Juan 2:1-112017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 2:1-11 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 2 & 15. EL BUEN VINO Y LA VIÑA VERDADERA

Parece haber una inclusión (una historia en paréntesis) entre las imágenes del vino en la historia de Cana a principios del ministerio de Jesús, donde es revelado como el buen vino, y las imágenes del vino en el discurso de “Soy la vid verdadera” al final de su ministerio, donde se identifica como la vid verdadera.

En el contexto de “la vid verdadera,” Jesús dice: “Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer” (15:4-5). Entonces, Jesús habla de guardar sus mandamientos, diciendo: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado” (15:13; véase también 13:31-35). Dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (13:35).

En Cana, Jesús se revela en el buen vino y como el buen vino – así revelando su gloria (v. 11). En el discurso de “la vid verdadera,” Jesús es revelado cuando nosotros “llevamos mucho fruto” (15:4) y al amarnos uno a otro (15:5).

JUAN 2:2-12. EL LIBRO DE SEÑALES

Jesús le dijo a Natanael, “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre” (1:51). El cumplimiento de esta promesa comienza inmediatamente con “el principio de sus señales” en la boda de Caná en Galilea, revelando la gloria de Jesús y haciendo que sus discípulos crean en él (v. 11).

Capítulos 2-12 a menudo se llaman el Libro de Señales, porque en ellos Jesús obra señales que revelan su gloria (v. 11). Juan se refiere a milagros como señales (2:11, 23; 3:2; 4:54; 6:2, 14; 11:47; 12:18, 37; 20:30), y Jesús se refiere a ellos como obras (5:20, 36; 9:3-4; 10:25, 32, 37-38; 14:10-12; 15:24).

Una señal es más que una muestra de poder. Una señal revela algo – señala a algo más allá. En Caná, la señal muestra la gloria de Jesús (v. 11). Señales sin embargo, no como milagros que se hacen abiertamente, están algo escondidas para algunos. No todos comprenden su significado. Los discípulos creen (v. 11) y muchos creen (v. 23), pero “los judíos” (v. 18) tienen dudas. Ni siquiera el maestresala tiene idea del verdadero significado de esta señal (v. 10).

Este Evangelio anota estas señales “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:31).

Capítulos 13ff. a menudo se llaman el Libro de la Gloria, y tienen que ver con la “glorificación” de Jesús – una palabra código en este Evangelio para la muerte, resurrección, y exaltación de Jesús.

JUAN 2:1-4. LO ANTIGUO Y LO NUEVO

Ubicado en una sociedad que valora verdades antiguas y venera la tercera edad, el tema común de capítulos 1-4 es el reemplazo de lo inferior antiguo con lo superior nuevo:

– En el Prólogo (1:1-18), encontramos lenguaje que evoca la primera creación aún mientras nos cuenta de la nueva creación (lea Juan 1:1-5 junto con Génesis 1:1-5):

– En Génesis leemos de la creación tomando lugar con la palabra de Dios (Génesis 1:3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26). En Juan, leemos de la Palabra que estaba con Dios – era Dios – y estaba presente en la creación y activa en ella (1:1-4). En Génesis 1 encontramos a Dios creando la luz. En Juan, “la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo” (1:9). También, “la ley por Moisés fue dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha” (1:17). En capítulo 2 encontramos “el reemplazo de las antiguas purificaciones con el vino del reino de Dios” (2:1-11) (Dodd, 297).

– En capítulo 3, Jesús le habla a Nicodemo de la necesidad de un renacer (3:1-21).

– En capítulo 4, Jesús contrasta “el agua de la fuente de Jacob con el agua viva de Cristo (4:1-15) y después contrasta “la alabanza de Jerusalén y Gerizim con la alabanza de ‘espíritu y verdad’” (Dodd, 297). También en capítulo 4, Jesús regresa a Caná para sanar al hijo de un oficial del rey – su segunda señal (4:46-54).

JUAN 2:1-11. UNA BODA EN CANÁ

Ésta es la primera obra del ministerio de Jesús en este Evangelio. En Marcos, su primera obra es un exorcismo; en Mateo, es el Sermón en el Monte; en Lucas, es un sermón en la sinagoga. “Cada uno de estos eventos es típico y paradigmático en su retrato de Jesús en cada Evangelio” (Smith, 83). La boda en Caná no es solo una historia interesante incluida al azar, pero nos da indicios del significado del resto de este Evangelio.

Sin embargo, es un comienzo algo extraño. Esperaríamos que el “retrato paradigmático” de este Evangelio fuera más significante. En este Evangelio, Jesús sana al hijo del oficial del rey (4:46-54) y a un hombre enfermo (5:1-9), alimenta a cinco mil (6:1-14), camina sobre el agua (6:15-21), sana un hombre ciego de nacimiento (9:1-34), y resucita a Lázaro de la muerte (12:1-11, 18). ¿Por qué su primera señal sería vino para una fiesta? ¿Por qué no uno de sus milagros más significantes?

Recuerde que en este Evangelio, Jesús habla y actúa en más de un nivel. Esta historia se trata de vino para una fiesta solo en la superficie.

Esta historia establece un modelo que se repetirá en el encuentro entre Jesús y Nicodemo (3:1-21), la mujer samaritana (4:1-30) y en otras ocasiones. Una persona habla (María, Nicodemo, la mujer samaritana), y Jesús responde con palabras u obras inusuales que se pueden comprender a un nivel obvio y superficial o en otro nivel menos obvio y espiritual.

En la historia de Caná, por lo tanto, podemos comprender el vino que Jesús provee como un regalo que salva al novio y a su familia de pasar vergüenza o podemos buscar un significado más profundo. En algunas ocasiones, Jesús da un discurso que explica sus señales y obras, pero no en Caná. La falta de un discurso demuestra que las interpretaciones de la señal en Caná son aún más diversas de lo que pensaríamos. El comentario del maestresala en versículo 10 podría referirse al “vino inferior” de la ley judía y al “buen vino” de la gracia de Dios – o, podríamos comprender la abundancia de vino que Jesús provee como reflejo de la abundancia de su gracia – o ambos.

JUAN 2:1-5. AUN NO HA VENIDO MI HORA

1Y al tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2Y fue también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas. 3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. 4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo (griego: ti emoi kai soi gunai – literalmente, “¿Y qué a ti y a mi?”), mujer (griego: gunai)? Aun no ha venido mi hora. 5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

“Y al tercer día” (v. 1a). Éste sería el tercer día después del encuentro de Jesús con Natanael (1:45-51). Las primeras dos historias de este Evangelio, la boda (vv. 1-11) y la purificación del templo (vv. 13-22) son ambas historias de “el tercer día.” El autor liga deliberadamente la historia del templo con la muerte y resurrección de Jesús (vv. 19-21), pero en la historia de Caná no hay tal conexión.

“en Caná de Galilea” (v. 1b). La localidad de Caná es incierta. Pensamos que se sitúa cerca de Nazarea – quizá en un lugar conocido actualmente como Kefr Kenna, a unas tres millas de Nazarea – quizá en Khirbet Qana, ocho o nueve millas al norte de Nazarea (Pfeiffer, 203). Caná se menciona en la Biblia solo en el Evangelio de Juan. Es el hogar de Natanael (21:2).

El significado de Caná se encuentra en su insignificancia. Igual que Dios suele escoger personas inesperadas para cumplir su obra (Moisés, David, Gideón, etcétera), así también escoge lugares inesperados en los que revelar su gloria (Belén, Nazarea, Caná).

Jesús regresa a Caná después de visitar Jerusalén y purificar el templo, y también obra su segunda señal allí – sanando en Capernaum al hijo de un oficial del rey (4:46-54). Por lo tanto, Jesús hace su primera y segunda señal en esta ciudad pequeña y poco conocida, lejos del templo de Jerusalén – un ejemplo de su ministerio a los marginados.

“y estaba allí la madre de Jesús” (v. 1c). Jesús y sus discípulos también fueron invitados (v. 2), desmintiendo la teoría que la falta de vino se debía a que Jesús y sus discípulos aparecieran inesperadamente.

No sabemos cuáles discípulos estaban presentes. Cuatro fueron nombrados previamente – Andrés, Simón Pedro, Felipe, y Natanael (1:40-48) y parece haber un quinto discípulo sin nombrar, seguramente el autor de este Evangelio (1:35-40). Es probable que estos cinco sean los que están presentes en Caná. Los doce se mencionan en 6:67, pero no sabemos cuándo aparecen los demás discípulos.

La madre de Jesús aparece en este Evangelio solo aquí y en la cruz (19:25-27). Su nombre no se menciona en ninguna de estas dos ocasiones.

Jesús y su madre seguramente conocen a gente en Caná, o no hubieran sido invitados a esta boda. Es territorio amistoso. La gente de Galilea recibe bien a Jesús, contrastado con Judea, donde encontrará una oposición determinada.

“Y faltando el vino” (v. 3a). Estas personas llevan vidas simples, pero sí se espera que tengan abundante comida y vino durante una boda. El vino en cuestión se trataría de vino fermentado, diluido con agua.

Una boda se celebra durante siete días, y se trata de una celebración comunitaria. El acabarse el vino sería una vergüenza para los padres que dan la fiesta y para los novios. Morris cita la investigación de Derrett, diciendo que “en ciertas circunstancias hasta era posible tomar acción legal contra un hombre que no hacía un regalo apropiado para una boda” y se pregunta si un novio y su familia quedarían expuestos a algo así por no estar preparados con suficiente vino (Morris, 156). Aunque esa posibilidad no parezca muy probable, podemos estar seguros de que la comunidad recordaría por mucho tiempo la vergüenza de una familia que no proporcionó la cantidad adecuada de vino para una boda.

“la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen” (v. 3b). Si agua es símbolo de purificación judía y este vino es símbolo de la gracia de Jesús, entonces, “la declaración de María, ‘Vino no tienen,’ se convierte en un reflejo signifícate de la esterilidad de purificaciones judías” (Brown, 105).

Bodas judías duran varios días. No parece probable que el conjunto nupcial se quede sin vino el primer o segundo día, por lo tanto, podemos dar por hecho que la fiesta de boda ya lleva ocurriendo varios días.

No está claro lo que pretende la madre de Jesús. Sus comentarios en versículo 5 indican que espera que Jesús haga algo. Hay una fuerte posibilidad que ella lleve viuda varios años, y que ahora se esté apoyando en Jesús. Ella le ha visto resolver problemas, y tiene confianza que también puede resolver éste. Quizá ella espera que recaude fondos de sus discípulos para la compra de más vino. Quizá siente que él es capaz de un milagro.

“¿Qué tengo yo contigo, mujer?” (Literalmente “¿Y qué a ti y a mi?”) (v. 4a). Esta pregunta espera la respuesta, “¡Nada!” “¿Y qué a ti y a mi?” es un semitismo que puede significar: 1) ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o 2) ¿Cuál es mi papel en esto? El primer significado parece hostil, mientras que el segundo “implica simplemente un desconecto” (Brown, 99).

La respuesta de Jesús nos puede parecer descuidada y hasta irrespetuosa. Sin embargo, “mujer” (griego: gunai) sugiere distancia en vez de falta de respeto. Jesús utiliza la palabra en varias ocasiones para dirigirse a alguien (Mateo 15:28; Lucas 13:12; Juan 8:10; 19:26; 20:15) – y nunca lo utiliza de manera irrespetuosa.

La respuesta de Jesús es seguramente un reproche gentil con el propósito de distanciarse – una manera de decirle a María que ella ya no puede depender en su relación de madre e hijo. Desde que Jesús dejó su hogar para comenzar su obra, él “ha sido ungido con el Espíritu Santo y ha recibido la comisión de emprender la obra especial que su padre le ha dado para hacer. Ahora que ha entrado en su ministerio público, todo (incluyendo lazos familiares) deben subordinarse a esto” (Bruce, 69). “Aunque normalmente una madre judía puede ejercer presión sobre sus hijos, éste no era el caso con Jesús” (Borchert, 155). Mientras bajo la obligación de honrar a su padre y madre (Éxodo 20:12), la prioridad de Jesús debe ser honrar a su Padre celestial y la obra que el Padre le ha mandado hacer (5:19ff.).

“Aun no ha venido mi hora” (v. 4b). Como nos será revelado después (12:23, 27; 13:1; 17:1), la hora de Jesús en este Evangelio es la hora de su glorificación – la hora de su muerte, resurrección, y ascensión. Pero en este contexto de Caná la hora de Jesús seguramente tiene más que ver con el principio que con el final de su ministerio – ¿cuándo empezará a revelar su gloria? Jesús vive bajo el horario de Dios (Ridderbos, 106). Sus “acciones serán gobernadas por el horario establecido por Dios, no por el horario o la voluntad de nadie más” (O’Day, 537).

“Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere” (v. 5). Su respuesta sigue el modelo de la instrucción del Faraón a los egipcios durante el hambre (Génesis 41:55), donde Faraón demostró su confianza en José, encargándole a él de controlar la crisis. La madre de Jesús demuestra esa misma confianza – que Jesús puede y hará algo para remediar la crisis en esta boda.

Pero esto no significa que Jesús es sumiso a la demanda de su madre (Brown, 102-103). “Repetidamente en este Evangelio, Jesús es presentado respondiendo a la dirección de Dios, y no a presión humana” (Borchert, 156).

JUAN 2:6-8. TINAJUELAS PARA LA PURIFICACIÓN DE LOS JUDÍOS

6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros (griego: metretas duo e treis – dos o tres medidas). 7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. 8Y díceles: Sacad (griego: antlesate) ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle.

“Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos” (v. 6a). Tinajuelas de agua son utilizadas para agua de purificación ritual, porque la piedra no porosa es menos susceptible a las impuridades que el barro poroso.

Barclay anota que los judíos consideran el número siete como perfecto y completo, y el número seis incompleto. “Las seis tinajas de piedra se refieren a las imperfecciones de la ley judía” (Barclay, 89).

La cantidad de agua que cabe en cada tinaja es literalmente “dos o tres medidas” (v. 6b) o “dos o tres cántaros” (NRSV). La cantidad total de agua, entre 120 y 180 galones, es mucho más que la cantidad requerida para purificar esta multitud. Willimon anota que una taza de agua purificaría a cien personas, consecuentemente, estos cantaros contienen suficiente agua para purificar al mundo entero. El agua, por lo tanto, simboliza la poderosa gracia disponible a través de Jesús, que ha venido “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (3:16).

“Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba” (v. 7). Los sirvientes (v. 5, 9) obedecen a Jesús, llenando las tinajas por completo. No solo siguen los movimientos, sino que responden obedeciendo plenamente. Esto es loable por dos razones. Primero, no saben por qué Jesús les ha mandado hacerlo. Segundo, cargar y descargar casi 200 galones de agua no es un trabajo pequeño.

“Sacad (griego: antlesate) ahora, y presentad al maestresala” (v. 8). El maestresala está a cargo del vino, y compartiría la vergüenza causada por la falta de vino. Él es responsable, no solo por la cantidad de vino, sino también por su calidad y distribución.

Wescott dice que antlesate normalmente se utiliza para sacar agua de un pozo y propone que los sirvientes sacan el vino de un pozo en vez de sacarlo de las tinajas. Su idea es que Jesús, representando una nueva era, no haría que su vino nuevo se sacara de “tinajas tan íntimamente ligadas con una simple purificación ritual” (Carson, 174). Esto, sin embargo, solo es conjetura. “Dio Chysostom, un escritor del primer siglo d.C., utiliza la misma palabra para referirse al ‘vaciar de los barriles de vino’ (Orations, 45:11)” (Kostenberger, 97). Además, la manera en que se relata la historia en este Evangelio da la impresión que el vino es sacado de las tinajas, y así es como debemos contar la historia.

JUAN 2:9-10. HAS GUARDADO EL BUEN VINO HASTA AHORA

9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo, 10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.

“Y como el maestresala gustó el agua hecha vino” (v. 9a). Esta historia nunca nos dice exactamente cuando el agua se convierte en vino. Los sirvientes llenan las tinajas de agua. Cuando el maestresala lo prueba, descubre que es vino.

“que no sabía de dónde era” (v. 9b). Jesús obró su milagro en silencio. Solo su madre, sus discípulos, y los sirvientes saben lo que ha hecho. El maestresala sabía que había un problema, pero no sabía como se resolvió. No sabemos si el novio o los invitados jamás se dieron cuenta de que existía un problema.

“que no sabía de dónde era” (v. 9b). También hay mucha confusión acerca de donde viene Jesús. Su origen es una de las preocupaciones de este Evangelio (6:46; 7:27; 8:14; 19:9) y eso nos da un indicio del significado de este pasaje. Algunas personas saben de donde viene el vino/la gracia, pero otros no. Como ocurre a menudo en los Evangelios, hay una inversión aquí. El maestresala debe ser el que sabe de donde viene el vino, pero son los sirvientes los que lo saben. De manera parecida, los líderes religiosos deben comprender las señales de Jesús, pero son los discípulos, gente más ordinaria, los que creen.

“Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor” (v. 10a). Es de esperar que los invitados sean más discriminantes con el sabor del vino cuando empiezan a beber. Después, cuando sus sentidos están entorpecidos, no les importaría si el vino que beben es bueno o mediocre.

El maestresala le dice al novio, “mas tú has guardado el buen vino hasta ahora” (v. 10b). Bauckham piensa de esto como el final de un chiste – la clave para comprender esta historia. El maestresala pretende comentar sobre el raro comportamiento del anfitrión, que guarda el mejor vino hasta el final. Sin embargo, en este Evangelio, gente a menudo dice cosas que tienen un significado más profundo, sin darse cuenta de lo que han hecho. En este caso, el significado más profundo es: “Dios ha hecho una cosa muy sorprendente. Ha guardado hasta el final su mejor regalo para Israel y el mundo. Su mejor regalo no ocurrió en el pasado de Israel, cuando dio a Moisés la ley y a Israel la tierra. Ha guardado el mejor vino hasta la venida de Jesús” (Bauckham, 490). Esto, entonces, se convierte en una historia de movimiento: del agua de la ley y los profetas hacia el vino de la gracia de Jesús.

JUAN 2:11. Y SUS DISCÍPULOS CREYERON EN ÉL

11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

“y manifestó su gloria” (v. 11b). Esta frase nos recuerda al Prólogo, donde dice, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (1:14).

En el Antiguo Testamento, la palabra “gloria” (hebreo: kabod) frecuentemente se relaciona con Dios (Éxodo 14:4, 17; 16:7, 10; 24:16-17; 29:43; 33:18, 22; 40:34; Levítico 9:6, 23, etc., etc., etc.). Cuando Jesús revela su gloria a través de estas señales, revela su divinidad. El propósito de las señales es revelar a Jesús como Hijo del Padre. No es suficiente reconocerle solo como alguien que obra milagros (2:23-25, 4:48; 6:26).

“y sus discípulos creyeron en él” (v. 11c). Éste es el punto de la historia (Brown, 103). El propósito de las señales de Jesús es inspirar creencia. Además, el propósito ya establecido de este Evangelio es “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:31).

La mayoría de eruditos cree que Jesús obra siete señales en este Evangelio. Mientras que el Evangelio no especifica ese número, siete es un número “completo” en creencia judía y, por lo tanto, razonable. La lista usual de señales incluye:

• El vino en Caná (2:1-11).

• El sanar del hijo del oficial del rey, también en Caná (4:46-54).

• El sanar de un hombre enfermo (5:1-9).

• El alimentar de los cinco mil (6:1-14).

• Caminar sobre el agua (6:15-21).

• El sanar del hombre nacido ciego (9:1-34).

• La resurrección de Lázaro (11:38-44).

Algunos eruditos combinan el alimentar de los cinco mil con caminar sobre el agua como una sola señal para que la resurrección de Jesús (20:1-18) se convierta en la séptima y última señal (Carson, 175).

No todos los que presenciaron estas señales creerán en Jesús (5:10-18; 9:13-34; 11:45-57). Este Evangelio caracteriza a los que fallan en creer como “los judíos” (5:10, 18; 9:18), queriendo decir, las autoridades judías – el establecimiento religioso y político – los que tienen incentivos para mantener el estatus quo. Sin embargo, algunos de “los judíos” creerán (11:45). En algunas situaciones, este Evangelio nombra a los altos sacerdotes y fariseos como unos que presencian las señales, pero que responden oponiéndose en vez de creer en Jesús (9:15; 11:47, 57).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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