Juan 6:56-692017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 6:56-69 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 6:56-59. EL PAN QUE DESCENDIÓ DEL CIELO

56El que come (griego: trogon) mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece (griego: menei – de meno), y yo en él. 57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come (griego: trogon), él también vivirá por mí. 58Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come (griego: trogon) de este pan, vivirá eternamente. 59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

“El que come (trogon) mi carne y bebe mi sangre” (v. 56a). Antes en este discurso (vv. 50-51), Jesús utilizó la palabra educada para “comer” – phage. Ahora, pasa a una palabra más áspera, trogan – una palabra que se refiere a animales mascando su comida. Su uso de la palabra aquí es asombrosa – llama la atención.

“En mí permanece (menei), y yo en él” (v. 56b). Jesús promete que los que comen y beben residen en él y él en ellos. Este concepto de “permanecer” o “residir” (meno) es importante en este Evangelio:

• Jesús les promete a los discípulos que el Espíritu de la verdad permanecerá en ellos y será en ellos (14:17).

• Él invita a los discípulos, “Estad en mí, y yo en vosotros” – equiparando este sentido de permanecer con la relación entre la viña y las ramas (15:4-7).

• Él dice, “Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor” (15:10).

• Jesús expresa la misma idea de una relación profunda (sin utilizar la palabra meno) en su Oración de Alto Sacerdocio, cuando reza por los discípulos, “que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste” (17:21).

• Pablo expresa la misma idea con palabras diferentes cuando habla de ser cristianos “en Cristo” (Romanos 8:1; 1 Corintios 15:18; 2 Corintios 5:17, etcétera).

“Como me envió el Padre viviente” (v. 57a). La frase “Dios viviente,” es común en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero ésta es la única ocurrencia de “Padre viviente.”
Jesús establece la cadena de autoridad que da vida. El “Padre viviente” le ha mandado, y él vive por el Padre. De manera parecida, la persona que come su cuerpo y bebe su sangre (cree en él, le acepta, participa en la eucaristía) vivirá. Como el Padre le dio vida a Jesús, así él nos da vida. “Solo Cristo tiene acceso directo al Padre. Creyentes reciben vida solo por medio de Cristo” (Morris, 337).

“Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos” (v. 58a). Los oyentes de Jesús primero mencionaron el maná, refiriéndose a él como “pan del cielo” dado por Moisés (v. 31). Jesús les corrigió. No fue Moisés el que les dio pan, sino Dios. Tampoco fue el maná el verdadero pan del cielo, sino que solo era una clase (una premonición) de verdadero pan del cielo. Jesús se identificó como el pan de vida (v. 35) y el pan viviente (v. 51). Ya les ha recordado a sus oyentes que el maná no podía ser el pan de vida, ya que sus padres, que lo comieron, murieron en el desierto (v. 49), y de nuevo repite ese pensamiento aquí. La muerte de sus antepasados fue una muerte física, pero “según una tardía tradición judía, la generación en el desierto murió también espiritualmente y por eso no tendría lugar en el mundo venidero” (Brown, 284).

“El que come de este pan, vivirá eternamente” (v. 58b). Jesús promete vida eterna (v. 54) – una calidad de vida espiritual que podemos empezar a disfrutar ahora en vez de una continuación infinita de la vida física – “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3).

“Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum” (v. 59). Ésta es la primera de cinco veces que se utilizan las palabras “sinagoga” o “sinagogas,” en este Evangelio. Aquí y en 18:20, la mención de la sinagoga tiene un carácter neutral, pero las otras tres veces se refieren a aquéllos que creen en Jesús, desterrados de las sinagogas (9:22; 12:42; 16:2).

Capernaum es el pueblo de Jesús ya en su edad adulta (Mateo 4:13; 9:1; Marcos 2:1). Es el hogar de la suegra de Pedro (Mateo 8:14) – y posiblemente la de Pedro y Andrés también. Jesús logró muchos milagros en Capernaum, incluyendo el sanar del sirviente del centurión (Mateo 8:5-13), la mujer que sangraba, y la hija de Jairo (Marcos 5:21-43). Pero Jesús advirtió, “Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás bajada; porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran quedado hasta el día de hoy. Por tanto os digo, que á la tierra de los de Sodoma será más tolerable el castigo en el día del juicio, que á ti” (Mateo 11:23-24).

JUAN 6:60-65. DURA ES ESTA PALABRA

60Y muchos de sus discípulos oyéndolo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír? 61Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban (griego: gonguzousin – refunfuñar) de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza (griego: humas skandalizei – os causa tropezar)? 62¿Pues qué, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero? 63El espíritu es el que da vida; la carne (griego: sarx) nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida. 64Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre.

“Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír?” (v. 60). No son “los judíos” los que hacen esta queja, sino los discípulos. Les ofende el lenguaje de Jesús – sus imágenes – sus metáforas. Nos hace pensar de Pablo, quien habló de “el escándalo de la cruz” (Galatos 5:11), y que dijo que “la cruz es locura á los que se pierden” (1 Corintios 1:18).

“Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban (gonguzousin – refunfuñar) de esto” (v. 61a). Ese refunfuñar une a estos discípulos con los israelitas en el desierto, que refunfuñaban porque no confiaban que el Señor proveería por sus necesidades (Deuteronomio 1:27; Salmo 106:25). Gente de Dios no está exenta de las dificultades típicas de la vida y, a veces, encuentran que son objetos de persecución. Siempre estamos tentados a imaginar que Dios nos ha abandonado – que Dios no es de fiar.

“¿Esto os escandaliza?” (humas skandalizei – os causa tropezar) (v. 61). El Evangelio causa que gente se tropiece, en parte, porque las costumbres de Dios no son como las nuestras. No salvaríamos el mundo por medio de debilidad, sino por fuerza. No escogeríamos que el hijo de Dios naciera en un pesebre, sino en un palacio. No escogeríamos una cruz, sino una espada – o una clase – o un laboratorio médico – o una rica fundación caritativa – o algún otro instrumento que nos permitiese la oportunidad de usar fuerza y ejercer control.

El Evangelio también causa que gente tropiece porque viene con un precio costoso. Cuando Cristo nos llama a comer su carne y beber su sangre, nos está invitando a participar en su muerte. Cristianos que primero leyeron este Evangelio experimentaron persecución. Conocían a otros cristianos martirizados, sufrían bajo la amenaza del martirio, y conocían a cristianos que evitaban el martirio comprometiendo su fe.

La iglesia siempre está tentada a quitar la ofensa del Evangelio, cortando su mensaje para que quepa dentro de los valores del mundo. Alguien ha dicho que, si queremos saber lo que la iglesia dirá en una década, solo necesitamos saber lo que el mundo dice hoy. Mientras que una crítica tan cínica es claramente injusta para los muchos cristianos que se levantan, a menudo de manera heroica, como testigos en contra de su cultura, es de lo más justo para cristianos que rápidamente bendicen las modas populares. Cuando oímos lo que hoy se acepta como predicación desde muchos púlpitos, debemos preguntarnos cuánto viene de Galilea y cuánto viene de Hollywood. Lo más prósperos y sofisticados que somos, lo más que estamos tentados a amar prosperidad y sofisticación – y lo menos probable que retaremos la cultura en que vivimos.

El Evangelio sin ofensa, sin embargo, es como un cirujano sin un escalpelo – sin el poder de sanar. Cristo, verdaderamente revelado, siempre será una ofensa excepto para los redimidos. La cruz siempre será una ofensa, excepto para los redimidos. La iglesia siempre ha de estar lista para ofender – para hablar a favor de Cristo y en contra de las creencias destructivas que el mundo encuentra tan atractivas.

“¿Pues qué, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?” (v. 62). Estos discípulos se ofendieron por la declaración de Jesús de ser “pan que descendió del cielo” (v. 58). ¿También se ofenderán cuando le vean ascender al cielo? (v. 62). En este Evangelio, el proceso que termina con la ascensión de Jesús empieza al ser “levantado” a la cruz (3:14; 12:42). “Ése es el escándalo supremo. Sin embargo, por ofensiva que sea la expresión lingüística de ‘comer carne y beber sangre,’ ¡cuánto más ofensiva es la crucifixión de un supuesto Mesías! La idea misma es inaudita, y se acerca a una blasfemia obscena, ‘un tropiezo para judíos y una tontería para gentiles’ (1 Corintios 1:23)” (Carson, 301).

“El espíritu es el que da vida; la carne (sarx) nada aprovecha” (v. 63a). Por un lado, parece apropiado que Jesús diga que el sarx nada aprovecha. En este Evangelio, como en otros lugares del Nuevo Testamento, sarx frecuentemente se utiliza para contrastar lo mundano de lo celestial (1:13; 3:6; Romanos 7:5; 8:3; 13:14; 1 Corintios 3:1; Galatos 3:3).

Pero, por el otro lado, nos sorprende oír a Jesús decir que el sarx nada aprovecha. Un tema principal de este Evangelio es que el Verbo fue hecho sarx y vivió entre nosotros (1:14). Jesús acaba de prometer que el que coma su sarx y beba su sangre en él permanece (v. 56). Sin embargo, “Jesús no se refiere a la carne eucarística sino a la carne de la que habló en capítulo 3, es decir, la naturaleza del hombre que no puede dar vida eterna. Este contraste entre carne y espíritu también aparece en Pablo. Por ejemplo, Romanos 8:4, ‘…que no andamos conforme á la carne, mas conforme al espíritu’” (Brown, 300).

“Esta confusión (entre los aspectos negativos y positivos de la palabra sarx) puede ser evitada al observar que el evangelista utiliza ‘carne’ de manera positiva cuando se trata de Jesús y de manera negativa cuando se trata de la reacción humana hacia la revelación divina” (Lincoln, 237).

“Las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida” (v. 63b). Esta mención del espíritu “es, sin duda, una referencia al Espíritu Santo, el que da Vida” (Morris, 340). En este Evangelio, Jesús dará a conocer el Espíritu Santo a los discípulos durante la primera Pascua (20:22), pero el Espíritu ya es activo, habiendo descansado sobre Jesús durante su bautizo (1:32). Las palabras de Jesús dan a conocer el Espíritu y la vida a los discípulos (v. 63b).

“Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar” (v. 64). Críticos de la cristiandad durante la temprana edad declaraban que la selección de Judas como apóstol demostraba la falibilidad de Jesús. Este Evangelio dice que Jesús sabía que sería traicionado, y sabía quién sería su traidor (véase también 6:71; 13:11, 21). La traición es malvada, pero Jesús no permitirá que el mal tenga la última palabra.

“Ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre” (v. 65). Jesús ya ha declarado esto en vv. 37, 44. La fe es un regalo de Dios.

JUAN 6:66-69. ¿A QUIÉN IREMOS?

66Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban (griego: periepatoun – estaban andando) con él. 67Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también? 68Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.

“Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban (periepatoun – estaban andando) con él” (v. 66). La frase, “estaban andando,” implica seguir – ser discípulo.

Los discípulos que volvieron atrás claramente esperaban algo diferente de lo que Jesús les ofrecía. Esperaban un mesías como David – un gran líder que restableciera sus días de gloria. Después de alimentar a cinco mil, intentaron hacer a Jesús un rey, pero él se negó (v. 15). “Lo que ellos querían Jesús no les podía dar; lo que él ofrecía, ellos no recibirían” (Bruce, 164).

“Dijo entonces Jesús á los doce” (v. 67a). No sabemos cuantos discípulos volvieron atrás, pero “los doce” permanecen. Ésta es una de solo cuatro referencias a “los doce” en este Evangelio (véase también 6:70-71; 20:24). Este Evangelio generalmente habla de “los discípulos” en vez de “los doce,” pero aquí habla de “los doce” para distinguir a este pequeño núcleo del grupo más grande de discípulos, algunos de los cuales se ofendieron por las enseñanzas de Jesús y se separaron de él.

“¿Queréis vosotros iros también?” (v. 67b). La pregunta formulada en griego sugiere que la respuesta será negativa – espera que los doce respondan que no desean separarse de él.

Como ocurre frecuentemente, Pedro sale como el portavoz de los discípulos. “Señor, ¿á quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (v. 68). “Creyentes son llevados, por decirlo así, a los brazos de la fe. Reconocer la verdad de las palabras de Jesús sobre la vida eterna es tanto una cuestión de no tener alternativa como de razones positivas” (Sloyan, 76).

Generalmente, eruditos tratan las palabras de Pedro como el equivalente de Juan de la confesión de fe de Pedro (Mateo 16:13-20; Marcos 8:27-33; Lucas 9:18-20). Mateo y Marcos relatan que Pedro hizo esa confesión en Cesarea de Filipo, mientras que Juan relata que ocurrió en Capernaum. Otra diferencia significante es que, en Mateo y Marcos, el relato de la confesión de Pedro es seguido por Jesús diciéndoles a los discípulos que él debe sufrir y morir. Esto es seguido por la protesta de Pedro y la reprensión de Jesús hacia Pedro (Mateo 16:21-23; Marcos 8:31-33). En este relato de Juan, no existe ninguna pista de la protesta de Pedro o la reprensión de Jesús.

“Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (v. 69). En griego, “nosotros” es enfático, y contrasta la fe de los doce con los discípulos infieles que se volvieron atrás. El título, “El Hijo de Dios viviente” se encuentra en un solo lugar además de éste, de la boca de un hombre endemoniado – o, quizá, de la boca de ese espíritu inmundo (Marcos 1:24; Lucas 4:34). Pedro claramente lo usa como título de grandeza, distinguiendo a Jesús como un regalo especial de Dios.

Es difícil estimar la importancia de las palabras de Pedro en este contexto. Algunos de los otros once discípulos podrían haber estado a punto de volverse atrás con los demás. Al tomar la iniciativa y declarar fe inequívoca en Jesús, Pedro mantiene unido al pequeño grupo. Si no hubiera hablado, las cosas podrían haber salido de manera diferente. A menudo, la influencia de una persona es importantísima. Nunca debemos dudar la importancia de nuestro testimonio, no importa lo poco impresionante que nos parezca en ese momento.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Moloney, Francis J., Sacra Pagina: The Gospel of John (Collegeville: The Liturgical Press, 1998)

Morris, Leon, The New International Commentary on the New Testament: The Gospel According to John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1995).

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www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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