14-24) – una metáfora del AT (Isaías 25:6-8; 49:10-13; 65:13, véase también Salmo 107:9). Mientras que la bendición de los pobres (v. 20) se sitúa en el presente, la bendición de los hambrientos y de los que lloran (v. 21) se sitúa en el futuro.

La última beatitud, “Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre” (vv. 22-23) es diferente en que promete una recompensa para aquéllos que soportan rechazo y persecución por su fe en Cristo. La lamentación correspondiente, “Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros,” promete castigo para aquéllos que son como los falsos profetas antiguos.

Como se ha mencionado previamente, Jesús ya ha vivido por una serie de conflictos con las autoridades religiosas (Lucas 4-6) – igual que los profetas del AT vivieron oposición y persecución. Gente recibe alegremente a todo aquél que le diga lo que quiere oír, pero Dios mandó a los profetas con un mensaje que la gente no quería oír – una llamada hacia el arrepentimiento – a cambiar dirección – a parar de pecar. La persona que fielmente transmite este tipo de mensaje puede esperar oposición. Jesús les asegura a los discípulos que, si sienten oposición por su lealtad, pueden esperar grandes recompensas en el cielo (v. 23).

La iglesia de Lucas, en plena persecución, necesita oír esta promesa. Nosotros también la necesitamos oír. Hay héroes sin nombre entre nosotros que han sufrido porque este mundo no apreciaba sus valores y principios cristianos. Jesús dice; “Gozaos en aquel día (de persecución), y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas” (v. 23).

“Mas ¡ay de vosotros, ricos!” (v. 24). Los ricos incluyen aquéllos que prosperan económicamente, pero ese término también “anota el pertenecer y el poder (y)… un sentido de arrogancia que no requiere la visita de Dios (véase 1:53; 12:16, 21; 14:12; 16:1, 19, 21-22; 18:23, 25; 19:2; 21:1)” (Johnson, 108).

LUCAS 6:27-38. EL FIN DE LA RECIPROCIDAD

Es natural reciprocar – ayudar a aquéllos que te ayudan y hacer daño a los que te hacen daño a ti. “Haz por los demás como ellos deben hacer por ti” es simple justicia, y esta idea ha sido sellada en la ley por lo menos desde el Código de Hammurabi (Siglo 18 a.C.), el que especificaba ojo por ojo y diente por diente.

La reciprocidad es natural, el sentido común para organizar la vida, y es mucho más ilustre que la manera agresiva y egoísta de vivir que mucha gente prefiere hoy día. “Haz a los demás como ellos deben hacer por ti” se ha convertido en “Haz a los demás antes de que ellos te hagan a ti” y simplemente “¡Haz a los demás!” Vivimos en un mundo donde los poderosos y los ricos usan su poder y riqueza para acumular aún más poder y riqueza – con poca preocupación por su efecto sobre los demás. Como dijo un granjero rico, “Lo único que quiero es lo que es mío – y lo que se le adjunta.” Para algunos, un comportamiento tan agresivo no solo se condona, pero se celebra. En algunos casos, gente maliciosa hace daño a los demás, a propósito, por ninguna razón aparente. Podemos comprender a la persona que roba algo de valor. Es más difícil comprender a la persona que prende fuego a una iglesia por odio racial o que dispara a una persona que pasa por puro entretenimiento.

En tal mundo de perro-come-perro, la reciprocidad se ilustra positivamente. No busca causar daño excepto en los casos que el daño es merecido. Su meta es la justicia. La persona mala sufre, y la persona buena prospera. Así es como debe ser.

Y aún, Jesús nos dice que la reciprocidad no es el comportamiento del reino. Al igual que Dios va más allá de la justicia hasta la merced, nosotros debemos hacer lo mismo. Es una lección difícil de aprender, una que va contra la corriente. Podemos ir más allá de la justicia hasta la merced, pero solo por la gracia de Dios.

LUCAS 6:27-31. PERO YO TE DIGO, AMA A TUS ENEMIGOS

27Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen; 28Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. 30Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir. 31Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros.

Jesús comienza esta sección diciendo, “Amad á vuestros enemigos,” y repite la amonestación en v. 35. Entre tanto, él da ejemplos concretos para ilustrar lo que quiere decir. Los organiza en dos grupos de tres ejemplos. En el primer grupo, él dice:

“haced bien á los que os aborrecen,”
“bendecid á los que os maldicen,”
“orad por los que os calumnian.”

En el segundo grupo él dice:

“Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra,”
“y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas,”
“Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.”(Algunos cuentan esto como dos ejemplos en vez de uno).

Estos ejemplos están organizados por énfasis. Al dar dos grupos de tres ejemplos, Jesús establece un ritmo que captura nuestra atención.

• Los comportamientos establecidos en el primer grupo son generales: (1) el odio, (2) la maldición, y (3) el abuso. Éstos se manifiestan de muchas maneras diferentes.

• Los comportamientos establecidos en el segundo grupo son más específicos: (1) bofetear una mejilla, (2) quitar el abrigo, y (3) quitar los bienes.

La especificidad de versículos 29-30 se enfatiza más por la palabra “tú”:

• “Tú” es plural en versículos 27-28 (humin, humas, humon). Cuando Jesús nos dice que amemos, que hagamos bien, que bendigamos, que recemos, él está hablando a la muchedumbre.

• “Tú” es singular (se, sou) en versículos 29-30. Cuando Jesús nos dice que volvamos la otra mejilla y que les demos a todos los que piden de nosotros, él nos está hablando a nosotros individualmente. Nos está señalando directamente a cada uno de nosotros. El cargo es específico no solo por las acciones a las que se refiere, sino a las personas involucradas también.

• “Tú” en la Regla Dorada (v. 31) se hace plural de nuevo.

Tannehill señala que, en estos ejemplos, Jesús usa “lenguaje fuerte e imaginativo” en vez de “lenguaje legal” porque su propósito no era proveer reglas específicas para cada ocasión, sino “estimular la sabiduría moral desafiando las normas en las que la gente se mueve” (Tannehill, 117). Solo la persona con una mentalidad más literal podría leer estos seis ejemplos sin comprender que podrían haber sido miles de ejemplos – o diez mil. El principio es “Amad á vuestros enemigos,” y comprendemos instintivamente que debemos aplicar este concepto de una manera creativa y leal cuando se refiere a nuestros enemigos.

Los ejemplos que Dios provee para ilustrar la palabra “Amor” no se dirigen a los sentimientos, sino a las acciones. Jesús nos llama a amar (agape), pero eso no significa que debemos sentir cariño por aquéllos que nos maltratan. En vez, debemos actuar de una manera calculada para beneficiar a la otra persona – y hacer de nuestra incumbencia el bienestar de esa persona.

Con el principio del amor y los seis ejemplos, Jesús claramente establece que nosotros, como sus discípulos, no debemos permitir que personas de menos principios establezcan las normas. No debemos esperar a ver lo que la otra persona hará antes de decidir lo que nosotros debemos hacer. Ni tampoco debemos quedar atrapados en un círculo vicioso que otra persona empieza. En vez, debemos tomar la iniciativa amando, haciendo bien, bendiciendo, y rezando. Estos comportamientos pueden parecer débiles a la faz del odio y la violencia, pero Jesús los transforma. Él demuestra en la cruz lo poderosos que pueden ser. En la cruz, él no maldijo a sus enemigos, sino que rezó por su perdón. Francisco de Assissi, Martin Luther King, Jr., y muchos otros discípulos han demostrado el poder del amor a través de los siglos. ¡El amor gana! ¡Sobrepasa al mundo!

Jesús después conecta esta sección con el mandamiento, “Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” (v. 31). Sabemos que esta es la Regla Dorada que a menudo se había mencionado de forma negativa. Philo dijo, “Lo que odias sufrir, no se lo hagas a nadie.” Los Estoicos dijeron, “Lo que no deseas que te hagan, no se lo hagas a nadie” (Barclay, 77). La mención positiva de Jesús de esta regla se extiende considerablemente a su aplicación. No solo debemos evitar comportamiento que no nos gustaría experimentar, sino que debemos practicar comportamiento que nosotros querríamos experimentar. Esto es mucho más pro-activo y dinámico.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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