Juan 15:1-82017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 15:1-8 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 13:31 – 14:31. EL CONTEXTO

Estos versículos forman la base de capítulo 15, y presentan varios temas que Jesús explica más a fondo en capítulo 15 – el mandamiento de amar (13:31-35; 15:12) – la posibilidad de negar o no estar en Jesús (13:36-38; 15:6) – el uso de la palabra meno en sus formas varias (14:2, 23; 15:4 ff – véase la exégesis de vv. 4-8 a continuación) – la importancia de la conexión entre los discípulos y Jesús (14:6; 15:5-6) – la promesa de una oración cumplida (14:14; 15:7) – la importancia de guardar los mandamientos de Jesús y de rendir fruto (14:15; 15:8). “Se presenta un nuevo tema: el odio del mundo (15:18-25; 16:1-4a)” (Williamson, 194).

JUAN 15:1-8. UN RESUMEN

Estos versículos forman una alegoría (una obra en la que personajes representan otras cosas y, de manera simbólica, expresan un significado más profundo). Hay cuatro actores en esta pequeña obra.

• El Padre es el labrador (v. 1).

• Cristo es la vid (v. 5).

• Los discípulos son las ramas (v. 5).

• Los que no permanecen en Cristo son ramas inútiles (v. 6).

¿Dónde está la iglesia aquí? La iglesia fructuosa es la rama que poda el labrador, pero la iglesia infructuosa es la rama que el labrador corta y tira al fuego.

Estas imágenes de la viña son familiares. El Antiguo Testamento a menudo presenta Israel como una vid o una viña, pero, por lo general, son imágenes negativas:

“Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel,

y los hombres de Judá planta suya deleitosa.

Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor” (Isaías 5:7).

“Y yo te planté de buen vidueño, simiente verdadera toda ella:

¿Cómo pues te me has tornado sarmientos de vid extraña?” (Jeremías 2:21).

“Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová:

Como el palo de la vid entre los maderos del bosque,

el cual dí al fuego para que lo consuma,

así haré á los moradores de Jerusalén” (Ezequiel 15:6).

“Tu madre fue como una vid en tu sangre,

plantada junto á las aguas, haciendo fruto….

Empero fue arrancada con ira, derribada en tierra,

y viento solano secó su fruto; fueron quebradas

y secáronse sus varas fuertes; consumiólas el fuego” (Ezequiel 19:10, 12).

Pero existe algo nuevo aquí. “El Padre aún aparece como el labrador, pero Jesús es la Vid, no Israel, y los discípulos son las ramas. Esta inserción dentro de la antigua imagen crea un cambio radical. Aquí, la ‘vid’ apenas está en peligro de ser juzgada como lo es en los textos del Antiguo Testamento. Esto solo aparece en lo que se refiere a las ramas. Jesús, la Vid, parece estar entre el que guarda la viña/el labrador y las ramas como ‘mediador’ de vida y sustentamiento” (Borchert, 139).

Las viñas son algo familiar. La gente pasa por ellas en su camino de sitio a sitio. Algunos tienen su propia viña o trabajan en una viña. Saben discernir una rama fructuosa de otra que roba la vid de su energía. Podan ramas infructuosas y se sienten satisfechos de su obra quirúrgica. El podar puede parecer cruel, pero renueva la vitalidad de la viña. Ramas inútiles roban la fuerza de la planta. Dejarlas ahí no cumple ningún propósito y reduce el valor de la viña. El labrador corta las ramas infructuosas y, encontrándolas inútiles, las quema.

JUAN 15:1-3. YO SOY LA VID VERDADERA

1Yo soy (griego: ego eimi) la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará (griego: airei): y todo aquel que lleva fruto, le limpiará (griego: kathairei), para que lleve más fruto. 3Ya vosotros sois limpios (griego: kathairoi) por la palabra que os he hablado.

“Yo soy (ego eimi) la vid verdadera” (v. 1a). En este Evangelio, Jesús utiliza el metáfora de “Yo soy” (griego: ego eimi) en varias ocasiones: “Yo soy el pan de vida” (6:35) – “Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo” (6:51) – “Yo soy la luz del mundo” (8:12) – “Yo soy la puerta de las ovejas” (10:7) – “Yo soy el buen pastor” (10:11) – “Yo soy la resurrección y la vida” (11:25) – “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (14:6).

Este lenguaje de “Yo soy” hace pensar del encuentro de Moisés con Dios en el arbusto ardiente cuando Dios se identificó a Moisés como “YO SOY EL QUE SOY,” diciéndole, “Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros” (Éxodo 3:14). Es decir, “YO SOY” es Dios, y estas metáforas de “Yo soy” identifican a Jesús como Dios. Esto concuerda con la declaración inicial de este Evangelio, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (1:1).

Ésta es la última de las metáforas de “Yo soy” en este Evangelio. Como otras metáforas de “Yo soy” (pan, luz, puerta, pastor, etcétera), la metáfora de la viña nos asegura – nos conforta. “Para un pueblo nómada, una viña es símbolo de asentamiento, de llamar a un lugar su hogar” (Howard-Brook, 330).

Cuando Jesús se identifica como la vid verdadera, está implicando que existe una vid falsa. Los pasajes del Antiguo Testamento citados anteriormente dejan claro que Israel ha sido una vid falsa.

“y mi Padre es el labrador” (v. 1b). Esto sugiere que el Padre es superior, pero también sugiere una gran mutualidad. La vid depende del cuidado y el alimento que el labrador le proporcione, pero también el labrador depende de la vid y de su producto. Cada uno le da vida al otro y toma vida del otro. Aunque esto puede llevar la metáfora demasiado lejos, no podemos reiterar suficiente la mutualidad que existe entre Padre e Hijo. Jesús dice, “Yo y el Padre una cosa somos” (10:30).

El Padre/labrador provee dos servicios para alentar la productividad de la vid. Primero, “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará” (v. 2a). Segundo, “y todo aquel que lleva fruto, le limpiará para que lleve más fruto” (v. 2b). Es importante anotar que, sea la vid fructuosa o no, el labrador lleva un cuchillo afilado. Si la rama no produce, el labrador la corta, pero si la vid produce, el labrador, aún así, la poda para mejorar su fruto futuro.

Esto nos debe instruir. Nos gustaría pensar que el Padre cortará la rama que no produce y que perdonará la rama que si lo hace. No obstante, el cuidado cariñoso del Padre significa estar bajo el cuchillo afilado del labrador. Esto significa que nosotros, como fieles discípulos, podemos esperar que el dolor sea parte de nuestras vidas. Esto puede ser difícil de aceptar. “No es decir que el podar (cortar relaciones dolorosas, la pérdida preocupaciones, el cese de ambiciones insignificantes) signifique que los que sufren dolor serán cortados de Dios, dejando heridos a los creyentes, confundidos y enojados (Craddock, 260).

El autor de Hebreos lo explica así: “Porque el Señor al que ama castiga, Y azota á cualquiera que recibe por hijo” (Hebreos 12:6). Continúa diciendo, “Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia á los que en él son ejercitados” (Hebreos 12:11). La disciplina del padre y el podar del labrador son dolorosos pero también beneficiosos. Esto es importante de recordar, porque la vida tiene dolor, y este texto nos asegura de que nuestro dolor no es necesariamente señal de que Dios está descontento. Al contrario, el dolor bien puede ser señal de que Dios aún está amoldándonos – dando forma a nuestras vidas – ayudándonos a ser lo mejor que podemos ser.

Jesús sigue alentando a los discípulos, “Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado” (v. 3). Al lavar los pies durante la Pascua, les dijo, “El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos” (13:10). La excepción es Judas, el que le traicionó (13:11). Ahora, de nuevo les declara limpios. “Los discípulos han visto, creído, y obedecido la palabra de Jesús, aunque aún no la hayan comprendido por completo” (Smith, 283). La palabra de Jesús tiene el poder de limpiar cuando la creemos y la obedecemos. Esto también es instructivo. Lo más cerca que estemos a Cristo, lo más “limpios” que estaremos y lo menos que necesitaremos ser podados (el griego, katharoi, significa ambos podado y limpiado).

Hay un juego de palabras en versículos 2-3 que solo es aparente en el griego. El labrador “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará (airei): y todo aquel que lleva fruto, le limpiará (kathairei), para que lleve más fruto. Ya vosotros sois limpios (katharoi) por la palabra que os he hablado.” Parece que el autor escogió estas palabras tomando en cuenta su valor literario.

JUAN 15:4-8. ESTAD EN MÍ, Y YO EN VOSOTROS

4Estad (griego: meinate – de meno) en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.6El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden.7Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

“Estad (meinate – de meno) en mí, y yo en vosotros” (v. 4a). Este verbo, meno, en sus formas varias (incluyendo el equivalente sustantivo), ocurre en varios pasajes de este Evangelio. En la mayoría de los casos, describe una relación importante o una condición espiritual:

• Juan testificó, “Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó (emainen) sobre él” (1:32).

• Jesús rechaza los líderes religiosos, diciendo, “Ni tenéis su palabra permanente (menonta) en vosotros; porque al que él envió, á éste vosotros no creéis” (5:38).

• Jesús dice, “Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca (meine) en tinieblas” (12:46).

• Jesús dice, “En la casa de mi Padre muchas moradas (monai) hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros” (14:2).

• Jesús dice, “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada (monen)” (14:23).

15:1-8, con su énfasis en estar con Jesús, “es la contraparte de Juan tratándose de la visión de Pablo – la iglesia como cuerpo de Cristo y de creyentes ‘en’ Cristo. Ambas son maneras de destacar la conexión vital que existe entre Cristo y los suyos… (No obstante), Jesús no dice que la iglesia es la vid, sino que él es la vid. La iglesia no es más que las ramas que están ‘en’ la viña” (Morris, 593).

En 15:4-7, Jesús deja claro que nuestra relación con él – nuestro morar en él – es la clave de ambos nuestro fruto y nuestro destino. El cristiano encuentra fuerza y propósito a través de su relación con Cristo. La persona débil se refuerza al ser entrelazada en una vid de Cristo, y la persona fuerte se debilita cuando se separa de ella.

C.J. Jung dice que Cristo “añade un peldaño más a la escalera de la evolución, produciendo una nueva criatura que vive de una manera nueva y a la cual el hombre natural no puede llegar, tal como una cosa que se arrastra por el suelo no puede llegar a volar… Y… este reto no debe ser burlado. Porque Cristo lo ha hecho. Y cada día encontramos nuevas criaturas por la calle. Y nosotros somos una de ellas; nuestro propósito es vivir así para que otros, al conocernos, miren otra vez, y entonces que miren de nosotros a Jesucristo… Y quizá ésa es la manera por la que podemos servir mejor a Cristo (citado en Gossip, 717).

“Estad en mí, y yo en vosotros” (v. 4a). Estas palabras también se dirigen a la iglesia, “cuya vida comunitaria y ministerio de justicia social no son mas que ramas echadas al fuego, aparte del Cristo que mora en ellas” (Cousar, 315). “Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí” (v. 4b). La iglesia siempre está tentada a mirar hacia otro lugar – política o donantes enriquecidos – en busca de su fuerza, pero Jesús nos dice que la infructuosidad comienza en un lugar muy diferente. Mientras estemos en su presencia, su fuerza se hace nuestra. Tan pronto como le volvemos la espalda, nuestra fuerza empieza a desvanecerse.

Estamos tentados a pensar de otra manera. Nuestra vida de oración se echa a un lado a favor de ocupaciones y tareas. Nuestros verdaderos valores se revelan a través de la manera en que establecemos nuestras prioridades – o de la manera en que dejamos que las prioridades se establezcan por si mismas. Para los clérigos, muchas cosas son Prioridad Número Uno. Debemos llevar a cabo alabanzas, bodas, y funerales – consolar a los que lamentan – visitar pacientes en hospitales – asistir reuniones concejales – supervisar nuestros trabajadores – aconsejar – enseñar clases de catecismo – contestar el teléfono – preparar el boletín – asistir actividades cívicas. También sabemos que debemos orar, pero la oración se pierde fácilmente entre las prisas. Esperamos que una rápida suplica por ayuda sea suficiente, pero Jesús dice, “Estad en mí.”

También nos tientan otras lealtades. Sabemos que estar con Jesús es el centro de nuestro ministerio, pero también sabemos que lealtades a la denominación, al obispo, y nuestra herencia teológica nos ayudan a avanzar. Es demasiado fácil hacer de ellos nuestro lugar para estar, pero Jesús dice, “Estad en mí.”

“Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí” (v. 4b). Estar en Jesús capacita a la rama para rendir fruto. ¿Qué fruto?

• Jesús manda que nos amemos uno a otro (13:34; 15:12), por eso, amor ha de ser uno de los frutos.

• Jesús nos pide que obedezcamos sus mandamientos (v. 10), por eso, obediencia ha de ser uno de los frutos.

• Jesús promete alegría (v. 11), por eso, alegría ha de ser uno de los frutos.

• Pero quizá el fruto incluye más de lo que se revela en este capítulo. Pablo menciona frutos del Espíritu – amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza. (Galatos 5:22). Seguro que morar en Jesús ha de producir cada uno de ellos de en cierta cantidad.

Cuando se nos pide medir nuestros frutos, miramos los bautizos, la asistencia a alabanza, los fondos recaudados para un nuevo edificio – u otras estadísticas. El verdadero fruto, sin embargo, fluye de nuestra relación con Jesús y el Espíritu que Jesús promete (v. 26). Entonces, prosigue que nuestro fruto sea ése que se nos da, y que será específico a cada discípulo. Bultmann dice, “La naturaleza de rendir fruto no se expresa de manera específica; es cada demostración vital de la fe, a la cual, según versículos 9-17, le pertenece el amor recíproco más que nada” (citado en Smith, 283).

Esto me recuerda de una joven de pocos medios cuyo ministerio consistía de leer el periódico diario y orar por los recién nacidos, recién casados, familias en luto, y otros necesitados de la ayuda de Dios. Creo que ella tenía un ministerio fructuoso. El fruto no necesita ser algo que se revele en gráficos o cuadros matemáticos. La verdadera prueba es si el fruto honra a Dios (v. 8).

Pero nos confrontamos con la pregunta práctica de cómo cumplir la obra de estar con Jesús. ¿Qué debemos hacer? Existen por lo menos tres disciplinas a las que debemos atender.

• Servicio a Dios por medio de alabanza pública y apoyo a la iglesia.

• Servicio a los demás, particularmente los necesitados.

• Servicio a si mismo por medio de oración personal, devociones, y el estudio de escritura.

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer” (v. 5). En vez de convertirse en algo mediocre al no estar en Jesús, nos quedamos completamente impotentes. En lugar de simplemente desvanecerse el valor de nuestro trabajo y testimonio, se convierte en algo completamente inútil. No podemos funcionar espiritualmente al estar desconectados de Jesús igual que no podemos funcionar físicamente cuando se nos corta el aire que respiramos. Estar desconectado de Jesús es ser cortado de la fuente de vida. Sin nuestra conexión con Jesús, nos quedamos solos y dependemos solo en nuestros propios recursos. Esto resulta “en una completa infructuosidad o en un crecimiento salvaje que ya no es amoldado por su palabra, en activismo o idealismo que no es derivado de él ni dirigido hacia él” (Ridderbos, 517).

“El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden” (v. 6). El tono de este versículo es parecido al tono de juicio que existe en la metáfora de las ovejas y las cabras. Preferiríamos que Jesús afirmara nuestra bondad y que nos asegurara la vida. En cambio, aprendemos que aparte de Cristo no hay bondad ni vida.

“Si estuviereis en mí, y mis palabras (griego: rhemata) estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho” (v. 7). “Las ‘palabras’ (plural) aquí son rhemata; la ‘palabra’ (singular) de versículo 3 es logos. El logos es la enseñanza completa de Jesús; rhemata son las declaraciones individuales que la componen. Él mismo es la encarnación de todas sus enseñanzas” (Bruce, 309).

Versículo 7 suena mucho como el pasaje del Sermón en el Monte “Pedid y se os será concedido,” pero versículo 7 establece una condición importante. Solo la persona que está en Cristo puede esperar recibir todo lo que pide. Tenemos un gran poder, pero solo mientras nos mantengamos conectados a la fuente de poder. Tal conexión forma nuestras peticiones. Si estamos en Cristo y sus palabras están en nosotros, nuestras peticiones concordarán con su voluntad. Jesús dice, “pedid todo lo que quisiereis,” pero la persona que está en Cristo no deseará cosas frívolas o malas. Al estar en Cristo, nuestros corazones se concentran en las preocupaciones de Cristo y nuestras oraciones suenan más y más como sus oraciones.

Versículo 8 nos confunde. Jesús dice, “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos,” pero se dirige a los que ya son sus discípulos. ¿Por qué habla de ellos “siendo (haciéndose)” sus discípulos? Quizá la respuesta es que nuestro discipulado siempre será imperfecto y que siempre estamos aprendiendo (la palabra “discípulo” significa uno que aprende). Nuestro rendir fruto nos ayuda a crecer como discípulos. Este crecimiento en santidad rinde gloria a Dios.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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