Juan 6:35, 41-512017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 6:35, 41-51(Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 6. RESUMEN

“Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (v. 35). Jesús acaba de alimentar a cinco mil personas (vv. 1-15), pero la multitud no comprendió el significado del milagro y respondió solo al almuerzo gratuito. Jesús aconseja, “De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios” (vv. 26-27). Jesús ofrece proveerles sus más profundas necesidades, pero no pueden ver más allá de sus estómagos.
La multitud pregunta, “¿Qué haremos para que obremos las obras (plural) de Dios? Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra (singular) de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (vv. 28-29). La multitud quiere saber como cumplir con la ley, pero Jesús responde con la simple declaración que crean en él.
La multitud, notando la radical naturaleza de la respuesta de Jesús, pide que Jesús verifique sus declaraciones. “¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio á comer” (vv. 30-31). No mencionan el hecho que Jesús acaba de alimentar a cinco mil personas.
Jesús les corrige. No fue Moisés, sino Dios, el que regaló pan del cielo a los israelitas, “mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo” (v. 32). No como el maná que solo sustentó la vida física – solo para los israelitas – y solo por corto plazo – el pan de Dios “da vida al mundo” (v. 33). La gente responde, “Señor, danos siempre este pan” (v. 34).

JUAN 6:35. YO SOY EL PAN DE VIDA

35Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
La multitud falló en comprender cuando Jesús dijo “el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (v. 33), por eso, Jesús deja claro su significado diciendo, “Yo soy el pan de vida” (v. 35).
Ésta es la primera de una serie de declaraciones de “YO SOY” (griego: ego eimi) en este Evangelio que nos recuerdan a la historia del arbusto en llamas. Cuando Moisés le preguntó a Dios su nombre, Dios contestó, “Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado” (Éxodo 3:14). “Yo soy,” por supuesto, puede ser simplemente una identificación propia, pero en el Evangelio de Juan claramente significa más. Las declaraciones de “YO SOY” son:
“Ego eimi, que hablo contigo” (4:26).
“Ego eimi el pan de vida” (6:35)
“Ego eimi el pan vivo” (6:51).
“Ego eimi la luz del mundo” (8:12; 9:5).
“Antes que Abraham fuese, Ego eimi” (8:58).
“Ego eimi la puerta de las ovejas” (10:7).
“Ego eimi la puerta” (10:9).
“Ego eimi el buen pastor” (10:11).
“Ego eimi la resurrección y la vida” (11:25).
“Ego eimi el camino, la verdad, y la vida” (14:6).
“Ego eimi la vid verdadera” (15:1).
“Las frases ‘Yo soy’ forman la base del lenguaje de auto revelación de Jesús en el Cuarto Evangelio… A través de estos símbolos comunes, Jesús declara que las necesidades religiosas y los deseos humanos se cumplen en él” (O’Day, 601).

JUAN 6:41-42.MURMURABAN ENTONCES DE ÉL LOS JUDÍOS

41Murmuraban (griego: egonguzon – de gonguzo) entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. 42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
“Murmuraban entonces de él los judíos” (v. 41a). En este Evangelio, la frase, “los judíos,” suele referirse a judíos que se oponen a Jesús (2:18 ff; 5:10 ff; 6:41 ff; 7:11 ff; 8:31 ff; 9:18 ff; 10:19 ff; 11:8, 54; 18:31 ff; 19:7 ff; 20:19). Sin embargo, en esta historia, “los judíos,” se refiere a gente de Capernaum de Galilea o sus líderes religiosos.
Ellos “murmuraban (egonguzon) (v. 41a). Ésta es la misma palabra que se utiliza en el Septuaginto (Antiguo Testamento Griego) de los israelitas que protestaron sobre el aparente fallo de Dios al no proveer por ellos en el desierto (Éxodo 15:24; 16:2, 7-17; Números 11:1). Teniendo en cuenta la mención de maná en este pasaje (v. 31), el paralelo entre los que protestaron del maná y los que protestan del pan de vida apenas puede ser casualidad. Los críticos de Jesús manifiestan la misma falta de fe que los críticos de Moisés (y de Dios) hace tantos siglos.
Los israelitas eran famosos por sus quejas, pero no están solos. Todos estamos tentados a sentirnos abandonados cuando la vida se pone difícil – a retar las Escrituras y las históricas creencias cristianas cuando van en contra de nuestra cultura popular – a quejarnos cuando Dios no cumple nuestras expectativas.
“¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos?” (v. 42a). Jesús está en Galilea – en la ciudad de Capernaum, su hogar de adulto (Mateo 4:13). La gente local apenas puede contenerse cuando Jesús declara que él es el “pan de vida” (v. 35) y que “ha descendido del cielo” (v. 38). Conocen a su padre y su madre (v. 42), y piensan de él como cualquier niño local – uno que promete ser inusual si lo que se dice de él resulta ser verdad – pero un niño local de todos modos.
“¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?” (v. 42b). Esta gente recuerda cuando Jesús se mudó de Nazarea a Capernaum. ¿Cómo puede él declarar que ha “descendido del cielo” (vv. 38, 42)?
Aquí, algunos eruditos acusan al pueblo de Capernaum de mal representar a Jesús, pero han ligado lo que Jesús dijo en versículos 35 y 38 con bastante integridad.
No debemos preguntarnos por que esta gente cuestionaría las declaraciones de Jesús. “Un hombre que era solo un hombre y decía las cosas que Jesús decía no sería un buen maestro moral. O sería un loco – como el hombre que dice que es un huevo cocido – o sería el Demonio del Infierno. Tú debes elegir. O este hombre era, y es, el Hijo de Dios, o es un loco o algo peor” (C. S. Lewis, The Case for Christianity).
Pablo habla de la ofensa (griego: skandalon – tropiezo) de la cruz (Galatos 5:11), y la cruz es seguramente un skandalon para los que esperan que Dios se comporte según su estatura. Pero la encarnación es también un skandalon – quizá un skandalon aún mayor.
Este Evangelio deja a los sinópticos la historia del nacimiento y, en vez, nos relata los verdaderos orígenes de Jesús en 1:1-18. Es, solo por casualidad, de Belén y Nazarea y Capernaum, pero verdaderamente es el Hijo de Dios del cielo. En su afán por enfocarse en lo más obvio de Jesús, esta gente se pierde lo que es más significante de él.

JUAN 6:43-47.NINGUNO PUEDE VENIR A MÍ, SI EL PADRE NO LE TRAJERE

43Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. 46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
“No murmuréis entre vosotros” (v. 43). Jesús no se dirige directamente a las quejas de la multitud, sino que simplemente dice a la gente que no se queje. Después continúa con su discurso en un tono aún más provocativo – uno tono que hasta sus discípulos encontrarán difícil de aceptar (vv. 60-66).
“Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere” (v. 44). Esto acompaña sus palabras anteriores, “Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí” (v. 37a), demostrando que la salvación depende de Dios. También, “Este ‘sorteo’ es selectivo, o, la nota negativa de versículo 44 no tiene ningún significado. Muchos intentan diluir la fuerza de la declaración refiriéndose a 12:32, donde aparece el mismo verbo para ‘traer’ (helkyo): Ahí, Jesús declara que traerá a ‘todos los hombres’ hacia él. Sin embargo, el contexto demuestra claramente que 12:32 se refiere a ‘todos los hombres sin discriminar’ (es decir, no solo judíos) en vez de ‘todos los hombres sin excepción’” (Carson, 293).
Esta palabra, “atraer,” ha inspirado debate entre aquéllos que representan las teologías calvinistas y las arminianas. La primera, que favoriza la predestinación, enfatiza la fuerza de Dios para atraer gente hacia si mismo. La otra, que favoriza el libre albedrío, enfatiza la necesidad de fe por parte de aquéllos atraídos a Dios. Quizá sería mejor una posición en el medio – una posición “que mantiene la tensión entre elementos divinos y humanos de la salvación que se encuentran en este texto. La salvación nunca se logra sin la fuerza de atracción de Dios, y nunca es consumada sin la disposición humana para oír y aprender de Dios” (Borchert, 268).
Barclay anota que esta palabra, atraer, “casi siempre implica algún tipo de resistencia. Representa la acción de tirar de una red llena hacia la orilla (Juan 21:6, 11). Es la palabra usada para Pablo y Silas, arrastrados hacia los magistrados en Filipos (Hechos 16:19)…. Siempre existe esta idea de resistencia. Dios puede y atrae a los hombres, pero la resistencia del hombre puede derrotar el tirón de Dios” (Barclay, 226).
“Y yo le resucitaré en el día postrero” (v. 44b). Ésta es la gran promesa – y la tercera de cuatro veces en este discurso en que Jesús promete resurrección para los creyentes (vv. 39, 40, 54).
“Y serán todos enseñados de Dios” (v. 45a). La cita es un resumen de Isaías 54:13, donde el profeta asegura al pueblo de Jerusalén, recién llegado de su exilio en Babilonia, que Dios instruirá a sus hijos (véase también Jeremías 31:31-34). Más adelante en este Evangelio, Jesús les dirá a sus discípulos que “el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (14:26) – y que “cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad” (16:13).
“Todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí” (v. 45b). De nuevo, Jesús declara el papel del Padre en la empresa de salvación.
“No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre” (v. 46). Éxodo nos cuenta de Moisés escondiendo su cara, porque temía mirar a Dios (Éxodo 3:6) – y siendo permitido a ver la espalda de Dios pero no su cara (Éxodo 33:22-23). Poner los ojos en la santidad de Dios es demasiado para mortales. Sin embargo, es diferente para el Verbo, que era con Dios, y era Dios (1:1). Éste “fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14) para hacer conocer el Dios a quien nadie vio jamás (1:18).
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (v. 47). Jesús ha enfatizado el papel del Padre en la salvación (vv. 44-46), pero ahora enfatiza el papel del creyente. Aunque el Padre atrae (v. 44) y enseña (vv. 45-46), atraer y enseñar requieren una respuesta creyente.
La recompensa por creer es la vida eterna (v. 47). El creyente tiene (tiempo presente) vida eterna. En este Evangelio, la vida eterna es una calidad de vida que poseemos en el presente (3:36a) y que poseeremos aún más plenamente en el futuro. En su Oración de Alto Sacerdocio, Jesús define vida eterna en términos de la relación con el Padre y el Hijo: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3). Vida eterna es lo contrario de condenación eterna (3:14-18; 5:29) e incluye la promesa de una vida libre de muerte (6:50-51; 10:28).

JUAN 6:48-51.YO SOY EL PAN DE VIDA

48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. 51Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere (griego: phage – aoristode esthio) de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne (griego: sarx), la cual yo daré por la vida del mundo.
“Versículos 32-35 se duplican en 48-51, pero con la introducción gráfica del concepto de ‘mi carne’” (Sloyan, 71).
Jesús repite, “Yo soy el pan de vida” (v. 48; véase también v. 35), y compara este pan con el maná comido por los israelitas en el desierto. El pueblo habló de “nuestros padres” en versículo 30, pero Jesús habla de “vuestros padres” (v. 49). Esto le distingue a él de ellos. Los israelitas también son los padres de Jesús, ya que él es de la casa de David. Sin embargo, este Evangelio deja tal lenguaje para los sinópticos. El Verbo es de Dios y es, por lo tanto, único.
“Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos” (v. 49). El maná sustentó Israel por una temporada en el desierto, pero después murieron. Por su falta de fe, murieron en el desierto sin llegar a ver la Tierra Prometida (Números 14:22-23).
“Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera” (v. 50). Jesús contrasta el pan que él ofrece – el que lleva a la vida eterna – con el pan de sus padres, que murieron en el desierto sin haber visto la Tierra Prometida. La muerte que experimentaron los israelitas fue una muerte física, pero “los rabíes creían que los padres que murieron en el desierto no solo se perdieron la Tierra Prometida, sino que también se perdieron la vida venidera” (Barclay, 226). Jesús, por supuesto, habla de una vida espiritual cuando promete que el que coma del pan que desciende del cielo no morirá.
“Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo” (v. 51a). Este “pan vivo” se paralela al “agua viva” que Jesús ofreció a la mujer samaritana (4:10).
“Si alguno comiere (phage) de este pan, vivirá para siempre” (v. 51b). Phage es el aoristo de esthio (comer), y por lo tanto representa una acción que ocurre y después para. En esta situación, comer este pan es una metáfora para aceptar a Cristo una vez por siempre.
“Y el pan que yo daré es mi carne (sarx), la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51c). Este lenguaje es de sacrificio – el regalo de la carne es el más grande y personal de todos los sacrificios. En esta situación, Jesús hace su sacrificio por el mundo – no solo por Israel (véase también 3:16-17). Su sacrificio es ambos voluntario y delegado.
• El lenguaje de sacrificio recuerda a la previa referencia de Juan Bautista, quien se refirió a Jesús como “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (1:29) – recordándonos del cordero de la Pascua, sacrificada por las vidas de los israelitas en Egipto (Éxodo 11-12).
• También recuerda al Sirviente que Sufre de Isaías 53, que “llevó el pecado de muchos y oró por los transgresores” (Isaías 53:13).
La palabra, “carne” (comparada con “cuerpo”) es terrenal y provocativa:
• La ley del Tora mandaba que israelitas solo comieran carne de animales purificados, que la ley definía en gran detalle (Levítico 11:1-3). Cualquier mención de comer carne inmediatamente suscitaría el tema de la limpieza ritual de la carne en cuestión.
• Al ser escrito este Evangelio, el movimiento gnóstico que consideraba la carne (y toda materia física) como malvada, constituía una amenaza significante para la iglesia. La declaración de este Evangelio que “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14) se intenciona, en parte, para refutar el Gnosticismo.
• Sin embargo, en su conversación con Nicodemo, Jesús dijo “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (3:6). Esto enfatiza que el nacimiento físico ha de ser sucedido por un nacimiento espiritual – y Jesús también dirá, “El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida” (6:63).
• “Muchos comentaristas hablan como si la palabra ‘carne’ dejaba evidente una referencia a la Santa Comunión. Claro está que no hace nada de eso. La palabra no se encuentra en las narrativas de la institución, ni en 1 Corintios 10 ni 11 en relación al sacramento… La palabra común para actos sacramentales es ‘cuerpo’” (Morris, 331-332).
• De hecho, por razones que no podemos comprender, éste es el único Evangelio que no incluye un relato de la institución de la Última Cena del Señor (véase Mateo 26:26-30; Marcos 14:22-26; Lucas 22:14-23).
TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Borchert, Gerald L., New American Commentary: John 1-11, Vol. 25A (Nashville: Broadman Press, 1996)
Bruce, F. F., The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1983).
Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R. and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)
Carson, D. A., The Pillar New Testament Commentary: The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1991).
Craddock, Fred R.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year B (Valley Forge: Trinity Press International, 1993)
Gossip, Arthur John and Howard, Wilbert F., The Interpreter’s Bible, Volume 8 (Nashville: Abingdon, 1952)
Howard-Brook, Wes, Becoming the Children of God: John’s Gospel and Radical Discipleship (New York: Maryknoll, 1994)
Hoyer, Robert J., Lectionary Bible Studies: The Year of Mark, Study Book
Lincoln, Andrew T., Black’s New Testament Commentary: The Gospel According to Saint John (London: Continuum, 2005)
Morris, Leon, The New International Commentary on the New Testament: The Gospel According to John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1995).
O’Day, Gail R., The New Interpreter’s Bible, Volume IX (Nashville: Abingdon, 1995)
Sloyan, Gerald, “John,” Interpretation (Atlanta: John Knox Press, 1988)
Smith, D. Moody, Jr., Abingdon New Testament Commentaries: John (Nashville: Abingdon, 1999)

www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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