Lucas 22:14 – 23:562018-11-11T11:03:41+00:00

Comentario

Estudio de la Biblia

Lucas 22:14 – 23:56

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 22:14-23. Y TOMANDO EL VASO

14Y como fue hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles. 15Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca; 16Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

17Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;18Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. 20Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. 21Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. 22Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquél hombre por el cual es entregado! 23Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.

“En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca” (22:15). Los sinópticos concuerdan que ésta es una observación de Pascua (Mateo 26:17-19; Marcos 14:12-14; Lucas 22:7, 15). El Evangelio de Juan sitúa la cena un día antes (Juan 18:28; 19:31).

La Pascua conmemora la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto y su comienzo como pueblo de Dios. Esta Pascua con los discípulos de Jesús da comienzo a su liberación del pecado y el comienzo de la iglesia como el nuevo pueblo de Dios.

“Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios” (22:16). Algunas traducciones dicen “no comeré más,” pero más no se encuentra ni en los mejores manuscritos. Existe la pregunta de si Jesús comió y bebió en esta Pascua. Lucas no nos lo dice. Jesús espera el banquete mesiánico en el reino de Dios.

“Y tomando el vaso” (22:17). Jesús empieza con el vaso en vez con el pan. Hay dos vasos (vv. 17, 20). En la observación de Pascua tradicional se utilizan cuatro vasos, y la relación entre los dos vasos y los cuatro es incierta.

“Tomad esto, y partidlo entre vosotros” (22:17). El vaso dividido unirá a los discípulos de Cristo.

“Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio” (22:19a). Estas cuatro acciones son las mismas que Jesús obró al alimentar a los cinco mil (9:16) y la comida de Emmaús (24:30), pero, en esas dos ocasiones Jesús bendijo el pan y, en esta ocasión, da gracias.

“Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí” (22:19b). El imperativo del verbo griego refleja una acción que continúa, como “sigue haciendo esto” o “haz esto regularmente.” La Pascua recuerda a Israel de la intervención de Dios por su bien (Éxodo 12:14), y esta cena recordará a los discípulos de la intervención de Jesús por su bien.

“Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (22:20). Los otros sinópticos dicen, “Porque esto es mi sangre del nuevo pacto” (Mateo 26:28; Marcos 14:24). El lenguaje de Lucas pone énfasis en pacto en vez desangre y, por lo tanto, es como 1 Corintios 11:25 en lugar de los otros sinópticos. Moisés ratificó el viejo pacto vertiendo sangre sacrifica en el altar y en la gente (Éxodo 24:6-8). Jesús ratifica el nuevo pacto vertiendo su propia sangre. En la primera Pascua, el pueblo fue salvado por la sangre de un cordero; en ésta, somos salvados por la sangre de el Cordero.

“Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquél hombre por el cual es entregado!”(vv. 21-22). Lucas da un relato mínimo de la traición y no menciona el nombre del traidor. Jesús deja claro que la traición es parte del plan de Dios, pero esto no elimina la responsabilidad del traidor y sus acciones.

“Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto”(22:23). En los otros sinópticos, los discípulos miran hacia su propio corazón, preguntando, “¿Soy yo, Señor?” (Mateo 26:22, Marcos 14:19). Aquí se preguntan uno de otro.

LUCAS 22:24-38. Y HUBO ENTRE ELLOS UNA CONTIENDA

24Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. 25Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: 26Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve. 27Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.

28Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: 29Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí, 30Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel. 31Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo; 32Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos. 33Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte. 34Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

35Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. 36Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada. 37Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene. 38Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta.

“Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor” (22:24). Antes, Jesús les había hablado a los discípulos de su muerte venidera. Ellos respondieron discutiendo sobre cuál de ellos era el mejor. Entonces, Jesús les puso un niño delante y dijo, “el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande” (9:46-48). No parece que los discípulos hayan aprendido mucho de ese previo encuentro.

Ambos Judas y Pedro traicionarán a Jesús. Este argumento entre los discípulos es otra traición. Jesús les ha llamado a una vida de servidumbre desinteresada, pero continúan con una vida de ambición personal. No obstante, también hemos de considerar la posibilidad de que, alterados por escuchar a Jesús hablar de la muerte, simplemente quieran cambiar la conversación hacia un tema menos inquietante.

“Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores” (22:25). Potencia y dominación son juegos gentiles; en el reino de Dios no hay lugar para tales juegos. Gente rica llega a conocerse como “bienhechora” porque hace grandes donaciones caritativas, pero su verdadera intención puede ser agrandar su reputación en lugar de ayudar a los demás. Si es así, solo es otra manera de jugar el juego de potencia y dominación. Los discípulos, que viven bajo ocupación romana, han experimentado la opresión de un pueblo dominado y conocen el lado oscuro de potencia y dominación.

“Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve” (22:26-27). Jesús ha revelado el reino de Dios, un mundo al revés en el que los primeros son los últimos y los últimos los primeros (13:30). Solo hace poco que habló de una viuda que puso dos monedas pequeñas en el receptáculo del templo, diciendo, “De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos” (21:3). Acaba de servirles en la mesa, una acción generalmente reservada para un sirviente o una mujer. ¿Qué más puede hacer para que comprendan la servidumbre desinteresada a la que les llama? Puede hacer una cosa más. Puede morir en una cruz.

“Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones” (22:28). Para los discípulos, ésta es la única verdadera reclamación de grandeza.

“Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí, para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel” (22:29-30). Tenemos una profunda necesidad de ser incluidos. ¿Cómo podría Jesús demostrar más claramente el papel principal que tiene para los discípulos que incluyéndoles en su mesa y sentándoles en tronos de justicia?

“Simón, Simón” (22:31a). Jesús ha llamado a este hombre Pedro desde que le llamó al discipulado, pero aquí le llama por su antiguo nombre, Simón. La repetición de su nombre nos recuerda a la más tardía llamada de Jesús, “Saul, Saul” (Hechos 9:4). Tiene un sonido agradable.

“he aquí Satanás os (plural) ha pedido para zarandaros como á trigo; Mas yo he rogado por ti (singular) que tu fe no falte: y tú (singular), una vez vuelto, confirma á tus hermanos” (22:31b-32). Satanás exige zarandear a los discípulos, algo parecido a su exigencia de probar a Job (Job 1-2). Satanás exige probaros (plural), pero Jesús reza por ti (singular) – por Pedro. Jesús necesita que Pedro tome un papel de liderazgo que haga más fuertes a los demás discípulos. Pero parece que la oración de Jesús permanece sin contestar, porque Pedro fallará, como Jesús explica en versículo 34. Sin embargo, el fallo de Pedro será temporáneo, después del cual regresará a la fe y hará más fuertes a sus hermanos. En el libro de Hechos, Pedro será tan fuerte como ahora se imagina que lo es. Clama, “Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte” (v. 33). Después de la resurrección, lo hará sin vacilar o desistir.

“Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo?” (22:35). En dos ocasiones, Jesús envió a los discípulos en misiones, instruyéndoles que no llevaran provisiones, y no les faltó nada. La primera vez, mandó a los doce (9:1-6). La segunda, mandó a los setenta (10:1-12).

“Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja” (22:36a). Los días que se acercan serán bastante distintos de aquéllos cuando los discípulos podían contar con la hospitalidad de los demás. Ahora deben equiparse bien, porque el mundo les rechazará igual que rechazará a su Amo.

“y el que no tiene, venda su capa y compre espada” (22:36b). El comentario de la espada es una hipérbole que enfatiza el peligro que van a encontrar. Se enfrentarán con “el tipo de noche, dice Jesús, en que uno venderá su propia ropa para comprar una espada” (Craddock, Interpretation, 260).

“Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene” (22:37). La cita es de Isaías 53:12. Pronto, acusarán a Jesús de estar fuera de la ley y será crucificado entre dos malhechores.

Dijeron, “Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta” (22:38). Los discípulos no han comprendido el simbolismo en el lenguaje de Jesús acerca la espada, y no han logrado escuchar su llamada a la servidumbre. La respuesta de Jesús exaspera y descarta. Por la falta de tiempo, no puede enseñarles lo que, hasta ahora, se han negado a aprender. Sus armas pronto les identificarán como unos fuera de la ley cuando uno de los discípulos levante su espada contra un esclavo del alto sacerdote (22:50).

LUCAS 22:39-46. SE FUE AL MONTE DE LAS OLIVAS

39Y saliendo, se fue, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. 40Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43Y le apareció un ángel del cielo confortándole. 44 Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 45Y como se levantó de la oración, y vino á sus Discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; 46Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.

“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron” (22:39). Lucas incluye a todos los discípulos en esta escena, no como Mateo (26:37) y Marcos (14:33), que incluyen solo a Pedro, Santiago, y Juan. Previamente, Lucas utilizó la frase, “como solía,” para describir la oración de Jesús en la sinagoga (4:16). En su vida, Jesús combina la fuerza de alabanza pública (la sinagoga) con alabanza privada (orar en el Monte de las Olivas), un modelo excelente para nuestras propias vidas.

“Orad que no entréis en tentación” (22:40). Jesús sabe que Satanás ha exigido “zarandear” a los discípulos, y ahora tienen la oportunidad de rezar por ayuda.

“Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró” (22:41). La postura normal para rezar es de pie (18:10-14). Quizá al arrodillarse, Jesús demuestra su humildad en presencia de Dios o su disposición para recibir la voluntad de Dios.

“Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (v. 42). Esta bella oración reúne ambos el deseo de Jesús de no sufrir y su sumisión al Padre. Es una oración importante para que emulemos nosotros. A veces Dios responde una oración concediéndonos lo que pedimos. En otros casos, Dios permite un fin diferente de lo pedido, pero transforma ese fin en algo deseable. A menudo, Dios transforma nuestros Viernes Santos en Pascuas – pero antes nos permite sufrir los Viernes Santos. Cuando podemos decir honestamente, “Sea tu voluntad,” abrimos la puerta al pleno ejercicio de la potencia de Dios y su providencia en nuestras vidas.

“Y le apareció un ángel del cielo confortándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (22:43-44). Algunos de los más tempranos manuscritos omiten estos versículos. Lucas omite el ángel en la tentación de Jesús (4:1-13; véase también Mateo 4:11; Marcos 1:13) pero lo añade aquí.

Lucas considera sus lectores helénicos, que interpretarían agonía (en el sentido de una lucha interna) como debilidad. La experiencia de Jesús en el Monte de Olivas es como la de Jacob, que luchó con el ángel (Génesis 32:24-32).

Si Jesús está en agonía, también sus discípulos. “Y como se levantó de la oración, y vino á sus Discípulos, hallólos durmiendo de tristeza” (22:45). Mateo (26:40-45) y Marcos (14:37-41) ponen a Jesús encontrando a los discípulos dormidos tres veces, pero Lucas solo una vez. Lucas también suaviza el fallo de los discípulos añadiendo la frase, “de tristeza.” Sobrellevados por unas circunstancias que ni pueden controlar ni comprender, se duermen.

“¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación” (22:46). Todo padre reconoce la frustración tras las palabras de Jesús a los discípulos. Sabe que la hora es crítica, les dijo que se prepararan, y fallaron. Ahora es demasiado tarde. De nuevo les dice que recen, pero será interrumpido por la llegada de la multitud.

LUCAS 22:47-53. JUDAS LLEGÓSE Á JESÚS A BESARLO

47Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo. 48Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre? 49Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo? 50Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha. 51Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. 52Y Jesús dijo á los que habían venido á él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos?

53Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

“Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?” (22:48). Esta traición se hace aún más pérfida por el gesto de amistad de Judas.

“Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo? Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha” (22:49-50). Los discípulos piden consejo, pero sin darle a Jesús la oportunidad de responder, uno de ellos ataca con su espada. Desde nuestra perspectiva de lunes por la mañana, es fácil criticar a los discípulos. Sin embargo, en una situación tensa, confundidos y temerosos, actúan como lo hace la gente confundida y temerosa. Debemos admirar su lealtad a Jesús, a quién quieren defender.

“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó” (22:51). Está claro que Jesús sabe que Dios está a cargo, y se mantiene tranquilo ante la confusión. Pone fin a la violencia y repara el daño hecho. Aún en ese momento, Jesús sana.

Podemos preguntarnos como se sentirá el siervo. Hace un momento, era enemigo de Jesús. Ahora, Jesús le sana. ¿Está agradecido? ¿Está sorprendido de ver que Jesús ayuda a su enemigo? ¿Está convencido por esta demostración de la capacidad de sanar de Jesús?

¿Y qué de los discípulos? Si Jesús no hubiera sanado al siervo, las autoridades les hubieran identificado como fuera de la ley y les hubieran arrestado. La atención de Jesús hacia la herida del siervo permite que las autoridades enfoquen toda su atención en Jesús, dándoles a los discípulos oportunidad de escaparse.

“Y Jesús dijo á los que habían venido á él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí” (22:52-53a). Jesús llama la atención al hecho de que no actúan en público porque “tenían miedo del pueblo,” (22:2) que seguramente saldría en defensa de Jesús.

“mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (22:53b). Lucas nos dijo que, después de la tentación, el diablo “se fue de él por un tiempo” (4:13). Ese tiempo ha llegado. No solo es oscura la noche, pero parece que las fuerzas de las tinieblas están en control.

LUCAS 22:54-62. MUJER, NO LE CONOZCO

54Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. 55Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos. 56Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba. 57Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. 58Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. 59Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo. 60Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. 61Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.

“Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos” (22:54). Sería fácil criticar a Pedro por seguir a lo lejos, pero fíjese de que es el único discípulo que le sigue.

“Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos. Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba. Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices” (22:54-60a).

Pedro traiciona a Jesús tanto como Judas, aunque le falta la premeditación y la mala intención de Judas. Sería fácil criticar a Pedro por su triple traición, pero antes debemos mirarnos a nosotros mismos para ver lo abiertos que somos con nuestra fe cuando una amistad o un trabajo están en juego. Creemos que podríamos ir a nuestra muerte sin negar a Jesús, pero ¿permanecemos en silencio cuando expresar nuestra fe nos haría impopular?

“Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente” (22:60b-62). La redención de Pedro comienza inmediatamente después de cantar el gallo y Jesús se da la vuelta para mirar a Pedro. Pedro recuerda que Jesús predijo su traición, y llora. La mirada de Jesús le ha cortado hasta el corazón, pero esa mirada es como el escalpelo de un cirujano que restaura la salud. Jesús rezó que Pedro se diera la vuelta y apoyara a sus hermanos (22:32), y ese momento comienza con esta vuelta. Pedro está plenamente arrepentido, y nunca jamás volverá a abandonar a Jesús en momentos de peligro.

LUCAS 22:63-71. VOSOTROS DECÍS QUE YO SOY

63Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de él hiriéndole; 64Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió. 65Y decían otras muchas cosas injuriándole.

66Y cuando fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio, 67Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; 68Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis: 69Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios. 70Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy. 71Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

“Profetiza quién es el que te hirió” (22:64). La ironía es que la traición de Pedro acaba de demostrar la capacidad profética de Jesús.

“¿Eres tú el Cristo? Dínoslo… ¿Luego tú eres Hijo de Dios?” (22:67, 70a). Estas preguntas son las correctas, pero se preguntan por motivos equivocados. Que Jesús sea el Cristo y el Hijo de Dios es central a su identidad, su misión, y su ministerio. El motivo por preguntar estas preguntas, sin embargo, es obtener pruebas contra Jesús. Él se niega a participar en su juego, y les dice directamente que no son capaces de creer. El resto de sus respuestas se parecen a Daniel 7:13 y Salmo 110:1.

“Vosotros decís que yo soy” (22:70b). Si contesta que sí, Jesús sería culpable de blasfemia, imputable bajo ley judía pero no romana. De nuevo, Jesús no responde directamente, pero pasa la pregunta a sus interrogadores.

“¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca” (v. 71). ¿Oído qué? Jesús ni ha confirmado ni negado que él es el Cristo o el Hijo de Dios. Pero han venido a acusarle, y eso es lo que hacen.

LUCAS 23:1-12. LEVANTANDOSE TODA LA MULTITUD, LLEVÁRONLE Á PILATO

23:1Levantandose entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato. 2Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo, el rey. 3Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, dijo: Tú lo dices. 4Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. 5Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

6Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. 7Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalén en aquellos días.8Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal. 9Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió: 10Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía. 11Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato. 12Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.

“Levantándose entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato. Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo, el rey” (23:1-2). Líderes judíos no tienen la autoridad de imponer la pena de muerte, por eso, llevan a Jesús ante Pilato, que sí tiene la autoridad. Ya que Jesús no es un ciudadano romano, tiene pocos derechos. Las preocupaciones principales de Pilato son (1) el mantenimiento del orden romano, (2) el mantenimiento de la paz, y (3) el castigo de comportamiento criminal. Consideraría blasfemia u otros delitos religiosos como problema interno de los judíos, y no estaría preparado para aceptar responsabilidad por resolver tales problemas. Por lo tanto, líderes judíos necesitan declarar cargos que Pilato tome en serio – sedición, rebelión, y la presunción equivocada de autoridad. Lucas nos ha preparado para el tema de los tributos. Antes, líderes judíos intentaron atrapar a Jesús preguntándole sobre el pago de tributos a los romanos, y Jesús contestó, “dad á César lo que es de César” (20:25).

“Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, dijo: Tú lo dices. Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí” (23:3-5).

Ciertamente éste es un relato incompleto. Pilato no pregunta de tributos. No llama testigos. Acepta fácilmente como negación la respuesta de Jesús acerca su puesto como rey. Seguro que hay más de esta historia que no se incluye. Pilato pronuncia inocente a Jesús, la primera de tres veces que lo hará (vv. 4, 14, 22). Los altos sacerdotes y la multitud protestan, diciendo que Jesús alborota al pueblo, y mencionan que Jesús es de Galilea.

“Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalén en aquellos días” (23:6-7).

La mención de Galilea parece mostrar la totalidad geográfica de la actividad de Jesús, pero también puede marcar a Jesús como un posible insurrecto. La mención de Galilea tiene el no intencionado efecto de proporcionar a Pilato una “salida.” Galilea está bajo la jurisdicción de Herodes. Al mandar Jesús a Herodes, Pilato: (1) elimina su problema y (2) muestra honor a Herodes al reconocer su autoridad.

Herodes, “le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió” (23:9). Cristianos han interpretado el silencio de Jesús según Isaías 53:7, “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca” (véase también Hechos 8:32-35). Herodes se ofende al ver que Jesús se niega a contestar y se une a sus soldados, burlándose de Jesús. La nota en v. 12 que Herodes y Pilatos se hacen amigos este día puede ser el resultado de que Pilato refiriera el caso a Herodes, así reconociendo su autoridad.

LUCAS 23:13-25. NO HE HALLADO CULPA ALGUNA EN ESTE HOMBRE

13Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, 14Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis. 15Y ni aun Herodes; porque os remití á él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho. 16Le soltaré, pues, castigado. 17Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.

18Mas toda la multitud dio voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás: 19(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) 20Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús. 21Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: crucifícale, crucifícale. 22Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré. 23Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían. 24Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían; 25Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.

Lucas no explica por qué la gente, que siempre ha apoyado a Jesús, ahora se vuelve contra él. Quizá los líderes judíos han reunido un grupo de gente complaciente. La ironía es que líderes judíos acusaron a Jesús de pervertir a la gente, pero ahora son ellos los que lo hacen.

Herodes suelta a Jesús y Pilato piensa de esto como una absolución. Proclama que Jesús es inocente; la segunda de tres veces que lo hará (vv. 4, 22). Propone castigar a Jesús, lo cual no se justifica si Jesús es inocente. Pilato ofrece media barra de pan, esperando satisfacer a la gente sin una crucifixión.

Los mejores manuscritos omiten v. 17.

“Quita á éste, y suéltanos á Barrabás” (23:18). El nombre de Barrabás es interesante. Bar significahijo, y Abba significa Padre, entonces, su nombre literalmente significa “hijo del Padre.” Tienen dos opciones: (1) un verdadero Hijo del Padre, o (2) un falso hijo del padre. Escogen al falso, un insurrecto (v. 19), así rechazando paz y escogiendo violencia. Al ser escrito este Evangelio, Jerusalén se encontraba en ruinas porque la gente había continuado apoyando hombres violentos.

“Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían. Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían” (23:23-24). Pilato tiene convicciones correctas pero no tiene el valor que necesita para llevarlas a cabo. Es vulnerable. En dos ocasiones forzó decisiones impopulares sobre la gente, resultando en desorden civil. Otro incidente así le podría costar su trabajo. Pilato escoge el camino seguro, concediéndole a la gente lo que quiere.

LUCAS 23:26-31. TOMARON Á UN SIMÓN CIRENEO

26Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. 28Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalén, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. 29Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. 30Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos. 31Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?

“Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús” (23:26). Un soldado romano puede presionar a un ciudadano bajo ocupación para que haga lo que le diga. Jesús está demasiado débil a causa del castigo para poder llevar su propia cruz, por eso, un soldado le dice a Simón que la lleve por él. Marcos 15:21 describe a Simón como Padre de Alejandro y Rufo, quienes han de ser familiares para sus lectores. En Romanos 16:13, Pablo menciona a Rufo, que puede ser o no ser hijo de Simón.

“Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban” (23:27). Estas mujeres seguramente lamentan de manera ritual, y quizá esperan ganar algunas monedas por sus esfuerzos.

“Hijas de Jerusalén, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron” (vv. 28-29). Jesús les dice que lloren por si mismas, avisándoles que igual que él se enfrenta con tiempos terribles ahora, ellas se enfrentarán con tiempos aún más terribles después. Gente de esa cultura premia los hijos, pero los días que se acercan serán tan terribles que los que no tienen hijos se considerarán afortunados, quizá porque no tendrán que ver a sus hijos sufrir.

“Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos” (v. 30). El llorar a las montañas, ‘Caed sobre nosotros,’ es desear la muerte.

“Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?” (v. 31). Si los inocentes (el árbol verde) pueden sufrir, ¿qué les pasará a los culpables (el árbol seco) (véase Ezequiel 20:47). Unos años más tarde, Jerusalén será destruido por los romanos y la mayoría de sus habitantes serán matados. Jesús invita a estas mujeres a llorar por Jerusalén.

LUCAS 23:32-43. DOS MALHECHORES

32Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos. 33Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. 36Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, 37Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo. 38Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.

39Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros. 40Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación? 41Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. 42Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (23:34). Antes, Jesús les enseñó a los discípulos a orar por sus enemigos (6:27, 35), y ahora practica lo que predicó. Los soldados romanos verdaderamente ignoran lo que hacen, por eso, la oración les debe incluir. No obstante, los verdaderos enemigos de Jesús son los líderes religiosos judíos, por eso, podemos suponer que él reza por ellos también. Aunque más culpables que los soldados, ellos tampoco entienden quien es Jesús ni la seriedad de su pecado.

En la tentación, el diablo presentó tres tentaciones diciendo, “Si eres Hijo de Dios” (4:1-13). Ahora los líderes dicen, “sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios” (23:35). Los soldados dicen,“Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo” (v. 37). El criminal dice, “Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros” (23:39). Solo Lucas relata la conversación de Jesús con los malhechores. Ambos le piden salvación, pero el primero lo hace de manera burlona. El segundo admite su culpabilidad y le pide a Jesús que se acuerde de él al entrar en su reino. Jesús le concede al segundo ladrón la salvación que ha pedido. Agustino observó, “Existe un caso documentado de arrepentimiento en el lecho de la muerte, el del ladrón penitente, para que nadie desespere; y uno solo para que nadie de por hecho la salvación.”

LUCAS 23:44-56. PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU

44Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 45Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. 46Entonces Jesús, llamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. 47Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. 49Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

50Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo, 51(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios; 52Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto. 54Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado. 55Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.56Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

“Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio” (23:44-45). Quizá la oscuridad sea una señal de que las fuerzas de las tinieblas prevalecen en esos momentos. Quizá sea una señal de la angustia que siente Dios por su hijo fiel. Quizá sea una advertencia para la gente de Jerusalén.

El velo del templo separa a la gente del Santo de los Santos, la morada de Dios. Solo el alto sacerdote tiene acceso al Santo de los Santos, y él solo una vez al año. El velo roto simboliza nuestro libre acceso a Dios como resultado del sacrificio de Jesús (véase Hebreos 10:20; Efesios 2:14-15).

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (v. 46 – citado de Salmo 31:5). Las últimas palabras de Jesús en este Evangelio son muy diferentes a las de Mateo y Marcos donde pregunta por qué Dios le ha abandonado.

Lucas describe la reacción a la muerte de Jesús por parte de cuatro personas o grupos:

• El centurión responde proclamando la inocencia de Jesús – “Verdaderamente este hombre era justo” (23:47).

• La multitud de los que estaban presentes se herían sus pechos (23:48).

• Las mujeres, “estaban lejos mirando estas cosas” (23:49). Las mujeres presencian la muerte de Jesús, y también serán los primeros testigos de la resurrección (23:55 – 24:12; véase también Juan 20:1-18).

• José, “varón bueno y justo… (El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos)” (v. 50) “llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (23:52) para poder darle a Jesús un entierro apropiado. Ésta es una acción valiente, conociendo la hostilidad que sentían los colegas de José hacia Jesús.

“Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto” (23:53). El Evangelio de Juan también identifica el lugar como “un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto ninguno” (Juan 19:41). El Evangelio de Mateo lo identifica como “su (de José) sepulcro nuevo” (Mateo 27:60).

“Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos” (23:55-56a). Estas mujeres, dedicadas a Jesús aún después de su muerte vergonzosa, están determinadas a honorarle preparando su cuerpo apropiadamente para el entierro. En el Evangelio de Marcos, hacen esto después de concluir el Sábado (Marcos 16:1).

Lucas concluye diciendo, “y reposaron el sábado, conforme al mandamiento” (v. 56b). El Sábado, cuando se observa de manera apropiada, es un tiempo de sanar. Observar el Sábado, empieza a mover de nuevo a la gente de la oscuridad hacia la luz.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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