Juan 3:1-172017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 3:1-17 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 3:1-21. UN TEXTO DETALLADO

Éste es un texto lleno de imágenes, ironía, teología, y sofisticados juegos de palabras. O´Day nos avisa que no “destilemos este texto a su esencia ni que alteremos su sustancia al ponerlo en nuestras palabras. Al hacer esto le robamos de su riqueza. Debemos preservar la unión entre la historia de Nicodemus y la conversación que discurre a continuación. También debemos leer este texto teniendo en cuenta el prólogo del Evangelio” (1:1-18) (O’Day, 553-554).

La amonestación de O’Day me recuerda a los resúmenes de grandes novelas que vemos en las librerías de las universidades. Mientras que la obra original tiene poder emotivo, los resúmenes solo ofrecen un breve vistazo de la obra sin darle vida. Hacemos algo análogo si hacemos un lema de Juan 3:16, divorciándolo de su contexto.

La primera parte de este texto es diálogo. Nicodemus tiene su última parte hablada en v. 9, y Jesús continúa en vv. 10-12. En algún momento, el narrador toma la palabra, posiblemente en v. 13 o 16. El punto exacto de esta transición es de poca consecuencia, dado que el hilo de pensamiento sigue sin romperse.

Esta historia sigue un hilo común para este Evangelio (Barclay, 113).

• Una persona hace una pregunta.

• Jesús le da una respuesta difícil de comprender.

• La persona lo malentiende.

• Jesús responde aún más enigmáticamente.

• Una conversación discurre.

JUAN 3:1-2. HABÍA UN FARISEO LLAMADO NICODEMO

1Y había un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los judíos. 2Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.

“Y había un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos” (v. 1). Nicodemus viene con impresionantes credenciales. Es un fariseo y líder de los judíos – posiblemente es miembro del Sanedrín (7:45-52). Después de la muerte de Jesús, Nicodemus traerá cien libras de mirra y áloes para el entierro de Jesús (19:39). Esto sugiere que es rico.

“Vino á Jesús de noche” (v. 2). El hecho de que Nicodemo viene por la noche es preocupante. Este Evangelio asocia la noche y la oscuridad con lo malvado y con la separación de Dios (1:5; 3:19-21; 9:4; 11:10; 13:30). Seguramente, Nicodemo viene por la noche para no ser visto. Naturalmente, es un hombre de reputación importante, y Jesús, en cambio, es un recién llegado – una cantidad desconocida. Además, Jesús acaba de crear un jaleo en el templo (2:13-23). Está por ver si es un profeta o un alborotador.

“Rabí, sabemos que has venido de Dios por maestro” (v. 2). Nicodemo se acerca a Jesús con respeto, llamándole “venido de Dios por maestro,” afirmando las obras de Jesús como pruebas de que Jesús está operando por medio del poder de Dios (2:23). Jesús, sin embargo, ha rehusado confiar en gente que creía a causa de señales (2:24-25).

JUAN 3:3. NACER DE NUEVO

3Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez (griego: anothen), no puede ver el reino de Dios.

La respuesta de Jesús es abrupta, particularmente dada la presentación tan respetuosa de Nicodemus. La respuesta de Jesús refleja el hecho que él y Nicodemus “no pueden conversar de forma significativa” porque ellos “discurren en dos reinos diferentes;…su conversación es como dos barcos que se cruzan en la noche” (Smith, 94).

“El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios” (v. 3). “El nacer se puede considerar por el lado del padre, cuyo verbo es ‘engendrar’ o por el lado de la madre, cuyo verbo es ‘parir.’ La metáfora Johanina usa el significado anterior, ‘engendrar’” (Howard, 505; véase también Brown, 138), entonces, Jesús está diciendo que necesitamos ser engendrados dos veces, esta vez por el Padre Celestial.

La idea de renacer no es nueva con Jesús. El pueblo judío considera que prosélitos nacen de nuevo con su conversión al judaísmo. La idea de un renacimiento ocurre frecuentemente en el Nuevo Testamento (Rom 6:1-11; 1 Cor 3:1-2; 2 Cor 5:17; Gal 6:15; Eph 4:22-24; Titus 3:5; Heb 5:12-14; 1 Pet 1:3, 22-23).

La palabra griega, anothen, tiene un doble sentido – “de nuevo” y “de lo alto” – una ambigüedad que enriquece este versículo. ¿Debemos nacer de nuevo o nacer de lo alto? ¡Ambos!

• Cristianos a menudo disminuyen el significado de “nacido anothen,” enfatizando el tomar una decisión a favor de Cristo que resulta con un nuevo nacimiento – la acción es nuestra.

• “Nacido anothen,” sin embargo, es muy diferente. “Bebés no deciden nacer… Dios es el personaje principal en este pasaje” (Johnson, 497) – la acción es de Dios.

La palabra, reino, aparece frecuentemente en los Sinópticos, pero aquí solo y en 18:36 del Evangelio de Juan. El énfasis de este Evangelio está en la vida eterna. Nicodemus pensaría del reino de Dios como su recompensa celestial por una vida bien vivida, pero los Sinópticos dejan claro que el reino “está cerca” (Marcos 1:15). En el Evangelio de Juan, la vida eterna tiene ese mismo sentido inmediato. La persona que cree en Jesús “tiene vida eterna” (5:24; 6:47).

JUAN 3:4. ¿PUEDE ENTRAR OTRA VEZ EN EL VIENTRE DE SU MADRE?

4Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?

“¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo?” (v. 4). Nicodemo interpreta las palabras de Jesús como un renacer físico en vez de espiritual. Lo más probable es que, dándose cuenta de lo radical que es la demanda de Jesús, Nicodemus prefiera malinterpretar. Encontraría natural pensar de un prosélito renazca después de convertirse al judaísmo, pero no sería natural pensar que los judíos – el pueblo elegido – el pueblo de Dios – necesitaran nacer de nuevo. Encontraría particularmente difícil imaginar que un fariseo, un líder del pueblo judío, necesitara nacer anothen – de nuevo – de lo alto. Desde esta perspectiva, la salvación de Dios se basa en la adhesión a la ley del Tora, y los fariseos superan es eso. Consideraría a los judíos y los prosélitos como la única gente leal a la ley del Tora, y se consideraría a si mismo entre los mejores judíos en esta cuestión. Seguramente, para él, su entrada en el reino de Dios está asegurada.

Pero Jesús dijo que nadie puede ver el reino a no ser que él o ella nazca anothen – de nuevo – de lo alto. Esto le roba a Nicodemus de la iniciativa y la pone en las manos de Dios. No importa lo cuidadosamente que Nicodemus obedezca la ley del Tora; se requiere algo más – su renacer. Esto es algo sobre lo que él no tiene control – nadie controla su propio renacer. Todos encontramos difícil perder control – hacer lo mejor que podemos y saber que con eso no llega. Para alguien como Nicodemus, quien se ha adherido tanto a la ley – que ha llegado a una alta posición religiosa en su comunidad – sería particularmente difícil. No es raro que prefiera oír las palabras de Jesús pensando de un renacer físico en vez de espiritual.

JUAN 3:5-7. NADIE – SIN NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

5Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.

“El que no naciere de agua y del Espíritu” (v. 5). Hay tres maneras posibles de entender el agua: aquí: purificación – procreación (nacimiento/renacimiento) – el bautismo cristiano. Morris dice que la procreación (nacimiento/renacimiento) es el significado más probable (Morris, 190-193).

Sin embargo, no parece necesario escoger solo uno de los tres significados. La referencia de Jesús al agua y al Espíritu tiene sus raíces en Ezequiel 36:25-27, donde Dios prometió rociar a la gente con agua para limpiarles y poner un nuevo espíritu – el espíritu de Dios – dentro de ellos. Agua y espíritu también tienen fuertes referencias al bautizo. En el bautizo morimos y somos resucitados – nacidos de nuevo – nacidos de lo alto. En el bautizo también recibimos el Espíritu (Rom 6:1-11; Hechos 2:38).

“Nacer de la carne significa estar contento con lo que uno puede observar y controlar. El vivir en la ‘carne’ significa juzgar basándose en lo que uno siente (cf. 7:24; 8:15). Nacer en el Espíritu lleva a una manera diferente de ver y comprender” (Moloney, 93).

JUAN 3:8. ASÍ ES CON EL ESPÍRITU

8El viento (griego: pneuma) de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu (griego: pneumatos – de pneuma).

“El viento (pneuma) …el Espíritu” (pneumatos) (v. 8). Pneuma tiene un doble significado – “viento” y “espíritu” – de nuevo una rica ambigüedad. “El pneuma sopla donde quiere… Así es con todos los que nacen del pneumatos.” El contexto sugiere que “viento” es la traducción apropiada para la primera ocurrencia de la palabra y “espíritu” para la segunda. Jesús usa el viento como una analogía para el espíritu de Dios. No podemos ver, controlar, ni completamente comprender el viento, pero podemos verlo doblar las ramas de un árbol. Así es con el espíritu de Dios – invisible, misterioso, y más allá de nuestro control, pero discernible por sus efectos.

JUAN 3:9-10. ¿CÓMO PUEDEN PASAR ESTAS COSAS?

9Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse? 10Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro (griego: ho didaskalos – el maestro) de Israel, y no sabes esto?

“¿Cómo puede esto hacerse?” (v. 9). Éstas son las últimas palabras de Nicodemo en este pasaje. No comprende a Jesús – o prefiere no comprender. Más tarde, sin embargo, Nicodemo defenderá a Jesús (7:50) y asistirá a su entierro (19:39). En algún momento, la luz amanecerá para él.

Cuando Nicodemo vino a Jesús, reconoció a Jesús como maestro (didaskalos – sin artículo definido) – dando a entender que Jesús es un maestro entre maestros. Era una forma generosa de dirigirse a un joven sin credenciales por parte de un alto rabí. Ahora, Jesús se dirige a Nicodemo como el maestro (ho didaskalos) – usando el artículo definido – dando a entender que Nicodemo es un gran maestro. Pregunta cómo es que ese gran maestro de Israel – Dr. Nicodemo – no puede comprender.

Si somos honestos, comprendemos perfectamente el asombro de Nicodemo. Si estudiamos cuidadosamente este pasaje, tendremos oportunidad de comprenderlo. Al oírlo al principio, sin embargo, a menudo encontramos a Jesús difícil de comprender, aquí, y en otras partes.

Ambos Nicodemo y Jesús son maestros, pero no comparten un suelo común. Jesús ha descendido de lo alto, pero Nicodemo todavía no ha nacido de lo alto. Ésta es la razón por la que Nicodemo no puede comprender a Jesús.

JUAN 3:11-12. ¿CÓMO CREERÉIS EN COSAS CELESTIALES?

11De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

“Lo que sabemos hablamos” (v. 11). Cuando Nicodemo vino a Jesús, él dijo, “Sabemos…” (oidamen) (v. 2). Ahora, Jesús dice, “lo que sabemos” (ho oidamen). Nicodemo pensaba que conocía a Jesús dado todo lo que Jesús había mostrado, pero su comprensión era incompleta. Jesús sí conoce cosas celestiales porque, habiendo descendido del cielo, las ha visto (v. 13).

“Y lo que hemos visto, testificamos” (v. 11). El testimonio de un testigo tiene mucha más autoridad que el testimonio de una persona que no ha visto el evento del que testifica.

“¿Cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (v. 12). Nicodemo ni siquiera comprende las cosas terrenales (el reino humano en el que vive todos los días). Por lo tanto, ¿cómo puede comprender cosas celestiales (el reino de Dios)?

JUAN 3:13. EL QUE DESCENDIÓ DEL CIELO

13Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.

Jesús deja claro que él habla con autoridad de cosas celestiales. Estaba con Dios en el principio (1:1). Estaba presente durante la creación, y participó en ella (1:3). Vino al mundo (1:9-10), y se hizo carne (1:14). Nadie ha visto a Dios, pero Jesús le ha hecho conocido (1:18). En las palabras de Pablo, Jesús, “siendo en forma de Dios,… se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres” y muriendo en una cruz (Phil 2:7-8). Habiendo descendido del cielo, Jesús ascenderá de nuevo a él (20:17). Cuando Juan escribe este Evangelio, Jesús ya lo ha hecho desde hace mucho.

JUAN 3:14-15. QUE EL HIJO DEL HOMBRE SEA LEVANTADO

14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; 15Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Estos versículos contestan la pregunta de Nicodemus, “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4). Ambos, la serpiente “levantada” y Jesús “levantado” confieren nueva vida en ellos que los ven o que creen en ellos.

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto” (v. 14). La historia es de Num.21:4-9, y cada niño judío la conoce. Los israelitas pecaron al quejarse a Dios por sacarles de Egipto y llevarles al desierto. Dios les castigó con una plaga de serpientes ardientes, que mató a muchos de ellos. Entonces, los israelitas confesaron su pecado y suplicaron su merced. Dios le dijo a Moisés que construyera una serpiente de cobre y que la subiera en un palo. Quién mirara la serpiente de cobre sería salvado de las serpientes ardientes – recibiendo nueva vida – naciendo de nuevo (recuerda la pregunta de Nicodemus, v. 4 – puede esperarse que él conecte esta historia a las palabras de Jesús sobre nacer anoten – de nuevo – de lo alto).

“…Así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (vv. 14-15). Hay varios paralelos entre la historia de Moisés y la de Jesús. En ambas:

• El pueblo está en peligro de muerte por sus pecados.

• Dios provee salvación – la serpiente de bronce en la primera historia, y el Hijo del Hombre en la segunda.

• El agente de salvación es levantado – “la conexión más profunda entre la serpiente de bronce y Jesús fue el hecho de ser ‘levantado’” (Carson, 201).

• El pueblo se salva mirando – o creyendo en – el agente de salvación de Dios.

Sin embargo, hay dos diferencias significantes:

• La serpiente de bronce solo tiene un pedazo de bronce, sin tener ningún poder de salvar por si misma. Cuando los israelitas empezaron a hacer ofrendas a la serpiente de bronce, tratándola como un ídolo, Ezechîas la destruyó (2, Reyes 18:4). Jesús, sin embargo, tiene pleno poder de salvar.

• Mirando a la serpiente de cobre “levantada” les extendió a los israelitas la vida física. Cuando miramos a Jesús “levantado,” nos da la vida eterna.

La palabra, “levantado,” tiene múltiples significados en este Evangelio. Se refiere a la cruz de Jesús, pero también se refiere a su resurrección/ascensión/glorificación. Jesús será levantado en la cruz, el gran sacrificio pascual. Será levantado al tercer día, conquistando la muerte. Su cruz y su resurrección/ascensión son solo distintos aspectos de su glorificación. (Este Evangelio no incluye un relato de la ascensión, pero sí incluye varias referencias a ella por parte de Jesús – 6:62; 7:33; 13:3; 14:28; 16:10; 16, 28; 17:11, 13; 20:17).

“Que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (v. 15). Ésta es la primera vez que se menciona la vida eterna en este Evangelio. Se menciona diecisiete veces, quince de ellas de los labios de Jesús.

La palabra, vida, que tiene el mismo sentido, también aparece frecuentemente. Solemos pensar de la vida eterna como una vida sin fin, y sí tiene ese sentido (6:58). Sin embargo, también se refiere a la calidad de una vida vivida en presencia de Dios. Más tarde, en su oración, Jesús definirá la vida eterna de esta manera: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3).

Leon Morris nos ayuda con este análisis:

“La palabra ‘eterna’… ‘se refiere a una edad.’ Los judíos dividían el tiempo entre el presente y la edad que está por venir. El adjetivo se usaba para describir la vida en la edad que viene, no para la vida del presente. ‘La vida eterna’ entonces, significa ‘la vida de la edad que está por venir.’ Es un concepto escatológico… Pero como la vida que está por venir se concibe como una vida que nunca termina, el adjetivo llegó a significar ‘para siempre,’ ‘eterno.’ La noción del tiempo está ahí. La vida eterna nunca cesará. Pero también hay algo ahí más significante. Lo importante de la vida eterna no es su cantidad, sino su calidad… La vida eterna está en Cristo. Es una vida que quita a una persona de lo meramente terrenal” (Morris, 201).

JUAN 3:16. PORQUE DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO

16Porque de tal manera amó Dios al mundo (griego: kosmos), que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Ésta es una asombrosa manifestación para este Evangelio, el cual “generalmente ofrece una visión negativa del mundo, no porque el mundo es inherentemente malo, sino porque el mundo rechaza a Jesús” (Brueggemann, 228). ¿Cómo puede Dios amar un mundo así? Luther dijo, “Si yo fuera como nuestro Señor Dios, y esta gente malvada fuera tan desobediente como lo es ahora, derribaría el mundo en pedazos” (citado por Gossip, 510). ¡El milagro es que Dios no lo hace! Dios da al Hijo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (v. 16). Luther llama este versículo “el Evangelio en miniatura.” El motivo de Dios es amar y su objetivo es salvar. Sin embargo, Dios no provee salvación sino oportunidad. Aquéllos que realmente reciben la vida eterna son aquéllos que creen en el Hijo.

Esto también le sorprende a Nicodemus. Entiende que Dios ama a Israel – el pueblo elegido de Dios – pero encontraría difícil creer que Dios ama al mundo.

El lenguaje de este versículo es como el de la historia de Abrahán, que fue mandado por Dios, “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Gen. 22:2). Abrahán se preparó para cumplir su sacrificio, pero fue detenido por un ángel de Dios. Dios, sin embargo, no se salva a si mismo. Dios nos dio a su Hijo, empezando con la Encarnación, y requiriendo la cruz.

La respuesta de Dios no es “débil indulgencia (sino) auto-sacrificio divino” (Gossip, 510). Hubiera sido mucho menos costoso que Dios ignorara los pecados del mundo y permitiera que su gente viviera en la oscuridad, pero ese mundo reflejaría, no amor, sino apatía. Padres terrenales nos sirven de analogía. Cuesta mucho más en tiempo y energía que un padre supervise a un niño, en vez de dejarle correr suelto. Algunos padres lo ven de otra manera, prefiriendo no controlar al niño. Sin embargo, lo que parece un regalo de libertad perjudica el bienestar del niño. No es una regla de “no tocar” la que demuestra amor, sino la disposición de hacer los sacrificios necesarios para mantener al niño sano y salvo. Dios hace tal sacrificio al mandar al Hijo para salvar al mundo.

“Tenga vida eterna” (v. 16). La palabra “tenga” está en el tiempo presente, sugiriendo que creyentes la poseen aquí y ahora en vez de tener que esperar alguna futura herencia. Ésta es “escatología realizada” de Johannine – el regalo ya recibido – la vida eterna de una relación con Dios que empieza ahora.

Juan 3:16 es, seguramente, el versículo más amado de la Biblia, y lo oímos a menudo. Sufre al ser repetido tantas veces separado de su contexto. “Mientras que este versículo puede encontrarse al corazón del banquete, una dieta equilibrada requiere el resto de los alimentos – los que acompañan, y lo que viene antes o después” (Burridge, 498).

JUAN 3:17. QUE EL MUNDO SEA SALVADO POR ÉL

17Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene (griego: krine) al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.

V. 17 explica el propósito de Dios por mandar al Hijo. No es para condenar (griego: krine) al mundo, sino para salvarlo. Krine puede significar juzgado o condenado. En este contexto – al compararlo con salvado – significa condenado. Dios manda al Hijo, no para condenar al mundo, sino para salvarlo.

La manifestación de Jesús en v. 17 parece estar en conflicto con 9:39, donde Jesús dice, “Yo, para juicio he venido á este mundo.” Sin embargo, “La falta de fe, cerrando la puerta al amor de Dios, convierte su amor en juzgamiento” (Bultmann, citado en Smith, 99). “La separación entre aquéllos que aceptan su perdón y aquéllos que lo rehúsan es inevitable; pero los que lo rehúsan se juzgan a si mismos. La responsabilidad de juzgarse a si mismo no se puede dejar en la puerta del ‘Salvador del mundo’ (Juan 4:42; 1 Juan 4:14)” (Bruce, 90).

El trabajo de salvación de Jesús contiene una paradoja implícita. Si es necesario que Dios mande al Hijo para salvar al mundo, debe ser que el mundo necesita salvación – que está perdido. Además, el trabajo del Hijo es eficaz solo si el mundo acepta la salvación profesada. Juan lo expresa de esta manera: “El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (v. 18).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Barclay, William, The Daily Study Bible, “The Gospel of John,” Vol. 1 (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1955)

Beasley-Murray, George R., Word Biblical Commentary: John (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1999)

Brown, Raymond, The Anchor Bible: The Gospel According to John I-XII (Garden City: Doubleday, 1966)

Bruce, F. F., The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1983).

Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R. and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)

Burridge, Richard A., in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: Eerdmans, 2001)

Carson, D. A., The Pillar New Testament Commentary: The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1991).

Craddock, Fred R.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year B (Valley Forge: Trinity Press International, 1993)

Gossip, Arthur John and Howard, Wilbert F., The Interpreter’s Bible, Volume 8 (Nashville: Abingdon, 1952)

Howard-Brook, Wes, Becoming the Children of God: John’s Gospel and Radical Discipleship (New York: Maryknoll, 1994).

Johnston, Scott Black, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: Eerdmans, 2001)

Moloney, Francis J., Sacra Pagina: The Gospel of John (Collegeville: The Liturgical Press, 1998)

Morris, Leon, The New International Commentary on the New Testament: The Gospel According to John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1995).

O’Day, Gail R., The New Interpreter’s Bible, Volume IX (Nashville: Abingdon, 1995)

Palmer, Earl F., The Book That John Wrote (Vancouver: Regent College Publishing, 1975)

Sloyan, Gerald, “John,” Interpretation (Atlanta: John Knox Press, 1988)

Smith, D. Moody, Jr., Abingdon New Testament Commentaries: John (Nashville: Abingdon, 1999)

www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

Copyright 2005, 2010, Richard Niell Donovan