Isaías 65:17-252017-03-22T04:45:46+00:00

Comentario (Estudio de la Biblia)

Isaías 65:17-25

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

PASAJE BÍBLICO: Isaías 65:17-25

EXÉGESIS:

VERSÍCULOS 1-16: EL CONTEXTO

En estos versículos, Yahvé describe la rebeldía anterior de su pueblo y la rectitud de su juicio sobre ellos. Sin embargo, el tono cambia al final y oímos una nota de redención cuando Yahvé dice:

“El que se bendijere en la tierra,

en el Dios de verdad se bendecirá;

y el que jurare en la tierra,

por el Dios de verdad jurará;

porque las angustias primeras serán olvidadas,

y serán cubiertas de mis ojos” (v. 16).

La promesa, entonces, es que “las angustias primeras (los pecados) serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos” (v. 16). Ya que había una conexión entre la de causa y efecto de los pecados de la gente y su sufrimiento, lo que esto implica es que Dios, habiéndose olvidado de esos pecados, está dispuesto a restaurar sus fortunas.

El lugar es Jerusalén después de regresar los exiliados. Han pasado años – décadas – y mucho se ha logrado. Se han erigido paredes y el templo ha sido reconstruido. Aún así, mucha de la ciudad permanece en ruinas. El nuevo templo solo es una sombra pálida de aquél que los babilónicos destruyeron muchos años antes. La gente ha pasado varios años de dificultad – en algunos casos, años más duros que los de su exilio. Se preguntarán si este Jerusalén construido de parches refleja por completo la medida de su herencia. Se preguntarán si Yahvé tiene la fuerza y si les restaurará a su antigua gloria. Estas preocupaciones aparecen en capítulos 63 y 64, que culminan en esta oración:

“No te aires, oh Jehová, sobremanera,

ni tengas perpetua memoria de la iniquidad:

he aquí mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros.

Tus santas ciudades están desiertas,

Sión es un desierto,

Jerusalén una soledad.

La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria,

en la cual te alabaron nuestros padres,

fue consumida al fuego;

y todas nuestras cosas preciosas han sido destruidas.

¿Te estarás quieto, oh Jehová, sobre estas cosas?

¿Callarás, y nos afligirás sobremanera?” (Isaías 64:9-12).

VERSÍCULO 17: NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA

17Porque he aquí que yo crío nuevos cielos

y nueva tierra:

y de lo primero no habrá memoria,

ni más vendrá al pensamiento.

“Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra” (v. 17a). La palabra “porque” conecta este versículo con el previo, donde “las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos” (v. 16c). La promesa es que Yahvé, habiendo olvidado las primeras angustias, creará nuevos cielos y nueva tierra.

Esta no es la primera vez que vemos mención de “los cielos” y “la tierra” en este libro:

• Antes, el profeta identificó a Yahvé como el “Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella, y espíritu á los que por ella andan” (42:5).

• Pero Yahvé mandó que los cielos y la tierra escucharan la palabra del juicio – “Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí” (1:2). “Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día de la ira de su furor” (Isaías 13:13).

• Pero el Dios del juicio es también el Dios de la redención que dice, “Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con júbilo, lugares bajos de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está: porque Jehová redimió á Jacob, y en Israel será glorificado” (Isaías 44:23) – y “Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpid en alabanzas, oh montes: porque Jehová ha consolado su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia” (Isaías 49:13).

La mención de crear “nuevos cielos y nueva tierra” nos recuerda a los primeros capítulos de Génesis en que, “En el principio crió Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Con cada obra de creación, Dios la pronunció buena, pero la aparición del pecado en Génesis 3 corrompió la buena creación – nada ha sido igual desde entonces. Pero Dios va a redimir la situación creando “nuevos cielos y nueva tierra.” Esto no significa que va a destruir lo que ya existe y empezar de nuevo. Se trata más de una transformación parecida al renacer que Jesús describe en su conversación con Nicodemo (Juan 3).

“y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (v. 17b). “De lo primero” se refiere a la rebelión de Israel y el pecado y juicio en que resultó. Dios perdonará y olvidará. Las cosas pasadas pasarán a un pasado obscuro e irrecordable – cubiertas de los ojos de Dios (v. 16).

VERSÍCULO 18: MAS OS GOZARÉIS Y OS ALEGRARÉIS POR SIGLO DE SIGLO

18Mas os gozaréis y os alegraréis por siglo de siglo

en las cosas que yo crío:

porque he aquí que yo traigo á Jerusalén alegría,

y á su pueblo gozo.

En la primera parte de este capítulo, Dios dijo, “mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados” (v. 13). Pero, ahora que Dios crea nuevos cielos y nueva tierra y echa los pecados pasados fuera de la memoria y el pensamiento (v. 17), el pueblo puede gozar y alegrarse por siempre en las cosas que Dios crea. El nuevo Jerusalén será una alegría para el pueblo, y también será una alegría para Dios que gozará en su pueblo.

En el Nuevo Testamento otra vez leeremos del nuevo Jerusalén, y el tono alegre que aparece ahí será muy parecido al tono alegre que oímos en Isaías:

“Y vi un cielo nuevo, y una tierra nueva:

porque el primer cielo y la primera tierra se fueron,

y el mar ya no es.

Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalén nueva,

que descendía del cielo, de Dios,

dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Y oí una gran voz del cielo que decía:

He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres,

y morará con ellos;

y ellos serán su pueblo,

y el mismo Dios será su Dios con ellos.

Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos;

y la muerte no será más;

y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor:

porque las primeras cosas son pasadas” (Revelaciones 21:1-4).

VERSÍCULOS 19-20: Y ALEGRARÉME CON JERUSALÉN

19Y alegraréme con Jerusalén,

y gozaréme con mi pueblo;

y nunca más se oirán en ella voz de lloro,

ni voz de clamor.

20No habrá más allí niño de días,

ni viejo que sus días no cumpla:

porque el niño morirá de cien años,

y el pecador de cien años, será maldito.

Aparecen o se implican una serie de contrastes en versículos 19b-25 (Watts, 925):

Lloro → gozo

Niño que muere a los pocos días → viejo que cumple todos sus días

Un anciano que muere antes de tiempo → un anciano que vive pasados sus años

Edificar y otro habita → construir y habitar

Plantar y otro come → plantar y comer

Trabajar en vano → gozar de la labor de sus manos

Parir para la maldición → hijos benditos del Señor

Oraciones sin contestar → oraciones oídas

Violencia → paz

“Y alegraréme con Jerusalén, y gozaréme con mi pueblo” (v. 19a). Esto difiere mucho de las descripciones de Jerusalén y su gente que antes encontramos en este libro. En capítulo 1, oímos “¿Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel?” Por lo tanto, “volveré mi mano sobre ti” (1:21, 25). No obstante, aún ahí vemos un rasgo de redención – “entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel” (1:26). Esa promesa ahora se renueva en la promesa de traer “á Jerusalén alegría” (v. 18) y “alegraréme con Jerusalén” (v. 19a).

El pueblo tendrá razón para alegrarse, porque los sonidos del llanto y el clamor serán memorias distantes.

“y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño de días, ni viejo que sus días no cumpla: porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años, será maldito” (v. 20). La vida de la gente no terminará antes de tiempo. Bebés y ancianos gozarán de una vida más larga. No es una promesa de que “la muerte no será más” como aparece en el Nuevo Testamento (Revelaciones 21:4), sino una promesa de longevidad. La mención de “cien años” es una hipérbole (exageración), ya que no existen pruebas para demostrar que la gente de esa época viviera más de cien años. El punto es que gente de la nueva época gozará de vidas significantemente más largas.

VERSÍCULOS 21-23: NO TRABAJARÁN EN VANO

21Y edificarán casas, y morarán en ellas;

plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.

22No edificarán, y otro morará;

no plantarán, y otro comerá:

porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo,

y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos.

23No trabajarán en vano,

ni parirán para maldición;

porque son simiente de los benditos de Jehová,

y sus descendientes con ellos.

“Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas” (v. 21). El Antiguo Testamento incluye varias maldiciones de futilidad impuestas por Dios sobre los pecadores – por ejemplo, “Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la vendimiarás” (Deuteronomio 28:30; véase también Amós 5:11; Miqueas 6:15; Sofonías 1:13). Pero ahora tenemos lo contrario de la maldición de futilidad – una bendición que cancela la maldición – una promesa que los que trabajan disfrutarán del fruto de su labor.

“No edificarán, y otro morará; no plantarán, y otro comerá” (v. 22a). Esto reitera la promesa de versículo 21 de manera un poco diferente.

“porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo” (v. 22b). Gente admira los árboles por muchas razones – su belleza, su productividad, y su fuerza. Aquí su longevidad es lo que se aprecia. No como “la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno” (Mateo 6:30), algunos árboles viven décadas – otros siglos – y otros pocos viven milenios.

Estamos acostumbrados a ver árboles que llevan aquí desde mucho antes de nacer nosotros, y que seguirán aquí mucho después de que muramos. La mayoría de nosotros estaría feliz cambiando la longevidad humana por la de un árbol. La promesa aquí (de nuevo, hipérbole – exageración) es que gente gozará de la longevidad de un árbol.

“y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos” (v. 22c). Esto repite la promesa de versículos 21-22a que la gente edificará casas y morará en ellas, etcétera. La nueva dimensión es la frase, “mis escogidos.” Dios había elegido Israel muchos años antes, pero su pueblo pecó. El resultado fue la maldición de futilidad: “Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la vendimiarás” (Deuteronomio 28:30). Esa maldición ahora se da la vuelta, para decir que los escogidos de Dios “perpetuarán las obras de sus manos.”

“No trabajarán en vano” (v. 23a). Esto repite la promesa de versículos 21-22.

“ni parirán para maldición” (v. 23a). Para entender esta frase, solo tenemos que mirar el mundo que tenemos alrededor. En muchos sitios, mujeres tienen hijos para la maldición. Sus hijos mueren de malnutrición o enfermedad. Son presionados hasta hacerse miembros de milicias tribales. Viven en barrios donde no están seguros al caminar a la escuela. Se les tienta con drogas, alcohol, sexo promiscuo, y muchas otras actividades peligrosas. Pero la promesa de este versículo es que “mis escogidos” (v. 22c) no parirán para maldición.

“porque son simiente de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos” (v. 23b). Una mujer pensando en dar luz podía estar tranquila que su hijo no sería un hijo para la maldición, sino que sería bendito del Señor. La promesa se extiende no solo a ese hijo, sino también a sus hijos y sus hijos después de él. Esto le da la vuelta a la maldición que “la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos” (Éxodo 34:7) – una maldición que a menudo vemos hoy día cuando hijos de drogadictos u otros adultos disfuncionales sufren por los pecados de sus padres.

VERSÍCULO 24: SERÁ ANTES QUE CLAMEN, RESPONDERÉ YO

24Y será que antes que clamen, responderé yo;

aun estando ellos hablando, yo habré oído.

Esta es una bella promesa. Aunque hemos experimentado el poder de la oración, también hemos experimentado frustración. A veces nos preguntamos si Dios de verdad oye nuestras oraciones cuando no recibimos las respuestas que esperamos. En otros momentos, nos encontramos tratando de orar pero sin saber cómo – o pronunciando palabras torpes que parecen inadecuadas para expresar lo que anhelan nuestros corazones – o nos quedamos dormidos al rezar – o queremos orar por alguien pero nos olvidamos de hacerlo. Este versículo sugiere que nuestra inadecuación en la oración no constituye una barrera para comunicarnos con Dios. Dios es capaz de entender hasta nuestras más torpes oraciones – aún las oraciones que quedan sin pronunciar y que habitan en nuestros corazones.

El Nuevo Testamento incluye una promesa similar: “Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda por los santos” (Romanos 8:26-27).

VERSÍCULO 25: EL LOBO Y EL CORDERO SERÁN APACENTADOS JUNTOS

25El lobo y el cordero serán apacentados juntos,

y el león comerá paja como el buey;

y á la serpiente el polvo será su comida.

No afligirán, ni harán mal

en todo mi santo monte, dijo Jehová.

“El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey” (v. 25a). Mucho antes el profeta prometió, “Morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (Isaías 11:6; véase también versículos 7-9). Ahora Yahvé reitera la promesa que “mis escogidos” (v. 22) verán un mundo en el que predadores coexisten con su presa.

“y á la serpiente el polvo será su comida” (v. 25b). Esto alude a Génesis 3:14, donde Dios maldijo a la serpiente, diciendo: “sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.” Ahora, Dios vuelve a decir que la serpiente comerá polvo – sugiriendo que ésta ya no será una amenaza para otras vidas. Esto, entonces, representa un peligro neutralizado – otra faceta de un mundo con paz renovada.

“No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová” (v. 25c). El monte sagrado es el Monte de Sión, sobre el cual está Jerusalén y el templo – el lugar donde mora Dios y la tierra sagrada de los fieles. Esta es una promesa, expresada en lenguaje poético, de que el pueblo de Dios gozará de nuevo de vidas pacíficas en el monte de Dios.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Copyright 2009, Richard Niell Donovan