Hechos 2:14a, 22-322017-03-22T04:45:28+00:00

PASAJE BÍBLICO

Hechos 2:14a, 22-32

RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

Para ver una introducción a Hechos 2, véase la exégesis de Hechos 2:1-21.

La lectura de este domingo es parte del sermón de Pedro el Día de Pentecostés, y aparece en medio del sermón. Versículos 14-21 (la primera parte) interpretan el hablar en lenguas de Pentecostés según una cita del profeta Joel. Versículos 22-32 (el texto de este domingo) presentan el kerygma (palabra griega que se refiere a la proclamación de las Buenas Noticias de Cristo). Versículos 33-36 (la última parte del sermón de Pedro) presentan la relación entre la venida del Espíritu y las Buenas Noticias de Jesucristo (Chance, 51).

HECHOS 2:14a: PEDRO ALZÓ SU VOZ Y HABLÓLES

14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo…

Después de la muerte de Judas, oímos “los once” (Lucas 24:33), pero con la inclusión de Matías los once se convirtieron de nuevo en doce (1:26). “Pedro, poniéndose en pie con los once” se refiere a Pedro más los once apóstoles.

Es interesante que Pedro sea quien predique aquí. Hacía solo siete semanas que negó a Cristo tres veces (Lucas 22:56-62). Durante esas siete semanas, Pedro y los demás discípulos fueron transformados por sus encuentros con el Cristo resucitado. Ahora en Jerusalén, Pedro y los discípulos son llenados del Espíritu Santo. El Espíritu es la fuerza detrás de este sermón. El Espíritu es responsable por la asombrosa respuesta de la multitud.

HECHOS 2:22-24: JESÚS, VARÓN APROBADO DE DIOS ENTRE VOSOTROS

22Varones Israelitas (griego: Andres Israelitai – hombres, israelitas), oíd estas palabras: Jesús Nazareno(griego: ton Nazoraion – el nazareno), varón aprobado (griego: apodedeigmenon) de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis; 23A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole; 24Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte (griego: lusas tas odinas tou thanatou), por cuanto era imposible ser detenido de ella.

“Varones Israelitas (Andres Israelitai – hombres, israelitas), oíd estas palabras: Jesús Nazareno”(ton Nazoraion – el nazareno) (v. 22a). Pedro va inmediatamente al grano del sermón – Jesús. Los que escuchan a Pedro sabían de Jesús. Estuvieran presentes o no entre aquéllos que le habían visto enseñar y sanar, sí habían oído de él. Es casi seguro que muchos de los que estaban en esta gran multitud de Jerusalén se habían encontrado personalmente con Jesús en algún momento durante su ministerio. Puede que algunos de ellos también hubieran presenciado su crucifixión.

“varón aprobado (apodedeigmenon) de Dios entre vosotros” (v. 22b). Esta palabra,apodedeigmenon, es el centro de este versículo. Puede significar “atestiguar,” “demostrar,” “acreditar,” o “probar.” Dios es quien testifica de Jesús – el que demuestra que Jesús actúa según el poder de Dios – el que prueba que Jesús comparte la naturaleza de Dios.

“en maravillas y prodigios y señales” (v. 22c). Dios atestiguó de Jesús con maravillas, prodigios, y señales. Dios pretendía que estas maravillas, prodigios, y señales hicieran más que captar la atención de la gente. Cuando Jesús sanó a un hombre ciego o a una mujer con una hemorragia, Dios pretendía que aquéllos que lo vieran reconocieran que Jesús actuaba según el poder de Dios. Jesús no hizo estas maravillas, prodigios, y señales para asombrar. Estas maravillas fueron inspiradas por Dios y hechas a través de él para mostrar a todos que las vieran que Jesús obraba por medio de su poder – que Jesús compartía una relación con Dios que le permitía hacer milagros. Es como si Dios le hubiera dado a Jesús su sello de aprobación, designándole como su hombre especial.

“que Dios hizo por él en medio de vosotros” (v. 22d). Jesús no actuaba solo al hacer estas obras de poder. Es más, esta parte del versículo presenta a Dios como actor y Jesús como su agente.

Cuando Dios llevó a cabo estas obras, no lo hizo en silencio o a escondidas. En la mayor parte de los casos, Dios hizo grandes obras a través de Jesús ante multitudes. Los que estaban en las multitudes pasaban palabra de lo que habían visto, haciendo aún más grandes las multitudes. Cuando Jesús sanó a una persona en un lugar aislado, esa persona también se convirtió en testigo de la fuerza de Dios presente en las obras de Jesús. Los amigos de ese testigo verían el cambio en su vida, convirtiéndose ellos en testigos también. Palabra de las obras de Jesús se esparcía como un incendio.

Lucas, autor del libro de Hechos, también escribió el Evangelio de Lucas. Este Evangelio incluye varios relatos de Jesús enseñando con autoridad (Lucas 4:32, 36) y sanando (Lucas 4:31-41; 5:12-26; 6:6-11, 18-19; 7:1-17; etcétera).

“como también vosotros sabéis” (v. 22e). Pedro no soltará fácilmente a sus oyentes. Les recuerda que ellos entienden muy bien lo que él dice cuando habla de “maravillas, prodigios, y señales.” Muchos de ellos han presenciado estas cosas y todos han oído de ellas. No debe haber motivo por el que dudar que Dios estuviera detrás de las obras maravillosas de Jesús.

“A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios” (v. 23a). Como ocurrió en el versículo anterior, aquí también Dios es el actor principal. Dios entregó Jesús al pueblo de Israel. Dios sabía lo que pasaría. Estaba en su plan. La crucifixión de Jesús no es ningún accidente histórico. No solo lo planeó Dios, pero los profetas también lo predijeron (Lucas 18:31; 24:25-26, 46).

Sin embargo, a pesar de las señales proféticas que anunciaban la crucifixión, al pueblo judío le tomó por sorpresa. No sorprendió que sus líderes mandaran crucificar a Jesús, porque podían ver como provocaba con sus palabras y obras. Lo que sí sorprendió al pueblo judío no era que Jesús fuera crucificado, sino que el mesías fuera crucificado. En su mente, la crucifixión eliminó cualquier duda de que Jesús podría haber sido el mesías. Mientras Pedro predica en este sermón, necesita ayudar a esta multitud a entender que la crucifixión fue plan de Dios – que sí, el mesías fue crucificado.

Con este versículo surge la cuestión de responsabilidad por la muerte de Jesús. Si Jesús murió según el plan de Dios, ¿elimina la culpa de los que llevaron a cabo la crucifixión? La respuesta es “¡No!” El plan divino “no disminuye la culpa de quienes causaron su muerte o de los que cumplieron la sentencia; pero sí abre el camino del perdón y la eliminación de su culpa. No obstante, Pedro no menciona esto hasta que sus oyentes queden verdaderamente acosados por el pecado (Bruce, 64).

“prendisteis y matasteis” (v. 23b). Lucas es autor de ambos Hechos de los Apóstoles y de un Evangelio. En el Evangelio de Lucas, el pueblo judío llevaba la mayoría de la culpa en la muerte de Jesús. Fueron los príncipes de los sacerdotes, los oficiales del templo, y los ancianos los que le arrestaron (Lucas 22:52). Fueron los miembros del Sanedrín (grupo de magistrales judíos) que entregaron Jesús a Pilato y que le acusaron falsamente (Lucas 22:66 – 23:2). Cuando Pilato dijo “Ninguna culpa hallo en este hombre,” fueron estos mismos líderes judíos los que insistieron en castigar a Jesús (Lucas 23:4). Cuando Pilato envió Jesús a Herodes, “estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía” (Lucas 23:10). Cuando Herodes mandó Jesús a Pilato de nuevo, éste ofreció soltar a Jesús – pero todos (los príncipes de los sacerdotes, los magistrados, y la gente – Lucas 23:13) gritaron, “Quita á éste, y suéltanos á Barrabás” (Lucas 23:18) – insistiéndole a Pilato que crucificara a Jesús (Lucas 23:21-23). En resumen, los líderes judíos causaron la crucifixión pero el pueblo judío también fue cómplice.

“por manos de los inicuos, crucificándole” (v. 23c). Los “inicuos” eran los soldados romanos – los que llevaron a cabo la crucifixión. Fueron manos romanas las que clavaron Jesús a la cruz. Fueron soldados romanos los que se burlaron de él diciendo, “Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo” (Lucas 23:37). Pero estos soldados simplemente estaban cumpliendo la voluntad del pueblo judío que había presionado a sus autoridades para crucificar a Jesús.

“Al cual Dios levantó” (v. 24a). De nuevo, Dios es el actor principal. Jesús no se levantó de la muerte solo. Dios le levantó. Dios le liberó de la muerte. Humanos lo mataron, esperando que ésa fuera la última palabra. No obstante, Dios le levantó para que la última palabra no fuera la muerte sino la resurrección.

No se pierda esto. Dios estaba detrás de lo ocurrido. A través de “maravillas, prodigios, y señales” (v. 22). Dios dejó claro que Jesús actuaba con la fuerza de Dios. Era plan de Dios que Jesús muriera crucificado (v. 23). Después de la crucifixión, Dios levantó a Jesús de la muerte (v. 24a).

“sueltos los dolores de la muerte” (lusas tas odinas tou thanatou – habiendo aflojado los dolores del parto) (v. 24a). Este versículo se refiere a Salmo 18:4-6, donde el Salmista habla de “los lazos de muerte” que le entrelazan a él con Dios, contestando su clamor por descanso.

La palabra griega, odinas, generalmente se refiere a dolores de parto. Sin embargo, el equivalente en hebreo puede significar “dolores de parto” o “lazos.” Aquí puede que “lazos” sea mejor traducción, ya que tiene más sentido en este contexto y capta el significado de Salmo 18:5 con más exactitud (Chance, 55; Williams, 51).

por cuanto era imposible ser detenido de ella” (v. 24c). “El abismo no puede contener al Redentor más que una mujer embarazada puede contener al niño dentro de su vientre” (G. Bertram, citado en Fernando, 103).

HECHOS 2:25-28: PORQUE DAVID DICE DE ÉL

25Porque David dice de él:

Veía al Señor siempre delante de mí:
Porque está á mi diestra, no seré conmovido.
26Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua;
Y aun mi carne descansará en esperanza;
27Que no dejarás mi alma en el infierno,
Ni darás á tu Santo que vea corrupción (diaphthoran – corrosión).
28Hicísteme notorios los caminos de la vida;
Me henchirás de gozo con tu presencia.

Versículos 25b-28 citan Salmo 16:8-11 tal como aparece en el Septuagésimo (versión griega de las escrituras hebreas). Este Salmo parece una declaración del Salmista, quien dice que el mantener al Señor siempre por delante le asegura la ayuda del Señor – incluyendo el alivio del infierno, el lugar de los muertos.

Pedro da por hecho que David es autor de Salmo 16 y, en aquel entonces, el pueblo judío estaría de acuerdo.

“Que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu Santo que vea corrupción (diaphthoran – corrosión) (v. 27). Este versículo (que cita Salmo 16:10) es clave para entender bien el argumento de Pedro, que se desarrolla en versículos 29-31.

El infierno se entiende como el lugar donde los injustos sufren castigo. El Salmista desea que Dios no le abandone en el infierno ni que permita corromperse su cuerpo.

HECHOS 2:29-31: DAVID HABLÓ DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

29Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy. 30Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono; 31Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción.

“Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy” (v. 29). El primer tema del argumento de Pedro es que David (autor de Salmo 16) no podía estar hablando de sí mismo cuando dijo que Dios no le abandonará al infierno o dejará corromper su cuerpo. David murió – todos lo saben. Su muerte se relata en 1 Reyes 2:10, donde dice, “Y David durmió con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David.” Los que oyen a Pedro – la gente de Jerusalén – sabían exactamente donde estaba enterrado David. Muchos de ellos habrían visitado su tumba.

“Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono” (v. 30). El segundo tema es que el Señor prometió subir al trono a uno de los hijos de David. Esa promesa aparece en Salmo 132:11.

“Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción” (v. 31). El último tema de Pedro es que, en Salmo 16, David no decía que el Señor le perdonó la muerte. En vez, David hablaba de su hijo, a quien el Señor prometió el trono de Israel. Pedro lo interpreta de manera mesiánica y concluye que fue Jesús, el mesías, de quien David hablaba cuando dijo que no sería abandonado al infierno y cuya carne no se corrompería.

Pedro no utiliza Salmo 16 para hablar de la resurrección de Jesús (eso lo hace en el próximo versículo). Utiliza Salmo 16 para mostrar que el mesías será levantado de la muerte.

HECHOS 2:32: DE LO CUAL TODOS NOSOTROS SOMOS TESTIGOS

32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Esto prueba la resurrección. Los apóstoles han visto al Cristo resucitado. Lucas incluye varias de estas apariciones. Jesús apareció ante los dos discípulos camino a Emmaús (Lucas 24:13-32) – y ante Pedro (Lucas 24:34) – y los discípulos (Lucas 24:36-43). Jesús comió un pedazo de pescado con los discípulos (Lucas 24:42-43). Más apariencias se relatan en Mateo 28:18-20; Juan 20:21-22; 21:15-17; 1 Corintios 15:5. Era importante que los apóstoles fueran testigos de la resurrección para poder atestiguar de ella.

Pedro y los apóstoles son testigos creíbles de la resurrección:

• Por un lado, los apóstoles sabían que su Señor había sido crucificado. Por eso, gente esperaba que ellos tuvieran miedo o que se escondieran. De hecho, eso es lo que había ocurrido hasta que vieron al Cristo resucitado. Ahora, los residentes de Jerusalén ven apóstoles energéticos y sin miedo, que proclaman públicamente la resurrección de Jesús en la misma ciudad le habían matado hacía solo pocas semanas. El valor que demuestran en este ambiente peligroso es, en sí, gran testimonio de la verdad de su proclamación.

• Otra cosa es que estos residentes de Jerusalén acaban de ver y oír “maravillas, prodigios, y señales” (v. 22). Han oído “un estruendo del cielo como de un viento recio que corría” (2:2). Han visto lenguas de fuego bajar y posar sobre los apóstoles (2:3). Han oído a los apóstoles “hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen” (2:4). Judíos de muchas naciones estaban en Jerusalén durante Pentecostés, y “cada uno les oía hablar su propia lengua” (2:6). Estas cosas no eran simples trucos entretenidos. Eran señales que mostraban al pueblo de Jerusalén que los apóstoles eran auténticos agentes de Dios.

Entonces la gente que escucha a Pedro tiene buen motivo para creerle cuando dice que los apóstoles han visto al Cristo resucitado.

HECHOS 2:33-35:

El leccionario tiene cuatro lecturas de Hechos 2 que cubren el capítulo entero con excepción (curiosamente) de versículos 33-35. Versículo 33 habla de Jesús “levantado por la diestra de Dios” y siendo el que “ha derramado esto que vosotros veis y oís” (refiriéndose a los milagros que la multitud presenció en Pentecostés). Versículos 34-35 dicen lo siguiente:

“Porque David no subió á los cielos;
empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor:
Siéntate á mi diestra,
Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies.”

Estos dos versículos citan Salmo 110:1, que el pueblo judío atribuía a David. Mientras predicaba en el templo, Jesús citó Salmo 110:1 y después dijo, “Dijo el Señor á mi Señor” (Marcos 12:36). En su sermón de Pentecostés, Pedro utiliza Salmo 110:1 para mostrar que el mesías sobrepasa al gran Rey David en el panteón celestial – que Dios invitó al mesías a sentarse a su derecha – que Dios hizo Señor al mesías – y que Jesús es el mesías.

Los escritores del Nuevo Testamento se refieren frecuentemente a Salmo 110:1 para mostrar el Señorío de Jesús (1 Corintios 15:25; Hebreos 1:13; 10:13; cf. Romanos 8:34; Efesios 1:20, 22; Colosos 3:1; Hebreos 1:3; 8:1; 10:12; 12:2; 1 Pedro 3:22).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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www.sermonwriter.com

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