Juan 2:13-222017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 2:13-22 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

EXÉGESIS:

JUAN 2. EL CONTEXTO

Este capítulo comienza con la historia del primer milagro de Jesús en una fiesta de bodas en Caná de Galilea. En esa ocasión, el anfitrión se quedó sin vino y Jesús cambió una gran cantidad de agua en un vino de calidad extraordinaria. “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (2:11).

Debemos notar varias cosas en esta historia:

• Primero, el ministerio de Jesús comenzó en Galilea, que es el lugar donde se lleva a cabo la mayor parte de su ministerio en los evangelios sinópticos. En los sinópticos, Jesús no va a Jerusalén sino hasta los últimos días de su vida. En el evangelio de Juan, él va al principio de su ministerio (2:13).

• Segundo, Juan marca el milagro del vino como una “señal”, una palabra que será importante a través de todo este evangelio. En el pasaje de esta semana del evangelio, los judíos demandan una señal, y Jesús les ofrece una señal con la que no están preparados para lidiar.

• En tercer lugar, está la mención de la palabra “gloria”, una palabra que encontramos primero en el prólogo de este evangelio: “y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre (1:14), y es una palabra que será importante a través de todo este evangelio.

• Cuarto, en Caná, los discípulos “creyeron en él” (2:11), una declaración muy similar a la que concluye la historia de la purificación del templo, donde “muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía” (2:23).

“Es extremadamente significativo que ambas narrativas (la de Caná y de la purificación del templo) presentan a Jesús como trayendo o encarnando lo que es nuevo, desplazando lo que es viejo” (Smith, 91).

JUAN 2:13-22. LOS SINÓPTICOS Y EL EVANGELIO DE JUAN

Los cuatro evangelios relatan la historia de la purificación del templo (ver Mateo 21:12-17; Marcos 11:15-19; Lucas 19:45-48), pero los sinópticos la colocan casi al final de la vida de Jesús, y ponen a los principales sacerdotes y escribas conspirando para matarlo (Marcos 14:10). El evangelio de Juan coloca la limpieza del templo al comienzo del ministerio de Jesús, mientras que la resurrección de Lázaro es el evento que precipita su juicio y crucifixión (Juan 11-12). Desde la perspectiva de Juan, no se le quita la vida a Jesús, sino que más bien él la pone por propia voluntad (10:17-18).

Existen tres teorías sobre las diferencias entre Juan y los sinópticos con respecto a la cronología de este relato:

• La mayoría de los eruditos creen que la limpieza del templo se llevó a cabo hacia el final de la vida de Jesús, tal como lo registran lo sinópticos. Esto tiene sentido porque se considera que es el incidente que precipita la crucifixión. Esto también da cuenta, en Juan, del abrupto salto del relato de la boda de Caná a la de la limpieza del templo. No parecería que Jesús pudiera salir de la nada para limpiar el templo sin haber provocado antes mayor oposición de la que Juan registra en su relato. Al mismo tiempo, el estilo de los sinópticos es bastante diferente al del evangelio de Juan; los sinópticos enfatizan más la historia de la vida de Jesús y Juan enfatiza más la teología que hay detrás de la vida del Maestro. Estaría más de acuerdo con Juan – que para los sinópticos – sacar la historia de secuencia, y parece que Juan hizo esto para fundamentar importantes temas desde el comienzo de su evangelio.

• Algunos eruditos creen que la secuencia de Juan es correcta y que los sinópticos movieron la historia al final de la vida de Jesús para mostrar la razón por la que Jesús fue crucificado.

• Otros eruditos han sugerido que hubo dos ocasiones en que el templo fue purificado, pero podemos decir que esta teoría no ha contado con amplia aceptación.

JUAN 2:13-17. LA CASA DE MI PADRE

13Y estaba cerca la Pascua (griego = pascha, la palabra de la que obtenemos Pascual, como en “el cordero pascual”) de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalén. 14Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados. 15Y hecho un azote de cuerdas, echólos (griego = exebalen) á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas; 16Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa (griego = ton oikon tou patros mou, la casa de mi Padre) de mercado (griego = oikon emporiou, una casa de comercio). 17Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.

“La Pascua de los judíos” (v. 13). Esta peculiar frase lleva a algunos a sugerir que tal vez entonces habría una correspondiente Pascua cristiana en la iglesia primitiva, pero no hay ninguna evidencia que apoye esta teoría. Los cristianos no tiene razón para observar una Pascua especial, porque Cristo, nuestro cordero pascual, fue sacrificado una vez y para todos (1 Corintios 5:7). Parece más probable que, para el tiempo en que se escribieron los evangelios, la iglesia incluía una gran mayoría de gentiles que tal vez no entendían lo de la pascua judía. La Pascua se celebraba el 14 del mes de Nisán de acuerdo con lo establecido en Éxodo 12, y era seguido por el festival de Los Panes Sin Levadura del 15 al 22 de Nisán (Carson, 176).

“Y subió Jesús á Jerusalén” (v. 13). La Pascua era la más santa de las fiestas de peregrinación por la que los judíos venían a hacer sacrificios al templo. El pueblo “subía a Jerusalén” en dos sentidos: Primero, Jerusalén está en la montaña, así que literalmente la gente subía para llegar ahí. Segundo, Jerusalén es la ciudad santa, así que la peregrinación tendría un sentido de subir a la presencia de Dios.

Jeremías estima que la población de Jerusalén aumentaba de 50,000 a 180,000 durante la Pascua (Howard-Brook, 83). Tratar de encontrar los recursos locales para hospedar y alimentar a esa cantidad de gente sería una enorme tarea. Ya no digamos que la multitud en el templo sería difícil de imaginar.

Esta es la primera de las tres Pascuas que Juan registra (véase también 6:4; 11:55 ss.). Es imposible que en 5:1 se hable de otra Pascua, sino que es más seguro que se refiera a un festival diferente. Los sinópticos registran a Jesús yendo solamente a una Pascua que es al final de su vida. Es principalmente en base a los registros de las tres Pascuas en el evangelio de Juan que creemos que el ministerio de Jesús se extendió por un período de dos a tres años.

En el templo (griego = hiero), Jesús encuentra vendedores de animales y cambistas de dinero. Tal comercio es necesario porque la gente que venía de fuera no podía traer sus propios animales. Además, solamente animales de primera calidad, sin mancha, eran aceptables para el sacrificio, y sería muy difícil mantener un animal en perfectas condiciones incluso aunque fuera una corta jornada como la de la cercana Galilea, y era imposible para quienes venían desde Roma o Egipto o de otros lugares apartados.

El cambio de dinero también era necesario, porque los viajantes traían monedas de varias naciones y la Mishnah especificaba que fueran las monedas de Tiro las que se usaran para el impuesto del templo (los romanos no permitían a los judíos emitir sus propias monedas). Un buen número de eruditos dicen que las monedas romanas no eran apropiadas porque llevaban las imágenes del César e inscripciones sobre su divinidad. Sin embargo, el rabino Israel Abraham dice que las monedas de Tiro tenían marcas similares y sugiere que más bien fue la excepcional calidad de las monedas de Tiro (pesos exactos y alto contenido de plata) lo que las hizo aceptables (Morris, 170).

Quienes eran responsables de la mercancía también pueden defender el comercio en el templo diciendo que el dinero generado por las concesiones se usaba para sostener las actividades del templo a través de todo el año. Escuchamos el mismo argumento en la iglesia de hoy día: “Es para Dios”, así que todo lo que hacemos debe ser bueno.

El hiero incluye todo el templo y sus anexos, y estos vendedores seguramente estaban localizados en el patio de los gentiles, el recinto más alejado del templo. Un poco antes estuvieron localizados en el valle de Cedrón, pero Epstein dice que Caifás, el sumo sacerdote, permitió que quienes lo apoyaban fueran a los establos del templo como una manera de vengarse de sus rivales en el sanedrín (Brown, 119). Si este es el caso, seguramente había una gran cantidad de personas que estaban ofendidas por este comercio en el templo (y, de seguro, los rivales de Caifás), pero también la gente se sentía mal por el innecesario amontonamiento y el mal olor en los patios del templo. Palmer nota que nadie hace un movimiento para detener a Jesús, probablemente porque están contentos de ver que se remueven las ofensas del área del templo (Palmer, 38). Sin embargo, imaginen qué enojado debe haber estado Caifás al ver su autoridad tan directamente desafiada.

Haciendo un azote de cuerdas, Jesús saca (griego = exebalen) a los animales grandes del templo. Muy frecuentemente encontramos esta palabra, exebalen, en conexión con los exorcismos, donde Jesús saca demonios.

Con más de cien mil peregrinos en la ciudad para hacer sacrificios en el templo, parece que habría cientos, tal vez miles, de ovejas y ganado; aunque la gente pobre, que eran la mayoría, solamente podía sacrificar palomas. Lo que viene a la mente es una atmósfera como la de un mercado callejero con docenas o cientos de vendedores, excepto que estos vendedores están alimentando, acicalando y limpiando las heces de los grandes animales en vez de servir refrescos y hot dogs. Siempre había peligro que un animal enloquecido pudiera soltarse y profanar partes del templo. El ruido y el olor serían espantosos, y no se podían ocultar totalmente del santuario. Para ser justos, debemos reconocer que el sistema de sacrificios, tal como se prescribe en la Torá, es un asunto sangriento, sucio, y mal oliente, pero la presencia de estos vendedores en el templo aumenta esto añadiendo un amontonamiento y énfasis comercial.

A quienes estamos acostumbrados a comprar nuestra propia carne ya empacada, usar un látigo para arrear a los animales puede parecer cruel, pero las ovejas y el ganado tienen gruesas pieles y mentes propias. “Para que una sola persona arreara miles de ovejas y ganado fuera de los patios del templo… no solamente era un acto asombroso de audacia profética, sino un milagro de movimiento en medio de los llenos terrenos del templo” (Howard-Brook, 83). Jesús voltea las mesas de los cambistas, y manda a los vendedores de palomas que las quitaran de ahí.

En los sinópticos, Jesús critica a los vendedores por hacer del templo una cueva de ladrones, sugiriendo que el problema son sus prácticas de negocios sin ética. En el evangelio de Juan, sin embargo, Jesús no critica su conducta ética, sino su misma presencia en “la casa de mi Padre”. El manda, “y no hagáis la casa de mi Padre casa (griego = ton oikon tou patros mou, la casa de mi Padre) de mercado” (griego = oikon emporiou, una casa de comercio). “El hieron es ahora llamado oikos. No es solamente un área donde la gente se reúne para adorar a Dios (hieron), sino un lugar entre hombres y mujeres donde el Dios de Israel, a quien Jesús llama ‘mi Padre’, ha hecho su habitación (oikos)” (Moloney, 77).

Aquí se alude a Zacarías 14:21, “y no habrá más Cananeo alguno en la casa de Jehová de los ejércitos en aquel tiempo”. Esta es la primera vez que Jesús identifica a Dios como su Padre, pero los judíos que lo desafían en el versículo 18 fallan en recoger esto.

Por sus actos, “Jesús, un completo extraño a la estructura del poder del templo, lanza un desafío a la autoridad del templo que literalmente sacude sus cimientos. Jesús lanza la mecánica del culto del templo al caos, interrumpiendo todo el sistema del templo durante una de las más significativas fiestas del año haciendo que ni los sacrificios ni los diezmos se pudieran dar ese día” (O’Day, 545).

“Entonces se acordaron sus discípulos” (v. 17). Después de la resurrección, los discípulos comenzaron a entender lo que había pasado en el templo. “Porque me consumió el celo de tu casa”, estas palabras vienen del Salmo 69:9, donde el salmista se lamenta del sufrimiento que ha resultado de su fidelidad al Señor. El salmista dice “me consumió”, pero Juan cambia a “me comió” para que corresponda a las circunstancias de Jesús. “Al citar este salmo… Juan provee a los lectores con una importante pista para la interpretación de la historia de la purificación del templo. El ministerio de Jesús va a estar arraigado en el celo por la casa de su Padre, y este celo lo va a llevar al enajenamiento” (Johnston, 494).

“Observemos que el enojo [de Jesús] estaba dirigido no en contra de quienes estaban involucrados o dirigiendo el culto, sino en contra de quienes lo denigraban… Que la acción en el templo se puede caracterizar como ‘celo por la casa’ sugiere una actitud positiva hacia el templo, y no un rechazo total” (Beasley-Murray, 39).

JUAN 2:18-22. EN TRES DÍAS LO LEVANTARÉ

18Y los judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto? 19Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo (griego = naon, santuario, lugar Santo), y en tres días lo levantaré. 20Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado (griego = naos), ¿y tú en tres días lo levantarás? 21Mas él hablaba del templo (griego = naou) de su cuerpo. 22Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.

“Y los judíos respondieron…” (v. 18). En este evangelio existen frecuentes referencias a los judíos y el judaísmo. En muchos casos las referencias son neutrales y en raras ocasiones positivas (12:11), pero “los judíos” crecientemente serán identificados como los adversarios de Jesús.

“¿Qué señal nos muestras?” (v. 18). Esta no es la respuesta que podemos esperar si “los judíos” estuvieran convencidos de que Jesús estaba rompiendo la ley. Es aparente que ellos ven la purificación del templo como un acto profético, posiblemente mesiánico, y que esperaban que los profetas realizaran milagros para legitimar su autoridad. Su pregunta aquí parece más una invitación para que Jesús los suba a bordo, más que un desafío hostil; aunque tal invitación rápidamente puede convertirse en hostil si no se contesta rápido. Marcos identifica a estos “judíos” como los principales sacerdotes y los escribas (11:18), y nos dice que están conspirando para matar a Jesús; pero tengamos en mente que los sinópticos localizan esta historia de la purificación al final del ministerio de Jesús y la ven como la causa que precipita el hecho para la crucifixión.

“Destruid este templo (griego = naon, santuario, lugar Santo) y en tres días lo levantaré (v. 19). En referencias previas al templo, la palabra ha sido hiero, que se refiere a todo el templo y sus anexos. Ahora Jesús usa la palabra naon, que se refiere al santuario del templo.

Como mucho de lo que sucede en este evangelio, las palabras de Jesús pueden ser tomadas en dos niveles. “La palabra templo es usada tanto para el santuario religioso como para el ‘cuerpo’, como en 1 Corintios 3:16; 6:19. La palabra para destruir es usada tanto para la demolición de casas o templos como para la disolución del cuerpo; y también levantar puede ser usada para levantar un edificio, y en el uso cristiano constantemente se refiere a la resurrección de entre los muertos” (Howard, 499).

En la superficie, parece que Jesús está desafiando a estos judíos para destruir el templo (reconstruido por Herodes) y ofreciendo reconstruirlo en tres días; que es la manera en que ellos lo entienden. En este evangelio, es típico que los adversarios de Jesús, e incluso los discípulos, lo mal entiendan de esta manera. Estos judíos, por supuesto, nunca podrían aceptar el desafío de destruir el gran edificio como una manera para probar a Jesús y ver cómo podría reconstruirlo en tres días. El templo es el lugar santo donde Dios habita, y difícilmente podrían imaginar que alguien lo destruyera (aunque los romanos lo harían en el año 70 d.C.). Los sinópticos registran que, después, los adversarios de Jesús dirían que él amenazó con destruir el templo y reconstruirlo en tres días, pero no se ponían de acuerdo en su testimonio (Marcos 14:58-59). El evangelio de Juan provee nuestro único registro de lo que actualmente se dijo.

Pero, por supuesto, en un segundo nivel de significado, Jesús está aludiendo a su muerte y resurrección. Es su cuerpo que es el templo señalado para la destrucción. Incluso los propios discípulos de Jesús permanecerán sin siquiera imaginarse este segundo nivel de significado, sino hasta después de la resurrección. En ese momento recordarán lo que les había dicho (v. 22).

“El contraste es dolorosamente claro. Un templo, construido como testimonio para Dios y como medio para acercar a las personas a Dios, ahora es un objeto de adoración, un fin en sí mismo. Por lo tanto, ya está maduro para la destrucción. Pero en la agonía de la muerte y en un movimiento de auto-preservación, ¿acaso los guardadores del templo destruirían al Único en donde Dios y la humanidad se encuentran?” (Craddock, 155).

“En cuarenta y seis años fue este templo edificado” (v. 20). La construcción comenzó bajo Herodes el Grande en el año 20 o 19 a.C., que significa que la purificación del templo realizada por Jesús se lleva a cabo en el año 27 o 28 d.C. La mayoría de la obra del templo se ha completado para ese tiempo, pero los acabados continuarán hasta el año 63 d.C., solamente siete años antes de que los romanos destruyeran el templo.

“Más él hablaba del templo de su cuerpo” (v. 21). En este evangelio, las explicaciones frecuentemente se ofrecen al margen para aclarar malos entendidos para el lector (ver 6:64, 71; 7:5, 39; 11:13, 51-52; 12:6, 33; 20:9). Es el cuerpo de Jesús que se convertirá en “la morada viviente de Dios en la tierra, el cumplimiento de todo lo que significa el templo, y el centro de todo culto verdadero (contra todos los otros reclamos de ‘lugar santo’, 4:20-24). En este ‘templo’ el sacrificio último toma[rá] lugar” (Carson, 182).

“Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y

creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho” (v. 22). Durante su ministerio, Jesús tratará de preparar a sus discípulos para su pasión, pero ellos encuentran la idea incomprensible. Sin embargo, no debemos juzgarlos, porque nosotros, también, encontramos difícil tener una visión diferente de lo que estamos esperando. A estas alturas los discípulos todavía esperan un tipo de Mesías guerrero, y las insinuaciones sobre la muere y resurrección solamente los confunden. Más tarde, después de la resurrección, repentinamente se aclarará el cuadro para ellos. Creerán “la Escritura y á la palabra que Jesús había dicho”. Esa Escritura no se identifica, pero posiblemente sea el Salmo 69:9. Es interesante que Juan coloque “la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” una al lado de la otra, sugiriendo la gran autoridad de la palabra de Jesús.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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