Lucas 17:5-102018-11-09T13:31:30+00:00

Comentario

Estudio de la Biblia

Lucas 17:5-10

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 17:1-10. CUATRO REFRANES

Estos versículos están compuestos de cuatro refranes, aparentemente sin relación, pero que Lucas teje con una fluidez natural:

• Primero, Jesús trata el tema de tentación – “que no vengan escándalos” (vv. 1-2). Un ejemplo obvio es el de un pastor, culpable de mal comportamiento sexual, que causa a creyentes menos maduros abandonar la fe. La pena por tal comportamiento, dice Jesús, es peor que una muerte repentina.

• Segundo, Jesús establece un equilibrio entre el juicio y la gracia cuando relata como hemos de tratar a los que nos ofenden. Hemos de regañar a nuestro ofensor y, si hay arrepentimiento, hemos de perdonar. La necesidad de perdonar es absoluta, aún si el ofensor repite ofensa y súplica siete veces al día (vv. 3-4). Antes, Jesús les enseñó a los discípulos a rezar, “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben” (11:4). Nosotros necesitamos perdón a menudo. Por eso, debemos perdonar con frecuencia.

• Tercero, los discípulos, espabilados por estos requisitos, preguntan a Jesús de la fe que se requiere para cumplirlos. Jesús no responde dispensando fe automáticamente, en vez, habla del poder de la fe, aunque se trate de una fe muy pequeña (vv. 5-6).

• Finalmente, Jesús cuenta una parábola que ayuda a los discípulos comprender la llamada más alta que está frente a ellos. Las expectativas son altas. Nada que podamos hacer se puede considerar como más allá de nuestro deber (vv. 7-10).

LUCAS 17:5-6. FE COMO UN GRANO DE MOSTAZA

5Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro (griego: sukamino): Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.

“Auméntanos la fe” (v. 5). Las exigencias de versículos 1-4 son difíciles, y los discípulos se preguntan cómo podrán cumplirlas. Reconocen la fe como don de Dios y piden, “Auméntanos la fe.” Pueden pedir fe y prepararse para recibirla, pero darla es cuestión de Dios.

Hasta este momento, la fe solo se ha mencionado cinco veces en este Evangelio (5:20; 7:9, 50; 8:25, 48). “En cada caso, ‘fe’ no es una posesión tanto como una disposición: fe impulsa comportamiento fiel… entonces, esta petición por parte de los discípulos, ‘Auméntanos la fe,’ es como decir ‘Haznos gente fiel” (Green, 613).

“Si tuvieseis fe como un grano de mostaza” (v. 6a). El grano de mostaza es una de las semillas más pequeñas. Jesús utiliza esta semilla minina para contrastarla con el gran árbol de sukamino – utiliza una hipérbole para demostrar el gran poder que tiene aún la fe más pequeña. Es el mismo tipo de lenguaje exagerado que utilizará después para hablar de un camello que pasa por el ojo de una aguja (18:25).

¿Sugiere Jesús que los discípulos tienen la fe requerida o no? Algunos eruditos creen que Jesús está afirmando la fe de los discípulos, mientras que otros creen que, con sus palabras, Jesús está regañándoles por falta de fe. En una historia paralela en el Evangelio de Mateo, los discípulos no pudieron curar a un niño epiléptico, y Jesús dice que su fallo fue uno de fe (Mateo 17:20). Ya que Lucas deja sin solucionar el tema de la fe de los discípulos, dejemos que Mateo lo solucione. Entonces, Jesús quiere decir, “Si tuvierais la fe del tamaño de un grano de mostaza – que aún no tenéis…” Sin embargo, llegará el momento – después de la resurrección – cuando sí tendrán esa fe.

Pero la fe requerida es la fe en Dios – no la fe si mismo o en dinero o armas o poder o gente. La fuerza detrás de la fe que Jesús describe aquí es la fuerza de Dios, y fe en Dios es lo que nos permite atener esa fuerza.

“diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá” (v. 6b). La versión de Mateo, la más familiar, habla de mover una montaña en vez de levantar las raíces de un árbol. En la versión de Lucas, Jesús habla de levantar las raíces de un sicómoro – seguramente uno grande – y plantarlo en el mar. Se trata de que la fe, aún en pequeñas cantidades, tiene gran poder. La persona de fe tiene acceso al poder de Dios, que hace todo posible – hasta mover árboles (difícil) y hacerles crecer en agua salada (imposible). No es nuestra fe la que logra estas maravillas, sino el Dios que está detrás de nuestra fe. Nuestra fe, entonces, es como un billete de mil dólares impreso en un papel que solo vale un centavo. Ese billete tiene valor solo porque tiene el completo apoyo de la fe y el crédito del gobierno. Así también nuestra fe tiene valor solo porque Dios bendice y autoriza a los fieles.

Jesús alentará a los discípulos un pequeño paso a la vez – pero solo después de la resurrección llegarán a tener gran fe y gran poder.

¿Cómo, entonces, conseguimos esta fe poderosa?

• Los discípulos tenían razón; fe es el don de Dios, así, podemos rezar para que Dios aumente nuestra fe. El tiempo que uno pasa en oración es fundamental para el desarrollo de la fe – pero, también hay otras cosas que podemos hacer para cooperar con Dios, que quiere aumentar nuestra fe.

• Relaciones con gente de fe crían más fe. Por eso, es importante participar en alabanza y en la vida de la iglesia.

• Escrituras informan y corrigen nuestra fe. Sin escrituras para guiarnos, solemos tener fe en algo más pequeño que Dios – dinero, una persona carismática, el gobierno – algo que nos decepcionará al final. Las escrituras nos acercan a Dios para que podamos desarrollar la poderosa fe de la que Jesús habla aquí.

• Nuestra fe crece a medida que actuamos según nuestra fe. Cada don de Dios es reforzado al ejercerlo, y así es con la fe. Una palabra de aviso: Igual que un soldado de infantería no puede ver suficiente para saber si la batalla va bien o mal, el cristiano corriente también tiene la vista limitada. Cristianos de la temprana iglesia que morían en cruces al lado de las carreteras o en el Coliseo actuaban según la fe, y algunos podrían haber sentido que Dios había traicionado su fe. Ahora podemos ver que su sangre no fue derramada en vano, en cambio, se convirtió en fertilizante que alimentó el fuerte crecimiento de la iglesia. Fe quiere decir creer aún cuando el final parece dudoso.

LUCAS 17:7-10. LO QUE DEBÍAMOS HACER, HICIMOS

7¿Y quién de vosotros tiene un siervo (griego: doulon – sirviente o esclavo) que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa? 8¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe? ¿Quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que ve? 9¿Da gracias al siervo (griego: me echei charin to doulo – seguramente no tiene gratitud o respeto hacia el sirviente) porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. 10Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.

Próximo, tenemos la Parábola del Siervo Poco-Apreciado (título mío). El amo tiene un siervo o esclavo que trabaja en ambos los campos y en la casa del amo. Sería justo que después de haber trabajado todo el día en el campo, el amo le preparase la cena al siervo. En lugar de eso, el siervo prepara la cena del amo y limpia la mesa. Solo entonces se preocupa de sus propias necesidades.

Esta parábola es difícil por varias razones. Primero, parece que Jesús aprueba de la esclavitud. Segundo, parece descuidado e injusto. Tercero, no es nuestra experiencia. Estamos acostumbrados a premiar empleados fieles (o ser premiados), a no ser que encuentren un jefe más generoso (o que encontremos otro empleo).

Esta historia, sin embargo, no aloja la esclavitud tal como la Parábola del Buen Samaritano no aloja el robo. Simplemente utiliza una situación común de la época de Jesús para ilustrar una verdad espiritual – que “Dios no nos debe nada por vivir buenas vidas cristianas” (Culpepper, 323).

Aunque es una verdad difícil, es importante comprenderla. La vida cristiana a menudo es difícil, y podemos pensar que Dios nos ha abandonado. Aún Jesús gritó, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Pero una vez que adoptemos “la actitud que se describe en esta parábola, podemos enfrentar las tentaciones más severas que aparecen a lo largo de nuestra obra cristiana” (Wallace, 116).

También debemos anotar que el griego doulon o doulos se puede traducir como siervo o esclavo. A causa de nuestra sensibilidad sobre la esclavitud, aquí sería mejor traducirlo como “siervo.”

Jesús modeló el ministerio de servidumbre al que nos llama. Vino a la tierra, no en Roma, sino en Palestina – no con una cuchara de plata en la boca, sino con un abrevadero de cuna – no en un tiempo cuando se podría dirigir al público por televisión, sino cuando la comunicación se limitaba al alcance de su voz – no para sentarse en un trono, pero para colgar de una cruz. Si tenemos una queja con los requisitos del discipulado, debemos dirigirnos al que ha modelado el tipo de sacrificio que nos pide hacer.

Bailey anota varios paralelos entre esta parábola y la Parábola del Siervo Cuidadoso, donde el amo sirve a sus siervos que se han demostrado fieles (12:35-40). Piensa de esta parábola como una que puede aclarar el posible malentendido causado por la parábola anterior (Bailey, Through Peasant Eyes, 119).

“Da gracias al siervo” (me echei charin to doulo – seguramente no tiene gratitud o respeto para el siervo) (v. 9). En el Evangelio de Lucas, la palabra charin o charis generalmente tiene que ver “con crédito (6:32-34) y favor (1:30)” (Bailey, 121). La cuestión, entonces, es si el amo queda endeudado con su siervo por haber cumplido sus órdenes. Esta pregunta “espera una respuesta rotundamente negativa en la parábola” (Bailey, 122).

El punto NO es que Dios no premia la obediencia, sino que nuestra obediencia nunca deja a Dios endeudado con nosotros. “Nosotros existimos para Dios, no Dios para nosotros. Como supremo a nosotros de manera inimaginable, merece nuestra plena lealtad y obediencia sin resentimiento: simplemente se trata del cumplimiento de una obligación natural” (Nolland, 843). Nuestra salvación, entonces, siempre depende de la gracia de Dios (el favor no merecido de Dios – el don de Dios). Necesitamos su gracia todos los días. Seríamos sumamente necios si estuviéramos frente a Dios el día del juicio y pidiéramos ser juzgados a base de justicia y no gracia.

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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