Juan 3:14-212017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 3:14-21 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

EXÉGESIS:

JUAN 3:1-13. NICODEMO

En este pasaje la conversación con Nicodemo lleva a tres asuntos que están relacionados:

1) El Hijo del Hombre será levantado, 2) la vida eterna, 3) y el juicio. Jesús le dijo a Nicodemo que “…el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios” (v. 3). Nicodemo no entendió a Jesús, y pensó que estaba hablando del re-nacimiento físico. Así que preguntó, “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4).

Jesús explicó, pero su explicación fue tan enigmática como su declaración original, “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es… el viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (v. 6, 8). Al igual que las parábolas de Jesús encubren tanto como revelan, también aquí lo hacen las palabras de Jesús. No es sorprendente que Nicodemo no entienda.

Después de comentar sobre la falta de entendimiento de Nicodemo, Jesús dice “Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo” (vv. 12-13). Es este último comentario sobre “descender del cielo” que lleva directamente a nuestro texto. Quien bajó (descendió) del cielo ahora debe ser “levantado” (v. 14).

Es difícil saber dónde Jesús deja de dirigirse a Nicodemo directamente y dónde Juan comienza a explicar el significado de las palabras de Jesús a sus lectores (no había comillas en el texto original para señalar el fin del discurso de Jesús). En el versículo 11, cuando Jesús dice, “de cierto te digo”, aparece en singular, así que claramente sigue dirigiéndose a Nicodemo. A partir de ahí, sin embargo, los pronombres son plurales. Muchos, tal vez la mayoría, de los eruditos piensan que Jesús está hablando hasta el versículo 15, y que los versículos 16-21 son la explicación de Juan. Otros creen que Jesús está hablando hasta el versículo 21. El eminente erudito juanino, Raymond Brown, dice que “Todas las palabras de Jesús llegan a nosotros a través del entendimiento y pensamiento del evangelista, pero el evangelio presenta a Jesús como quien está hablando y no el evangelista” (Brown, 149).

JUAN 3:14-21. VISTA GENERAL

Este pasaje enlaza los tres asuntos relacionados que notamos arriba: 1) El levantamiento del Hijo del Hombre, que hace la vida eterna posible. 2) El amor de Dios por el mundo, que provocó el don de Dios del Hijo, así que quienes creen en él tengan vida eterna. 3) El juicio de condenación para quienes no creen en el Hijo.

Estos tres están cercanamente relacionados como para convertirse en uno, pero no los hemos tratado de esa manera. Tendemos a memorizar el versículo 16, y no hacer caso de lo que viene antes y después. La razón es clara. El versículo 16 es positivo y da seguridad, y nos deleitamos en su mensaje del amor de Dios y de nuestra salvación. Los versículos 14-15 enlazan la muerte de Jesús a una extraña historia del Antiguo Testamento, cuyo significado parece oscuro. Los versículos 17-21 hablan de juicio y condenación, y esto los hace menos atractivos que el versículo 16. Escuchamos lo que queremos oír, y queremos escuchar sobre el amor y la salvación.

Es la obligación del predicador de volver a unir estos tres aspectos. Debemos ayudar a nuestro pueblo a entender no solamente la gracia sino también el juicio en este texto. La gracia no tiene sentido separada del juicio. Si no tenemos pecado, entonces no necesitamos perdón. Si no hay juicio, no necesitamos la gracia.

JUAN 3:14-15. EL HIJO DEL HOMBRE DEBE SER LEVANTADO

14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; 15Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Estos versículos contestan la pregunta de Nicodemo, “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4). Tanto la serpiente “levantada” y el Jesús “levantado” confieren nueva vida a quienes los ven y creen en ellos.

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto” (v. 14). La historia viene de Números 21:4-9. Los israelitas habían pecado por quejarse de que Dios los había sacado de Egipto a un desierto bastante incómodo. Dios los castigó enviando una plaga de feroces serpientes que mataron a muchos israelitas. Los israelitas confesaron su pecado y clamaron por misericordia, así que Dios le dijo a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y que la pusiera sobre un poste. Quien viera a la serpiente de bronce se salvaba de las feroces serpientes – se les daba nueva vida – podríamos decir que volvían a nacer (tengan en mente la pregunta de Nicodemo del versículo 4).

“Así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (v. 14). Los paralelismos en las historias de Moisés y Jesús son varios. En ambas historias:

• El pueblo está en peligro de muerte a causa de su pecado.

• Dios provee el agente de salvación: la serpiente en la primera historia, y el Hijo del hombre en la segunda.

• El agente de salvación fue levantado, “el punto de contacto más profundo entre la serpiente de bronce y Jesús en verdad fue el hecho de ‘ser levantado’” (Carson, 201).

• El pueblo fue salvado por ver – o por creer en – el agente de la salvación de Dios.

Sin embargo, también tenemos dos diferencias muy significativas:

• La serpiente de bronce solamente era un pedazo de bronce, que no tenía poder por sí misma. Cuando los israelitas comenzaron a hacer ofrendas a la serpiente de bronce, tratándola como un ídolo, Ezequías la destruyó (2 Reyes 18:4). Jesús, sin embargo, está investido con poder salvador.

• Ver a la serpiente de bronce “levantada” extendió la vida física a los israelitas. Ver al Jesús “levantado” nos da vida eterna.

El término “levantado”, tiene un doble/triple significado en este evangelio. Se refiere a la cruz, pero también se refiere a la resurrección/ascensión. Jesús será levantado sobre la cruz, el gran sacrificio pascual; será resucitado en el tercer día, conquistando a la muerte. Su cruz y su resurrección son simplemente diferentes facetas de su glorificación. (Este evangelio no incluye el relato de la ascensión, pero incluye varias alusiones a ella por Jesús: ver 6:62; 7:33; 13:3; 14:28; 16:10, 16, 28; 17:11, 13; 20:17).

“…para que todo aquel que en él cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (v. 15). Esta es la primera mención de la frase “vida eterna”, un tema principal de este evangelio. “Vida eterna” se menciona 15 veces, y la palabra “vida”, que tiene el mismo significado, también aparece frecuentemente. Tendemos a pensar en la vida eterna como una vida sin fin, y tiene ese sentido (6:58). Sin embargo, también se refiere a la calidad de vida que se vive en la presencia de Dios. Después, en su oración, Jesús definirá la vida eterna de la siguiente manera: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3).

Leon Morris provee este útil análisis: “La palabra que se rinde como ‘eterna’… básicamente significa ‘referente a una era’. Los judíos dividieron el tiempo en la era presente y la era por venir, pero el adjetivo se usaba para la vida en la era venidera, no para la presente era. ‘Vida eterna’, entonces, significa ‘la vida propia a la era venidera’. Es un concepto escatológico… Pero como se piensa en la era por venir como una que nunca llega al final, el adjetivo llegó a significar “perpetua”, ‘eterna’. La noción de tiempo está ahí. La vida eterna nunca cesa. Pero también hay algo más ahí, y algo más importante. Lo importante sobre la vida eterna no es la cantidad, sino su calidad… La vida eterna es vida en Cristo, esa vida que remueve a la persona de la vida meramente terrenal” (Morris, 201).

JUAN 3:16. DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO

16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Esta es una sorprendente declaración para este evangelio, que “generalmente opera con una perspectiva negativa del mundo, no porque el mundo sea inherentemente malo, sino porque el mundo rechaza a Jesús” (Brueggemann, 228). ¿Cómo puede Dios amar al mundo? Lutero decía “Si fuera como nuestro Señor Dios, y estos viles pueblos fueran tan desobedientes como lo son ahora, yo haría pedazos el mundo” (citado por Gossip, 510). ¡El milagro es que Dios no lo hace! Dios da a su hijo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (v. 16). Lutero llama a este versículo “el evangelio en miniatura”. El motivo de Dios fue el amor, y el objetivo de Dios es la salvación. Sin embargo, Dios no provee la salvación, sino una oportunidad para el mundo. Quienes realmente reciben vida eterna son quienes creen en el Hijo.

Las palabras en este versículo se parecen mucho a las de la historia de Abraham, a quien Dios le mandó “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2). Abraham se preparó para obedecer este mandato, pero se le detuvo de hacerlo por un ángel de Dios. Dios, sin embargo, no se detiene a sí mismo de lo que se detuvo a Abraham. Fue con la encarnación que Dios comenzó a dar a su hijo, pero también requería la cruz.

La respuesta de Dios no es una “débil indulgencia, [sino] un divino sacrificio” (Gossip, 510). Hubiera sido menos costoso para Dios ignorar los pecados del mundo y permitir que la gente viviera en tinieblas, pero eso reflejaría, no el amor, sino la apatía. Los padres terrenos proveen una analogía. Es mucho más costoso en tiempo y energía para un padre o madre supervisar a uno de sus hijas o hijos, que dejar que hagan lo que quieran. Algunos padres lo ven de manera diferente, prefieren no restringir a su hijo o hija, pero eso que parece ser un don de libertad, en realidad pone en riesgo su bienestar. No es una política de “no meter las manos” lo que demuestra el amor, sino la voluntad de hacer que los sacrificios de quienes los atienden sean para la seguridad del hijo o hija. Dios hace ese sacrificio al enviar al Hijo para salvar al mundo.

“…mas tenga vida eterna”. La palabra “tener”, está en tiempo presente, sugiriendo que los creyentes la poseen en el aquí y en ahora, más que tener que esperar por ella como una herencia futura. Esta es la “escatología realizada” juanina – el don ya recibido – la vida eterna como una relación con Dios que ya comenzó.

Juan 3:16 probablemente es el versículo más amado en la Biblia, y lo escuchamos frecuentemente. “Un problema con que sea tan conocido es que este pasaje frecuentemente se imprime por todos lados – desde las camisetas hasta las pegatinas para los carros – pero siempre fuera de su contexto. “Aunque el versículo puede ser el centro del banquete, una dieta bien balanceada requiere el resto del alimento; lo que lo acompaña, y lo que va antes o viene después” (Burridge, 498).

JUAN 3:17-21. EL QUE CREE NO ES CONDENADO

17Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él. 18El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. 20Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas. 21Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios.

El versículo 17 declara el propósito de Dios al enviar a su Hijo. No es para condenar (griego = krine) al mundo, sino para salvarlo. Krine puede significar juzgar, pero en este contexto –colocado entre salvar – significa condenar. Dios envía a su Hijo, no para condenar al mundo, sino para salvarlo.

La declaración en el versículo 17 parece estar en conflicto con 9:39, donde Jesús dice, “Yo, para juicio he venido á este mundo”. Sin embargo, “La incredulidad, al cerrar la puerta al amor de Dios, convierte su amor en juicio” (Bultmann, citado por Smith, 99). “La separación entre quienes aceptan su perdón y quienes lo rechazan es inevitable; pero estos últimos se auto-juzgan. La responsabilidad de su auto-juicio no se puede dejar a la puerta del ‘salvador del mundo’ (Juan 4:42; 1 Juan 4:14)” (Bruce, 90).

Una paradoja está implícita en la obra salvadora de Jesús. Si es necesario para Dios enviar a su Hijo para salvar al mundo, debe ser porque el mundo necesita que lo salven, está perdido. Además, la obra del Hijo es eficaz solamente si el mundo acepta la salvación ofrecida. Juan lo pone de esta manera: “El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (v. 18).

“El lenguaje del Prólogo regresa cuando Jesús habla de ‘vida’, ‘luz’, y ‘tinieblas’ (vv. 18-21; cf. en 1:4-8)” (Moloney, 96).

Al igual que tenemos una clara declaración del propósito de Jesús en el versículo 16 – que vino a salvar al mundo – también tenemos una clara declaración del problema “…y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas” (v. 19). Pues “todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas” (v. 20). Las imágenes que surgen por este tipo de lenguaje son siniestras pero todas bastante reales: el peligro de calles obscuras, transacciones que se hacen en lugares apartados, gente vestida de negro para hacerse invisible en la noche. La realidad, sin embargo, es que existe algo de amor a las tinieblas en cada corazón: obscuros secretos que preferimos no compartir con nadie. “Es solamente en el mundo de los pequeños que creen que uno puede encender una luz sin crear sombras” (Craddock, 159).

Tanto nuestra historia como los periódicos están repletos con ejemplo de personas que han amado las tinieblas porque sus obras son malvadas. El siglo veinte estuvo lleno con ejemplos de maldad monstruosa. El holocausto es el ejemplo más familiar, pero otros ejemplos incluyen la depuración de Stalin, la Revolución Cultural de Mao, el reino de terror en Uganda de Idi Amin, los campos de sangre de Pol Pot en Cambodia, las dos bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, y muchas otras. Cada uno de estos despóticos hechos ha sido responsable del asesinato de millones, y parece que no hay fin al derramamiento de sangre. El siglo veintiuno es joven, pero ya ha demostrado que, de cierto, hay personas que aman las tinieblas más que la luz porque sus obras son malas – quienes odian la luz y no vendrán a la luz – personas que van tras la maldad y odian lo que es bueno.

Nos resistimos a juzgar a otras personas, y eso está bien. No podemos conocer todos los matices de la vida de una persona, así que es mejor dejar el juicio a Dios. Sin embargo, algunas tinieblas son tan tenebrosas y algunas luces son tan brillantes que no podemos dejar de notar la diferencia.

“Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios” (v. 21). “Esta extraña expresión deja claro que quien ama la luz no es intrínsicamente una persona superior. Si disfruta la luz, entonces es porque todo lo que se ha llevado a cabo, y por lo que no hay vergüenza o juicio, ha sido hecho ‘por Dios’ en unión con Dios, y por lo tanto por Su poder” (Carson, citado por Westcott, 208).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R. and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV––Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)

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Smith, D. Moody, Jr., Abingdon New Testament Commentaries: John (Nashville: Abingdon, 1999)

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