Génesis 32:22-312018-08-02T10:46:23+00:00

PASAJE BÍBLICO

Génesis 32:22-31

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

GÉNESIS 25-32.  EL CONTEXTO

Esta es la historia del encuentro de Jacob con Dios en camino a ver a Esaú después de muchos años de extrañamiento (32:3-5). La historia está basada en la relación entre Jacob y Esaú, y comienza con el nacimiento de los gemelos. En aquél entonces, el Señor le dijo a Rebeca:

“Dos gentes hay en tu seno,
Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas:
Y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,
Y el mayor servirá al menor” (25:23).

Esaú, el primer nacido, “salió el primero rubio, y todo él velludo como una pelliza” (25:25). Jacob, el segundo, salió “trabada su mano al calcañar de Esaú: y fue llamado su nombre Jacob” (25:26) – nombre que significa “agarrar el tobillo” o “suplantar” – indicio de la rivalidad que Jacob más adelante engendraría con su hermano. Esaú creció a ser cazador, pero Jacob era un hombre reservado (25:27). “Y amó Isaac á Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba á Jacob” (25:28).

Como hijo mayor, Esaú disfrutaba de los privilegios de un primer nacido – la primogenitura y la bendición del padre. No obstante, sin darle mucha importancia a su primogenitura, Esaú la vendió a Jacob a cambio de un bol de potaje (25:29:34) – así perdiendo una de las dos importantes ventajas del primer nacido. En esa ocasión, Esaú solo podía culparse a si mismo.

Sin embargo, más adelante, Jacob (con la ayuda de Rebeca) engañó a Isaac, ya anciano, a creer que Jacob era Esaú. Engañaron a Isaac para que le diera a Jacob la bendición de Esaú (27:1-29). Al descubrir el engaño de su hermano Esaú se desmoronó (27:30-40) y decidió matar a Jacob (27:41) – ningún jurado le hubiera culpado. Rebeca avisó a Jacob del plan de Esaú y Jacob huyó para salvase la vida (27:42 – 28:5).

Entonces Jacob experimentó su primer encuentro nocturno con Dios – la famosa “escala de Jacob” que encontró en Bethuel, donde vio ángeles que subían y bajaban una escala que llegaba al cielo (28:10-22). En aquel encuentro, Dios hizo a Jacob el vehículo por el cual cumpliría las promesas antes hechas a Abraham. Dios dijo:

“Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac:
la tierra en que estás acostado te la daré á ti y á tu simiente.
Y será tu simiente como el polvo de la tierra,
y te extenderás al occidente, y al oriente,
y al aquilón, y al mediodía;
y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.
Y he aquí, yo soy contigo, y te guardaré por donde quiera
que fueres, y te volveré á esta tierra;
porque no te dejaré
hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho” (28:13-15).

En ese primer encuentro nocturno con Dios (28:10-22), Jacob estaba huyendo de la ira de Esaú. En su segundo encuentro nocturno con Dios (nuestro texto – 32:22-31), Jacob busca reconciliarse con su hermano, pero teme que Esaú aún quiera matarle por su traición anterior. “En ambos casos, Jacob aparece profundamente vulnerable y solo, necesitado de cuidado divino” (Fretheim, 565).

Jacob conoció a Rachêl y comenzó a trabajar para su padre, Labán, para poder tener a Rachêl como esposa. Sin embargo, Labán engañó a Jacob, el engañoso, y Jacob acabó casándose con Lea en vez de con Rachêl. Por eso trabajó otros siete años para casarse con Rachêl. Durante todos esos años Jacob estaba separado de su hermano, Esaú (29:1 – 30:24). Entonces, Jacob engañó a Labán, haciéndose rico a su costo (30:25-43). Huyó de Labán y de los hijos de Labán (31:1-21) como antes había huido de Esaú. Labán siguió a Jacob (31:22-42), y finalmente los dos hombres lograron hacer un pacto y separarse en buenos términos (31:43-55).

Jacob envió mensajeros a Esaú intentando reconciliarse con él (32:1-5). Los mensajeros regresaron a Jacob diciéndole que Esaú venía a encontrarse con Jacob acompañado de cuatrocientos hombres (32:6). Jacob temía que Esaú venía a matarle y envió mensajeros por delante con una gran ofrenda de ganado con la intención de aplacar a Esaú (32:7-21). También rezó, “Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga quizá, y me hiera la madre con los hijos” (32:11).

En ese momento, Jacob tiene el encuentro con Dios que constituye nuestro texto (32:22-31).

GÉNESIS 32: 22-23. PASÓLOS EL ARROYO

22Y levantóse aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. 23Tomólos pues, y pasólos el arroyo, é hizo pasar lo que tenía.

“pasó el vado de Jaboc” (v. 22). El vado de Jaboc es un tributario principal del Río Jordán, al este del Jordán. Se reúne con el Río Jordán en un punto situado a 43 millas (69 kilómetros) al sur del Mar Galileo y 23 millas (37 kilómetros) al norte del Mar Muerto. El río mide 50 millas (81 kilómetros) de longitud y desciende unos 2000 pies (609 metros), haciendo que sus aguas fluyan rápidamente durante la temporada lluviosa. En muchas partes, el agua corre a través de un profundo valle con altos barrancos en ambos lados. “Dirigir un rebaño grande a través del Jaboc… era una tarea difícil” (Von Rad, 320).

“Tomólos pues, y pasólos el arroyo, é hizo pasar lo que tenía” (v. 23). Jacob se separa de su familia, sus siervas, y sus rebaños (su riqueza). Aunque el texto no es explícito en cuanto a la razón por esta separación, sí nos dice que Jacob teme que Esaú “venga quizá, y me hiera la madre con los hijos” (32:11). Ha enviado más de quinientas cabezas de ganado (una fortuna sustancial – equivalente de medio millón de dólares hoy día) a Esaú con la esperanza de aplacar su ira (32:13-21).

El hecho que Jacob envíe a su familia por delante (situándola entre él y Esaú) o si la deja atrás (situándose a si mismo entre Esaú y su familia) no está del todo claro – aunque parece probable que mande a su familia por delante.

• Si eso es verdad (si Jacob pone a su familia entre Esaú y él mismo), debe ser otro intento de aplacar a Esaú – un acto vergonzoso que pone a su familia en peligro.

• Si Jacob se sitúa entre Esaú y su familia, lo contrario es verdad. Sus acciones podrían ser un intento de proteger a su familia de la ira de Esaú – un gesto más noble de lo que esperamos de Jacob.

Lo que sí sabemos con seguridad es que cuando Jacob por fin se encuentra con Esaú, va por delante de su familia (33:3).

GÉNESIS 32:24-25.  LUCHÓ CON JACOB UN VARÓN HASTA RAYAR EL ALBA

24Y quedóse Jacob solo, y luchó con él un varón (hebreo: is) hasta que rayaba el alba. 25Y como vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

“Y quedóse Jacob solo” (v. 24a). No hay nada peor que estar lejos de casa – solo – en la oscuridad de la noche – esperando un encuentro hostil. Una imagen que se nos ocurre es la de soldados americanos desembarcando en las costas de Normanda en las primeras horas de D-Day. Sin embargo, esos soldados no estaban solos sino rodeados de compañeros. Jacob se encuentra cósmicamente solo – en la oscuridad – temeroso.

“y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba” (v. 24b). “La palabra ‘luchó’ (wayye’abek) es un juego de palabras con ‘Jaboc’ (yabbok, v. 24, 26…). También es un juego con el nombre de Jacob (ya’aqob), un preludio del cambio de nombre que recibirá por virtud de haber ganado sobre el ‘varón’” (Mathews, 556).

Este no es el único pasaje en que el Señor aparece como hombre. En capítulo 18, tres hombres se le aparecieron a Abraham, uno de ellos fue identificado como el Señor (18:17, 20, 27) y los otros dos como ángeles (19:1).

El ‘varón’ rehúsa decirle a Jacob su nombre (vv. 27-28), pero al final de su encuentro Jacob lo identifica como Dios (v. 30). No obstante, durante la lucha, la noche es oscura y Jacob no parece conocer la identidad de su oponente. Aunque ha temido mucho encontrarse con Esaú, no se deja intimidar por este oponente que le ataca en medio de la noche. Puede pensar que su oponente es Esaú (véase 33:10). Lucha con todas sus fuerzas.

“Y como vio que no podía con él” (v. 25a). ¿Cómo es que Dios no podía con Jacob?

• Puede que Jacob se equivoque al identificar al hombre como Dios en versículo 30, pero todo de este encuentro sugiere que el hombre sí es Dios – o por lo menos un ángel enviado por Dios. Los judíos tendían a creer que era un ángel de Dios, porque no podían aceptar que Jacob ganase sobre Dios. Podemos ver esto en Ósea 12:4, que dice que Jacob “Venció al ángel, y prevaleció.”

• Puede ser que Dios se le aparezca a Jacob encarnado, despojándose a mismo de algunos de sus poderes divinos – pero no hay nada en el texto que lo sugiera.

• O puede ser que Dios esté luchando como un padre puede luchar con su hijo – controlando su fuerza por miedo de hacerle daño a su hijo. En ese caso, es probable que el padre no gane contra su hijo – no porque su hijo tenga la misma fuerza, sino porque el padre se niega a usar todas sus fuerzas.

Jacob está acostumbrado al conflicto. No es su primera pelea. “En cada confrontación Jacob ha salido vencedor: sobre Esaú, Isaac, Labán, y aún más asombroso, sobre este ‘varón’” (Hamilton, 334).

“tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba” (v. 25b). Dios reúne la fuerza y descoyunta la cadera de Jacob para terminar la lucha. “Un toque que descoyunta implica un oponente con poderes sobrehumanos” (Wenham, 296).

Una cadera dislocada es una herida dolorosa y debilitadora – aunque en este caso no probará ser permanente – no hay pruebas que Jacob quede debilitado por el resto de su vida.

GÉNESIS 32:26-29.  NO TE DEJARÉ, SI NO ME BENDICES

26Y dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices. 27Y él le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjolo allí.

“Y dijo: Déjame, que raya el alba” (v. 26a). Es el hombre, no Jacob, el que pide un fin a la lucha. La razón por terminar la lucha es porque el día está amaneciendo. Más adelante, Dios le dirá a Moisés, “No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20), entonces, parece que Dios quiere terminar este encuentro antes de que salga el sol y revele su rostro – poniendo a Jacob en peligro.

“Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices” (v. 26b). Jacob valora las bendiciones. Como se anota arriba, antes conspiró con su madre para engañar a su padre a darle su bendición (27:1-29). No está claro si se da cuenta de que si sale el sol y revela el rostro de Dios, estará en peligro mortal, pero está claro que ha sufrido una herida dolorosa y que aún rehúsa ceder hasta recibir una bendición. El hecho que quiera una bendición nos hace pensar que comprende quien es su oponente.

Antes, Dios le hizo a Jacob una serie de promesas parecidas a las que antes le había hecho a Abraham – incluyendo, “y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente” (28:14). No obstante, Jacob quiere la bendición, no solo para “todas las familias de la tierra,” pero para él mismo también.

“Y él le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob” (v. 27). Para conceder una bendición el que la da necesita saber el nombre de quien bendice.

El nombre de Jacob está “ligado al hebreo, ‘qb, del que se deriva el sustantivo ‘aqeb ‘tobillo’ y el verboaqab ‘agarrar por el tobillo,’ por lo tanto ‘engañar’ o ‘sobrepasar o suplantar.’ El nombre, entonces, puede significar ‘toma el tobillo’ o ‘suplanta’” (Myers, 545). Cuando Esaú descubrió que Jacob le había engañado y quitado su primogenitura, dijo, “Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; alzóse con mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición” (27:36). Por lo tanto, cuando Jacob revela su nombre a Dios, también revela su identidad y carácter. Es un suplantador – uno que “sobrepasa a otro por fuerza, engaño, o traición” (Merriam-Webster Dictionary).

“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres” (v. 28a). Un cambio de nombre como éste indica el comienzo de un nuevo capítulo en la vida de una persona – un nuevo modo de vivir – una nueva identidad – un nuevo propósito. El nombre Israel (hebreo: yisra el) puede significar Dios (El) lucha, pero este versículo dice que Jacob ha “peleado con Dios y con los hombres.” La nación que descenderá de Jacob/Israel llevará el nombre Israel, pero ningún otro individuo en el Antiguo o Nuevo Testamento será llamado Israel.

No obstante, vale la pena anotar que el nombre de Jacob no desaparece, en cambio, se vuelve a utilizar inmediatamente y a menudo según continúa la historia (32:29, 30, 32; 33:1, etcétera) – quizá esto sugiere que en el caso de Jacob, el cambio de identidad no es tan decisivo.

“y has vencido” (v. 28b). Versículo 25 nos dice que Dios no pudo vencer, y ahora oímos que Jacob sí venció – pero la lucha ha sido menos clara de lo que parece. Dios no venció completamente a Jacob (como sospechamos que podría haber hecho si hubiera estado dispuesto a ejercer la fuerza necesaria), pero sí descoyuntó la cadera de Jacob (v. 25). Jacob no venció completamente a Dios, pero sí se mantuvo en la lucha toda la noche. Las palabras de Dios parecen las de un padre que quiere alentar a su hijo.

Von Rad ve la sorpresa no tanto en el vencer de Jacob, sino en Dios “permitiéndose coercer de tal manera por la violencia de Jacob” (Von Rad, 322).

“Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjolo allí” (v. 29). Cuando Jacob pregunta el nombre de su oponente es casi seguro que entiende que se trata de Dios. Dios desvía la pregunta y le responde con otra pregunta – “¿Por qué preguntas por mi nombre?”

Entonces Dios le da a Jacob/Israel la bendición que Jacob había pedido en versículo 26. Jacob obtuvo la bendición de su padre por engaño, pero Dios le concede la bendición con pleno entendimiento de la identidad y el carácter de Jacob. Jacob aprende “que Dios sabe quien es y que le acepta de todos modos. El ‘milagro’ de Jaboc realmente es la buena noticia, el Evangelio, que Dios nos reta donde estamos y, habiéndonos dado nuestro nombre, nos preserva (v. 30) para transformarnos” (Tucker, 428).

Que Dios rehúse revelar su nombre está enraizado en el entendimiento bíblico de los nombres, donde un nombre “expresa la naturaleza esencial de su portador; conocer el nombre es conocer a la persona” (Myers, 747).

GÉNESIS 32:30-31.  Y LLAMÓ JACOB EL NOMBRE DE AQUEL LUGAR PENIEL

30Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel: porque vi á Dios cara á cara, y fue librada mi alma(hebreo: wattinnasel). 31Y salióle el sol pasado que hubo á Peniel; y cojeaba de su anca.

“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel” (v. 30a). Este es el único lugar donde el sitio se llama Peniel. En otros lugares aparece como Penuel. Estas variaciones significan lo mismo en hebreo: “el rostro de Dios.”

“porque vi á Dios cara á cara, y fue librada (wattinnasel) mi alma” (v. 30b). Jacob no se aleja de este encuentro sin marca. Tiene un nuevo nombre, Israel, indicando una nueva identidad – un nuevo comienzo. También cojea. No obstante, entiende que ver el rostro de Dios le ha puesto en peligro mortal (Éxodo 33:20; Isaías 6:5), y por eso está agradecido de vivir. Más adelante, Moisés relatará haber visto a Dios cara a cara (Números 12:8), y Manoa también lo hará (Jueces 13:22) – pero no se trata de una experiencia común.

“Y salióle el sol pasado que hubo á Peniel; y cojeaba de su anca” (v. 31). Esta referencia al amanecer nos dice que Jacob/Israel vio a Dios en la penumbra del alba y no a la plena luz del día. Quizá eso contribuyera a su supervivencia.

GÉNESIS 32:32.  UNA NOTA DIETÉTICA

32Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo: porque tocó á Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.

Este versículo no se incluye en la lectura del leccionario, pero quizá debería incluirse. No se menciona esta restricción dietética en ningún otro lugar en las escrituras. Sin embargo, según sea observada la restricción, recordará a Israel (la nación) de este encuentro entre Israel (el hombre) y Dios.

POSDATA:

Después de su encuentro con Dios, Jacob se encontrará con Esaú, un encuentro sorprendentemente amigable (33:4 ff.). En ese encuentro, Jacob dirá, “Toma, te ruego, mi dádiva que te es traída; porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío” – y Esaú aceptó la ofrenda de Jacob (33:11).

En esa oración, el hebreo que traduce “regalo” se deriva de la palabra berakah, que significa “bendición.” “Esta palabra berakah (bendición, regalo) es la misma palabra que se utiliza para hablar de lo que Jacob había robado de Esaú en el incidente con Isaac, su padre anciano y ciego (27:41)” (Olson, 63).

Jacob tendrá otro encuentro con Dios en el que Dios cambiará su nombre a Israel, diciendo:

“Yo soy el Dios Omnipotente: crece y multiplícate;
una nación y conjunto de naciones procederá de ti,
y reyes saldrán de tus lomos:
Y la tierra que yo he dado á Abraham y á Isaac, la daré á ti:
y á tu simiente después de ti daré la tierra” (35:11-12).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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COMENTARIOS:

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