Hechos 19:1-72017-03-22T04:45:26+00:00

PASAJE BÍBLICO

Hechos 19:1-7

RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller


EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

La historia que precede (18:24-28) se relaciona a ésta. Habla de Apolos, que enseñaba “solamente en el bautismo de Juan” (18:25). Priscila y Aquila “le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios” (18:26).

Ambas historias “muestran preocupación en cuanto a la relación entre el Cristianismo y una forma imperfecta de la fe – ‘el bautismo de Juan’” (Williams, 328).

HECHOS 19:1: PABLO VINO Á EFESO, HALLANDO CIERTOS DISCÍPULOS

1Y aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino á Efeso, y hallando ciertos discípulos.

“Y aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto” (v. 1a). Lucas nos acaba de contar casi todo lo que sabemos de Apolos (18:24-28). Era un judío de Alejandría que vino a Efeso – elocuente y lleno de entusiasmo. Era bien instruido en las escrituras, y “hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan” (18:25). Los discípulos que le acompañaban, Priscila y Aquila, “le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios” (18:26). Pablo menciona varias veces a Apolos y es aparente que era un discípulo importante (1 Corintios 1:12; 3:4-6, 22; 4:6; 16:12; Tito 3:13).

“Pablo, andadas las regiones superiores, vino á Efeso” (v. 1b). Efeso es un puerto de mar importante en la provincia de Asia (la Turquía actual) – al otro lado del Mar Ageo al este de Grecia.

Pablo visitó Efeso durante su Segundo Viaje de Misionero, acompañado de Priscila y Aquila (18:19-28). Fue una visita corta, aunque los judíos efesios le pidieron quedarse más tiempo (18:20). Pero Pablo dejó a Priscila y Aquila en Efeso (18:19) y prometió regresar, “queriendo Dios” (18:21).

Ahora tenemos el relato de ese regreso. Es el Tercer Viaje de Misionero de Pablo. Permaneció en Efeso tres años (20:31). Durante dos de esos años, ensenó a diario en el salón de discursos de Tyranno (19:8-10). Allí fundó una iglesia y escribió su primera epístola a la iglesia corintia (1 Corintios 16:8-9). La iglesia efesia es una de siete iglesias incluidas en el libro de Revelaciones (Revelaciones 2:1-7)

y hallando ciertos discípulos” (v. 1c). ¿Son estos discípulos de Jesús o de Juan? El texto no especifica y hay algún debate académico acerca del tema. Está claro que fueron bautizados solo con el bautizo de Juan (v. 3), pero por la pregunta de Pablo, “¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis?” (v. 2) parece que Pablo les trata como si fueran creyentes de Jesús – discípulos de Jesús.

HECHOS 19:2-4: ¿HABÉIS RECIBIDO EL ESPÍRITU SANTO?

2Díjoles: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo. 3Entonces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan. 4Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo.

“¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis?” (v. 2a). ¿Por qué hace Pablo esta pregunta? No es una pregunta rutinaria que les hace a creyentes por dondequiera que vaya. Debía haber notado alguna deficiencia en estos creyentes efesios que le impulsó la pregunta.

Hemos leído del Espíritu Santo desde el principio del libro de Hechos (1:2). Jesús prometió, “seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos” (1:5), y “recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros” (1:8). Esta promesa fue cumplida el Día de Pentecostés, cuando los apóstoles “fueron todos llenos del Espíritu Santo” (2:4; véase también 2:33, 38; 4:8, 25, 31; 5:32; 6:5, etcétera). La mención frecuente del Espíritu nos recuerda una y otra vez de la importancia del Espíritu en apoyar la obra de los apóstoles y de la temprana iglesia. El Espíritu es igual de importante en la iglesia de hoy ya que nos trae el poder de Dios. Sin el Espíritu, podemos tener bancos llenos de gente en nuestras iglesias y cofres que rebosan de donativos – pero para tener cualquier fuerza espiritual, debemos funcionar con la fuerza del Espíritu.

En su sermón de Pentecostés, Pedro le dijo a la multitud, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu

Santo” (2:38) – entonces, el don del Espíritu Santo está ligado al bautizo. Hechos 2:38 y 19:1-7 sugieren que el don del Espíritu Santo generalmente depende del bautizo. Sin embargo:

• Un grupo de gentiles recibió el Espíritu Santo antes de ser bautizados. Pedro bautizó a estas personas poco después de que hubieran recibido el Espíritu Santo (10:44-48).

• Pablo recibió el Espíritu Santo cuando Ananías le puso las manos encima. “Y levantándose, fue bautizado” (9:17-18).

“Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo” (v. 2b). Como Apolos, (18:25), el entendimiento de estos creyentes es careciente. Apolos solo conocía el bautismo de Juan hasta que Priscila y Aquila se lo llevaron aparte para hablarle del Camino de Dios. Estos creyentes efesios no saben nada del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo fue parte del mensaje cristiano desde el comienzo. Juan Bautista dijo “mas viene quien es más poderoso que yo – él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16). Eruditos se preguntan cómo es que estos creyentes efesios no habían oído hablar del Espíritu (Polhill, 399; Bock, 599). No obstante, parece un salto de fe innecesario dar por hecho que porque Juan enseñó del Espíritu, estos creyentes saben del Espíritu. Ellos claman no haber oído del Espíritu Santo, y eso lo acepto como es.

Entonces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan” (v. 3). Juan Bautista “vino por toda la tierra alrededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados” (Lucas 3:3). Judíos bautizaban rutinariamente a otros judíos prosélitos, pero Juan era algo inusual en que bautizaba judíos – algo que gran parte del pueblo judío creía innecesario para cualquier judío. Juan dijo que preparaba el camino del Señor (Lucas 3:4) y que “verá toda toda carne la salvación de Dios” (Lucas 3:6).

Juan dejó claro con sus seguidores que él no era el mesías, pero que le preparaba el camino. Dijo, “Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).

Bajo instigación de su esposa y su hija, Herodes ejecutó a Juan (Lucas 9:7-9; Marcos 6:14-29). Los discípulos de Juan enterraron su cuerpo (Mateo 14:12). Algunos de sus discípulos, pero no todos, se hicieron discípulos de Jesús (Juan 1:35-42; Hechos 18:24-26). “La insistencia en Juan 1:20; 3:28 de que él no era el mesías, pero que sí encaminaba hombres hacia Jesús indica que, al escribirse el Cuarto Evangelio, seguramente en la última parte del Primer Siglo d.C., el movimiento de Juan aún continuaba, particularmente en Asia Menor, y algunos de sus seguidores clamaban que Juan era el líder mesiánico prometido (Filson, ISBE, II-1110).

“Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento” (v. 4a). Pablo explica que aunque el bautizo de Juan era bueno, seguía siendo un bautizo preliminar e incompleto. Era un bautizo de arrepentimiento, que continúa siendo un aspecto importante del bautizo cristiano (2:38). Pero Pablo inició esta conversación preguntando si habían recibido el Espíritu Santo, el cual no habían recibido (v. 2). Este versículo no implica que Pablo esté diciendo que necesitan ser bautizados de nuevo para poder recibir el Espíritu Santo. No obstante, por el contexto se puede inferir que sí lo hace.

“diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo” (v. 4b). Pablo enfatiza que Juan siempre señalaba hacia Jesús. Por muy grande que fuera Juan, sigue siendo subordinado a Jesús en todas las maneras (Lucas 3:15).

Mucho ha pasado desde el tiempo en que Juan bautizaba. Juan ha muerto y Jesús ha pasado por el ciclo de la muerte, la resurrección, y la ascensión. Ahora es el momento para que estos discípulos (sean discípulos de Juan o de Jesús) completen su aprendizaje y su discipulado. Entre otras cosas, esto significa experimentar el bautizo cristiano y recibir el Espíritu Santo.

HECHOS 19:5-7: FUERON BAUTIZADOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS

5Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. 7Y eran en todos como unos doce hombres.

“Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús” (v. 5). Esta es la única vez que se documenta un bautizo repetido en el Nuevo Testamento. “Los mismos apóstoles (o muchos de ellos) parecen haber recibido el bautizo de Juan, pero para ellos nunca surgió el tema de ser bautizado de nuevo. Seguramente, el don del Espíritu Santo en Pentecostés transformó el significado inicial del bautizo (que ya habían recibido) a uno más completo con el bautizo cristiano. De manera parecida, no se sugiere que a Apolos se le requiriera ser bautizado de nuevo después de haber recibido el bautizo de Juan. Él sabía que su experiencia con el Espíritu hubiera rendido innecesario este requisito. Pero los discípulos efesios nunca han tenido una experiencia así con el Espíritu” (Bruce, 364).

En la Gran Comisión, Jesús mandó a sus discípulos que bautizaran “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19) y esta fórmula de tres partes se utiliza en la mayoría de las iglesias hoy. Pero Pablo bautiza a estos discípulos efesios “en el nombre del Señor Jesús.” Hay otras dos ocasiones en Hechos donde gente fue bautizada en el nombre de Jesús (2:38; 10:48).

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo” (v. 6a). Esta gente recibe el Espíritu Santo, no al ser bautizados, sino cuando Pablo pone sus manos sobre ellos después del bautizo. Antes, “(Pedro y Juan) les impusieron las manos (a un grupo de samaritanos), y recibieron el Espíritu Santo” (8:17). Pero no había una fórmula estándar:

• En el Día de Pentecostés, los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo sin ninguna mención del bautizo (2:4).

• Pedro clamó a la multitud que se arrepintiera y fuera bautizada para recibir el don del Espíritu Santo (2:38).

• Hay dos casos en que gente fue bautizada sin ninguna mención del Espíritu Santo (8:12-13, 38-39).

• Entonces Lucas nos relata un caso en que “el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón” (incluyendo gentiles) – y fue entonces que esta gente que había recibido el Espíritu Santo fue bautizada (10:44-48).

“y hablaban en lenguas, y profetizaban” (v. 6b). El hablar en lenguas y profetizar son dos manifestaciones del Espíritu. En el Día de Pentecostés, los apóstoles “fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen” (2:4). Ese mismo día, Pedro citó al profeta Joel, diciendo, “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán” y “en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán” (2:17-18).

Y eran en todos como unos doce hombres” (v. 7). Eruditos difieren acerca de este número. La mayoría de ellos cree que el número no tiene ningún significado especial, pero algunos piensan que el número doce se refiere a las doce tribus de Israel. Sin embargo, si ése fuera el caso, es probable que Lucas hubiera dicho que había doce de ellos en lugar de decir que eran como unos doce hombres. La incertidumbre del número no nos permite extraer cualquier simbolismo.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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Walaskay, Paul W., Westminster Bible Companion: Acts (Louisville: Westminster John Knox Press, 1998)

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Willimon, William H., Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching: Acts (Atlanta: John Knox Press, 1988)

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