Juan 12:20-332017-03-22T04:45:26+00:00

PASAJE BÍBLICO

Juan 12:20-33 (Español)

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

JUAN 11-12. EL CONTEXTO

Capítulo 11 contó la historia de la resurrección de Lázaro (11:1-44), donde se le acusa al concejo (también llamado Sanedrín) y a los sumos sacerdotes de planificar la muerte de Jesús (11:45-54).

Capítulo 12 empieza con la historia de María ungiendo a Jesús en la casa de Lázaro con un ungüento que, según Jesús, era “para el día de mi sepultura” (vv. 1-8). Los sumos sacerdotes traman la matanza de Lázaro igual que la de Jesús, “porque muchos de los judíos iban y creían en Jesús por causa de él” (vv. 9-11).

Esto fue seguido por la historia del Domingo de Ramos (vv. 12-19), que terminó con estas palabras: “Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. Por lo cual también había venido la gente á recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal; Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de él” (vv. 17-19). Este sentimiento de impotencia frente a una figura carismática y posiblemente peligrosa es lo que impulsa a los fariseos a buscar la muerte de Jesús. La resurrección de Lázaro acercará la muerte de Jesús.

“el mundo se va tras de él” (v. 19) se dirige directamente al próximo versículo, donde algunos griegos vienen detrás de Jesús.

JUAN 12:20-22. SEÑOR, QUERRÍAMOS VER Á JESÚS

20Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la fiesta: 21Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús. 22Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús.

“Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la fiesta” (v. 20). Estos griegos podrían ser de Grecia o de Decapolis (un conjunto de 10 ciudades gentiles cerca de Galilea con grandes poblaciones griegas). Según el ambiente de pascua, es probable que sean judíos prosélitos (conversos a la fe judía y circundados) a quienes se les permite participar en fiestas judías (Éxodo 12:45, 48). No obstante, es posible que sean “temerosos de Dios” – gentiles no circundados que veneran al Dios de Israel. Cualquiera que sea su estatus en fe judía, “se debe pensar de ellos anticipando la llegada de gentiles a la comunidad de creyentes como parte de la visión universal de la muerte salvadora de Jesús” (Lincoln, 348).

“Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Betsaida de Galilea” (v. 21a). Seguramente Felipe les atrae por su nombre griego (nombrado por el fundador de la ciudad de Filipi) y es de Betsaida, cerca de la Decapolis.

“y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús” (v. 21b). Jesús se ha convertido en una figura bastante popular – los fariseos, al fin y al cabo, se quejan de que el mundo entero le sigue (v. 19) – por eso, como extranjeros, estos griegos esperan conocerle.

“Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús” (v. 22). Antes, este Evangelio identificó Betsaida como la ciudad de los hermanos Simón y Andrés (1:44). Andrés también es un nombre griego (del griego, andros, que significa hombre). Felipe y Andrés van juntos a contarle a Jesús lo que piden los griegos.

Esto es lo último que oímos de los griegos. Son importantes, porque su visita demuestra la verdad de la declaración de los fariseos, “he aquí, el mundo se va tras de él” (v. 19) – y con su visita, Jesús reconoce que su hora ha llegado – y Jesús anunciará que cuando sea levantado, “a todos traerá” a sí mismo, una obvia referencia a gentiles (incluyendo a los griegos) (v. 32). No obstante, está claro que Juan considera innecesaria la continuada presencia griega, por eso, de manera inmediata, desaparecen de vista. Juan no nos dice si al final lograron ver a Jesús.

JUAN 12:23-26. LA HORA VIENE

23Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. 24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.26Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

“La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado” (v. 23). En este Evangelio se encuentran tres referencias anteriores a la hora de Jesús:

• En Canaá, Jesús le dijo a su madre, “aun no ha venido mi hora” (2:4).

• En Jerusalén, “procuraban prenderle; mas ninguno puso en él mano, porque aun no había venido su hora” (7:30).

• En el templo, “nadie le prendió; porque aun no había venido su hora” (8:20).

Ahora, por fin, Jesús anuncia que su hora ha llegado. A causa de la resurrección de Lázaro, por la cual el mundo (incluyendo a los griegos) viene en busca de Jesús, la oposición endurece en contra de Jesús (v. 19). “Jesús está a punto de ser matado, pero la hora de su muerte es su resurrección, exaltación, y glorificación, el regalo de si mismo por la vida del mundo, el momento de la reunión” (Moloney, 352). Existe aquí una alusión al sirviente que sufre de Isaías, “He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y ensalzado, y será muy sublimado” (Isaías 52:13).

Pronto veremos una paradoja, porque el mundo es particular. Los que el domingo gritarán “Hosanna,” el viernes gritarán “Crucificadle.” “El mundo es un lugar de poca confianza; no se puede confiar ni en su hostilidad ni en su adoración” (Gaventa, 238). Los que se oponen a Jesús lograrán matarle, pero su victoria aparente se hará polvo al salir Jesús de la tumba y al comenzar a traer a todos hacia él (v. 32).

“La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado” (v. 23). El título, Hijo del hombre, viene de Daniel 7:13, donde Dios “delegó su poder de absolución a un ‘Hijo del Hombre’ que lleva a cabo su generosa voluntad en la tierra. Por lo tanto, ‘sobre la tierra el Hijo del Hombre tiene la autoridad de perdonar pecados” (Marcus 223). (NOTA: La NRSV, en honor a su compromiso de utilizar lenguaje inclusivo, traduce Daniel 7:13 como “ser humano” en lugar de “Hijo del Hombre.” Según el significado del título que se deriva de ese versículo, ésta es una traducción particularmente desafortunada).

Este título, Hijo del Hombre, tiene la ventaja de no ser acompañado por ninguna connotación militar que se podría asociar con el título, Mesías. Gente espera que el Mesías levante un ejército, que eche a los romanos, y que vuelva a establecer el gran reino davídico. No tiene estas ilusiones del Hijo del Hombre.

Frecuentemente, Jesús se refiere a si mismo como el Hijo del Hombre. En el Nuevo Testamento hay solo cuatro instancias en las que alguien que no es Jesús utilice la frase (Juan 12:34; Hechos 7:56; Apocalipsis 1:13; 14:14). Y cuando se utiliza, es para referirse a Jesús.

Guelich propone tres significados posibles para el título, Hijo del Hombre. Puede significar (1) la humanidad en general o (2) “Yo el que os habla” o (3) puede ser un título Mesiánico (Guelich, 89-90). Con el uso frecuente del título por parte de Jesús para referirse a su pasión, Jesús sugiere un título mesiánico encubierto. Claramente, el título tiene significado para Jesús pero, para sus discípulos, el significado no estará claro hasta después de la resurrección.

“La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado” (v. 23). Jesús no ha buscado su propia gloria, sino glorificar al Padre (8:50, 54; 12:28). “La glorificación de Jesús está entrelazada con la capacidad que tiene de negar su propia gloria… y la voluntad que tiene para dejarse utilizar para cumplir el propósito de Dios, desaparecer de la vista igual que el grano de trigo que queda cubierto por la tierra, morir para que la nueva vida nos haga renacer” (Bruce, 264).

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva” (v. 25). Jesús presenta la paradoja divina (una declaración que se contradice a si misma). La semilla ha de morir para volver a rendir fruto.”

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (v. 25). Esta es la segunda vez que se expresa una paradoja divina. Los que aman su vida la perderán, pero los que la odian la guardarán (véase Marcos 8:25, Lucas 9:24; 17:33; Mateo 10:39).

También es un ejemplo de hipérbole – una exageración con el propósito de hacer efecto. Jesús no dice que los que son felices perderán la vida ni que los tristes la guardarán. En vez, dice que los que se concentran en sus propias vidas las perderán, porque el Padre no les honrará (véase v. 26). Los que concentran sus vidas en servir, encarando sacrificios, guardarán la vida, porque el Padre les bendecirá con la vida eterna.

El camino a la gloria es la servidumbre. Esto era verdad para Jesús y es verdad para todos los que le siguen. “Pastores deben predicar regularmente del fallo aparente al que nos invita el Evangelio, un fallo que termina en muerte. Un mensaje de ‘éxito’ debe incluir elementos grandes de una canción de ‘este mundo’…. En Juan, la cruz y la corona son uno” (Sloyan, 156).

Como Jesús, se espera que seamos fieles hasta la muerte y que confiemos que Dios nos vindicará. “Según el argumento de ‘menor a mayor,’ ‘Si el grano de trigo, enterrado desnudo, brota para crear muchas ropas, cuánto más brotarán los justos, enterrados en su vestidura (b. Sanh, citado en Kostenberger, 378). “Si la voluntad de Jesús se extiende hasta la muerte, sus ‘diáconos’ han de seguirle hasta allí. Es difícil ir a ese lugar, …pero al tomar ese paso, será recompensado con un gran don: ‘honor’ del Padre” (Howard-Brook, 281).

“Si alguno me sirve, sígame” (v. 26a). En los sinópticos, esta idea se expresa por medio del reto de Jesús para tomar la cruz y seguirle (Marcos 8:34; Mateo 16:24; Lucas 9:23). Ser discípulo de Jesús es seguirle y convertirse en siervo tal como él se convirtió en siervo.

“y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor” (v. 26b). El gran destino de Jesús es volver al padre, por eso, ésta es la promesa de Jesús que su discípulo-siervo estará con él en ese lugar glorioso. Sin embargo, el proceso por el que Jesús será glorificado empezará en la cruz, por eso, Jesús dice que el siervo-discípulo también puede sufrir por el camino.

“Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (v. 26c). Esta es la tercera expresión de la paradoja divina. Dios honrará al siervo en vez al regidor.

JUAN 12:27-30. MAS POR ESTO HE VENIDO EN ESTA HORA

27Ahora está turbada (griego: tetaraktai – de tarasso) mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora. 28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. 29Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Ángel le ha hablado. 30Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.

“Ahora está turbada (tarasso) mi alma” (v. 27a). Jesús repite Salmo 42:6 del Septuagésimo (traducción griega), donde el salmista dice, “mi alma está en mí abatida.” Esta palabra griega, tarasso, se utilizó antes en 11:33 para hablar del alma turbada de Jesús al encontrarse frente la tumba de Lázaro.

“¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora” (v. 27b). Este Evangelio no incluye ningún relato de la historia de Getsemaní y la oración de Jesús, “Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso” (Mateo 26:39). La pregunta de Jesús aquí es lo más cerca que este Evangelio llega a hablar de esa experiencia.

Jesús contesta esta pregunta retórica con un rotundo “¡No!” añadiendo, “Mas por esto he venido en esta hora” (v. 27c). En lugar de ofrecer una oración por su propio bienestar o glorificación, Jesús reza, “Padre, glorifica tu nombre” (v. 28a).

“Entonces vino una voz del cielo” (v. 28b). En este Evangelio, no hay relato de la Transfiguración, con su voz del cielo. Podríamos pensar de este incidente como equivalente al de Juan.

“Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (v. 28c). “La oración de Jesús se contesta con ‘la respuesta del Padre’” (Schnackenburg, citado en Moloney, 353). “El nombre del Padre ha sido glorificado por medio de la revelación del ministerio de Jesús…, y ahora, esta revelación va a climatizar con la obediencia del Hijo en la cruz y en la exaltación del Hijo por el Padre” (Beasley-Murray, 212). “El siervo que no se rinde a su propia voluntad, pero la voluntad de quien le mandó…es el que glorifica a Dios” (Carson, 440).

“Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Ángel le ha hablado” (v. 29). La multitud no sabe que pensar de la voz.

Al especular, la multitud no piensa en la posibilidad de que la voz sea de Dios. Ha pasado tanto tiempo desde que Israel ha oído una voz profética (excepto la reciente de Juan Bautista) que los rabíes enseñan que lo mejor que pueden esperar hasta la llegada del Mesías es un bath qol (literalmente, “la hija de una voz”) – un mero eco de la voz divina (Kostenberger, 382).

Jesús responde, “No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros” (v. 30). ¿Cómo puede ser esta voz para el bien de la multitud cuando no la comprende?”

• Primero, el rumor en el cielo indica que está pasando algo significante. Aunque la multitud no comprenda la voz, la interpretan como la voz de un ángel o un trueno (en la escritura, a menudo se asocian los truenos con la voz de Dios – Éxodo 9:23-33; 19:19; 1 Samuel 2:10; Salmo 18:13, etcétera). Es decir, para estas personas, ambos el trueno y la voz de un ángel son sonidos celestiales.

• Segundo, los discípulos recordarán la voz. Aunque no la conozcan en ese momento, después de la muerte y resurrección de Jesús esta voz tendrá un nuevo significado. A menudo por nuestro camino cristiano, solo llegamos a comprender con el pasar del tiempo. Algunas cosas quedan más claras al madurar espiritualmente. Otras estarán más claras cuando veamos a Dios cara a cara.

JUAN 12:31-33. SI FUERE LEVANTADO DE LA TIERRA

31Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe (griego: archon) de este mundo será echado fuera (griego: ekblethesetai – de ekballo) 32Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo. 33Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir.

“Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (v. 31). El doble “ahora” acompaña al anuncio de Jesús, “la hora viene” (v. 23).

Pensamos de Dios juzgando al mundo con la segunda venida de Jesús, pero Jesús dice que el juicio ya había empezado con su primera venida. En este versículo, habla dos veces de “este mundo,” y nos recuerda que antes dijo, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (3:16).

Aunque estemos tentados a pensar de versículo 3:16 como una promesa de salvación universal, Jesús continuó, “El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas. Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios” (3:18-21). Ahora que “la hora viene” (v. 23), el sacrificio de Jesús en la cruz, “iluminará el mal que existe al rechazar las palabras, obras, y la persona de Jesús” (Williamson, 152). El mundo será juzgado según su decisión de acercarse o no acercarse a la luz.

“ahora el príncipe (griego: archon) de este mundo será echado fuera” (ekblethesetai – de ekballo)” (v. 31). Anote la reversa: “El que opera detrás de la expulsión de Jesús del mundo y detrás de la expulsión de de los seguidores de Jesús de la sinagoga (cf. 9:34) es, él mismo, expulsado” (Lincoln, 352). La glorificación de Jesús constituye “nada menos que la transferencia de poder del mundo actual, que odia a Dios, a las manos del Hijo del Hombre” (Ridderbos, 438).

Hasta ahora, Juan utilizó la palabra archon para referirse a las autoridades judías que, con excepción de Nicodemo, eran hostiles (3:1; 7:26, 48). La última vez que oímos la palabra, ekballo, “los judíos” – los líderes judíos – respondían al hombre ciego que se atrevió a contestarles durante su hostil interrogación cuando testificaba de Jesús, “Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada” (9:33) – entonces le echaron (exebalon – de ekballo) (9:34). “Han sido los ‘regidores’ en este mundo, Caifás, los sacerdotes y fariseos, los que se han opuesto a Jesús para poder mantener su poder aquí y ahora. Pero detrás de ellos está el ‘regidor de este mundo’ que ahora será ‘expulsado’” (Burridge, 543).

“Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo” (v. 32). Esta es la tercera vez que Jesús habla de ser levantado (3:14; 8:28). Está claro que se refiere a la cruz, porque en 3:14 hace un paralelo entre ser levantado y Moisés levantando a la serpiente en un palo. Para quien sea que no capte este punto, Juan añade la explicación “Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir” (v. 33).

Sin embargo, al ser levantado, Jesús también será exaltado. Ser levantado en la cruz es obedecer la voluntad del Padre – llevar a cabo la misión por la que vino a la tierra (v. 27). Por su muerte, Jesús “á todos traeré á mí mismo” (v. 32). “Á todos” nos incluye a nosotros. “La iglesia de Juan, separada por tiempo y espacio de los primeros eventos del ministerio de Jesús, tenía mucha necesidad de oír de la presencia y la disponibilidad de Cristo… Y, nosotros también tenemos necesidad de oírlo. No somos discípulos de segunda clase, apartados y a distancia, nacidos en un lugar y un tiempo equivocado” (Craddock, 164).

La frase, “á todos,” (v. 32) no sugiere una salvación universal más que lo hacen las palabras de Jesús en 3:16. “Jesús no dice que todo el mundo será salvado; dice que todos los que somos salvados somos salvados de esta manera. Y habla de una religión universal en lugar de una nacionalista y estrecha. La muerte de Jesús significa el fin del particularismo” (Morris, 531-532). La frase, “á todos,” testifica el hecho que “el poder salvador de Jesús no tiene límite – excepto resistir la incredulidad” (Schnackenburg, citado en Beasley-Murray, 214). “Es la reacción de la gente a esta oferta lo que pone límites, no Jesús mismo” (Perkins, 713).

“Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir” (v. 33). Aunque el resto del mundo solo veía poder en su forma tradicional (dinero, fuerza militar, influencia política, etcétera), Jesús vio el poder de la cruz. La historia ha demostrado que su visión era verídica. Su sufrimiento y sacrificio, definitivamente, han traído a gente hacia él – gente de todas razas, naciones, y géneros.

Las autoridades judías que clamaron por la muerte de Jesús pronto verán su templo derrumbado y su nación en ruinas. Roma, personificación de poder mundial, pronto caerá bajo los bárbaros. Pero Jesús, que prefirió el camino del sufrimiento y la servidumbre, dio vida a un reino que ha sobrevivido donde todo lo demás ha caído. Sofisticados rechazan a Dios y tiranos matan a sus discípulos, pero la iglesia ha sobrellevado cada crítica y supervivido a cada tirano.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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