Isaías 61:1-4, 8 – 62:32017-03-22T04:45:46+00:00

Comentario (Estudio de la Biblia)

Isaías 61:1-4, 8 – 62:3

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

PASAJE BÍBLICO: Isaías 61:1-4, 8 – 62:3

COMENTARIO (Estudio de la Biblia):

ISAÍAS 60-62: EL CONTEXTO

Estos tres capítulos prometen cosas grandes para el pueblo de Jerusalén y transmiten la alegría que sentirá al ver cumplidas esas promesas.  Estos capítulos constituyen una sección optimista y alegre.  Varios de sus temas, como la luz, la justicia, la salvación, y la alegría se repiten a lo largo de estos capítulos.

Los antiguos exiliados han vuelto a Jerusalén después de un largo exilio que ha retado su fe en Yahvé.  Ciro de Persia ha derrotado a los babilónicos y ha instaurado una nueva póliza.  En lugar de subyugar a los exiliados judíos, Ciro les permitió regresar a Jerusalén y les dio los fondos para reconstruir el templo.

No obstante, al regresar, los antiguos exiliados encuentran que Yahvé, que hizo posible su regreso, no consideró buena idea hacérselo fácil.  Los libros de Esdras y Nehemías documentan la restauración de Jerusalén y del templo.  Después de su regreso, los exiliados experimentaron oposición por parte de la gente local y el proyecto de restauración se frenó abruptamente (Esdras 4; Nehemías 4-5).

Estos nuevos obstáculos resultaron en una crisis de fe parecida a la que habían pasado en el exilio.  Sí, Yahvé hizo posible que escaparan de su servidumbre en Babilonia, de la misma manera que Yahvé antes había hecho posible que sus antepasados escaparan de la servidumbre en Egipto.  Sin embargo, igual que los antiguos israelitas encontraron obstáculos en su viaje por el desierto – obstáculos que dieron paso a quejas y dudas – estos exiliados han vuelto a Jerusalén y se han encontrado con obstáculos que, para ellos, han resultado en una crisis de fe parecida.  Yahvé les ha permitido volver a Jerusalén, pero también ha permitido que sus opositores se interpongan a cada esquina.  ¿Es Yahvé incapaz de lograr lo que prometió? ¿Es Yahvé fiel – guardará sus promesas? ¿Se ha rendido Yahvé? ¿Les ha abandonado?

Segundo Isaías se dirigió a estas mismas preguntas mientras la gente aún se encontraba exiliada (véase 50:2).  Yahvé es un Dios apasionado que se esfuerza para lograr sus metas (42:14).  No como los dioses babilónicos hechos de madera e impotentes.

Ahora Tercer Isaías, dirigiéndose a gente que ya no está exiliada, se acerca a los mismos temas – contesta las mismas preguntas.  Dice, “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni hase agravado su oído para oír” (59:1).

ISAÍAS 61:1-4. ME UNGIÓ JEHOVÁ; HAME ENVIADO Á PREDICAR BUENAS NUEVAS.

1El espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado á predicar buenas nuevas (hebreo: bas·ser) á los abatidos, á vendar á los quebrantados de corazón, á publicar (hebreo:liq·ro) libertad á los cautivos, y á los presos abertura de la cárcel; 2A promulgar (hebreo: liq·ro) año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; á consolar á todos los enlutados; 3A ordenar á Sión á los enlutados, para darles gloria (hebreo: pe’er) en lugar de ceniza (hebreo: e·per), óleo de gozo en lugar del luto, manto (hebreo: ma’ateh) de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia (hebreo: se·deq), plantío de Jehová, para gloria suya. 4Y edificarán los desiertos antiguos, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades asoladas, los asolamientos de muchas generaciones.

 

“El espíritu del Señor Jehová es sobre mí” (v. 1a).  La primera pregunta de esta sección se trata de la identidad del que habla.  ¿Sobre quién ha descendido el espíritu de Dios? ¿A quién ha ungido el Señor? Lo siguiente sugiere que es el siervo, la figura mesiánica que aparece de manera prominente en capítulos 42, 49-50, y 52-53.

• Dios dijo del siervo, “he puesto sobre él mi espíritu” (42:1).  Ahora el siervo dice, “El espíritu del Señor Jehová es sobre mí.”  Dios también le dijo al siervo “Para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel á los presos, y de casas de prisión á los que están de asiento en tinieblas” (42:7; véase también 49:9).  Ahora el siervo dice que él ha de “publicar libertad á los cautivos, y á los presos abertura de la cárcel.”

• Jesús citó este versículo, diciendo, “El Espíritu del Señor es sobre mí” (Lucas 4:18).  Declaró,“Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos” (Lucas 4:21).

Cuando el espíritu del Señor desciende sobre una persona, suele conferir poder (Jueces 3:10; 6-34; 14:6, 19, etcétera, etcétera).  En el libro de Isaías, esta frase aparece cuatro veces, y se refiere a la transmisión de sabiduría y entendimiento (11:2; 40:13 y continuación) y al traer alivio a los necesitados (61:1; 63:14).

“porque me ungió Jehová” (v. 1b).  Ungir con aceites se suele hacer por varias razones (sanar, enterrar, para expresar tristeza o alegría).  Particularmente se hace para designar a una persona para un trabajo importante.  En el Antiguo Testamento se ungía a los profetas (1 Reyes 19:16).  Se ungía a los sacerdotes (Éxodo 40:13-15) y a los reyes (1 Samuel 10:1; 16:3, 12-13; 2 Samuel 23:1; 1 Reyes 1:39).

El Nuevo Testamento habla de Jesús como ungido (Juan 20:31; Hechos 5:42; Hebreos 1:9, etcétera).  Los dos títulos que reconocemos como mesiánicos (el hebreo Mesías y el griego Christos) significan ungido.  En el Nuevo Testamento se usa Christos (Cristo) casi exclusivamente.  Mesías se encuentra dos veces (Juan 1:41; 4:25), y ambos versículos también usan Cristo – “Hemos hallado al Mesías que declarado es, el Cristo” (Juan 1:41).

“hame enviado á predicar buenas nuevas (bas·ser)á los abatidos” (v. 1c).  En el Antiguo Testamento, bas·ser se suele referir a las buenas noticias de una victoria militar.  El hecho de que éstas son buenas noticias para “los abatidos,” puede sugerir una victoria sobre un opresor.  El Antiguo Testamento usa bas·ser para referirse a la salvación que Yahvé trae a su pueblo (Baker y Carpenter, 170).  Debemos pensar de estos versículos como la salvación de Dios en dos niveles.  En el primero, hablan de Dios liberando a los exiliados de su servidumbre – dándoles la oportunidad de regresar a Jerusalén.  En el segundo nivel, hablan de Dios liberándoles (y liberándonos a nosotros) del pecado.

á vendar á los quebrantados de corazón” (v. 1d).  Fíjese en el verbo.  Solemos decir “consolar a los quebrantados de corazón,” pero aquí dice “vendar á los quebrantados de corazón.”  Vendar va más allá de un consuelo normal y corriente.  Vendar es más como una cirugía del corazón.  Juntar las partes rotas – reparar las roturas.

Esto se refiere al corazón espiritual, claro.  Cuando hablamos de gente con el corazón roto, nos referimos a su espíritu – a las emociones.  Una persona con el corazón roto es una persona que lamenta – que ha perdido la esperanza.  Pero Dios ha enviado al siervo/mesías para reparar los daños – para eliminar la causa de la tristeza – para darle a la persona con el corazón roto razón para tener esperanza de nuevo.

“á publicar (liq·ro) libertad á los cautivos” (v. 1e).  Mientras que la frase quebrantados de corazón se refiere a la condición interna de los afligidos, las palabras cautivos y presos se refieren a su condición externa” (Young, 459).

Estas palabras evocan el Año de Jubileo (Levítico 25:10, 13; 27:24; Jeremías 34:8-10).  Cada séptimo año (año sabático), los israelitas debían permitir que la tierra permaneciera en barbecho y liberar esclavos que eran ambos varones y hebreos.  Era un año de descanso para la tierra, para los animales de trabajo, y para los humanos también (Éxodo 21:1-11; Levítico 25:20-21; Deuteronomio 15:12-18).

Cada cincuenta años (el año que termina siete años de sabático – el Año de Jubileo), los israelitas tenían la oportunidad de redimir cualquier tierra que había sido vendida – la idea era que la tierra le pertenecía a Dios y eran ellos a quienes Dios se la había dado desde el principio.  Cualquier israelita que había sido forzado a la servidumbre debía ser liberado.

Entonces, ambos el año sabático y el Año de Jubileo se dedicaban a la libertad.

“y á los presos abertura de la cárcel” (v. 1f).  Esto estaría muy claro para esta gente judía que tan recientemente ha sido liberada de su largo exilio y permitida regresar a Jerusalén.

“A promulgar (liq·ro) año de la buena voluntad de Jehová” (v. 2a).  “En versículo 1 la proclamación tocó el lado humano – libertad, liberación – pero ahora se concierna con el lado divino” (Motyer, 377).
“Año de la buena voluntad de Jehová” de nuevo evoca el Año de Jubileo – un año dedicado a la libertad.

El siervo/mesías debe proclamar el año de la buena voluntad del Señor – el año cuando los favorecidos pueden esperar recibir bendiciones de Dios.

“y día de venganza del Dios nuestro” (v. 2b).  En este contexto, la palabra “venganza” es desconcertante, ya que todas las otras frases son positivas.  Estos versículos hablan de traer buenas noticias a los oprimidos, de vendar los corazones rotos, y de proclamar libertad para los cautivos.

Pero los babilónicos tenían que decaer para que los israelitas pudieran ser liberados.  Las fuerzas del mal tienen que sufrir una derrota si las fuerzas del bien han de ganar.  En este sentido Dios trae venganza sobre los que se le oponen.

“á consolar á todos los enlutados” (v. 2c).  Como se anota arriba, el siervo/mesías eliminará la causa de su lamentación – traerá esperanza nueva para los que lamentan.

A ordenar á Sión á los enlutados, para darles gloria (pe’er – tocado, turbante, corona de laurel) en lugar de ceniza” (e·per) (v. 3a).  Anote este juego de palabras – pe’er en lugar de e·per – algo de belleza poética que es imposible de reproducir en la traducción.

Los que lamentan harán “cama de saco y de ceniza” (Isaías 58:5) o “(ceñirán) de saco, y (se revolcarán) en ceniza” (Jeremías 6:26) como señal de lamentación.  Pero el siervo/mesías les dará una señal de gloria – un turbante – una corona de laurel – para adornarse la cabeza.  En presencia del siervo/mesías, las cenizas ya no serán apropiadas, porque en presencia del siervo, la lamentación misma será delegada al montón de cenizas.

óleo de gozo en lugar del luto” (v. 3b).  Aceite se usa para cosas comunes como cocinar o pomada para la piel o para las lámparas.  También se usa para cosas especiales como en el perfume o para ungir.  En el templo, el aceite a menudo se mezclaba con mirra u otros aromáticos preciosos.  En presencia del siervo/mesías, la lamentación será reemplazada por el uso festivo de estos óleos.

“manto (ma’ateh – prenda) de alegría en lugar del espíritu angustiado” (v. 3c).  En presencia del siervo/mesías, la gente ya no sentirá timidez ni temor – ya no sentirá debilidad ni impotencia – no querrá quedarse al fondo donde no sea vista – no sentirá la necesidad de llevar prendas sencillas de colores apagados.  En vez, se pondrá prendas alegres – coloridas – prendas que proclaman la alegría de sus corazones y que alaban al que les ha traído esa alegría.

“y serán llamados árboles de justicia” (se·deq) (v. 3d).  Antes, al prevenir a la gente de que sus pecados llevarían a la destrucción, Dios dijo, “Porque seréis como el olmo que se le cae la hoja, y como huerto que le faltan las aguas” (1:30).  Ahora ese capítulo de la historia de Israel ha pasado y la situación se ha invertido.

Esta frase, “árboles de justicia,” es parecida a nuestra frase, “pilares de la iglesia.”  La palabra olmo, como la palabra pilar, implica ambos fuerza y estabilidad.  Ni un árbol ni un pilar parecen hacer mucho más que estar quietos.  Pero el árbol está ahí, de pie, año tras año ante el viento y las tormentas.  Pilares están de pie, día tras día, aguantando el peso del tejado.  Cuando pasamos delante de un árbol o un pilar, lo vemos en el mismo sitio donde lo habíamos visto el día anterior y el año pasado.  Ese tipo de estabilidad nos da tranquilidad.  Nos sentimos seguros en presencia de fuerza y estabilidad.

Los árboles también son bellos.  Como escribió el poeta, Joyce Kilmer:

“Creo que nunca veré
un poema tan bello como un árbol.
Un árbol cuya boca hambrienta se encuentra
contra el pecho que fluye de la dulce tierra;

Un árbol que mira todo el día a Dios,
y alza sus brazos frondosos en oración;
Un árbol que en verano lleva
un nido de petirrojos en su pelo.

Sobre cuyo pecho fue tendida la nieve;
Que vive con la lluvia en intimidad.
Tontos como yo escriben poemas,
tan solo Dios puede crear un árbol.”

Pero éstos no son unos árboles cualquiera, sino árboles de justicia.  Esta gente de Dios (en este versículo los árboles son metáfora del pueblo de Dios) no solo es fuerte y bella, también es justa (se·deq) – un pilar de comportamiento ético – gente que vive de acuerdo con las leyes y la voluntad de Dios.

plantío de Jehová, para gloria suya” (v. 3e).  En el capítulo anterior Dios dijo, “Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme” (60:21).  Este versículo retoma ese tema.

Un jardín bonito refleja la gloria de su jardinero.  También, un pueblo que Dios ha hecho bello refleja la gloria de Dios, que lo hizo así.

“Y edificarán los desiertos antiguos, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades asoladas, los asolamientos de muchas generaciones” (v. 4).  Algunos eruditos juntarían este versículo con versículos 5-7 en lugar de 1-3.

Antes, cuando no parecía existir esperanza alguna para Israel, el profeta dijo, “Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los Caldeos, será como Sodoma y Gomorra, á las que trastornó Dios. Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación” (13:19-20) – y “sus arroyos se tornarán en pez, y su polvo en azufre, y su tierra en pez ardiente… de generación en generación será asolada” (34:9-10).
Mientras se encontraban en la cima de su poder, los babilónicos destruyeron Jerusalén – arrasaron la ciudad.  Su intención era eliminar la posibilidad de que la ciudad se volviera a construir.  Pero ahora el siervo/mesías promete que Israel reconstruirá Jerusalén – la restaurará – le dará vida de nuevo.  La ciudad muerta vivirá de nuevo. ¡Esa es la promesa de Dios!

ISAÍAS 61:5-7. EXTRANJEROS APACENTARÁN VUESTRAS OVEJAS

5Y estarán extranjeros, y apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores. 6Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros del Dios nuestro seréis dichos: comeréis las riquezas de las gentes, y con su gloria seréis sublimes.

7En lugar de vuestra doble confusión, y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doblado, y tendrán perpetuo gozo.

 

Estos versículos no forman parte de la lectura del leccionario, pero el que predica debe estar al tanto de ellos.  Estos versículos contrastan el estatus de los extranjeros con el de Sión-Israel.  Los extranjeros serán siervos de Israel, y de Israel saldrán los sacerdotes del Señor.  El pueblo de Dios, que ha sufrido mucho, regocijará aún más.

ISAÍAS 61:8-11. HARÉ CON ELLOS PACTO PERPETUO

8Porque yo Jehová soy amador del derecho (hebreo: mis·pat), aborrecedor del latrocinio
para holocausto (hebreo: o·lah – injusticia); por tanto afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto(hebreo: berit) perpetuo. 9Y la simiente de ellos será conocida entre las gentes (hebreo: go·yim), y sus renuevos en medio de los pueblos (am·mim); todos los que los vieren, los conocerán, que son simiente bendita de Jehová (yhwh).
10En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestidos de salud, rodeóme de manto de justicia, como á novio me atavió (hebreo: pe’er), y como á novia compuesta de sus joyas. 11Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor Jehová (hebreo: yhwh ado·nai) hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes.

 

“Porque yo Jehová soy amador del derecho (mis·pat), aborrecedor del latrocinio para holocausto” (o·lah – injusticia) (v. 8a).  La palabra o·lah puede significar holocausto en algunos casos, pero aquí el contexto se presta para traducirlo como injusticia.

El que habla ya no es el siervo/mesías, sino Yahvé.

Israel disfrutará de las bendiciones que aparecen en versículos 5-7 (extranjeros de siervos, la riqueza de las naciones) porque ellos han experimentado una doble vergüenza.  Ahora, Israel vivirá una doble porción de alegría.  Esta es la manera en que Dios hace correctas las cosas.

Vale la pena anotar que Israel sufrió su doble porción de vergüenza como resultado de su pecado – su falta de fe en Yahvé.  Pero habiendo infligido un largo y doloroso exilio sobre Israel, Yahvé ahora ha tomado la determinación de redimirla.  Ese había sido el propósito del exilio desde el principio.  Yahvé nunca pretendió destruir a Israel.  Solo quería romper su obstinación – su terca determinación de seguir su propio camino en lugar de confiar en Yahvé.
por tanto afirmaré en verdad su obra” (v. 8b).  Yahvé le dará a Israel su recompensa – su premio – lo que merece.  ¡Más de lo que merece!  Lo que ofrece aquí es pura gracia.

“y haré con ellos pacto (berit) perpetuo” (v. 8c).  Un pacto es un acuerdo entre dos partes.  Básicamente un contrato legal, un pacto suele describir lo que se requiere de cada lado y los beneficios que cada lado podrá disfrutar. Pactos humanos pueden incluir de todo, sea un simple acuerdo entre dos hombres o un acuerdo entre dos o más naciones.  En el mundo antiguo, pactos eran acuerdos legales, y gente que entraba en un pacto lo solía ratificar con un juramento y con sacrificios rituales.

En una relación entre dos lados de poder desigual, el lado más poderoso está en condiciones de determinar (o de ejercer influencia sobre) las condiciones del pacto.  Según esta realidad, Dios siempre inició pactos con personas y estableció sus condiciones.  Sin embargo, no como gran parte de pactos humanos, donde las condiciones favorecen al más poderoso, pactos entre Dios y humanos generalmente eran mucho más generosos hacia los humanos.

El primer pacto lo estableció Dios con Noé, y prometió “no fenecerá ya más toda carne con aguas de diluvio; ni habrá más diluvio para destruir la tierra” (Génesis 6:18; 9:9-15).

El próximo pacto lo inició Dios con Abram.  Dios exigió que Abram dejara sus padres y fuera a la tierra que Dios le enseñara.  A cambio, Dios prometió hacer de Abram una gran nación y bendecirle y hacer de él una bendición para todas las familias de la tierra (Génesis 12:1-3).  Aunque la palabra pacto no se utilizó en ese trato, sí conlleva todas las marcas de un pacto – Dios estableció lo que Abram tendría que hacer y lo que Dios haría por Abram.  Más adelante, Dios pactó con Abram darle la tierra desde el río de Egipto hasta el Río Éufrates (Génesis 15:18).  Aún más tarde, Dios pactó con Abram hacerle padre de multitud de naciones, aunque Abram ya era viejo y no tenía ningún otro hijo que Ismael, su hijo con una mujer esclava.  Como parte de ese pacto, Dios prometió darle a Abram la tierra de Canaán.  Dios requirió que Abram mismo se circuncidara, junto con todo varón de su propiedad, incluyendo sus esclavos (Génesis 17:1-4).

Dios renovó este pacto con Moisés (Éxodo 24) y Josué (Josué 24) y Joiada (2 Reyes 11) y Ezequías (2 Crónicas 29:10) y Josías (2 Reyes 23:3) y David (2 Samuel 7:12-17).

Entonces, cuando Dios determina hacer un pacto eterno con Israel, lo que hace de verdad es renovar la relación pactada que ya había existido durante siglos.

“Y la simiente de ellos será conocida entre las gentes (go·yim), y sus renuevos en medio de los pueblos” (am·mim) (v. 9a).  Esto implica que Israel seguirá siendo una nación distinta – y que el go·yim y el am·mim – las otras naciones del mundo – conocerán su distinción.

todos los que los vieren, los conocerán, que son simiente bendita de Jehová” (yhwh) (v. 9b).  Esto es un gran cambio de versículo 1, en el que se describe al pueblo de Israel como humilde, de corazón roto, y cautivo.  Ahora, el profeta promete que el mundo verá Israel como el bendito de Dios.

Israel será testigo para estos go·yim y am·mim – testigo de que Jehová les ha bendecido.  Entonces las naciones de la tierra se harán cargo de la lealtad de Jehová a través de la existencia y la prosperidad de Israel.

Como quedará claro con la venida del mesías, Jehová no solo ama a Israel sino que ama a todas las naciones y gentes del mundo.  Las promesas y bendiciones del pacto se ampliarán para incluir a estas gentes también.  Pero si el go·yim y el am·mim han de disfrutar de las bendiciones de Yahvé, primero deben llegar a conocer su lealtad para poder abrazarle.

En gran manera me gozaré en Jehová (yhwh), mi alma se alegrará en mi Dios” (v. 10a).  La voz de versículos 8-9 ha sido de Yahvé, pero ahora la voz de este versículo habla de Yahvé en tercera persona.  Esto indica una voz nueva – ¿pero de quién?  ¿Es la voz del siervo mesías, que era la voz de versículos 1-7, o, será la voz de Sión (v. 3) – que bendecirá al Señor?  Aunque no podemos contestar esta pregunta con seguridad, es probable que el que habla sea Sión – Israel – el pueblo de Dios – el que Dios bendecirá.  El pueblo de Israel regocijará en su relación con Yahvé, que se mostrará fiel y generoso.

“porque me vistió de vestidos de salud, rodeóme de manto de justicia, como á novio me atavió(pe’er – tocado, turbante, corona de laurel), y como á novia compuesta de sus joyas” (v. 10b).  La imagen aquí es la de los participantes de una boda, vestidos en bellas prendas de boda y adornados de joyas.  Los que han asistido a una boda en algún momento entienden que prendas como éstas tienen el poder de transformar la apariencia de hombres y mujeres normales y corrientes.  El novio y sus auxiliares, que ayer no hubieran recibido una segunda mirada, ahora se ven guapos.  La novia y sus auxiliares, que ayer eran igualmente normales, adquieren nueva belleza.

En este caso, las prendas que prometen conceder esta belleza sobre Sión son las prendas de la salvación y la justicia.  Estos son los dones de Dios – es imposible comprarlos, aún para la persona más rica.  Confieren una belleza que solo se adquiere a través de una relación con Dios.

“Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente” (v. 11a).  Nosotros, que año tras año presenciamos el milagro de la primavera, nos maravillamos ante la belleza de las hojas cuando empiezan a reponer el color de los árboles – y ante las flores que empiezan a salir de la tierra.  Nuestros corazones se alegran al ver salir los tomates y las judías y el trigo y el maíz – dándonos solo un indicio del cuantioso fruto que es capaz de dar una planta madura – frutos que nos sostendrán a lo largo del año entrante.  Es una temporada de alegría.

“así el Señor Jehová (yhwh ado·nai) hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes” (v. 11b).  Como en la primavera, Dios hará brotar justicia y alabanza en Sión en presencia de las naciones.  La belleza de Sión y el milagro de su justicia y alabanza serán testimonio de la lealtad de Yahvé para las naciones.

ISAÍAS 62:1-3. VERÁN LAS GENTES TU JUSTICIA

1Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no he de parar, hasta que salga como resplandor su justicia (hebreo: sid·qah – de se·deq– justicia), y su salud se encienda como una antorcha. 2Entonces verán las gentes tu justicia (hebreo: sid·qek – de se·deq – justicia), y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. 3Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo.

 

“Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no he de parar, hasta que salga como resplandor su justicia (sid·qah – de se·deq– justicia), y su salud se encienda como una antorcha”(v. 1).  Sión se refiere al monte de Sión donde fue construido Jerusalén.  En este caso, Sión es sinónimo de Jerusalén. “Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no he de parar” es un ejemplo de paralelismo en poesía bíblica – la repetición de un pensamiento de manera diferente.

En su exilio la gente ha acusado a Dios de esconderse (45:15) y de guardar silencio (64:12; véase también 42:14; 57:11; 65:6).  Los exiliados se sentían abandonados por Dios mientras sufrían un largo exilio que parecía no tener fin.  Ese exilio, de hecho, duró casi cincuenta años.  Por eso es fácil ver porque estas personas pensarían que Dios ha guardado silencio cuando podía haber hablado una palabra de redención para liberarles.  No obstante, su exilio tenía un propósito y Yahvé tuvo que esperar hasta que ese propósito se cumpliera.  Ahora eso ha ocurrido y Yahvé promete vindicar a su gente – aclarar su culpa – justificarla – restablecer su buena reputación entre las gentes del mundo.  Esta vindicación será muy visible, como una antorcha o el sol de la madrugada.  Anote estas dos alusiones a la luz, un tema frecuente a lo largo de estos capítulos.

“Entonces verán las gentes tu justicia (sid·qek – de se·deq – justicia), y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (v. 2).  La vindicación del pueblo de Dios será un acto público.  Jehová actuará y las naciones (los gentiles) verán la justicia de su pueblo.  Reyes observarán la gloria del pueblo de Dios, y Jehová le dará a su pueblo un nuevo nombre.

Isaías 60:2b dice, “sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.”  Watts anota que Isaías 62:2 se paralela a este versículo “pero con un giro en dirección contraria.  En Isaías 60:2, estas características fueron prometidas al emperador.  Aquí, se reclaman solo para Jerusalén.  En Isaías 60:2, Jerusalén debía recibir los beneficios del imperio y de sus vecinos.  Aquí, ella misma sale en su búsqueda” (Watts, 881).

En la Biblia los nombres expresan la esencia del carácter de una persona.  Volver a nombrar a una persona implica un cambio significante en su carácter.  Entonces, Abram se convierte en Abraham (Génesis 17:5), Jacob se convierte en Israel (Génesis 32:28), Simón se convierte en Pedro (Mateo 16:18), y Saúl se convierte en Pablo (Hechos 13:9).

Yahvé promete darle a esta gente un nuevo nombre, pero no dice cuál.  “Es el símbolo de una intimidad más estrecha con él y de su consecuente carácter, más santo” (Coffin, The Interpreter’s Bible, 717).

“Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo”(v. 3).  Yahvé concederá sobre el pueblo de Israel los adornos de la realeza – una “corona de gloria” y una “diadema de reino.”  Una diadema es algo que la realeza usa para adornarse la cabeza.

El profeta describe el pueblo restaurado de Dios como una “corona de gloria” y una “diadema de reino” en mano de Dios.  Una diadema es algo que la realeza usa para adornarse la cabeza – quizá una tiara de joyas – como una corona.  Esta es una manera poética de decir que Israel será símbolo de la gloria de Dios y una de las más queridas posesiones de Yahvé.

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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Copyright 2015, Richard Niell Donovan