Lucas 16:19-312018-11-09T11:32:58+00:00

Comentario

Estudio de la Biblia

Lucas 16:19-31

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 16. EL CONTEXTO

Este capítulo comienza con la Parábola del Mayordomo Deshonesto (vv. 1-13), la lección del Evangelio de la semana pasada. Esa parábola dice “haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas” (v. 9). Su proximidad a versículos 19-31, nuestra lección de esta semana, refuerza el hecho de que debemos cuidar a los pobres y vulnerables.

En versículo 14, Lucas estableció que fariseos eran amantes del dinero y que respondían a la enseñanza de Jesús sobre el dinero con burla. Su teología deuteronómica les alentaba a pensar que riqueza era señal de bendición de Dios y pobreza señal de su descontento. Pensaban de personas como Lázaro merecedora de su sufrimiento – culpable de algún pecado atroz. Jesús retó esta creencia con la declaración que “lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (v. 15).

Jesús habló de la ley, los profetas, y la proclamación del reino de Dios (v. 16) avisando, “empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley” (v. 17). Su advertencia sobre el divorcio (v. 18) se dirige a los hombres que diezman lealmente (11:42) pero dejan a sus esposas de lado sin pensarlo y sin provisiones. No solo ignoran a los pobres y vulnerables, pero también crean pobreza y vulnerabilidad.

Aunque esta parábola parezca ser de dinero, verdaderamente se trata de valores. Es posible ser rico y disfrutar del favor de Dios – Abraham, David, y Salomón son unos ejemplos. La cuestión no es si tenemos dinero o no, pero si amamos nuestro dinero (1 Timoteo 6:10) – si compartimos la preocupación de Dios por los pobres y vulnerables – si estamos tan distraídos con preocupaciones personales que no nos damos cuenta de los Lazaros a nuestro alrededor.

Esta parábola retó a Albert Schweitzer y le impulsó a dejar su vida confortable en Europa para establecer el Hospital Lambarene en África (Buttrick, 289).

LUCAS 16:19-21. HABÍA UN MENDIGO ECHADO Á LA PUERTA DE ÉL

19Había un hombre rico (griego: anthropos de tis en plousios – había cierto hombre rico), que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas, 21Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

“Había un hombre rico” (v. 19a). Porque Lázaro es nombrado (es la única persona que recibe nombre en todas las parábolas de Jesús), algunos eruditos consideran ésta una historia verdadera en vez de parábola, pero la presencia del griego tis – “cierto” hombre rico – sugiere que es una parábola.

Jesús establece hasta donde llega la riqueza del rico y la ostentosidad de su estilo de vida. “Se vestía de púrpura y de lino fino” (v. 19b). Púrpura simboliza riqueza y poder. El tinte de color purpúreo es caro, restringiendo aún más su uso. El hombre también lleva lino fino – otra marca de riqueza.

“y hacía cada día banquete con esplendidez” (v. 19c). La imagen es de un banquete servido a diario. Hoy, no necesitamos ser ricos para participar en este tipo de indulgencia propia. Ejecutivos con cuentas de gastos a menudo festejan de manera suntuosa, y menús de come-todo-lo-que-puedas y porciones súper grandes nos tienen a todos ganando peso.

“Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas” (v. 20). La puerta sirve ambos para mostrar la riqueza del hombre y para hacer de barrera para visitantes no queridos – aislando al hombre rico de las realidades duras del mundo al otro lado de su puerta. La puerta también simboliza la distancia que separa a Lázaro del mundo de este hombre rico. Lázaro no tiene puerta – ni siquiera tiene una casa. Echado justo a la puerta del hombre rico, pocos metros físicos le separan a él de la casa del hombre rico, pero el mundo del hombre rico no es más accesible que la luna. ¿Cómo ha de sentirse Lázaro al ser tan pobre rodeado de tanta riqueza? Hoy, riqueza y pobreza a menudo coexisten en proximidades cercanas, creando gran resentimiento por parte de gente que no tiene dinero ni esperanza.

Lázaro es la única persona nombrada en todas las parábolas de Jesús. Su nombre es una variación de Eleazer, que significa “Dios sana” o “Dios ayuda.”

Mientras que el cuerpo del hombre rico está cubierto de púrpura y lino fino, el cuerpo de Lázaro está cubierto de llagas.

“Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico” (v. 21a). La condición de Lázaro es exactamente opuesta a la del hombre rico. Está enfermo – cubierto de llagas. Tiene hambre – desea hartarse de las migas que caen de la mesa del rico. En banquetes, gente se limpia la grasa de las manos con un pedazo de pan y lo tira al suelo. Desear este pan sucio es señal de suma miseria – de degradación. Nos recuerda al hijo pródigo, que deseaba comer los desperdicios que se les daba a los cerdos.

¿Puede Usted recordar algún momento en que se encontró mirando hacia dentro desde afuera? – necesitando algo de comer – o alojamiento para refugiarse del frío – un tanque de gasolina – una palabra cariñosa – y nadie le dio nada. Muchos de nosotros, como el hombre rico en esta parábola, nunca hemos tenido una experiencia así. Sin embargo, millones, como Lázaro, sufren a diario a causa de este intenso deseo.

“y aun los perros venían y le lamían las llagas” (v. 21b). ¡Otro ejemplo de la miseria de Lázaro! Las únicas criaturas que se dan cuenta de él son los perros que vienen a lamer sus llagas. Lázaro los vería como un estorbo, y no pensaría que están haciendo ministerio. No logra apartarles.

El hombre rico seguramente es consciente de que Lázaro está a su puerta, pero no hace nada para ayudar. Puede considerar que es caritativo solo por no haberle echado a la fuerza de su propiedad.

LUCAS 16:22-23. VIO Á ABRAHAM DE LEJOS

22Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió También el rico, y fue sepultado. 23Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vio á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.

“Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham” (v. 22a). No nos sorprende saber de la muerte de Lázaro. Gente pobre y enferma sin acceso a cuidado médico muere pronto.

“y murió también el rico” (v. 22b). Sí nos sorprende saber de la muerte del hombre rico, porque sus recursos le proveían acceso a buena comida, alojamiento, y cuidado médico. Al final, sin embargo, todos morimos.

“y fue sepultado” (v. 22c). El hombre pobre murió, pero no aparece ninguna mención de su entierro. En esa cultura, un entierro apropiado se consideraba algo muy importante. No ser enterrado como es debido sería la última indignidad para una vida llena de indignidad.

El hombre rico muere y es enterrado, seguramente con gran pompa y ceremonia.

No obstante, Jesús nos dice que el hombre pobre “fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.” ¡La Gran Reversa ha comenzado! (véase 1:46-55).

“Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos” (v. 23a). En pensamiento judío, el infierno (Hades o Sheol) es el hogar de los muertos. De todos modos, “Jesús no contó esta parábola para enseñarnos del Infierno. Nos la contó para enseñarnos de la vida” (Wallace, 152).

El hombre rico “vio á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno” (v. 23b). Durante su vida, el hombre rico no dio ninguna indicación de haber visto a Lázaro. Aún ahora, ve a Lázaro como una figura subordinada, algo que observa solo en su periferia.

LUCAS 16:24-26. UNA GRANDE SIMA ESTÁ CONSTITUIDA

24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que Moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. 25Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. 26Y además de todo esto, una grande sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

“Padre Abraham, ten misericordia de mí” (v. 24a). El hombre rico está acostumbrado a tratar con gente de influencia, por eso dirige su súplica hacia “Padre Abraham,” la persona de alto estatus, en vez de a Lázaro, la persona de quien espera recibir alivio. Sus palabras, “Padre Abraham,” nos recuerdan que, antes en este Evangelio, Juan Bautista advirtió “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham” (3:8).

“y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama” (v. 24b). El hombre rico conoce el nombre de Lázaro. Nos preguntamos si conocía el nombre de Lázaro mientras éste se encontraba a su puerta.

Aún ahora, encontrándose en sus circunstancias disminuidas, el hombre rico ve a Lázaro solo como el hacedor de sus recados. Le pide a Abraham que mande a Lázaro con una gota de agua. En versículo 27, le pedirá a Abraham que mande a Lázaro para avisar a sus hermanos.

Existe ironía aquí. Lázaro una vez deseaba las sobras que caían de la mesa del hombre rico. Ahora, el hombre rico desea una gota de agua del dedo de Lázaro.

“Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida” (v. 25a). Abraham reconoce al hombre rico como su hijo, pero no puede ayudarle. Versículo 25 hace pensar que el hombre rico es castigado por ser rico y el hombre pobre es premiado por ser pobre. El pecado del hombre rico, sin embargo, no fue su riqueza sino la dureza de su corazón. La presencia de Lázaro en su puerta le rindió la oportunidad de cumplir un servicio importante, pero no sintió compasión ni tomó ninguna acción.

“recibiste tus bienes en tu vida” (v. 25a). “Ahora aparece un nuevo equilibrio” (Nolland, 832).

“y Lázaro también males” (v. 25b). De la misma manera, la pobreza de Lázaro no es la clave de su salvación aunque, en este Evangelio, Jesús muestra un profundo afecto hacia pobres y vulnerables.

“mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado” (v. 25c). Sus circunstancias ahora han sido reversadas, pero hay algunas diferencias sutiles:

• En vida, la separación iba en una sola dirección. Lázaro no podía acercarse al pobre pidiendo ayuda, pero el hombre rico tenía la libertad de ofrecerla. En muerte, sin embargo, les separa una gran sima que corta acceso en dos direcciones. Aún si Lázaro quisiera ayudar, no podría.

• En vida, el hombre rico quería evitar todo contacto con Lázaro. Ahora está atormentado por el abismo que les separa. ¡Tened cuidado por lo que rezáis!

Fariseos no pueden ignorar que la parábola se dirige a ellos. Consideran su prosperidad como premio de Dios por su buena conducta. En vez, la parábola advierte que, si son como el hombre rico en vida, serán como él en la muerte también. Relata una gran reversa, retando su teología que considera riqueza señal de favor de Dios y pobreza señal de su descontento.

LUCAS 16:27-31. MAS SI ALGUNO FUERE Á ELLOS DE LOS MUERTOS

27Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre; 28Porque tengo cinco Hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento. 29Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos. 30El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán. 31Mas Abraham le dijo: Si No oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.

“Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre” (v. 27). De nuevo el hombre rico le pide a Abraham que mande a Lázaro en papel de criado – esta vez para avisar a sus hermanos. Ya extinguida la posibilidad de ayudarse a si mismo, finalmente empieza a pensar de otros – pero solo de sus hermanos. No muestra ninguna preocupación por sus vecinos – y ninguna por los desapercibidos que viven al otro lado de las vías.

“Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento” (v. 28). “El hombre rico tiene cinco “hermanos” pero debía tener seis – el que no reconoció fue Lázaro” (Hoyer y Roth, 57).

“A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos” (v. 29). “Moisés y los profetas” incluye numerosas provisiones que describen la necesidad de tratar decentemente a los pobres y vulnerables:

• Judíos no han de maltratar desconocidos, viudas, o huérfanos (Éxodo 22:21-22, 23:9; Levítico 19:33; Deuteronomio 24:17-18).

• Han de dejar cosas para los pobres (Levítico 19:9-10; 23:22).

• Han de traer diezmas para apoyar levíticos, desconocidos, aquéllos sin padre, y viudas (Deuteronomio 14:28-29; 26:12-15).

• Han de cancelar todas las deudas cada séptimo año y abrir las manos a los necesitados (Deuteronomio 15:1-11).

• Han de incluir desconocidos, aquéllos sin padre, y viudas en sus celebraciones (Deuteronomio 16:9-15).

• Han de observar justicia (Isaías 5:7-10; Miqueas 3:1-3).

• No han de explotar a los trabajadores (Isaías 58:3).

• Han de luchar por aquéllos sin padre y defender los derechos de los pobres (Jeremías 5:25-29).

• Se les advierte contra el uso de pesas deshonestas (Óseas 12:7-9) y contra el aprovecharse de los vulnerables (Amos 2:6-8; Malaquías 3:5).

“No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán” (v. 30). El hombre rico protesta porque reconoce la improbabilidad de que sus hermanos respondan a las escrituras de manera más fiel en el futuro de lo que han hecho en el pasado. El uso de la palabra, arrepentirse, muestra que comprende que su sufrimiento actual es consecuencia de su propia falta de arrepentimiento.

“Si No oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos” (v. 31). Podemos dar por hecho que estos hombres han estudiado las escrituras desde su niñez. Si no escuchan la palabra de Dios, no escucharán la palabra de un hombre que solo conocen como mendigo – aún si regresa de la muerte para avisarles.

Lucas escribe este Evangelio muchos años después de la resurrección de Jesús. Ha visto líderes judíos reaccionar a la resurrección de otro Lázaro, tramando para matar a Jesús (Juan 11:1-53). Ha visto que, aunque Jesús resucitó de la muerte, gente todavía se niega a creer. Los que se niegan a escuchar la llamada de Moisés y los profetas para que cuiden a los necesitados y vulnerables son los mismos que mataron a Jesús – y que continúan oponiéndose a la iglesia a pesar de su resurrección.

Nos quedamos pensando como gente podría fallar la prueba de compasión tan completamente – ¿cómo es que no puede responder a la resurrección – cómo puede ser tan ciega por el amor al dinero? Entonces, se nos ocurre que no somos Lázaro, sino el hombre rico. Nosotros también caminamos al lado de los necesitados, pero sin verlos. También fallamos al no escuchar a Moisés y los profetas. También fallamos al no poner plena confianza en la resurrección. También amamos el dinero.

Esta parábola no es un cuento de niños, sino un aviso. “De alguna manera, Cristo nos espera allí en el pobre Lázaro” (Wallace, 156). Debemos preguntarnos si estamos dispuestos a ver Lázaro a nuestro alrededor. Debemos preguntarnos qué es lo que hemos hecho últimamente para proveer comida, ropa, alojamiento, y caridad humana a los Lazaros que nos rodean.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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