Lucas 10:25-372018-12-05T08:10:51+00:00

Comentario
Estudio de la Biblia

Lucas 10:25-37

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

LUCAS 9:51 – 11:13. DISCÍPULOS MÁS PROFUNDOS

En 9:51, Jesús comenzó su viaje a Jerusalén y a la cruz, un viaje que continuará hasta la Entrada Triunfante del capítulo 19. Entonces, mientras viajaba hacia Jerusalén, cuenta una historia de gente que viaja desde Jerusalén (Van Harn, 368).

En esta lección del Evangelio, el abogado le contesta a Jesús diciendo que dos cosas son necesarias para heredar la vida eterna – amar a Dios y amar al prójimo (v. 27). Varios eruditos han encontrado una conexión entre la parábola del Buen Samaritano (vv. 29-37) y la historia que sigue de Marta y María (vv. 38-42). La parábola demuestra lo que significa amar al prójimo, y la historia de Marta y María demuestra lo que significa amar a Dios.

Bock va un paso más allá al unir la enseñanza de Jesús sobre la oración (11:1-13) con estas historias. Solo a través de una profunda relación con Dios, alentada por oración, podemos amar a Dios y al prójimo.

LUCAS 10:25-26. ¿HACIENDO QUÉ COSA?

25Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? 26Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿Cómo lees?

Marcos 12:28-34 y Mateo 22:34-40 se paralelan a este texto de Lucas. Mateo y Lucas dicen que el abogado simplemente estaba probando a Jesús, mientras que Marcos no menciona esto. Marcos pone a Jesús en posición de alojar al abogado, diciéndole “No estás lejos del reino de Dios.” Solo Lucas utiliza la historia del abogado para presentar la parábola del Buen Samaritano.

El entrenamiento del abogado está en el Tora. Ha pasado mucha de su vida preguntando y contestando preguntas de la ley. Su manera de expresarse a través de preguntas y repuestas puede parecer hostil, pero también puede llevar a una amigable discusión, mucho como los atletas que prueban sus técnicas unos con otros. Quizá el abogado ya ha sobrepasado toda la competición local y está ansioso de probarse a si mismo contra este nuevo Rabí. Jesús les acaba de decir a sus discípulos, “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis: Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (vv. 23-24). Ahora, el abogado quiere ver si uno que habla tan grandiosamente puede contestar una simple pregunta (Culpepper, 227).

“¿Haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?” (v. 25). El uso de la palabra “poseer” es interesante. El control de una herencia está en manos del que la da – no en manos del que la recibe. Dios le prometió a Israel que heredaría la Tierra Prometida (Lev. 20:24), y todos comprendieron que la herencia era un regalo. Sin embargo, es posible que una persona ofenda a su benefactor y pierda la herencia. También es posible dejar una impresión favorable sobre un benefactor y ganarse la herencia. El abogado pregunta que es lo que tiene que hacer para impresionar favorablemente a Dios y así ganarse la herencia de la vida eterna.

Craddock cuestiona lo que pasa en este intercambio entre Jesús y el abogado. Explica que el abogado hizo su pregunta, no para entender mejor, sino para ganar ventaja sobre Jesús. Craddock concluye que esto no es “una práctica del reino” (Craddock, 150).

Hay una lección aquí para nosotros. Estamos tentados a mejorar nuestro testimonio hacia los que no asisten a la iglesia aprendiendo las respuestas para cada pregunta. Sin embargo, esto nos tienta a entrar en una lucha verbal – inefectiva, lo más probable. Nuestro testimonio depende menos de respuestas astutas que de amor. Si verdaderamente amamos a Dios, al prójimo, y a nosotros mismos, entonces, como sugiere este texto, nuestro prójimo se sentirá atraído por nuestro amor.

“¿Qué está escrito de la ley? ¿Cómo lees?” (v. 26). La pregunta de Jesús le devuelve el reto al abogado. “¡Tú eres el experto!” ¡Has pasado la vida estudiando la ley! ¡Dímelo tú a mí! La respuesta de Jesús también sirve para dirigir la discusión hacia las escrituras, fundamento de la vida judía, y afirma la lealtad de estas escrituras para guiarnos por el buen camino.

LUCAS 10:27-28. AMARÁS AL SEÑOR – Y Á TU PRÓJIMO COMO Á TI MISMO

27Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo. 28Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.

La respuesta del abogado viene de dos escrituras: “Y Amarás á Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder” (Deuteronomio 6:5) y “mas amarás á tu prójimo como á ti mismo” (Lev. 19:18). El pasaje de Deuteronomio es parte del Shema, que judíos repiten dos veces al día. Por lo tanto, no nos debe sorprender que se encuentre en los pensamientos del abogado.

Las calificaciones de versículo 27 difieren un poco entre los Evangelios. En Lucas, Jesús dice, “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento.” Marcos utiliza las mismas calificaciones, poniendo al revés las últimas dos (corazón, alma, entendimiento, fuerza). Mateo usa solo tres (corazón, alma, y entendimiento).

Jesús podría decirle al abogado que la salvación no es cuestión de hacer, sino cuestión de la gracia de Dios. Sin embargo, el dice, “haz esto, y vivirás” (v. 28) y “ve, y haz tú lo mismo” (v. 37). De esta manera, refuerza el entendimiento del abogado que sus acciones son importantes para su salvación. Sin embargo, los dos mandamientos que el abogado ha citado, requiriéndole amar a Dios y al prójimo sin límites, son de esencia tan global que él no puede, en sinceridad, decir que los guarda – ni podemos decirlo nosotros. Es importante mantener estos dos mandamientos de la manera más fiel pero, al final, estamos a la merced de Dios.

Estos mandamientos llaman a un amor hacia Dios y prójimo, pero también reconocen un tercer amor – el amor propio. El segundo mandamiento da por hecho que nos importamos a nosotros mismos y nos pide que tengamos el mismo nivel de amor hacia nuestro prójimo – que estemos tan preocupados por el bienestar del prójimo como lo estamos por nosotros mismos. Nos llama a calcular de nuevo los límites entre “nosotros y ellos” – agrandar nuestro círculo para que solo haya un “nosotros.”

“Bien has respondido: haz esto, y vivirás” (v. 28). El abogado es erudito de la ley y sabe lo que requiere. Empezó a cuestionar a Jesús preguntándole qué es lo que debe hacer para ganarse la vida eterna. Ahora, Jesús le dice que debe hacer lo que él ya sabe. Entonces, vivirá.

LUCAS 10:29. ¿Y QUIÉN ES MI PRÓJIMO?

29Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Ésta es una pregunta práctica presentada por un hablador hábil que quiere “justificarse” – quiere ganarse unos puntos en el debate. ¿Cómo puede él obedecer el segundo mandamiento sin saber quién es su prójimo? Es el tipo de pregunta que los Rabíes discuten sin cesar. Tal debate a veces representa una autentica devoción a la ley, pero fácilmente se puede deteriorar en un ejercicio académico. Al continuamente debatir la ley, uno puede aplazar el tener que observarla.

En la superficie, el abogado pregunta a quién debe amar. Sin embargo, a un nivel más profundo, le está pidiendo a Jesús que defina los límites. De esta manera sabrá quién no se le requiere amar. Si determina quién es su prójimo, también sabrá quién no es su prójimo.

Mientras que en el Antiguo Testamento hay un fuerte énfasis en la separación de Israel de las gentes a su alrededor (véase Deuteronomio 7), el mismo capítulo que requiere amar al prójimo también dice, “Como á un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrinare entre vosotros; y ámalo como á ti mismo; porque peregrinos fuisteis en la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios” (Lev. 19:34). Esto amplía bastante la definición del prójimo, un hecho que el abogado sabe bien. Sin embargo, lo que no se puede imaginar es lo lejos que Jesús llevará esta definición.

LUCAS 10:30-37. LA HISTORIA DE UN PRÓJIMO

Jesús podría decir, “Todos son tus prójimos.” En vez, cuenta una historia que nos alienta a fijarnos más en el prójimo que se encuentra al otro lado de la verja, que en la verja misma. Cuando fijamos los ojos en la verja, no vemos claramente a nuestro prójimo. Sin embargo, cuando miramos a nuestro prójimo, apenas podemos ver la verja.

La historia de Jesús puede tener sus raíces en 2 Crónicas 28:5-15. En esa historia, samaritanos rescataron judíos que habían sido derrotados en batalla, les alimentaron, les vistieron, les ungieron, y les llevaron a sus hogares en Jericó – mucho como el samaritano hará por el viajero en la parábola de Jesús.

LADRONES LE DEJARON MEDIO MUERTO

30Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

Jesús nos dice poco del viajero que se convierte en la víctima de ladrones. No sabemos si es judío, samaritano, o extranjero. No conocemos el propósito de su visita a Jerusalén ni la esencia de su trabajo en Jericó.

Jerusalén está situada en terreno montañoso, y el camino a Jericó es curvo y rocoso, bajando más de 3,000 pies de altura en solo 17 millas. Tal terreno provee ladrones con la oportunidad de emboscar al viajero y de tener rutas fáciles de escape. Siempre que sea posible, gente viaja en grupos por estos caminos. Al viajar solo, este hombre tomó un riesgo y pagó un alto precio por su decisión. El samaritano, sin embargo, no se pregunta si el viajero mismo se causó el problema, sino que se detiene para ayudarle. Solemos agrupar gente necesitada en dos categorías, los que merecen, y los que no merecen. Esto nos da la flexibilidad de poder excusarnos a nosotros mismos al momento de tener que ayudar a los que no lo merecen. El ser cristiano, sin embargo, se trata de ayudar a los que no lo merecen (Romanos 5:8).

“Le despojaron” (v. 30). Sería posible para los transeúntes determinar algo de la identidad del hombre caído según su ropa o su manera de hablar, pero los ladrones le han despojado de su ropa y le han dejado inconsciente. Por lo tanto, le han dejado irreconocible. Transeúntes quizá se detuvieran más rápidamente si pudieran identificar al hombre como miembro de su grupo, pero no pueden hacer eso (Bailey, Through Peasant Eyes, 42-43).

LUCAS 10:31-32. PASARON DE UN LADO

31Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. 32Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.

Esperamos compasión de los clérigos y damos por hecho que el sacerdote y el levita ayudarán, pero pasan al hombre de un lado. Jesús no dice porque no se detienen:

• Quizá estén en camino a cumplir con servicios religiosos – excepto que Jesús dice que el sacerdote “descendió por aquel camino” (v. 31) – “descendió” en dirección a Jericó en vez de subir hacia Jerusalén. Sacerdotes cumplen su trabajo en el templo un período de tiempo y después regresan a su hogar. Este sacerdote estaría camino a casa, y no presidiría en el templo por algún tiempo.

• Quizá estén disgustados por lo que ven y prefieren no ensuciarse las manos y la ropa. Esta razón es tan trivial que nos inclinamos a no considerarla, pero muchas personas han pasado de largo por esta misma razón.

• Quizá teman que la víctima esté muerta. Cualquier judío que toca un cuerpo muerto es considerado inmundo por siete días (Num. 19:11), y debe pasar por una ceremonia de purificación al tercer y séptimo día para no ser rechazado por la asamblea (Num. 19:13, 20). Un sacerdote o levita inmundo queda prohibido de cumplir sus responsabilidades en el templo hasta ser purificado – la ley especifica ciertas responsabilidades sacerdotales que pueden dejar al sacerdote y a su asistente inmundos por una temporada – así, sacerdotes y levitas inmundos no son algo fuera de lo común (véase Num. 19:1-10ª, esp. v. 7). Sin embargo, la ley que prohíbe que un sacerdote toque un cuerpo muerto se expresa en términos exactos; “Ni entrará donde haya alguna persona muerta, ni por su padre, ó por su madre se contaminará” (Lev. 21:11). El levita, sin embargo, tiene más flexibilidad aquí. Aunque él también, quedará inmundo si toca un cuerpo muerto, las consecuencias son menos severas para él que para el sacerdote.

• Quizá tengan miedo, pensando que el hombre ha sido puesto ahí para hacerles caer en una emboscada. Las heridas del hombre caído verifican la presencia de ladrones. Por eso, una emboscada es muy posible. El sacerdote, levita, y samaritano tienen razón al preocuparse por su seguridad.

• Quizá estén sobrellevados por la logística de transportar a un hombre herido a través de las montañas y encontrarle ayuda en el próximo pueblo. Mucha gente se encontraba en este tipo de viaje, lo que haría imposible que ellos transportaran al hombre. Sin embargo el sacerdote, como miembro de la clase alta, seguramente va montado y, por lo tanto, tiene como transportarle (Bailey, 43). Jesús nos dice que el samaritano pone al hombre sobre su propio animal, lo que significa que él también tiene como transportarle. No sabemos si el levita va montado o no.

• Quizá el levita ve al sacerdote pasar, y queda influenciado por su ejemplo.

Haríamos bien, sin embargo, en no demonizar al sacerdote o al levita. Jesús no escogió al sacerdote ni al levita porque eran los peores, sino porque eran los mejores. Si fuera gente terrible la historia perdería su fuerza. También, haríamos bien en recordar las numerosas y buenas razones por las que pasamos de un lado. Nosotros también tenemos responsabilidades urgentes que no nos permiten demorarnos. Nosotros tampoco queremos ensuciarnos. Nosotros también tenemos miedo de pasar por una carretera desierta y ayudar a un desconocido. Nosotros también nos encontramos sobrellevados por la logística de ayudar a los necesitados. Estas preocupaciones son muy reales, y debemos reconocerlas como tal.

LUCAS 10:33-35. UN SAMARITANO FUE MOVIDO A MISERICORDIA

33Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fue movido á misericordia; (griego: esplanchnisthe – movido por compasión hasta la profundidad de sus entrañas). 34Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. 35Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.

“Mas un Samaritano” (v. 33). Recientemente, una aldea samaritana rehusó recibir a Jesús “porque era su traza de ir á Jerusalén” (9:53). Ahora Jesús tiene la oportunidad de vengarse – de hacer al samaritano el culpable de una historia que será contada una y otra vez a lo largo del tiempo. Pero como veremos, hará lo contrario.

La estilística narrativa de la época hace que el tercer personaje en una serie de tres rompa la norma establecida por el primer y segundo personaje. Esta historia se conforma a esa norma, pero la progresión natural sería sacerdote, levita, israelita. Jesús hace una historia completamente diferente al escoger al samaritano como la persona que rompe la norma (Culpepper, 229).

Judíos consideran a samaritanos como gente de media raza – casados con paganos – contaminados – gente que no merece servir a Dios. Judíos evitan contacto con samaritanos siempre que sea posible y les consideran aún peor que paganos. Al fin y al cabo, los samaritanos estaban incluidos en la promesa, pero no se valoraron lo suficiente para mantenerse puros. Además, samaritanos se oponían a la reconstrucción del templo (Ezra 4:2-5 y Neh. 2:19), y establecieron un templo rival en el Monte de Gerizim.

Igual que sabemos poco acerca de la víctima, sabemos poco acerca del samaritano. Solo sabemos que está dispuesto a ayudar aunque se encuentre en territorio judío entre gente que no se inclinaría a ayudarle a él en circunstancias parecidas.

“Y viéndole” (v. 33). Ésta es la primera de las acciones de redención del samaritano – ve al hombre herido. No separa la vista. No ve al hombre herido como un pedazo de carne asquerosa y sin esperanzas. Ve al hombre y, como veremos, siente su dolor.

“Fue movido á misericordia” (griego: esplanchnisthe – movido por compasión hasta la profundidad de sus entrañas) (v. 33). “No son pensamientos fríos; nacen en lo más profundo de nuestro ser, y cuando son arrancados, expulsados o expresados, nos alegramos o agonizamos” (Burghardt, 106-107).

“Echándoles aceite y vino” (v. 34). Aceite y vino no solo se utilizan para curar heridas, sino que también se usan en la alabanza judía. El sacerdote y el levita, que manejan aceite y vino en el templo, fallan al no aplicárselos al hombre que encuentran por el camino para aliviar su sufrimiento. “Es elsamaritano el que vierte la verdadera ofrenda aceptable a Dios” (Bailey, Through Peasant Eyes, 50).

El samaritano trata las heridas del hombre, de alguna manera le pone sobre su animal, y le transporta al hostal más cercano. Al dueño del hostal le da dos denarios, que constituyen dos días de paga para un obrero (Mateo 20:2), y promete reembolsarle por cualquier gasto adicional. Su generosidad hacia la víctima nos da tranquilidad en su promesa de pagar cualquier gasto adicional.

Las acciones del samaritano reversan las de los ladrones. Robaron al hombre, le dejaron por muerto, y le abandonaron. El samaritano paga por el hombre, le deja en buenas manos, y promete regresar (Bailey, Through Peasant Eyes, 53).

LUCAS 10:36-37. ¿QUIÉN PUES FUE EL PRÓJIMO?

36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones? 37Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

De nuevo Jesús le devuelve la pregunta al abogado. El abogado ni siquiera se atrevía a decir “el samaritano,” sino que solo contestó, “El que usó con él de misericordia.” Su respuesta revela que él todavía no está listo para aceptar al samaritano como su prójimo.

En este intercambio, Jesús nos ayuda a definir la palabra prójimo, no en cuestión de límites, sino en cuestión de relaciones y necesidades humanas. Los límites de amistad entre prójimos vienen, no de fuera, sino de dentro. Podemos ser prójimo para cualquiera que nos acepte como tal. La persona necesitada es el mejor candidato para ser nuestro prójimo, porque es más probable ser aceptados por una persona que necesita nuestra ayuda. El samaritano está dispuesto a ser el prójimo del hombre herido, y el hombre herido está dispuesto a aceptar su ayuda. Puede ser que ése no hubiera sido el caso si no hubiera estado herido.

Hay ironía aquí. La preocupación con pureza religiosa previene al sacerdote y al levita de actuar como prójimos hacia el hombre caído pero el samaritano, considerado inmundo por judíos, cumple con la ley (Lev. 19:18).

“Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo” (v. 37b). Después de la primera respuesta del abogado, Jesús dijo, “haz esto, y vivirás” (v. 28). Después de la segunda respuesta del abogado, Jesús dice, “Ve, y haz tú lo mismo” (v. 36). En el primer caso, Jesús incluyó la promesa que el abogado encontraría la vida. En el segundo caso, no hace ninguna promesa. El samaritano no calculó su recompensa.

Jesús ya está haciendo lo mismo. Es despreciado (Isaías 53:3) igual que el samaritano es despreciado. Jesús, sin embargo, sana los enfermos y se sacrifica a si mismo para salvar a los pecadores. Él es la encarnación de la persona que nos llama ser.

¿Con quién nos identificamos en esta parábola? Algunos se sienten como el hombre herido en la parábola, y estarían felices de tener a un Buen Samaritano que les trajera alivio. Otros se identifican con el samaritano. Yo, personalmente, me identifico con el sacerdote y el levita. Trato de hacer lo correcto, pero necesidad humana es tan abrumadora que estoy tentado a pasar de largo por el otro lado.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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