Juan 15:9-172017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 15:9-17 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 15:9-11. ESTAD EN MI AMOR

9Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor. 10Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. 11Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

En versículos 1-8 Jesús nos dijo que el Padre es el labrador, Jesús es la vid y nosotros las ramas. En esos versículos Jesús dijo, “Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí” (v. 4). Ahora continúa, “Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor” (v. 9). El mensaje a lo largo de todo esto se trata de las relaciones entre Padre, Hijo, y discípulos.

Desde el comienzo, este Evangelio ha enfatizado la unión de Padre e Hijo:

• “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho” (1:1-3).

• Jesús ya ha dicho, “Yo y el Padre una cosa somos” (10:30).

• En su oración de alto sacerdocio, poco antes de morir, rezará para que los discípulos “sean una cosa, como también nosotros” (17:11, 22).

Ahora el énfasis está en el amor. El amor comienza con el Padre y fluye por el Hijo a los discípulos (v. 9). Depende de la obediencia – “Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor” (v. 10). Jesús nos provee un modelo de obediencia. Ha venido a cumplir la voluntad del que le mandó (4:34; 6:38; 8:29). Mantiene la palabra del Padre (8:55). Cumple la voluntad del Padre para que el mundo sepa que ama al Padre (14:31). El Padre ama a Jesús porque éste pone su vida obedeciendo el mandamiento del Padre (10:17-18).

Borchert habla del círculo de amor. “El Padre ama al Hijo (cf. 3:35; 17:23), y el Hijo ama obedientemente al Padre (cf. 10:17; 14:31); el Hijo ama a sus seguidores, y ellos han de amarle y obedecerle (cf. 13:34; 14:15, 23); amar y obedecer al Hijo significa ser amado por el Padre (cf. 14:21, 23; 17:23); ser amado por el Hijo también implica amarse uno a otro (cf. 13:34; 15:12, 17); Dios no solo ama a los discípulos, ama también al mundo y dio su único hijo por su pueblo (cf. 3:16); pero muchos en el mundo aman la oscuridad y no cumplen la voluntad de Dios (cf. 3:19; 14:24).

En su primera epístola Juan va más allá con el tema del amor e insiste que el discípulo no debe amar con palabras sino con obras de amor (cf. 1 Juan 3:18) y que odiar a un hermano es, realmente, no amar a Dios (cf. 3:15) porque amor es señal de conocer a Dios (cf. 4:7)” (Borchert, 146).

Ahora, Jesús pide que obedezcamos al Padre como él obedece al Padre. “Ser discípulo que está en el amor de Jesús significa ‘hacer’ algo, y ese ‘hacer’ se determina por los mandamientos de Jesús” (Moloney, 421). La recompensa por la fiel obediencia es la relación – estar en el Hijo que está en el Padre.

La imagen que surge es la de una colección de muñecas – las que se dividen en dos para revelar una más pequeña por dentro – y dentro de ésa otra más pequeña. Jesús nos invita a obedecer para que podamos vivir en él como él vive en el Padre. Si vivimos en Jesús y Jesús vive en el Padre, así también nosotros vivimos en el Padre. El pequeño discípulo dentro del discípulo más grande, Jesús, que se encuentra dentro del padre. Esta serie de relaciones se completa guardando los mandamientos de Jesús.

Howard-Brook anota que 15:10 es la tercera vez en poco tiempo (véase también 14:15 y 14:23) que Jesús manda nuestra obediencia. Respondemos, “‘¡Ya basta – entendemos!’ Pero es una lástima que no entendamos el problema, porque si la gente guardara el mandamiento de amarse uno a otro, ¡cuan diferente sería el mundo en que vivimos!” (Howard-Brook, 335). Aún la iglesia, el cuerpo de Dios, a menudo falla en este punto. Nuestro enfoque demasiadas veces se basa en programas, dogma, o edificios. A veces, llevamos a cabo programas y construimos edificios en vez de amarle a Dios y a los demás.

Entonces, Jesús dice, “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (v. 11). Jesús no nos llama a una obediencia lúgubre y cerrada, sino a la alegría. “La alegría de Jesús es la alegría que surge de una obra cumplida. Es una alegría creativa, como la alegría que siente el artista al completar su obra. Genera un sentimiento de fuerza inexhausta para la nueva creación” (Strachan, citado en Morris, 598). No se trata de la alegría vacía que acompaña el lujo ni de la alegría que viene con apetitos saciados – una alegría que desaparece en cuanto las cosas cambian. En vez, se trata de la alegría de una vida disciplinada, como la alegría de un atleta después de ganar una carrera difícil. Ese atleta puede tener callos en los pies o músculos doloridos pero, al experimentar la alegría de la victoria, todo eso importa poco.

JUAN 15:12-13. ESTE ES MI MANDAMIENTO

12Este es mi mandamiento: Que os améis (griego: agapate) los unos á los otros, como yo os he amado. 13Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.

“Este es mi mandamiento: Que os améis (agapate) los unos á los otros, como yo os he amado” (v. 12). En versículo 12, los “mandamientos” de versículo 10 se convierten en uno – amarse uno a otro como Dios nos ha amado. Este Evangelio no enfatiza la enseñanza moral como hace Mateo. El Sermón en el Monte (Mateo 5-7) incluye varias enseñanzas particulares que faltan aquí. En parte, esto es porque Juan es una persona diferente con un estilo y un énfasis diferente. No obstante, también es verdad que el mandamiento de Jesús para amar reúne toda la ley y los profetas. La persona que ama no necesita un mandamiento de no robar o matar, porque la persona que ama no hará estas cosas. Pensando de esto, Agustín dijo, “Amad, y haced lo que hagáis.”

El amor ágape (pronunciado a-GAH-pay) que Jesús manda “no representa un sentimiento, ni es sinónimo de “gustar.” Amar es ser para otra persona y actuar para otra persona, aunque sea a cambio del sacrificio propio. La obra suprema de amar significa dar la vida por otro (v. 13)” (Craddock, 265).

Este entendimiento del amor es bastante diferente al que conocemos en nuestra cultura – una cultura que a menudo piensa del amor como la satisfacción de nuestras propias necesidades en lugar de satisfacer las necesidades del prójimo. La persona que dice, “Te amo,” puede querer decir “Te quiero para mí,” y puede manipular para poseerte. ¡Qué diferente es esto de la persona dispuesta a sacrificarse por otra – aunque esto signifique alejarse en silencio para cumplir mejor las necesidades de la otra persona. Para entender el amor del que habla Jesús, nos ayuda comprender como hemos cambiado el significado de la palabra amar en nuestro lenguaje común.

“Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos” (v. 13). En este momento, los discípulos no comprenden que, pronto, Jesús morirá por sus amigos. Después de la resurrección, finalmente comprenderán el significado de estas palabras. El amor de Jesús requiere que sufra la cruz por sus amigos. Su mandamiento de amarse uno a otro como nos ha amado (v. 12) también requiere un grave sacrificio. El amor del que habla Jesús es más que un sentimiento – es amor en acción – amor que paga el precio.

1 Juan 3:16 deja esto claro: “En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” Anote la similitud entre en el énfasis de 1 Juan 3:16 y el de Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” ¡Una casualidad celestial!

Antes, Tomás les dijo a los demás discípulos, “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (11:16), pero estaba claro que Tomás no estaba nada entusiasmado por este sacrificio. Pedro dijo, “Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi alma pondré por ti” (13:37), pero al llegar el momento, Pedro le negó a Jesús. ¡Palabras son baratas! ¡El amor es caro!

JUAN 15:14-15. NO SIERVOS, MAS AMIGOS

14Vosotros sois mis amigos (griego: philoi), si hiciereis las cosas que yo os mando. 15Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias.

“Vosotros sois mis amigos (philoi), si hiciereis las cosas que yo os mando” (v. 14). Los griegos tienen tres palabras para amor:

Ágape, un amor que se caracteriza por la preocupación del bienestar otro.

Philos, amor de compasión (Philadelphia, que significa ciudad de amor fraterno, viene de philos, que significa amor y adelphos, hermano).

Eros, amor sexual o romántico.

“El Cuarto Evangelio utiliza…agapao y phileo de manera intercambiable (cf…. 13:2 y 20:2; 5:20 y 10:17), por eso aquí, cuando Jesús habla de amigos, realmente se refiere a ‘aquéllos que son amados’ (cf. la descripción de Lázaro en 11:3, 11). La palabra ‘amigo’ no transmite plenamente la presencia del amor que Juan describe como parte de la amistad… Una comparación de 14:15 y 21 con 15:14 sugiere que ser amigo de Jesús y amarle son sinónimos, porque ambos se definen como cumplir los mandamientos de Jesús” (O’Day, 758).

Jesús dice, “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor” (v. 15a). Antes, les llamó discípulos (8:31; 13:35; 15:8), y ésa es la palabra que este Evangelio suele utilizar para referirse a ellos – pero Jesús también dio a entender que son sus siervos. Dijo, “Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor” (12:26) y “El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió” (13:16).

No hay ninguna vergüenza en ser siervo de Dios. Las personas identificadas en la Biblia como siervos de Dios incluyen a Moisés (Deuteronomio 34:5), Josué (Josué 24:29), David (Salmo 89:20), Pablo (Tito 1:1), y Santiago (Santiago 1:1). Jesús obró como siervo al lavar los pies de los discípulos (Juan 13:13-16).

Pero ahora Jesús se refiere a los discípulos como amigos, diciendo “mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias” (v. 15b). Un amo da ordenes a sus siervos, pero un amigo se comunica con sus amigos, compartiendo su sabiduría e involucrándoles a un nivel más profundo. “La diferencia entre siervo y amigo es precisamente la confianza que se espera de un amigo” (Beasley-Murray, 274-275). “Como en perfectas amistades que al principio comparten todos los secretos, de arriba abajo” (Sloyan, 190). En el prólogo de este Evangelio (1:1-18), Juan se refiere a Jesús como la Palabra. Una palabra es un método de comunicarse. Cristo bajó a la tierra en forma humana para revelarnos claramente a Dios y la mente de Dios. Como Dios encarnado, hizo posible que viéramos como es Dios de verdad. “Todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias” (v. 15b). Este tipo de confianza es una característica de la amistad.

Esta amistad depende de la obediencia de los discípulos – “Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando” (v. 14). Jesús y los discípulos no han llegado a ser iguales, y su amistad no es una democracia. “El poder absoluto que Jesús mantiene para mandar no se disminuye para nada, pero se preocupa por informarles a sus amigos de sus motivos, sus planes, sus propósitos…En el pasado, el pueblo elegido de Dios no estaba informado del plan salvador de Dios tanto como ahora se les comunica a los discípulos de Jesús… El Paráclito…completará la revelación compuesta por la persona y la obra de Cristo (14:26; 16:12-15)” (Carson, 523).

Aquí, las palabras de Jesús reúnen aún más significado por su uso, entonces contemporáneo. En las cortes romanas, la frase “amigos del Emperador” designaba a sus consejeros más cercanos. “En todo momento tenían acceso al rey; hasta tenían el derecho de entrar en su dormitorio al amanecer. Hablaba con ellos antes de hablar con sus generales, regidores, y estadistas” (Barclay, 208).

JUAN 15:16-17. PARA QUE VAYÁIS Y LLEVÉIS FRUTO

16No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto (griego: etheka – de tithemi – puesto aparte) para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé. 17Esto os mando: Que os améis los unos á los otros.

“No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros” (v 16a). Rabíes enseñan a estudiantes, preparándoles para formar parte del cuerpo de rabinos, y futuros estudiantes buscan rabíes para ser sus guías. Lo más conocido el rabí, mayor el número de alumnos que busca su ayuda. Jesús, sin embargo, les dice a sus discípulos que él les ha escogido a ellos.

Es un gran honor aprender bajo un gran rabí, por eso, podemos pensar que Jesús ha elegido los mejores y los más inteligentes – pero nos equivocamos. Estos discípulos apenas califican para aprender rápidamente. En vez, el Evangelio les presenta como lentos – de cabeza dura – débiles de fe – a veces se niegan – a veces dudan. Pocos, como Pedro, Santiago, y Juan, destacarán, pero también ellos se desvían a menudo. La mayoría se mantendrá en las sombras. Uno traicionará a Jesús.

Nos preguntamos que estaría pensando Jesús cuando eligió a este grupo tan corriente de discípulos. A pesar de esto, el crecimiento de la iglesia durante el siglo primero demuestra que Jesús escogió bien – o que les ha capacitado bien. Estos discípulos harán cosas grandes, no porque son grandes, sino porque el que les ha capacitado es grande.

Hay aquí una lección importante. Dios escoge a quien escoge. Dios capacita a quien capacita. Un rápido vistazo alrededor de una congregación típica revela que Dios no ha escogido a los mejores o los más inteligentes. La mayor parte del trabajo de Dios es hecho por gente ordinaria que solo se distingue por una característica – ha dado su corazón a Dios. Esto nos alienta. También ha de advertirnos de no juzgar la capacidad de otra persona. El atleta estrella y el estudiante más inteligente de la clase puede pensar demasiado de si mismo para poder cumplir el bien celestial. La persona que parece tener menos que ofrecer puede ser la persona que Dios escoge para transformar el mundo. Dios escoge a quien escoge.

“y os he puesto (etheka – de tithemi – puesto aparte) para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (v. 16b). Este verbo, tithemi, es el que Jesús utiliza en versículo 13 para hablar de rendir su vida. Pablo utiliza este verbo en Hechos 13:47 para hablar de Dios apartándose junto con Barnabas para ser una luz para los gentiles. Pablo lo utiliza de nuevo en 1 Timoteo 1:12 para expresarle su gratitud a Cristo por haberle asignado al servicio de Cristo. Tithemi nos hace pensar de una ordenación en la que una persona es designada para un ministerio en particular. El propósito de tal puesto no es honrar a la persona, aunque puede asociarse con el honor. El propósito es la misión – cumplir la obra – rendir fruto. “Es absolutamente imprescindible… darse cuenta de que la elección no se trata de un privilegio sino de un propósito” (Borchert, 150).

Jesús dice que escogió estos discípulos para “que vayáis y llevéis fruto” (v. 16b). Jesús no especifica el fruto, pero los discípulos han de rendir el fruto que Dios les pone en las manos. Me recuerda de Dale Bruner, un conocido maestro y erudito presbiteriano. Cuando era más joven, sus amigos le dijeron que tenía que ser evangelista – dar la lata – hablarle a la gente de Jesús. Lo intentó, pero no lo logró. Entonces, pasó una década como misionero en Filipinas, rindiendo poco fruto. Por fin, encontró su propósito, el cual no se encontraba en la esquina de la calle, sino en el púlpito, pero en la sala de clase – en la biblioteca. A Bruner le encantan las bibliotecas, y allí es donde produce bellos frutos para Cristo. Ha escrito un gran comentario de Mateo, y ahora está trabajando con el Evangelio de Juan. ¡Erudición grande! ¡Frutos grandes! Dios llama a otros discípulos para producir otros tipos de frutos.

Si hemos de rendir fruto para Cristo, es importante que busquemos su voluntad para nuestras vidas – dejar que él nos designe el puesto. El maestro más humilde de una escuela dominical que sirve en el puesto que Cristo le ha designado puede cumplir un servicio tan importante como cualquier pastor u obispo. A menudo, Cristo utiliza a gente muy humilde para cambiar el mundo.

“y vuestro fruto permanezca” (v. 16b). Unos son llamados para redactar informes que estén vigentes durante unas semanas – otros, construyen coches que durarán años – otros construyen casas que durarán décadas. Cristo nombra discípulos para rendir fruto que dure por siglos – por toda eternidad – para siempre.

“para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé” (v. 16c). Antes, Jesús dijo, “Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho” (v. 7). La persona que reside en Cristo – que se hace uno con el Hijo como el Hijo es uno con el Padre – presta tanta atención a la voluntad de Dios que Dios le dará lo que él o ella pida en nombre de Cristo. Así es con la persona que sirve con todo su corazón el puesto que Cristo le ha designado (v. 16).

“Esto os mando: Que os améis los unos á los otros” (v. 17). Esto es casi una repetición de versículo 12, pero con un cambio interesante. En versículo 12 Jesús nos manda amar, pero en versículo 17 nos dice que estos mandamientos nos capacitan para amarnos unos a otros. ¿Cómo es esto?

Se encuentra sinergia aquí – elementos intercalados que se alimentan uno a otro. El Padre ama al Hijo, y el Hijo nos ama a nosotros y nos invita a estar en su amor (v. 1). Al guardar sus mandamientos, estamos en su amor (v. 2), y experimentamos una alegría completamente diferente (v. 3). Esta alegría llena nuestros corazones, expulsando sentimientos venenosos que, a ser de otra manera, harían difícil poder amar a nuestro prójimo. Saber que este prójimo es hijo de nuestro Padre y, así, es nuestro hermano o hermana, también nos ayuda a amar. Entonces, el amor de Dios, el amor de Jesús, nuestro amor, nuestro estar en Cristo, y nuestro cumplimiento de los mandamientos nos cambia de maneras que nos capacitan para amar aquéllas almas imperfectas con quienes vivimos todos los días – amarles con sus verrugas y todo – ¡eso es un milagro!

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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www.sermonwriter.com

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