Génesis 22 1-182017-03-22T04:45:56+00:00

PASAJE BÍBLICO

Génesis 22:1-18

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

GÉNESIS 12-21: EL CONTEXTO

La historia de Abraham comienza con su llamada, cuando su nombre era Abram. Dios le dijo, “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (12:1-3). La promesa de Dios de hacer de Abram una gran nación significa que Abram tendrá heredero legítimo.

Abram tenía 75 años al dejar Harán (12:4). Estaba casado con Sarai (Sara, más adelante) pero no tenían hijos y, a su edad, no había ninguna razón (excepto la promesa de Dios que hará de Abram una gran nación) por creer que jamás tendrían un hijo.

Más adelante, Dios dice, “No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande.” Pero Abram dijo, “Señor Jehová ¿qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliécer?” (15:1-2). Dios respondió, “No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede… Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar… Así será tu simiente” (15:4-5). Esta promesa es muy específica. Abram tendrá un hijo – un heredero legítimo. Abram “creyó á Jehová, y contóselo por justicia” (15:6).

Pero Sarai, angustiada por no haber podido darle hijos a Abram, le dijo que fuera con su sirviente Agar, para que ella le diera un hijo (16:2). Se había cansado de esperar a que Dios cumpliera su promesa, y sintió la necesidad de tomar el asunto en sus propias manos. Abram hizo lo que ella pidió, y Agar concibió un hijo. Entonces, Agar empezó a mirar a Sarai con desprecio, ya que Sarai se quejaba de Agar con Abram (16:5). Abram le dio permiso a Sarai para hacer lo que quisiera con Agar, y Agar se sintió tan afligida que huyó hacia el desierto (16:6). Allí, un ángel de Jehová la encontró y le dijo que tendría un hijo y que le daría más descendientes de los que podría contar. El ángel le dijo que llamara a su hijo Ismael (hebreo: yismael – “Dios oye”). Abram tenía 86 años al nacer Ismael (16:15).

En capítulo 17, Dios hace un pacto con Abram y confirma sus promesas anteriores. Abram respondió, cayendo sobre su rostro y riendo (17:17). La risa es algo que se repite a menudo a través de capítulos 17-21.

En capítulo 18, Dios prometió a Abraham y a Sara (nombres que Dios confirió sobre Abram y Sarai en 17:5, 15) que tendrían un hijo, y al oírlo, Sara rió (hebreo: sahaq – palabra relacionada con yishaq o Isaac, que significa “El ríe”).

Capítulo 19 cuenta la historia de Sodoma y Gomorra, y capítulo 20 relata el comportamiento vergonzoso de Abraham en Gerar (20:2).

Capítulo 21 cuenta la historia del nacimiento de Isaac (21:1-7), el cumplimiento de la promesa de Dios que tendrá heredero y seguramente el momento más feliz de la vida para Abraham y Sara. Pero la historia oscurece pronto cuando Sara se enoja con Ismael e insiste que Ismael no comparta la herencia con Isaac (21:10). Presiona a Abraham para que eche a Agar y a Ismael de su campamento. Abraham se queda angustiado, pero Dios le dice que haga lo que Sara pide (21:12-13), entonces manda a Agar y a Ismael al desierto con mínimas provisiones (21:14).

Al acabárseles el agua, Agar e Ismael se preparan para morir (21:16), pero un ángel del Señor interviene y promete que Dios hará una gran nación de Ismael. Entonces, Dios abre los ojos de Agar para ver un pozo del que ella e Ismael sacan agua (21:19). Entonces se nos dice que Dios estaba con el niño y que el niño llegó a ser tirador de arco – y que Agar (una mujer egipcia) encontró una mujer egipcia para ser esposa de Ismael (21:20-21).

Entonces Abraham hizo un pacto con Abimelech. Abraham le dio siete corderas. Cuando Abimelech las aceptó, reconoció que Abraham había escavado un pozo en Beer-seba. “Y moró Abraham en tierra de los Filisteos muchos días” (21:34).

PARALELOS CON LA HISTORIA DE LA LLAMADA DE ABRAM (12:1-9)

En capítulo 12, Dios llamó a Abram, diciendo “Vete (hebreo: lek leka) de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (12:1-4).

• En capítulo 12, Dios le pidió a Abram que dejara todas las cosas que le traían seguridad e identidad – su país, su parentela, y la casa de su padre – y le dijo “vete” (lek leka) a la tierra que te mostraré. En capítulo 22, Dios le dice a Abram “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas” (un triple paralelo con “de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre”) y “Vete” (lek leka) a la tierra de Moriah.

• En ambos casos, Abram obedece con precisión. Capítulo 12 dice, “Y fuése Abram, como Jehová le dijo” (12:4). En capítulo 22, “Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y á Isaac su hijo” (22:3).

• En ambos casos tenemos la imagen de Abraham orando. En capítulo 12, Abram construyó un altar en el encino de Moriah en Sichêm y otro altar al este de Bethel (12:7-8). En capítulo 22, Abram se prepara para sacrificar a Isaac en un altar en Moriah (22:2, 9-10).

• En ambos casos, Dios promete bendiciones sobre Abraham. En capítulo 12, Dios prometió hacer de él una gran nación, hacer grande su nombre, bendecirle, y bendecir todas las familias de la tierra a través de él. En capítulo 22, Dios no promete recompensas al comenzar la historia, pero al final dice, “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz” (22:16-18).

“Al elevar este único evento se logra que todas las promesas anteriores dependan de la prueba de Moriah. La llamada en Harán requiere que el patriarca deje su círculo de seguridad ya establecido; las promesas se orientan hacia el futuro, enfatizando el nacimiento de un heredero. Ahora, el Señor exige que Abraham elimine el futuro ofreciéndole a Isaac como sacrificio” (Wenham, 283).

UN PARALELO CON CAPÍTULO 21

En capítulo 21, Abram perdió a su primer nacido cuando Sara se preocupó por la herencia. Ahora, en capítulo 22, Abram enfrenta la pérdida del único hijo que le queda cuando Dios le pide sacrificarlo.

LA ESTRUCTURA DE ESTA HISTORIA

Veo dos maneras de mirar la estructura de esta historia. La primera, que viene de Towner, ofrece una estructura para versículos 1-19 (página 185). Aunque no lo llame un quiasmo, la estructura parece serlo, y por eso lo presento de esa manera (aquí cito las palabras de Towner):

A. La prueba: sacrificar su hijo, 1-2
B. La acción aumenta, 3-6
C. “Dios proveerá,” 7-8
D. Preparativos, 9-10
E. Teofanía y nuevas órdenes, 11-12
D’. Nuevas preparaciones: el cordero, 13
C’. “Jehová proveerá,” 14
B’. La acción disminuye, 15-18
A’. La prueba se cumple, 19

En un quiasmo, A paralela A’, B paralela B’, etcétera. El quiasmo fija nuestra atención en el elemento central, en este caso E, versículos 11-12. En la estructura de Towner, el corazón de la historia es la llamada del ángel, “Abraham, Abraham… No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único.”

Brueggemann sugiere la siguiente estructura de tres partes para versículos 1-12 (cito las palabras de Brueggemann):

SERIE I

Convocación de Dios (v. 1)

Respuesta de Abraham (v. 1)

Mandamiento de Dios (v. 2)

SERIE 2

Convocación de Isaac (v. 7)

Respuesta de Abraham (v. 7)

Pregunta de Isaac (v. 7)

Declaración de Abraham (v. 8) (énfasis en el original)

SERIE 3

Convocación del ángel (v. 11)

Respuesta de Abraham (v. 11)

El ángel libera a Abraham (v. 12)

En esta estructura, el énfasis está en versículo 8, donde Abraham le dice a Isaac, “Dios se proveerá de cordero para el holocausto.”

Ambas estructuras ayudan a enfocarnos en los puntos claves en el texto. Prefiero la estructura de Towner por dos razones. La primera es porque Towner trata toda la historia y no solo versículos 1-12. Segundo, a mí me parece que el punto de cambio en la historia no es la respuesta de Abraham a Isaac (v. 8), sino la acción del ángel para detener a Abraham y para decirle que pasó la prueba (vv. 11-12).

GÉNESIS 22:1-2: DESPUÉS DE ESTAS COSAS TENTÓ DIOS Á ABRAHAM

1Y aconteció después de estas cosas, que tentó (hebreo: nissa) Dios (hebreo: elohim) á Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete (hebreo: lek leka) á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

“Y aconteció después de estas cosas” (v. 1a). ¿Qué cosas? El último incidente que aparece en capítulo 21 fue el encuentro entre Abraham y Abimelech – pero el verdadero propósito de “después de estas cosas” es hacer una transición – pasar a una nueva historia. El tiempo transcurrido entre la última historia y la nueva es indefinido. Puede ser un día o varios años.

“tentó (nissa) Dios (elohim) á Abraham” (v. 1b). Con la excepción de pocos versículos que utilizan el nombre “Dios,” a través de este pasaje se utiliza el nombre “Jehová” para referirse a Dios.

Éste es uno de varios relatos del Antiguo Testamento donde Dios prueba a alguien. También probará a los israelitas en el desierto (Éxodo 12:25; 16:4). Probar “es un intento de mostrar la calidad de alguien o algo” (Richards, 593).

Las escrituras también incluyen historias del demonio tentando a la gente. La diferencia entre probar y tentar es que el que prueba espera que la persona bajo prueba tenga éxito. En cambio, el tentador espera lo contrario. Podemos estar seguros de que Dios quiere que Abraham pase la prueba – y como veremos así lo hace.

“y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí” (v. 1c). Cuando Dios llamó a Abraham en capítulo 12, simplemente dijo, “Vete de tu tierra… á la tierra que te mostraré” (12:1). Pero aquí, en capítulo 22, primero llama a Abraham por nombre, señalando quizá la gravedad de lo que está a punto de pedirle.

“Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas” (v. 2a). Esto describe a Isaac como el único hijo de Abraham. Escuchamos el eco de esta frase en el Nuevo Testamento, donde Jesús dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito” (Juan 3:16).

La verdad es que Abraham tiene otro hijo, Ismael, pero al pedírselo Sara, echó a Agar e Ismael de su campamento al desierto (21:8 ff.). Por lo tanto, su relación con Ismael ha sido quebrada.

Existe una bella progresión en esta declaración de tres partes.

• “Tu hijo” es la más general de las tres frases.

• “Tu único, Isaac” es mucho más personal, y atestigua de la relación especial entre Abraham y su hijo Isaac.

• “A quien amas” es la primera frase relacionada con los sentimientos de Abraham. Se refiere al hecho de que Isaac significa más para Abraham que un simple medio para transmitir el nombre familiar. Abraham ama a Isaac – lo ama más que a la vida misma.

La pregunta que Abraham ahora tiene que contestar es si ama a Isaac más que a Dios.

Como se anota arriba, existe un cambio parecido de lo general a lo específico en capítulo 12, donde Dios le pide a Abraham que deje:

• su país

• su parentela y

• la casa de su padre (12:1).

“y vete á tierra de Moriah” (v. 2b). No estamos seguros donde se encuentra “la tierra de Moriah.” En la única otra vez que aparece en la Biblia, Salomón está construyendo el templo en el Monte de Moriah en Jerusalén (2 Crónicas 3:1), entonces puede ser que la tierra de Moriah más adelante sea el monte del templo de Jerusalén. “Algunos judíos creen que el altar de sacrificio de holocausto en el Templo en Jerusalén se situaba en exactamente el mismo lugar del altar donde Abraham se disponía a sacrificar Isaac” (Lockyer, 727). Aunque esto no se sabe con seguridad, sí concuerda con la cantidad de tiempo que Abraham viaja para llegar a Moriah desde Beer-seba. También concuerda con la próxima parte de este versículo donde Dios le dice a Abraham que ha de sacrificar a Isaac “sobre uno de los montes que yo te diré.”

La última vez que vimos a Abraham, estaba en Beer-seba (21:33), a unas 45 millas (70 kilómetros) suroeste de Jerusalén. La ruta directa entre Beer-seba y Jerusalén es montañosa. Si Moriah es Jerusalén, Abraham seguramente elegiría viajar hacia al norte por terreno más fácil antes de entrar en las montañas al oeste de Jerusalén. Sería un viaje de varios días (v. 4 dice tres días) dificultado por la carga de leña para el sacrificio (v. 3). El último tramo del viaje requeriría subir una montaña de 2500 pies (800 metros) de elevación, con Isaac llevando la leña sobre su espalda.

“ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (v. 2c). Solo hay otra mención de un holocausto en el libro de Génesis. Antes, Noé ofreció un holocausto al salir del arca después del diluvio (8:20). No veremos otra mención de un holocausto hasta el Éxodo (Éxodo 10:25; 18:12; 20:24; etcétera).

Ley Mosaica provee instrucciones específicas para los holocaustos. Su propósito es (1) alzar un olor agradable hacia el Señor y (2) hacer justicia para el que hace el sacrificio. El animal ha de quemar hasta consumirse. El sacerdote ha de poner las cenizas en un lugar limpio alejado del campamento (Levítico 6:1-11).

En aquel entonces, gente pensaba de las montañas como un lugar apropiado para encontrar a Dios. En este caso, Dios promete mostrarle la montaña correcta para el sacrificio.

Nuestro texto no describe la reacción de Abraham al oír lo que Dios le exige, pero debe quedarse sin respiración. No solo ama a Isaac, pero Dios también ha prometido darle descendientes a través de él (21:12). Nada es más precioso para Abraham que este hijo de su vejez – y ésta es la clave para comprender el requisito que Dios le ha puesto. Dios requiere que Abraham le rinda el sacrificio más precioso que puede hacer. La prueba (v. 1b) es ver si Abraham, que ama a Isaac, ama a Dios aún más.

GÉNESIS 22:3-5: ADORAREMOS Y VOLVEREMOS Á VOSOTROS

3Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y á Isaac su hijo: y cortó leña para el holocausto, y levantóse, y fue al lugar que Dios le dijo. 4Al tercer día alzóAbraham sus ojos (hebreo: wayyissa), y vio el lugar de lejos. 5Entonces dijo Abraham á sus mozos: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos (hebreo: histahawa), y volveremos á vosotros.

“Y Abraham se levantó muy de mañana” (v. 3a). El hecho que Abraham se levantara temprano muestra su determinación para cumplir lo que Dios le manda. No titubea ni se queja ni ruega. Dios ha dado la orden y se pone en marcha. Dios está a cargo, y Abraham es un siervo obediente.

Antes, Abraham obedeció de la misma manera cuando “se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y diólo á Agar, poniéndolo sobre su hombro, y entrególe el muchacho (Ismael), y despidióla” (21:14). En ese caso, también estaba obedeciendo el mandamiento de Dios (21:12). No obstante, Dios le aseguró a Abraham que haría una nación de Ismael (21:13), y que “en Isaac te será llamada descendencia” (21:12). Pero ahora Dios manda sacrificar a Isaac sin darle a Abraham ninguna seguridad a cambio. ¿Cómo es que Dios llevará a cabo sus promesas con Abraham? Esto es algo que Abraham solo puede preguntarse.

“y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos” (v. 3b). Los dos mozos son siervos o ayudantes contratados de Abraham. Dada la presencia de los mozos, parece extraño que Abraham mismo enalbarde su asno. Sin embargo, esto puede marcar la determinación que tiene para llevar a cabo su misión – o, que Abraham puede sentir la necesidad de ocupar sus manos y su mente en lugar de mirar mientras los mozos hacen el trabajo. A veces, tener las manos ocupadas ayuda a distraernos y así evitar que nos enfoquemos en las terribles posibilidades que nos esperan.

“y á Isaac su hijo” (v. 3c). Abraham podría dispensar de los mozos, el asno, y sus otras posesiones, pero su hijo Isaac es su corazón y alma.

“y cortó leña para el holocausto” (v. 3d). De nuevo, parece raro que Abraham corte la leña personalmente en vez de dejar esta tarea para los mozos, pero puede ser que Abraham lo considere una obligación sagrada que él mismo debe hacer – o, de nuevo, puede que esté sintiendo la necesidad de mantenerse ocupado para no pensar en lo que se acerca.

“y levantóse, y fue al lugar que Dios le dijo” (v. 3e). Abraham se levanta temprano, hace los preparativos necesarios, y de manera muy deliberada emprende camino hacia donde Dios le ha mandado ir. Su obediencia es impecable.

“Al tercer día” (v. 4a). Si ésta es la mañana del tercer día, representa dos o tres días de viaje pero, si es más tarde en el día, representa tres días completos de camino.

Pero la gente de aquel entonces no se preocupaba tanto por el tiempo como la gente de hoy. El autor puede haber escogido la frase “al tercer día” por su simbolismo. Esta frase “aparece a menudo en el Tora para referirse al mismo evento ominoso… Al tercer día puede ser el equivalente hebreo de ‘en la onceava hora’” (Hamilton, 107).

En cualquier caso, Abraham ha tenido bastante tiempo para contemplar la terrible tarea que le espera. Ha tenido más que el tiempo suficiente para recordar como había deseado un hijo – y las promesas de Dios – y su risa cuando Dios le dijo que tendría un hijo en su vejez – y el nacimiento del bebé – y los años que ha invertido criándolo. Ha tenido tiempo para recordar al niño equivocándose – y creciendo. Más que nada, ha tenido tiempo para recordar la unión que él e Isaac han creado a través de los años – y la confianza que Isaac ha mostrado – la manera en que Isaac ha tratado de seguir los pasos de su padre – la manera en que Isaac ha honrado a Abraham haciendo lo que le pide.

“alzó Abraham sus ojos (wayyissa), y vio el lugar de lejos” (v. 4b). En versículo 13 veremos de nuevo la palabra wayyissa, cuando Abraham alza los ojos y ve un carnero trabado por los cuernos en un zarzal. La primera vez que alza los ojos, solo ve el horrible lugar donde morirá su hijo. La segunda vez que alza los ojos, ve la provisión que ha hecho Dios para la salvación de Isaac.

“Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí” (v. 5a). Abraham dirige estas palabras a los mozos que les han acompañado en el viaje. El texto no indica por qué Abraham les lleva en el viaje. Cualquiera que sea su razón, está claro que no los quiere con él cuando sacrifique a Isaac. Estarían horrorizados. Podrían interferir.

“y adoraremos” (histahawa) (v. 5b). Histahawa puede significar “inclinarse, postrarse, o alabar,” entonces no sugiere necesariamente un sacrificio. No obstante, Abraham y su gente han cargado la leña desde comenzar el viaje, y Abraham lleva la leña y un cuchillo cuando él e Isaac suben la montaña. Estos elementos dejan claro para todos que la alabanza a la que Abraham se refiere incluye un sacrificio.

“y volveremos á vosotros” (v. 5c). Es imposible saber por seguro lo que Abraham quiere decir con esto. Si ofrece a Isaac como holocausto, Isaac será consumido por el fuego. Abraham podría traer las cenizas de Isaac en el viaje de vuelta, pero no habría cuerpo que enterrar. Quizá es una manera de asegurar a sus siervos de que no ocurre nada fuera de lo normal y que pueden esperar que el viaje de vuelta se haga sin novedad.

O, quizá Abraham está recordando la promesa de Dios que le daría descendientes a través de Isaac y anticipa que Dios le solucione esta terrible situación. No obstante, como veremos, nunca se queja ni titubea. Continúa obedeciendo hasta que el ángel le detiene de matar a su hijo.

GÉNESIS 22:6-8: DIOS SE PROVEERÁ DE CORDERO

6Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo (hebreo: maakelet); y fueron ambos juntos. 7Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

“Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo” (v. 6a). No se nos da una razón por la que Abraham deja el asno con los mozos (v. 5) y pone la leña sobre Isaac. El sacrificio ha de tomar lugar en una montaña (v. 2), entonces es probable que Abraham e Isaac tengan un camino dificultoso para llegar al sitio preciso. El hecho que Abraham pone la leña sobre Isaac indica que Isaac ya no es un niño pequeño, sino que ha convertido en un joven fuerte. Teniendo en cuenta la edad avanzada de Abraham, seguramente Isaac es el más fuerte y hábil de los dos.

“y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo” (maakelet) (v. 6b). Un maakelet es un cuchillo grande que se usa para matar animales grandes.

“y fueron ambos juntos” (v. 6c). Si ésta es la montaña que luego será la montaña del templo, este viaje llevará bastante tiempo. Abraham es anciano e Isaac carga con leña, entonces tendrían que descansar por el camino. Todo este tiempo Abraham debe estar roto por dentro, contemplando la confianza de Isaac y la traición que Isaac pronto experimentará a manos de Abraham.

“Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo” (v. 7a). En ambos lados de este intercambio hay respeto – y confianza por parte de Isaac.

“Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” (v. 7b). Sería extraño que Abraham trajera leña desde el campamento para este viaje de tres días. Ahora, Isaac quiere saber por qué no tienen un cordero para el holocausto. Hubiera sido más lógico traer un cordero del rebaño de Abraham y buscar leña por el camino. Un cordero designado para Dios debe ser de alta calidad. ¿Cómo pueden encontrar un cordero así en esta montaña?

¿Se da cuenta Isaac de que ocurre algo extraño? ¿Se da cuenta que él puede ser el cordero del sacrificio? No hay manera de saberlo. Solo sabemos que continúa el viaje sin quejarse.

“Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío” (v. 8a). Según entiende Abraham, Dios ya ha proveído el cordero – Isaac. Si Abraham espera que Dios salve a Isaac de alguna manera, esa esperanza no cambia sus acciones. Nunca titubea – nunca pregunta – nunca se queja cuando ha de cumplir la orden de Dios.

“Los padres de la iglesia pensaban de la respuesta de Abraham como presagio del sacrificio de Cristo. El lector cristiano de hoy día ve la ironía adicional de que Dios entrega a su único hijo por los pecados del mundo, cuando el hijo de Abraham es salvado” (Mathews, 293).

“E iban juntos” (v. 8b). (Véanse los comentarios anteriores de versículo 6b).

VERSÍCULOS 9-10: ATÓ Á ISAAC SU HIJO, Y PÚSOLE EN EL ALTAR

9Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató á Isaac su hijo, y púsole en el altar sobre la leña. 10Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo.

“Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña” (v. 9a). Hacía mucho tiempo Abraham había construido un altar cuando primero entró en Canaán, en el encino de Moriah en Sichêm, respondiendo a la promesa de Dios que le daría descendientes de aquella tierra (12:7). Ahora construye un altar para sacrificar al descendiente por quien Dios ha prometido cumplir su promesa. Los detalles de la construcción del altar y de la colocación de la leña muestran la determinación de Abraham. Abraham continúa – paso por paso prepara el cimiento del sacrificio de su hijo – nunca titubea ni se queja ni ruega por merced.

“y ató á Isaac su hijo” (v. 9a). Esto nos hace preguntar cómo es que un anciano podría atar a su hijo fuerte. Si Abraham hubiera pegado a su hijo por detrás, dejándole sin conocimiento, el autor nos lo hubiera dicho. Es más probable que Isaac, quien ha mostrado confianza y obediencia a lo largo de esta historia, permite que Abraham le ate. El hecho que él entienda que Abraham pretende matarle se puede cuestionar.

“y púsole en el altar sobre la leña” (v. 9c). Abraham continúa obedeciendo paso por paso. Si Isaac antes no entendía lo que estaba pasando cuando Abraham le ató, ahora sí debe entender.

“Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo” (v. 10). Abraham toma el penúltimo paso sin detenerse. Es difícil imaginarse cómo podría hacer esto. El autor de Hebreos lo explica de esta manera: “Por fe ofreció Abraham á Isaac cuando fue probado, y ofrecía al unigénito el que había recibido las promesas, habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente: Pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió á recibir por figura” (Hebreos 11:17-19).

GÉNESIS 22:11-14: NO EXTIENDAS TU MANO SOBRE EL MUCHACHO

11Entonces el ángel (hebreo: malak – ángel o mensajero) de Jehová (hebreo: Yahvé) le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único; 13Entonces alzó Abraham sus ojos (hebreo: wayyissa), y miró, y he aquí un carnero á sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fue Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo. 14Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová (hebreo: Yahvé) proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová (hebreo: Yahvé) será provisto.

“Entonces el ángel (malak – ángel o mensajero) de Jehová (Yahvé) le dio voces del cielo” (v. 11a). En tiempos pasados, Dios había hablado directamente con Abraham. Esta vez, Dios manda un ángel o un mensajero para hablar desde el cielo – para detener la mano de Abraham.

Versículos 11 y 14 se refieren a Dios como Jehová y en el resto de este pasaje se utiliza Dios.

“Abraham, Abraham” (v. 11b). Cuando Dios le hablaba a Abraham en el pasado, generalmente lo hacía sin dirigirse a él por su nombre (12:1, 7; 15:13, 18; 17:1, 5, etcétera). En una ocasión, se dirigió a él como “Abram” (15:1) y en otra ocasión como “Abraham” (22:1). Pero aquí el ángel repite su nombre – “¡Abraham, Abraham!” Existe un sentido de urgencia. El ángel debe capturar la atención de Abraham antes de que matar a Isaac.

“Heme aquí” (v. 11c). Esta es la respuesta frecuente de los fieles a la llamada de Dios. Abraham ya ha respondido de esta manera (22:1). Jacobo también lo hará (33:11; 46:2) – y Moisés (Éxodo 3:4) – y Samuel (1 Samuel 3:4, 6, 8, 16). Isaías responderá con la misma frase, “Heme aquí” (Isaías 6:8) – y María hará lo mismo (Lucas 1:38).

“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada” (v. 12a). Antes, Abraham “extendió su mano” para tomar el cuchillo (v. 10). Ahora el ángel le dice “no extiendas tu mano sobre el muchacho” – cancelando la orden de sacrificar a Isaac.

“que ya conozco que temes á Dios” (v. 12b). A veces, gente teme a Dios porque teme retribución por sus pecados, pero “temer a Dios” en este contexto significa algo completamente diferente – se trata de la reverencia y la fe que lleva a la obediencia. Temer al Señor es servirle a Él y a Él solo (Deuteronomio 6:13). Es observar los mandamientos de Dios (Deuteronomio 28:58). Temer al Señor es el “principio de la sabiduría,” es decir, que la persona que teme al Señor estará abierta para recibir la enseñanza de Dios (Proverbios 1:7). A menudo esto resulta de ver la fuerza de Dios en acción (Éxodo 14:31). Temer al Señor requiere justicia (Hechos 10:22), servicio fiel al Señor, y el rechazo de los falsos dioses (Josué 24:14). Temer al Señor asegura merced (Lucas 1:50), y resulta en prosperidad espiritual (Hechos 9:31). “He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia” (Salmos 33:18), de esta manera los que temen al Señor pueden cantar:

“Nuestra alma esperó á Jehová;
Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
Por tanto en él se alegrará nuestro corazón,
Porque en su santo nombre hemos confiado.
Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros,
Como esperamos en ti” (Salmos 33:20-22).

“Entonces alzó Abraham sus ojos (wayyissa), y miró, y he aquí un carnero á sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos” (v. 13a). Vimos esta palabra wayyissa en versículo 4, cuando Abraham alzó los ojos para ver el lugar donde Isaac debía morir. Ahora alza los ojos para ver la provisión que ha hecho Dios para salvar la vida de Isaac.

Antes, Isaac preguntó, “¿dónde está el cordero para el holocausto?” (v. 7) y Abraham contestó, “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío” (v. 8). Ahora Dios hace eso mismo –excepto que la oveja no es un cordero, sino un carnero. Las ovejas se suelen considerar como animales dóciles, pero los carneros no.

Este carnero tiene los cuernos trabados en un zarzal y Abraham lo puede capturar fácilmente.

“y fue Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo” (v. 13b). En la mayor parte de los sacrificios, el que hace el sacrificio provee el animal. Aquí Dios es el que provee el animal.

En la mayor parte de los sacrificios, la muerte del animal sustituye por la muerte de la persona que hace el sacrificio. Aquí, la muerte del carnero toma el lugar de la muerte de Isaac.

“Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto” (v. 14). Antes Abraham dijo “Dios se proveerá de cordero” (v. 8) y ahora nombra este lugar “Jehová proveerá.” “El nombre no destaca el papel de Abraham en la historia… El lector queda más impresionado por la lealtad de Dios que por la complicidad de Abraham” (Hamilton, 113-114). Al escribirse este relato, el nombre permaneció, “Jehová proveerá.”

GÉNESIS 22:15-18: POR CUANTO NO ME HAS REHUSADO TU HIJO

15Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo, 16Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; 17Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: 18En tu simiente serán benditas todas las gentes (hebreo: goy – naciones o gentiles) de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz.

Lamentablemente, la lectura para Tiempo Ordinario 8 no incluye versículos 15-18 (aunque la lectura para la víspera de la Pascua sí los incluye). Estos versículos relatan la alegre reacción de Dios a la lealtad de Abraham – y la alegre confirmación y expansión de sus promesas anteriores “por cuanto obedeciste á mi voz” (v. 18). La historia no está completa sin estos versículos. Considere añadirlos a su explicación de este pasaje.

“Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo” (v. 15). Esta segunda llamada del cielo enfatiza la importancia de lo ocurrido y el mensaje que el ángel ahora le trae a Abraham.

“Por mí mismo he jurado, dice Jehová” (v. 16a). El ángel aún está hablando y cita las palabras de Jehová. El Señor jura “por si mismo” – un juramento inusual (véase también Isaías 45:23; Jeremías 22:5; 49:13) y particularmente comprometedor.

“que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único” (v. 16b). “Que” es una palabra importante aquí. El Señor está a punto de conceder promesas de bendición sobre Abraham, y la razón por qué está a punto de hacerlo es porque “no me has rehusado tu hijo, tu único.” Abraham ha obedecido al Señor de la manera más fiel que una persona puede hacerlo. No le ha negado nada – ni siquiera el hijo precioso de su ancianidad – el hijo por quien Dios ha prometido darle descendientes – el hijo que levantará naciones (12:2; 17:16).

Esto dice claramente que nuestra obediencia es importante para Dios. Dios ha hecho mucho, hasta sacrificar a su único hijo (Juan 3:16) para hacer posible la salvación de los desobedientes. No obstante, a causa de nuestra desobediencia hemos perdido el derecho a ciertas bendiciones, pero tenemos la esperanza de poder ganar otras bendiciones a través de nuestra obediencia.

“Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar” (v. 17a). Dios ha hecho muchas promesas de bendiciones a Abraham (12:2-3; 14:19; 17:16, 20; 24:1, 35), pero ésta sobrepasa a las demás. Actualmente, los que hoy habitan en ciudades a penas pueden apreciar la plenitud de las estrellas en el cielo por la cantidad de luz y de humo que lo cubre, y solo pueden divisar las estrellas más brillantes. Pero un hombre como Abraham, que vivía de nómada bajo cielos primitivos, muchas veces vería el cielo lleno de estrellas durante las noches claras y cristalinas.

¿Cuántas estrellas hay? Aún hoy, con toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance, nadie puede contar las estrellas con certidumbre. A medida que avanza la tecnología, vemos estrellas que nadie ha visto antes. No parece haber límite al número de estrellas – y lo mismo es verdad de los granos de arena a la orilla del mar. Este es el significado de la metáfora de Dios – que los descendientes de Abraham serán tan numerosos que nadie los podrá contar. La palabra infinita ampliaría la metáfora, pero teniendo en cuenta que solo Dios es infinito, los descendientes de Abraham serían poco menos que infinitos.

“y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos” (v. 17b). Esta promesa se refiere a que los descendientes de Abraham no solo serán numerosos, sino poderosos también.

“En tu simiente serán benditas todas las gentes (goy – naciones o gentiles) de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz” (v. 18a). Antes, Dios prometió bendecir “todas las familias de la tierra” a través de Abraham (12:3). Ahora utiliza la palabra goy, que puede significar gentiles.

En el Nuevo Testamento, veremos donde esto toma lugar. El pueblo judío había llegado a pensar de si mismo como único y privilegiado por ser el pueblo de Dios, y lo era. No obstante, Jesús vino a abrir más la puerta para que toda la gente tuviera acceso a la gracia de Dios. Los Reyes Magos del Oriente (gentiles) vendrán a alabar a Jesús (Mateo 2:1-12). Jesús les dirá a sus discípulos,“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles (griego: ethnos – naciones o gentiles); y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14) – y “Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles” (ethnos) (Mateo 28:19) – y “á todas las gentes (ethnos) conviene que el evangelio sea predicado antes” (Marcos 13:10) – y “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones (ethnos), comenzando de Jerusalén” (Lucas 24:47).

“por cuanto obedeciste á mi voz” (v. 18b; véanse los comentarios para v. 16b). De nuevo oímos que Dios concederá estas bendiciones sobre Abraham por su obediencia. Más adelante, hablándole a Isaac, Dios repite las promesas (26:4) y de nuevo asegura que cumplirá estas bendiciones “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (26:5).

EPÍLOGO:

Muchos consideran esta historia ofensiva porque presenta a Dios ordenando el sacrificio de un niño. Sin embargo, no se trata de una historia del sacrificio de un niño, sino de una historia de obediencia a Dios – de fe. “Además, muchos intérpretes ven esta historia como una manera para que el Elohista anuncie la abolición del sacrificio humano en Israel” (Towner, 184).

Cuando Dios le da la ley a Moisés deja claro que el sacrificio de un niño no es permisible (Levítico 18:21; 20:2-5; Deuteronomio 12:31; 18:10). Aunque requiera dar el primogénito (Éxodo 22:29), deja claro que padres han de redimir la vida del primer varón con la vida de una oveja (Éxodo 13:13; 34:20).

También, la voz del ángel que detiene a Abraham y el cabrero que Dios proveyó para el sacrificio muestran que Isaac nunca estuvo en peligro. Abraham no sabía eso, claro, y por eso ésta fue la máxima prueba de su fe. Nada era más precioso para Abraham que su hijo Isaac. La prueba consistía en si Abraham era capaz de darle a Dios la cosa más preciosa de su corazón. Pasó la prueba con éxito.

Cuando tratemos este texto, en lugar de preguntar si estaríamos dispuestos a sacrificar nuestro hijo a Dios, debemos hacernos dos preguntas:

1. ¿Qué es la cosa más importante en la vida para nosotros?

2. ¿Qué haríamos si Dios nos pidiera sacrificar esa cosa importante – o si encontráramos que esa cosa importante de repente fuera arrancada de nuestro lado? Hoy, los cristianos no sacrifican a sus hijos, pero a veces sí sufren la muerte de un hijo o hija querida. Es difícil imaginar algo más terrible.

Una pregunta que nos debe instigar este texto es qué haríamos si experimentáramos una pérdida verdaderamente devastadora – el trabajo o la salud o la muerte de un ser querido. ¿Nos sostendrá nuestra fe en esos momentos? ¿Mantendremos nuestra fe en momentos así? Casi todos experimentaremos alguna pérdida en algún momento de la vida, y no se trata de una pregunta académica. Por el bien de nuestros oyentes, sería bueno hablar de este tema en momentos normales y así poder ayudarles a prepararse para momentos verdaderamente difíciles.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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