Lucas 3:1-62018-09-27T10:53:36+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Lucas 3:1-6

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 3:1-2. TIBERIO, PILATO, HERODES, ETCÉTERA

1Y en el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilatos, y Herodes tetrarca (griego: tetraarchountos – tetrarca) de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca (griego: tetraarchountos – tetrarca) de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca (griego: tetraarchountos – tetrarca) de Abilinia, 2siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Lucas, el historiador, presenta el ministerio de Juan el Bautista en su contexto histórico. De manera parecida, dijo, “Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías” (1:5) – y también se refirió al tiempo del nacimiento de Jesús, mencionando al Emperador Augusto y Cirenio (2:1-2).

Porque versículo 1 suena como un principio, algunos han sugerido que capítulo 3 es el comienzo original de este Evangelio, pero no existen pruebas convincentes de esto. En vez, capítulos 1-2 nos dan relatos de su infancia y su niñez, mientras que capítulo 3 comienza el ministerio de Juan – incluyendo el bautizo de Jesús.

En v. 1, Lucas presenta cuatro hombres que ocuparán un lugar significante en la crucifixión de Jesús: Poncio Pilatos, Herodes, Anás, y Caifás. También presenta tres oficiales – Tiberio, Felipe, y Lisanias – que solo sirven para marcar el principio del ministerio de Juan.

El “año quince del imperio de Tiberio César” proporciona la pista más exacta de la fecha en la que comenzó el ministerio de Juan, pero hasta eso es impreciso. Tiberio se convirtió en regente con su padre, Augusto, en 11 o 12 d.C., y asumió pleno poder al morir su padre en 14 d.C. No sabemos si el “año quince” se refiere a la fecha más temprana o más tardía. Por lo tanto, la palabra del Señor puede llegarle a Juan (v. 2) tan temprano como 26 d.C. o tan tarde como 29 d.C.

Es probable que “d.C. 26/27 fuera un año de Júbilo (es decir, cada cincuenta años cuando las deudas eran canceladas; véase Lev. 25:10)” (Evans, 50). En un año de Júbilo, Dios requiere que aquéllos que han comprado terrenos se los devuelvan a su dueño original (Lev. 25:23, 27 ff.) – y también requiere que aquéllos destinados a la servidumbre sean liberados (Lev. 25:41). Es muy posible que Jesús escogiera empezar su ministerio en tal año.

Si suponemos que Jesús nació en el año 4 a.C., tendría 30-33 años al empezar su ministerio.

Pilatos sirvió como procurador de Judea de 26-36 d.C. Herodes Antipas, uno de los hijos de Herodes el Grande, rigió Galilea y Perea desde 4 a.C. hasta 39 d.C. Felipe rigió sobre las regiones relativamente pequeñas de Ituraea y Traconitis desde 4 a.C. hasta 34 d.C. Por algún tiempo no supimos nada de Lisanias, excepto porque Lucas lo menciona. Más recientemente, una inscripción fue encontrada en Abila, capital de Abilene (al este de Damasco), mencionándole – y así verificando el relato de Lucas (Myers, 670-671).

Lucas menciona los “sumos sacerdotes Anás y Caifás” (v. 2) como si hubieran dos sumos sacerdotes – pero, de hecho, solo puede haber uno a la vez. Anás sirvió de sumo sacerdote de 6-15 d.C. antes de ser depuesto por el procurador de Judea. Continúa siendo una influencia considerable, y la gente aún se refiere a él como sumo sacerdote, mucho como podríamos llamar a un ex-presidente “Señor Presidente.” Su yerno, Caifás, es el sumo sacerdote actual, siendo designado en 18 d.C. Cuatro de los hijos de Anás también se convertirán en sumos sacerdotes (Barclay, 27).

“…vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto” (v. 2). Este lenguaje recuerda a las llamadas de los profetas del Antiguo Testamento (Isaías 38:4; Jeremías 1:1-2; 13:3). La mención de Zacarías nos recuerda al milagro del nacimiento de Juan a padres mayores (1:5-25; 57-80) y al anuncio del ángel Gabriel que Juan “será grande delante de Dios” (1:15).

“…vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.” Juan será un gran profeta, pero solo porque Dios le da el poder.

“…vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.” Lucas acaba de hablar del Emperador Tiberio, el hombre más poderoso del mundo, y ha nombrado a otras seis figuras políticas y religiosas. La palabra de Dios, sin embargo, no le llegó al Emperador Tiberio. Ni le llegó, como parecería lógico, a Caifás, el único sacerdote privilegiado para entrar en el Sagrado de los Sagrados. En vez, la palabra de Dios le llegó a Juan, un hombre cuya única distinción es que la palabra de Dios le ha llegado a él. Esto ocurrió – no en Roma ni en Jerusalén ni en el Templo – sino en el desierto. En el Magnificat, María dijo, “Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes” (1:52). Éste es el caso aquí. Vale la pena anotar que las siete personas importantes mencionadas en estos versículos se recuerdan hoy por ser mencionados en los Evangelios. Podríamos pensar de Tiberio como una excepción, porque ocupa un lugar asegurado en la historia secular. Sin embargo, la mayoría de la gente actual ha oído de Tiberio solo porque es mencionado en el Evangelio de Lucas.

Se nos recuerda una y otra vez que Dios escoge a gente improbable. Alguien ha dicho, “¡Qué extraño que Dios escoja a los judíos!” Fue extraño que Dios escogiera a David, ¡un joven cuyo padre ni lo incluyó entre los hijos que presentó a Samuel para su consideración! ¡Qué extraño que Dios escogiera a María, una joven sin casar! ¡Qué extraño que Dios escogiera a Juan! Nosotros en el ministerio nos preguntamos acerca de nuestra vocación. También nos maravilla lo ordinario de la gente laica que cumple la mayor parte del trabajo en nuestras iglesias. Ciertamente, Dios ha “exaltado a los humildes.”

El desierto también parece un lugar improbable para la palabra de Dios. ¿Por qué no Jerusalén? No solo es Jerusalén donde se encuentra el Templo, pero su gente también necesita alguien que les lleve hacia el arrepentimiento. El desierto está, en mayor parte, despoblado – la proclamación de Juan quedará sin oír a menos que gente vaya allí para oírle. Sin embargo, a través de la historia de Israel, el desierto ha sido un lugar donde Dios ha formado a su gente. Es el lugar donde se forjó la nación de Israel. Profetas cumplieron mucha de su obra en el desierto. Pronto, Jesús será probado en el desierto.

Dios sigue obrando hoy en el desierto de nuestras vidas. Nos encontramos más dispuestos a oír la palabra de Dios cuando la vida parece más árida.

LUCAS 3:3. EL BAUTISMO DEL ARREPENTIMIENTO

3Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento (griego: metanoias) para la remisión de pecados.
El bautizo de Juan no es un bautizo prosélito para hacer judíos de gentiles. En vez, requiere que judíos se arrepientan (metanoias) y les bautiza para el perdón de los pecados – así, cumpliendo la profecía del ángel que Juan daría “conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados” (1:77).

Juan explica los requisitos éticos del arrepentimiento – hacer frutos dignos de arrepentimiento (3:8) y compartir con los necesitados (3:11). Cuando recaudadores y soldados preguntan lo que deben hacer, les dice que traten honestamente con gente y que no utilicen su poder de forma abusiva (3:13-14).

Si el Adviento es un tiempo para prepararse para el Señor, para que toda carne “vea la salvación de Dios” (vv. 4-6), encontramos aquí la manera de prepararnos – haciendo frutos dignos de arrepentimiento – compartiendo con los necesitados – tratando a la gente honestamente – utilizando el poder con justicia.

Metanoias significa cambiar la manera de pensar – darse la vuelta – proceder en una nueva dirección. Antes, el ángel le dijo a Zacarías que Juan haría que “muchos de los hijos de Israel se convirtieran al Señor Dios de ellos” (1:16). Este énfasis en darse la vuelta es apoyado en Hechos 3:19: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados…” “Debe haber un cambio definitivo de dirección, porque el camino actual de la nación y de individuos lleva a la destrucción” (Tannehill, 78).

Al terminar este Evangelio, Jesús enfatizará de nuevo el arrepentimiento y el perdón: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalén” (24:46-47). Pedro enfatizará lo mismo en Pentecostés – “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38).

Este es nuestro mensaje aún hoy. Gente todavía necesita ser perdonada, y Dios todavía perdona. A veces estamos tentados a pasar por alto la realidad del pecado y enfatizar solo el perdón. Mencionar el pecado, de alguna manera, parece poco inteligente y juicioso. Sin embargo, eso no es fiel ni a las escrituras ni a las necesidades espirituales de la gente. Personas saben que son pecadores. Sienten alivio cuando tratamos su pecado con seriedad, porque así pueden creer que existe la posibilidad del perdón.

Además, no es lógico hablar del perdón sin primero hablar del pecado. Si no hay pecado, no hay necesidad de perdonar.

LUCAS 3:4-6. VERÁ TODA CARNE LA SALVACIÓN DE DIOS

4Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas. 5Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; 6Y verá toda carne la salvación de Dios.

La cita es de Isaías 40:3-5, donde el profeta le pide a la gente que se prepare para la visita de Dios. Si un rey piensa viajar, obreros reparan las carreteras con antelación – para hacerlas rectas, niveladas, y llanas. Juan nos llama al arrepentimiento para que preparemos nuestros corazones para la visita del Señor.

En el original, Isaías llamó a la gente: “Haced recta en el desierto una carretera para nuestro Dios.” Juan cambia esto a “Haced derechas sus sendas” (v. 4).

Nosotros, también, necesitamos preparar nuestros corazones para recibir al Señor – y necesitamos ayudar a nuestras familias y amistades para que preparen sus corazones también.

“Todo valle se henchirá” (v. 5). Juan deja claro que nuestro arrepentimiento es lo que prepara el camino del Señor – lo que rellena los valles y baja las montañas.

“…los caminos torcidos serán enderezados” (v. 5).  En nuestras iglesias, debemos tener cuidado no sea que demos la impresión que la función más importante de la iglesia es mantener un presupuesto, construir un edificio, o desarrollar un programa. Éstas son metas dignas, y fácilmente medidas. Sin embargo, la meta final es preparar corazones para que reciban al Señor – una meta difícil de medir. Mientras que construimos edificios e implementamos programas, debemos recordar que la obra verdaderamente importante de la iglesia toma lugar a este nivel menos visible, más difícil de medir – y ésa es la obra del Espíritu. Contribuimos a la obra del Espíritu en muchas maneras – especialmente por medio de nuestras oraciones y al preparar nuestros corazones para recibir al Señor.

“…Y verá toda carne la salvación de Dios.” Lucas es un gentil, el único gentil que escribió un libro del Nuevo Testamento. En Lucas y Hechos, hace referencias frecuentes y positivas hacia los gentiles. No incluye paralelos a Mateo 10:5 y 15:24, que excluyen a gentiles. Deja claro que Cristo ha eliminado barreras a la salvación de toda la gente. Eso puede parecer como un tema muerto hoy, porque la iglesia ha incluido a gentiles durante veinte siglos. Sin embargo, vivimos en un mundo que está, en gran parte, polarizado, y en el que gente es dividida por raza, origen tribal y nacional, religión, educación, política, y riqueza. Gente necesita oír que Dios llama a todos – en cada tierra – de cada persuasión – al arrepentimiento y el perdón de pecados. Nadie es excluido.

Ni Marcos ni Mateo incluyen esta alusión a Isaías 40:5b – “Y toda carne juntamente la verá (la gloria del Señor)” – que Lucas modifica para decir “Y verá toda carne la salvación de Dios” (v. 6). Este versículo “ayuda a equilibrar o moderar el tono severo y amenazador de vv. 7-17: el cumplimiento de los propósitos de Dios es supremo en salvación y no en juicio” (Nolland).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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