Hechos 8:26-402017-03-22T04:45:28+00:00

PASAJE BÍBLICO

Hechos 8:26-40

RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller


EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

En el comienzo del Libro de Hechos, Jesús les prometió a los apóstoles, “Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra” (1:8).

Hay que anotar dos cosas:

• Primero, el énfasis tan importante que se pone en el Espíritu Santo a lo largo del Libro de Hechos, especialmente en la historia de Felipe y el eunuco etíope.

• Segundo, el movimiento de la ciudad de Jerusalén – a Judea (provincia donde se encuentra Jerusalén) – a Samaria (provincia adjunta y poco estimada por los de Judea) – hasta “lo último de la tierra.” Me gusta pensar de este movimiento como una serie de círculos concéntricos que van hacia fuera desde el centro. Se refiere al esparcir del Evangelio hacia afuera desde la Ciudad Sagrada – hacia la provincia de Judea – hacia Samaria, provincia adjunta y considerada poco sagrada – hasta “lo último de la tierra,”lugar donde habitan dragones y paganos.

Entonces, en su sermón de Pentecostés, Pedro dice, “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (2:39). Aunque en ese momento Pedro no se diera cuenta de que sus palabras presagiaban el buen recibimiento del Evangelio por parte de gentiles y otros en el margen, sí lo entendería más adelante, después de tener una visión de Dios (10:9-16). Esta visión le animó a darle la bienvenida a Cornelio, centurión romano y gentil, a la fe – incidente en que el Espíritu Santo descendió sobre los gentiles (10:44-48).

El cumplimiento de este movimiento en cuatro partes (Jerusalén, Judea, Samaria, y el mundo) comenzó en Jerusalén con el sermón de Pedro el Día de Pentecostés (capítulo 2). Ese sermón resultó en el bautizo de tres mil personas, muchas que venían de mucho más allá de Jerusalén, de lugares a los que consecuentemente rendirían su testimonio.

El cumplimiento de la promesa de Jesús que el Evangelio llegaría a Samaria y a los fines de la tierra empezó con la misión de Felipe a los Samaritanos (8:4-25) – historia que precede a la de Felipe y el eunuco etíope. Samaria era un pueblo marginalizado – separado de la comunidad judía por su historia y su teología. Pero Felipe fue a Samaria y proclamó allí el Evangelio– y los samaritanos le dieron la bienvenida y respondieron a su mensaje con gran entusiasmo. Los apóstoles en Jerusalén oyeron esto, y mandaron a Pedro y Juan a Samaria. Allí, impusieron sus manos sobre los samaritanos, quienes recibieron el Espíritu Santo. Pedro y Juan regresaron a Jerusalén, predicando el Evangelio en pueblos samaritanos por el camino.

Este contexto es fundamental para entender la historia de Felipe y el eunuco, ya que nos presenta el cumplimiento temprano de la promesa de Jesús de que los apóstoles rendirían testimonio hasta “lo último de la tierra.” La gente de aquel tiempo y lugar pensaba de Etiopía como “lo último de la tierra,” y también consideraba inaceptable a gente como el eunuco etíope por su nacionalidad, raza, y su imperfección (castración).

HECHOS 8:26-31: EMPERO EL ÁNGEL DE SEÑOR HABLÓ Á FELIPE

26Empero el ángel de Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía (griego: kata mesembrian), al camino que desciende de Jerusalén á Gaza, el cual es desierto (griego: eremos).27Entonces él se levantó, y fué: y he aquí un Etíope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etíopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido á adorar á Jerusalén, 28Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías. 29Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro. 30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes (griego: ginoskeis) lo que lees (griego: anaginoskeis)? 31Ydijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.

“Empero el ángel de Señor habló á Felipe” (v. 26a). ¿Es éste Felipe el apóstol (Mateo 10:2-4; Marcos 3:16-19; Lucas 6:14; Hechos 1:13) o el Felipe que estaba entre los siete escogidos para servir las mesas (6:1-6)? Más tarde, Lucas identifica al Felipe que Pablo encuentra en Cesarea como “Felipe el evangelista, el cual era uno de los siete” (21:8). Es probable que el Felipe que encontró el eunuco y que después fue a Cesarea en capítulo 8 sea el mismo Felipe que Pablo encuentra en Cesarea muchos años después en capítulo 21. Entonces, este es Felipe el Evangelista en lugar de Felipe el Apóstol.

Felipe acaba de concluir su misión en Samaria. Ahora Dios envía un ángel para darle sus próximas órdenes.

El ángel es un mensajero de Dios. Esto es lo último que oiremos del ángel en esta historia. El Espíritu se hará cargo de dirigir a Felipe – diciéndole primero que se una a la carroza del eunuco (v. 29) y después llevándoselo al terminar el testimonio de Felipe ante el eunuco (v. 39).

“Levántate y ve hacia el mediodía (kata mesembrian), al camino que desciende de Jerusalén á Gaza” (v. 26b). Kata mesembrian se puede traducir “hacia el sur” o “al mediodía.” Sea cual sea, no afecta el hilo de la historia.

Gaza se encuentra 50 millas (80 kilómetros) al suroeste de Jerusalén, unas 3 millas (5 kilómetros) al este del Mar Mediterráneo. Está cerca de la frontera entre la tierra arable de Israel en el norte y el desierto en el sur.

Jerusalén está en una montaña y Gaza está casi al nivel de mar. Entonces, Jerusalén está unos 2,400 pies (730 metros) más alto que Gaza. El camino que Felipe ha de tomar, literalmente, “desciende de Jerusalén.”

“el cual es desierto” (eremos) (v. 26c). No estamos seguros por qué Lucas llama este lugar un desierto. El Desierto de Sinaí está al sur de Gaza, entonces, el viaje de Felipe entre Jerusalén y Gaza sería mayormente a través de montañas o tierra arable. Quizá esta referencia al desierto se refiere a la carretera donde Felipe encuentra al eunuco – posiblemente en un lugar rodeado de tierra árida.

“Entonces él se levantó, y fue” (v. 27a). Felipe obedece sus órdenes. ¿Qué hubiera pasado si hubiera resistido como hizo Jonás muchos años antes? ¿Le hubiera forzado Dios a obedecer, como hizo con Jonás – o hubiera Dios encontrado a otra persona para cumplir la misión – o no se hubiera llevado a cabo la misión? No podemos saberlo, pero sí sabemos que Dios ha escogido cumplir su misión a través de discípulos fieles – y que nuestra lealtad es importante en el plan de Dios. Felipe es fiel, y eso prepara el camino para el esparcir del Evangelio.

“y he aquí un Etíope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etíopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros” (v. 27b). La Etiopía de los tiempos del Nuevo Testamento era muy diferente a la de Etiopía actual. Estaba en el Río Nilo, en la región de Nubia en el Sudán actual. Su ciudad principal era Meroe. Hoy allí se encuentra una aldea llamada Meroe, a unas 120 millas (200 kilómetros) al norte de la actual Khartoum, y noroeste de la Etiopía actual. Algunos comentarios se refieren al país del eunuco como Meroe. En los tiempos del Antiguo Testamento, la región se conocía como Cush.

Los etíopes pensaban que no era digno del rey tener que ocuparse de detalles administrativos diarios, entonces la reina se convirtió en la regidora de facto. Candace no era nombre propio, sino un título, mucho como el título de Faraón. “Tumbas de varios Candaces se han encontrado en las pirámides cerca de Meroe, datadas ca. 300 a.C. a 300 d.C.” (Myers, 187).

La gente de Etiopía era negra, lo cual les convertía en un objeto curioso – hasta fascinante – para los griegos y romanos.

Un eunuco es un varón castrado. Se debe anotar que existe un debate erudito en cuanto a la pregunta si “eunuco” realmente significaba “castrado.” Sin embargo, el contexto aquí es el ministerio de Felipe hacia los samaritanos y este eunuco extranjero – ambos son ejemplos de gente en el margen. También, concuerda con la costumbre que un eunuco castrado hiciera de tesorero. Es casi seguro que este eunuco fuera un varón castrado.

En aquel tiempo y lugar, a veces castraban a ciertos varones para prepararles para el servicio en el harén del rey o en su tesorería. Un eunuco no sería tentado por las mujeres del rey. Aparentemente, los ancianos también pensaban que sería más difícil tentar a un eunuco con dinero que un hombre común y corriente. Por esto solían reservar para eunucos ciertos trabajos importantes. Este eunuco estaba encargado de la tesorería real de la reina, una responsabilidad acompañada de confianza y poder.

En Israel a los eunucos no se les honraba y se les negaba entrada “en la congregación de Jehová” (Deuteronomio 23:1). Ley levítica negaba a cualquiera que tuviera fallo el derecho de hacerle ofrendas a Dios – y los eunucos se encontraban en ese grupo (Levítico 21:17-21).

y había venido á adorar á Jerusalén” (v. 27c). Algunos eruditos dan por hecho que, porque este hombre vino a Jerusalén a adorar, debería ser prosélito – un converso a la fe judía. Ley judía tiene provisiones para extranjeros que se convierten a la fe judía y que se someten a la circuncisión. Autoriza a cualquiera de estas personas que “quisiere hacer la pascua á Jehová” y que “será como el natural de la tierra” (Éxodo 12:48).

Sin embargo, como se anota arriba, ley judía niega estos derechos específicamente a los eunucos. Entonces, es probable que este hombre no sea prosélito. Seguramente es uno que “teme al Señor” (10:2, 22; 13:16, 26, 43) – no es prosélito – no es circunciso – no disfruta de una plena membrecía a la comunidad judía – pero es uno que, de todos modos, alaba al Dios judío. A los que temen a Dios se les permitía acceso a la Corte de los Gentiles, pero se les negaba acceso al resto del templo.

Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías” (v. 28). El carro puede acomodar por lo menos a dos personas (el eunuco y Felipe), y es probable que el eunuco también tuviera un conductor. La distancia entre Jerusalén y Meroe es de unas 1,600 millas (2,600 kilómetros), dando por hecho que el eunuco sigue el Río Nilo una vez entrado en Egipto. El trayecto requeriría meses de viaje (tres de ida y tres de vuelta a 20 millas diarias, o seis de ida y seis de vuelta a 10 millas diarias, tomando en cuenta el descanso de los sábados). La zona que va de Gaza a Egipto es desértica, entonces el eunuco llevaría agua y provisiones. Sería esencial tener un techo en el carro. Por eso es probable que éste fuera un vehículo más sustancial – una carroza cubierta en lugar de un carro de guerra (Williams, 161).

Ambos carrozas y pergaminos eran caros (antes de la imprenta, todos los documentos eran escritos a mano por escríbanos). El hecho que este hombre viaje en una carroza con un pergamino de Isaías sugiere que es hombre de recursos.

“Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro” (v. 29). Un ángel provocó que Felipe tomara esta carretera, pero ahora el Espíritu se hace cargo y dirige las acciones de Felipe según sea necesario.

“Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías” (v. 30a). El hecho de que Felipe le oyera leer sugiere que el eunuco estaba leyendo en voz alta. Esto era normal cuando se leía en un idioma no nativo. Pronunciar las palabras en voz alta las hacía más fácil de entender.

Cuando Lucas documenta el pasaje de Isaías en versículos 32-33, está claro que estos versículos vienen del Septuagésimo (LXX) – la traducción griega del Antiguo Testamento – y no de la hebrea. Aunque el griego sería más familiar para un etíope que para un hebreo, ninguno de estos idiomas sería el nativo de este eunuco.

“Mas ¿entiendes (ginoskeis) lo que lees (griego: anaginoskeis)?” (v. 30b). Anote el juego de palabras en el griego original.

El hecho de que este eunuco está leyendo del libro de Isaías le da a Felipe una excelente oportunidad – creada por obra del Espíritu. Pero Felipe no se impone sobre el eunuco. Le hace una pregunta y le da la oportunidad de pedir ayuda si la necesita.

Lleva paciencia y fe usar un método tan sutil y respetuoso, pero el Espíritu ha guiado a Felipe hasta aquí. Seguro que el Espíritu no permitirá que se le cierre la puerta ahora. Los que esperan rendir testimonio cristiano a nuestra cultura han de tomar nota.

“¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?” (v. 31a). Lucas mencionó otras situaciones donde fue necesario enseñar para comprender la Escritura. Jesús les explicó la Escritura a sus discípulos (Lucas 24:45), y Pedro se la explicó a la multitud en su sermón el Día de Pentecostés (Hechos 2).

Isaías no es un libro fácil de entender, y este eunuco había sido criado muy lejos de la patria judía. No es sorprendente que necesite ayuda para entenderlo. Aún hoy, leer Isaías sin un profesor o un buen comentario es bastante difícil. Aún hoy necesitamos guías.

“Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él” (v. 31b). Al hacer una pregunta que provocó esta invitación (v. 30b), Felipe se convirtió en invitado en lugar de un intruso no deseado.

HECHOS 8:32-33: Y EL LUGAR DE LA ESCRITURA QUE LEÍA ERA ÉSTE

32Y el lugar de la Escritura que leía, era éste:
Como oveja á la muerte fue llevado;
Y como cordero mudo delante del que le trasquila,
Así no abrió su boca:
33En su humillación su juicio fue quitado:
Mas su generación (griego: genean – descendientes), ¿quién la contará?
Porque es quitada de la tierra su vida.

Esta versión de Isaías 53:7-8 es la del Septuagésimo – parte de la cuarta canción del siervo de Isaías. Las canciones del siervo son Isaías 42:1-4; 49:1-6; 50:4-9; 52:13; 53:12.

Gracias a dos mil años de tradición cristiana, reconocemos inmediatamente estos versículos en referencia a Jesús – su muerte en la cruz – su humillación – su silencio ante los jueces y aquéllos que le atormentaron. Pero este eunuco no tiene el beneficio de dos mil años de tradición cristiana y por eso este pasaje le confunde.

Cuando este pasaje habla de “su genean” – “sus descendientes” – seguramente evocaría una reacción del eunuco, a quien se le ha negado el derecho de procrear. No puede tener ningún descendiente físico.

Aunque nuestra historia no lo menciona, Isaías tiene buenas noticias para eunucos y extranjeros que “guardaren mis sábados, y escogieren lo que yo quiero, y abrazaren mi pacto.” A estas personas Dios les prometió, “Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos é hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá” (Isaías 56:4-5; véase versículos 3-8).

HECHOS 8:34-40: ¿DE QUIÉN EL PROFETA DICE ESTO?

34Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿De sí, ó de otro alguno? 35Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36Y yendo por el camino, llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle (griego: ebaptisen – de baptizo). 39Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe; y no le vio más el eunuco, y se fue por su camino gozoso.40Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á Cesarea.

“Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿De sí, ó de otro alguno?” (v. 34). Esta es la primera pregunta que se le ocurriría a la mayoría de la gente. ¿Habla este profeta de si mismo – o de Israel – o de uno de los profetas – o de un chivo expiatorio – o del mesías? Rabinos debatieron estas preguntas y no pudieron llegar a un acuerdo en cuanto a este texto. No es sorprendente que el eunuco esté confundido.

“Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (v. 35). Felipe le podría haber proclamado el Evangelio a este eunuco empezando con cualquier texto de las Escrituras hebreas, pero estos versículos le proveen un comienzo particularmente bueno – obra del Espíritu, sin duda.

“Y yendo por el camino, llegaron á cierta agua” (v. 36a). Algunos comentarios dicen que era agua corriente, pero el griego solo dice hudor – agua.

“y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” (v. 36b). Al eunuco no se le ha permitido participar en ritos sagrados (incluyendo el bautismo prosélito) por su defecto físico (castración). Entonces, su pregunta puede mostrar no solo el deseo de ser bautizado, pero también su preocupación de que se le prohíba participar de nuevo.

Lucas no relata lo que Felipe le dijo al eunuco, pero basándonos en la respuesta del eunuco podemos inferir que Felipe le habló del bautismo cristiano – de su significado y la necesidad del eunuco de ser bautizado.

Esta zona sería árida (aunque no se trate necesariamente de un desierto). No es una simple casualidad que se encuentre agua en ese momento. El Espíritu está involucrado aquí también.

HECHOS 8:37: 

La mayoría de las traducciones omiten versículo 37 porque no se encuentra en los manuscritos más fiables. Aparentemente un escriba más tarde se preocupó por la omisión de la confesión de fe del eunuco, y la añadió. Versículo 37 dice, “Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.”
“Y mandó parar el carro” (v. 38a). El eunuco es el que manda parar el carro. Es él que ha estado hablando, y es su carro para mandar.

“y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle” (ebaptisen – de baptizo) (v. 38b). La palabra baptizo implica inmersión. Esto y el hecho de que ambos descendieran al agua indica que fue un bautizo de inmersión.

“Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe” (v. 39a). Felipe ha cumplido con su trabajo y el Espíritu se lo lleva para que cupla su próxima obra.

Esta escena nos recuerda a Elías, quien “subió al cielo en un torbellino” (2 Reyes 2:11).

y no le vio más el eunuco, y se fue por su camino gozoso” (v. 39b). Para un hombre a quien siempre se le ha negado la oportunidad de participar plenamente en su comunidad de fe, este bautismo sería causa de gran alegría.

El Nuevo Testamento no nos dice nada más de este eunuco. Ireneo y Eusebio relataron que el eunuco se hizo misionario en Etiopía – y tiene sentido que allí proveyera testimonio activo. De todos modos, no podemos confirmar lo que hizo el eunuco después de separarse de Felipe.

“Felipe empero se halló en Azoto” (v. 40a). El Espíritu llevó Felipe a Azoto – otro nombre en el Antiguo Testamento para la ciudad de Ashdod. Azoto se encontraba cerca del Mediterráneo, 22 millas (35 kilómetros) al norte de Gaza.

“y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á Cesarea” (v. 40b). Cesarea es el destino final de Felipe. Se encuentra en la costa del Mar Mediterráneo 65 millas (105 kilómetros) al norte de Azoto. Lucas no nos dice si viajó lenta o rápidamente por la costa, pero sí nos dice que Felipe proclamó el Evangelio en todas las comunidades por el camino.

Lucas nos contará un incidente más de la vida de Felipe. Veinte años después, Pablo viajará por Cesarea, y se quedará con Felipe y su familia. Lucas nos dice que cuatro de las hijas que permanecieron solteras recibieron el don de profetizar. Después Pablo viajará a Jerusalén, acompañado por algunos discípulos de Cesarea. Lucas no nos dice si Felipe es uno de ellos (21:7-16).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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