Génesis 3:8-152017-03-22T04:45:56+00:00

PASAJE BÍBLICO

Génesis 3:8-15

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

GÉNESIS 2:4b – 3:24: EL CONTEXTO

Nuestra lectura sigue la historia de la creación del mundo y del hombre (2:4b-14) – las instrucciones de Dios al hombre acerca de los árboles de los que puede y no puede comer (2:15-18) – la creación de la mujer como ayuda y compañía para el hombre (2:18-24) – y la decisión de la mujer y del hombre de comer la fruta prohibida (3:1-7).

Nuestra lectura comienza después tomar lugar el pecado e incluye la confrontación entre Dios y la pareja (3:8-13) y el maldecir de la serpiente por haber tentado a la mujer (3:14-15). Termina ahí – en medio de un pasaje donde el Señor relata las consecuencias del pecado para:

• la serpiente (vv. 14-15)

• la mujer (v. 16)

• el hombre (vv. 17-19)

Entonces, la lectura del leccionario incluye las consecuencias para la serpiente (3:14-15) pero no las consecuencias para la mujer y el hombre (3:16-19).

La decisión de no incluir versículos 3:16-19 es incomprensible. Solo podemos imaginar que fue tomada por un comité cansado y rendido ante la insistencia de uno de sus miembros más exigentes. Por lo menos debemos incluir versículos 16-19 en esta lectura – y también debemos considerar la inclusión de versículos 20-24, que forman la conclusión apropiada de esta historia.

Versículos 3:1-7 se incluyen en el RCL (Revised Common Lectionary) como la lectura de Pascua 1A. Versículos 3:16-24 no aparecen en ninguna parte del RCL.

Anote el orden en que el autor presenta los tres personajes en este pequeño drama:

• La tentación y el pecado (vv. 1-7): Serpiente/mujer/hombre.

• La confrontación (vv. 8-13): Hombre/mujer (no hay serpiente).

• Las consecuencias (vv. 14-19): Serpiente/mujer/hombre.

Aún otra razón por la unión de versículos 1-19 es el mantener su integridad literaria.

GÉNESIS 3:8-13. OYERON LA VOZ DE JEHOVÁ DIOS

8Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 9Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme. 11Y díjole: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. 13Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día” (v. 8a). Esto tiene un sonido bonito – Jehová Dios caminando en el huerto al aire del día – con una brisa fresca y agradable. La tarde del día es una hora especial en el clima mediterráneo – “cuando la brisa del mar entra para reemplazar el aire caluroso que sube de la tierra al final del día” (Towner, 46).

Huertos tienen una belleza silenciosa que nos calma, y caminar entre su belleza nos relaja. El sonido del Señor Dios caminando por el huerto ha de ser agradable para el hombre y la mujer, ya que fue el Señor Dios que les instaló en ese ambiente agradable – el que proveyó por ellos con tanta generosidad. Génesis incluye la frase, “caminó con Dios,” tres veces (5:22, 24; 6:9 – véase también 17:1; 24:40) – expresando cada vez una opinión favorable de una persona como Dios.

Pero versículos 1-7 nos hablaron de tentación y pecado, y por eso podemos percibir una corriente ominosa detrás de estas palabras bellas y calladas.

“y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (v. 8b). La presencia de Dios causa miedo en lugar de alegría para aquéllos cuyas conciencias les acusan de pecado. En este caso, “el hombre y mujer que tanto querían ser ‘como Dios,’ en lugar de haber logrado el estatus de deidad, sienten miedo de convivir con él” (Mathews, 239).

El hombre y la mujer se esconden de Dios “entre los árboles del huerto” – entre los árboles que Dios les proveyó para que pudieran comer libremente de su fruto (2:16). Ahora, el hombre y la mujer utilizan el regalo de Dios como una barrera para separarse de Dios.

“Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” (v. 9). “Generalmente, las narrativas hebreas solo tienen dos actores en ‘el escenario’ a la vez” (Bruce Vawter, citado por Roop, 44) – por eso, Dios cuestiona al hombre primero y después a la mujer, uno por uno.

La pregunta “¿Dónde estás?” suena bastante inocente. Pero como la primera pregunta a Caín en 4:9, ‘¿Dónde está Abel tu hermano?’ esta pregunta sirve de acusación” (Roop, 45).

“Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme” (v. 10). El hombre no contesta la pregunta de Dios, sino que explica por qué se estaba escondiendo. Esta respuesta refleja su conciencia aturdida.

“estaba desnudo” (v. 10). Esto nos recuerda de días más felices cuando “estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (2:25). Ahora el hombre está desnudo y asustado. “En el antiguo occidente y en la Biblia, la desnudez pública era una terrible desgracia” (Mathews, 241).

“Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme” (v. 10). “El lenguaje utilizado por la pareja acusada es revelante, porque todo es ‘Yo.’ Aquí está la primera ofensa: ‘Yo oí…, Yo tuve miedo…, Yo estaba desnudo; Yo me escondí… Yo comí… Yo comí (3:10-13). Su propio lenguaje les acusa. Es obvio que su preocupación con el Jardinero – su vocación, permiso, prohibición – ha sido olvidada. Ahora se preocupan por ‘Yo’” (Brueggemann, 49).

“¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” (v. 11). Antes, Dios preguntó, “¿Dónde estás?” (v. 9) – una pregunta que sirvió de acusación. Ahora Dios hace dos preguntas más que también funcionan como acusación. La primera es “¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” El hombre siempre había estado desnudo, pero esto no había sido un problema durante su inocencia. Solo es después del pecado que se da cuenta de que su desnudez le causa vergüenza. “¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” es una pregunta interesante, ya que solo la mujer o la serpiente le podían haber dicho que estaba desnudo. La segunda pregunta, “Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” elimina la esperanza que el hombre pueda tener de engañar a Dios – que pueda inventar una excusa por su desnudez y su extraño comportamiento. La pregunta de Dios revela que Dios sabe lo que el hombre ha hecho.

“La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (v. 12). El hombre busca la manera de evitar responsabilidad, y primero se refiere a la mujer que le dio la fruta. Pero su defensa principal no es que la mujer le diera la fruta, sino que Dios le diera la mujer. Si Dios no le hubiera dado la mujer, ella no podría haberle dado la fruta y él no la hubiera comido. Entonces, según lo presenta el hombre, la mujer es la causa inmediata del problema, pero Dios es el primer culpable.

Hay que volver un poco al pasado y recordar la respuesta del hombre cuando Dios le trajo la mujer. En ese momento, el hombre dijo, “Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (2:23). ¡Eso fue un llanto de alegría! El hombre rebosaba de alegría al encontrarse con ayuda y compañía apropiada para él. Había estado solo, pero ya no.

Pero esos eran los días de inocencia. Ahora que el pecado está ahí, el hombre ha cambiado su manera de pensar. “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (v. 12). El pecado no solo quebrantó la relación del hombre con Dios, pero también quebrantó la relación que tenía con la mujer. Eso es lo que hace el pecado. Destruye relaciones. Nos deja sospechosos y amargados. Nos pone en contra de quienes nos aman.

“Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?” (v. 13a). Como veremos en versículos 17-19, Dios aún no ha terminado de hablar con el hombre pero, por el momento, se dirige a la mujer. Como antes, la pregunta de Dios, “¿Qué es lo que has hecho?” sirve de acusación.

“Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (v. 13b). En su vergüenza, la mujer, como el hombre, intenta pasar la responsabilidad a otro lugar – en este caso la serpiente. Sin embargo, no como el hombre, la mujer no intenta culpar a Dios.

GÉNESIS 3:14-15. ÉSTA TE HERIRÁ EN LA CABEZA

14Y Jehová Dios dijo á la serpiente:
Por cuanto esto hiciste,
maldita serás entre todas las bestias
y entre todos los animales del campo;
sobre tu pecho andarás,
y polvo comerás
todos los días de tu vida:
15Y enemistad pondré entre ti y la mujer,
y entre tu simiente (hereo: zaraka – simiente)
y la simiente suya (hebreo: zara – simiente de ella);
ésta te herirá en la cabeza,
y tú le herirás en el calcañar.

“Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo” (v. 14a). Dios no le hace una pregunta a la serpiente, sino que la maldice “por cuanto esto hiciste.” En el antiguo oriente, se pensaba que una maldición ejercía algún poder sobre quien la recibía. Esto era verdad también cuando un ser humano pronunciaba una maldición sobre otro ser humano – aún cuando la fuerza de la maldición se consideraba divina o satánica. El hecho que Dios es el que hace la maldición es aún más pronunciado – asegura la efectividad de la maldición – asegura la miseria de quien la recibe. Anote que Dios pronuncia una maldición sobre la serpiente (v. 14) y la tierra (v. 17), pero no sobre el hombre o la mujer.

“sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida” (v. 14b). La primera parte de la maldición es que la serpiente reptará sobre su pecho y comerá polvo. Aunque en el Antiguo Testamento haya menciones positivas en cuanto al polvo – “Y será tu simiente como el polvo de la tierra” (Génesis 28:14) – la mayor parte de estas declaraciones son negativas.

• Polvo puede marcar la sentencia de Dios – “Dará Jehová por lluvia á tu tierra polvo y ceniza: de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas” (Deuteronomio 28:24).

• “Acciones como recostarse en el polvo, tomar polvo, y dejar caer polvo sobre la cabeza, son simbólicos y expresan una gran humillación, degradación o agonía (Job 2:12; 42:6; Salmo 72:9; Isaías 2:10; 47:1; 49:23; Lamentaciones 2:10; 3:29; Ezequiel 27:30; Miqueas 7:17; Apocalipsis 18:19)” (Bromiley, 1:998).

Esta primera parte de la maldición es particularmente apropiada. La serpiente que tentó a la mujer a comer la fruta prohibida se condena a comer polvo para siempre.

“Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente (zeraka – tu simiente) y la simiente suya (zera’ – simiente de ella) (v. 15a). La segunda parte de la maldición es que habrá enemistad entre la serpiente y la mujer y entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer. “Aunque zera’ puede referirse a un individuo, casi siempre se refiere al linaje o a la familia entera” (Bromiley, 4:380).

Al principio, nos preguntamos por qué Dios declara esta enemistad entre la serpiente y la mujer en vez de entre la serpiente y ambos el hombre y la mujer. Entonces, recordamos que la serpiente tentó a la mujer y no al hombre (3:1-5).

“ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal” (v. 15b). Una herida en el tobillo puede ser dolorosa y dejar a uno inválido – pero una fuerte herida a la cabeza puede ser fatal. Versículo 15b es a veces llamado el protevangelium – la primera Buena Noticia – la Buena Noticia que Satanás será derrotado.

La cuestión aquí es quién es “él” – ¿quién será herido en el tobillo y quién herirá la cabeza de la serpiente?

• Una posibilidad es Cristo. Veremos a Cristo en la cruz herido en la cabeza (aparentemente herido mortalmente), pero su resurrección transformará la situación – demostrará que Satanás solo tiene el poder de herir el tobillo de Cristo en lugar de su cabeza – el poder de imponer solo una herida dolorosa en vez de una muerte final.

• Otra posibilidad es la iglesia. Al escribir a la iglesia en Roma, Pablo dijo, “Y el Dios de paz quebrantará presto á Satanás debajo de vuestros pies” (Romanos 16:20).

• Quizá deberíamos decir que Cristo es el que ha causado una herida mortal – ha quebrantado la cabeza de Satanás – pero, como una serpiente herida mortalmente, Satanás continúa retorciéndose y golpeando, a menudo con resultados mortales. Cristo ha dado a la iglesia el poder de continuar la batalla hasta que el poder de Satanás quede derrotado para siempre.

GÉNESIS 3:16. CON DOLOR PARIRÁS LOS HIJOS

16A la mujer dijo:
Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces;
con dolor parirás los hijos;
y á tu marido será tu deseo (hebreo: tesuqa),
y él se enseñoreará de ti.

“Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos” (v. 16a). Hay sentencia en este versículo, pero también hay una gran cantidad de gracia. La sentencia es que la mujer sufrirá un dolor terrible al parir hijos – uno de los momentos de más alegría en su vida. La gracia tiene dos partes. Primero, Dios le advirtió al hombre que no comiera de la fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal, “porque el día que de él comieres, morirás” (2:17) – pero aquí Dios no exige la vida de la mujer. Segundo, Dios no le niega a la mujer la felicidad de tener hijos, pero sí le impone dolor.

“y á tu marido será tu deseo (tesuqa), y él se enseñoreará de ti” (v. 16b). Hamilton anota que la palabra tesuqa aparece solo dos veces en Génesis – la otra en Génesis 4:7, donde Dios le dice a Caín, “el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.” En esa situación, el pecado intenta aprovecharse de la ira de Caín para dominarle, pero Dios le dice a Caín que él ha de dominar su ira para que él pueda hacerse amo del pecado. Es una lucha por dominación.

Hamilton entonces utiliza el tesuqa del pecado de Caín como analogía para el tesuqa de la mujer por su marido. Tesuqa en 3:16 significa “un deseo de romper la relación de igualdad y convertirlo en una relación de servidumbre y dominación. El marido pecador intentará ser tirano sobre su esposa. Lejos de ser un reinado entre iguales sobre el resto de la creación de Dios, la relación ahora se convierte en una disputa feroz, con cada lado tratando de dominar al otro. Los dos que antes reinaban como uno ahora tratan de reinarse uno al otro” (Hamilton, 201-202).

“‘Amar y apreciar’ se convierten en ‘desear y dominar’” (Kidner, citado en Wenham, 81).

GÉNESIS 3:17-19. MALDITA SERÁ LA TIERRA POR AMOR DE TI

17Y al hombre dijo:
Por cuanto obedeciste á la voz de tu mujer,
y comiste del árbol
de que te mandé diciendo,
No comerás de él;
maldita será la tierra por amor de ti;
con dolor comerás de ella todos los días de tu vida;
18Espinos y cardos te producirá,
y comerás hierba del campo;
19En el sudor de tu rostro
comerás el pan
hasta que vuelvas á la tierra;
porque de ella fuiste tomado:
pues polvo eres,
y al polvo serás tornado.

De nuevo encontramos ambos sentencia y gracia. La sentencia es que la labor del hombre será ardua en lugar de agradable. Cuando Dios puso al hombre en el huerto “para que lo labrara y lo guardase” (2:15), proveyó agua abundante (2:6, 10:14) para que el trabajo del hombre fuera más agradable y menos arduo. A causa del pecado del hombre, Dios maldice la tierra (v. 17) – igual que maldijo la serpiente. “Tierra bendecida por Dios es bien regada y fértil (Deuteronomio 33:13-16; cf. Génesis 2:8-14) entonces, al ser maldecida, le faltan estos beneficios” (Wenham, 82). El trabajo del hombre ya no será fácil, en vez, estará plagado de espinas, cardos, y sudor. “La relación apropiada entre el hombre (adam) y la tierra (adamah) que existía en el principio y que nutría la criatura de la tierra… se ha quebrantado” (Towner, 48). El hombre labrará, no porque quiere, sino porque tiene que hacerlo – y su trabajo será desagradable y doloroso.

La sentencia es según el pecado. El hombre comió de la fruta prohibida. Ahora ha de comer plantas de la tierra solo a fuerza de trabajar una tierra que ha sido maldecida – luchando con espinas y cardos, tratando de producir fruto.

La gracia, como se anota arriba, es que Dios no exige la vida del hombre, como esperaríamos después de su advertencia anterior (2:17).

“En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado” (v. 19). Antes, “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente” (2:7). Ahora, Dios advierte que el soplo de vida no siempre estará en la nariz del hombre, sino que un día su aliento se acabará y volverá al polvo de donde vino.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Bromiley, Geoffrey (General Editor), The International Standard Bible Encyclopedia, Volume One: A-DRevised (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1979)

Bromiley, Geoffrey (General Editor), The International Standard Bible Encyclopedia, Volume Four: Q-ZRevised (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1988)

Brueggemann, Walter, Interpretation Commentary: Genesis (Atlanta: John Knox Press, 1982)

Hamilton, Victor P., The New International Commentary on the Old Testament: The Book of Genesis, Chapters 1-17 (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1990)

Mathews, Kenneth A., The New American Commentary: Volume 1a – Genesis 1-11:26 (Nashville: Broadman & Holman Publishers, 1996)

Roop, Eugene F., Believers Church Bible Commentaries: Genesis (Scottdale, PA: Herald Press, 1987)

Towner, W. Sibley, Westminster Bible Companion: Genesis (Louisville: Westminster John Knox Press, 2001)

Von Rad, Gerhard, The Old Testament Library: Genesis, (Philadelphia: The Westminster Press, 1972)

Wenham, Gordon J., Word Biblical Commentary: Genesis 1-15 (Dallas: Word Books, 1987)

www.sermonwriter.com

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Copyright 2008, Richard Niell Donovan