Lucas 3:7-182018-11-30T12:57:33+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Lucas 3:7-18

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 3:1-4. EL CONTEXTO

Capítulos 1-2 cuentan las historias del nacimiento de Juan Bautista y Jesús, considerados primos porque Lucas dice que Elizabet era pariente de María (1:36). Las historias de estos nacimientos están entrelazadas, con el nacimiento de Juan predicho primero (1:5-25) y el nacimiento de Jesús predicho después (1:26-38). Después sigue la historia de una visita de María, que pronto será madre de Jesús, a Elizabet, que pronto será madre de Juan Bautista (1:39-45). Aún a esa temprana edad, aprendemos de la superioridad de Jesús sobre Juan. Elizabet, una mujer mayor en una sociedad que honra edad, llama a María, una joven, “la madre de mi Señor” (1:43). Juan, el bebe de Elizabet aún sin nacer, salta de alegría en la presencia de Jesús, también aún sin nacer (1:44). Después oímos del nacimiento de Juan (1:57-66) y de la profecía de su padre, Zacarías (1:67-79), seguido por el nacimiento de Jesús (2:1-40).

Capítulo 3 comienza con un largo relato de la predicación de Juan del bautizo de arrepentimiento para la remisión de pecados (3:1-20) y un breve relato del bautizo de Jesús (3:21-22). El capítulo concluye con el comentario que “el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años” (3:23) y da el linaje desde Jesús hasta José (3:24-38). Capítulo 4 comienza con la historia de la tentación de Jesús, que da comienzo a su obra (4:1-15).

Como se anota arriba, Lucas nos ha contado que Juan estaba “predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados” (3:3). Ahora encontramos tres ejemplos de su predicación (Fitzmyer, 464-466).

• El primer ejemplo (vv. 7-9) tiene énfasis escatológico, advirtiendo del posible juicio y clamando a la gente que haga “frutos dignos de arrepentimiento” (3:8).

• El segundo ejemplo (vv. 10-14) tiene un énfasis ético que incluye instrucciones éticas muy específicas para las multitudes (vv. 10-11), los recaudadores (vv. 12-13), y los soldados (v. 14).

• El tercer ejemplo (vv. 15-18) tiene un énfasis cristológico, con Juan señalando hacia el que bautizará “en Espíritu Santo y fuego” (v. 16).

LUCAS 3:7-9.  FRUTOS DIGNOS DE ARREPENTIMIENTO

7Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de él: ¡Oh generación de víboras!, ¿quién os enseñó á huir de la ira que vendrá? 8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham. 9Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.

“Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de él” (v. 7a). Mateo 3:7-10 relata este incidente casi en las mismas palabras, pero presenta a Juan dirigiéndose a fariseos y saduceos. Las “gentes” de Lucas hace la llamada para arrepentimiento y actos fructuosos más general.

“¡Oh generación de víboras!” (v. 7b). Esta gente piensa de si misma como hijos de Abrahán (v. 8), pero Juan sugiere que verdaderamente son descendientes de la serpiente – el tentador – el que destruye todas las cosas buenas (Gen. 3).

“¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá?” (v. 7c). Quizá solo han venido, curiosos de oír a Juan – un nuevo fenómeno – un cambio en la rutina. Lo más probable es que el Espíritu Santo creó en ellos el hambre por la Palabra de Dios – un hambre que les impulsó a empaquetar la comida y dirigirse al desierto para oír a este nuevo profeta – el primer profeta que ven en cuatrocientos años.

Pensamos del desierto como un lugar estéril, pero, su seca vegetación puede arder violentamente. Fuertes vientos causan que tales fuegos se esparzan rápidamente, y criaturas del desierto corren desesperadamente para mantenerse delante de las llamas. Tal fuego inspira temor – destruye las madrigueras de las criaturas del desierto – destruye las fuentes de comida – y en algunos casos, mata. El desierto, siempre un reto, es aún menos hospitalario después de un fuego así.

Juan llamó a la multitud una “generación de víboras” (v. 7b). El retrato que pinta es uno de víboras escurriéndose rápidamente intentando escapar los incendios del desierto.

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (v. 8a). Juan sugiere que esta multitud ha venido, no por altos motivos, sino para escapar de la calamidad. Su método parece peculiar. Si personas vienen como candidatos para el bautizo, nos alegramos y hablamos de ellos con gentileza. Quizá hayan venido para escapar del juicio, pero esto es válido. Juan, sin embargo, quiere asegurarse de que la multitud comprenda la realidad de su situación. Como los profetas del Antiguo Testamento, Juan habla de manera áspera, arriesgando ofender. Advierte que Dios requiere un arrepentimiento honesto – vidas cambiadas – actos fructuosos (v. 8). Vienen a la mente los frutos del Espíritu – “caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza” (Galatos 5:22-23).

“No comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham” (v. 8). El pueblo judío “mantenía que Dios juzgaría a las naciones bajo un estándar, pero a los judíos bajo otro. De hecho, mantenían que un hombre se libraba del juicio solo por el hecho de ser judío” (Barclay, 29). Juan, rápidamente, les desengaña de este pensamiento. Ser miembro de la comunidad judía no les salvará del juicio, y su salvación depende de un arrepentimiento sincero.

Juan dice que Dios puede levantar hijos de Abraham aún de las piedras que están a sus pies. Si Dios puede traer vida – vida sagrada – a una piedra, también puede re-santificar las vidas de judíos errantes “como Zaqueo, reclamado como ‘hijo de Abraham’ (19:9)” (Tannehill, 80). Dios puede redimir hasta la persona menos probable – puede salvar al más vil ofensor – puede acercarse a gentiles y extranjeros y unirles a la familia. Además, en este Evangelio, centuriones romanos expresan gran fe (Lucas 7:1-10; 23:47), y en Hechos (también escrito por Lucas) un centurión cumplirá un papel principal en abrir la iglesia a gentiles (Hechos 10).

Estamos tentados a pensar de la fe en la herencia judía como un anacronismo que tiene poco que ver con nosotros hoy, pero eso no es verdad. Nosotros también estamos tentados a pensar en raíces en vez de frutos – en nuestra pertenencia a una congregación o denominación – o en el lugar que ocupamos en la junta de la iglesia (sacristía, sesiones, consejo de la iglesia) – o en nuestra lealtad al asistir a la iglesia – en nuestro servicio al coro – en nuestros donativos generosos – en nuestro bautizo – ¡en nuestra ordenación! Algunos de nosotros situamos nuestra fe en raíces raciales o nacionales – en logros – familia – riqueza – estatus social – nuestra posición en la comunidad – ¡nuestro título de la universidad correcta! Juan nos avisa que ninguno de estos tiene ningún valor sin un arrepentimiento genuino – un arrepentimiento que se caracteriza por sus frutos.

“Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego” (v. 9). El juicio es venidero. El leñador no tiene más que preparar el hacha y abalanzarlo, ya no habrá más oportunidades para el árbol que no rinde frutos, pues será quemado. Profetas del Antiguo Testamento a menudo utilizaban tales metáforas (Isaías 10:33-34; 66:24; Malaquías 4:1), seguramente conocidas por esta multitud.

El juicio es venidero, y ascendencia no es una defensa. El juez solo hace una pregunta antes de marcar un árbol para ser quemado – ¿Rinde este árbol frutos dignos? Si no, el árbol pronto se encontrará en el fuego. Juan, claramente cree que ésta no es una multitud fructuosa – que la sequedad de sus vidas se refleja en la sequedad del desierto adonde han venido para oír a Juan. La situación es urgente, y requiere un remedio inmediato.

LUCAS 3:10-14. ENTONCES, ¿QUÉ HAREMOS?

10Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos? 11Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12Y vinieron también publícanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. 14Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.

“Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?” (v. 10). Ésta es la misma pregunta que la multitud hará en Pentecostés (Hechos 2:37). Pedro contestará, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

Nuestra lección del Evangelio, sin embargo, toma lugar antes de que Jesús comience su ministerio – no después de la resurrección – por eso, Juan no menciona el bautizo en el nombre de Jesús o el don del Espíritu Santo. En vez, especifica las normas éticas que constituyen frutos genuinos y sirven de evidencia del arrepentimiento genuino.

“El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo” (v. 11). Al principio, esto parece una respuesta pequeña para un problema más grande. Juan podría requerir cualquier otra respuesta más difícil – compartir comida y ropa parece demasiado fácil. Sin embargo, es muy parecido a lo que Jesús pedirá del hombre rico que quiere ganarse la vida eterna – “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres” (18:22).

Mientras que pocos de nosotros nos consideramos ricos, nuestro siempre creciente problema con la obesidad demuestra que disfrutamos más de la comida de lo que debemos – más, aún, de lo que nuestros cuerpos pueden tolerar. Enormes armarios en casas nuevas rápidamente se llenan de ropa innecesaria. Nos hinchamos por todas partes – en los restaurantes – con bebidas súper-grandes – camiones deportivos – grandiosos cuartos de baño – mansiones. Juan clama que examinemos nuestras necesidades verdaderas y que compartamos con los que tienen menos. Esto no es pequeña cosa. Juan avisa que nuestro destino eterno está balanceándose.

“Y vinieron también publícanos (telonai – recaudadores) para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?” (v. 12). Lo más probable es que sean judíos que han ganado el puesto de coleccionar peajes, tarifas, e impuestos para Roma. Juan contesta simplemente, “No exijáis más de lo que os está ordenado.”

“Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos?” (v. 14a). Seguramente ellos también son judíos – quizá al servicio de Herodes – quizá asignados a proteger publícanos y a apoyar las colecciones. Juan contesta, “No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas”(v. 14).

¡La respuesta de Juan es asombrosa por su simpleza! Gente odia a los publícanos y a los soldados porque hacen víctimas de la gente. Uno hasta podría preguntarse si es posible que una persona de Dios sea publicano o soldado. La persona que gana el contrato para recaudar impuestos no tiene otra opción que mandar a uno de sus subordinados con cuotas que cumplir. Los subordinados deben coleccionar una cantidad extra para mantenerse a si mismos, y están gravemente tentados a estafar a la gente. Soldados proveen el músculo para asegurar que la gente paga lo que se le cobra. Es un sistema malo que atrae a gente mala.

Juan, sin embargo, no les dice a los publícanos y a los soldados que se busquen una nueva ocupación, sino que traten a la gente justa y honestamente. Si presión desde arriba hace imposible ser justo y honesto, quizá sí tendrán que buscar otro empleo. Sin embargo, primero deben tratar de traerle integridad a su ocupación. Una persona de Dios a menudo puede traer un cambio positivo desde dentro del sistema. ¡Quién sabe lo que una persona de Dios puede cumplir!

En versículo 8, Juan dice “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” Su llamada subsiguiente para compartir y para hacer tratos honestos nos proporcionan ejemplos concretos de frutos dignos de arrepentimiento.

¿Hay ocupaciones que cristianos no deben ejercer? Es difícil ver como un cristiano podría, de buena conciencia, involucrarse en la venta de drogas o prostitución. Yo, de buena conciencia, no podría sembrar o vender tabaco, ni podría promover el juego o la pornografía. Otros cristianos tendrán su propia lista de ocupaciones proscritas. La respuesta de Juan para los publícanos y los soldados, sin embargo, sugiere que podemos actuar como agentes de transformación donde estamos. Si el ambiente en el trabajo es tal que no podemos tratar honesta y justamente con la gente, quizá deberíamos buscar un nuevo empleo.

LUCAS 3:15-17. MAS VIENE QUIEN ES MÁS PODEROSO QUE YO

15Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,16respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego; 17Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.

“Y estando el pueblo esperando” (v. 15). Ha pasado mucho tiempo desde que el pueblo judío ha visto un profeta de la estatura de Juan. Es natural que ellos se pregunten si él puede ser el que han estado esperando. Cada uno de los escritores del Evangelio, por lo tanto, hace un esfuerzo para aclarar que Juan es un subordinado de Jesús.

“Yo á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo” (v. 16a). A pesar de su dura evaluación de la multitud, Juan no les niega el bautizo. Su propósito, como aquél de los profetas del Antiguo Testamento, no es condenar, sino salvar. Ha comunicado malas noticias a la multitud (vv. 7-9), pero solo para prepararles para las buenas noticias (v. 18).

Juan rápidamente se diferencia del que viene. (1) El bautizo del que viene será más poderoso. (2) Juan no es digno de desatar la correa de su calzado. (3) El que viene vendrá a juzgar.

El os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (v. 16b). Esto también se puede traducir como “viento y fuego,” que son sugestivas de la experiencia de Pentecostés (Hechos 2:1-4 – también escrito por Lucas).

La cuestión es si el bautizo con fuego es diseñado para redimir o para destruir. Algunos eruditos unen el bautismo de fuego de v. 16 con el fuego insaciable de v. 17.  Sin embargo, Dios también utiliza fuego para refinar y purificar, y para que un remanente de Dios pueda ser salvado (Isaías 1:25; 4:4-5; Zacarías 13:9; Malaquías 3:2), y parece probable que el bautizo del Espíritu Santo y fuego pretende salvar en vez de destruir.

“Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará” (v. 17). El bieldo es una herramienta parecida a una pala con la que el granjero tira el grano al aire. El viento se lleva la paja, y deja el grano más pesado. El granjero después quema la paja. La metáfora está clara. Ellos que practican un arrepentimiento genuino se recogerán en el granero, mientras que aquéllos que no lo hacen serán quemados con un fuego insaciable.

LUCAS 3:18. MUCHAS COSAS ANUNCIABA AL PUEBLO

18Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo (griego: euengelizeto – buenas noticias, evangelio).

Nos sorprende oír que las predicaciones de Juan sean “buenas noticias.” La predicación de Juan no es una de “sentirse bien.” No hay ningún tema de ‘Crean y Sean Ricos’ aquí – ningún énfasis en auto-estima – ninguna afirmación. Sin embargo, el mensaje de Juan contiene ambos malas y buenas noticias.

• La mala noticia es que “el hacha está puesta a la raíz de los árboles” (v. 9) – que “y la paja quemará en fuego que nunca se apagará” (v. 17).

• La buena noticia es que el arrepentimiento fructuoso es redentor (v. 8) – que publícanos y soldados son bienvenidos (vv. 12-14) – que el que viene “os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (v. 16) – que Cristo “juntará el trigo en su alfolí” (v. 17).

En nuestra predicación, estamos tentados a enfatizar lo positivo y pasar por alto la realidad del pecado. Juan proporciona un modelo mejor. Comienza presentando claramente los pecados de la gente (vv. 7-9). Después, provee ejemplos concretos de frutos dignos de arrepentimiento (vv. 10-14), y promete que el que viene tendrá un ministerio maravilloso de redención para aquéllos que se arrepienten (vv. 15-17). De veras, ésa es una buena noticia.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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