Job 42:1-6, 10-172017-03-22T04:45:49+00:00

PASAJE BÍBLICO

Job 42:1-6, 10-17

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

El contexto para cualquier pasaje del libro de Job tiene que empezar con capítulo 1, donde se establece el carácter ejemplar de Job (1:1-5) reconocido por Dios (1:8). Pero Dios permitió que el satanás, uno de sus servidores celestiales, probara a Job quitándole su riqueza, su familia (1:13-21), y finalmente su salud (2:1-10).

NOTA: El satanás en el libro de Job no es el mismo satanás diabólico que aparece en el Nuevo Testamento. El satanás del libro de Job es un servidor celestial.

Capítulos 2:11 – 37:24 se componen generalmente de conversaciones entre Job y sus amigos. El esquema a lo largo de esos capítulos es que los amigos de Job, convencidos de que Dios prospera a los inocentes y castiga a los culpables, querían convencer a Job de que habría cometido un horrible pecado y que debía arrepentirse. Job, sin embargo, se negó a reconocer tal pecado, porque creía en su inocencia – algo que nosotros, como lectores del primer capítulo, sabemos que es verdad – y un hecho que Dios confirmará con sus palabras a los amigos de Job hacia el final del libro (42:7).

EL CONTEXTO INMEDIATO es un largo discurso en el que “respondió Jehová á Job desde un torbellino” (38:1 – 40:1). En ese monólogo, Dios hizo una serie de preguntas calculadas para demostrar la amplitud de las responsabilidades de Dios – y para promover en Job un sentido de humildad y maravilla. Job respondió brevemente a ese monólogo (40:3-5) reconociendo “He aquí que yo soy vil” y que no volvería a retar a Dios. Entonces, en un segundo discurso, Dios preguntó, “¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás á mí, para justificarte á ti?” (40:8) – y por medio de una serie de declaraciones y preguntas, continuó ampliando el conocimiento de Job de la obra de Dios (40:9 – 41:34).

Entonces, en un sentido, el deseo que Job tenía de encontrar a Dios – de presentarle su caso – y de saber “lo que él me respondería” (23:3-5) ha sido cumplido. No obstante, no resultó ser la plena vindicación que Job deseaba. En vez, Dios le muestra a Job la grandeza de Dios y la pequeñez de Job. Job también aprende que no debía haber condenado a Dios para justificarse a si mismo (40:8).

VERSÍCULOS 1-6: Y RESPONDIÓ JOB Á JEHOVÁ

1Y respondió Job á Jehová, y dijo:
2Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.
3¿Quién es el que oscurece el consejo sin ciencia?
Por tanto yo denunciaba lo que no entendía;
Cosas que me eran ocultas, y que no las sabía.
4Oye te ruego, y hablaré;
Te preguntaré, y tú me enseñarás.
5De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.
6Por tanto me aborrezco (hebreo: ma∙as),
y me arrepiento (hebreo: naham) en el polvo y en la ceniza.

Cuando Dios le responde a Job, vuelve a repetir cosas que Dios había dicho en capítulos 38-41 (42:3a = 38:2; 42:4b = 38:3b y 40:7b).

“Y respondió Job á Jehová, y dijo” (v. 1). Esto es igual a 40:3, donde Job contestó brevemente el primer y largo discurso de Dios.

“Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (v. 2). Job siempre ha reconocido que Dios es capaz de hacer todas las cosas. Su contienda no era que Dios era débil, sino que Dios no le había sido justo.

Pero ahora, como consecuencia de los dos largos discursos de Dios (38:1 – 40:1 y 40:6 – 41:34), Job tiene una visión más amplia de la obra de Dios. Todavía cree que Dios es todopoderoso, pero (como veremos en el próximo versículo), ya no está dispuesto a retar a Dios en cuanto al tema de justicia.

“¿Quién es el que oscurece el consejo sin ciencia?” (v. 3a). Esta es la pregunta (en otras palabras) que Dios le hizo a Job en 38:2. En esa ocasión, Dios continuó haciendo preguntas sin darle a Job la oportunidad de contestar. Ahora, Job repite la pregunta esperando que sea contestada. No obstante, la respuesta vendrá con el entendimiento que Job obtendrá a través de los dos discursos de Dios (38:1 – 40:1 y 40:6 – 41:34), y será una respuesta muy diferente a la que habría dado antes.

“Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; Cosas que me eran ocultas, y que no las sabía”(v. 3). Job reconoce el error que cometió al hablar de cosas más allá de su entendimiento. Sin embargo, Job “no ha pecado en su lamentación. Es por eso que aquí Job no confiesa ningún pecado” (Hartley, 536). Esto es significante, porque Dios nunca, en este relato, acusa a Job de haber pecado. En vez, Dios antes pronunció a Job “perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal” (1:8) – y pronto dirá que Job ha hablado “lo recto” (42:7).

“Oye te ruego, y hablaré” (v. 4a). Antes, cuando Job dijo, “hablaré,” fue con tono de queja o amargura (7:11; 10:1). Sin embargo, ahora su entendimiento de Dios y de justicia ha sido ampliada, y su lenguaje toma un tono completamente nuevo.

“Te preguntaré, y tú me enseñarás” (v. 4). Al empezar sus largos discursos, Dios había dicho, “Yo te preguntaré, y hazme saber tú” (38:3b; 40:7b). En estas dos ocasiones, Dios prosiguió con una serie de preguntas calculadas para poner a Job en su lugar. En ninguno de estos casos le dio Dios a Job la oportunidad de responder.

Pero ahora es el momento para que Job conteste, entonces, Job empieza su respuesta citando las declaraciones anteriores de Dios.

“De oídas te había oído” (v. 5a). Antes, Job habló de atar el agua a las nubes y otros fenómenos naturales que revelaban algo de Dios y dijo: “¡Mas cuán poco hemos oído de él!” (26:14). Es decir, los cielos revelaban la gloria de Dios, pero de manera encubierta.

Job era, “varón en tierra de Hus” (1:1), entonces, a no ser que fuera un judío prosélito, no habría conocido a Dios a través de las escrituras hebreas o por medio de alabanza en el templo. Se da cuenta de que su conocimiento de Dios, hasta el momento, ha sido bastante limitado.

“Mas ahora mis ojos te ven” (v. 5b). Oír de alguien y verle cara a cara son dos experiencias muy distintas. Ver es superior a oír.

Cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios, Dios contestó, “No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20). ¿Cómo es que Job le puede ver y vivir? Ese es uno de los muchos temas que no preocupan al autor de este libro. Quizá es licencia poética que Job pueda decir, “mis ojos te ven.” Quizá ha sido librado porque Dios le habló desde un torbellino que obstruía su vista (38:1; 40:6).

Cualquiera que sea la explicación, Job antes quería hablar personalmente con Dios (23:3-5), y ahora Dios le ha concedido su deseo.

“Por tanto me aborrezco (ma∙as) (v. 6a). Versículo 6 se puede traducir de varias maneras. En The New Interpreter´s Bible, Carol Newsom anota seis posibilidades (Newsom, 629).

El verbo ma∙as significa “rechazar, aborrecer, rehusar” (Baker y Carpenter, 562). En este contexto, Job reconoce su bajeza en comparación a la grandeza de Dios. También rechaza el orgullo que le motivaba antes de ver a Dios.

y me arrepiento (naham) en el polvo y en la ceniza” (v. 6b). El verbo naham significa “sentir lástima, tener pena, confortar, vengar… (o) arrepentirse” (Baker y Carpenter, 723).

Varios eruditos (Anderson, 292; Hartley, 537; Murphy, 273; Newsome, 558; Tucker, 449) creen que, en este contexto, naham no significa que Job se arrepiente de sus pecados, porque la tesis de este libro es que Job es “perfecto y recto” (1:1) y que habla correctamente de Dios (42:7). Si no, Job estaría haciendo lo que sus amigos le habían pedido antes – arrepentirse de sus pecados – algo que Job negó hacer por considerarse a si mismo justo – opinión con la cual Dios concuerda (1:8). Entonces, si Job ahora se arrepiente – haciendo lo que sus amigos le aconsejaron hacer – pondría en duda la idea de ser “perfecto y recto” – la idea en que se basa este libro.

No obstante, polvo y cenizas son símbolos apropiados para el arrepentimiento y el remordimiento. En particular, la palabra “cenizas” connota humildad (Génesis 18:27; Daniel 9:3), inutilidad (Job 13:12), o arrepentimiento (Jeremías 6:26; Mateo 11:21).

El significado de este versículo, por lo tanto, no puede ser que Job se arrepiente de sus pecados, como sus amigos querían que hiciera. En vez, se arrepiente de haber hablado con ignorancia – de sugerir que Dios le ha sido injusto. Ahora que ha visto a Dios, Job quiere retractar los retos que presentó ante Dios.

VERSÍCULOS 7-9: UN REGAÑO PARA ELIPHAZ Y UNA AFIRMACIÓN PARA JOB

7Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras á Job, Jehová dijo á Eliphaz Temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job. 8Ahora pues, tomaos siete becerros y siete carneros, y andad á mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto á él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi siervo Job. 9Fueron pues Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamatita, é hicieron como Jehová les dijo: y Jehová atendió á Job.

Para facilitar una lectura compacta, la lectura del leccionario no incluye estos versículos. Sin embargo, eliminarlos es desafortunado, ya que son críticos para llegar a comprender plenamente este libro (Murphy, 271). Versículo 7 es particularmente importante porque, en ese versículo, Dios regaña a los amigos de Job por no haber hablado bien de Dios, “como mi siervo Job.” Entonces, en ese versículo, Dios confirma la suposición original de que Job es “perfecto y recto” (1:1).

Estos versículos presentan una deliciosa ironía: Dios mandando a los amigos de Job a que ofrezcan “siete becerros y siete carneros” (v. 8) – una ofrenda muy grande y muy cara. No solo han de hacer esta ofrenda, pero también han de presentársela a Job. Aunque Dios no requiere que los amigos le pidan a Job que rece por ellos, Dios declara que una vez hecha la ofrenda, Job rezará por ellos y que Dios contestará sus plegarias. Eso es lo que ocurre. Estos amigos, que antes habían acusado a Job de ser culpable, ahora se encuentran ellos culpables y necesitados de las oraciones de Job para su perdón.

VERSÍCULOS 10-17: Y MUDÓ JEHOVÁ LA AFLICCIÓN DE JOB

10Y mudó Jehová la aflicción de Job, orando él por sus amigos: y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. 11Y vinieron é él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y condoliéronse de él, y consoláronle de todo aquel mal que sobre él había Jehová traído; y cada uno de ellos le dio una pieza de moneda, y un zarcillo de oro. 12Y bendijo Jehová la postrimería de Job más que su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas. 13Y tuvo siete hijos y tres hijas. 14Y llamó el nombre de la una, Jemimah, y el nombre de la segunda, Cesiah, y el nombre de la tercera, Keren-happuch. 15Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra: y dióles su padre herencia entre sus hermanos.

16Y después de esto vivió Job ciento y cuarenta años, y vio á sus hijos, y á los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. 17Murió pues Job viejo, y lleno de días.

“Y mudó Jehová la aflicción de Job, orando él por sus amigos” (v. 10a). Esto no dice que Dios restauró las fortunas de los amigos necios de Job cuando Job oró por ellos. Dice que el Señor restauró las fortunas de Job cuando éste oró por sus amigos. Oró por ellos, pero él mismo fue quien benefició.

La cuestión aquí es la causa y su efecto. Primero, Job oró por sus amigos. Segundo, el Señor restauró las fortunas de Job. ¿Causó el primero el segundo? U, ¿ocurrió el segundo por casualidad después del primero? El texto no está del todo claro en esta cuestión. No dice, “PORQUE Job oró por sus amigos, el Señor restauró las fortunas de Job.”

• Sin embargo, algunos eruditos creen que las oraciones de Job a favor de sus amigos resultó en la restauración de su buena fortuna (Andersen, 293; Alden, 412), y parece que el Señor espera que Job haga lo correcto (orar por sus amigos no tan buenos) antes de ser restauradas las fortunas de Job.

• Pero otros eruditos niegan cualquier causa y efecto que pueda existir entre las oraciones de Job y la restauración de sus fortunas (Newsome, 559; Hartley, 540). Su preocupación está en la intención del libro de Job – contradecir la creencia popular de que la buena fortuna siempre debe estar ligada al buen comportamiento. Mucho del Antiguo Testamento y partes del Nuevo Testamento prometen recompensas a cambio de buen comportamiento y castigo por el malo. Este libro dice que no es necesariamente así.

“y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (v. 10b). Sea por su recto comportamiento que el Señor le da a Job bendiciones abundantes como recompensa o no, sí se las da.

Éxodo 22:4 requiere que un ladrón repague el doble si es juzgado culpable de robar un buey o un burro o una oveja. ¿Le da el Señor a Job doble recompensa porque el Señor resulta ser ladrón, habiéndole quitado a Job sus posesiones sin causa? ¡Absolutamente no! Pero la regla en Éxodo reconoce que la simple recompensa de lo que una víctima ha perdido en el robo no llega a restaurar la situación en que se encuentra esa persona. Como sabe cualquier persona que haya sufrido un robo, la víctima experimenta un trauma emocional al ser violado. También hay un tiempo en que la víctima no tiene acceso a su propiedad, lo cual puede causar verdadero sufrimiento. La regla de doble reembolso en Éxodo intenta recompensar todas las pérdidas de la víctima – no solo la pérdida original.

Entonces, puede ser que la doble restauración de Job intente recompensar a Job por su dolor y sufrimiento, así como por la pérdida de su familia y bienes personales.

“Y vinieron é él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y condoliéronse de él, y consoláronle de todo aquel mal que sobre él había Jehová traído; y cada uno de ellos le dio una pieza de moneda, y un zarcillo de oro” (v. 11). ¿Dónde estaban estos hermanos y hermanas y amigos cuando Job los necesitaba de verdad? Cuando Job sufría, ¿por qué no dijeron, “Job, ven y quédate en nuestra casa” o “Job, aquí tienes algún dinero y un zarcillo de oro”? ¿Por qué esperaron a que las fortunas de Job fueran plenamente restauradas antes de ofrecerle consuelo?

La respuesta es que, cuando Job estaba desolado, su familia estaba lejos de él y sus conocidos también alejados de él. Le fallaron y le olvidaron. Se había convertido en “Forastero…en sus ojos” (19:13-15).

Su falta de compasión seguramente se basaba en la creencia popular de que el sufrimiento humano era resultado del disgusto de Dios. Si creían que Dios le había quitado a Job su familia y riqueza como castigo por algún horrible pecado, sería lógico que se apartaran de él. Por un lado, si le acomodaban, podrían ser culpables de eliminar el dolor con el que Dios había afligido a Job para enseñarle una lección. Por otro lado, si se acercan demasiado a Job el pecador, el Señor quizá les traería sufrimiento a ellos también.

Pero ahora las fortunas de Job han sido restauradas como también su familia y amigos. Ahora que ha sido “levantado” le dan la simpatía y el apoyo que necesitaba cuando se encontraba “caído.” Esto ocurre todo el tiempo. Este libro nos anima a ser diferentes. Nos alienta a pensar que el sufrimiento de una persona no ha sido causado necesariamente por él o ella misma.

Sean cuales sean los motivos de la familia y los amigos de Job, ahora se escuchan plenamente. ¿No los puedes oír? “¡Job, estamos tan contentos por ti!” “Job, nos sentíamos tan mal cuando estabas sufriendo.” “¡Job, te amamos!”

Además de palabras de simpatía y apoyo, también le dan a Job dinero y anillos de oro. ¿Fueron estos regalos la semilla de las inversiones que resultarían en la plena restauración de Job, como sugieren algunos eruditos? (Hartley, 541). Es posible. Pero la historia dice que el Señor restauró la fortuna de Job en doble (v. 10), y entonces se unen la familia y los amigos (v. 11). Es decir, parece que Dios restauró plenamente a Job antes de que su familia y amigos se le acercaran de nuevo.

“Y bendijo Jehová la postrimería de Job más que su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas” (v. 12). El número de ganado mencionado aquí es exactamente el doble del que Job tenía antes de empezar sus problemas (1:3).

“Y tuvo siete hijos y tres hijas” (v. 13). Antes de su vida catastrófica, Job tenía siete hijos y tres hijas, pero un gran viento colapsó la casa en la que se encontraban comiendo y mató a todos (1:18-19).

En literatura hebrea, los números siete y tres ambos se refieren a la idea de algo completo. Por eso, estos siete hijos y tres hijas representan una familia ideal. Las posesiones materiales de Job se duplicaron, pero no sus hijos e hijas. Aquí, el número original fue simplemente restaurado.

¿Tuvo Job estos hijos con su esposa original? Seguramente sí, ya que ella se menciona en 2:9; 19:17; 31:10 (pero no por nombre). Pero no lo sabemos. Si Dios le hubiera dado a Job una bella y nueva mujer, el autor lo hubiera mencionado.

“Y llamó el nombre de la una, Jemimah, y el nombre de la segunda, Cesiah, y el nombre de la tercera, Keren-happuch” (v. 14). La práctica común, si han de darse nombres, sería nombrar a los hijos. Es algo inusual que el autor no nos de esos nombres. Es muy inusual que se nos den los nombres de las hijas. Jemimah significa paloma pequeña. Cesiah viene de la palabra cassia – una flor conocida por su bonita fragancia. Keren-happuch significa “cuerno de antimonio.” Las mujeres utilizaban el antimonio para pintarse los ojos (de Bromily, ISBE, los artículos sobre estos tres nombres).

“Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra” (v. 15a). Esto es una prueba más del regalo de Dios para Job. Sus hijas son bellas.

No hay mención de los hijos siendo fuertes o guapos o inteligentes. Es inusual que el autor mencione la belleza de las hijas sin decir nada positivo de los hijos.

“y dióles su padre herencia entre sus hermanos” (v. 15b). Esto también es inusual. Ley judía concedía al primogénito una doble porción de la herencia y a los otros hijos una sola porción (Deuteronomio 21:15). Por lo tanto, si un hombre tenía cinco hijos, el primer nacido recibiría dos de seis porciones, y los cuatro hijos que quedan recibirían una porción cada uno. Hijas generalmente recibían una dote (un regalo de su padre) al momento de casarse, pero no recibirían parte de la herencia.

Pero Job es un hombre de Hus y no de Israel. Puede que no esté sujeto a la ley judía en cuanto a la herencia – puede que ni siquiera conozca esta ley.

“Y después de esto vivió Job ciento y cuarenta años, y vio á sus hijos, y á los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación” (v. 16). Salmo 90:10 menciona setenta años como “los días de nuestra edad,” entonces, los ciento cuarenta años de Job representan una doble cantidad de años.

“Murió pues Job viejo, y lleno de días” (v. 17). “Viejo y lleno de días” (o lleno de años) es una fórmula utilizada por los patriarcas: Abraham (Génesis 25:8), Isaac (Génesis 35:29), y David (1 Crónicas 29:28). Es una manera de decir que Job vivió una vida larga y llena, y que su muerte representa una transición natural en lugar de una tragedia. También es una manera de incluirle entre los grandes hombres de la historia de Israel.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Bromiley, Geoffrey (General Editor), The International Standard Bible Encyclopedia, Volume Three: K-PRevised (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1986)

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Newsom, Carol A., The New Interpreters Bible: Job, Psalms, and 1 & 2 Maccabees, Vol. IV (Nashville: Abingdon Press, 1996)

Newsome, James D., in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV––Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)

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www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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