Juan 18:33-372017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 18:33-37 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

LA TRAICIÓN Y EL ARRESTO DE JESÚS (18:1-11)

Verdaderamente, solo podemos comprender versículos 33-37 si los miramos en el contexto de capítulos 18-19 que incluyen lo siguiente.

LA TRAICIÓN Y EL ARRESTO DE JESÚS (18:1-11)

Simón Pedro corta la oreja del esclavo del alto sacerdote (v. 10). Jesús repara el daño y le dice a Pedro que guarde su espada. Esto es importante para nuestra lección del Evangelio, donde Jesús le dice a Pilatos, “Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los Judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí” (v. 36). Al ser arrestado, Jesús demostró que no pretendía causar ningún daño a Roma (la primera preocupación de Pilatos).

JESÚS ANTE EL ALTO SACERDOTE (18:12-14, 19-24)

Esto nos confunde. ¿Quién es el alto sacerdote, Anás o Caifás? Se supone que solo ha de haber un alto sacerdote, y que es elegido por vida. Anás es el alto sacerdote que cuestiona a Jesús, pero Caifás es el alto sacerdote para este año en particular (v. 13, véase también Lucas 3:2; Hechos 4:6). La explicación es que los romanos, renuentes de dar demasiada autoridad a una persona, forzaron cambios de puesto. Anás sirvió entre 6 y 15 d.C., y fue reemplazado por Caifás, que servirá hasta 36 d.C. En los ojos del pueblo, sin embargo, Anás mantiene la autoridad.

“Y era Caifás el que había dado el consejo á los judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo” (v. 14) – más ironía Joanina. Caifás quería decir que la muerte de una persona es mejor que muchas otras sean mal encaminadas, pero sin darse cuenta revela la naturaleza propietaria de la muerte de Jesús.

PEDRO RECHAZA A JESÚS (18:15-18, 25-27)

Según Craddock, aquí es donde ocurre el verdadero juicio. En el juicio ante Pilatos, Jesús se mueve inexorablemente hacia su glorificación pero, en el juicio que ocurre alrededor del fuego, Pedro (y la iglesia) son juzgados, demostrando sus faltas (Craddock, 481).

JESÚS ANTE EL SANEDRÍN (Mateo 26:57-68; Marcos 14:53-65; Lucas 22:66-71)

En los sinópticos se encuentran relatos detallados del juicio de Jesús ante el Sanedrín, pero este Evangelio solo menciona brevemente la presencia de Jesús ante Amás y Caifás (18:12-14) y no menciona el Sanedrín.

Brown explora varias razones posibles por las que Juan eliminaría el juicio del Sanedrín, fijándose en vez en el juicio romano. Nos recuerda a la gran oposición que existe hacia Jesús por parte de aquéllos que, en este Evangelio, se caracterizan como “judíos.” Habla de otras figuras en este Evangelio que “ni rehúsan creer ni aceptan completamente a Jesús por quien es” (Nicodemo, la mujer samaritana, y el hombre sanado en el pozo de Betsaida). Brown concluye que Pilatos es “otro representante de esta reacción a Jesús – ni le es ni fiel ni le rechaza. Pilatos es una de esas personas típicas… honestas… bien situadas, que intenta adoptar una postura en el medio de una lucha total… La historia de Pilatos… demuestra como una persona que rehúsa tomar decisiones se encamina a la tragedia” (Brown, 864).

Esto provee algunas posibilidades para predicar. La mayoría de la gente hoy en día no está tentada a oponerse a Jesús, pero sí a ignorarle o marginarle. Jesús advierte, “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Rev. 3:16).

JESÚS ANTE PILATOS (18:28-32)

Los judíos “no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua” (v. 28) – más ironía joanina. Están empeñados en matar a un hombre inocente, pero al mismo tiempo, son fastidiosos en cuanto a contaminación ritual.

Pilatos, aparentemente el hombre más poderoso de la ciudad, se ve obligado a estar entre el acusado y los que le acusan – revelando el poder de los judíos sobre él. Antes, Pilatos había empezado mal, ofendiendo a los judíos al invadir la tesorería del templo y al mostrar símbolos idólatras – por eso, ahora ha de tener muchísimo cuidado con las sensibilidades judías. Una revuelta judía podría cuestionar su liderazgo. Por eso, se encuentra bajo presión para cumplir sus demandas (Barclay, 278-280).

Cuando Pilatos pregunta sobre la naturaleza de la acusación contra Jesús, ellos no especifican ningún cargo, sino que solo contestan “Si éste no fuera malhechor, no te le habríamos entregado” (v. 30). Bajo tales circunstancias, Pilatos debe liberar a Jesús. Cuando sugiere que los líderes judíos le juzguen bajo sus leyes, ellos responden, “A nosotros no es lícito matar á nadie” (v. 31). Al hacer esto, dejan claro que proponen la muerte de Jesús – y esperan que Pilatos lo haga por ellos.

Algunos eruditos anotan que los líderes judíos mataron a Esteban (Hechos 7:54-60), y se preguntan si a los judíos, de hecho, se les permitiría ejecutar a los que violan sus leyes religiosas. Otros eruditos creen que el apedreamiento de Esteban fue acción del gentío y no una acción legal.

“JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS” (19:15, 19)

El énfasis en Cristo Rey continúa en capítulo 19. Pilatos ha intentado convencer a la multitud de permitirle soltar a Jesús (18:38b-40), y ha castigado a Jesús con latigazos, esperando que esto satisfaga a la multitud (19:1-7). La multitud, sin embargo, frustra las intenciones de Pilatos en cada ocasión, exigiendo la crucifixión de Jesús (19:6, 15) e impugnando la lealtad de Pilatos hacia el emperador (19:12).

Pilatos les reprocha, diciendo “He aquí vuestro Rey” (19:14) y preguntando, “¿A vuestro Rey he de crucificar?” (19:15). Entonces la multitud, que exigía la muerte de Jesús “porque se hizo Hijo de Dios” (19:7), responde de la manera más asombrosa. “No tenemos rey sino á César,” dicen (19:15). Es decir, criticaron a Jesús por ponerse en el lugar de Dios pero, ahora, ellos mismos ponen al emperador en el sitio de Dios. Pilatos, por su necesidad de demostrar lealtad al emperador, finalmente se rinde y entrega a Jesús para ser crucificado (19:16).

Pero Pilatos tiene la última palabra. Hace colgar de la cruz una inscripción en tres lenguas que dice, “Jesús nazareno, Rey de los judíos” (19:19-20). Los pontífices protestan, pidiéndole a Pilatos que cambie la inscripción para que diga, “él dijo: Rey soy de los Judíos.” Pilatos responde, “Lo que he escrito, he escrito” (vv. 21-22). Antes, Pilatos preguntó, “¿Qué cosa es verdad?” (18:38). Ahora, con ironía joanina, Pilatos escribe la verdad en la cruz para que todos la vean.

JUAN 18:33-35. ¿ERES TÚ EL REY DE LOS JUDÍOS?

33Así que, Pilatos volvió á entrar en el pretorio, y llamó á Jesús, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, ó te lo han dicho otros de mí?35Pilatos respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han entregado (griego: paredokan – de paradidomi) á mí: ¿qué has hecho?

“Así que, Pilatos volvió á entrar en el pretorio” (v. 33a). Después de que los pontífices cuestionaran a Jesús (18:19-24), llevaron a Jesús a Pilatos. Los hombres judíos que llevaron a Jesús a Pilatos “no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua. Entonces salió Pilatos á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?” (18:28-29). Ahora, Pilatos vuelve a entrar en el pretorio y manda que le traigan a Jesús para cuestionarle.

“¿Eres tú el Rey de los judíos?” (v. 33b). Pilatos solo tiene una preocupación legítima, y es si Jesús constituye una amenaza para Roma. Si Jesús adopta el papel de rey, eso es una traición que lleva pena de muerte. Sin embargo, “Pilatos está incrédulo. ¿Este hombre un rey? …Una mirada a este prisionero basta para que el gobernador discierne lo fantástico que es ver a Jesús en este puesto. Esto explica su pregunta incrédula” (Morris, 679).

La ironía es que Jesús sí es un rey, pero uno que no constituye ninguna amenaza para Roma. Lectores de este Evangelio, ya enterados del resto de la historia, saben esto. Queremos interrumpir y decir, “¡Sí, es un rey, pero no como lo retratan los líderes judíos!”

“¿Dices tú esto de ti mismo, ó te lo han dicho otros de mí?” (v. 34). Antes de que Jesús pueda contestar a Pilatos, quiere entender el significado de su pregunta. ¿Pregunta Pilatos si Jesús pretende luchar con Roma por el poder de Judea, o está simplemente actuando como portavoz de los pontífices?”

La pregunta de Jesús demuestra que él comprende la política oculta – que otros definitivamente han hablado con Pilatos de él – y que le han contratado para llevar a cabo sus negocios sucios – que Pilatos, presumiblemente el hombre más poderoso de Judea, se ha permitido a si mismo convertirse en peón de sus intereses. La pregunta de Jesús también reversa sus papeles – Jesús ahora se convierte en el interrogador.

“Pilatos respondió: ¿Soy yo Judío?” (v. 35a). Pilatos respeta poco al pueblo judío, por eso su pregunta tiene un tono de desprecio. Mientras que Pilatos hace su pregunta esperando una respuesta negativa, “el juicio demostrará que Pilatos es, con certeza, ‘judío,’ que pertenece con aquéllos que rechazan a Jesús” (O’Day, 817).

“Tu gente, y los pontífices, te han entregado (griego: paredokan – de paradidomi) á mí: ¿qué has hecho?” (v. 35b). Pilatos confirma que otros han iniciado esta acción. Ningún cargo se ha presentado contra él. Los judíos solo se han quejado, diciendo que Jesús es malo (kadon – traducido “criminal” en la NRSV, v. 30). Pilatos no sabe por qué los pontífices quieren matarle, pero sí comprende que hay más de lo que parece. Quiere comprender el complot escondido, por eso le pide a Jesús que explique lo que pasa.

En este Evangelio la palabra griega paradidomi se usa frecuentemente para hablar de Jesús siendo traicionado (6:64, 71; 12:4; 13:2; 11, 21; 18:2, 5; 21:20) o entregado a sus enemigos (18:30, 36) o entregado para ser crucificado (19:16).

JUAN 18:36-37. MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

36Respondió Jesús: Mi reino (griego: basileia) no es de este mundo: si de este mundo (griego: kosmou – de kosmos) fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado (griego: paradotho – de paradidomi) á los judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí. 37Díjole entonces Pilatos: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.

“Mi reino (basileia) no es de este mundo” (kosmos) (v. 36a). Jesús confirma que es un rey, pero también le asegura a Pilatos que Roma no tiene ningún motivo para temerle. El reino de Jesús (basileia – utilizado en 3:3, 5 para el reino de Dios) “no es de este mundo” (kosmos). Mientras que Dios creó el kosmos, el kosmos está “encerrado en continua rebelión contra su creador (1:10, 11). Es la esfera de oscuridad, rebelión, ceguera, y pecado” (Carson, 594). Jesús no busca un reino del kosmos, sino un reino de Dios. Cita la falta de resistencia por parte de sus seguidores como prueba de que no busca un reino del kosmos.

Pero esto “no significa que el reino de Jesús es totalmente de otro mundo. Su origen no es de este mundo, pero se manifiesta en este mundo donde sea que gente escuche su voz, como versículo 37 deja claro. Y aunque no sea cumplido por métodos políticos, sí tendrá implicaciones políticas, como este juicio revela” (Lincoln, 462). “Su obra es una de transformación en el mundo (cf. 20:31), para que sus ciudadanos representen de manera autentica a Dios o el Cielo aquí en la tierra” (Borchert, 242)

“si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los judíos” (v. 36b). Jesús podría haber instigado una revolución. Su banda de discípulos es pequeña, pero hay mucha gente atraída a él. Gente que está descontenta con la ocupación romana, que espera un líder que les organice. Pilatos tiene tres mil soldados bajo su mando, pero pocos de ellos se encuentran en Jerusalén es ese momento. Si Jesús hubiera querido causar problemas, lo hubiera hecho.

De hecho, ya existía algo de violencia asociada con el arresto de Jesús. Simón Pedro hirió al esclavo del alto sacerdote, cortándole la oreja. Jesús respondió reparando el daño y diciéndole a Pedro, “Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?” (18:10-11). Éste es un tema joanino que vuelve a aparecer. Jesús no es víctima de traición, sino que está andando el camino que Dios le ha puesto delante – bebiendo el vaso que el Padre le ha dado. ¡Aquí no hay víctima! El Padre está a cargo, y el Hijo sigue fielmente la voluntad de Dios.

“ahora, pues, mi reino no es de aquí” (v. 36c). El reino de Jesús no tiene sus orígenes en el kosmos, sino en Dios. Su reino no deriva su autoridad del kosmos, sino de Dios. ¡Jesús no es rey de un kosmos!

Como Jesús, la iglesia hoy de tiene mucha autoridad moral pero poca autoridad del kosmos. La iglesia siempre está tentada a buscar la autoridad del kosmos – a aliarse a si misma con el poder del kosmos. Cuando hace eso, generalmente ha perdido autoridad moral – encuentra imposible mantener ambos la autoridad moral y la autoridad del kosmos simultáneamente. En la mayoría de lugares en los que la iglesia ha tenido poder substancial del kosmos, la iglesia hoy está al margen o muerta. La iglesia hace mejor cuando imita al Hijo del Hombre que no tenía donde recostar la cabeza (Mateo 8:20) y que restauró la vista de los ciegos, ayudó a los mudos a hablar, lavó leprosos, hizo a los sordos oír, resucitó muertos, y trajo buenas noticias a los pobres (Mateo 11:5). Igual que el poder de Jesús se encontraba en la cruz, el más efectivo testigo de la iglesia se encuentra en servicio y sacrificio para los necesitados –no en amistades políticas, producciones espectaculares, o gran arquitectura.

“¿Luego rey eres tú?” (v. 37). Al oír la palabra “reino,” Pilatos se pone en alerta. Aunque Jesús diga que su reino no es de este mundo, a Pilatos le preocupa que el reino de Jesús vaya acompañado de alguna manera de implicaciones políticas. La pregunta de Pilatos demuestra la posibilidad de que Jesús sea una amenaza política, y Pilatos le invita a asegurarle una vez más de que no lo es.

Jesús contesta, “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad” (v. 37a). En el Evangelio de Juan, Jesús tiene mucho más que decirle a Pilatos que en los sinópticos, donde solo contesta, “Tú lo dices” (Mateo 27:11-14; Marcos 15:2-5; Lucas 23:2-5). En versículo 37 Jesús dice, “Tú dices que yo soy rey,” (una declaración muy parecida a su respuesta en los sinópticos) pero después continúa, explicando el significado de su reino.

• Primero, Jesús dice, “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (v. 37). El Prólogo de este Evangelio dice, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (1:1, 14). Versículo 37 vuelve a relatar estos temas joaninos: Encarnación – gloria – verdad. Además de 7:42, que dice que el Mesías descenderá de David y vendrá a Belén, versículo 37 es la única referencia al nacimiento de Jesús en este Evangelio. Este Evangelio se preocupa más por el verdadero origen de Jesús que por la historia de su nacimiento. Sí, nació de mujer, pero la realidad más grande es que viene de Dios.

• Segundo, Jesús dice que ha venido al mundo “para dar testimonio á la verdad.” Verdad es un tema principal en este Evangelio (1:14, 17; 4:23; 5:33, 8:32, 40, 44; 14:6, 17; 15:26; 16:7, 13; 17:8, 17, 19; 19:35). “Éste no es el concepto abstracto de verdad que va sobre y en contra de falsedad, sino la verdad religiosa que hemos visto a través de este Evangelio, una verdad muy ligada a la persona de Jesús (14:6)” (Morris, 681). Aprendemos lo siguiente acerca de la verdad en este Evangelio:

• Jesús está lleno de verdad (1:14).
• La verdad nos hace libres (8:32).
• Jesús dice la verdad (8:45-46).
• Él es el camino, la verdad, y la vida (14:6).
• Él testifica la verdad (18:37).
• Cuando Jesús se va, el Espíritu de la verdad volverá a estar con nosotros (16:7, 13).

“Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz” (v. 37b). Esto vuelve a repetir el tema de capítulo 10 – el pastor y las ovejas que escuchan su voz (10:4-5, 16). Las ovejas no escucharán a desconocidos, porque desconfían de ellos. Escuchan para oír la voz de su pastor, porque su pastor tiene palabras de verdad y de vida. Aquéllos que escuchan la voz de Jesús son sus discípulos.

En un versículo que no se incluye en la lectura del leccionario, Pilatos pregunta, “¿Qué cosa es verdad?” (v. 38).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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