Juan 6:1-212017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 6:1-21 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 6. GALILEA, JERUSALÉN, GALILEA, JERUSALÉN

Al final de capítulo 4 Jesús se encuentra en Galilea. En capítulo 5 está en Jerusalén. Capítulo 6 (nuestra lectura para esta semana) le sitúa de nuevo en Galilea. En capítulo 7 Jesús regresa a Jerusalén. La geografía sería más simple si capítulo 6 se encontrara entre capítulos 4 y 5, pero este autor se preocupa más por la teología que por la geografía. Jerusalén será el lugar de la muerte de Jesús durante la Pascua subsiguiente. Allí romperá pan con los discípulos en el Cuarto de Arriba, momentáneamente resguardados de sus enemigos. Aquí, durante la Pascua, lejos de Jerusalén, romperá pan con miles en la cima de una montaña.

La lección del Evangelio de esta semana incluye dos historias. La primera (vv. 1-15) relata el alimentar de los cinco mil. La segunda (vv. 16-21), trata de Jesús caminando sobre el agua. Ambos el milagro del pan del cielo y la milagrosa travesía a través del mar nos recuerdan al Éxodo.

JUAN 6:1-4. Y SUBIÓ JESÚS Á UN MONTE Y SE SENTÓ

1Pasadas estas cosas, fuese Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberio. 2Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos. 3Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

“Pasadas estas cosas, fuese Jesús de la otra parte de la mar de Galilea” (v. 1). La “otra parte” seguramente es el lado este, enfrente de Tiberio, pero no se sabe con seguridad. Donde sea que estén cuando llega la noche, los discípulos se suben al barco y parten para Capernaum, al lado norte del mar, (6:16).

“Que es de Tiberio” (v. 1). El Mar de Tiberio es un nombre que solo se encuentra en los Evangelios aquí y en 21:1. El nombre viene de la ciudad de Tiberio, construida por Herodes Antipas en la orilla oeste del mar, completada en 20 d.C. y nombrada en honor de Tiberio Cesar, Emperador Romano de 14 hasta 37 d.C. El mar también es conocido como Genezaret (Lucas 5:1).

“Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos” (v. 2). En Galilea, Jesús sanó al hijo de un oficial real (4:46-54). En Jerusalén sanó un hombre que había estado enfermo 38 años (5:1-18). Este versículo sugiere que Jesús sanó a aún más durante su visita a Galilea.

“Veían sus señales que hacía en los enfermos” (v. 2). Las palabras “señal” y “señales” son importantes en este Evangelio y ocurren 17 veces. Una señal es “algo que señala o representa algo más grande o importante que si mismo… En el Nuevo Testamento, …señales generalmente marcan actos poderosos de la salvación de Dios, recibida a través del ministerio de Jesús y sus apóstoles” (Lockyer, 991). “Señales milagrosas como fuente de fe tienen un papel importante en el Evangelio de Juan (cf. Juan 20:30). La reacción positiva y correcta por parte del pueblo hacia Jesús está documentada (6:2, 14; 7:31; 10:41-42; 12:18-19). Pero aún en el Evangelio de Juan, Jesús se mantiene escéptico hacia fe alentada por señales (2:23-25; 4:48) e intenta mostrar lo que hay más allá de las demandas y promesas de su mensaje (3:2-3; 6:26-27, 35-40)” (Myers, 949).

“Y subió Jesús á un monte” (v. 3). Estas palabras anuncian que algo importante está a punto de ocurrir. Montañas son lugares donde se revela Dios y su voluntad – donde Dios le dio a Moisés el Tora (Éxodo 19) – donde Dios derrotó los profetas de Baal (1 Reyes 18) – donde Jesús dio su mejor sermón (Mateo 5-7) – y donde pasará por la transfiguración (Mateo 17; Marcos 9: Lucas 9).

Esta referencia a la montaña forma parte de una serie de imágenes en este capítulo sobre el Éxodo y Moisés. Otras incluyen la travesía cruzando el mar (v. 1), la mención de la Pascua (v. 4), el pan proporcionado por Dios (maná) (v. 11), la recolección de pedazos (v. 12), la mención de maná (vv. 31-32, 49-50), y la mención de “el pan que descendió del cielo” (v. 58). Jesús es como Moisés, pero es más grande que Moisés.

“Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos” (v. 4). La mención de la Pascua es otra señal de que algo importante está ocurriendo. Este Evangelio menciona tres Pascuas:

• La primera fue en Jerusalén, donde Jesús limpió el templo durante la Pascua (2:13-25). En los sinópticos, esto toma lugar hacia el final del ministerio de Jesús, pero en este Evangelio aparece inmediatamente después de las primeras señales de Jesús: un milagro de abundancia – convertir el agua en vino en la boda de Cana en Galilea (2:1-11).

• Ahora, durante la segunda Pascua de Jesús, tenemos otro milagro de abundancia, el alimentar de cinco mil (6:1-14), un milagro parecido al del maná que Dios regaló en el desierto – una conexión que Jesús dejará clara en el discurso del Pan de Vida (6:22-40), después de alimentar a los cinco mil.

• La historia de la tercera Pascua de Jesús requiere ocho capítulos (11:55-19:42), e incluye los eventos que llevaron a la crucifixión de Jesús y la crucifixión misma. La Pascua celebra el Éxodo, y el cordero de Pascua conmemora la salvación de los israelitas del ángel de la muerte. En este Evangelio, Jesús es “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (1:29, 36 – véase también 1 Corintios 5:7; 1 Pedro 1:18; Revelaciones 5:12). Igual que el cordero de la Pascua salvó a los israelitas, también el Cordero de Dios ha venido al mundo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (3:16).

JUAN 6:5-14. ALIMENTAR A CINCO MIL

5Y como alzó Jesús los ojos, y vio que había venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?6Mas esto decía para probarle (griego: peirazon); porque él sabía lo que había de hacer. 7Respondióle Felipe: Doscientos denarios (griego: diakosion denarion – doscientos denarios) de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. 8Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: 9Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? 10Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones. 11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias (griego: eucharistesas), repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían. 12Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. 13Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido. 14Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo (griego: erchomenos eis ton kosmon).

Al contrario de Mateo 14:14 y Marcos 6:34; 8:2, este Evangelio no menciona la compasión que Jesús tiene por las multitudes, que son como ovejas sin pastor. En este Evangelio, la historia se trata de tener fe en Jesús en vez de una explicación de su compasión.

La historia de Alimentar a los Cinco Mil también se encuentra en Lucas 9:10-17, haciéndola la única historia milagrosa que se encuentra en los cuatro Evangelios.

“¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (v. 5). Jesús le dirige la pregunta a Felipe, cuyo hogar está cerca de Bethsaida (1:44). Si alguien sabe donde se puede comprar pan, ése es Felipe.

Jesús “esto decía para probarle (peirazon)” (v. 6). Peirazon puede significar “examinar” o “tentar.” El que examina espera que el alumno pase la prueba, mientras que el que tienta espera que el alumno falle. Jesús es el que examina aquí – esperando encontrar en Felipe un hombre de fe.

“Doscientos denarios (griego: diakosion denarion – doscientos denarios) de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco” (v. 7). Felipe anota la obvia dificultad – la compra de pan para tan grande multitud saldría muy cara. El griego dice diakosion denarion – doscientos denarios. Un denario es la paga de un día para un trabajador, por lo tanto, doscientos denarios representan por lo menos seis meses de paga – esto es un capital que, para un hombre como Felipe, parecería enorme. ¿Cómo podría él conseguir tanto dinero?

Felipe también podría anotar los problemas logísticos asociados con conseguir y transportar tal cantidad de pan. Aún si los discípulos pudieran recolectar los fondos suficientes, no podrían esperar encontrar esta cantidad de pan ya hecho. ¿Cuántos hornos harían falta? ¿Cuántos panaderos? ¿Cuánta harina? ¿Cuánto tiempo tardaría la masa en subir? ¿En hornear? ¿Cómo podrían los discípulos transportar miles de barras de pan? ¿Y qué del agua? ¿Y qué de los servicios? Si los discípulos pudieran organizar esta obra descomunal y lograr encontrar bastante comida, ¿podría Jesús reorganizar a la multitud para poder enseñar después de la cena? ¿No tendría más sentido despedirles ahora para que se encontrasen su propia cena?

¿Pero no recuerda Felipe el milagro de Jesús en Cana (2:1-11) – “este principio de señales” (2:11) – que reveló la gloria de Jesús y causó que sus discípulos creyeran en él (2:11)? Felipe ya era discípulo de Jesús cuando éste obró ese milagro de abundancia (1:43-48). Mientras que no se nos dice que Felipe estuviera presente en la boda de Cana, seguro que ha oído del milagro. Por cualquier razón, no reconoce la conexión entre ese milagro de abundancia y la necesidad de abundancia aquí.

“Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?” (v. 9). Andrés propone una débil solución identificando un modesto recurso – un niño y su almuerzo. Pero después apoya el pesimismo de Felipe diciendo, “¿mas qué es esto entre tantos?” Ambos Felipe y Andrés nos ayudan a comprender la magnitud del milagro que se acerca al destacar las obvias dificultades con que se enfrentan.

“Cinco panes de cebada” (v. 9). Pan de cebada es un pan inferior consumido por gente pobre. Estas barras de pan recuerdan al milagro de Eliseo, que alimentó a cien personas con un poco de pan de cebada. En esa historia, un hombre del Baal-salisa trajo veinte barras de pan de cebada y espigas de trigo para darle a Eliseo como ofrenda por los primeros frutos. Eliseo dijo, “Da á la gente para que coman.” Y su sirviente respondió, “¿Cómo he de poner esto delante de cien hombres?” Entonces Eliseo repitió, “Da á la gente para que coman, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará.” El sirviente, “lo puso delante de ellos, y comieron, y sobróles, conforme á la palabra de Jehová” (2 Reyes 4:42-44). Las conexiones entre las historias del profeta Eliseo y el profeta Jesús son indiscutibles.

“Y dos pececillos” (v. 9). Seguramente los peces son pequeños – algo para acompañar al pan, que constituye el alimento principal.

Esto es todo lo que los Evangelios dicen de este niño (los sinópticos ni siquiera le mencionan). El niño es un candidato improbable para salvar el día, igual que David, el niño pastor, había sido un oponente improbable para enfrentarse con Goliat muchos años antes. Su lastimosa ofrenda es tan inadecuada como lo fue la honda de David. El niño tiene poco que ofrecer, pero lo ofrece. Jesús transformará ese poco a más que suficiente.

¿Qué pasaría si el niño no hubiera estado dispuesto a compartir su comida? ¿Qué pasaría si dijera, “Necesito esto para mi” – o “Este poco mío no cambiará las cosas”? “En la parábola de los dones nuestro Señor queda claro que… la gente de un solo talento es la más dispuesta a fallar; basado en el hecho que todo lo que puedan hacer es tan trivial que no vale la pena hacerlo… Cristo dice que eso es una falacia con consecuencias desastrosas” (Gossip, 555). “Si ese niño hubiera rehusado venir o si no hubiera compartido su pan o sus peces, hubiera habido una gran y brillante obra menos en la historia. El hecho es que Jesucristo necesita lo que nosotros le podemos dar. Quizá no tengamos mucho que dar pero Él necesita lo que tenemos” (Barclay, 207).
Jesús les dice a los discípulos que hagan recostar a la gente, “y recostáronse como número de cinco mil varones” (v. 10). Puede ser que Jesús pretenda que este gesto le comunique a la multitud que se prepare para almorzar. Si es así, es una acción valiente para un hombre con tantas bocas que alimentar y tan poca comida. El número solo incluiría varones, por lo tanto, el número total de personas sería más grande, mucho más grande. El Evangelio de Mateo deja esto explícito al decir: “Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños” (Mateo 14:21).

“Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias (griego: eucharistesas), repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados” (v. 11). “En este lugar de la historia, (la palabra eucharistesas) no tiene más significado que el obvio de dar gracias a Dios… Pero a medida que progresa el capítulo, la palabra adopta un significado particular para la comunidad de Juan y su público” (Howard-Brook, 145). La oración tradicional de dar gracias es “Bendito seas, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que trae el pan de la tierra” (Carson, 270). No consta de una bendición por la comida, sino de la acción de darle gracias a Dios.

En los sinópticos, los discípulos distribuyen el pan, pero en este Evangelio Jesús es el que lo hace. “Las acciones de Jesús no reflejan el estilo litúrgico que aparece en los relatos sinópticos (Marcos 6:41; Lucas 9:16), sino que reflejan las acciones de un dueño en una comida judía” (O´Day, 594). El énfasis en este Evangelio es menos eucarístico que en los sinópticos.

“Y como fueron saciados” (v. 12). La gente come en abundancia – no es una cantidad insignificante como algunos eruditos han sugerido. Tampoco es ésta una lección de compartir, como otros han sugerido. Ésta NO es la historia de un niño que sirve de ejemplo de generosidad para inspirar al resto de la multitud a que compartan su comida – que resulta adecuado para la ocasión. Ésta SÍ es una historia – una de muchas en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento – de la habilidad de Dios/Jesús para transformar muy poco en más que suficiente.

Intentar explicar esta historia con interpretaciones racionales o humanísticas solo la disminuyen – en vez de aumentar la importancia del milagro para ver mejor la majestad de Dios, la disminuye para que pueda caber dentro de nuestro entendimiento. Debemos preguntarnos por qué algunos intérpretes pueden creer en el milagro de la resurrección pero no en el milagro de los panes y peces – y si no creen en el milagro de la resurrección, ¿pueden servir de fieles guías espirituales?

Jesús manda, “recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada” (v. 12). Esto varia del relato del Éxodo, donde Dios mandó a los israelitas que recogieran el maná pero que no guardaran nada para el próximo día (Éxodo 16:16-21). Cuando los israelitas desobedecieron esta orden el maná “crió gusanos, y pudrióse” y se echó a perder (Éxodo 16:20). “La discusión se referirá a esto hablando de comida que perece (v. 27). También dirá que Jesús no permitirá perder nada de lo que le da el Padre (v. 39; cf. también 10:28; 17:12; 18:9)” (Lincoln, 213).

El énfasis en la historia del Éxodo era la fiel providencia de Dios, mientras que el énfasis aquí se encuentra en la abundancia de la providencia de Dios. Jesús no dice que recojan solo lo que les hace falta para ese día.

“Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido” (v. 13). Las doce cestas de sobras es más comida de la que tenían al empezar – una cesta para cada tribu de Israel. La provisión es abundante. Dios provee mucho para proveer por nuestras necesidades.

En un artículo sobre el significado de los varios números que aparecen en la Biblia, Borchert dice, “Las combinaciones de cuatro y tres (el mundo y lo divino) son importantes. La suma de tres y cuatro es siete, un número que se considera referente a plenitud o perfección. La multiplicación de tres y cuatro es doce, un número que representa el pueblo de Dios. Cinco y diez a menudo se consideran números con significado de plenitud humana o mortal… Mil (tres múltiples de diez), el número grande general” (Borchert, 255) – véase también el artículo sobre Números en Bromiley, 556-561). Mientras que nuestro texto no provee ninguna explicación sobre los números que se encuentran aquí, sí incluye varios de estos números significantes – siete recursos (cinco barras de pan y dos peces) (v. 9) – una multitud de cinco mil (v. 10) – y doce cestas de sobras (v. 13).

Al ver el milagro, la gente dice, “Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo” (v. 14). Aparentemente, esto se refiere a la promesa de Moisés. “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios: á él oiréis” (Deuteronomio 18:15). “En griego, la frase es igual a la descripción en el prólogo de Jesús, aún sin nombrar (1:9): ‘La luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo’ (erchomenos[n] eis ton kosmon). Así es como Juan expresa la venida de Jesús” (Smith, 149).

JUAN 6:15. JESÚS VOLVIÓ A RETIRARSE AL MONTE SOLO

15Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo.

La multitud pretende asignarle a Jesús el título de proveedor y salvador. Le han visto obrar con su poder, y ahora quieren captar este poder para cumplir sus propios fines.

“Si éste era el segundo Moisés, seguro que haría lo mismo por ellos que el primer Moisés hizo por sus antepasados, y les salvaría de su opresión” (Bruce, 146).

Aunque la respuesta de la multitud es natural, disminuye demasiado a Jesús, al que quieren proclamar como su mago particular. La reacción de la multitud “la da la vuelta a la pregunta del catecismo para que diga, ‘Nuestro fin principal es ser glorificados por Dios para siempre’” (Brueggemann, 446).

“Volvió á retirarse al monte, él solo” (v. 15b). Al ver que le querían hacer rey a la fuerza, Jesús se retira. Tiene un ministerio que cumplir, pero su ministerio no es el que esta gente tiene en mente. Convertirse en el rey que ellos quieren limitaría su ministerio en el mundo (3:16) y se limitaría también al lado este del Mediterráneo – lo reduciría de algo que transciende la historia a algo que incluye solo una generación o dos – del proveedor de la vida eterna a alguien que les provee seguridad temporal. También, convertirse en su rey le dejaría expuesto a enfrentarse con un cargo justificado de traición, haciendo legítima su ejecución como criminal. Ya no sería el cordero inocente que muere por el pecado del mundo, sino que moriría como convicto bajo unos cargos justificados.

Hay “mucha ironía de San Juan en el pasaje; Él, que ya es Rey, ha venido para abrir Su reino a los hombres; pero en su ceguera, hombres intentan forzarle a ser el rey que ellos quieren; así, ellos no logran conseguir el rey que quieren, y pierden el reino que Él ofrece” (R.F. Bailey, El Evangelio de San Juan, citado en Morris, 307).

JUAN 6:16-21. VIERON A JESÚS ANDANDO SOBRE LA MAR

16Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar; 17Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos. 18Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba. 19Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios (griego: hos stadious eikosi pente e triakinta – veinticinco o treinta estadios), ven á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo. 20Mas él les dijo: Yo soy (griego: ego eimi); no tengáis miedo. 21Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban.

“Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar” (v. 16). En Mateo 14:22 y Marcos 6:45, los discípulos se marchan bajo órdenes de Jesús. Aquí, se van por su propia iniciativa. Lucas 9 no relata esta partida.

“Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos” (v. 17). En este Evangelio, la oscuridad es más que la falta de luz física – señala algo malo o peligroso. Ahora, ha oscurecido y Jesús no está con ellos.

“Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba” (v. 18). Situado a casi 700 pies (215 metros) bajo nivel del mar, el mar está rodeado por altos montes. La topografía es tal que, a menudo, fuertes vientos bajan de repente por las laderas de los montes. Esto hace del mar un lugar peligroso para los que están en un barco pequeño. Todavía no hay indicación que los discípulos estén en peligro o que tengan miedo, pero su travesía no será fácil.

“Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios (hos stadious eikosi pente e triakinta – veinticinco o treinta estadios)” (v. 19a). Un estadio es poco más de 600 pies (180 metros), por lo tanto, esta distancia es de 15,000-18,000 pies o aproximadamente 3 – 3.5 millas (4.8 – 5.6 kilómetros). El mar (verdaderamente un lago bastante grande) mide 8 millas (13 kilómetros) de este a oeste en su punto más ancho y unas 13 millas (21 kilómetros) de norte a sur. Es decir que aquí los discípulos se encuentran en medio del lago. Han remado en la tormenta una distancia considerable, pero aún les queda bastante distancia para llegar adonde van. El grupo incluye pescadores de mucha experiencia que seguramente ya han pasado por tormentas en el lago. Mientras que el texto no dice que tuvieran miedo, quien sea que haya enfrentado una tormenta en medio de un gran lago puede apreciar lo que discípulos confrontan – el peligro que la tormenta les presenta.

“Ven á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo” (v. 19b). Ahora, por primera vez, oímos que los discípulos tienen miedo. Sin embargo, no es la tormenta lo que les asusta, sino ver a Jesús caminando sobre el mar acercándose al barco. Juan no especifica la causa de su miedo, pero los sinópticos dicen que los discípulos temen porque piensan que Jesús es un fantasma (Mateo 14:26; Marcos 6:49; Lucas 24:37).

Jesús dice: “Yo soy (griego: ego eimi); no tengáis miedo” (v. 20). Ego eimi se puede traducir “YO SOY” – el nombre de Dios (Éxodo 3:14) – y Jesús a menudo utiliza esta frase en este Evangelio para decir “ego eimi el pan de vida” (6:35) – “ego eimi la luz del mundo” (8:12) – “ego eimi el buen pastor” (10:11) – etcétera. Aquí, en el caos de estas aguas turbulentas, Jesús se revela en dos niveles; el líder que los discípulos han estado siguiendo, y la presencia de Dios ante ellos. Viene a ayudarles en su momento de aflicción. “La gloria de Jesús no se revela para demostrar poder, sino el cuidado pastoral lleno de gracia que provee” (O’Day, 597).

Mateo incluye la historia de Pedro tratando de caminar sobre el agua para recibir a Jesús (Mateo 14:28-31). Esta historia no se encuentra en los otros Evangelios.

“Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban” (v. 21). La prisa de su llegada sugiere que Jesús es de alguna manera responsable por haberles acercado a tierra tan rápidamente. El movimiento en esta historia va del caos que los discípulos experimentan al estar separados de Jesús, hacia la paz que él les trae cuando se reúne con ellos. Se parece a Salmo 107:23-30:

23Los que descienden á la mar en navíos,
Y hacen negocio en las muchas aguas,
24Ellos han visto las obras de Jehová, Y
sus maravillas en el profundo.
25El dijo, é hizo saltar el viento de la tempestad,
Que levanta sus ondas.
26Suben á los cielos, descienden á los abismos:
Sus almas se derriten con el mal.
27Tiemblan, y titubean como borrachos,
Y toda su ciencia es perdida.
28Claman empero á Jehová en su angustia,
Y líbralos de sus aflicciones.
29Hace parar la tempestad en sosiego,
Y se apaciguan sus ondas.
30Alégranse luego porque se reposaron;
Y él los guía al puerto que deseaban.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Bromiley, Geoffrey (General Editor), The International Standard Bible Encyclopedia, Volume Three: K-P – Revised (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1986)

Bruce, F. F., The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1983).

Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R. and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)

Carson, D. A., The Pillar New Testament Commentary: The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1991).

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Gossip, Arthur John and Howard, Wilbert F., The Interpreter’s Bible, Volume 8 (Nashville: Abingdon, 1952)

Howard-Brook, Wes, Becoming the Children of God: John’s Gospel and Radical Discipleship (New York: Maryknoll, 1994).

Hoyer, Robert J., Lectionary Bible Studies: The Year of Mark: Pentecost 1 (Minneapolis and Philadelphia: Augsburg and Fortress Press, 1976)

Lincoln, Andrew T., Black’s New Testament Commentary: The Gospel According to Saint John (London: Continuum, 2005)

Lockyer, Herbert, Sr., Nelson’s Illustrated Bible Dictionary (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1986)

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www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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