Juan 20:1-182017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 20:1-18 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

EXÉGESIS:

JUAN 20-21. TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN

“Podemos discernir dos ciclos de las apariciones después de la resurrección en el NT: un ciclo galileo (presupuesto por Marcos y registrado por Mateo); y el ciclo de Judea (registrado por Lucas)… Ambos ciclos hallan su lugar en este Evangelio: el ciclo de Judea en el capítulo 20 y el ciclo de Galilea en el capítulo 21” (Bruce, 383).

La resurrección de Cristo es central a la fe cristiana. Ver al Cristo resucitado transformó a la pequeña banda de discípulos de Jesús y les dio valor para salir de su encierro para enfrentar el peligro en nombre de Cristo. “La iglesia de Oriente… es propensa a reunirse alrededor del pesebre, sintiendo que la Encarnación es central; y la iglesia de Occidente se inclina sobre el Calvario, tomando a la cruz como su símbolo… Pero el NT mismo continúa exaltando, primero que nada, la tumba vacía, encontrando en ella la prueba de pruebas de la victoria de Jesús” (Gossip, 790).

JUAN 20:1-2. EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA VINO DE MAÑANA

1Y el primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana (en el griego algunos manuscritos dicen erchetai proi = viene temprano), siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio la piedra quitada del sepulcro. 2Entonces corrió, y vino á Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.

La gente creía que el espíritu de una persona muerta permanecía en los alrededores de la tumba por tres días, así que comúnmente sólo visitaban la tumba durante los primeros tres días después del entierro. Las leyes religiosas prohibían las vistas durante el sábado, así que lo más temprano que María podía visitar la tumba era al ocultarse el sol en nuestra tarde del sábado, y en que termina el sábado y comienza el primer día de la semana. Nuestra tradición coloca la visita cerca del amanecer del domingo, pero Juan nos dice que es temprano en el primer día de la semana y sigue oscuro.

Ninguno de los Evangelios (ver Mt. 28:1; Mc. 16:2; Lc. 24:1) habla de este como el tercer día después de la crucifixión, sino más bien como el primer día de la semana. Tal vez quieren enfatizar el nuevo día lanzado por Jesús en la resurrección. Este evangelio ha usado las palabras “oscuro” y “oscuridad” varias veces y generalmente para hablar de la oscuridad espiritual (1:5; 3:9; 8:12; 12:35, 46). Tal vez en el primer versículo Juan usó la palabra “oscuro” para reflejar la oscuridad del entendimiento de María a estas alturas. Jesús “encenderá” la luz para ella en el v. 16, pero por el momento el mundo de María es tan oscuro como es posible.

Mateo 27:56 y Marcos 15:40 dicen que María Magdalena iba acompañada por Salomé y María, la madre de Jacobo. Juan menciona solamente a María Magdalena, pero en el v. 2, María dice “no sabemos”, y con ello sugiere que pudo haber estado acompañada por otras.

Juan no nos dice el propósito de la visita, pero Marcos 16:1 dice que las mujeres “compraron

drogas aromáticas, para venir á ungirle”. José y Nicodemo habían hecho lo que habían podido hacer, dado el escaso tiempo que tuvieron por la llegada del sábado. María viene para asegurarse de que el cuerpo de Jesús ha sido adecuadamente preparado, para dolerse y para mostrar sus respetos a un hombre cuya muerte la ha herido profundamente. Jesús la había liberado de siete demonios (Lc. 8:2), y su devoción para él es bastante fuerte.

La roca que sellaba la entrada había sido “quitada… del sepulcro” (v. 1). Los sinópticos describen diciendo que fue removida, y Mateo dice que un ángel la removió (Mt. 28:2). En Mateo 28, un ángel les dice a las mujeres que Jesús ha resucitado. En Marcos 16, el mensajero es un hombre joven vestido de blanco. En Lucas 24, las mujeres entran a la tumba, pero no encuentran el cuerpo. Aquí Juan no habla de un mensajero ni de que María entró a la tumba. Tal vez lo hace, o tal vez ella infiere de la puerta abierta de la tumba que Jesús no está ahí. Ella ni siquiera considera que Jesús pueda haber resucitado de la muerte. Ella concluye, bastante lógicamente, que alguien ha tomado el cuerpo de Jesús de la tumba. Tal fueron las autoridades imponiendo un agravio más sobre Jesús. Tal vez fueron salteadores de tumbas. Imagine el impacto emocional de encontrar ultrajada la tumba de un ser amado. María había estado sufriendo. Ahora está impactada, horrorizada.

María reacciona yendo a decirle a Pedro y al discípulo amado que “Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto” (v. 2). Ella ve, pero falla en ver. Ella presupone –basada en su experiencia – que los cuerpos no desaparecen nada más así. Probablemente las autoridades han removido el cuerpo como parte de su esfuerzo para borrar todo recuerdo de Jesús; o tal vez algunos salteadores de tumbas han robado el cuerpo, que era un problema común en ese tiempo.

María va a Pedro, en parte, porque él es el líder de los discípulos. Además, Pedro y el discípulo amado permanecieron en los alrededores y no se fueron como otros discípulos (18:15-18, 25-27; 19:26-27). La presencia de estos dos hombres en la tumba será importante, porque establece dos testigos legales (el número requerido por la ley de la Tora) para la tumba vacía. Como mujer, María no tiene una posición legal como testigo.

JUAN 20:3-10. Y VIO LOS LIENZOS ECHADOS

3Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro. 4Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5Y bajándose á mirar, vio los lienzos echados; mas no entró. 6Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos echados, 7Y el sudario (griego = soudarian, lienzo facial), que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte. 8Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vio, y creyó. 9Porque aun no sabían la Escritura, que era necesario (griego = dei, es necesario = un imperativo divino) que él resucitase de los muertos. 10Y volvieron los discípulos á los suyos.

Es interesante ver la interacción entre Pedro y el discípulo amado, que por lo general se piensa que era Juan. Corren juntos por un trecho, pero después el discípulo deja atrás a Pedro y llega primero a la tumba. Algunos eruditos han dicho que están corriendo como rivales, pero no hay evidencia para apoyar esto. Tal vez el discípulo amado es más joven y capaz de correr más rápido. Tal vez está motivado por su gran amor. Cuando llega, se asoma hacia la tumba para ver, pero no entra a la tumba (v. 5). Pedro, siempre impetuoso, lo pasa y entra a la tumba, donde ve los lienzos (v. 6) “Y el sudario (griego = soudarian, lienzo facial), que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte” (v. 7).

Algunos eruditos proponen que estos lienzos están en su lugar como si el cuerpo de Jesús de alguna manera se hubiera desmaterializado, dejando los lienzos en el lugar donde su cuerpo había estado. Sin embargo, Juan no nos dice nada de eso. En su lugar, nos dice que el soudarian está en un lugar aparte del resto de los lienzos y ha sido enrollado. Si Jesús se hubiera desmaterializado, el soudarian estaría bastante cerca del resto de los otros lienzos y no habría estado enrollado.

Los lienzos sirven tres funciones en esta historia:

• Primero, proveen una evidencia visual de la resurrección de Jesús. El cuerpo ya no está, pero los lienzos nos recuerdan que el cuerpo de Jesús estuvo ahí.

• Segundo, los lienzos proveen evidencia de que el cuerpo de Jesús no fue robado. Los salteadores de tumbas no habrían dejado atrás un lienzo de lino valioso, y ni los salteadores ni las autoridades judías hubieran tomado el tiempo para quitar los lienzos del cuerpo, retrasando así su escape e incrementando el riesgo de ser descubiertos. De hecho, la ordenada escena que Juan describe aquí no es lo que esperaríamos en la escena de un robo o un secuestro.

• Tercero, sirven para una función teológica. Cuando Jesús levantó a Lázaro de los muertos, Lázaro salió de la tumba todavía envuelto en los lienzos fúnebres. Jesús tuvo que mandar a los presentes que lo liberaran para que Lázaro pudiera reasumir su vida terrenal normal (11:38:44). Sin embargo, cuando Jesús salió de la tumba, lo hizo desatado, tal vez simbolizando “su resurrección a la vida del orden eterno de Dios” (Beasley-Murray, 372).

“Entonces… el otro discípulo… vio, y creyó” (v. 8). ¿Creyó qué? La impresión es que cree que Jesús ha sido levantado de entre los muertos, pero Juan no nos dice eso. En su lugar, en los siguientes tres versículos, Juan nos dice que “aun no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos” (v. 9). Algunos eruditos piensan que simplemente él cree en el informe de María de que el cuerpo de Jesús ya no está ahí, pero eso parece trivial comparado con el tono serio de “vio, y creyó” y el comentario posterior de Jesús a Tomás, “Porque me has visto, Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron y creyeron” (20:29).

Parece ser que ver los lienzos en el sepulcro despertó algo de una fe novata en el discípulo amado y que sería fuertemente presionado a definir. Se encuentra a sí mismo en algún lugar entre la esperanza y la fe, sin entender lo que ha pasado pero sintiendo en un nivel profundo que debe ser maravilloso. Muchos de nosotros llegamos a la fe justamente de esa manera. Creemos en un Señor a quien solamente conocemos en una pequeña parte, y reconocemos lo incompleto de nuestra fe. Pasando los años, nuestra fe se ha profundizado y nuestra habilidad para articularla creció, pero, viendo hacia atrás, de cualquier manera entendemos que había algo maravilloso incluso sobre nuestra inmadura e inarticulada fe. Es muy posible que el escritor del Evangelio también sea el discípulo amado, y que está contando la historia del nacimiento de su propia creencia.

En el v. 9, la palabra “necesario” (griego = dei, es necesario, un imperativo divino) “es importante… Ya que llegaron a ver la resurrección en la profecía inspirada no ocurriría por casualidad. La mano de Dios estaba ahí. Debía ocurrir” (Morris, 737).

De cualquier manera, el discípulo amado ve más claramente que Pedro, que ve sin ver, y cree más rápidamente que Tomás, quien requiere evidencia irrefutable (20:25).

“Y volvieron los discípulos á los suyos” (v. 10). Si estaban completamente convencidos que Jesús estaba vivo, de seguro que lo habrían gritado desde los techos. Que regresen a los suyos es una conclusión decepcionante para esta parte de la historia.

JUAN 20:11-18. DÍCELE JESÚS: “¡MARÍA!”

11Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajóse á mirar el sepulcro; 12Y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vio á Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿Á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro. 17Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: ‘Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.’ 18Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

María regresa al sepulcro para encontrar a dos ángeles sentados donde Jesús había yacido, “el uno á la cabecera, y el otro á los pies o á la cabecera, y el otro á los pies” (v. 12), igual que los dos querubines que estaban a los lados del Arca del Pacto (Ex. 25:18). Ni Pedro ni el discípulo amado vieron a los ángeles, y María no los reconoce como ángeles. Ellos le preguntan a María por qué está llorando, y ella explica a través de sus lágrimas “Porque se han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto” (v. 13). Nosotros no sabemos quienes son “ellos”, y María seguramente tampoco.

Entonces María se vuelve, y Jesús repite la pregunta que los ángeles apenas le han hecho. María falla para reconocer a Jesús. Tal vez su visión está obscurecida por las lágrimas. Tal vez su dolor la ha abrumado tanto que no puede pensar claramente. Tal vez porque vino buscando a un hombre muerto, su mente es incapaz de ver un hombre vivo. Frecuentemente vemos lo que esperamos ver, y fallamos para reconocer lo inesperado que está frente a nuestros ojos. Tal vez el cuerpo de Jesús ha sido transformado tanto que no es inmediatamente reconocible.

Esto es irónico. Los opositores de Jesús, por su hostilidad hacia él, fallan en ver al Mesías en medio de ellos. Ahora los amigos de Jesús, debido a su amor por él, también fallan en verlo.

También hay tensión espiritual aquí. “Por un lado, el cuerpo resucitado de Jesús puede ser tocado y manejado (v. 27; Lc. 24:39), lleva las marcas de las heridas infligidas en el cuerpo de Jesús de antes de su muerte (20:20, 25, 27), y no solamente cocina pescado (21:9) sino que lo come (Lc. 24:41-43). Por otro lado, el cuerpo resucitado de Jesús aparentemente se levantó a través de los lienzos fúnebres (20:6-8), aparece en un cuarto cerrado (vv. 19, 26), y algunas veces no es (al menos inicialmente) reconocido. Lo más cerca que llegamos a una explicación es en 1 Corintios 15:35ss” (Carson, 641).

Hay algo amoroso sobre Jesús haciendo su primera aparición ya resucitado a María Magdalena, que es un personaje menor en este Evangelio. Nosotros pensaríamos que Jesús concedería este honor a uno de los discípulos de su círculo íntimo o a su madre. Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos. Nosotros no hubiéramos escogido a María Magdalena para este honor, pero tampoco hubiéramos escogido al tramposo Jacob para mantener la promesa de la gran nación, o a David para derrotar al gigante, o a Saulo para ser misionero. Dios llama a quien Dios llama.

María se dirige a Jesús, a quien toma por el jardinero, con la palabra kyrie, que la RV traduce como Señor. Jesús se dirige a ella por su nombre, María. Al oír su nombre y la voz de Jesús, María lo reconoce y entonces se dirige a él como Rabboni.

María, al igual que los discípulos de Emmaús, no reconoce a Jesús hasta que un acto específico levanta el velo de sus ojos. Los discípulos de Emmaús lo reconocen cuando partió el pan con ellos. María lo reconoce cuando la llama por su nombre. Este incidente nos recuerda las palabras de Jesús “y á sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (10:3-4).

La palabra de María, Raboni, causa confusión. Juan nos dice que significa maestro, una palabra menor que Señor, que usó un poco antes (v.13). Algunos eruditos hacen notar que Raboni fue usada para hablar de Dios, y sugieren que María la está usando para referirse a Jesús como deidad. Eso es posible, pero la palabra no siempre fue usada para hablar de Dios, y la traducción de Juan – maestro – sugiere un significado menor. Howard Brook dice que, al usar esta palabra hebrea/aramea, “el narrador nos fuerza a ver que el rechazo del poder judío y la altamente crítica actitud hacia la Ley y el ambiente relacionado no es un rechazo al pueblo judío” (Howard-Brook, 450). La multiplicidad de explicaciones sugiere que nadie ha encontrado realmente una buena.

“No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios” (v. 17). Este versículo ha generado muchos comentarios en los comentarios. ¿Por qué Jesús le prohíbe a María que lo toque y luego invita a Tomás a que lo haga (v. 27)? ¿Cuál es la relación ente tocar y la ascensión? Cuando Jesús habla de sus hermanos, ¿está hablando de sus hermanos carnales o sus discípulos? ¿Cómo el tiempo de la ascensión en el evangelio de Juan se relaciona con el de Lucas y Hechos?

Los eruditos difieren en estos asuntos, pero la opinión preponderante es que María se ha tirado a los pies de Jesús y en su gran gozo está fuertemente agarrada a él. Jesús le manda no agarrarse a él, porque está ascendiendo al Padre y por lo tanto ya no es capaz de reasumir su vida, como la había conocido antes. En este evangelio, su resurrección y su ascensión constituyen un solo evento en vez de dos. Está en el proceso de la ascensión, parte de la glorificación, que es necesaria para permitir el don del Espíritu (7:39).

Más que aferrarse a Jesús, María debe ir a sus hermanos, sus discípulos. Él y sus discípulos son hermanos por virtud del hecho de que tienen al mismo Padre, “mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios”. Esta es la primera vez en este evangelio que Jesús se refiere a sus discípulos de esta manera. Hasta ahora, sólo Jesús ha sido el Hijo de Dios. “La hora de Jesús, que dentro de poco terminará en la ascensión de Jesús al Padre, creará una nueva situación donde el Dios y Padre de Jesús también será el Dios y Padre de los hermanos de Jesús [y ellos ya no serán] los discípulos de Jesús, sino sus hermanos” (Moloney, 526).

Mientras que el evangelio de Juan ve una ascensión inmediata más que cuarenta días después, esto no necesariamente está en conflicto con el relato de Lucas-Hechos. En Lucas-Hechos “después de su resurrección, Jesús apareció a sus discípulos muchas veces, pero no estuvo continuamente con ellos como en los días antes de su crucifixión. Su morada, su hábitat, ya no era esta tierra; en su ‘cuerpo espiritual’ (para usar el lenguaje de Pablo) ya no estaba restringido como en ‘los días de su carne’ (Hechos 5:7), sino que ya estaba glorificado… Su partida final fue… dramática y decisiva…, así que la finalidad de lo que se estaba llevando a cabo fuera clara. En ese sentido, en ambos relatos de Juan y Lucas-Hechos, Jesús está en el proceso de ascender al Padre hasta la culminación de la ascensión” (Carson, 645).

María obedece yendo a los discípulos y anunciando “que había visto al Señor”, y diciéndoles todo lo que él le había dicho a ella (v. 18).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Beasley-Murray, George R., Word Biblical Commentary: John (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1999)

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Carson, D. A., The Pillar New Testament Commentary: The Gospel of John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1991).

Craddock, Fred R.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year B (Valley Forge: Trinity Press International, 1993)

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Howard-Brook, Wes, Becoming the Children of God: John’s Gospel and Radical Discipleship (New York: Maryknoll, 1994).

Moloney, Francis J., Sacra Pagina: The Gospel of John (Collegeville: The Liturgical Press, 1998)

Morris, Leon, The New International Commentary on the New Testament: The Gospel According to John (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1995).

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Pazdan, Mary Margaret, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The Third Readings: The Gospels (Grand Rapids: Eerdmans, 2001)

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Smith, D. Moody, Jr., Abingdon New Testament Commentaries: John (Nashville: Abingdon, 1999)

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