Juan 16:12-152017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 16:12-15 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 16:7. ES NUESTRA VENTAJA

Jesús dijo, “Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré” (16:7). Estas palabras proveen el trasfondo esencial para la lección del Evangelio de este domingo. De la perspectiva de los discípulos, la salida inminente de Jesús parece catastrófica. Antes, Pedro dijo, “Señor, ¿á quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (6:68). Los discípulos presenciarán la muerte de Jesús, que parecerá extinguir “las palabras de vida eterna.” Después de la resurrección, Jesús ascenderá al cielo. De nuevo, los discípulos confrontarán la vida sin el Señor – sin “las palabras de vida eterna.”

Sin embargo, Jesús les asegura a los discípulos que proveerá por sus necesidades. No estarán solos, sino que beneficiarán de la salida de Jesús y la llegada del Espíritu. La encarnación puso limitaciones sobre Jesús. Está sujeto por tiempo y lugar. Solo puede viajar despacio y enseñar a los que están cerca y pueden oír su voz. El Espíritu no estará sujeto a estas limitaciones, y estará en todas partes – a través del mundo y a lo largo de la historia.

JUAN 16:12-15. EL ESPÍRITU OS GUIARÁ Á TODA VERDAD

12Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. 13Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir. 14El (griego: ekeinos – él mismo) me glorificará: porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

“Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar” (v. 12). Jesús ha señalado a la cruz, pero los discípulos no han logrado entender. Esperan ver un rey guerrero, y no pueden imaginarse un siervo que sufre. Aún no están listos para enfrentar las pesadumbres que les esperan – ver a su Señor ejecutado junto con criminales corrientes – ser encarcelados, golpeados y crucificados por su fe – propagar la iglesia por el sacrificio de su propia sangre – ver crecer la influencia de gentiles en la iglesia. Pero Jesús no les pide a los discípulos que enfrenten tales cosas ahora, cuando se encuentran débiles. En vez, lo deja para el momento en que el Espíritu esté con ellos para guiarles y reforzarles.

Pablo lo dice de esta manera: “mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podeís llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar” (1 Corintios 10:13). O, como dice un viejo proverbio inglés, “Dios templa el viento del cordero mochado.”

“Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad” (v. 13a). Esto “recuerda al papel de Josué que, como sucesor de Moisés, fue encargado con guiar a la gente hacia la tierra…así el Espíritu, como sucesor de Jesús, está a cargo de guiar a los seguidores de Jesús por la esfera de la verdad” (Lincoln, 421).

El Espíritu de la verdad no nos guiará equivocadamente, en vez, nos llevará por el camino correcto. Ese camino puede ser estrecho y duro, pero el Espíritu de la verdad nos ayudará a caminar con confianza.

• Sabio más que sabio, el Espíritu de la verdad no nos guiará por un camino de necedad.

• Lleno de amor, el Espíritu de la verdad no será tentado por intereses o envidias.

• Siempre presente, el Espíritu de la verdad estará ahí durante noches oscuras y en todo lugar remoto e infernal.

“porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere” (v. 13b). Jesús no habló su propia palabra, sino que dijo, “porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias” (15:15). En su oración de Alto Sacerdocio, Jesús dijo, “las palabras que me diste, les he dado” (17:8). De manera parecida, el Espíritu no nos hablará de su propia palabra, sino que “hablará todo lo que oyere.” Hay una línea directa del Padre a través del Hijo, y del Espíritu a los discípulos. Cada palabra de Jesús y el Espíritu está enraizada en la verdad del Padre.

“Por este tema de la finalidad de la revelación de Dios en Jesucristo, la iglesia siempre ha sospechado de declaraciones que claman una revelación aún más definitiva, que depende de las conciencias de todo cristiano – sea por medio de declaraciones mormonas, o por las pretensiones del Reverendo Moon – por eso, apropiadamente, rinde tales posturas profundamente extraviadas y sectarias” (Carson, 539).

“y os hará saber las cosas que han de venir” (v. 13c). Aunque “las cosas que han de venir” se podría referir al don de profecía, “es más probable que se refiera al sistema cristiano, aún no existente cuando Jesús habló, para ser revelado a sus seguidores por el Espíritu, no por medio de sabiduría natural” (Morris, 622; véase también Kostenberger, 473-474). En ese momento, discípulos son bebes en cuanto a la fe, comprenden poco. Más adelante, cuando estén listos para enfrentarlo, el Espíritu les revelará más y más.

Veremos esto ilustrado en el libro de Hechos, en particular refiriéndose a gentiles. En el principio, la iglesia era dirigida por judíos para judíos de la sagrada ciudad de Jerusalén. No fue hasta la visión de Pedro en Hechos 10 que la iglesia extendió la bienvenida a gentiles, pero como prosélitos. No es que Dios le revelara a Pedro una nueva verdad de su amor hacia gentiles (esa revelación empezó en el libro de Jonás y antes), sino que la iglesia solo podrá apreciar la verdad antigua de manera gradual.

Jesús se dirige a los apóstoles – que oyeron sus palabras cuando todavía estaba con ellos (14:25-26) y que estaban con él desde el principio (15:27) – pero el Espíritu continúa guiando la iglesia aún hoy. Nuestras circunstancias cambian a diario con nuevas tecnologías y políticas, pero el Espíritu de la verdad está listo para ayudarnos a conectar la verdad de Dios con estas nuevas situaciones. En cada nueva circunstancia el mismo Espíritu fiel nos guía, enseñándonos de nuevo las viejas y fieles verdades y ayudándonos a aplicarlas en maneras nuevas y fieles.

“El (ekeinos – él mismo) me glorificará” (v. 14a). “Por quinta y última vez en estas declaraciones Paráclitas, el demostrativo enfático ekeinos… se utiliza para el Espíritu. Él y nadie más enseñará todo a los discípulos (14:26), rendirá testimonio a Cristo (15:26), divulgará el error del mundo (16:8), guiará a los discípulos por el camino de toda verdad (16:13), y (ahora) es él que tiene la glorificación de Jesús como misión suprema” (Bruce, 321).

“Igual que los discípulos presenciaron la gloria de Jesús en la encarnación (1:14; 2:11, etcétera), e igual que la misión de Jesús era traer gloria al Padre (cf. 7:18; 12:28; 17:4), así, su muerte y resurrección se designan en este Evangelio como la hora de su glorificación (12:23; 13:31-32; 17:1, 5)” (Borchert, 170).

“porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (vv. 14b-15).

El Espíritu nos declarará “de lo mío” (v. 14b), pero Juan nos recuerda que el Padre le ha concedido a Jesús “todas las cosas” (13:3). Jesús nos recuerda que “Todo lo que tiene el Padre, mío es” (v. 15). Así sigue que el Espíritu nos revelará “todas las cosas” y “todo lo que tiene el Padre.” De alguna manera, estas verdades ya han sido reveladas a través de Moisés, los profetas, y Jesús, pero gente no siempre estaba preparada para comprenderlas. A medida que crece nuestro entendimiento, el Espíritu, “os enseñará (a nosotros) todas las cosas, y os recordará (a nosotros) todas las cosas que os he (que Jesús ha) dicho” (14:26).

Este crecimiento – el poder apreciar la plenitud de la verdad de Dios – es un proceso de toda la vida. En esta vida nunca estaremos preparados para comprender toda la verdad de Dios, pero el Espíritu es un guía fiel, por eso, nos interesa ser seguidores fieles.

En otro contexto (Mateo 3:3-23; Marcos 4:3-20; Lucas 8:4-15), Jesús habla de la semilla del Evangelio que cae en cuatro clases de tierra diferentes – la tierra empaquetada del sendero, donde la semilla no encuentra lugar y donde Satanás se la lleva rápidamente – tierra rocosa, donde una capa fina de tierra permite que la semilla brote, pero donde la piedra de abajo impide que crezcan raíces – tierra plagada de pinchos, donde preocupaciones terrenales atragantan la semilla del Evangelio – y tierra buena, que rinde fruto, treinta y sesenta y cien veces más.

De manera parecida, el recibimiento del consejo del Espíritu varía mucho. Algunas personas se cierran al Espíritu, y no derivan ningún beneficio de sus enseñanzas. Otros buscan la ayuda del Espíritu en momentos de angustia, pero no le prestan atención en momentos cotidianos. Aún otros oyen la voz del Espíritu, pero solo suavemente a través de la multitud de voces que compiten con ella. Pero otros reciben el consejo del Espíritu con alegría, y producen fruto espiritual abundante – convirtiéndose en gigantes espirituales.

Algunos gigantes espirituales son famosos – Bonhoeffer, Madre Teresa, Billy Graham – pero la mayoría de congregaciones tienen por lo menos algunos. Muchos vienen disfrazados de gente común y corriente, pero radian una madurez espiritual que no es común. Admiramos y quizá hasta envidiamos su callada confianza. Quizá, lo que nunca hemos considerado es que el Espíritu Santo tiene el poder de traer esa vitalidad espiritual a nosotros si abriéramos plenamente nuestras vidas para dejar entrar su liderazgo y enseñanza – si nos convirtiéramos en buena tierra.

Aunque podemos estar tentados a aceptar nuestro estado espiritual actual como inmutable, las disciplinas espirituales tradicionales (alabanza, estudio de la Biblia, oración, asociaciones con amigos cristianos, y fiel obediencia a lo que ya entendemos) mejoran nuestra receptividad a la enseñanza del Espíritu – nos preparan para crecimiento espiritual de la misma manera que el arar, escardar, regar, y fertilizar preparan una planta para crecer. Cuando escogemos practicar tales disciplinas o no, decidimos si nos haremos discípulos robustos y fructuosos o no – si beneficiaremos de nuestra asociación con el Espíritu o no. El Espíritu ofrece guiarnos de manera fiel. Por eso, todo depende de lo dispuestos que estemos para aceptar su liderazgo.

Mientras que el Espíritu nos ayuda a tratar temas sobre los cuales Jesús no nos dejó consejos específicos, la palabra del Espíritu siempre será consistente con la del Padre y el Hijo. Eso nos da un estándar para juzgar la palabra de aquéllos que claman ser guiados por el Espíritu. ¿Es su palabra consistente con la palabra del Padre y el Hijo? Si no lo es, su palabra no viene del Espíritu de la verdad. Es importante que cristianos sean capaces de tomar estas decisiones. “Amados, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo” (1 Juan 4:1).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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