Juan 6:51-582017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 6:51-58 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 6. EL FONDO

Estos versículos constituyen el final del Discurso de Pan de Vida (vv. 22-58), dado en la sinagoga en Capernaum (v. 59), el pueblo natal de Jesús, ya en su edad adulta (Mateo 4:13). El discurso sigue las historias de alimentar los cinco mil (vv. 1-15) y Jesús caminando sobre el agua (vv. 16-21).

El hecho de que Jesús pronuncie este discurso en su pueblo natal resulta en que sus oyentes encuentren sus palabras particularmente difícil de aceptar – palabras y declaraciones provocativas que parecen exageradas. Los vecinos de Jesús le piden una señal con la que se pueda verificar, y mencionan el regalo de maná que Moisés dio en el desierto como ejemplo del tipo de señal que buscan (v. 31). Jesús les corrige – “No os dio (tiempo pasado) Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da (tiempo presente) el verdadero pan del cielo” (v. 32). Después se identifica como el pan de vida (v. 35).

Sus oyentes protestan de la aparente grandiosidad de Jesús. ¿Cómo puede este niño local, su vecino, declarar que es el pan del cielo (v. 41)? ¿Cómo puede su Padre darles el verdadero pan del cielo? Conocen a su padre, José (v. 42) – un carpintero normal y corriente – no un panadero de pan celestial.

Jesús responde con declaraciones aún más audaces. Los israelitas comieron maná en el desierto, pero el maná solo les sustentó unos años – ya llevan muchos años muertos. En contraste, Jesús declara: “soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51). ¡No es sorprendente que estos oyentes tengan dificultad con sus palabras!

JUAN 6:51-52. YO SOY EL PAN VIVO

51Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere (griego: phage) de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne (griego: sarx), la cual yo daré por la vida del mundo. 52Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer?

“Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo” (v. 51a). Este “pan vivo” se paralela al “agua viva” que Jesús ofreció a la mujer samaritana (4:10).

“Si alguno comiere (griego: phage) de este pan, vivirá para siempre” (v. 51b). Phage es el aoristo de esthio (comer), y representa una acción que ocurre una vez. En este contexto, comer de este pan es una metáfora para aceptar a Cristo una vez por siempre.

“Y el pan que yo daré es mi carne (sarx), la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51c). Jesús no retira la ofensa de sus palabras, sino que añade a ella al mencionar su carne (sarx).

• Este lenguaje es de sacrificio – el regalo de la carne es el más grande y personal de todos los sacrificios que una persona puede hacer por otra. En esta situación, Jesús lo hace por el mundo – no solo por Israel (véase también 3:16-17). Su sacrificio es ambos voluntario y delegado.

• El lenguaje de sacrificio recuerda a la referencia anterior de Juan Bautista, que se refirió a Jesús como “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (1:29) – recordándonos al cordero de la Pascua, sacrificada para salvar las vidas de los israelitas en Egipto (Éxodo 11-12), un sacrificio que Israel conmemora anualmente.

• También recuerda al Sirviente que Sufre de Isaías 53, que “llevó el pecado de muchos y oró por los transgresores” (Isaías 53:13).

• “A menudo, en las escrituras se refiere a la salvación de Dios en cuestión de comer y beber…, esto no ocurre de manera más impresionante en ninguna otra parte que en Isaías 55, donde el descenso de la palabra de la boca de Dios parece lluvia y nieve, regando la tierra y posibilitando su producción de pan (v. 10). Esto después de la invitación que abre:

A todos los sedientos:
Venid á las aguas;

y los que no tienen dinero,
venid, comprad, y comed.

Venid, comprad, sin dinero y
sin precio, vino y leche (Isaías 55:1)” (Smith, 159-160).

Sin embargo, “carne” es una palabra provocativa, y suscita un espectro de canibalismo. Es particularmente provocativa en una cultura que distingue tan precisamente entre carne pura e impura y enfatiza la estricta observación de las leyes de dieta. Para cualquier judío, la primera consideración al contemplar el consumo de cualquier carne, sería si esa carne es permitida o prohibida. Ningún judío observador pensaría consumir carne humana.

JUAN 6:53. SI NO COMIEREIS Y BEBIEREIS

53Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis (griego: phagete) la carne (griego: sarka – de sarx) del Hijo del Hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

“De cierto, de cierto os digo” (v. 53). Estas palabras enfatizan lo que sigue.

“Si no comiereis la carne del Hijo del Hombre, y bebiereis su sangre” (v. 53). El título que Jesús utiliza aquí para si mismo es Hijo del Hombre. “En un sentido es simplemente un hombre, es decir, alguien hecho de carne y hueso; pero también es él a quien Dios señaló (v. 27), el pan del cielo, el que desciende y asciende ‘a donde estaba primero’ (v. 62)” (Carson, 296).

El primer asunto significante aquí es si las palabras de Jesús son de naturaleza eucarística (refiriéndose a la Cena del Señor) o simplemente de encarnación o sacrifico (refiriéndose a la encarnación y la cruz). La pregunta es significante. ¿Enfatiza aquí Jesús participación en la eucaristía? Un sermón basado en este texto, ¿debe enfatizar participación en la Cena del Señor? Eruditos difieren en esta cuestión, y hacen surgir algunos puntos para considerar – tres de ellos no favorecen el enfatizar participación en la eucaristía:

• Primero, la palabra “carne” (sarx) en versículo 51c es inusual. En todo relato de la institución de la Cena del Señor (Mateo 26:26; Marcos 14:22; Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24), la palabra es “cuerpo” (soma) – no “carne” (sarx). Sin embargo, Raymond Brown cuestiona este argumento, anotando que “realmente no hay una palabra hebrea o aramea para ‘cuerpo,’ como nosotros lo entendemos; y muchos eruditos mantienen que en la Cena del Señor lo que Jesús dijo realmente es el equivalente arameo para ‘Ésta es mi carne’” (Brown, 285).

• Segundo, la palabra “carne” nos hace pensar en la Encarnación, no en la Cena del Señor – “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” (1:14). Puede ser que el énfasis de 6:51-58 está en la encarnación en vez de la eucaristía.

• Tercero, en versículo 47, Jesús estableció la creencia como condición para recibir vida eterna. En versículo 53 su lenguaje cambia, y el comer su carne y beber su sangre se convierten en condiciones para recibir vida eterna. Si interpretamos el comer y beber como participación en la eucaristía, suena como si cualquier persona que toma del pan y vino está garantizada la salvación sin tomar nada más en cuenta, como la creencia o el bautizo. Basado en la lectura de otros pasajes del Nuevo Testamento, resulta difícil creer que éste sería el caso.

Sin embargo, otras consideraciones favorecen una interpretación eucarística – sugiriendo que Jesús está hablando, por lo menos en parte, de participar en la Cena del Señor:

• La mención de maná (“pan del cielo”) por parte de la multitud como el tipo de señal que esperan ver de Jesús (v. 31) constituye el fondo de 6:51. Jesús responde identificándose como “el pan de vida” (v. 35) y “el pan vivo descendido del cielo” (v. 51). Después dice, “y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51c). En este momento el lenguaje parece hacerse eucarístico.

• El Evangelio de Juan no incluye un relato de la institución de la Cena del Señor, pero en vez relata solo la historia de lavar los pies (13:1-20). Algunos eruditos piensan de 6:51-58 como el equivalente johanino de la institución de la Cena del Señor.

– Al comenzar este discurso del Pan de Vida, Juan establece que la Pascua se acerca (6:4). Esto es significante porque el rito de la Pascua incluye el sacrificio y consumo del cordero de Pascua. Antes en este Evangelio, Juan Bautista proclamó que Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (1:29), y la Cena del Señor en los sinópticos es una comida de Pascua. El contexto de la Pascua, entonces, le da a las palabras de Jesús un toque definitivamente eucarístico.

Mi conclusión es que el énfasis en la encarnación, el sacrificio, y la eucaristía están todos entrelazados en 6:51-58, y que el énfasis pasa a favorecer la eucaristía en versículo 51c. Si esto es correcto, es apropiado, quizá hasta importante, que nos fijemos en la participación en la Cena del Señor al predicar de este texto.

Un segundo tema significante tiene que ver con la relación de la creencia y el comer y beber como requisitos para recibir vida eterna. Jesús primero establece la creencia como requisito (v. 40), y después establece el comer y beber como requisito (v. 53). ¿Funcionan éstos independientemente? ¿Somos salvados por nuestra creencia o por tomar parte en comer y beber – son los dos requeridos? O’Day concluye que éstos también están entrelazados. “Participación en la eucaristía y la decisión de fe se paralelan en el Cuarto Evangelio, no solo uno u otro” (O’Day, 608).

También debemos anotar dos cosas que pasaban al ser escrito este Evangelio. Estas cosas podían haber influenciado a su autor a enfatizar el comer la carne y beber la sangre de Jesús:

• Lo primero era la influencia extendida por herejías docéticas y gnósticas, ambas consideraban que la carne era malvada y negaban que Cristo podría tener un cuerpo físico. 6:53ff enfatiza la naturaleza física de su cuerpo – quizá, en parte, para contrarrestar estas herejías.

• Segundo, la discriminación judía contra cristianos creyentes. A cristianos que observaban la Cena del Señor probablemente se les prohibiría el asistir a la sinagoga. Es posible que, al enfatizar la Cena del Señor como requisito para la vida eterna, el autor pretende empujar a un lado a los que andan de horcajadas. Tal participación es importante, no solo por su vida personal religiosa, sino también por ser testigos visibles de su fe. Como dice Pablo, “Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga” (1 Corintios 11:26).

JUAN 6:54-55. EL QUE COME Y BEBE TIENE VIDA ETERNA

54El que come (griego: trogan) mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

“El que come (trogan) mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (v. 54a). Jesús pasa de la palabra educada (phage – comer) a una palabra mucho más áspera (trogan) – mascar – una palabra que se refiere más a animales mascando su comida. Trogan, como sarx, es provocativo – diseñado para llamar la atención. Jesús continuará utilizando la palabra trogan en el resto de su discurso.

“La orden de ‘mascar’ es literal, pero la carne que se come no lo es” (Howard-Brook, 165).

Como se ha anotado previamente, judíos observadores encontrarían aborrecible una conversación de comer carne humana. Levítico 17:10-14 también prohíbe el consumo de sangre.

“Tiene vida eterna” (v. 54a). La promesa no es solo la vida eterna (disponible ahora – escatología realizada) sino también la resurrección (disponible solo después – escatología final) (Brown, 292).

La carne y sangre de Jesús son la verdadera comida y bebida, que nos sustentan en lo más profundo de nuestro ser, contrastado con maná, que solo alimentó el cuerpo.

En nuestra cultura, se nos bombardea de anuncios de cosas tan diversas como pasta de dientes y coches deportivos. Cada anuncio declara cumplir nuestras necesidades más profundas. Tales declaraciones están huecas, y terminan por desilusionarnos. Sin embargo, cuando creemos en Jesús y tomamos de su carne y sangre, él nos refuerza y sustenta de una manera que nada más puede hacerlo.

Por muy importante que sea la eucaristía, es una de las maneras en las que experimentamos la presencia de Dios. “El verdadero alimento y refresco de nuestra vida espiritual ha de encontrarse… en todas las maneras que su gente se alimenta de él a través de su fe – no solo en la Mesa Sagrada, sino también leyendo y oyendo la Palabra de Dios, o en oración y meditación privada o comunitaria” (Bruce, 160).

“Y yo le resucitaré en el día postrero” (v. 54b). “Es interesante la continua referencia a Cristo suscitando al creyente el último día. Puede haber más de la vida eterna que la vida en una edad venidera pero, definitivamente, la vida en esa edad es prominente” (Morris, 336).

“Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (v. 55). Antes en este discurso, Jesús se dirigió a gente que había experimentado el alimentar de los cinco mil, diciendo, “De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará” (vv. 24-25). El maná que sus antepasados experimentaron en el desierto no era verdadera comida – no les dio vida (v. 49). El pan que Jesús utilizó para alimentar las 5.000 personas en la cima de la montaña era algo menos que el pan verdadero, porque satisfizo el hambre de la gente solo momentáneamente. En vez, la carne y sangre de Jesús son verdadera comida porque “si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (v. 51) – y “tiene (tiempo presente) vida eterna” (v. 54).

JUAN 6:56. EL QUE COME Y BEBE PERMANECE

56El que come (griego: trogon) mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece (griego: menei – de meno), y yo en él.

La promesa para los que comen y beben es que residen en Jesús y Jesús en ellos. Este concepto de “permanecer” o “residir” (meno) es importante en este Evangelio:

• Jesús les promete a los discípulos que el Espíritu de la verdad permanecerá en ellos y será en ellos (14:17).

• Él invita a los discípulos, “Estad en mí, y yo en vosotros” – equiparando este sentido de permanecer con la relación entre la viña y las ramas (15:4-7).

• Él dice, “Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor” (15:10).

• En su Oración de Alto Sacerdocio reza por sus discípulos, “que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste” (17:21). Mientras que la palabra meno no se encuentra en esta oración, el concepto de una relación profunda sí lo está.

Pablo expresa la misma idea con palabras diferentes cuando habla de ser cristianos “en Cristo” (Romanos 8:1; 1 Corintios 15:18; 2 Corintios 5:17, etcétera).

JUAN 6:57. EL QUE ME COME TAMBIÉN VIVIRÁ POR MÍ

57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come (griego: trogon), él también vivirá por mí.

La frase “Dios viviente,” es común en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero ésta es la única ocurrencia de “Padre viviente.”

Jesús establece una cadena de autoridad que da vida. El “Padre viviente” le ha mandado, y él vive por el Padre. De manera parecida, la persona que le come (cree en él, le acepta, participa en la eucaristía) vivirá. Como el Padre le dio vida, así él nos da vida. “Solo Cristo tiene acceso directo al Padre. Creyentes reciben vida solo por medio de Cristo” (Morris, 337).

JUAN 6:58. EL QUE COME DE ESTE PAN, VIVIRÁ ETERNAMENTE

58Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres (hoi pateres – los padres – antepasados) comieron el maná, y son muertos: el que come (griego: trogon) de este pan, vivirá eternamente.

Como se anota arriba, eran los oyentes de Jesús los que primero mencionaron el maná, refiriéndose a él como “pan del cielo” dado por Moisés (v. 31). Jesús les corrigió. No fue Moisés el que les dio pan, sino Dios. Maná no era el verdadero pan del cielo, sino que solo era una clase (una premonición) del verdadero pan del cielo. Jesús se identificó como el pan de vida (v. 35) y el pan viviente (v. 51). Ya les ha recordado a sus oyentes que el maná no podía ser el pan de vida, ya que sus padres, que lo comieron, murieron en el desierto (v. 49), y de nuevo repite ese pensamiento aquí. La muerte de sus antepasados fue una muerte física, pero “según una tardía tradición judía, la generación en el desierto murió también espiritualmente y por eso no tendría lugar en el mundo venidero” (Brown, 284).

Jesús promete vida eterna (v. 54) – una calidad de vida espiritual que podemos empezar a disfrutar ahora en vez de una continuación infinita de la vida física. En su Oración de Alto Sacerdocio, Jesús define la vida eterna según la relación del creyente con el Padre y el Hijo: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (v. 17:3).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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