Génesis 15:1-12, 17-182017-03-22T04:45:56+00:00

PASAJE BÍBLICO

Génesis 15:1-12, 17-18

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

GÉNESIS 13-15: EL CONTEXTO

En capítulo 13, Abram y Lot se separaron porque “la tierra no podía darles para que habitasen juntos: porque su hacienda era mucha, y no podían morar en un mismo lugar. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot” (13:6-7). Abram le permitió a Lot escoger la mano izquierda o la derecha (13:9). Después de esto, “Abram asentó en la tierra de Canaán, y Lot asentó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (13:12). Ominosamente, el narrador declara, “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores para con Jehová en gran manera” (13:13).

En capítulo 14, los reyes de Sodoma y Gomorra se encuentran en el lado perdedor de una gran batalla (14:10). “Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y se fueron. Tomaron también á Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y su hacienda, y se fueron” (14:11-12). Cuando Abram supo esto, “armó sus criados, los criados de su casa, trescientos dieciocho, y siguiólos” (14:14). Derrotó al enemigo y rescató a Lot, sus bienes, y a toda su gente (14:16).

Entonces, Abram recibió una bendición del sacerdote Melchîsedec (14:17-20), y el rey de Sodoma, agradecido, le ofreció a Abram el botín rescatado de su incursión si Abram solo le devolviera su gente. Abram se negó a quedarse con cualquier cosa que fuera más allá de sus gastos, no fuera que la gente pensara que el rey de Sodoma le había enriquecido (14:21-24).

Este trasfondo es interesante, porque el escudo de 15:2 es parte de la armadura de un soldado y puede estar relacionado con la incursión de Abram en 14:14-16 – y la recompensa de 15:2 puede estar relacionada con el hecho de que Abram rehúsa el botín en 14:21-24.

Versículos 15:1-12 y 17-18 de Génesis presentan muchos retos. Hay varias cosas que no entendemos bien, como la mención del esclavo damasceno Eliezer en versículo 2 y el simbolismo del rito que aparece en versículos 7-11. De estas cosas solo podemos especular. No obstante, el énfasis más importante – que Abram “creyó á Jehová, y contóselo por justicia” (v. 6) y que “hizo Jehová un pacto con Abram” (v. 18) están lo suficientemente claros.

GÉNESIS 15:1-6: Y CREYÓ Á JEHOVÁ

1Después de estas cosas fue la palabra de Jehová á Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande. 2Y respondió Abram: Señor Jehová ¿qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer? 3Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa. 4Y luego la palabra de Jehová fue á él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede. 5Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente. 6Y creyó á Jehová, y contóselo (hebreo: hasab) por justicia (hebreo: sedaqa).

“Después de estas cosas fue la palabra de Jehová á Abram en visión” (v. 1a). La frase, “después de estas cosas,” liga lo que sigue con los eventos de capítulos 13-14.

“No temas, Abram; yo soy tu escudo” (v. 1b). Al encontrarse en la presencia del Señor gente a menudo siente temor. Nos recuerda a los ángeles que dijeron estas palabras para tranquilizar a Zacarías y a María y a los pastores (Lucas 1:13, 30; 2:10). Dios, o su mensajero, a menudo utiliza estas palabras para alentar a quienes enfrentan peligro (21:17; 26:24; 46:3). Dios no presenta un peligro para Abram, en vez, es su escudo. Soldados se defienden de las armas de sus enemigos con un escudo. Seguro que Abram puede identificarse con esta metáfora de “Dios es mi escudo,” ya que él mismo acaba de regresar de una batalla (14:14-16). Para usar un escudo se necesita destreza, pero teniendo a Dios como escudo pone la situación en las manos capaces de Dios. El fin depende de Dios y, por lo tanto, está asegurado.

“y tu galardón sobremanera grande” (v. 1c). A veces se dan galardones como reconocimiento por un comportamiento loable, pero aquí Dios no especifica cual de los comportamientos de Abram es el que premia. Antes, Abram obedeció la orden de dejar su tierra y parentela y la casa de su padre (12:1) y Dios prometió hacerle una gran nación y bendecirle (12:2-3). Más recientemente, Abram rehusó el botín del rey de Sodoma, ciudad pecadora, diciendo, “He alzado mi mano á Jehová Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra, Que desde un hilo hasta la correa de un calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, porque no digas: Yo enriquecí á Abram” (14:22-23). Seguramente, Dios premia los dos comportamientos.

“Señor Jehová, qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo” (v. 2a). Ningún galardón puede ser bastante si Abram no tiene heredero legítimo – alguien que herede su riqueza y continúe su nombre. Abram ya es rico (12:3), entonces, riqueza adicional no cambiará su estilo de vida. No necesita más ovejas, lo que necesita es un heredero.

Lo asombroso aquí es la voluntad de Abram para cuestionar (o retar) a Dios en el momento que Dios ofrece recompensarle. La pregunta de Abram muestra que la necesidad que tiene por tener un heredero le pesa mucho. También demuestra que se siente lo suficientemente cómodo en presencia de Dios como para hacer la pregunta.

“y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer” (v. 2b). Esto ha provocado mucho debate. Primero, hay preguntas acerca de la traducción que van más allá de esta exégesis (véase Hamilton, 420-422; Wenham, 328). Segundo, no sabemos más de Eliezer de lo que aparece en estos dos versículos. Tercero, no conocemos bien la costumbre que resultaría en Eliezer como heredero de Abram. De otras fuentes además de la Biblia, sabemos que la tribu Nuzi de Mesopotamia permitía que una pareja sin hijos adoptara un esclavo que adoptara las responsabilidades de un hijo – cuidar de la pareja en su ancianidad, asegurarse de proveerles con un entierro apropiado, y lamentar sus muertes. El esclavo adoptado entonces recibe el derecho de heredar (Hamilton, 420; Wenham, 329). No hay razón para pensar que Abram haya adoptado a Eliezer, pero es obvio que ha considerado esta opción como un último recurso.

“Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa” (v. 4). Es aquí donde aprendemos que Eliezer es siervo de Abram y que ha nacido en su casa. Dios ha prometido hacer de Abram una gran nación (12:2) pero, hasta el momento, no le ha dado un hijo. Hay un gran trecho entre la promesa de Dios y la realidad de Abram.

“No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede” (v. 4). Dios asegura a Abram que sí tendrá un hijo heredero. En ese momento, Dios podría cumplir su promesa permitiendo que Abram tuviera un hijo con alguien que no fuera Sarai. No es hasta 17:16 que Dios especifica que la madre del niño ha de ser Sarai.

“Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente” (v. 5). Antes, Dios prometió, “Y haré tu simiente como el polvo de la Tierra” (13:16). Ahora, promete darle tantos descendientes a Abram como hay estrellas en el cielo.

Ambas metáforas (el polvo y las estrellas) sugieren números que van más allá de nuestra comprensión – más allá de nuestra capacidad de calcular. Un pastor acostumbrado a llevar su rebaño de ovejas por caminos sin pavimentar está acostumbrado al polvo – su cantidad interminable y la facilidad de su difusión. También estaría acostumbrado a ver estrellas en las noches muy oscuras, sin contaminación de luz que estropeara la vista de un cielo completamente oscuro pero alumbrado por millones de pequeñísimos puntos de luz.

Las estrellas es una metáfora más atractiva que la del polvo – no nos gusta el polvo, pero sí nos gustan las estrellas. También, las estrellas tienen una permanencia que el polvo no tiene. El polvo vuela de aquí para allá y nunca sabremos donde estará mañana. Las estrellas, en cambio, son inminentemente fuertes. Un astrónomo puede predecir donde estará una estrella en un momento dado con gran certidumbre.

“Y creyó á Jehová” (v. 6a). Este es un momento clave en el texto – en la Biblia – en la historia humana. Abram decide confiar en la promesa en vez de confiar en una prueba. Dios le ha sido fiel en muchas maneras, por eso confía que Dios le será fiel de esta manera también.

Versículos 1-3 y 4-6 tienen una estructura parecida. “En cada una hay una promesa y una respuesta. Las promesas son iguales en sustancia. Pero las dos respuestas son muy diferentes. La primera (vv. 2-3) es una protesta incrédula o un lamento. La segunda (v. 6) es una obra de fe… Abram se ha arrepentido. Ha abandonado su entendimiento de una realidad medida por lo que se puede ver y tocar y manejar, y ha respondido a una promesa concreta de un prometedor conocido. La fe de Abram está segura de una cosa. Hay un futuro que ha de recibir que será nuevo y no será producto del presente improductivo” (Brueggemann, 144).

En el próximo capítulo, Abram parece dudar. Bajo la sugerencia de Sarai, Agar concebirá y tendrá un hijo con él (16:4). Parece que Abram ha decidido tomar la iniciativa – forzar la cuestión – quitarle a Dios el asunto de sus manos. Sin embargo, debemos recordar que Dios todavía no le ha dicho a Abraham que Sarai será la madre de su hijo. Cuado Sarai insiste que Abram tenga un hijo con Agar, él puede pensar que ella ha descubierto el plan de Dios. Al nacer Ismael, él tendía ochenta y seis años (16:15), y habían pasado muchos años desde que Dios comenzó a hacer promesas. ¡Mejor seguir adelante! Claro que, como veremos, no es lo mejor. Ismael resultó ser “hombre fiero; su mano contra todos” (16:12). Agar compensará a Sarai con desprecio, y Sarai la mandará irse (16:6). Pasarán trece años antes de que Dios saque el asunto de nuevo (17:1).

“y contóselo (hasab) por justicia (sedaqa)” (v. 6b). Hasab significa “asignar valor; en este caso el Señor asigna a la fe de Abram el valor de justicia” (Mathews, 167). Como un prestamista benevolente que decide eliminar toda la deuda de su deudor – es un asunto de plena gracia.

En el Antiguo Testamento, la justicia (sedaqa) es algo casi siempre logrado de acuerdo con la ley judía. Sin embargo, Dios todavía no le ha dado la ley a Moisés, por eso, no hay una ley que Abram debe observar. “Pero aquí no se habla de Abram haciendo justicia. En vez, la fe es lo que cuenta por justicia… Como demostrará el resto de la historia, esta fe lleva a obrar justamente (e.g. 18:19), pero solo es aquí, en el Antiguo Testamento, que se cuenta por justicia” (Wenham, 330).

“A través de las Escrituras ‘justicia’ significa cumplir con lo que exige una relación, y algo básico para esa justicia en nuestra relación con Dios es confiar en el plan y la obra del Señor. Aquí, Abram acepta la promesa de Dios y confía que Dios la cumplirá. Esa es su fe, su confianza, y esa confianza le rinde aceptable en los ojos de Dios” (Achtemeier, 28).

El Nuevo Testamento describe las implicaciones de la fe de Abram:

• “Por la fe Abraham…. recibió por heredad, aún siendo anciano – y la misma Sara, siendo estéril – porque creyó ser fiel el que lo había prometido” (Hebreos 11:11; véase también Hebreos 11:8-22).

• Igual que Abram recibió justicia como regalo, también nosotros somos “justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). Pablo dice, “Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham á Dios, y le fue atribuido á justicia. Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda. Mas al que no obra, pero cree en aquél que justifica al impío, la fe le es contada por justicia” (Romanos 4:3-5). Pablo continúa diciendo que Dios cumplió antes de que Abram fuera circundado. “Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también á ellos les sea contado por justicia; Y padre de la circuncisión, no solamente á los que son de la circuncisión, más también á los que siguen las pisadas de la fe que fue en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado” (Romanos 4:11-12; véase también 4:13 – 5:11).

• Pablo también dice, “Nosotros Judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada… Porque yo por la ley soy muerto á la ley, para vivir á Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Galatos 2:15-16, 19-21).

GÉNESIS 15:7-11. YO SOY JEHOVÁ

7Y díjole: Yo soy Jehová (hebreo: YHWHYahvé), que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte á heredar esta tierra. 8Y él respondió: Señor Jehová ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? 9Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino. 10Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves. 11Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram.

“Yo soy Jehová (Yahvé), que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte á heredar esta tierra” (v. 7). Dios comienza esta conversación identificándose, “yo soy tu escudo” (v. 1). Ahora, Dios se identifica, “Yo soy Yahvé, que te saqué de Ur de los Caldeos.” Dios utiliza palabras casi idénticas al hablarle a Moisés, “Yo soy JEHOVA tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos” (Éxodo 20:2).

“Señor Jehová ¿en qué conoceré que la tengo de heredar?” (v. 8). “Mientras la pregunta en v. 2 se enfoca en el dar de Dios, esta pregunta se enfoca en el saber de Abram” (Fretheim, 445). Conociendo la fe de Abram, parece extraño que requiera una señal para confirmar la promesa de Dios. Esto demuestra que también la gente de mucha fe a veces duda – es la condición humana.

Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino” (v. 9). Dios no le regaña a Abram por pedir una señal. Jesús no será tan caritativo cuando se le pide una señal (Mateo 12:38; 16:4; Marcos 8:11; Lucas 11:29) – pero Jesús tendrá que tratar con autoridades religiosas que se le oponen en vez de con un hombre de fe sencilla como Abram.

Los cinco animales aquí nombrados forman parte del culto judío de sacrificio. Sacrificar animales de tres años, sin embargo, no es común. Ley judía pide animales de un año (Éxodo 29:38; Levítico 9:3) (Mathews, 170).

“Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves” (v. 10). Esta es una ceremonia especial, que se describe sin explicación. No menciona el fuego, entonces, no corresponde a los sacrificios del templo que conoceremos más adelante en la historia judía. Tucker lo describe como un pacto ritual en lugar de un sacrificio (Tucker, 142).

El único paralelo bíblico a esta ceremonia aparece en Jeremías 34:17-20, donde el Señor dice, “Vosotros no me habéis oído en promulgar cada uno libertad á su hermano, y cada uno á su compañero: he aquí que yo os promulgo libertad, dice Jehová, á cuchillo y á pestilencia, y á hambre; y os pondré en remoción á todos los reinos de la tierra. Y entregaré á los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado á efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas: A los príncipes de Judá y á los príncipes de Jerusalén, á los eunucos y á los sacerdotes, y á todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro, Entregarélos en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su alma; y sus cuerpos muertos serán para comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra.”

El significado principal de este pasaje de Jeremías es el juicio sobre una Judea infiel. De manera pasajera habla de un rito donde los oficiales pasan por entre las partes de un becerro que ha sido partido en dos – seguramente para ratificar un pacto. La intención de la ceremonia puede ser ilustrar “las consecuencias de violar el pacto” (Roop, 113) – puede ser el equivalente de decir, “Que sea yo como este becerro sacrificado si no cumplo con mi parte de este pacto.” En Jeremías, Dios dice que hará los oficiales de Judea como ese becerro partido – Dios usa el becerro como símbolo de un juicio severo.

No obstante, las circunstancias en Génesis son bastante diferentes a las de Jeremías. Abram es fiel y los oficiales de Judea son infieles. La ceremonia en Génesis puede ser para confirmar un pacto (no estamos seguros), mientras que la ceremonia en Jeremías es símbolo del castigo de los infieles.

“Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram” (v. 11). De nuevo, solo podemos especular del significado de este versículo. Aves de caza son, ciertamente, criaturas que hay que temer, que descienden desde el cielo a altas velocidades para agarrar animales pequeños y huir en vuelo. Según ley judía, son animales impuros (Levítico 11:13). Animales como los buitres son aún más temerosos por la naturaleza horripilante de su festín. Este versículo puede incluir buitres ya que el animal que quieren comer (el becerro) está muerto. Abram muestra valor y responsabilidad al espantarlos.

Vale la pena anotar que los profetas utilizan la palabra, “aves,” para transmitir la idea de un juicio terrible (Isaías 18:6; Jeremías 12:9; Ezequiel 39:4). También merece la pena anotar que “en otros lugares en el Antiguo Testamento aves de rapiña… representan naciones extranjeras (Ezequiel 17:3, 7; Zacarías 5:9), seguramente Egipto. Si podemos hacer el caso que los animales sacrificados, todos sacrificios aceptables, representan la nación de Israel, entonces aquí, en un sentido, Abram está protegiendo sus descendientes de ataques extranjeros” (Hamilton, 433).

GÉNESIS 15:12. SOBRECOGIÓ EL SUEÑO Á ABRAM

12Mas á la caída del sol sobrecogió el sueño á Abram, y he aquí que el pavor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Obviamente, éste no es un sueño normal, sino preparación para la visión de versículos 17-18. “Una grande oscuridad” describe más que una oscuridad física. Casi todos nosotros hemos experimentado una gran oscuridad en algún momento en la vida – un estado espiritual o físico que incluye temor o desesperación.

GÉNESIS 15:13-16. TEN POR CIERTO

13Entonces dijo á Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá á los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. 14Mas también á la gente á quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. 15Y tú vendrás á tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del Amorrheo hasta aquí.

Estos versículos, que no se incluyen en la lectura del leccionario, seguramente fueron insertados más adelante. Hablan de la esclavitud de Israel en Egipto y el Éxodo – eventos que toman lugar siglos después.

GÉNESIS 15:17-18. EN AQUEL DÍA HIZO JEHOVÁ UN PACTO CON ABRAM

17Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos. 18En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates.

“Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos” (v. 17). En Israel, los sacrificios de animales se hacen durante el día, pero esta ceremonia toma lugar por la noche. El horno humeando y la antorcha de fuego son símbolos de Dios – como los pilares de nube y fuego que utilizó para guiar Israel por el desierto (Éxodo 13:21-22) o el humo en Sinaí (Éxodo 19:18; 20:18).

Fuentes además de la Biblia proveen más información de la ceremonia (véase Hamilton, 430-432; Mathews, 172-173). En Mesopotamia, los Nuzis ratificaban pactos descuartizando un animal y separando sus partes. Entonces, andaban por entre las partes, quizá para que Dios les hiciera como esos animales muertos si no cumpliesen con su parte del pacto. Sin embargo, la ceremonia de Génesis es solo de un lado. Abram no pasa por entre las partes, pero el horno humeando y la antorcha de fuego sí. “Aquí, Yahvé compromete claramente la divina persona de Yahvé a Abraham como manera de engendrar confianza que la promesa de Yahvé será cumplida” (Newsome, 201).

“En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates” (v. 18). En capítulo 12, Dios le prometió a Abram “esta tierra” – refiriéndose a Canaán entera o solo la tierra alrededor de Sichêm (12:7). En capítulo 13, cuando Abram permaneció en Canaán después de separase de Lot, Dios le dijo a Abram, “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el Aquilón, y al Mediodía, y al Oriente y al Occidente; Porque toda la tierra que ves, la daré á ti y á tu simiente para siempre… Levántate, ve por la tierra á lo largo de ella y á su ancho; porque á ti la tengo de dar” (13:14-15, 17). En 15:18 Dios amplía la promesa para incluir la tierra desde la frontera de Egipto hasta el Río Eufrates.

El río de Egipto que aparece aquí no es el Nilo, sino un arroyo (que generalmente está seco excepto durante la temporada de lluvia) que marca la frontera entre Egipto y Canaán – quizá el Arroyo de Egipto (1 Reyes 8:65). El Eufrates, sin embargo, se encuentra cientos de millas al este. Entonces, el territorio definido por este versículo es muy grande. Solo durante los reinos del Rey David y el Rey Salomón será que Israel extenderá sus fronteras hasta el Eufrates (1 Reyes 4:21-25).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Achtemeier, Elizabeth, in Van Harn, Roger, E. (ed.), The Lectionary Commentary: The First Readings: The Old Testament and Acts (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

Brueggemann, Walter, Interpretation Commentary: Genesis (Atlanta: John Knox Press, 1982)

Fretheim, Terence E., “The Book of Genesis,” The New Interpreter’s Bible, Volume 1: General Old Testament Articles, Genesis, Exodus, Leviticus (Nashville: Abingdon Press, 1994.

Hamilton, Victor P., The New International Commentary on the Old Testament: The Book of Genesis, Chapters 1-17 (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1990)

Mathews, Kenneth A., The New American Commentary, Genesis 11:27-50:26, Vol. 1b (Broadman & Holman Publishers, 2005)

Newsome, James D. in Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville: Westminster John Knox Press, 1994)

Roop, Eugene F., Believers Church Bible Commentaries: Genesis (Scottdale, PA: Herald Press, 1987)

Towner, W. Sibley, Westminster Bible Companion: Genesis (Louisville: Westminster John Knox Press, 2001)

Tucker, Gene M., in Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge: Trinity Press International, 1994)

Von Rad, Gerhard, The Old Testament Library: Genesis, (Philadelphia: The Westminster Press, 1972)

Wenham, Gordon J., Word Biblical Commentary: Genesis 1-15 (Dallas: Word Books, 1987)

www.sermonwriter.com

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