Génesis 18:1-152017-03-22T04:45:56+00:00

PASAJE BÍBLICO

Génesis 18:1-15

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

GÉNESIS 12-19: EL CONTEXTO

Uno de los puntos de énfasis de este texto es la promesa que Sara dará luz a un hijo (v. 10a). Esta promesa tiene raíces en la anterior promesa de Dios a Abraham, “haré de ti una nación grande,” hecha durante la llamada de Abraham (12:1-3), una promesa que Dios repitió dos veces (15:4-5; 17:4-8). También, Dios prometió a Abraham que Sara daría luz a un hijo, así haciéndole madre de naciones (17:16) – una promesa tan asombrosa que Abraham cayó sobre su rostro, riéndose de la posibilidad (17:17).

Otro punto de énfasis es la hospitalidad de Abraham hacia los tres hombres (Yahvé y dos ángeles) que aparecen en su tienda (v. 2). La hospitalidad de Abraham hacia estos hombres provee un contraste dramático con la inhospitalidad que dos de ellos experimentan poco después en Sodoma (19:1-11).

Un tercer énfasis aparece en la risa de Sara al oír que pariría un hijo (12ff). La respuesta, “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (v. 14) clarifica el tema de la fe.

GÉNESIS 18:1-5. HE AQUÍ TRES VARONES ESTABAN JUNTO Á ÉL

1Y aparecióle Jehová en el valle de Mamre, estando él sentado á la puerta de su tienda en el calor del día. 2Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto á él: y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda á recibirlos, é inclinóse hacia la tierra.

3Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo. 4Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, 5Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.

“Y aparecióle Jehová en el valle de Mamre” (v. 1a). Mamre está ubicado en las planicies cerca de Hebrón, al este del Mar Muerto. Está cerca de Macpela, donde Abraham compra una cueva para un entierro (23:9ff).

“Y aparecióle Jehová” (v. 1). Desde el principio, el narrador deja claro que el Señor se encuentra entre los tres hombres que visitan la tienda de Abraham. Los nombres y pronombres en esta historia pueden causar confusión porque empiezan con “Jehová” (v. 1) – continúan con “tres varones” (v. 2) – utilizan el plural “los” (v. 2) – el singular “Jehová” y el singular “ruégote” (v. 3) – los plurales “sustentad,” “pasaréis,” “habéis,” y “vuestro” (v. 5) – el plural “ellos” (vv. 8-9) – y “dijo” (v. 10). No obstante, versículo 22 deja claro que Yahvé es uno de los tres hombres en versículo 2, y 19:1 deja claro que los otros dos hombres son ángeles.

“estando él sentado á la puerta de su tienda en el calor del día” (v. 1b). En ese clima caliente gente trabaja durante el frescor de la mañana y más tarde en el día para poder descansar durante las horas más calurosas de la tarde.

“Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto á él” (v. 2a). En circunstancias normales, Abraham habría divisado a los visitantes acercándose desde lejos. El hecho que ve a estos tres varones de repente sugiere que ésta es una visita especial y que no se trata de tres viajeros corrientes. Aunque el texto no especifica esto, es posible que Abraham se de cuenta de la naturaleza especial de esta visita. Esto explicaría su preocupación por mostrarles una hospitalidad excepcional. No obstante, también es posible que Abraham esté entreteniendo ángeles sin darse cuenta (véase Hebreos 13:2).

En aquella cultura, la hospitalidad era muy valorada. “Viajar raras veces era por el placer de viajar. Se viajaba por necesidad. Uno nunca sabía cuando tendría que depender de la hospitalidad de los demás. Por eso, un extranjero tenía el derecho de contar con la hospitalidad de otros. Un visitante no necesitaba dar las gracias, ya que solo recibía lo merecido. El anfitrión le proveía alojamiento, protección, y comida – si llegara a la hora de la cena… Nada era demasiado dificultoso ni demasiado gasto para un viajero, a quien se trataba como amo de la casa” (Bromily, II, 105).

Me recuerda de una historia que salió de Alaska hace unos años. Los ciudadanos de Alaska prestan mucha atención para ayudar a un viajero desolado, ya que ayudar a uno en la carretera puede significar la diferencia entre vida o muerte. Según la historia, alguien que desconocía la cultura falló en parar y ayudar. Una vez que el viajero desolado fue rescatado, notificó a las autoridades del error de ese viajero. Palabra se corrió de pueblo a pueblo y pronto el ofensor se encontró excluido. Restaurantes le negaban servicio. Nadie le daba ni siquiera la hora del día.

La hospitalidad también es enfatizada en el Nuevo Testamento. Jesús enfatiza la importancia de proveer hospitalidad a los que la necesitan (el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo, o el prisionero), y advierte que no mostrar hospitalidad trae consecuencias eternas (Mateo 25:31-46). Pablo incluye la hospitalidad entre las cualidades necesitadas por un obispo (1 Timoteo 3:2; Tito 1:8). El autor de Hebreos nos pide ser hospitalarios al recordarnos que el mismo Abraham se encontró cuidando de ángeles sin darse cuenta (Hebreos 3:2). Pedro dice, “Hospedaos los unos á los otros sin murmuraciones.” Juan alabó en gran manera a cristianos que mostraban hospitalidad a otros visitantes cristianos, diciendo, “Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles. Nosotros, pues, debemos recibir á los tales, para que seamos cooperadores á la verdad” (3 Juan 1:7-8).

“y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda á recibirlos, é inclinóse hacia la tierra” (v. 2b). Este comportamiento educado era normal para aquel tiempo y lugar. En ese ambiente rural, la gente se alegraba de tener visita – disfrutaba del contacto social.

Abraham, “salió corriendo de la puerta de su tienda” (v. 2b). Aquí empieza una serie de verbos de “prisa” en este pasaje. Abraham fue de prisa a la tienda para decirle a Sara que prepare presto tres medidas de harina (v. 6) – y corrió al rebaño a coger una vaca (v. 7) – y el mozo se dio prisa en prepararlo (v. 7). Estos verbos de “prisa” muestran el ansia que siente Abraham para cumplir con su obligación de anfitrión con estos tres viajeros. Veremos este lenguaje de “prisa” de nuevo en el contexto de la hospitalidad cuando Rebeca se de prisa para darle agua a los sirvientes de Abraham y sus animales (24:18-20).

“Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo” (vv. 4-5). Estas cosas serían las que un viajero agradecería – agua para beber y lavarse, un lugar sombreado donde descansar, y algo de comer. Abraham no les da ninguna indicación del festín que ha de seguir, sino que solo promete un poco de pan. Puede que sea un hombre modesto en su manera de hablar – o que prefiera prometer poco y dar mucho – o que pueda estar preocupado de que, si revela sus intenciones para un festín, los viajeros insistan en que no se moleste.

GÉNESIS 18:6-8. TOMA PRESTO

6Entonces Abraham fue de prisa á la tienda á Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas (hebreo: seahs)de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. 7Y corrió Abraham á las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse éste prisa á aderezarlo. 8Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto á ellos debajo del árbol; y comieron.

“Entonces Abraham fue de prisa á la tienda á Sara” (v. 6a). Como se anota arriba, esta declaración es una de una serie de verbos de “prisa” en esta sección, mostrando la ansiedad de Abraham por ser buen anfitrión para los tres viajeros.

“Toma presto tres medidas (seahs) de flor de harina” (v. 6b). “Moler y hornear son cosas de mujer; los hombres se ocupan de matar el animal” (Von Rad, 206).

“tres medidas (seahs) de flor de harina” (v. 6b). Un seah es 1/30 de un homer y 1/3 de un ephah. Es difícil saber los equivalentes modernos de estas medidas. De las escrituras de Josephus parece que unhomer son 412 cuartos (390 litros), que produciría una seah de 13,7 cuartos (13 litros). De un jarro Qumran, parecería que un ephah son unos 45 cuartos (43 litros), lo cual produce un seah de 15 cuartos (14,3 litros) (Bromily, IV, 1051). En su libro, Ancient Israel, deVaux estima que un seah son unos dos galones (ocho litros) (citado en Wenham, 47).

No obstante, no es necesario saber con exactitud la medida de un seah para tener una idea de lo que este versículo quiere transmitir. Abraham le pide a Sara que use tres seahs de flor de harina para hacer panes. Utilizando la estimación más pequeña para un seah del párrafo anterior (dos galones), tres seahsserían por lo menos seis galones de harina (corrección: seis galones de flor de harina). Esta cantidad no es la cantidad utilizada en una casa, sino la cantidad que se usaría en una panadería. Ningún cocinero de una casa utiliza seis galones de harina para hacer pan. Se necesita aproximadamente un cuarto de harina para hacer una barra de pan, y un galón son cuatro cuartos. Entonces, seis galones de harina harían 24 barras de pan. Recuerde que este cálculo está basado en la estimación más pequeña de un seah (2 galones). Si utilizamos la estimación más grande (15 galones), tres seahs de harina harían 45 barras de pan.

También es significante que Abraham le pide a Sara que se ocupe de hacer el pan. Abraham es un hombre rico. Él y Sara tienen criados que lo podrían hacer. Cuando Abraham le pide a Sara que ella se ocupe de hacer el pan, eleva la importancia de este trabajo al nivel más alto, en lugar de delegarlo a un sirviente.

En resumen, Abraham ha puesto a la persona más importante a cargo de hacer el pan, ha especificado que debe usar flor de harina, y le ha pedido que prepare una cantidad de pan más grande de la que tres visitantes puedan comer. Como los verbos de “prisa” que se mencionan aquí, este versículo muestra el fervor de Abraham para tratar a estos invitados con extraordinaria generosidad.

“Y corrió Abraham á las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse éste prisa á aderezarlo” (v. 7). Este versículo continúa el énfasis en la generosidad. En aquel entonces, la mayor parte de las comidas no incluía carne, ya que ésta se reservaba para ocasiones especiales. La mayoría de la gente no tenía los medios para matar una vaca para cualquier ocasión que se presentase – particularmente un animal grande como una vaca. Una vaca podía alimentar a docenas de personas – no solo tres invitados y su anfitrión. Sin refrigeración, una persona que sacrificaba una vaca tenía que sazonar la carne con sal para poder guardarla o compartirla con varias otras familias. Si una persona va a matar un animal para alimentar a tres viajeros, un animal más pequeño, como un cordero o una cabra, hubiera sido mejor.

“un becerro tierno y bueno” (v. 7). La calidad de la carne es tan significante como su cantidad. Hace años, yo servía en una iglesia rural donde todos los granjeros criaban ganado. Muchos de ellos criaban un becerro designado para su propia mesa. Alimentaban ese becerro con maíz en vez de paja – una dieta de muchas calorías que aseguraba que la carne quedara bien jaspeada. Mataban ese becerro antes de llegar a una edad madura, porque así la carne estaba especialmente tierna. En ningún supermercado se puede comprar carne de tan alta calidad.

En aquel entonces, miembros de la congregación se turnaban para invitar al pastor a cenar los domingos. No se trataba de gente rica – para nada – pero la comida en esas mesas de domingo era superior a cualquier alimento que yo hubiera comido en un restaurante. Todo se preparaba en casa. De todos modos, esas familias no podían comprar comidas preparadas y, además, se hubieran avergonzado de servir tal comida. No era extraño que sirvieran dos o tres tipos de carne y dos o tres tipos de pasteles caseros. La mesa raras veces era bastante grande para servir tanta comida, y se utilizaba una mesa aparte para poner todo lo que no cabía en la mesa de la cena. Esa generosidad excesiva es la que se describe en nuestro texto. Abraham hace más de lo requerido para cuidar de sus invitados.

“Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos”(v. 8a). Más adelante, la ley dice, “No cocerás el cabrito en la leche de su madre” (Deuteronomio 14:21) – una ley que requiere la separación estricta de la carne y la leche en las cocinas modernas kosher. No es raro que judíos que observen esta ley tengan dos platos diferentes – uno para la carne y otro para alimentos que contienen leche. Una vez oí hablar de una capilla judía que tenía dos cocinas – una de carne y otra de leche. No obstante, Abraham vivió antes de establecerse la ley, y no estaba sujeto a tales restricciones.

Pero Wenham sugiere que la descripción incluida en nuestro texto de “flor de harina” (v. 6) y “un becerro tierno y bueno” (v. 7) corresponde a requisitos que aparecerán más adelante para sacrificios litúrgicos. “En otro lugar del Pentateuco “flor de harina” … solo es utilizada en ofrendas de cereales y para hacer el pan de la presencia (Levítico 24:5), y los reglamentos del sacrificio continuamente insisten en la necesidad de ofrecer solo los animales de alta calidad” (Wenham, 47).

“y él estaba junto á ellos debajo del árbol; y comieron” (v. 8b). En vez de sentarse a la cabeza de la mesa, que sería el comportamiento normal para un anfitrión en estas circunstancias, Abraham pone personalmente la comida ante sus invitados y después espera de pie mientras comen para asegurar que se cumpla cada una de sus necesidades – más como un camarero que un anfitrión.

GÉNESIS 18:9-10a. TENDRÁ UN HIJO SARA TU MUJER

9Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. 10aEntonces dijo: De cierto volveré á ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer.

“¿Dónde está Sara tu mujer?” (v. 9a). Habiendo recibido la hospitalidad de Abraham, los visitantes se dirigen al tema por el que han venido. Le preguntan a Abraham dónde está Sara, aunque no hay indicación de que la hayan conocido o que hayan oído su nombre. El hecho que conozcan su nombre es otra señal de que no se trata de visitantes corrientes, pero que son emisarios celestiales.

“Aquí en la tienda” (v. 9b). Antes, Abraham entró en la tienda para pedirle a Sara que se ocupara de hacer el pan (v. 6), y parece que ella ha permanecido dentro de la tienda todo ese tiempo.

“De cierto volveré á ti según el tiempo de la vida” (v. 10a). El sujeto singular en esta oración (“volveré” en vez de “volveremos”) sugiere que el que habla no es uno de los ángeles, sino Yahvé (véase v. 22).

“y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer” (v. 10b). Como se anota arriba, ésta no es la primera indicación de que Abraham y Sara tendrán un hijo. La yuxtaposición de la hospitalidad de Abraham y esta promesa puede hacer parecer que Dios le concede a Abraham un hijo como recompensa por su hospitalidad, pero ése no es el caso. Dios ya ha prometido que Sara dará luz a un hijo (17:16), entonces, este versículo simplemente reitera un compromiso ya establecido. No obstante, sí especifica cuándo ha de ocurrir (“según el tiempo de la vida”).

GÉNESIS 18:10b-15. RIÓSE, PUES, SARA ENTRE SÍ

10bY Sara escuchaba á la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. 11Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: á Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12Rióse, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?

13Entonces Jehová dijo á Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja? 14¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré á ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. 15Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuve miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.

“Y Sara escuchaba á la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: á Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres” (v. 11). Este versículo pone un triple énfasis sobre el problema de la edad. Ambos Abraham y Sara son viejos. Ya están en una edad avanzada. Pero el último clavo del ataúd es que a ya Sara le había cesado la costumbre de las mujeres – lo cual significa que está en la menopausia. Antes de la menopausia, siempre existe la posibilidad de un embarazo, pero la menopausia pone fin a esa esperanza – o así parecía, por lo menos, antes de los avances de la medicina moderna.

En versículo 12, Sara identifica otro problema, “¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” Esto sugiere que ella y Abraham ya no se unen sexualmente. Bajo tales circunstancias, no habría manera para que Sara concibiera un hijo. Además, si pudiera concebir, su edad podría impedir que llevara a cabo el embarazo y que diera luz a un bebé saludable.

“Rióse, pues, Sara entre sí” (v. 12a). La risa es una reacción normal frente una propuesta ridícula – es una reacción más saludable que la alternativa, la ira. Por lo menos Sara no se cae sobre su rostro como hizo Abraham (17:17). Se ríe de si misma en lugar de mostrar señales de su incredulidad. Sentada sola dentro de la tienda, su risa interna no sería audible ni visible a Abraham y sus invitados.

“¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” (v. 12b). No tenemos ninguna idea si ésta es la primera vez que oye esta proposición. Puede que Abraham haya compartido con ella o no la promesa anterior de Dios (17:16).

“Entonces Jehová dijo á Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja?” (v. 13). El narrador identifica el invitado como el Señor Jehová. Sara se rió al oír la promesa del Señor. Ahora, el Señor confronta a Abraham después de oír la risa callada de Sara. El hecho de que el Señor está consciente de la risa silenciosa es señal de que es el Señor.

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (v. 14a). Esta es la clave de este texto, y ofrece grandes posibilidades pastorales y para las homilías. El que creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos vive puede crear otra vida humana. Dios escoge a quien escoge, y Dios a menudo escoge candidatos inesperados para grandes propósitos. Dios escoge Abraham y Sara, no porque son los mejores candidatos para ser padres, sino porque no lo eran. Al nacer Isaac, no habrá lugar a dudas de que el Señor tomó parte en su nacimiento. Mientras Dios se mueve a través de la historia, mostrará una gran preferencia para los marginados – para Moisés, que tartamudeaba – para la pequeña nación de Israel – para Gideón y su pequeñísimo ejército – y para David, el joven pastor.

“Al tiempo señalado volveré á ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo” (v. 14b). El Señor está hablándole a Abraham, y repite la promesa de versículo 10. Versículos 21:1-7 cuentan la historia del cumplimiento de esta promesa – “Y visitó Jehová á Sara, como había dicho, é hizo Jehová con Sara como había hablado” (21:1).

“Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuve miedo” (v. 15a). “El temor nos lleva a hacer cosas irracionales y fuera de lo normal. Adán se escondió porque tenía miedo de Dios. Abraham engañó por miedo a lo que los egipcios le podrían hacer. Ahora Sara tiene miedo porque ha retado la autenticidad de una promesa divina y porque ha enfadado al visitante divino. Entonces, miente: No me reí. Comete un segundo pecado (mentir) en un intento de cubrir el primer pecado (la incredulidad) (Hamilton, 14).

“No es así, sino que te has reído” (v. 15b). Esto parece menos acusación que corrección. El Señor no necesita avergonzarle a Sara, pero sí insiste en establecer la verdad.

Abraham tenía 75 años cuando contestó la llamada de dejar su hogar para ir a la tierra donde Dios le enviara. Fue en esa ocasión que Dios primero prometió hacer de Abraham una gran nación (12:1-4). Abraham tenía 100 años al nacer Isaac (21:5). “El paso lento en que se desenlaza la historia (en nuestro texto) concuerda con la lentitud con que Dios cumple el pacto con Abraham y Sara. En el episodio de Agar, ya han sido testigos y conocido el dolor de su impaciencia… La disciplina de esperar para ver lo que Dios hará no viene fácil para Sara y Abraham ni para oyentes contemporáneos. Sin embargo, es algo esencial en muchos momentos de la travesía cristiana” (Farris, 34).

“De nuevo, esta historia muestra el escándalo y la dificultad que es la fe. La fe no es un acto razonable que cabe dentro de la esfera y la percepción normal de la vida… Abraham y Sara ya se han acostumbrado a su esterilidad… La han aceptado… la desolación es ‘normal.’ La promesa del Evangelio no les encuentra en una esperanza receptiva, sino en una resistencia desolada.” (Brueggemann, 158-159).

Cuando Dios le dijo a Abraham que Sara tendría un hijo, Abraham “cayó sobre su rostro, y rióse” (17:17). Ahora Sara, escuchando esta conversación desde la privacidad de su tienda, “rióse, pues, entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” (v. 12). Mientras que Abraham y Sara han seguido la llamada de Dios y creído en sus promesas, cuando se trata de esta promesa que Sara dará luz a un hijo, no la aceptan con gratitud, sino que la rechazan como algo sinsentido (Brueggemann, 159).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

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www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

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