Jueces 4:1-72017-03-22T04:45:52+00:00

Comentario (Estudio de la Biblia)


Jueces 4:1-7

 

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

COMENTARIO (Estudio de la Biblia):

EL CONTEXTO:

De la misma manera que el libro de Deuteronomio termina con la muerte de Moisés (Deuteronomio 34) y el libro de Josué empieza con la comisión de Josué (Josué 1:1-9), así también el libro de Josué termina con su muerte (Josué 24:29-31; véase también Jueces 2:6-10) y el libro de Jueces empieza con Yahvé llamando a Judá para alzarse en contra de los cananeos  (Jueces 1:2).

El libro de Josué relata su fiel liderazgo, las victorias militares de los israelitas, y el reparto de tierras entre las tribus de Israel.  No obstante, el libro de Jueces empieza por recontar la falta de obediencia de Israel ante la orden de Yahvé de echar a los habitantes de la tierra (capítulo 1; 3:1-6), la desobediencia de Israel (2:1-5), y su infidelidad (2:11-23).

Josué 2:16-23 representa un ciclo que se repite a lo largo del libro de Jueces – la lealtad de Yahvé y la falta de lealtad de Israel, el sufrimiento causado por la infidelidad de Israel, y las respuestas de Yahvé a las súplicas de Israel.  Relata como Yahvé levantó a los jueces para liberar a Israel de sus enemigos, pero los israelitas “tampoco oyeron á sus jueces, sino que fornicaron tras dioses ajenos, á los cuales adoraron” (2:17).  El Señor se apiadó de ellos por la opresión y persecución que sufrían.  Pero cuando un juez moría, ellos  “se tornaban, y se corrompían más que sus padres, siguiendo dioses ajenos para servirles…, inclinándose delante de ellos” (2:19).

A veces los jueces tomaban decisiones en procedimientos legales, pero su trabajo principal era el de regidor y líder militar – liberador.  Los jueces eran la respuesta de Yahvé ante la falta de liderazgo en Israel durante esta época tan importante de su historia.

Débora, el personaje principal en nuestra lectura del leccionario, es un juez.

La lectura del leccionario termina en un lugar extraño – en medio de la historia.  Obviamente, los que marcaron el principio y el final de la lectura lo hicieron así para que no resultara demasiado larga.  Sin embargo, si el que predica piensa hacer algo significativo con esta lectura, debe tomar en cuenta el capítulo entero.

Capítulo 4 cuenta la historia en prosa y capítulo 5 (la Canción de Débora) relata la misma historia en poesía.

JUECES 4:1-3: ISRAEL TORNÓ Á HACER LO MALO

1Mas los hijos de Israel tornaron á hacer lo malo en ojos de Jehová, después de la muerte de Aod. 2Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Asor: y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, y él habitaba en Haroseth de las Gentes. 3Y los hijos de Israel clamaron á Jehová, porque aquél tenía novecientos carros herrados: y había afligido en gran manera á los hijos de Israel por veinte años.

“Mas los hijos de Israel tornaron á hacer lo malo en ojos de Jehová, después de la muerte de Aod” (v. 1).  Jueces 3:12-30 cuenta la historia de Aod, un israelita de la tribu de Benjamín que liberó Israel de la opresión de Eglón, el rey de Moab, un reino situado en el lado este (el lado más lejano) del Río Jordán.  Aod trajo tributos (una ofrenda sustancial) para darle a Eglón, pero con un cuchillo escondido.  Convenció a Eglón de que le traía un mensaje secreto de Dios y Eglón despidió a sus cortesanos.  Cuando Aod estaba a solas con Eglón, se le acercó, supuestamente para darle el mensaje secreto – pero entonces sacó el cuchillo y lo clavó en el vientre carnoso de Eglón para que la grosura de su vientre cubriera la empuñadura y escondiera el cuchillo.  Entonces Aod se marchó cerrando la puerta con llave.  Los sirvientes de Eglón no se alarmaron, pensando que el rey estaba durmiendo, y por eso no descubrieron su cuerpo hasta ya pasado un tiempo.  Aod entonces reunió a la gente de Israel y juntos tomaron posesión de las vaderas del Río Jordán, atrapando a diez mil moabitas que vivían en Israel (el lado oeste del río).  Los israelitas entonces mataron a los diez mil moabitas y terminaron con la opresión de Moab. “Y reposó la tierra ochenta años” (3:30b).

Pero cuando las cosas empezaron a ir bien, Israel empeoró (véase 2:11; 3:7, 12).  Este es el ciclo que tantas veces se repite en el libro de Jueces y en los otros libros de Deuteronomio (desde de Deuteronomio hasta 2 Reyes).  Aunque Israel debía haber celebrado su prosperidad honrando a Dios, quien la hizo posible, en vez “hicieron lo malo en ojos de Jehová” (2:11; 3:7, 12, etcétera).  Su falta de lealtad se manifestó de muchas maneras, pero el énfasis en este libro está en la alabanza de dioses cananeos.

“Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Asor” (v. 2a).  En el libro de Josué hay un relato de un Rey Jabín de Asor que lideró una coalición de reyes para luchar contra Israel.  Sin embargo, Yahvé puso sus ejércitos en manos de los israelitas, quienes les derrotaron rotundamente y destruyeron la ciudad de Asor (Josué 11:1-15).  Algunos eruditos piensan que los dos relatos del Rey Jabín forman una historia algo confusa, pero es posible que los dos Jabines sean dos hombres distintos con el mismo nombre.  En cualquier caso, el personaje central de esta historia en el libro de Jueces no es Jabín, sino Sísara, el comandante del ejército de Jabín.

Asor estaba diez millas (15 km) al norte del Mar de Galilea.  Era una ciudad importante por estar ubicada cerca de un cruce estratégico desde el cual se podía controlar el acceso a Israel desde Siria.

“y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, y él habitaba en Haroseth de las Gentes” (v. 2b).  Este versículo presenta a Sísara como comandante del ejército de Jabín, pero 5:19-20 habla de Israel luchando contra los reyes (plural) de Canaán.  Una posibilidad es que Sísara fuera el comandante del ejército del Rey Jabín, pero que también liderase una coalición de ejércitos contra Israel.  Vivía en Haroseth, lugar que solo aparece aquí en la Biblia, pero no sabemos dónde estaba.

“Y los hijos de Israel clamaron á Jehová” (v. 3a).  El clamor de los israelitas pidiendo la ayuda de Dios es algo rutinario en el ciclo ya mencionado.  Cuando las cosas iban bien, Israel se olvidaba de Dios.  Cuando iban mal, Israel le pedía ayuda.

“porque aquél tenía novecientos carros herrados” (v. 3b).  Sísara tenía novecientos carros de hierro – una fuerza abrumante para cualquier contienda entre el ejército de Sísara y un ejército que solo contaba con soldados a pie.  Este versículo demuestra lo desigualados que estaban los dos ejércitos – el ejército de Sísara y el ejército de Israel.  Obviamente Israel no tenía ninguna oportunidad de derrotar a un enemigo tan formidable – excepto, claro, por la gracia de Dios.

Hay paralelos entre esta historia y la historia del Éxodo.  La mención de un gran ejército equipado con carros de hierro nos recuerda de los carros egipcios que amenazaban a Israel en el Mar Rojo – pero que por la gracia de Dios fueron derrotados (Éxodo 14).  La Canción de Débora (Jueces 5) también nos recuerda a la Canción de Moisés que cantaron él y los israelitas después de ser derrotados los egipcios (Éxodo 15).

“y había afligido en gran manera á los hijos de Israel por veinte años” (v. 3c).  Este es otro ejemplo de la fortaleza del ejército de Sísara.  Israel ha permanecido indefensa para luchar contra su opresión, que rondaba ya los veinte años.

JUECES 4:4-7: DÉBORA GOBERNABA ISRAEL

4Y gobernaba en aquel tiempo á Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidoth: 5La cual Débora habitaba debajo de una palma entre Rama y Beth-el, en el monte de Ephraim: y los hijos de Israel subían á ella á juicio. 6Y ella envió á llamar á Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y díjole: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, y haz gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí, y de los hijos de Zabulón: 7Y yo atraeré á ti al arroyo (hebreo: nahal) deCisón á Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y entregarélo en tus manos?

“Y gobernaba en aquel tiempo á Israel una mujer, Débora, profetisa, esposa de Lapidoth” (v. 4).  Este versículo nos muestra la doble responsabilidad de Débora.  Ella es ambos una profetisa (una persona que transmite mensajes entre Dios y la gente) y un juez (alguien que resuelve disputas, un regidor, un líder militar, y un liberador).  El nombre Débora significa “abeja de miel” – y como veremos, tiene un picotazo poderoso.  Hay varias heroínas en las Escrituras Hebreas, pero Débora es la única juez entre ellas.

La frase hebrea traducida como “esposa de Lapidoth” se podría traducir como “antorchas” – quizá esto sugiere que Débora fuera una mujer de carácter fuerte.

“La cual Débora habitaba debajo de una palma entre Rama y Beth-el, en el monte de Efraím” (v. 5a).  Beth-el se encuentra a 12 millas (19 km) de Jerusalén, y Rama está unas millas al noroeste de Beth-el.  Está a unas 75 millas (120 km) al sur de Asor, el centro del poder de Sísara.  Nos preguntamos si los expolios de Sísara hubieran llegado tan al sur.  Es probable que sí.

“y los hijos de Israel subían á ella á juicio” (v. 5b).  Como ya se ha anotado, un juez sería el que resolvía disputas, un regidor, un líder militar, y/o un liberador.  El contexto de versículos 5-7 deja claro que los israelitas no acudieron a Débora para resolver una disputa, sino para que ella los liberara de la opresión de Sísara.

“Y ella envió á llamar á Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí” (v. 6a).  Barac significa “relámpago.”  La tribu de Neftalí ocupa el territorio donde se encuentra Asor – la capital del Rey Jabín.  Cedes está pocas millas al norte de Asor.  Barac y sus compañeros neftalitas habían sufrido más que todos bajo la opresión del Rey Jabín y Sísara, el comandante de su ejército.

“y díjole: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, y haz gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí, y de los hijos de Zabulón” (v. 6b).  No es Débora la que llama a Barac para liderar un ejército, sino Yahvé.  Yahvé le pide que reúna un ejército de diez mil soldados de entre las tribus de Neftalí y Zabulón.

Neftalí y Zabulón son dos de las tribus del norte lejano.  La tribu más al norte de todas es Dan, que ocupa un territorio pequeño.  Neftalí es la próxima tribu más al norte (junto con Asor, que va paralela a Neftalí y el Mar Mediterráneo).  Asor, la capital del Rey Jabín, se encuentra en el territorio de la tribu de Neftalí.  Zabulón está justo al sur de Neftalí.

Tiene cierto sentido que Dios llamara a Neftalí y a Zabulón para tratar con Jabín y Sísara, porque las tribus del norte lejano sufrían más la opresión de Sísara que las tribus del sur.  Lo que parece extraño es que Dios no involucre a las otras tribus de esa región, como las de Dan, Ason, e Issachâr.  Pero Yahvé a menudo prefiere trabajar con los débiles en vez de los fuertes, para que quede claro que la victoria le pertenece a Yahvé.  Por eso escogió al joven David que se enfrentó a un gigante con solo su tirachinas – y Gedeón, que se enfrentó a un fuerte ejército con su pequeño grupo de 300 soldados.  Cuando el joven David impidió al gigante Golead – y cuando Gedeón y su pequeña compañía de soldados frustró a los medianitas – no se podía cuestionar la causa de su victoria.  Solo Yahvé podría hacer posible tal cosa.  Esta puede ser la razón por la cual Yahvé decide involucrar solo a Neftalí y a Zabulón en la batalla que se acerca.

El Monte de Tabor está unas 10 millas (16 km) al oeste del extremo sur del Mar de Galilea – cerca del lugar donde se juntan los territorios de Neftalí, Zabulón, e Issachâr.  No es muy alto – solo unos 1843 pies (562 metros) – pero se alza desde una baja planicie y por eso es bastante prominente.  Soldados en sus laderas podrían ver fácilmente toda el área y sería difícil desplazarles.  Yahvé (a través de Débora) manda a Barac que reúna sus tropas en el Monte de Tabor.

“Y yo atraeré á ti al arroyo (nahal) de Cisón á Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y entregarélo en tus manos?” (v. 7).  Un wadi es el lecho de un arroyo que generalmente está seco, pero que se llena de agua durante la temporada de lluvia.  La palabra nahalsuele traducirse como río, riachuelo, o arroyo.  La zanja por la cual corre el arroyo de Cisón tiene unos 20 pies (6 metros) de profundidad.  Pronto “se llena durante la temporada de lluvia, creando pantanos y fango de la tierra de las planicies en ambos lados.  Aparentemente, el fango que resultó de las fuertes tormentas impidió los movimientos de la caballería y los carros de Sísara y causó su perdición (Jueces 5:20 y continuación)” (Buehler).  El arroyo de Cisón fluye cerca del Monte de Tabor y se vacía en el Mar Mediterráneo cerca del Monte de Carmelo, pocas millas al noroeste del Monte de Tabor.

Yahvé promete echar a Sísara y a su ejército – junto con sus 900 carros de hierro – hasta el Wadi Cisón.  Ahí es donde toma lugar la batalla decisiva y donde Yahvé promete poner a Sísara y su ejército en manos de Barac.

JUECES 4:8-24: NO APARECEN EN LA LECTURA DEL LECCIONARIO

Aunque estos versículos no aparecen en la lectura del leccionario, son esenciales para esta historia.

Cuando Débora le dice a Barac que reúna a diez mil soldados y los lleve al Monte de Tabor, Barac contesta, “Si tú fueres conmigo, yo iré: pero si no fueres conmigo, no iré” (v. 8).  Con esta declaración Barac parece un cobarde que quiere esconderse tras las faldas de una mujer, pero puede que no sea el caso.  Para Barac, Débora representa la presencia de Yahvé, y su petición muestra su deseo de tener a Yahvé presente con él y su ejército mientras se preparan para la batalla contra Sísara y sus carros de hierro.  Otro punto para tomar en cuenta es que Barac no muestra debilidad ninguna al enfrentarse con el ejército de Sísara.

No obstante, Débora contesta, “Iré contigo; mas no será tu honra en el camino que vas; porque en mano de mujer venderá Jehová á Sísara” (v. 9).  Aunque parezca que Débora se pueda llevar la gloria que le hubiera pertenecido a Barac, después veremos que la mujer que termina con la vida de Sísara es Jael, no Débora (vv. 17-23).

Cuando Sísara oye que Barac está reunido con su ejército al pie del Monte de Tabor, llama a sus soldados con sus carros de hierro y los lleva al arroyo de Cisón.  Débora le dice a Barac que empiece la batalla, y Barac lleva a sus soldados al encuentro del ejército de Sísara (v. 14).  “Y Jehová desbarató á Sísara, y á todos sus carros y á todo su ejército, á filo de espada delante de Barac: y Sísara descendió del carro, y huyó á pie. Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroseth de las Gentes, y todo el ejército de Sísara cayó á filo de espada hasta no quedar ni uno” (vv. 15-16).

Pero ese no es el final de Sísara, solo el comienzo del final.  Sísara huye “á la tienda de Jael mujer de Heber Cineo; porque había paz entre Jabín rey de Asor y la casa de Heber Cineo” (v. 17).  Jael saludó a Sísara fingiendo hospitalidad (vv. 18-19).  Él le pidió que hiciera guardia a la puerta de la tienda (v. 20).

No obstante, cuando Sísara estaba dormido, Jael “tomó una estaca de la tienda, y poniendo un mazo en su mano, vino á él calladamente, y metióle la estaca por las sienes, y enclavólo en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió” (v. 21).  Cuando llegó Barac en busca de Sísara, Jael le llevó dentro de la tienda y le mostró el cuerpo de Sísara (v. 22).

“Así abatió Dios aquel día á Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel. Y la mano de los hijos de Israel comenzó á crecer y á fortificarse contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruyeron” (vv. 23-24).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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