Juan 1:29-422017-03-22T04:45:29+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 1:29-42 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 1:19-51. EL CONTEXTO

“El tema que une 1:19-51 es el de ser testigo de Jesús… Ser testigo es un tema central del Cuarto Evangelio… Entonces, en el Cuarto Evangelio la historia de Jesús se encuentra llena de juicios, testigos llamados a testificar, y testimonio continuamente puesto en duda y rechazado por los que se oponen a Jesús, hasta que al final es sometido al juicio final. A través de todo esto Jesús se revela como Testigo de Dios; testifica lo que ha visto y oído del Padre (3:32), y al apoyar estas revelaciones él aduce al testigo principal – el Padre, que dio testimonio de Jesús a través de Juan, a través de los trabajos que le dio a Jesús para cumplir, y a través de los Evangelios del AT (5:31-47)” (Beasley-Murray, 29).

Parece desafortunado que esta lección termine en el versículo 42. El leccionario trata de versículos 43-51 en el Año B, pero esos versículos contienen elementos que deberían estar en versículos 29-42. Por ejemplo, los últimos versículos de esta lección cuentan como Andrés trae a su hermano, Simón, a Jesús, mientras que versículos 43-46 cuentan como Felipe trae a Natanael a Jesús.

También, versículos 29-42 le otorgan varios títulos a Jesús, desarrollando una fuerte Cristología. Juan el Bautista le llama a Jesús el Cordero de Dios (vv. 29, 36); un hombre que estaba antes que yo (v. 30); en él que se quedó el Espíritu Santo (vs. 33); y el Hijo de Dios (v. 34). Los discípulos de Juan le llaman a Jesús Rabí (v. 38). Andrés le llama el Mesías (v. 41). Versículos 43-51 continúan otorgándole títulos. Natanael le llama a Jesús Rabí, Hijo de Dios, y Rey de Israel (v. 49). Jesús completa la Cristología con su propia declaración que él es el Hijo del Hombre (v. 51).

JUAN 1:29-34. EL CORDERO DE DIOS

29El siguiente día ve Juan (el Bautista) á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios (griego: ide ho amnos tou theou – “¡Miren el Cordero de Dios”), que quita el pecado del mundo. 30Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo. 31Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua. 32Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él. 33Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo. 34Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.

“El siguiente día” (v. 29). Este Evangelio abrió con el Prólogo (1:1-18), una larga declaración teológica. Entonces Juan el Bautista testificó que él no era el Mesías (1:20), sino que había venido para “Enderezad el camino del Señor” (1:23). También testificó que uno tan grande iba a venir, que Juan “no es digno de desatar la correa del zapato” (1:27). “El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él” (v. 29).

Otra vez, encontramos la relación entre Juan el Bautista y Jesús. Después de la muerte de Juan y la resurrección de Jesús, la reputación de Juan continúa atrayendo discípulos (Hechos 18:25; 19: 1-5). Aunque al principio de este Evangelio, el Bautista ya llevaba muerto varias décadas, el evangelista va lejos para establecer y volver a establecer que Jesús es más grande e importante que él.

• El Prólogo dice que Juan “No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz” (1:8). Juan grita, “Este es del que yo decía: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo” (1:15) – una referencia clara de la preexistencia de Jesús.

• Cuando se encuentra confrontado por los sacerdotes y Levitas, Juan grita, “No soy yo el Cristo” (1:20). Además, declara que él no es Elías, sino que “la voz del que clama en el desierto:

Enderezad el camino del Señor” (1:23). Él no se merece ni desatar la sandalia del que viene (1:26-27).

• Juan declara que Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (vs. 29).

• Establece la autoridad suprema de Jesús con la declaración del Bautista, “Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo” (vs. 30).

• El Bautista dice que su propósito en bautizar es “para que (Jesús) fuese manifestado á Israel” (vs. 31).

• Le llama a Jesús el Hijo de Dios (vs. 34).

• Les dice a sus propios discípulos que Jesús es el Cordero de Dios. Esto resulta en que los discípulos dejen al Bautista para seguir a Jesús (vv. 35-37).

“He aquí el Cordero de Dios (griego: ide ho amnos tou theou – “¡Miren el Cordero de Dios!”), que quita el pecado del mundo” (v. 29). “El elemento crucial es ‘de Dios.’ De acuerdo con pensamiento bíblico, solo Dios quita o perdona el pecado” (Moloney, 58).

La frase, Cordero de Dios, nos hace pensar:

• La oveja Pascual (Pascua), cuya sangre salvó a los israelitas de la muerte y preparó el camino para su liberación de Egipto (Éxodo. 12). “Una de las ideas más importantes del Evangelio de Juan es el motivo de la Pascua… Pascua… un fundamento teológico para todo el Evangelio” (Borchet). La Pascua pronto será celebrada (2:13), así, el cordero de la Pascua estaría en la mente del evangelista mientras escribe esto. “En el judaísmo, el cordero de la Pascua no se veía como un sacrificio por el pecado, pero la temprana iglesia pronto volvió a interpretar el simbolismo de la Pascua según la eucaristía (e.g., 1 Cor. 5:7-8). Además, en el Cuarto Evangelio la crucifixión de Jesús está conectada a la matanza del cordero de la Pascua. Por ejemplo, el Cuarto Evangelista conecta las piernas de Jesús, sin romperse durante la crucifixión, (19:33) con Éxodo 12:46, que enseña sobre el cordero Pascual (19:36)” (O’Day, 528).

• El cordero proporcionado por Dios a Abraham para sacrificar en lugar de Isaac (Gen. 22:8-13).

• El cordero de las canciones de Isaías del Sirviente que Sufre, las cuales retrataban a uno que, por su sacrificio, será redentor de su gente. “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isa. 53:7). Esto se convirtió en una parte importante del entendimiento de Cristo por parte de la iglesia, y “puede ser que Juan el Bautista fue el primero en verlo así” (Barclay, 64).

• Ovejas se sacrificaban a diario en el templo para redimir a la gente de sus pecados. El padre de Juan el Bautista era sacerdote (Lucas 1:5), entonces, estos sacrificios serían algo familiar para él.

• El cordero de Rev. 5 que “ha vencido” (Rev. 5:5). Los veinticuatro señores mayores cantarán de este cordero, “Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Rev. 5:9) – un tributo repetido por los ángeles (Rev. 5:11-12) y “toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están” (Rev. 5:13). Este cordero conquistador “aplasta las fuerzas malvadas de la tierra. El cuadro del cordero apocalíptico, que destruye, encaja muy bien con lo que sabemos de la predicación escatológica de Juan el Bautista” (Brown, 59).

• El “cordero inocente que llevan á degollar” (Jer. 11:19).

No es necesario escoger uno de estos significados. Se juntan en la oración de Juan, “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” “Como a menudo ocurre en el Cuarto Evangelio, un antiguo símbolo se está usando de una manera nueva” (Moloney, 59).

“Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo” (v. 30). Juan el Bautista es varios meses mayor que Jesús (Lucas 1:36), pero Jesús tiene un lugar superior a él. Ésta es una referencia escondida de la preexistencia de Jesús, que el evangelista describe en el Prólogo (1:1-5).

“Y yo no le conocía” (v. 31). Juan y Jesús son parientes (Lucas 1:36) y se han conocido desde niños, pero solo ahora Juan reconoce a Jesús por quien es de verdad. Solo la revelación divina hace posible este reconocimiento. “La sabiduría de Dios siempre viene como una ocasión de revelación, como un regalo divino” (Brueggemann, 106).

“Más para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua” (v. 31). El trabajo de Juan es revelar a los demás lo que ya se le ha revelado a él. Comenzó su ministerio con una comprensión incompleta de Jesús, y su muerte le prevendrá de ver la complejidad del ministerio de Jesús. Sin embargo, su ministerio es importantísimo para revelar Cristo a Israel. Sweet pregunta, “¿Podemos servir a Dios haciendo cosas que creemos importantes pero que realmente no comprendemos?” y observa, “Eso les pasa a los pastores todo el tiempo” (Sweet, 8). Dios a menudo nos llama por un camino que se ilumina solo paso por paso – si acaso eso. Cuando andamos con Dios hacia la oscuridad, Dios nos revela grandes verdades y hace que grandes cosas ocurran.

“Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él” (v. 32). Este Evangelio no cuenta los detalles del bautizo de Jesús, pero cuenta como Juan vio “el Espíritu que descendía del cielo como paloma” (vs. 32).

Es significante que el Espíritu se queda (meno) con Jesús (vs. 32). Este verbo, meno, ocurre frecuentemente en este Evangelio, y también es traducido como permanecer (15:1-11). Describe una relación profunda y obediente en vez de trivial o pasajera. Jesús tiene una relación profunda y obediente con el Espíritu, y les da a los discípulos ese mismo tipo de relación con el Espíritu (20:22).

“El que me envió á bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo” (v. 33). Al ver el Espíritu y oír la voz Juan comprende, finalmente, quien es Jesús. Este versículo compara a Juan, que bautiza solo con agua, con Jesús, que bautiza con el Espíritu Santo. “El bautizo por medio del agua esencialmente tenía un significado negativo: es una limpieza de-. Pero el bautizo por medio del Espíritu es positivo. Es el dar nueva vida en Dios” (Morris, 134).

“Y yo le vi, y he dado testimonio (griego: memartureka – de martureo, que significa “testificar” o “ser testigo”) que éste es el Hijo de Dios” (v. 34). Para servir como un verdadero testigo, uno debe haber visto o experimentado lo que testifica. Juan puede servir como un verdadero testigo, porque ha visto el Espíritu y ha oído la voz.

JUAN 1:35-42. LOS DOS DISCÍPULOS SIGUIERON A JESÚS

35El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesús. 38Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguir le, díceles: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que declarado quiere decir Maestro) ¿dónde moras? 39Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel día: porque era como la hora de las diez. 40Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de Juan, y le habían seguido. 41Este halló primero á su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo). 42Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).

“El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios” (vv. 35-36).

Juan continúa siendo testigo de Jesús. En este caso, hace de testigo para dos de sus propios discípulos, que dejan a Juan para seguir a Jesús. Juan demuestra “lo contrario de la tendencia humana de crear imperios. Por lo tanto provee un modelo genuino de lo que significa ser un ministro o sirviente de Dios” (Borchet).

En los Sinópticos, Jesús les pide a los discípulos que se alejen de sus botes de pesca para seguirle a él (Mateo 4:18-22). En el Cuarto Evangelio, vienen a Jesús como resultado del testimonio de Juan en vez de responder a la llamada de Jesús. En vez de dejar sus botes, le dejan a Juan.

Anota el modelo de testificar que ocurre en estos versículos. Juan el Bautista testifica para dos de sus discípulos sobre Jesús. Uno de estos discípulos, Andrés, testifica para su hermano, Pedro Simón, el que se convertirá en una figura clave en la historia del Evangelio. Las olas siempre se mueven hacia afuera, y nosotros, ni podemos predecir su efecto ni imaginarnos su potencial.

“¿Qué buscáis?” (v. 38). Cuando Jesús hace esta pregunta, los dos discípulos contestan preguntándole dónde está alojado. Un rabí tendría un lugar que usaría para enseñar a sus discípulos, y su pregunta indica un deseo de ir a ese lugar para aprender de él. Sin embargo, la palabra traducida “morar” es el mismo meno que encontramos antes (vs. 32) – una palabra que se usa a menudo en este Evangelio para describir relaciones. Su pregunta puede tratarse menos del alojamiento de Jesús que de la sustancia de su ser – ¿Quién eres? – ¿Cuál es tu posición? – ¿De qué te tratas?

“Venid y ved” (v. 39). Ésta es su llamada a ser discípulos – y las primeras palabras de Jesús en este Evangelio.

“Era como la hora de las diez” (v. 39). El comentario de la hora del día es interesante. Literalmente, sería la décima hora. Medido desde la madrugada del día judío (aproximadamente las seis de la mañana), entonces, serían las cuatro de la tarde, que es como lo traduce NRSV. ¿Por qué mencionar un detalle tan inconsecuente? Quizá sea para explicar la decisión de los discípulos de quedarse con Jesús – una explicación superficial para una decisión profunda. Cuando vivimos por una experiencia que verdaderamente afecta nuestras vidas, la recordamos y contamos tales detalles (Barclay, 71).

Andrés “halló primero á su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo). Y le trajo á Jesús” (vv. 41-42). Andrés no tiene una visión espectacular. No existe ninguna documentación de que él estableciera una misión en el extranjero o de que predicara en las sinagogas. Únicamente va a su hermano, pero solo eso tendrá consecuencias profundas – “quizá…preste tan grande servicio a la Iglesia como el de cualquier hombre” (William Temple, citado en Morris, 140). El evangelismo a menudo comienza con aquéllos que conocemos mejor – hasta aquéllos en nuestras propias familias (Gossip, 486).

“Andrés…no tiene prominencia en los Evangelios. Pero cuando lo vemos, siempre está haciendo lo mismo, llevando otros a Cristo; y a través de ellos, por segunda mano, efectuando grandes cosas para Cristo, que sin él no hubieran ocurrido” (Gossip, 487). Andrés hace esto en tres ocasiones, ésta siendo la primera. Más tarde, le traerá a Jesús un niño con panes y peces (6:8-9). Finalmente, traerá un grupo de griegos (12:20-22).

“Tú puedes hacer lo que sea si no te importa quien se lleva el reconocimiento.” Andrés demuestra la verdad de ése antiguo dicho. Nunca se lleva el reconocimiento en los Evangelios, pero usa su talento de invitar para conseguir un gran resultado. Desde el principio, Jesús reunió a su alrededor a la gente más extraordinaria. Gente como Andrés, gente común que solo posee talentos ordinarios, es la que hace la mayoría del trabajo de Cristo hoy en día. Si solo gente de mucho talento respondiera a la llamada de Cristo, la iglesia estaría atrofiada y perjudicada.

“Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo)” (v. 41). Anota que, en el original, encontramos ambos Mesías y Cristo. “Mesías y Cristo es la misma palabra. Mesías es hebreo y Cristo es griego; ambos significan Untado. En tiempos antiguos…, a los reyes se les untaba” (Barclay, 72).

“Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cephas” (que quiere decir, Piedra) (v. 42). Este tipo de cambio de nombre tiene precedentes en el Antiguo Testamento. Dios le dijo a Abran, “Y no se llamará más tu nombre Abran, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Gen. 17:5). Dios le dijo a Jacobo, “No se dirá más tu nombre Jacobo, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gen. 32:28). Tales cambios de nombres indican el comienzo de una nueva vida – un nuevo propósito – una nueva relación con Dios.

Cephas es la palabra aramea para roca y Pedro es la palabra griega para roca. Jesús ve en Pedro las cualidades de una roca, que no serán realizadas por bastante tiempo. Por ahora, Pedro es espontáneo en vez de ser como una roca. En su entusiasmo, camina sobre el agua hacia Jesús, solo para caerse en cuanto se da cuenta de lo que está haciendo (Mateo 14:28-30). En su enojo, le corta la oreja a uno de los hombres que vino a arrestar a Jesús (Juan 18:10). Le jurará lealtad eterna a Jesús, pero le negará tres veces (Mateo 26). Solo después de la resurrección es cuando Pedro empezará a parecerse a la roca que Jesús vio hacía tanto tiempo. Existen posibilidades como ésta para cada uno de nosotros. Si seguimos a Cristo, él nos demostrará esas posibilidades, igual que lo hizo con Pedro.

“Con la transferencia de estos discípulos a Jesús, el nuevo maestro, ya completada, Juan el Bautista silenciosamente se va” (Sloyan, 24). Ha tenido éxito siendo testigo de Jesús. En capítulo 3 aparecerá de nuevo brevemente solo para afirmar otra vez que su importancia debe disminuir mientras que la de Jesús debe aumentar (3:30).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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