Lucas 14:25-332017-03-22T04:45:32+00:00

Comentario (Estudio de la Biblia)

Lucas 14:25-33

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller


PASAJE BÍBLICO: Lucas 14:25-33

 

Comentario (Estudio de la Biblia):

LUCAS 14. EL CONTEXTO

Jesús sanó a un hombre hidrópico, lo cual creó controversia relacionada al sábado (14:1-6). Se dirigió a gente que buscaba el mejor asiento, aconsejando que, en vez, buscara el peor asiento y que invitase a los menospreciados a su mesa (14:7-14). Cuando un invitado dijo, “Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos,” Jesús respondió con la parábola de la gran cena, sugiriendo que los elegidos habían rehusado la invitación a favor de otras prioridades y que, por eso, gentiles tomarían su lugar (14:15-24). La lección evangélica de esta semana sigue naturalmente esa parábola en que los elegidos no estaban dispuestos a darle a su amo la prioridad que se merecía.

LUCAS 14:25-33. DISCIPULADO COSTOSO

Jesús se encuentra en camino a Jerusalén y la cruz, pero la multitud piensa que está en camino a Jerusalén y una corona. Consideran a Jesús como un “ganador,” y le siguen para poder ganar ellos también. Jesús enseña que discipulado va acompañado por un precio muy alto. Los que aspiran seguirle han de considerar el precio antes de firmar el contrato.

Jesús exige compromiso, una palabra poco popular estos días. Estamos tentados a llenar asientos, prometiendo un Lexus en cada garaje y un Rolex en cada muñeca. Estamos tentados a no retar a la gente hacia un discipulado fiel – hacia la fiel asistencia a la alabanza – sexualidad fiel –práctica honesta en los negocios – declaraciones de impuestos correctas – compasión por los menos afortunados – u otros compromisos costosos. Esperamos que, quizá, si no pedimos demasiado, los que visitan regresarán. La ironía es que iglesias de estándares altos atraen a gente de altos estándares. Su integridad y compromiso atraen a los demás. Pronto, sus asientos están llenos.

Jesús no hace fácil el discipulado. No ofrece un plan fácil para pagar a plazos. Nunca trata de esconder el precio del discipulado. En vez, lo escribe en una etiqueta grande para que todos lo vean.

Pero Jesús no requiere de los discípulos algo que él mismo no esté dispuesto a dar. Antes, Lucas nos dijo que Jesús “afirmó su rostro para ir á Jerusalén” (9:51) – el lugar donde morirá en una cruz. En realidad, se encuentra en camino a Jerusalén sabiendo bien lo que le espera allí.

LUCAS 14:25-27. CUALQUIERA QUE NO TRAE SU CRUZ

25Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo: 26Si alguno viene á mí, y no aborrece(griego: mesei – odiar, desatender, ser indiferente a) á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. 27Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

 

“Y muchas gentes iban con él” (v. 25a). Este versículo marca una transición. Jesús ha cenado en casa de un fariseo, y sus declaraciones se dirigían al pequeño grupo reunido en esa ocasión. Ahora, se dirige a grandes multitudes. El hecho de que viajen con él muestra su entusiasmo contagioso. Su mensaje para ellos es el mismo que el del grupo anterior. Dios exige primer lugar en nuestras vidas, y ese tipo de discipulado es costoso.

“Si alguno viene á mí, y no aborrece (mesei – odiar, desatender, ser indiferente a) á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo” (v. 26). Este versículo es difícil de oír, porque suena como algo que va en contra de la familia. En las últimas décadas, hemos visto la decadencia de la familia tradicional, una decadencia causada en gran parte por nuestra incomodidad con compromiso. Empezamos a reconocer las consecuencias de esa decadencia, y no queremos que Jesús empeore la cosa. También, las palabras de Jesús suenan irrespetuosas hacia los padres, creando conflicto con nuestros valores.

Sin embargo, esto es una hipérbole semítica o una exageración para causar efecto. Jesús no nos pide aborrecer a padre y madre, sino un compromiso que se eleva sobre todo otro compromiso, incluyendo el de una familia. “Aborrecer” en este contexto no busca desarrollar disgusto hacia miembros de familia, sino que exige amarles menos que a Cristo. Esta idea es común en el Antiguo Testamento (véase Proverbios 13:24; 2 Samuel 19:6; Génesis 29:30-33; Malaquías 1:2-3; Deuteronomio 21:15-17 – véase también Lucas 16:13).

“Ya que Jesús dijo que la característica más importante del discipulado es amar a todos, incluyendo enemigos y perseguidores, no puede ser que Jesús pidiera literalmente a los discípulos que aborrecieran a sus prójimos. Si has de amar a quien te dio latigazos, ¿por qué no al que te cuidó?” (Hoezee, 405).

Con esta multitud, Jesús hace lo que hizo previamente con uno que quería ser discípulo. A ese hombre le dijo, “Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza” (9:57). A otro que primero quería enterrar a su padre Jesús le dijo, “Deja los muertos que entierren á sus muertos” (9:60). A uno que quería despedirse de su familia, Jesús dijo, “Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios” (9:62).

Jesús promete que nuestro compromiso recibirá recompensa. “De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios, Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna”(18:29-30) – pero esa declaración viene después. En nuestra lección del Evangelio, Jesús solo exige – no promete.

En su propia vida, Jesús experimentó conflicto entre vocación y familia. Cuando le dijeron que su madre y hermanos querían verle, respondió, “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan” (8:21).

“Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (v. 27). En versículo 26, Jesús nos pidió aborrecer hasta nuestra propia vida. Ahora, nos pide llevar nuestra cruz, el instrumento de nuestra muerte. “El principio del discipulado es el final del propio ser. Estamos completamente bajo las ordenes de Cristo” (Barclay, 206). Cristianos cargando cruces no se distraen fácilmente, sino que “están cegados a la busca de un estatus noble, sin preocuparse de asegurar su futuro mediante obligaciones de otros hacia ellos o amontonando posesiones. Son libres para identificarse con Jesús en su sufrimiento deshonroso” (Green, 566).

Lucas escribe a cristianos que saben lo que significa cargar una cruz. Persecución ha comenzado, y cristianos están muriendo en cruces. Para la persona que espera un discipulado casual, las palabras de Jesús sobre cargar la cruz serían preocupantes – pero para la iglesia de Lucas, que experimenta persecución, estas palabras confirmarían sus sacrificios.

Surge una pregunta de este versículo en un tiempo cuando fanáticos islámicos amarran bombas a sus cuerpos y las detonan en mercados llenos de gente. Lo hacen voluntariamente, creyendo que Dios recompensará su martirio – pero, al hacerlo, le dan una mala imagen al entusiasmo religioso. ¿Cuál es la diferencia entre un cristiano cargando una cruz y el fanatismo islámico? La diferencia es que Cristo nos pide amarnos uno a otro – aún a nuestros enemigos. Amor, no bombas, es el agente de cambio cristiano.

• Santos cristianos no detonan bombas en esquinas llenas de gente. En vez, rechazan carreras prometedoras para irse al fin del mundo y proclamar el amor de Dios.

• Cristianos se sacrifican a si mismos, no a otros.

• Cristianos sacrifican a favor de gente que no comparte sus creencias y con quien no tienen mucho en común – excepto el hecho de ser creados por el mismo Padre.

LUCAS 14:28-30. PORQUE CUÁL DE VOSOTROS, QUERIENDO EDIFICAR UNA TORRE

28Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla? 29Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él, 30Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.

 

“Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos” (v. 28). “En parábolas, preguntas como ‘¿cuál de vosotros?’ esperan una respuesta negativa (11:5, 11; 14:5; 17:7)” (Nolland, 763).

Cuando renovamos nuestra casa, nos aconsejaron aumentar el presupuesto de diez a veinte por ciento, porque uno nunca sabe lo que va a encontrar al derrumbar paredes. Acabamos gastando esa cantidad y más en los meses que siguieron. Fue difícil, pero logramos terminar la obra. Otra familia comenzó una adición al mismo tiempo, y su casa pasó mucho tiempo parada mientras buscaban el dinero para terminarla. Podemos imaginar su frustración.

Ésta es una buena metáfora para el discipulado cristiano. Cuando primero decidimos seguir a Cristo, solo sabemos que habrá un precio que pagar. Solo es al desdoblarse la vida que podemos empezar a comprender el precio final. Desde el principio, Jesús nos avisa que el precio será alto.

LUCAS 14:31-32. ¿O CUÁL REY, HABIENDO DE IR Á HACER GUERRA?

31¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?32De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada.

 

Esta parábola expresa el mismo punto que versículos 28-30. No empieces hasta que hayas calculado y asesorado la probabilidad de tener éxito. Planifica con cuidado para evitar desilusión. Prepárate ahora, no sea que te encuentres en medio de un desastre.

“De la misma manera, Dios no a entrado en un proceso redentor sin estar listo para terminarlo. No puso su rostro hacia Jerusalén sin estar listo para enfrentar el sacrificio requerido de él allí” (Culpepper, 292).

LUCAS 14:33. EL QUE NO RENUNCIA Á TODAS LAS COSAS QUE POSEE

33Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.

 

En este Evangelio, Jesús habla frecuentemente de posesiones materiales. Expuso el error del hombre rico cuya única preocupación era disfrutar su riqueza (12:13-21). Les dijo a sus discípulos que no se preocuparan de comida y ropa, porque “al Padre ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen” (12:22-34). Requirió que el joven regidor rico vendiera sus posesiones y se las diera a los pobres (18:18-25). Zaqueo mostró su arrepentimiento, comprometiéndose a redimir cualquier falta de honestidad previa, repagando cuatro veces esa cantidad (19:8). Jesús avisa, “No podéis servir á Dios y á las riquezas” (16:13).

Lucas también escribió el libro de Hechos, donde relató, “Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes; Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester” (2:44-45; véase también 4:32).

Hacerse cristiano requiere arrepentimiento, una palabra que en griego significa más que tristeza por haber pecado – como un soldado dando media vuelta – volviéndose hacia una nueva dirección. Jesús deja claro que hacerse cristiano significa volverse hacia Dios y rechazar cualquier preocupación por posesiones.

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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Copyright 2007, 2010, Richard Niell Donovan